Heridas Imborrables

Aquella mañana descubrí una extraña habilidad. Podía diseñar un edificio que ya había imaginado anteriormente mientras mi mente divagaba en todo lo ocurrido en mi cita con Tara. Las pocas veces que mi mente se centraba totalmente en el diseño, apenas tenía que corregir pequeños detalles. Y mientras dibujaba, mi menté repetía una y otra vez la cita que tuve el día anterior. No es que hubiese sido exactamente como recordaba, pero no por ello me había cautivado menos y, de alguna manera, podía ver que parte de Tauriel seguía aún en ella y eso me encantaba, aunque las cosas nuevas que iba descubriendo en ella me apasionaban en igual medida.

- ¿Lo entiendes, Kilian? Es una gran oportunidad.- dijo Caleb a mis espaldas. No recordaba que me hubiese empezado a hablar en ningún momento.

- Sí.- respondí distraídamente.

- Entonces, ¿qué te parece?- preguntó Seanna.

- ¿Qué me parece el qué?- les pregunté, haciendo que mi mente volviese por un momento al presente.

Me volví hacia ellos y vi que ambos me miraban con el ceño fruncido. Caleb incluso parecía enfadado. No entendía que me había perdido.

- ¿Te has enterado de algo de lo que te acabamos de contar?- me preguntó Seanna.

- La verdad es que tenía la cabeza en otra parte.- comenté algo avergonzado.- Lo siento.

- ¡A la mierda!- gritó Caleb enfadado mientras me pasaba un folio impreso.- Que lo lea él. Paso de volver a explicárselo.

En el papel que me acababa de pasar había un anuncio de un concurso de arquitectura. Una famosa cadena de hoteles de lujo querían poner uno a las afueras de Londres y, para ello, convocaban un concurso de arquitectura para cualquiera que se viera capaz de llevar el proyecto a cabo. Era una propuesta interesante aunque arriesgada. Los concursos tienen el problema de que todo el trabajo de diseño nunca se paga, a menos que salgas ganador. Por lo que si no sales elegido, podría considerarse una pérdida de tiempo y dinero.

- ¿Creéis que podríamos hacernos con el proyecto?- les pregunté sin dejar de mirar el anuncio.

- ¿No has visto quién financia el concurso?- me preguntó Seanna.- Es Drake Hayes.

- ¿El multimillonario?

- Multibillonario.- me corrigió Caleb, haciendo especial incapié en la b.- A ese tío le sale dinero por las orejas. Hacer ese hotel es el sueño de muchos arquitectos, pero si además el proyecto lo financia Hayes... para ese tío solo trabajan los mejores de los mejores y ganar ese concurso sería triunfar en el mundo de la arquitectura contemporánea.

Drake Hayes. Trader multibillonario. A sus 40 años, era uno de los solteros más codiciados, no solo del país, sino del mundo. Único heredero de una familia acaudalada, había sabido jugar en bolsa lo suficientemente bien como para convertirse en una de las personas más ricas del mundo, por no decir directamente la más rica. Se decía que cuidaba mucho sus inversiones y que no hacía uso de su fortuna a la ligera, lo que le había valido su fama de avaro. Si un hombre como él invertía en la creación de un hotel de lujo, es porque esperaba que los beneficios de ese hotel acabasen por incrementar su ya considerable fortuna. Además, como dijo Caleb, para él solo trabaja el mejor en su campo, por lo que trabajar para Drake podría atraernos nuevos e importantes clientes. Sin contar el beneficio económico que este trabajo nos daría.

- Será una competencia dura. No creo que los demás participantes nos los vayan a poner fácil precisamente.

- Eso ya lo sabemos, Kilian.- comentó Seanna con mirada casi suplicante.- Aun así, tenemos que darlo todo por este proyecto. Oportunidades como éstas solo se presentan una vez en la vida.

- De acuerdo, hagámoslo.- dije devolviéndole el impreso a Caleb viendo como ambos se abrazaban.- Que no se diga que no lo hemos intentado.

- Voy a registrarnos ahora mismo.- dijo Caleb mientras se abalanzaba a toda prisa hacia su ordenador.

- Eres genial Kilian. Seguro que lo logramos.

Apenas dijo esas palabras, Seanna me abrazó con fuerza y, aunque al principio le devolví el abrazo, lo largo que éste fue me hizo sentir un poco incómodo.

Seanna se apartó de un rápido movimiento, como si se hubiese quemado y me sonrió como si se disculpara por algo. Creo que me había perdido algo, o mejor dicho, había olvidado algo. Aun así, yo no dije nada y ella tampoco, por lo que al poco tiempo acabé por olvidarlo.

Aquel día nos quedamos hasta tarde en el estudio, trabajando en el proyecto del hotel y yo aun seguía en ello cuando Caleb y Seanna se fueron. La verdad es que me abstraje tanto con esto que no me dí cuenta de la hora que era hasta que mi hermano vino a recogerme. Me levanté para abrirle la puerta del estudio pero, apenas me puse en pie, por poco no me caí al suelo. Me había dado una fuerte punzada en la pierna derecha, como si me hubiesen clavado algo a la altura del muslo derecho. Finley debió escuchar la caída porque, al momento, empezó a llamar insistentemente a la puerta.

- Kili, ¿qué es ese ruido?- le escuché preguntarme tras la puerta.- ¿Estás bien?

- Sí, sí. Espera un minuto y ahora te abro.

Me agarré a la mesa más cercana y me serví de ella para incorporarme. El dolor seguía latiéndome en la pierna, pero parecía ir atenuándose poco a poco. Demasiado poco a poco para mi gusto. Aquel dolor me tenía totalmente desconcertado. Solo recordaba un dolor parecido a ese, y era imposible que fuese por eso.

Con cierta dificultad, y apoyándome en todo lo que me iba encontrando por el camino, llegué a la puerta y le abrí a mi hermano. Éste parecía verse preocupado, hasta que se percató de mi postura, apoyando todo el peso en la pierna izquierda mientras me frotaba la zona dolorida de la derecha.

- ¿Otra vez la pierna?- me preguntó, aunque más que una pregunta, parecía una afirmación, como si aquel dolor fuese algo habitual.

- ¿Como lo sabes?

- Esa pierna te ha estado dando la lata desde que, a los siete años, casi te la atraviesas con la barra de un tobogán.- me comentó mientras hacía que le pasara un brazo por el hombro y me ayudaba a llegar hasta una silla.- A veces, cuando llevas mucho tiempo sentado o tumbado, te vuelve a doler. Aunque también creo que tiene que ver con el cambio de tiempo.- añadió sonriendo como para restarle importancia.

- No es lo que yo recuerdo.- murmuré cabizbajo.

- ¿Qué es lo que recuerdas?

- Una flecha. Una flecha negra de Morgul.

- ¿Qué?- preguntó sin entender.

- Una flecha envenenada.- le expliqué levantando finalmente la mirada.- Durante el coma soñé que me disparaban una justo en el mismo punto en que me duele.- seguí contándole mientras me llevaba la mano a la parte de la pierna que aun me dolía.- Es todo tan extraño. Antes de despertar soñé que me moría, que me clavaban dos flechas. Una en el abdomen y otra en el pecho. Y cuando despierto, me encuentro dos cicatrices en esa misma zona resultado de unas puñaladas. Y ahora me entero de que me pasa algo parecido en la pierna.

- Tal vez tu subconsciente buscaba una manera de relacionar en tu sueño lo que te había pasado en la vida real.

- ¿En un mundo de fantasía?

- ¿Por qué no?- respondió encogiéndose de hombros. Suspiré con resignación y eché la cabeza hacia atrás. Todo esto era cada vez más absurdo.

- ¿Como ocurrió?- le pregunté finalmente.

- ¿El qué?

- Lo de la pierna ¿Qué fue lo que pasó?

- Fue cuando fuimos de vacaciones de verano a Escocia para visitar a nuestros abuelos. Tú tenías 7 años y yo 12.- me explicó.- Estábamos en un parque infantil que había cerca de casa de los abuelos. Conocimos a otra pareja de hermanos. Un niño rubio de unos 10 años y una niña pelirroja de tu edad. Creo que al crío no le caímos bien, porque la tomó con nosotros desde que nos acercamos a su hermana para jugar, así que nos peleábamos con él muchas veces, pero tú parabas en cuanto su hermana empezaba a hacer pucheros y te ibas con ella a los columpios o al tobogán mientras yo seguía dándome de tortas con el rubiales. Aquél día, mientras ese chico y yo nos perseguíamos por el parque para tirarnos barro, tú te llevaste a la niña a uno de los toboganes. No se porqué decidiste que un tobogán con la barandilla rota era la mejor opción. Fue un error por mi parte no haberte vigilado en ese momento. Aquel día, papá me echó una buena bronca por ello.

- Eras un crío.- le dije, intentando restarle importancia.

- Pero soy el mayor. Debería haber cuidado mejor de ti ese día.

Fili bajó la mirada, como si aún se culpase de lo que sucedió aquél día. Suspiró y se pasó la mano por la cabeza. Unos minutos después, volvió a alzar la vista hacia mí y continuó hablando.

- No tengo ni idea de como pasó y, si aquella niña no hubiese gritado, es posible que no nos hubiésemos enterado de nada hasta el último momento. Cuando el otro chico y yo llegamos a donde estabais, te encontramos sentado en una postura extraña justo al final del tobogán y la niña no paraba de llorar. Tuve que acercarme más para ver que sucedía y, cuando llegué, vi como un hierro del tobogán se te había clavado en la pierna. Te mordías el labio para no gritar y apretabas los puños con fuerza, pero las lágrimas te salían a borbotones y de vez en cuando gimoteabas un poco. No me quedé a ver nada más, simplemente salí corriendo a buscar a nuestros padres, que estaban a penas a un par de casas de distancia del parque. Mamá vino conmigo de vuelta al parque mientras nuestro padre llamaba a una ambulancia. Fue rara la escena que nos encontramos allí.- comentó dejando escapar una sonrisa.- Parecías más calmado pese a que aun tenías el hierro clavado en la pierna. La niña te había cogido la mano y, aunque tenía la nariz roja de haber llorado y los ojos llenos de lágrimas, te estaba cantando una nana en gaélico. Nunca había escuchado nada así, pero, cuando se lo pregunté a nuestra abuela, me dijo que era una nana muy antigua pero muy conocida en Escocia. El caso es que la nana pareció tener un efecto sedante sobre ti. Cuando llegó la ambulancia se sorprendió de lo tranquilo que estabas. No te rompiste la pierna de milagro, pero te tuviste que pasar un mes de reposo en silla de ruedas y otros dos más usando unas muletas y haciendo rehabilitación.

- ¿Qué pasó con los hermanos?

- Desde que te hiciste esa herida no fuimos más al parque, así que no los volvimos a ver. Solo los conocíamos de una semana y yo no me preocupaba por saber a quien le tiraba del pelo y le llenaba el culo de barro.- bromeó.- Así que ni si quiera me acuerdo de como se llaman.

- No logro recordarlo.

- Por eso te lo he contado, ¿no?

- No es eso.- le expliqué con cierta frustración.- A veces, cuando me explicáis algo de mi vida antes del coma, según me lo contáis, empiezo a recordarlo. Como si, de alguna manera, las palabras fuesen una especie de llave que libera esos recuerdos, pero otras, simplemente no me acuerdo.

- Bueno, eso fue hace mucho tiempo. Tal vez ni si quiera lo recordases antes del coma.

- Pero si recuerdo lo de la casa del árbol que intentamos hacer en el jardín.- dije alzando la voz algo más de lo que pretendía por la frustración y, como para hacer más incapié en aquel comentario, me levanté, sintiendo una punzada en la pierna, no tan dolorosa como antes, pero si bastante molesta. Aun así, apreté los labios para ahogar una queja y me mantuve en pie.- Lo que viví durante el coma fue tan real que a veces me cuesta diferenciarlo del mundo de verdad. Recuerdo a los trolls que intentaron comernos pero acabaron convertidos en piedras, a las arañas gigantes del Bosque Negro. Recuerdo como un dragón escupe fuego casi arrasa Ciudad del Lago.- suspiré, casi con resignación, mientras me dejaba caer en la silla que había tras de mi.- Y recuerdo perfectamente como una flecha negra de Morgul se me clavó en la pierna. Recuerdo como me ardía la pierna a cada paso que daba. Recuerdo un dolor más insoportable de lo que nunca he sentido, pero no a dos niños jugando en un tobogán.

Miré a mi hermano y parecía perdido, no como si no supiese de que hablaba, que posiblemente así era, pues nunca le llegué a contar lo que soñé durante el coma. Más bien parecía que no supiese como reaccionar. Como actuar ante todo aquello que le estaba contando.

- Sabes, hay veces que me descubro a mí mismo pensando en ese idioma tan raro en el que te hablé cuando desperté del coma. Como si una parte de mí aún siguiese atrapada en aquel sueño y... Sé que no fue real, pero una parte de mí no quiere olvidarlo.

- ¿Tiene eso algo que ver con Tauriel?

Miré a mi hermano fijamente ante aquella pregunta. Realmente no sabía como responder a eso. En aquel sueño, había amado a Tauriel más que a mi propia vida y puede que aun siguiera haciéndolo pero, lo que más me sorprendió de aquella pregunta fue el darme cuenta de que, por primera vez desde que desperté, no había vuelto a pensar en ella, solo en Tara.

¿Realmente sentía algo por Tara? ¿O era acaso todo un reflejo de la Tauriel que yo amé? A Tara la conocía de apenas un par de días, pero se parecían tanto... no solo físicamente. La forma de hablar, su forma de moverse, siempre tan elegante. Incluso se parecían en la forma de ser... ¿o era acaso lo que yo quería pensar?

- ¿Kili?- me llamó al ver que no reaccionaba.- ¿Estás bien?

- Yo... He conocido a alguien.

Fili pestañeó confundido. No había que ser un genio para darse cuenta de como el cambio de tema le había descolocado, sin contar que yo debía verme casi tan confundido como él.

- ¿A quién?

- A una chica. Ella...

- ¿Ella qué?- preguntó Fili animándome a continuar, pero yo no era capaz ni de poner en orden las ideas en mi cabeza.

- Es como Tauriel.- miré a mi hermano fijamente durante unos segundos con expresión asustada.- ¿Crees que me estoy volviendo loco? ¿Qué estoy reflejando a uno de los personajes con los que soñé en una persona real? ¿O incluso que pueda ser una ilusión?

- ¿Tienes alguna foto de ella?- negué con la cabeza, a lo que Fili suspiró, se quedó pensativo durante unos segundos y luego volvió a preguntar.- ¿Has quedado con ella?

- Mañana, en la entrada del parque que hay junto al canal.

- De acuerdo. Entonces hagamos una cosa.- dijo mientras se levantaba y se acercaba a uno de los cajones que había sobre mi mesa. Rebuscó algo en su interior y finalmente sacó una hoja... la hoja en la que tenía dibujada el retrato de Tauriel.

- ¿Como sabías donde estaba?- le pregunté con curiosidad.

- Soy tu hermano. Te conozco muy bien... Y tú eres demasiado predecible.- añadió como queriendo relajar la tensión.- Bien. La chica del dibujo es Tauriel, ¿no?- asentí con la cabeza, por lo que continuó hablando.- Mañana te llevaré al parque, veré a esa chica y comprobaremos si es una ilusión o realmente es igual a Tauriel. No has tenido alucinaciones ni nada parecido desde que despertaste y de eso hace ya cinco meses. Si es una alucinación, viene con demasiado retraso.- bromeó Fili.- No estás loco, hermanito. Solo un poco obsesionado.

Sonreí agradecido por la oferta de mi hermano y, la verdad, ya me sentía algo más tranquilo. Incluso la pierna me había dejado de doler.

- Por cierto, ¿como se llama la chica?

- Tara ¿Por qué?

- Tauriel... Tara... A lo mejor estas más obsesionado de lo que pensaba.


Este capitulo no tiene mucho que comentar, o eso creo.

Espero que os haya gustado la historia de la herida en la pierna de Kili. Me pareció interesante que la tuviese en el mundo real y darle una explicación de como se lo hizo. Además, estoy pensando en que esa cicatriz sea una parte importante de la historia.

Supuestamente en este capítulo iba a empezar la segunda cita de Kili y Tara, pero cuando me quise dar cuenta, me había enrollado demasiado contando lo de la herida de Kili y era ya estirar demasiado el capítulo, así que dejaremos la cita para el próximo capítulo.

Por último, no se si alguien se habrá dado cuenta de que en este capítulo aparece un nuevo personaje de Tolkien humanizado para formar parte del fic. Sí, Drake Hayes es el personaje en cuestión, y por si el nombre y su forma de ser no os ha dado suficientes pistas, os diré que se trata, nada más y nada menos, que de nuestro querido Smaug (Drake es un nombre ingles que significa dragón y Hayes significa "descendiente de Aodh" que, si no me equivoco, significa fuego en gaelico). Si alguien quiere imaginarlo con forma humana, imaginad a Benedict Cumberbatch (que pa algo le ha dado la voz y la captura de movimiento). Se me ocurrió que convertirlo en trader y hacerle heredero de una buena herencia era la mejor manera de justificar su fortuna y su participación en el proyecto en el que pretende participar Kili. Además, por si no lo sabeis, Forbes hizo una lista con los personajes ficticios más ricos de la historia y Smaug se encuentra en segundo lugar, justo tras el tío Gilito y por encima de personajes como Carliste Cullen, Tony Stark o Tywin Lannister, así que he querido reprensentar eso de alguna manera en el fic ^^U

Pues eso es todo por ahora, espero que os guste y no olvideis de dejar comentarios.