Capítulo 4.
Cho recibió una llamada a su despacho, eran los compañeros de Sacramento. Habían encontrado a Linda Shettrick y a su hijo, Jonas en buenas condiciones, pero la persona que les cuidaba murió durante la huida al chocar su vehículo contra un muro de hormigón, por lo que seguían sin tener nada, salvo el testimonio de las víctimas.
Mandy volvió ofuscada a cada de los Rigsby, no le habían dicho nada concreto. Era absurdo que tuviese edad para votar pero no para saber quién le había arrancado a su familia.
Bajó al jardín donde los Rigsby, años atrás, habían colocado un saco de boxeo en el que entrenaban de vez en cuando, pero con el paso de los años cada vez lo utilizaban menos, hasta el punto de que ya casi nadie se acordaba de él. Pero ella sí lo recordaba, recordaba el ver a sus tíos golpearlo mientras su padre ponía caras de dolor. Sin ningún tipo de protección en las manos golpeó el saco. Una vez, y otra, y luego otras más. Tenía tanta rabia dentro que no se dio cuenta ni del tiempo que llevaba descargando su ira ni de que tenía compañía. Ben detuvo el saco y sin mediar palabra la abrazó con todas sus fuerzas. Al hacerlo notó como perdía fuerzas y se deshacía en lágrimas. Hacía tiempo que no la veía llorar, ni siquiera cuando recibió la noticia de la muerte de sus padres se permitió derrumbarse en público y ver aquella muestra de confianza en la joven le sirvió para ver cuán vulnerable era. Sin dejar de sujetarla, Ben se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en uno de los pilares que sostenían el saco y dejó que reposase sobre su pecho.
Vio las manos ensangrentadas de Mandy y sintió una enorme congoja por el sufrimiento de su amiga. Quería curarle las heridas, pero sabía que más que cuidados médicos lo que necesitaba era un hombro en el que llorar y sentirse a salvo del mundo.
Cuando creyó que ya se había calmado lo suficiente la ayudó a ponerse de pie y la condujo al baño de la planta baja, donde sus padres guardaban el botiquín. En silencio lavó sus manos cuidadosamente y tras secarlas aplicó un desinfectante. Por suerte, las heridas no eran lo suficientemente profundas como para necesitar puntos de sutura, pero sí necesitaban un buen vendaje. En aquel momento agradeció las clases de primeros auxilios que le habían enseñado en la academia de policía, gracias a las cuales había aplicado correctamente el vendaje.
-Tómate esta pastilla. Es un antiinflamatorio, te vendrá bien.
-Gracias.
-¿Quieres que hablemos?
-Te lo agradezco, pero no hay nada de lo que hablar. Mis padres están muertos, y cuando encuentre al cabrón que les ha matado, acabaré con él.
-Mandy, no piensas con claridad, la venganza no es una opción.
-¿No? Volker ya se ha escapado de la cárcel para matar a mis padres, si le encierran volverá a escaparse. Hay que matar a ese tipo de escoria, y lo sabes muy bien.
-Puede ser, pero no voy a permitir que arruines tu vida.
-No voy a arruinarla.
-¿Ah, no? ¿Y qué crees que pasará cuando te enfrentes a Volker? Si no te mata acabarás en la cárcel o huida del país, viviendo el resto de tu vida como una prófuga. ¿Eso es lo que quieres, acabar como tu padre?
-Mi padre volvió después de dos años, se casó y formó una familia que le quería.
-Claro, volvió porque el FBI hizo un acuerdo con él, ¿qué clase de acuerdo crees que hará el FBI contigo? No eres mentalista como él, no tienes nada que pueda interesarle. Además, los dos años que tu padre estuvo fuera tu madre lo pasó realmente mal, ¿eso es lo que quieres?
-Yo no tengo a nadie que me espere, así que tanto me da.
-¿Que no tienes a nadie que te espere? ¿Y qué pasa con los titos, con mis padres y mi hermana? ¿Eh? ¿No existimos? ¿Acaso yo no existo?
Mandy clavó sus ojos verdes en los azules de su amigo, nunca le había visto así de enfadado. Tenía razón, no era mentalista, aunque sabía leer bastante bien a la gente. Sin embargo en aquel momento no supo si el dolor de su amigo provenía del miedo o de la decepción, pero no tenía fuerzas para ahondar en ese tema. Le dio un suave beso en la mejilla y sonrió, tratando de zanjar la conversación.
-Gracias por curarme, Ben, y por todo, pero ya he tomado una decisión.
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Dos meses después. San Francisco, California.
Aquel viernes Maddie se presentó en la habitación de Mandy después de las clases con una pequeña maleta. Aquella tarde era la graduación de Ben y querían arreglarse juntas y tener un rato a solas, necesitaban una tarde de confidencias y maquillaje como cuando iban al instituto. Con el inicio de las clases apenas habían tenido tiempo de verse. Se contaron sus avances en los estudios, los progresos que la mayor iba haciendo con Ethan, un compañero de clase con el que llevaba tonteando desde principio de curso.
Wayne y Grace recogieron a las chicas en el campus antes de ir a la academia donde se celebraba la graduación de su hijo mayor. Fue una ceremonia muy emotiva, en la que todos lloraron y aplaudieron. Después fueron a cenar a un italiano al que siempre iban cuando visitaban la ciudad. Todos rieron y contaron anécdotas que amenizaron la noche. Al finalizar la velada los jóvenes salieron a bailar, mientras que Wayne y Grace optaron por ir a descansar al hotel, a sus casi sesenta años seguían estando activos y ágiles, pero el cansancio hacía mella en ellos antes de lo que quisieran.
Rondaban las tres de la mañana cuando acompañaron a Mandy de vuelta al campus. Al entrar en la recepción la recepcionista le avisó de que habían dejado algo para ella. Era un ramo de gerberas naranjas.
-¿Quién las ha enviado?
-No lo sé, entré un momento al servicio y cuando salí me las encontré con tu nombre.
-Será ese compañero de clase, el que tanto te mira…
-Es posible. Gracias, señora Abernathy.
Al día siguiente Ben se despertó con una llamada de sus padres. Llamaban para ver si les apetecía desayunar juntos antes de ir al aeropuerto. También le preguntó cómo estaban las chicas, en especial cómo veía a Mandy. La vida le había dado un golpe terrible y estaba preocupada por ella.
-Está bien, mamá. Si hasta tiene un admirador secreto. Le dejó un ramo de flores a su nombre en recepción.
-Oh, qué tierno. ¿Qué flores eran? Eso dice mucho del chico.
-Margaritas africanas naranjas.
Grace enmudeció al otro lado de la línea durante unos segundos, aunque Ben escuchaba a sus padres cuchichear al otro lado de la línea. Wayne se puso al teléfono, tratando se sonar sereno.
-Hijo, tenemos que hablar. A solas.
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Cho estaba en la ducha, así que fue Summer quien cogió el teléfono, pero Grace estaba tan nerviosa que tuvo que calmarla para poder entender algo. La pelirroja le habló del regalo que había recibido la joven Jane y ambas estuvieron de acuerdo en que lo mejor era no decirle nada a Mandy. Todo el mundo sabía que aunque físicamente se pareciese más a su madre, y tuviera rasgos del carácter de Teresa, su carácter era más parecido al de Jane.
Pero no todo el mundo estaba de acuerdo, Cho y Wylie discrepaban, según ellos, si Mandy sabía la verdad y fuese consciente del peligro, podría ponerse a salvo de manera efectiva, pero Rigsby y Van Pelt insistían en que al mantenerla en la inopia evitarían que se metiese en líos y que si era cierto que Volker la vigilaba se confiase al verla seguir su vida. Volker era un depredador, y los depredadores atacan cuando su presa se siente más confiada.
Ben llegó a la cafetería en la que siempre quedaba con sus padres cuando venían a verle. Ya era una tradición ir a comer tortitas a Francine's antes de ir al aeropuerto. Pocos minutos más tarde aparecieron sus padres. A pesar de sus intentos por mostrarse calmados, el muchacho pudo intuir que pasaba algo realmente importante.
-Pero no puedes contarle nada a Mandy.
-¿Pero cómo no le voy a contar nada, papá? ¡Hay un psicópata persiguiéndola, tiene que saberlo!
-Ben, ¿qué crees que hará tu prima cuando se entere de que el asesino de sus padres anda cerca? Querrá vengarse.
-Ya, pero…
-Mandy es una chica muy inteligente, pero se mueve por impulsos y cuando se ofusca no atiende a razones. Si no sabe nada, Volker se confiará, cometerá un error y podremos pillarle. Y a tu prima podremos controlarla mejor.
-No es una cría, papá.
-Habrá cumplido la mayoría de edad, y será muy madura para su edad, pero es una chiquilla asustada y enfadada con el mundo. Ahora mismo es una bomba de relojería.
-Cielo, ¿has elegido ya destino?
-No, tenemos hasta la semana que viene. ¿Queréis que pida Austin?
-En realidad, estábamos pensando en que pidieses como destino el campus de la universidad, así cuidas también de tu hermana. Sería sólo mientras damos con ese bastardo, luego puedes pedir donde quieras.
Aceptó la propuesta de inmediato, para él la familia era lo primero, y aunque quería patrullar por la ciudad en vez de por el campus, la idea de un trabajo tranquilo para su primer año no le desagradaba del todo. A decir verdad, le pareció una excelente idea. Mandy iba a las mismas clases a las que él asistía cuatro años antes, conocía al personal docente y administrativo y le sería más fácil proteger a las chicas.
