Acá por fin la versión completa, gracias por los comentarios y por alguna duda de la historia, no se preocupen, lo aclarare al final.

Canción escuchada: Dirty Night Clowns – Chris Garneau

Alexiss's Story

Capitulo 4

El aire era espeso, caliente, trayendo el fragor de una batalla futura, que quizá no se realice nunca si el no daba el primer paso. Pero il primo passo es que suceda lo que por medio de "el" pude averiguar. Me alejo de la ventana y camino sin rumbo fijo por los pasillos del lugar, metido en mis pensamientos, cosa que se estaba haciendo una costumbre. Paro y me reprendo, "No es momento para detenerse a pensar en ello, tengo un imperio que dirigir". A pesar de la reprimenda, seguía sin enojarme, cosa que, tal y como muchos dicen, es algo que quizá nunca llegue a cambiar. Me detuve delante del cuadro de mi antecesor. En la representación, el se veía como un ser supremo, todopoderoso, el gran dictador del reino. Pero ante el yo solo era un enclenque que se había colado en el palacio. Y esas son cosas que no permitiré. Si el "suceso" no se realizaba en lo que quedaba del plazo – Que ahora que caía en la cuenta, eran tan solo 3 horas – tendría que tomar medidas drásticas, y específicamente, su primera victima seria "el".

El sonido de mi nombre hizo que me diera vuelta, encontrando a una de mis sirvientas más leales, Thaira, acercándose con rapidez. Las muchas copas y platos que llevaba en la bandeja tapaban su cara por completo, y el tintineo del cristal callaba sus silenciosas pisadas.

- Señor, tengo nuevas noticias sobre Lady Dahla Schrimzcher. – Su voz era severa pero suave, un engaño para quien no la conociera.

- ¿Qué paso? Si no me equivoco ella tendría que estar en su hogar – Al parecer, acababa de encontrar algo con lo que entretenerse en el tiempo restante.

- Las sirvientas la encontraron robando algunos objetos de valor en la cocina – Dejo la bandeja en una mesa cercana, dejando al descubierto el resto de su cuerpo. Tenia un cuerpo flaco y ágil, pero musculoso. Su pelo era de un negro clásico, a excepción de una veta blanca que salía del medio, dándole aspecto de mofeta. Sus cuernos eran dos flechas finas que se enterraban en su cabeza, saliendo en su punta de una forma curva y fina, dándole el aspecto de ornamenta. – Al parecer, con la sequía reciente, se quedaron sin granjas y su alimento a escaseado hasta el punto de la hambruna. – Una sonrisa maniática se empezó a formar en mi rostro.

- ¿Dahla sigue en la cocina? – un plan en como aprovechar las próximas 3 horas se empezó a formar en mi cabeza, mientras mi sonrisa solo se acentuaba.

- Si señor.

- Pues llévenla a la habitación 103. También lleven a su familia, en lo posible. Trae a todos los testigos, y espero que ellos estén dispuestos a cantar. También trae a Cerberus (1).

- Lo van a estar, señor. Con permiso – Thaira salio del lugar, dejando la bandeja con los recipientes en la mesada; la prioridad eran las ordenes de el.

Camine tranquilamente en dirección al mencionado lugar, retorciendo mis dedos inconcientemente dentro de los bolsillos unidos por el medio. Pase por pasadizos iluminados fuertemente por lámparas de lava y ayudadas por el sol del exterior. Al rato de caminar, una puerta reforzada interrumpió en mi camino. Introduje rápidamente la clave – – y luego apoye mi mano sobre un escáner, haciendo que tomaran huellas dactilares mientras una pequeña aguja microscópica se aseguraba de mi ADN y pulso. Si no había pulso – en caso de muerte – o su ADN y huellas dactilares no eran correctas, una plancha oculta situada en el suelo lo achicharraría como mosca ante una trampa, matando al intruso. O por lo menos, le reduciría las neuronas lo suficiente como para que tuviese que comer el resto de su vida por una pajita.

A partir de allí, el lugar pareciera una especie de cueva subterránea, iluminado por pequeñas antorchas con esferas luminosas agarradas (2). Eran los sótanos del castillo.

Después de un poco rato, llegue al fin a la sala 103. Abrí la puerta y me encontré con una de las muchas clases de cámaras del lugar, en forma de esfera. Al fondo se encontraba un trono de color negro, casi camuflado, preparado especialmente en lo alto de una escalera, hecha para mi, así podía tener el mejor punto de vista de los hechos. A la izquierda y a la derecha, en diagonal, unas tarimas de 7 escalones llegaban a la mitad del amplio salón. En medio del salón había un tanque vacío, conectado a una bombona de agua. Me dirigí hacia el trono y me senté, acomodándome con las rodillas al pecho, a esperar (3).

A la media hora de esperar, empezó a llegar la gente. Enfilando la marcha, se encontraba Thaira, con su clásica mirada fría. Atrás de ella, se encontraba una mujer pequeña y regordeta, con las mejillas más blancas que la cal, claramente Dahla. Su color distintivo era el lila. Un señor alto y calvo, con una chivita blanca, la seguía. Llevaba un largo kimono negro, seguidos de un hakama, un kosode y un obi blancos (4), era Cerberus. Un signo parecido a un puntero de color blanco era se representante en signo, el cual se encontraba en su pecho y en color negro en su frente. Lo más escalofriante de este señor era que no llevaba cuernos, con la boca más ancha del mundo, llegando a dividirle la cabeza por la mitad.

Detrás un señor algo mayor, con una camisa y un pantalón azul claro simple, llevaba a dos chicos, uno violeta y el otro azul oscuro, apretujados fuertemente a su pecho; claramente el señor Noriaz Schrimzcher, junto con sus hijos Melias Schrimzcher, de 17 y Natashan Schrimzcher, de 14. Ambos críos se encontraban llorando a lagrima partida en el pecho de su progenitor, mientras el dirigía una mirada cargada de piedad ante mi. Detrás de el, rematando la marcha, estaban 4 sirvientas de clase baja, cuyos nombres son tan insignificantes que ni recordaba - ¡Por dios! Eran meras entes de la limpieza. Thaira, las sirvientas y el Cerberus

– Nos encontramos aquí para presenciar el juicio de Lady Dahla Schrimzcher, quien es acusada de robar elementos de valor. Llamo a las testigos Mira Tirio, Saladra Nieve, Torien Mahora y Solicien Trago – las cuatro sirvientas, idénticas en su totalidad, fueron al estrado.

Eran delgadas y flacuchas, todas con trajes de maid blanco y negro. La única forma de distinguirlas era por el color de pelo: Mira lo llevaba celeste, Saladra rojo, Torien rosa y Solicien verde. Ambas hablaban con una voz aguda y chillona, como si con ella pudiesen cortar el aire.

– Nosotras la vimos – dijeron las cuatro al unísono, como si estuviese ensayado – la muy entupida intento alcanzar una de las copas de marfil de los estantes superiores, y por su gordura termino aplastando el banco al que se paro – varias risas en distintas tonalidades de agudo agujerearon mis oídos, pero preferí ignorarlo, solo eran 3 horas – cuando llegamos por semejante estruendo, las joyas saltaron con tanta fuerza que bien podría haber robado un centenar.

– Y díganme, ¿Cómo pueden probar que sea verdad? – lo preguntaba por que era lo reglamentario, por que sabia que el cuarteto de barbies ancianas siempre llevaba pruebas. Siempre.

– Sencillo, fíjense en sus ropas. Le quedan tan ajustadas que bien podría haber otro centenar más.

– Muchas gracias, por favor, siéntense – las cuatro corrieron con sus agudos tacos a sus asientos. No querían hacerme esperar, ni mucho menos. No era desconocido que a pesar de no contener casi ni pizca de ira, era muy capaz de buscar errores por diversión, incluso el más pequeño. – Thaira, hágame el favor de revisar los bolsillos de la acusada.

La sirvienta se acercó a Dahla, mientras ella seguía con la vista fija en el piso. Le pidió amablemente que se pusiera de pie. Metió rápidamente la mano en los bolsillos raídos de su prenda, y saco, casi al instante, un collar de rubíes, de un precio elevadísimo. Automáticamente, la mujer se puso a temblar.

– Veo que es cierto. – En mi rostro la seriedad era total, pero en mi interior, una sonrisa maniática empezaba a aflorar. (Aprovecha ahora, hazla trizas. Que no quede parte de su cuerpo que no sea torturada) Debía calmarse, ya que la mujer no tenia la culpa; lo más obvio era que el cuarteto había metido dichas alhajas en sus bolsillos. . – Bueno, por las pruebas que me entregan, declaro a Dahla Schrimzcher culpable.

Un grito desgarrador lleno el aire. Natashan había salido de los brazos de su padre y salio disparado hacia mi. Rápidamente, Thaira se interpuso en el camino y agarro al muchacho por la espalda, frenando su acometida. El crío gritaba a garganta partida, y lo único que podía hacer su madre era mirarlo con pesar, miedo y pena, mientras las lagrimas corrían por sus abultadas mejillas.

Thaira noqueo rápidamente al muchacho, y se lo devolvió a su padre (5). Agarro a Dahla por las muñecas y, con una cuerda gruesa, la ato por detrás. Luego la metió al tanque, se metió ella y ato sus pies con una cuerda idéntica. Agarro un paño grueso y negro y ato sus ojos, dejándolo humedecido por las antiguas lagrimas. Thaira salio y, pulsando los botones de un panel escondido, el tanque se empezó a llenar de agua; su condena era muerte por ahogamiento.

El agua empezó a subir con una rapidez abrasadora, llegándole con facilidad a las rodillas. Sus lágrimas cesaron, aceptando su destino, y una voz que usualmente expresaba dulzura ahora emanaba el peso de la muerte y una ira incontenible.

– ¡Usted sabia sobre mi situación! ¡Mando a su perra a informarlo! – el aire era un silencio espeso, casi palpable. (Mátala ya. Quémala y que los restos se los coma Cerberus) No, quería escuchar a esa señora. Sus ultimas palabras, dirigidas a mi y como publico su servidumbre y familia. – Pero no le importo en lo más mínimo. ¡Usted buscaba que hiciera esto! ¡Usted quería tener un pequeño entretenimiento, sucia rata! – (Esa hija de perra esta hablando demasiado. QUE SE CALLE. NO TIENE DERECHO A HABLARME ASÍ) No podía contenerlo más, esperaba que la mujer tuviera unas últimas palabras muy cortas – ¡MALDIGO A TU PUTA RAZA! ¡TE MALDIGO A TI Y A TODA TU FAMILIA, GAMZEE MAKARA! – La mujer lanzo un estruendoso grito, entre una risa maniática y un aullido de dolor. Pronto el grito fue callado por el tanque al ser llenado.

La mujer permaneció quieta un rato, luego de gastar lo que le quedaba de aire. Pronto, empezó a retorcerse de forma grotesca, sacando espuma por la boca y tensando al máximo las ligaduras. Y de pronto silencio.

– Sácala, Thaira – La joven vacío el tanque con rapidez y saco el cuerpo de la acusada. Sus uñas y ojos se estaban tornando morados; estaba muerta – Dásela a Cerberus. Le va a encantar este pequeño regalo. – Detrás, el susodicho abrió sus ojos totalmente, mientras una sonrisa sádica se formaba en su rostro.

Poco a poco, la gente fue saliendo del lugar, dejando por ultimo a la desdichada familia. Los menores se encontraban traumatizados, aterrorizados, dejándose guiar por el progenitor. Pero el padre no. Antes de salir, me dirigió una mirada cargada de ira, dando a entender una cruel venganza. No me importaba, no eran muchos los que me habían dirigido miradas igual o peor que esas.

Al final quede solo, parado ante el reflejo del tanque, pensativo, en quien sabe que. Mi reflejo mostraba tranquilidad, pero un destello de ira verde cruzo por mi mirada, como una advertencia. Mas valía aprender a controlar a Sober, sino este terminaría absorbiendo lo que le quedaba de cordura. Si quedaba algo.

Bueno, acá estoy para hacer las referencias del fic.

1.- No, no es el perro. Es una especie de bestia parecida, ya verán más tarde.

2.- Dichas esferas son una referencia a Túneles, un gran libro, por si lo preguntan. Son esferas que cuanta más luz hay, más se oscurecen, y también viceversa, cuanta más oscuridad hay, mayor alumbran, irradiando una luz semejante al sol.

3.- Esto más que una referencia, es que cuando lo escribía, aun me faltaba terminar de ver la 3ra película de Death Note, por lo que me lo imagine sentado como L xD.

4.- Es equivalente al traje de Inuyasha, solo que en emo. Busquen en Google, si no entienden.

5.- Feel like Artemis Fowl and Butler xD.