Buenas noches :D

A continuación el cuarto capítulo. Perdonen el retraso XP y muchas gracias por leer ;)

Atención: Dragon Ball y todos sus personajes son propiedad de Akira Toriyama. Yo solo escribí la historia por gusto y diversión.


Capítulo 4: Sorpresas

******************** Declaración ********************

El tiempo avanzó paulatinamente. Dende y Piccoro aún observaban a los androides de vez en cuando, pero en menor medida. Habían decidido dejar a Krilin a cargo de ésta actividad, es decir, ha pasado más de medio año de lo de Cell y los gemelos estaban viviendo en paz y sin causar problemas. Ya no representaban una amenaza.

Por otro lado, Número 18 al fin había conseguido empleo. De nuevo en otra tienda de auto servicio, pero esta vez en el área de almacén e inventarios. Sus actividades eran comunes, como el control de mercancía y el manejo del montacargas para manipularla. Ahora que su hermano se la pasaba la mayor parte del tiempo "perdido" en el bosque, ella había optado por hacer lo mismo en la ciudad. Se ocupaba de su trabajo, paseaba por las plazas comerciales y… aceptaba las invitaciones de Krilin.

El guerrero se había estado aventurando a convivir con la chica rubia más seguido. En lo que iba del mes, una vez por semana se había encontrado "casualmente" con ella. Al principio la mujer no lo tomaba en cuenta, pero conforme avanzaba la cita, ella se mostraba más relajada y tranquila.

Número 18 sabía perfectamente de la atracción que ejercía sobre Krilin y aunque en el pasado llegó a expresarse de él como un chico "feo y aburrido", lentamente comenzó a valorar más su personalidad. Al principio las conversaciones eran algo escuetas y cortantes por parte de ella. Después se transformaron en algo más entretenido sin que se diera cuenta.

El joven era amable y bastante tolerante. Poco a poco se fue ganando la confianza de ella y los encuentros ya eran algo más que casualidades en la calle. La convivencia fue tomando otros matices y realmente ninguno de los dos se dio cuenta en qué momento esa fase de conocidos se transformó en algo más.

Dos meses después.

Krilin estaba emocionado, al fin se había decidido. Esa tarde le diría a Número 18 que deseaba algo más serio con ella. Si bien la androide había cambiado lentamente sus expresiones hacia él cuando salían a comer, no estaba seguro de cómo reaccionaría cuando le confesara sus sentimientos.

Estaban en el parque donde se reencontraron por primera vez. Caminaban tranquilamente por el sendero junto al lago artificial que había ahí. Ambos degustaban un par de helados debido al calor que hacia ese día.

–Número 18… yo quiero decirte algo muy importante– dijo Krilin con un leve sonrojo.

–Que cosa– contestó impasible la mujer, sin desviar su atención del postre.

–T-tu me g-gustas mucho y yo… yo…– tartamudeó. –L-lo que yo quiero d-decir es… que…–

–Habla de una vez, sabes que no me gustan los balbuceos– respondió con gesto serio.

Los pasos del chico se fueron retrasando, así como las palabras en su boca. Los nervios le estaban jugando una mala pasada, a pesar del tiempo que llevaba saliendo con ella. Número 18 siguió caminando un par de metros más, sin voltear a mirar. De pronto, se escuchó la pregunta con firmeza.

– ¿Quieres ser mi novia?–

Ella detuvo su andar y no contestó. Krilin escuchó que algo caía al suelo y tuvo un mal presentimiento.

– ¿Número 18?–

Silencio.

La chica rubia no volteaba y no decía nada, así que el guerrero caminó hasta ella temiendo lo peor. El helado de chocolate en el suelo desvió su mirada. ¿Acaso se había enfadado y tiró el cono a propósito?

Krilin alzó lentamente la vista y lo que vio, lo dejó sorprendido. La androide estaba completamente ruborizada y con una expresión de sorpresa que él nunca había visto antes. Tenía las manos sobre el pecho y parecía que estaba respirando ligeramente agitada.

– ¿E-estas bien?– dudó al interrogar.

La mujer parpadeó un par de veces antes de contestar, tratando de disimular su llamativo gesto.

– ¡Eres un tonto!, ¡Hiciste que tirara mi helado!– reclamó con fingido enojo, al tiempo que se cruzaba de brazos y le daba la espalda.

El guerrero no supo cómo tomar esa respuesta, pero el evidente rubor en las mejillas femeninas era buena señal.

–Puedo comprarte otro, vamos con el vendedor– dijo Krilin sonriendo.

–Acepto. –

– ¿De qué sabor lo… que dijiste?– el chico sintió un vuelco en el corazón.

–Acepto ser tu novia– ella confirmó su respuesta, todavía sin voltear.

Krilin ya no supo de sí mismo, esas palabras eran lo único que escuchaba en su cabeza una y otra vez. La tarde siguió avanzando y el vendedor de helados fue el único testigo de las grandes sonrisas que la pareja tenía en ese momento.

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******************** Decisión ********************

Número 17 no podía creerlo.

Sólo trascurrió medio año después de lo sucedido con Cell, cuando de pronto, un día su hermana le informó que se había reencontrado con el chico calvo. Él no le dio importancia y dejó a su gemela hacer lo que quisiera, pensando que únicamente se estaba burlando de ese debilucho.

Más tarde se enteró de que habían iniciado una relación de noviazgo, pero él siguió creyendo que sólo era un rato de malsana diversión por parte de Número 18. Eso cambió abruptamente cuando medio año después, ella le dijo que se marchaba a vivir con Krilin.

– ¿Es broma?, ¿Estás loca?– preguntó Número 17.

–Cállate, no eres nadie para decirme que hacer o que no hacer– dijo la mujer.

–Pero que pasa por tu cabeza, como te fijaste en ese bueno para nada, si tú misma dijiste que no le agradecerías nunca lo que hizo por nosotros– reclamó.

La noticia de que ella se iría con Krilin no le convencía del todo. Es decir, ambos eran adultos y ninguno de los dos debía meterse en la vida del otro. Pero sinceramente pensó que su melliza estaba cometiendo un error al fijarse en un hombre tan simple, que si bien era un guerrero, no estaba a su nivel.

El androide sabía que Krilin aún le tenía miedo, por esto mismo no había visitado su hermana en el bosque donde ambos vivían. Pero al parecer ya se había ganado la confianza de ella, tanto así, que ahora la invitaba a irse a vivir con él a esa diminuta isla en el mar.

–Ya te lo dije 17, he tomado la decisión de darle una oportunidad– explicó ella.

–No entiendo porque, si parecía que tenías estándares más altos respecto a los hombres– se rió burlonamente.

–Cierra la boca. No pensarás que siempre podremos estar aislados del mundo, ¿Verdad?– contestó con fastidio mientras cerraba una apretada maleta. –Hasta tú necesitas convivir con otros humanos, aunque sea de vez en cuando. –

Número 17 no dijo nada, porque había algo de cierto en esas palabras. Entonces ella lo miró a los ojos.

–A pesar de lo que somos, no podemos quedarnos en el pasado. –

Tomó la maleta y comenzó a caminar rumbo a la salida de la casa. Su hermano la siguió hasta el patio y antes de que ella partiera, se despidió con sinceridad.

–Sabes que siempre serás bienvenida y si en algún momento necesitas de mi ayuda, no dudes en buscarme. –

Número 18 lo miró por unos segundos y después le sonrió.

–Lo sé…– se acercó y ambos de abrazaron por un momento. –Procura no aislarte demasiado y ven a visitarme cuando quieras. –

Inició el vuelo y se alejo rápidamente.

Hermanas… siempre preocupándose por sus hermanos– pensó para sí mismo el androide, sonriendo mientras la veía desaparecer en la lejanía.

A pesar de todo, le alegraba ver a su melliza contenta. Muchas cosas habían cambiado después de Cell y estaba consciente de que tarde o temprano, él también tendría que hacer algo más con su vida.

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******************** Gran Sorpresa ********************

Por fin lo había decidido, iría a visitar a su melliza a la pequeña isla.

No la había visto desde hace más de medio año cuando ella y Krilin lo visitaron en su casa del bosque. A pesar del tiempo, el chico rapado aún tenía cierto recelo hacia él, pero eso no impidió que lo invitaran a la boda. Sí, el simple y débil humano había conseguido engatusar a su hermana para casarse. Aunque esta noticia no le cayó del todo bien, aceptó de buena gana y también por la mirada amenazante de Número 18.

El evento estuvo concurrido sólo por los amigos del novio y aunque Número 17 se presentó ahí, se mantuvo a distancia. Nadie lo molesto, ni siquiera Vegeta que también permanecía apartado y asaltando el bufet. Al parecer los guerreros ya no los consideraban una amenaza y menos si su gemela estaba casándose con uno de ellos.

Sin embargo después de esa ocasión, su hermana no había vuelto a visitarlo. Y en recientes días había tenido una extraña sensación que sabia tenía que ver con ella. Casi no le agradaba salir de su bosque, pero en esta ocasión decidió hacer una excepción, después de todo, Número 18 era el único familiar de sangre que tenia.

Descendió silenciosamente sobre la arena mojada. A unos cuantos metros vio durmiendo a la enorme tortuga que vivía con el viejo Roshi. La casa estaba en silencio, pero sabía que su hermana estaba ahí.

– ¡Número 18!– llamó en voz alta.

Desde el interior se escucharon ruidos de pasos y de pronto se asomó el rostro de la mujer por la ventana que daba a esa parte de la playa.

– ¿Qué haces aquí?, ¿Por qué no avisas que vienes para acá, si para eso te di el número telefónico?– contestó ella con algo de desconcierto.

–No tengo servicio, un deslave tiró las líneas hace un mes y todavía no terminan de repararlas– explicó, haciendo un gesto de indiferencia con los brazos. – ¿Cuál es el problema?, si sólo es una visita sorpresa a mi querida hermana– se sonrió. – ¿O acaso tu marido ya no te permite salir?, yo pensé que tenias más carácter. –

– ¡Cierra la boca!, sabes perfectamente que jamás permitiría algo así– dijo, haciendo una mueca de enojo. –Entra, la puerta está abierta– indicó, alejándose de la ventana.

El hombre entró con paso lento, esperando encontrarse con los demás habitantes. Pero para su sorpresa, sólo estaba su hermana sentada en la sala y dándole la espalda.

– ¿Dónde está tu marido y los demás?–

–Fueron a la costa por la despensa… y por algunas cosas que necesito– murmuró ella sin voltear.

Número 17 levantó un ceja extrañado y caminó hacia ella, haciendo un rodeo. Conforme iba teniendo una mejor perspectiva, su boca se fue abriendo más y más en un gesto de asombro.

– ¡¿Tu… e-estas embarazada?!– preguntó estupefacto. – ¿Co-como es… posible…?–

–Tengo la misma información que tu– respondió ella, mientras acariciaba su abultado vientre sobre la bata de maternidad. – Busqué a Bulma, la amiga de Krilin, ella me revisó e hizo varios análisis, pero no pudo explicarme cómo es que logré concebir– hizo una pausa y suspiró. – Ese maldito doctor Gero… nos usó como ratones de laboratorio, pero no logró arrebatarnos toda nuestra humanidad– finalizó con una extraña sonrisa.

Ambos hermanos estaban consientes de que su vida había cambiado completamente cuando el científico loco los transformó en androides para su beneficio. No tenían memorias de su pasado y en algún momento pensaron que tampoco podrían volver a considerarse humanos.

Sin embargo, esta situación fue completamente inesperada para Número 18. Si bien el ciclo de cada mes se restableció como las otras funciones orgánicas, jamás llegó a creer que podría albergar una criatura dentro de su cuerpo. Pero hace siete meses y después de algunos encuentros íntimos con Krilin, unos incontrolables mareos delataron su estado.

–Bien… no sé qué decir– dijo finalmente Número 17 después de algunos segundos de silencio.

–Vas a convertirte en tío, ¿Cómo te sientes respecto a eso?– preguntó ella con una expresión divertida. La cara de su hermano seguía siendo de asombro.

– ¿Que quieres que te diga?, seguramente va a ser un niño llorón y débil– se burló, relajando por fin su gesto.

–Eres un idiota– contestó la mujer, al tiempo que se levantaba y caminaba rumbo a la cocina.

–Oye, te advierto de una vez que no me consideres para futura niñera, estoy muy ocupado vigilando el bosque– volvió a decir, sin dejar el tono burlón y siguiendo a su hermana.

–Jamás haría eso, no tienes la capacidad mental para ello– contestó sarcásticamente.

La mueca de su gemelo reveló que la broma no le había agradado para nada. Pero ella lo ignoró y empezó a colocar unos platos sobre la mesa. Más tarde estaban comiendo y poniéndose al tanto de sus vidas.


Continuará...