Aqui traigo el Cuarto Capítulo, espero les guste.


To be a Princess… for Dummies
By Maureen

- Cuarta parte -

- No puedo creer que en serio haya sido nuestra última clase. – exclamó Janis alegre.

Eran las tres de la tarde del sábado, y la última clase del ciclo había finalizado hace pocos segundos. Tres meses de libertad, para respirar… para pensar.

- Tranquila, - le dijo Misty. – En tres meses más volvemos a todo esto. –

- ¡Pero vacaciones Misty! – siguió ella, entusiasmada. – ¡Y la fiesta…! –

- Si… es en una semana…-

Janis, sonriente, caminaba por el pabellón a paso rápido. Misty tenía que acelerarse algo para alcanzarla.

- Apuesto que, aunque no lo digas, te emociona. – le dijo.

- Bueno… - comenzó ella. - Algo… -

Ambas sonrieron.

- No me has hablado de ayer. – Janis cambió el tema. – ¿Algo interesante? –

'Vaya que sí…'.

- Ehm… bueno… - musitó.

- No lo he visto hoy. – prosiguió sin escuchar. - ¿Tú si? –

- No hablo con el desde anoche. – respondió al fin.

Janis se detuvo en seco, su rostro expresaba sorpresa y a la vez algo de preocupación. Su boca estaba entreabierta y sus ojos redondos y abiertos.

- ¿Anoche? – preguntó algo alarmada. - ¡Pensé que era sólo un almuerzo! –

- Lo fue. – aclaró Misty. – Solo que duró más de lo planeado… -

Aunque Janis no parecía satisfecha con la información, volvió a sonreír. Misty también sonreía, al recordar la noche anterior y algunos detalles más.

- Espero que no se hayan pasado de la raya. – dijo en tono burlón.

- Janis… -

- Bromeaba. – le dio una palmada en el hombro. - ¿Algo más que me interese saber? –

- No mucho. – dijo Misty, luego agregó - Un par de besos. –

Esta vez Janis se detuvo, miró a su amiga y lanzó un grito de emoción. Paso todo tan rápido que Misty no se dio cuenta cuando ella se abalanzó a abrazarla, casi tumbándola, caras no tan amigas se volvían a verla.

- ¡Cállate! – exclamo riendo. – Nos están mirando. -

- ¿Y qué? No puedo creerlo. – exclamó emocionada. – ¿Qué tal estuvo? –

- Bien… creo. –

- ¡Ay, por favor, Misty! ¡Quiero detalles! –

- Es que no fue gran cosa… estuvo bien, tú sabes, para un comienzo. – aclaró algo avergonzada.

- ¿Tan mal besa ese chico? – se burló Janis.

- No besa nada mal… -

- ¿Qué chico? – las interrumpió una voz masculina.

Era Ash, detrás de ellas. Janis trató de aguantar una carcajada, terminó siendo una risita que sonaba algo forzada. Misty se ruborizó en instantes, trató de ocultarlo pero fue inútil.

- Oh… nadie… - consiguió decir.

- ¿Alguien que conozca? – preguntó él.

- ¿Te conozco? – le preguntó Janis, sonriendo.

Claro que lo conocía, fue a la clase unas tres veces. ¿Tres? ¿O fueron unas cuantas más? Pero lo había visto y sabía que en cierta forma estaba interesado en su amiga Misty. Sin embargo, teniendo en cuenta la reciente conversación y la posibilidad de que él haya podido escuchar algo, convenía fingir por el momento.

- Él es Ash, Janis. Ella es Janis, una muy buena amiga mía. – los presentó Misty.

- Un gusto. – estiró su mano. – ¿Y de qué habl-.-

- Nada importante. – lo cortó Janis. - Misty me contaba que anoche recibió el mejor beso de su vida. –

Ash pareció sorprendido, dirigió un par de miradas a Misty quien, más roja que nunca, estaba echando miradas asesinas a su amiga.

- ¿Qué? - preguntó Janis, fingiendo demencia. No pudo evitar reír. – Nos vemos Mist, y… ¿Anthony? –

- Ash. – corrigió Ash, quien ahora sonreía.

- Adios. – se despidió Janis, muy alegre.

Hubo un par de segundo de silencio, parecieron más. Janis se alejaba al mismo paso alegre de hace pocos minutos antes de que su conversación fuese interrumpida.

- Ella… - musitó Ash.

- No le hagas caso, a veces ella es un poco tosca al hablar… - trató de explicarse Misty.

'Que situación para más…'

- Me cayó bien. – dijo él.

- ¿En serio? – parecía sorprendida.

'No quiero que piense que estoy obsesionada ni nada. ¡Maldición, Janis! Tenías que abrir la boca…'

- Oye… - comenzó, sin levantar la vista. Parecía indeciso. - Lo de ayer… -

'Dirá que estaba ebrio y que no debió pasar, lo sabía. ¡Actúa rápido tonta! Dile que no estabas del todo conciente y…'

- Oh… si, mira... yo… - comenzó Misty.

- ¿Quieres salir hoy? –

- ¿Qué? –

Estaba sorprendida. No se esperaba otra invitación, más bien todo lo contrario. La había pasado bien y se dejó llevar, eso era cierto, pero no quería perder la oportunidad de conocerlo más, y la noche anterior dio un par de pasos de más, que debió esperar a caminar después.

- Anoche… Hacía tiempo que no me divertía tanto… con nadie. – le dijo.

- ¿En serio? – misma pregunta tonta. - Digo, sí. Yo tampoco… -

- Entonces… -

Ella le sonrió, tiernamente.

- Me encantaría salir de nuevo contigo, pero… -

- El famoso pero… - dijo volviendo su mirada.

- Lo siento. –

Sí que quería salir con él, pero tenía que tener en cuenta los sucesos de la otra noche. No fue el beso, no fue el vino. Fue después, cuando volvió a casa. El timbre había sonado ya pasando las diez, por un segundo ella pensó que se trataría de Antonia Monserrat. Lo que llegó fue otra carta. '¿Pero qué el correo no tiene un horario límite?' había pensado. Fue Lily quien abrió la puerta, al ver el sobre con la "M" al frente, al igual que las otras cartas, se la estiró a Misty para que pudiera tomarla desde las escaleras. Subió a su habitación. Al abrir la carta, la formalidad había desaparecido. No era una carta como las otras, tenía solo tres líneas y una firma temblorosa, como hecha mientras se esta en un auto en movimiento. Decía:

Estoy en Massachussets, sobrina. No podré ir yo a verte, pero encontrarás una dirección dentro del sobre, de la residencia donde estaré este corto tiempo. No faltes, ven a verme mañana al terminar tus clases.

Antonia Monserrat

- Perdona Ash. – volvió a disculparse. - Ayer pasó algo. No se si estoy lista para hablarte de ello ahora, pero es algo importante para mí, y necesito terminar con ese asunto. –

- Entiendo. – sonrió.

Esa sonrisa de nuevo, no podía luchar contra ella. Él lo sabía, o al menos parecía saber.

- Mañana estoy libre, si te interesa. – dijo.

Esta vez fue él quien vaciló, apenado.

- No podrá ser, me voy tres días desde mañana a mi casa de campo. Mi padre quiere pasar sus únicos días de vacaciones conmigo. – explicó él.

- Se ve que son unidos. – comentó Misty.

- Algo… me gusta pensar que sí. –

- Lástima, me encanta el campo. – dijo ella.

La observó de reojo y le sonrió.

- Insinúas que quieres que te lleve. – preguntó, pícaramente.

Misty abrió los ojos y la boca para decir algo, pero las palabras no salían. No era eso lo que habñia querido insinuar, solo que le gustaba el campo.

- Oh, no, no. Claro que no. – dijo al fin. -No quisiera interponerme entre ustedes y su tiempo de calidad. –

- Puedo llevarte si quieres. – ofreció él. - El espacio no es problema. –

'No suena mal, ¿O si? Tres días con él, en el campo…'.

- Gracias, pero no. Deberías pasar esos tres días únicamente con él… -

De pronto, su sonrisa se desvaneció.

- Llevará a su amante. – dijo él.

- Oh… - musitó. - Eso cambia algunas cosas. –

- Lo sé, y él habla de tiempo de calidad. – comentó. – Supuestamente deberíamos ser los dos. Íbamos a ser tres, pero ahora que dijiste que… -

- …de verdad me gusta el campo… – completó Misty.

- ¿No te animas? – le preguntó.

Ella suspiró. Quería, sí. Pero, ¿Seria conveniente? Aún no comenzaban una relación y ya estaban saliendo de viaje. 'Misty, el campo no es un viaje.', pensó. '¿Entonces qué es?' preguntó la otra voz. 'Un paseo prolongado…'.

- Habla ahora, o calla para siempre. – dijo él.

- Eres muy malo. – le dijo ella, molestándolo.

- ¿Por qué motivo?- rió él.

- Sabes que quiero ir, pero que no aceptaré ese tipo de oferta. –

- ¿Y por qué no? – preguntó, algo ofendido.

'Como explicar, "No puedo ir contigo por que pensarán que somos algo más que sólo amigos…". No, más bien, "Pensarán que me acuesto contigo, el hijo del ministro, quien de por sí, está de viaje en California tratando asuntos con este congreso y…"'

- ¿Qué pensarían si me voy de fin de semana con el hijo de un funcionario? – dijo al fin.

- Y el problema es… - insistió Ash.

- Bueno… - dudó.

- Es sólo una casa de campo. Con jardines y un lago. Varias habitaciones, si es lo que te incomoda. –

- ¿Entonces no es como un campamento? – eso sonaba mejor.

- Pues, es parecido. – dijo. - Omitiendo la parte de acampar. –

Sonrió. 'Puede que ir con él no sea tan mala idea después de todo.'

- De niña solía acampar. –

- Yo también. – dijo y sonrió.

- ¿No lo extrañas? – preguntó Misty.

- A decir verdad, sí. Y mucho. Eran buenas épocas. Mi padre, yo y ese lago. –

- ¿El mismo lago? –

- Cuando pudo, mi padre compró el terreno y parte del lago. –

- Que suerte. – comentó ella.

- ¿Por qué lo dices? – preguntó él.

- Bueno, me gustaría ser capaz de comprar mi propio lago. –

Le sonrió, pero no era una sonrisa tan dulce como las otras.

- Hay veces que me gustaría que no todo se pueda comprar con dinero. – le dijo.

- No todo se puede comprar con dinero.- aclaró Misty.

- Si, es cierto, pero hablas de lo espiritual. – explicó Ash. - Todo lo físico y concreto, al parecer, tiene un precio. -

- Si, puedo ver tu punto… -

- Deberían dejar algunas cosas libres, como están. –

- Sí. – afirmó ella. – Es cierto. -

Volvió a mirarlo como la noche anterior. 'No te atrevas.' Se dijo a sí misma, dentro de su cabeza. Él también la miraba, con esa mirada perdida y fija en ella. Sus ojos eran el laberinto.

- Oye… - dijo ella, muy bajo.

- Dime. – respondió él, en un tono similar.

Estaban cerca de nuevo, pero esta vez Misty volteó la mirada. Tenía que salir de ese trance antes de que sea muy tarde de echarse para atrás. '¿Y sigues pensando que irte con él es buena idea?'.

- ¿Me hacer un pequeño favor? – pidió.

Ash parecía algo decepcionado. Frustrado, se podría decir.

- Si, claro. – le repondió. – Lo que quieras. – agregó.

- Tengo que hacer algo hoy… - explicó Misty. - Tengo que buscar una casa… que creo queda por la misma zona que la tuya. ¿Me podrías llevar? -

- Y tu auto… -

- Hoy me trajo Janis. – aclaró.

Tomó su mano y sonrió. Misty no la retiró, le siguió el juego, después de todo, sólo era su mano. Y era suya, además, podía disponer de sus extremidades… ¿Cierto?

- Claro que te puedo llevar. – dijo de nuevo.

- Muchísimas gracias. –

Le dio un besó rápido en la mejilla.

- Pero… - agregó él.

- ¿Pero? –

- Vienes mañana conmigo. – le dijo.

- ¿Al campo? –

- Si. – afirmó sonriente.

- ¿Tratas de engancharme? – preguntó Misty, juguetonamente.

Ambos rieron un poco. Sus manos seguían sin soltarse.

- Tan sólo trato de hacer que reconsideres mi oferta. –

- Ash… -

- Por favor. – pidió él. – Es un lugar muy bello, muy tranquilo. Te gustará… me gustaría compartirlo contigo. –

- Ash… ¿Te das cuenta que no nos conocemos? –

- Tal vez no tanto como quisiera, pero te conozco. Y tú a mí. -

- Pero… -

- Quiero conocerte más… me interesas… - dijo. – Eso… no se lo digo a cualquiera. –

- Solo soy una de tantas... –

- No es verdad… - dijo él, algo ofendido. – Misty, es cierto, no nos conocemos lo suficiente, al menos para que confíes en mí, y sé que talvez es algo precipitado, pero quiero pasar el mayor tiempo contigo mientras estoy aquí. –

Ella solo le sonrió, bajó la mirada por un instante.

- Tenemos cosas en común… - prosiguió. – Es muy pronto para decir que siento algo pero… lo que siento…-

Sin poder controlarse más, lo calló con un beso. Fue un poco más largo que el de la otra vez. Pero corto, corto y simple. Al separarse, él le sonrió.

- ¿Entonces es un sí? -

Asintió, tímidamente y cabizbaja. Él la abrazó y le dio un pequeño beso en la frente.

- Siento eso. - se disculpó Misty.

- ¿Por qué? Yo no. – dijo riendo. – Ven. Te llevaré a este sitio. –

El camino hacia la casa fue silencioso por parte de ambos, sin contar la música que estaban escuchando y el hecho de que Ash cantaba una o dos líneas de vez en cuando. Lo demás, silencio… Tardaron como media hora en llegar a esta casa, la cual era de un color crema pastel, bastante grande y larga, hablado tanto del sentido horizontal como del vertical.

- Llegamos. – dijo él, mientras se estacionaba al borde de la acera.

- Vaya… -

La casa era rodeada por una gran y gruesa cerca metálica de unos tres metros de alto. A través de ella se podía ver el amplio y bello jardín, lleno de flores de todos los colores. Había una puerta por la mitad de la cerca. No era exactamente un puerta, pero era la entrada principal, que daba al jardín que, asimismo, daba a la puerta de la residencia.

- ¿Puedo preguntar de quien es la casa? – rompió Ash el hielo.

- Pues… -

- ¿Algún otro chico? – agregó rápido.

- No… - le dijo.

Le sonrió. Salió del auto y fue hacia s puerta, la abrió, caballerosamente, e hizo un gesto indicando que baje. Lo hizo, y por un momento sus ojos volvieron a encontrarse y el silencio los volvió a invadir.

- Nos vemos, Misty. –

- Hasta mañana. – sonrió.

Se encaminó a la entrada de la casa. Al llegar se volvió y lo observó meterse de nuevo en el auto, colocarse unos lentes de sol y sonreírle mientras se apoyaba en la ventana, observándola también.

- ¡Misty! – gritó desde el auto, que estaba unos seis metros de la entrada. - ¿En serio crees que fue el mejor beso de tu vida? – le preguntó sonriente.

'!Janis y su bocota!'

- Yo no dije eso. – respondió rápidamente, esquivando una vez más esa sonrisa y esa mirada que la ponía de rodillas. – Teóricamente, esas palabras no salieron de mi boca.–

Él no dejó de sonreír, se quitó los lentes para verla mejor, o más bien, dejar que ella vea mejor sus ojos. Sí sabía lo que le estaba haciendo, siempre lo supo.

- ¿Lo fue? – le preguntó, esa mirada fija en ella.

Misty no puedo evitar reír.

- No estuvo mal. – le dijo.

Ahora fue él quien rió. Se colocó de nuevo sus lentes de sol y viró la mirada hasta el volante, parecía que no iba a decir más. Puso en marcha el auto hasta quedar enfrente de ella.

- Espera tres días más. – le dijo desde ahí.

- Ah… - intentó responder.

Pero fue inútil, ya se había ido. 'Cobarde.' Pensó Misty para sí, pero sonrió. Y mantuvo esa sonrisa visible hasta el momento en que conoció a su misteriosa tía, lo cual, aún, no ocurre.

Volvió a mirar la casa, quien viva ahí, definitivamente sería una persona adinerada. Es del mismo tamaño que un centro comercial, o bueno, casi. En la entrada había un par de guardias, no parecían prestarle mucha atención a la presencia de Misty, tal vez ya estaban avisados de que alguien iría. La puerta de entrada estaba entre dos muros de piedra, que luego eran seguidos por la cerca metálica. En uno de los muros, había un intercomunicador, o un timbre. Lo presionó.

- Adelante. – dijo una voz.

- Hola… - comenzó, nerviosa. - Vengo a ver a la señora Monserrat. –

De pronto sonó un "click" y ambas partes de la puerta se separaron. Los guardias tomaron cada uno una puerta y la abrieron, aún sin parecer curiosos pro ella.

- Pase por favor, señorita Labourd. – dijo la voz, y colgó.

- ¿Labourd? – dijo para sí.

Se olvidó por completo del asunto al entrar a la casa. La entrada estaba separada, como mínimo, por medio kilómetro de jardín, un caminote piedra rodeado de flores conectaba ambas entradas. Había algunas fuentes de agua, muy bellas. Misty no supo cuando llegó a la puerta de la casa, intentó tocar pero nadie respondió, entonces la abrió ella misma. Estaba abierta, pero la puerta era algo pesada. Entró. Era un gran espacio, algo así como un lobby, pensó, pero era más grande y tenía dos rusticas escaleras que daban hacia ese mismo lugar, muy separadas. Asimismo, a ambos lados había entradas, que no tenía idea de adonde llevarían. Decidió quedarse ahí, había un juego de sala y varias sillas; acompañados de una gran alfombra guinda grabada de dorado por debajo. Se sentó y trató de relajarse por un rato. Pero una voz interrumpió.

- Oh, ahí estas… - se acercó. – Mírate. ¡Estás preciosa! Eres igual a ella. –

Era una mujer alta, vestida con una falda gris y un saco de mismo tono. Tenía el cabello recogido en un moño y pendientes de perlas. Sus ojos eran verdes y su tez muy blanca. Tendría unos treinta y tres años. Justo la mujer que Brock la había descrito.

- Buenas tardes… - dijo ella, tímidamente. -Perdone señora, en verdad, yo no la conozco. –

No se había terminado de acercar. Al hacerlo, posó sus manos sobre los hombros de Misty y le dio un beso en cada mejilla. No dejaba de sonreír.

- Claro que no. – le dijo. - No me ves desde que saliste del hospital. ¿Como te ibas a acordar de mi?-

- ¿Usted es mi tía? – preguntó, torpemente.

- Tía y madrina, mi cielo. – aclaró Antonia. – Pero eso no es lo más importante, tenemos que hablar mucho. –

La guió a sentarse a uno de los sofás en la sala. Misty la siguió.

- No sabía que tenía una madrina. – le dijo.

- ¡Carole! – exclamó al vacío. Volvió a Misty. - Espera un segundo. ¡Carole! –

En pocos segundos se escuchaban pasos de tacones. Un señora, de unos treinta, castaña de ojos pardos, no muy alta, llegó a la sala.

- Dígame, señora. - dijo sonriente, tenía, lo que parecía, un cuaderno en manos.

- Tráenos el té, por favor, Carole. – dijo Antonia dulcemente.

- Si, señora. – dijo haciendo una pequeña reverencia y luego se fue.

- Pues, por lo que entiendo, - continuó con Misty. - Hay muchas cosas de ti que no sabes, Mirella. –

'De nuevo ese nombre.'

- ¿Cómo me dijo? – preguntó algo asustada.

- Mirella. -

- ¿Mirella? –

- Sí, ese es tu nombre, cielo. –

No tardó mucho en llegar Carole con una bandeja de plata en la cual estaba un juego de té de plata, y a parecer también galletas. Antonia agradeció y le sonrió, se sirvió una taza sin mirar a Misty. Carole se sentó en un sofá cerca.

- Pero, no… yo me llamo Misty Williams. – dijo Misty.

- No, tesoro. – dijo Antonia, aún sin mirarla y revolviendo su té. - Ese nombre te lo puso Rose, la esposa de Tom Williams. La pareja que te acogió como hija suya. –

- ¿Qué quiere decir? –

No se había dado cuenta, pero se había parado. Antonia la miró algo sorprendida, pero selló sus labios y volvió a su té. Luego de un momento, hizo una seña a Carole, ella asintió y se fue del lugar.

- Traeré a alguien. – fue todo lo que dijo.

Sin darse cuenta de nuevo, volvió a sentarse. Todo este asunto la tenía tensa, su respiración se había agitado y muchos recuerdos volvían a su mente, sin saber por qué. Se volvieron a escuchar pasos, esta vez era más que sólo Carole. Daisy venía con ella.

- ¿Daisy? – se levantó y fue a abrazarla. - ¿Qué es esto? – preguntó.

- Tranquila Misty. – dijo ella. - Esto no cambia nada. –

- No estoy entendiendo. –

Antonia hizo otra seña para que se sienten. Misty y Daisy se sentaron juntas, y Misty no entendía por qué Daisy tenía los ojos algo llorosos y no dejaba de apretar su mano. Antonia Monserrat, por otro lado, parecía tranquila, pero sus ojos mostraban tristeza.

- Escúchame, cielo. – dejó la taza de té en la mesa, y sus ojos miraron fíjamente a los de Misty. -Te contaré. – Suspiró. - Tom y Rose tenían tres hijas, y un bebé por venir. –

- Y dice que no… -

- Mi niña, no eras tú a quien esperaban en ese hospital. – dijo.

- ¿A qué se refiere? –

Volvió a dar un sorbo rápido a su té y lo volvió a dejar. Volvió a tomar aire, como para continuar con una larga historia que se quedó a medias de contar.

- Fausto y Alejandra… - musitó. - Fausto Labourd fue el doceavo descendiente al trono de Molvania. Se enamoró de una hermosa mujer llamada Alejandra. Ella era española, y vivía en Nueva York. –

'Suficiente, quiero salir.' Se sentía mareada.

- ¿Daisy? – pidió.

- Misty, escucha. – dijo ella.

Antonia asintió y luego continuó.

- Se casaron. – dijo. - Y ella se convirtió en reina. Cinco años después vino la gran noticia. Estaban esperando una preciosa niña, la cual bautizarían Mirella, por su abuela, ex reina de Molvania y esposa del undécimo rey Ernesto. –

- Aún, yo… - intentó interrumpir Misty.

Antonia hizo un gesto con la mano, indicándole que espere.

- Por alguna razón, - prodiguió. - Mientras ellos estaban en Estados Unidos, hubieron complicaciones con el embarazo de mi hermana y no pudieron volver a Molvania. -

Se detuvo un momento. Pero esta vez no para tomar té, su voz se había cortado. Respiró una vez más para poder continuar.

- Fausto no quería volver, no quería poner en riesgo a la niña. – continuó. - Alejandra fue internada en el hospital, junto a la habitación de una mujer llamaba Rose. Ella estaba el séptimo mes de embarazo. Rose en el último. Al nacer el bebé de Rose, los doctores notaron al momento… - se detuvo. Volvió a tomar aire. – Notaron que algo pasaba con él, no respiraba. Había muerto desde el séptimo mes. –

Nada tenía sentido. Misty sentía su cabeza dar vueltas mientras escuchaba esa historia, como cuando una escucha música cuando duerme. Antonia volvió a su té, y ahogó, lo que pareció, un sollozo. Pero no había lágrimas, no…

- Mi hermana… - volvió al tema. -Siempre fue delicada de salud, pero estaba tan feliz de saber que iría a ser madre… No lo sabía… Murió al darte a luz. – volvió a tomar aire. - No tuvo fuerzas después. Nunca vi a Fausto tan mal, estaba destrozado. -

Hizo una pausa, y notó que Misty miraba fijamente al vacío sin decir una palabra. Dejó de luchar contra corriente, contra la verdad.

- Entendí… que Fausto no podría criar a una niña sola… además, eras tan pequeña… necesitabas una madre. Por eso, cuando vi a Rose, te encomendé a ella. Sabía que sería una buena madre. La conocí solo un par de días, pero la vi… con las tres pequeñas… En ella vi a la madre que pudo ser mi hermana… - su voz volvió a cortarse. - Cuando le conté lo que había pasado, ella te recibió con los brazos abiertos. Me prometió que te cuidaría como si fueras suya. Le pedí que te bautizaran como Mirella… pero al parecer cambió algunas cosas… -

Al terminar la historia, Misty volvió la mirada para arriba y trató de ver a su tía. Antonia estaba ocupada, llenando otra taza de té, ahogando un par de sollozos. Fue Daisy quien la sacó del trance, apretando su mano una vez más.

- Esto no cambia nada, Misty. – le dijo.

Misty soltó una risa, pero no era alegre, sino de dolor.

- Cómo… si me están diciendo que mi madre fue otra mujer, que nunca conocí… que soy una persona totalmente diferente… - dijo con voz temblorosa. - Mi verdadero padre… -

- Murió… - dijo Antonia. - Hace seis meses. –

- ¿Por qué nunca vino a buscarme? – preguntó casi susurrando.

- No era culpa suya, tenía una responsabilidad mayor. No podía encargarse sólo. Tu padre te amaba. – decía Antonia.

- No puedo fiarme solo de tus palabras. –

- Es cierto. – afirmó ella. -Pero pronto lo verás tú misma. –

Les ofreció té a ambas. Daisy aceptó, pero Misty sólo tomo la taza, concentrándose en su calor, como tratando de que la consuele, pero no lo probó. Sin darse cuenta, Daisy había comenzado a llorar silenciosamente.

- Qué más tengo que saber… - dijo al fin. - Además del hecho que no me llamo como siempre creí, que no tengo hermanas, que tengo una tía, que soy huérfana… -

- Sigo siendo tu hermana. – le dijo Daisy entre lágrimas. – Tú eres mi hermana. Nada ha cambiado. –

- Si ha cambiado, Daisy. – le dijo.

- No es verdad, - aclaró. - Son solo un par de detalles. –

- No hemos terminado, tesoro. – siguió Antonia, interrumpiendo. – Faltan un par de cosas más. –

Misty suspiró. Tomó un sorbo de té.

- Estoy lista para escuchar, creo. – consiguió decir.

- Fausto Labourd era el rey de Molvania. Al morir él, quedé a cargo, pero no soy de sangre real... –

- Pensé que eso no tenía mucho que ver. – interrumpió Misty.

- Para el pueblo es importante. – dijo Antonia. - Yo he hecho lo que pude. Quieren a su princesa. –

- Esa parte… me la perdí. – dijo Daisy, limpiando algunas lágrimas suyas. – ¿Tendrá que irse? –

Los ojos de Misty se abrieron más que nunca, estaban fijos en los de Antonia, quien ya se había recuperado de los recuerdos de conversación anterior.

- Primero tienes que decidir. – fue todo lo que le dijo, los hombros gachos.

- Es mucha presión para un día. – afirmó Misty, riendo nerviosamente, sin sonreír.

- Me consta. – le dijo. -Te propongo algo, cielo. Solo te pido cuatro meses, ven a verme todos los días después de tus clases, no se puede ser normal y luego princesa de un día para otro… eso lo sé. Aunque es posible pero, nada fácil… solo cuatro meses… y luego tú decidirás tu camino.–

Como hipnotizada, quitó los ojos de los de su tía y asintió.

- ¿Deseas algo de comer? Carole, por favor-.-

- No, no se moleste. – interrumpió. -Volveré mañana… pero hoy necesito descansar. –

Antonia sonrió.

- Si, cielo. Todo está bien, no pasa nada. Sé que no es fácil aceptar todo esto… pero es lo mejor. –

- Al menos ahora sé la verdad. – dijo ella.

- Vamos. – la guió Misty a la salida.

- Hasta mañana, linda. – dijo Antonia. – Carole, acompáñalas a la puerta, por favor. –

- Si, señora. Por aquí. – les indicó.

En silencio, las tres volvieron por donde habían entrado. Los guardias tomaron su posición de antes y tomó cada uno una puerta, abriéndoles paso. Misty no lloró, al menos no ese día, tenía que pensar en muchas, tantas cosas… Tanta había sido la tensión, que había aceptado volver mañana, olvidándose lo que le había prometido a Ash, pero eso era algo que mañana arreglaría. Recordó una de sus frases de película favorita, 'Mañana será otro día.'


Continuará...

'Mañana será otro día.' - Scarlet, "Lo que el viento se llevó"

Revieeews?? ) Diganme lo que opinan, lo que les gustaria lo que quieren me inspiro por ustedes. Un beso y hasta el proximo capii!!
- Maureen