Los personajes de H.P no me pertenecen!
Capítulo IV
La farsa comienza
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— ¡Muy bien, niños!— la estridente voz de la profesora McGonagall resonó por los vacíos corredores del castillo— Ahora, quiero que… ¡USTEDES, YA BASTA!— regañó a un pequeño grupo de revoltosos, lanzándoles una severa mirada y haciéndolos callar en el acto—. Quiero que formen una fila detrás de mí, ¡¿de acuerdo?!— Su voz era tan autoritaria que los niños obedecieron al instante, formando una larga fila detrás de la profesora, frente a las grades puertas del Gran Salón.
Un ligero "Puff" se oyó a lo lejos y McGonagall volteó, al igual que varios nuevos alumnos, para ver con más atención a Albus Dumbledore, quien se acercaba a ellos luciendo sus típicos anteojos con forma de medialuna y una cálida y gentil sonrisa en el rostro, pero la mujer rápidamente desvió la mirada del viejo director para concentrarse en el jovencito que lo acompañaba, caminando de brazos cruzados detrás de él.
Era un niño de unos 15 o 16 años de edad, aunque, por lo que el director le había comentado, debería tener 16. Alto, fornido, moreno y de nívea piel. Dos esmeraldas resaltaban en su pálido y delicado rostro y pequeños mechones rebeldes de cabello negro caían ordenadamente por su frente, dándole un aspecto atractivo y misterioso a la vez mientras se acercaba hacia el grupo con los brazos cruzados y paso seguro. El jovencito tenía gran porte, elegante y algo presuntuoso, pero eso no le restaba belleza; era un muchachito realmente guapo, y muchas de las niñas que estaban allí también parecieron notarlo, comenzando a suspirar y a intercambiar torpes risillas.
— ¡Silencio!— exclamó la mujer cuando los murmullos aumentaron de volumen y todos volvieron a obedecer.
— ¡Buenas noches, Minerva!— saludó el anciano con una sonrisa mientras su blanca y larga barba resplandecía con un brillo plateado bajo la luz de las antorchas.
—Llegas tarde, Albus— le contestó la profesora, enfrentándolos y torciendo la boca en un gesto desaprobatorio— ¿Es él?— Inquirió, enarcando una ceja detrás de sus gruesos lentes, observando sin disimulo al joven Severus.
Snape sentía la curiosa mirada de McGonagall, al igual que las de varias molestas chiquillas, sobre él. Oyó unas risillas y observó de reojo a un grupo de niñas que al notar su mirada se sonrojaron tontamente.
"No es cierto…"— pensó, rodando los ojos y volviendo la vista al frente.
—Minerva…— la jocosa voz del director volvió a oírse— él es el señor Tom Lestrange— indicó, posando su mano sana sobre el hombro derecho de Severus—. Señor Lestrange, ella es la profesora McGonagall, jefa de la Casa Gryffindor y será su profesora de Transformaciones…—informó, siempre con una sonrisa.
—Es un placer, Señor Lestrange…— dijo la mujer en tono cordial— espero que nos honre con su presencia en nuestra casa.
—Lo mismo digo— declaró, indiferente; varias niñas volvieron a suspirar por su actitud.
— ¡Bien, bien! Ahora que las presentaciones fueron hechas, si me disculpan, debo ir a dar un discurso… y el reloj no está a mi favor— informó el director, alegremente, sacando el dorado reloj de bolsillo de su túnica violeta— ¡Buena suerte en la Selección, niños!, Tom…— se despidió con un ligero movimiento de cabeza, marchándose rápidamente del lugar.
—De acuerdo señor Lestrange, póngase en la fila—. Ordenó su ex colega, a lo que él obedeció.
Pasados unos minutos las enormes puertas del Gran Salón se abrieron de par en par y la profesora guió al grupo dentro. Snape pudo ver como muchos de los niños que estaban con él observaban el lugar totalmente sorprendidos y maravillados; se oían muchas exclamaciones y varios grititos de sorpresa. Las cuatro mesas estaban llenas de alumnos, como todos los años, pero no les dio importancia; ya estaba acostumbrado a esa escena. Rápidamente llevó sus ojos verdes hacia la mesa de profesores, liderada como todos los años por Dumbledore, y casi compulsivamente buscó con la mirada quien ocupaba la silla del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero se decepcionó al ver el lugar vacío.
El coro de la escuela comenzó a sonar, presentando a cada una de las casas poco después de que McGonagall los detuviera y comenzara a explicar cómo sería la selección.
—Este año tendremos el honor de recibir a un nuevo estudiante que fue transferido desde la Academia Mágica de Ipswich— anunció Dumbledore desde la elevada tarima, una vez finalizada la canción y tras los saludos pertinentes— Él se unirá al sexto año, por lo que también participará de la selección— comenzaron a oírse los murmullos generales de los alumnos e inevitablemente todos, incluso los profesores, dirigieron sus ojos hacia él, ya que era el que más resaltaba entre tantos niños pequeños de primero.
Severus otra vez no pudo evitar el calor apoderándose de sus mejilla.
— ¡Cuando oigan sus nombres, pasen al frente!— ordenó la jefe de la Casa Gryffindor, desenrollando el pergamino que llevaba en las manos— ¡Ashwood, Liam!— un niño de cabellos rubios avanzó tímidamente hacia el taburete y la profesora le colocó el Sombrero Seleccionador en la cabeza.
— ¡RAVENCLAW!— gritó el viejo sombrero, sobresaltando a varios de los recién llegados, mientras los de la mesa de las águilas estallaban en aplausos.
Severus observó al niño con indiferencia, y luego al siguiente, y al siguiente y a todos los que siguieron pasando al frente, hasta que al fin llegó su turno.
— ¡Lestrange, Thomas!— llamó McGonagall, y Severus se adelantó a los demás.
Un sepulcral silencio reinó en el recinto y el ex profesor pudo sentir cientos de miradas clavadas nuevamente sobre su persona.
Un vacío en el estómago lo invadió de pronto, aun así siguió con paso firme y decidido hasta el taburete, sentándose sobre él con suma elegancia, tanta como los nervios, que comenzaban a hacerse presentes, se lo permitieron.
—Así que Lestrange, eh…— exclamó el sombrero— que curioso… veo una gran astucia y un futuro glorioso que te aguardaría en Slytherin…— Snape suspiró, con algo de alivio— Sin embargo, también hay en ti una magnifica e incomparable inteligencia; propia de todo un Ravenclaw…— ante esas palabras, el joven comenzó a tensarse, y apretó las manos a los costados del asiento en el que se encontraba. ¡¿Qué era lo que estaba diciendo ese estúpido gorro?!— Mmm… ¿qué es esto?— continuó el sombrero— Una gran humildad, propia de un Hufflepuff y… ¡Oh! ¿Qué veo? ¡La valentía y la lealtad propias de un verdadero Gryffindor!— al oír esa última parte, Snape palideció al instante, y un escalofrío le recorrió la espalda— Mmm… una decisión difícil, muy difícil… algo así jamás había pasado…
¡¿QUÉ?!— Pensó, conteniendo las incipientes ganas de salir corriendo, gritar y quemar ese ridículo sombrero. ¿Qué quiso decir con eso de un verdadero Gryffindor? Aquel asunto no le gustaba, pero para nada.
—Quiero ir a Slytherin— susurró, casi sin poder creer que tuviera que hacer eso.
— ¿Huh? ¿Slytherin? Bueno… sin duda en esa casa sabrán explotar al máximo todo tu potencial… pero yo creo que la casa Gryff…
— ¡Yo-quiero-ir-a-Slytherin!— repitió entre dientes, antes de volver a oír aquella palabra y siquiera contemplar la remota posibilidad de que eso sucediera, intentando no perder la calma, aunque comenzaba a asustarle que el Sombrero Seleccionador hablara en serio.
—Hmp, si eso es lo que deseas… Algo me dice que sabes lo que haces, jovencito. Pero no olvides las cualidades que antes te mencioné, y buena suerte en… ¡SLYTHERIN!— gritó al fin, y la mesa de ésa casa estalló en aplausos.
El joven Snape se puso de pie y caminó lentamente hacia su nueva mesa, sintiendo como un enorme peso caía de sus hombros y recuperando su despreocupado y frío semblante habitual antes de tomar asiento en el lugar justo frente a Draco Malfoy, entre Blaise Zabini y Theodore Nott.
Cuando McGonagall leyó el siguiente nombre, todos en la mesa se giraron a verlo con ojos curiosos, pero nadie parecía atreverse a hablarle.
—Así que… tú eres el hijo de la hermana de Bella, ¿eh?— el joven Malfoy rompió el silencio que se había formado desde que la nueva serpiente había llegado junto a ellos, con voz neutral e indiferente, sin embargo, con una pizca de curiosidad en ella.
Severus suspiró pesadamente, cerrando los ojos por una milésima de segundo; ya era el momento de comenzar la farsa.
—El mismo— gruñó, casi con repugnancia— Y tú, entonces, debes ser Draco Malfoy, ¿cierto?— más que una pregunta fue una afirmación. El chico rubio sonrió con autosuficiencia; le gustaba que los demás supieran su nombre.
Posó sus ojos esmeraldas en el menor de los Malfoy para observarlo atentamente. Draco se veía mucho más delgado y enfermizo que la última vez que lo había visto, pero, aun así, no perdía sus aires de superioridad ni su forma de hablar, arrastrando cada palabra.
—Estuve buscándote en el tren…— comentó el de cabellos rubios, aunque Snape pudo deducir que mentía sin pudor alguno—. Pero no sabía cómo era tu rostro. Mi madre no tenía fotografías.
—Es que llegué directamente de Boston y no pude pasar a ver a… tía Narcissa— informó secamente, sin ningún tipo de alteración en su voz indiferente.
— ¡Oigan, esperen! ¿Cómo que hijo de Bellatrix? ¿Bellatrix Lestrange?— inquirió Pansy Parkinson, entrando en la conversación; tanto ella como el resto de los jóvenes Slytherins se preguntaban lo mismo, pues para nadie era un misterio que Bellatrix Lestrange era una de las más crueles y fieles seguidoras de Voldemort, una asesina a sangre fría. Todos sabían eso, en especial aquellos que eran hijos o tenían alguna relación con Mortífagos, por lo mismo, todos estaban al tanto de que la mujer no tenía hijos, o al menos, eso creían.
—Así es…— respondió tranquilamente, intentando mantener la impasibilidad— soy hijo de Bellatrix y Rodolphus Lestrange.
— ¿Y por qué no sabíamos nada de ti? Es decir, mis padres jamás me comentaron que Bella…— continuó la muchacha, antes de ser interrumpida abruptamente:
—Porque mis padres lo enviaron a Norteamérica cuando los suyos fueron encerrados en Azkaban— contestó sin delicadeza el rubio en su lugar en tono arrogante, dándose importancia ante sus amigos por tener información desconocida para ellos.
—Así es…— aseguró él, entre dientes; sabía que lo interrogarían, así que, al mal paso darle prisa: — Mi tía abuela, Augusta Lestrange, fue quien me crió desde entonces; ya saben, mi familia— luchó por no esbozar una muesca de asco— no quería que creciera bajo la sombra de lo que mis padres fueron en cuanto el Señor Tenebroso cayó— lo último lo dijo en un susurro, intentando sonar lo más afectado posible por aquellos 'amorosos y sacrificados padres'.
—Mi madre me dijo que vendrías— comentó Draco con desinterés, peinando arrogantemente su cabello hacia atrás— Al principio no le creí, hasta me pareció una ridiculez, un burdo engaño; pero ahora que te veo, el parecido es innegable— aceptó al fin.
Snape torció los labios con disgusto; ¡¿él, parecido a ésa loca y su infame esposo?! Eso si le revolvía las entrañas.
—Entonces… ¿tu nombre es Thomas, cierto?— volvió a hablar el rubio, y Severus asintió con la cabeza, mirando fijamente el plato vacío frente a él.
—Pero todos me llaman Tom…— anunció de mala gana; dudaba que esos mocosos conocieran el verdadero significado de ese nombre, pero no quería dejar ningún cabo suelto, por si las dudas.
—Bueno, Tom… como ya sabes, yo soy Draco Malfoy— se presentó formalmente— el que está a tu derecha es Blaise, Blaise Zabini— señaló al chico de color y pómulos marcados que movió ligeramente la cabeza a modo de saludo— Theodore Nott— el castaño a su izquierda imitó el gesto de Zabini— Crabbe y Goyle…— los guardaespaldas de Draco sólo lo observaron con una mezcla de miedo e intriga en la mirada.
—Y yo soy Pansy Parkinson— se presentó la morena ojiceleste desde el otro lado de la mesa, pegada al brazo del chico rubio, dedicándole una sonrisa algo… ¿seductora?
No podía ser… esperaba estar equivocado.
Blaise Zabini chasqueó la lengua y rodó los ojos, girándose hacia él para hablarle.
—Y dinos Tom, ¿qué tal tu otra escuela?— preguntó, sin interés aparente.
—Estaba bien, supongo— de inmediato percibió las curiosas miradas de la pandilla de Draco sobre su persona, como si no estuvieran conformes con esa respuesta— Sólo que en Ipswich no nos dividían por casas y no había tantos alumnos; además— añadió, dando una improvisada mirada a su alrededor mientras buscaba en su repertorio la mejor cara de desprecio— en Ipswich, sólo los hijos de magos pueden aprender magia… aunque mi madre ya me había advertido que en Gran Bretaña hasta los sangres sucia pueden entrar a nuestro mundo. Que desagradable— murmuro; no se sentía del todo cómodo, pero debía hacer esa clase de comentarios para "encajar" de la mejor manera en la pandilla de Draco, tal y como debía hacer en sus tiempos.
—Lo sé, Tom, lo sé…— Snape se sorprendió ante la familiaridad con la que le habló Draco, pero no dijo nada, eso era bueno—. Y supongo que también habrás oído hablar del gran niño-que-sobrevivió, ¿verdad?— pronuncio cada silaba con marcada ironía y sobreactuada repugnancia.
—Supones bien— contestó, tajante— Y no imaginas lo ansioso que estoy por conocer al "salvador de mundo mágico" en persona— sentenció también con ironía y algo de malicia natural en su voz, cosa que hizo sonreír a su ahora "primo".
—Por cierto, ¿notaron que cara-rajada no está con sus impresentables amigos?— Theo Nott dejó oír su voz por primera vez, y como si hubiera oído que lo nombraban, Harry Potter hizo su aparición en la entrada del Gran Salón, con la cara cubierta de sangre, acaparando toda la atención mientras se dirigía hacia la mesa en donde sus amigos lo aguardaban.
Draco hizo una mueca de incredulidad, que enseguida cambio por otra de burla.
— ¡Y Potty ha decidido honrarnos con su presencia!— exclamó teatralmente, con elaborado sarcasmo, a lo que sus compañeros rieron.
— ¿Acaso eso es sangre?— murmuró Pansy, observando al recién llegado con desinterés y Draco soltó una carcajada, haciendo que todos volvieran a verlo.
—Digamos que… San Potter quiso jugar a los detectives, así que tuve que ponerlo en su lugar…— informó haciendo el ademán de golpear a alguien en la nariz— ése, mi querido Tom, es el…"maravilloso y aseado" niño-que-sobrevivió-de-pura-suerte…
Snape se giró para fingir observar Potter con interés, pero al hacerlo vio como ese inepto de Weasley le susurraba algo al oído y ambos miraban hacia él, entre todos los Slytherins, con una mezcla de confusión, enojo y sorpresa en la mirada, lo que el ex profesor de pociones respondió con una mueca arrogante mientras sus compañeros seguían riendo.
— ¡Buenas noches a todos!— la voz de Dumbledore volvió a oírse, acallando los cotilleos de los alumnos— Y sean bienvenidos a otro año escolar en Hogwarts…— hizo una breve pausa, dejando que los aplausos cesaran— Bien, éste año tendremos algunos cambios en el cuerpo docente del colegio. Para empezar, permítanme presentarles al profesor Horace Slughorn— un hombre mayor, bajito, de cabello blanco y abultada barriga se puso de pie, haciendo una pequeña y grácil reverencia; Severus enarcó una ceja al reconocer a su viejo profesor— quien se hará cargo de las clases de pociones y será el nuevo jefe de la casa Slytherin hasta que el profesor Severus Snape pueda reincorporarse a su puesto…— y ahora sí que los murmullos aumentaron al instante, apoderándose de todo el lugar, algunos alumnos vitoreaban en voz baja, otros -en realidad, sólo los Slytherins- se preguntaban incrédulos en donde estaría el jefe de su casa.
— ¡GENIAL!
— ¡Al fin nos libramos de ese demente de Snape!— oyó decir en la mesa de los leones, cruzándose de brazos para no tentarse y buscar al idiota para darle su merecido.
— Imbéciles…— gruñó en voz baja mientras una vena amenazaba con explotar en su pálida frente.
La noticia había causado realmente gran conmoción entre los alumnos.
— Por otro lado…— volvió a hablar el director, pidiendo silencio con las manos— démosle también una cordial y amistosa bienvenida a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, Nymphadora Tonks.
"¡QUE DEMONIOS!"— Severus golpeó la mesa con indignación mientras la joven mujer, de la cual él recién se percataba que estaba allí, se puso de pie saludando a los presentes con una mano, mientras su cabello se transformaba de un color violeta a uno rosa chicle.
El moreno suspiró, volviendo a cruzar los brazos, sin importarle que sus compañeros lo observaran desconcertados por su arrebato de hacia unos momentos.
"No puedo creer que Dumbledore no haya conseguido un mejor reemplazo que esa niña tonta…"— pensó, poniéndose rojo de la ira, mientras oía los vitoreos de la mesa Gryffindor.
—Creo que ese viejo chiflado ha perdido definitivamente la cabeza— siseó Draco suavemente— ¿En dónde estará el profesor Snape?— sus compañeros se encogieron de hombros.
—Debiste conocer al profesor Snape, Tom…— dijo Pansy con voz chillona— Sólo espero que el nuevo profesor sepa poner en su sitio a los mugrosos de Gryffindor…— todos rieron, incluido el joven Snape.
Claro que sí… molestar leones, definitivamente, era su marca registrada.
— Entonces, Lestrange…— musitó Zabini, sirviéndose una pierna de pavo en cuanto la comida apareció frente a ellos, llamando la atención de Severus una vez más— tus padres son muy buscados en estos días… ¿tú no sabes donde se esconden, o sí?— preguntó en tono mordaz, llevando elegantemente una copa de jugo a sus labios, sin dejar de observarlo, expectante.
— Claro que lo sé… ¿Zabini, cierto?— contestó en el mismo tono, imitando las acciones del moreno—. Pero eso es algo que, obviamente, no discutiré contigo— informó secamente, frunciendo el ceño— ¿Acaso eres del Ministerio o qué? No creerías que respondería una pregunta tan idiota, ¿o sí? No me subestimes— advirtió, tajante, sacándole una mueca de rabia a Blaise y otra carcajada al rubio Malfoy.
— ¡Bien hecho, Tom!— rió exageradamente— Mira que cerrarle la boca así a Zabini…— ahora los demás volvieron a reír.
— ¡Vete al diablo, Malfoy!— gruñó el chico de color, cruzándose de brazos y lanzándole una mirada asesina a Draco.
— Ya chicos, no peleen…— dijo Pansy entre risas.
— ¡Tú no te metas Parkinson!— rezongó el chico rubio.
— ¡Sí, cállate!— secundó Blaise, en el mismo tono.
— ¡Cállense todos!— la fría y autoritaria voz de Tom los hizo callar de inmediato. No estaba dispuesto a soportar sus gritos mucho más; después de lograr su cometido, se dedicó a seguir saboreando su postre con total calma mientras todos permanecieron en silencio durante unos minutos.
— Por cierto, Nott…— Draco fue el primero en volver a hablar— ¿Conseguiste ese libro que te pedí…?
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— ¿Estás seguro, Ron?
— ¡Ya te dije que sí, Harry!— insistió el chico pelirrojo— Si no me crees a mí, Hermione puede confirmártelo, ¿no es así, Herms?
Harry volteó hacia su amiga.
— No hay dudas, Harry. Ése chico es un Lestrange.
—Thomas Lestrange— añadió Ron.
— ¿Thomas…? ¡TOM!— Gritó Harry de pronto, poniéndose de pie y golpeando la mesa con sus manos— ¡Entonces ese Lestrange debe ser hijo de aquella maldita de Bellatrix!— concluyó, perdiendo el control por unos segundos.
— ¡Harry!— le gritó su amiga a modo de reproche, señalando con la cabeza a Neville Longbottom, quien estaba unos lugares más a su derecha con la mirada baja, haciendo que Harry se calmara y volviera a tomar asiento.
— Es que, es demasiada casualidad, Hermione— susurró bajito, para que sólo sus amigos lo oyeran— Piénsenlo sólo un segundo: Tom, al igual que Voldemort… sólo la maniática de Bellatrix llamaría así a su hijo, que sale de quién sabe dónde justo en el momento en que Malfoy se une a los Mort…
— Ipswich—. Lo cortó su mejor amiga.
— ¿Qué?
— Dumbledore dijo que venía de la Academia Mágica de Ipswich, en…
— ¡Eso no importa, Hermione!— volvió a exaltarse— ¡¿Qué no lo ven?! ¿Por qué llega aquí? ¡¿Por qué ahora?! ¡Es más que sabido que Malfoy es un Mortífago y apuesto lo que sea a que planea algo!
Hermione suspiró con resignación, llevándose una mano a la sien mientras Ron engullía, literalmente, un trozo de tarta de calabaza.
— Harry… ya te he dicho que es imposible que Malfoy sea un Mortífago… y en caso de que lo fuera, no crees que pediría la ayuda de, no sé, alguien con más… ¿experiencia? Quiero decir, ambos tienen sólo 16 años y…
— ¡¿Y qué con eso?! Hasta dónde yo sé, ése tal Lestrange podría haber sido entrenado por Bellatrix, o ser otro Mortífago que ingiere la poción multijugos o, o…— se exaltaba cada vez más; Hermione sólo rodó los ojos para luego ponerse de pie— ¿Huh? ¿Adónde vas, Hermione?
— Debo guiar a los de primero, ¿lo recuerdas? Ven, Ron— jaló a su amigo del cuello de la túnica, obligándolo a ponerse de pie y dejar de lado el trozo de tarta que estaba a punto de tragar— Te veremos luego— musitó, ligeramente malhumorada por la intransigencia de Harry, disponiéndose a alejarse del lugar para cumplir con sus funciones de prefecta.
— ¡Adiof, Haffy!— Ron se despidió con una mano mientras era arrastrado por su amiga de castaña y alborotada melena.
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Draco y Pansy se levantaron de la mesa para ir a cumplir con sus deberes de prefectos; el joven Malfoy al principio se mostraba renuente a hacerlo, pero la charla con su 'primo' lo había puesto de buen humor y reactivado sus deseos de molestar a algunos incautos de primero.
— Oye Tom, ¿no quieres venir con nosotros?— Propuso la morena en tono seductor, aferrándose al brazo de Snape con total confianza; él la contempló, totalmente horrorizado, durante un segundo antes de zafarse bruscamente de su agarre, dejándola algo confundida— Digo, como eres nuevo, yo… es decir, para que conozcas el colegio y el camino a las mazmorras…— aclaró, sonriendo bobamente ante la reacción del chico. Si bien Pansy Parkinson tenía su orgullo -y vaya que lo tenía- no podía mandarlo al diablo por tremendo desplante, después de todo, ése chico era realmente apuesto, y su aire oscuro y misterioso solo lo hacía mucho más atractivo; aunque no tanto como Draco, claro, pero si lograba seducirlo, sin duda se convertiría en la envidia de todas las chicas de Hogwarts. Sólo bastaba con ver todas las miradas que el moreno atraía, y sólo era su primer día. Para Pansy, no había nada más importante que saberse la envidia de todas las niñas del colegio.
— No te molestes, Zabini y Nott me enseñaran el camino— anunció, indiferente, sin lograr que la joven borrara su boba sonrisita.
— De acuerdo… pero YO te daré un recorrido personal por el castillo… y NO acepto un no como respuesta— exclamó, guiñando un ojo en complicidad, haciendo que un tic nervioso amenazara con apoderarse del ojo izquierda de Severus, volteando mientras hondeaba exageradamente su larga cabellera negra, esparciendo una suave fragancia a rosas por el aire para marcharse de allí antes de que el moreno pudiera protestar.
"¡¿Qué diablos le pasa a ésa chica?!"— pensó el joven Snape, dejando escapar un sonoro bufido.
— Cuidado, Lestrange— advirtió Zabini, haciendo que lo observara de reojo— al parecer, Pansy te encuentra… ¿cómo decirlo? ¿Apetecible?— dijo con sorna— Pero en serio, debes cuidarte de ella. Está loca.
— Cállate, Zabini— masculló entre dientes, comenzando a caminar con los brazos cruzados, para luego detenerse a medio camino ya que se suponía que él no conocía el castillo— ¿Y van a indicarme el camino o tendré que lanzarles un Imperius para que lo hagan?— amenazó, enfrentando a sus, ahora, "amigos".
Blaise sonrió satisfecho mientras Theo se levantaba lentamente de su lugar, lanzando un suspiro de resignación.
Snape aún podía sentir las miradas de todos los alumnos sobre su persona, algunas seguían siendo de confusión, otras de miedo y muchas de… ¿admiración?
— Malditos pubertos— masculló entre dientes mientras caminaba hacia la salida del Gran Salón, siendo escoltado por el castaño y el moreno, además de Crabbe y Goyle, quienes, al parecer -y debido a la ausencia del chico rubio-, se habían convertido en sus guardaespaldas.
Mientras caminaba, Severus intentaba procesar todo lo ocurrido ése día; pensaba en lo que el Sombrero Seleccionador había dicho, en su ingreso al grupo de Draco, en su reemplazo como profesor… todo era demasiado para asumirlo de inmediato; y en eso estaba, tan metido en sus cavilaciones, que no percató de cuándo chocó con algo, o mejor dicho contra alguien, perdiendo el equilibrio y casi cayendo si Goyle no lo hubiera sujetado a tiempo por debajo de los hombros; sin embargo, la otra persona no corrió la misma suerte y cayó estrepitosamente al suelo.
— ¡Ya, suéltame!— ordenó el joven Snape a Gregory Goyle, reincorporándose y arreglando su túnica de un tirón.
— Vaya, vaya… parece que los anteojos no te funcionan bien, Potter…— siseó Zabini con sorna y fue en ese momento en el que Severus se dio cuenta de que había sido arrollado nada más y nada menos que por Harry Potter.
El Gryffindor se puso de pie de un salto, totalmente sonrojado, y se acomodó los lentes con una mano. Observó a la causa de su tropiezo, ignorando los dichos del chico de color, observando fijamente al joven Lestrange, parado frente a él con una expresión de superioridad en el rostro, como todo un Slytherin; y al verlo Harry no pudo evitar recordarla a Bellatrix, la asesina de Sirius. No podía equivocarse, ése chico tenía ser su hijo.
— ¿Que tanto ves, Potter? ¿Acaso hay algo que te guste?— volvió a burlarse Zabini, haciendo reír a sus acompañantes, con excepción de Tom.
— Cierra la boca, Zabini—. Fue lo único que dijo el león, con marcada rabia en su voz.
— ¡Uy!— exclamó el otro, haciendo un nuevo gesto de burla— ¡San Potter se siente muy valiente el día de hoy, ¿no?!— dijo rodeando a Harry -que sólo permanecía observando fijamente al chico nuevo- con su caminata; la despreocupada mirada de Snape sólo aumentaba su ira.
— Ya deja de perder el tiempo, Zabini— dijo al fin Tom, reanudando la marcha, ignorando completamente las miradas de Harry al pasar por su lado—. Vámonos— Ordenó con voz firme para que sus compañeros comenzaran a seguirlo; Blaise le dedicó una última mirada burlona al Gryffindor antes de caminar detrás de Snape.
— ¿Prefieres huir de mí, cómo lo hicieron tus repugnantes padres?— soltó el león de pronto, mientras apretaba los puños— Debí imaginar que sólo eras un cobarde más, al igual que todos los Lestrange— Severus se detuvo en seco, temblando de rabia.
No dejaría que ese estúpido insolente ni NADIE le dijera cobarde, como solía hacer el nefasto James Potter.
— Vaya, Potter. En verdad me sorprendes— pronunció tranquilamente, sin darse la vuelta—. Eres muy valiente para ser alguien con los días contados—. Los colores se le subieron a Harry, producto de la ira.
— ¿Sí?— dijo desafiante— ¿Y quién va a matarme? ¿Tú? ¡¿O tu asquerosa madre Mortífaga?!— ante lo último, varios alumnos detuvieron su marcha observar la contienda; Blaise y Theo abrieron desmesuradamente los ojos con furia mientras que Crabbe y Goyle ahogaron un grito de horror y sorpresa cada uno.
Severus cerró los puños y no pudo evitar temblar otra vez. No quería decir más, pero ése Potter en verdad lograba sacarlo de sus casillas y le era imposible permanecer impasible ante él, mucho más ahora que el imbécil había perdido el poco respeto que le tenía como profesor.
Volteó, mostrando una de sus mejores sonrisas -una que ni siquiera sabía que poseía-, provocando varios suspiros entre las niñas que se habían acercado a ellos. Se acercó sigilosamente al ahora paralizado Harry y, acercando sus pálidos labios rostro al oído del león, dijo en voz baja:
— Descuida, Potter… ni mi asquerosa madre ni yo pensamos quitarle ese placer al Señor Tenebroso— soltó— Y hablando de madres, dime, ¿en dónde está la tuya, la asquerosa sangre sucia? Ah, se me olvidaba que murió como la nefasta sabandija que era— y dicho eso, borró su sonrisa, volviendo a su estoico semblante, se alejó de él volteando y comenzando a caminar de nuevo.
Harry solo se quedó allí parado, con la mente trabajándole a toda velocidad. Aquellas palabras realmente lo habían desencajado, y hasta sintió un escalofrío recorrerle la espina, pero no le dio importancia, lo importante ahora era que el propio Lestrange había confirmado sus dudas.
— ¡Eres un presumido Lestrange!— Exclamó Blaise entre risas mientras "guiaba" a Tom por las mazmorras — ¡¿Vieron la cara de Potter?! ¡Por Merlín! ¡Creo que hasta se hizo en los pantalones!— volvió a reír— ¡Definitivamente pusiste al cara-rajada en su lugar!
— Ya basta, Blaise— dijo Theo calmadamente— y tú— ahora se dirigió a Tom— no deberías nombrar al Señor Tenebroso aquí, mucho menos delante de Potter— Snape lo observó por el rabillo del ojo— no olviden que nos mantienen vigilados gracias a nuestros padres— culminó con hastío.
Blaise soltó un bufido.
— Querrás decir, gracias a TU padre y al de Draco, mi querido Theo— comentó mordaz, ganándose una furibunda mirada del ojimiel.
— No quieras pasarte de listo, Zabini— amenazó con voz impasible, volviendo a su expresión seria de siempre. Severus lanzó un resoplido como respuesta y todos guardaron silencio hasta que llegaron a la entrada de la Sala Común de Slytherin.
— Basilisco— susurró Nott, adelantándose a sus compañeros; la pared se hizo a un lado abriéndoles paso para que pudieran ingresar al lugar.
— ¡Vaya! Si que se tardaron…— oyeron a Draco Malfoy, quien los esperaba recostado en uno de los sillones de cuero negro con expresión aburrida, reincorporándose sobre el asiento al verlos entrar, dejando un brazo sobre el respaldo del sillón y adquiriendo una arrogante posición— ¿Qué tal el paseo, Tom?— preguntó con tranquilidad, aunque, por el tono de su voz, el muchacho se dio cuenta de que no le importaba en lo más mínimo la respuesta.
— Demasiado largo—. Gruñó éste, cruzándose de brazos; Draco sólo esbozo una ligera sonrisita socarrona.
Blaise Zabini le contó a Draco del cruce que habían tenido hacia solo unos minutos con el insufrible niño-que-sobrevivió mientras Severus permanecía serio y con la vista baja, recargado sobre una de las frías paredes de piedra en un rincón, respondiendo las preguntas que ocasionalmente le lanzaban con monosílabos, hasta que Draco anunció que estaba cansado y todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones.
Había sido un día demasiado largo y extraño; aun no podía creer que todo eso fuese real. Tenía mucho en que pensar esa noche, sin contar el hecho de que, al día siguiente, debía volver a la escuela.
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Fin cap. 4.
¡Al fin acabé!
En respuesta a sus dudas…claro que las jóvenes alumnas de Hogwarts no pasaran inadvertidas por el nuevo Sev, al menos más adelante en la historia…y me atrevería a incluir una cabellera pelirroja a su repertorio amoroso...
Sólo es una opción ;)
Perdón por el retraso pero la universidad no me da respiro -_- aunque siempre llevo mi cuaderno de fics por si se me ocurre algo en medio de una clase XDD
¡Gracias por leer y pronto el capítulo V!
¡Besos!
Atte. H.S.
