A Sousuke le gustaba nadar.

De niño cogió el gusto por un amigo que le invitó una vez y de ahí, su vida comenzó a girar en torno a la natación como deporte de competencia.

Se había ganado una beca en un prestigioso instituto en Tokio gracias a eso e incluso estuvo a punto de ser fichado para la selección nacional. Campeón en varias competencias nacionales, le ofrecieron incluso contratos para modelar y para ser el rostro de una bebida hecha especialmente para deportistas.

Pero todo se vino abajo por un descuido.

Una lesión ignorada, entrenamientos exhaustivos y tratamientos inacabados.

Al final, tuvo que renunciar.

Por mucho tiempo estuvo enojado, incluso llegó a pensar en que nada en su vida tenía sentido, hasta que su amigo, ese que lo había impulsado a practicar natación, lo acorraló diciéndole que estaba desperdiciando su vida, que había mucha gente como él que salía adelante, que no podía dejarse caer sólo porque las cosas no salían como quería.

Su querido amigo era muchos centímetros más bajo que él, sin embargo le dio unos cuantos golpes bien puestos, diciéndole que la gente como él aprendía sólo con golpes. Después había llorado, pidiéndole disculpas por no notar antes su lesión, por forzar su sueño de ser campeones olímpicos juntos.

Y Sousuke entendió.

Ser campeón no era su sueño, había sido el sueño de Rin, su mejor amigo y capitán. Lo quería tanto que había convertido sus metas en propias y ahora estaba ahí, sin saber qué hacer.

Prometió seguir un tratamiento hasta el final y mientras todos se preparaban para los exámenes de ingreso a la universidad, él asistía religiosamente a las terapias en lugare las prácticas de natación o a los cursos de regularización.

Entendió que había muchos deportistas como él, que por descuidos o accidentes, se veían obligados a abandonar sus sueños. Se preguntó qué sentiría Rin en caso de estar en su situación y aunque su amigo era fuerte en carácter y convicciones, supo que estaría destrozado.

Ver la labor de los médicos, de las enfermeras, de los terapistas, de todos en aquel lugar le mostraron que siempre había otro camino y pese a que tenía el tiempo en contra, encontró su sueño.

Se convertiría en médico y después en un cirujano especializado en atender a deportistas de alto rendimiento.

Estudió como nunca antes, sin dejar de lado su tratamiento. consiguió entrar en una de las mejores universidades del país y se esforzó, incluso tomó un curso de especialidad de un año en el extranjero.

Y mientras su carrera académica era cada vez más exitosa, la conoció. Sakurada Riza. Una chica bonita, delgada, de ojos castaños y sonrisa encantadora. Era enfermera en prácticas en el hospital en el que trabajaba y en el que también estaba realizando su especialización. A Sousuke le gustó la forma en que trataba a los pacientes y aunque en un principio no estaba interesado, pronto, quizá porque sus compañeros los obligaban a convivir, se encontró saliendo con ella.

Estaba pensando en pedirle que vivieran juntos, en que se casaran en cuanto terminara su especialización, al menos eso le contó en una llamada telefónica a Rin, quien ahora vivía en Australia.

Pero nunca llegó a hacerlo.

Tenía muchos días sin haber podido dormir decentemente, por lo que le pidió a Riza que lo esperara al terminar su turno, para que fueran juntos a casa. Ella accedió y mientras conducía al departamento de Sousuke, se distrajo cuando el moreno tomó su teléfono móvil cuando había vibrado con la llegada de un mensaje.

Sousuke había creído que se trataba de algún mensaje importante del hospital, por eso había tomado el aparato, para leerlo y en caso de ser necesario, bajarse del vehículo para que Riza regresara al hospital. Pero en su descuido, por recuperar su teléfono, Riza se pasó la luz roja.

Un auto los golpeó del lado del pasajero.

Riza resultó ilesa.

A Sousuke tuvieron que operarle el hombro.

El sueño de ser cirujano terminó ahí.

Sousuke se sintió decepcionado, pero siendo médico, habiendo estado asignado en urgencias durante casi un año, agradecía que sólo hubiese sido su hombro y no algo más lamentable, y aunque ser un cirujano especializado parecía ya no ser una opción, había otras ramas de la medicina a las cuales dedicarse.

Había madurado lo suficiente como para entenderlo.

Tampoco le sorprendió demasiado la visita de Riza.

Sousuke ya no era un buen partido, aunque no lo dijo textualmente. No sería un renombrado cirujano y su cuerpo lleno de moretones y cicatrices tampoco era atractivo. Estar con un hombre convaleciente durante el tiempo que tardara en recuperarse no era una opción viable y luego de estar recostado en aquella cama de hospital, tuvo mucho tiempo para pensar en lo que había causado el accidente.

Por supuesto que Riza lloró, diciendo que no podía estar con Sousuke, sabiendo que era la culpable del accidente. Sousuke se mantuvo en silencio y no volvió a mirarla, ni siquiera cuando ella salió de la habitación.

Sousuke se abocó a su recuperación.

Sin saber qué hacer con su vida, regresó a casa de sus padres, en donde pasaba las horas leyendo artículos médicos de diferentes especialidades, sin que ninguna llamara su atención.

Regresó a nadar.

Aunque no de forma profesional, y tampoco en el estilo que le gustaba, debía limitarse a un nado sencillo, que no lo obligara a forzar el hombro.

Un día recibió una llamada de su mentor en el hospital, el doctor Takeuchi, lamentaba su decisión de no regresar al hospital, pero reiteraba su invitación, siempre habría un lugar ahí para él, y aunque Sousuke trató que su voz no denotara decepción, al decirle que no se sentía cómodo regresando sabiendo que no podría convertirse en cirujano, las palabras le supieron amargas.

Entonces el hombre le ofreció otro tipo de empleo.

Una plaza de médico en un pueblo pequeño cerca del mar. La población se dedicaba prácticamente en su totalidad a la agricultura y la pesca y en general la vida que se llevaba ahí era muy tranquila.

Ofrecían una casa, además del modesto salario.

Sousuke era médico, prácticamente un cirujano, sobrecalificado para el puesto, según mencionó el doctor Takeuchi. Le pidió que lo pensara, que lo viera como un empleo temporal, mientras terminaba de sanar. Podía ser que con el tiempo, pudiera retomar su vida en donde la había dejado.

Sousuke no quería albergar demasiadas esperanzas sobre su completa recuperación, pero también estaba cansado de la mirada condescendiente de sus padres y de la lástima que podía advertir en los ojos de sus pocos amigos.

Empezar en otro lugar, en donde nadie lo conocía, sonaba de pronto como una idea muy atractiva.

Varias semanas después, Sousuke contactó con el hombre que ofertaba el empleo y lo aceptó.