¿Me conoces?- Le preguntó el muchacho acercándosele. La miraba estupefacto, como si se tratase de la visión más maravillosa a la que se hubiese enfrentado jamás.
Bueno, no desde hace mucho tiempo… - Contestó Annie- …alguien me contó sobre ti.-
Jack sonrió. Nadie lo habían visto desde… bueno, nadie le había visto jamás. De inmediato supo que se trataba de alguien especial.
Esto es nuevo… -Dijo Jack alborotando su blanca cabellera y mirándole con la misma expresión traviesa que le había proferido desde lo alto del árbol.- …nadie me había visto antes. ¿Cómo te llamas?-
Annie… de Berk… –Respondió guardando finalmente su honda. Por alguna extraña razón sentía que, a pesar de tratarse de alguien que no conocía, no corría ningún peligro. – Oye, ¿es tu culpa que haga tanto frío?-
Jack rió.
Sí, podría decirse que sí.-
Pues haz que pare… - le dijo frunciendo el ceño y cruzándose de brazos- … tendré que estar escondida en este lugar por algún tiempo y no quiero que me encuentren hecha una estatua de hielo-
Es invierno, ¿qué esperabas?-
No sé… ¿compasión?-
Bastó que Jack mirara hacia el cielo para que la nieve dejara de caer repentinamente. La miró satisfecho.
¿Mejor?-
Mucho mejor…-Respondió Annie retirando la capucha de su cabeza. Jack se quedó observándola unos instantes. Tenía el cabello más rojizo que hubiese visto en toda su vida, y unos ojos verde-miel hechizantes. Era una chica realmente bella.
¿De qué te escondes? ¿Eres acaso una forajida?- Le preguntó cuando finalmente salió del trance. Trató de disimularlo caminando despreocupado hacia la laguna y dibujando en el agua unos cuantos remolinos de escarcha.
Es… una historia larga.-
El muchacho se sentó sobre una roca de la orilla y le hizo un gesto con la mano, como esperando que se la contase.
¿Por qué no me cuentas la tuya primero?- Le sugirió- Debe ser por lejos más interesante que la de una chica viviendo en una aldea perdida en el mar…-
¿Qué quieres saber?-
Pues… todo. De dónde vienes, cómo haces… lo de los remolinos… -le dijo señalándole con el dedo los dibujos que había hecho en el agua- …qué tan viejo eres, cómo sobrevives con los pies descalzos…-
Vaya…- Rió-… eres una chica rara, ¿verdad? Nunca pensé que alguien me preguntaría eso cuando lograra verme… Está bien, está bien. Supongo que ya sabes cómo llegué a convertirme en Jack Frost…-
Annie replicó el mismo gesto que había hecho Jack hace algunos instantes, como instándole a que le contara la historia completa.
Caí en las aguas congeladas de un lago cuando se rompió el hielo en que patinaba. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en medio de un silencio abrumador, con la luz de la luna iluminando todo a mi alrededor. Fue esa misma Luna, m{as bien, el Hombre de la Luna, quien me dijo quién era… pero nunca a lo que había venido, sólo que había sido elegido para convertirme en el Espíritu del Invierno…-
Woooooooow…- exclamó Annie- … ¿y aún hablas con el Hombre de la Luna?-
A veces. Pero no es muy buen conversador, ¿sabes? Hay veces en las que ni se molesta en contestar… -
Tú hablas con la Luna y yo soy la rara…-
Jack quiso responderle, pero supuso que tenía razón. Siguió con la historia.
Luego de unos días descubrí que tenía ciertos poderes sobre los elementos. Podía controlar el agua, el viento, la escarcha y la nieve a mi antojo. Pero también descubrí que, por desgracia, nadie podía verme. Supongo que es el precio que un Espíritu del Invierno tiene que pagar.-
Sus ojos se oscurecieron por unos instantes.
A veces me gustaría que nadie pudiese verme. Sobre todo en las mañanas...-
Jack volvió a sonreír.
Tienes respuestas para todo, ¿eh?- Continuó- Al principio fue desolador. Pero de a poco me acostumbré. Te sientes… libre siendo invisible. No tienes responsabilidades y puedes hacer lo que te plazca cuando y donde quieras. Es divertido repartir tormentas de nieve por aquí y por allá. La mayoría lo disfruta, sobre todo los más pequeños. Así transcurre el tiempo. Voy de un lugar a otro constantemente, llevando el invierno conmigo… tan libre como un ave…-
Como una gaviota, por lo… pálido…digo - Apuntó Annie, señalándole el rostro con inocencia.
Cielos, en verdad no sabía quedarse callada. Prefirió cambiar el tema rápidamente.
¿Y qué haces cuando acaba el invierno?-
Pues… me voy a otro lugar. Busco sitios en donde el Invierno haya llegado y me instalo por temporadas.-
Debe ser algo perturbador no poder quedarte en un sitio para siempre…-
¿De qué hablas? ¡Es genial! No alcanzo a aburrirme de un lugar cuando ya estoy en otro, cubriendo de blanco las casas, congelando lagunas, creando ventiscas…-
Arrojando bolas de nieve en la cara de la gente… - Agregó Annie, con las cejas levantadas y una sonrisa burlona.-
¡Vamos, fue divertido!-
Igual de divertido que darte con una piedra, ¿verdad?-
Frost se frotó la frente, aún adolorido por el impacto.
Tienes muy buena puntería…- Le dijo sonriendo travieso.- No pensé que pudieras verme…-
¡Vaya, esa sí es buena excusa!-
Lo sé, lo sé. No es la mejor. Es sólo que… aún me parece imposible estar hablando con alguien… no sé por qué sólo tú has logrado verme. Supongo que eres la única que realmente cree en mí.-
Sí, pero no te emociones, ¿eh?- Dijo Annie.- En un par de meses deberás irte de nuevo y no me gustan las despedidas, así que me esforzaré en que caigas gordo.-
Jack soltó la carcajada. Annie comenzaba a agradarle.
Eso no pasará hasta que salga el primer brote…- Le dijo señalando el Ciruelo que coronaba la laguna. – Cuando eso suceda, tendré que marcharme pronto. Cada cosa en este mundo tiene su ciclo, y si me quedase demasiado tiempo en un sitio, la Primavera no lograría llegar. Las semillas morirían y las aves no anidarían... Sin embargo, y hasta entonces, me tendrás un tiempo por aquí… y quieras o no terminaré por agradarte.-
Tal vez… si no sigues arrojándome bolas de nieve en la cara.-
El pálido muchacho se puso de pie con la ayuda de su bastón.
Bien, Annie de Berk…- le dijo elevándose sobre el suelo y parándose con increíble equilibrio sobre el báculo.- …esa es mi historia. Ahora cuéntame la tuya.-
Annie narró lo que había sido su vida entre Berk y Roma, de cómo ella y el resto de los chicos habían logrado entrenar a sus dragones, su compromiso arreglado con Marcus, el secuestro y su muerte fingida. También le contó sobre su historia con Hipo y por qué debía permanecer escondida. Al final del relato, Jack ya estaba enterado de gran parte de la vida de la muchacha. Le pareció fascinante que esa chica de apariencia frágil, pero de mirada inquietante y misteriosa, hubiese vivido tantas cosas increíbles en tan poco tiempo. Para tratarse de una muchacha de una aldea perdida en el mar, tenía muy buenas historias para contar.
Por ahora tengo que esperar… escondida. No es que me agrade la idea, pero Hipo se puso algo nervioso y pensé que sería mejor estar aquí hasta que todo pase-
¿Hipo?- Preguntó Jack con un gesto que a Annie no le pareció muy amigable.- ¿Qué clase de nombre es ese?-
Uno tan extraño como Frost… - respondió con astucia. Jack se encogió de hombros. –Ya lo conocerás, aunque no sé si logre verte. Él cree que sólo eres una leyenda.-
Bah, no creo que sea tan interesante de todas formas.-
¡No lo conoces! – Exclamó ofendida – Es sólo que… bueno, Hipo es un tanto… escéptico para algunas cosas. Y es posible que piense que estoy loca… aunque yo creo que no tengo que esforzarme tanto para convencerlo de eso… pero si le cuento que te conocí… bien, no va a creerme de todas formas… - Reflexionó unos instantes- …Sip, será mejor que no le dé demasiados detalles.-
Bueno, si quiere conocerme, aquí estaré.-
Hasta que salga el primer brote-
Hasta que salga el primer brote- Repitió Jack sin poder sacarle los ojos de encima. Inesperadamente, se descubrió anhelando que ese primer brote tardara mucho tiempo antes de decidirse a salir a la luz.
