Hola, hola. ¿Aún me quieren? XD bueno, confío en que sí... Les traigo un capítulo recién salido del horno; lo revisé lo más que pude en busca de errores, pero como no soy perfecta, me encantaría que me dijeran si he fallado en algo :) Espero que disfruten de esta parte de la historia y que se animen a comentar.

—¡He dicho que tú serás quien duerma en el suelo, Granger! —Draco se arrojó de panza a la cama, con los brazos y piernas estirados formando una perfecta X con su cuerpo.

—¡No seas tramposo, Malfoy! —chilló Granger tratando de apartarlo en vano del colchón.

Llevaban cerca de diez minutos de estar discutiendo por el mismo tema: quién dormiría en la cama y quién en el suelo. Draco insistía en que él tenía todo el derecho de dormir en la cómoda cama puesto que él la había pedido, mientras Granger lo tildaba de poco caballeroso, alegando que no era justo que ella tuviese que dormir en el frío suelo. Al final, Draco se aburrió de explicarle a Granger que la cama era suya por derecho y optó por tomarla a la fuerza; a ver cómo lo levantaba de allí.

—Malfoy, debe haber una forma justa… —resoplaba la muchacha tirando de su pierna.

—No veo cuál —gruñó, aferrándose a las cobijas.

—Estamos juntos en este lugar… —tiró nuevamente —debes aprender a compartir…

—¿Compartir? —Draco giró su rostro hacia la chica —¿Acaso quieres dormir en la misma cama conmigo?

Granger le soltó la pierna, horrorizada.

—Por supuesto que no —graznó —. Podemos turnarnos o así.

Draco cambió de posición, sentándose sobre el colchón con las piernas cruzadas. Sus ojos grises se posaron en la muchacha con expresión burlona.

—Bueno, duerme durante el día —sonrió maliciosamente.

—Pero tengo sueño ahora —gimió la chica.

—No voy a cederte la cama —continuó sonriendo —. Duerme de día o aguántate conmigo.

—¿Crees que voy a hacerme a un lado por eso? —la muchacha dijo con altivez a pesar de estar profundamente sonrojada —Estás muy equivocado, Malfoy.

—Como quieras.

Draco se puso de pie sobre la cama de un brinco, comenzando a quitarse el uniforme. Arrojó la túnica al suelo, seguida del desabrido suéter gris y la corbata.

—Te advierto que duermo en ropa interior —su gesto burlón sólo fue una provocación para Granger. No quería compartir la cama con ella; así que si tenía que desnudarse para que desistiera, lo haría.

—No pue…

—Yo duermo como me da la gana —la interrumpió mientras se quitaba la camisa, dejando al descubierto su pálido torso.

Los ojos castaños de Granger, abiertos como platos, se deslizaron por su pecho y sus brazos, deteniéndose en el izquierdo.

—¿Qué te pasó? —musitó ella.

—No te importa —respondió cortante, revisando que la venda que cubría su antebrazo estuviese fija en su lugar. No podía permitir que se zafara y la sangre sucia viese su marca de mortifago.

Vio el recelo reflejado en los ojos de la muchacha, seguramente por su mente de sabelotodo se paseaba la hipótesis de que él ya era todo un mortifago; pero poco le importaba lo que ella pudiese pensar de él, era casi menos que un insecto molesto que no debía ser tomado en cuenta.

—¿Es una herida muy grande? —insistió ella.

—Chismosea otra cosa, sangre sucia —espetó.

Se soltó el broche de los pantalones y bajó el cierre, dejando entrever sus oscuros bóxers.

—Déjatelos puestos —chilló la muchacha palideciendo.

Así que ya se le había olvidado el asunto del antebrazo. Jodida mojigata, pensó sonriendo.

—Lo siento, Granger. Ya te dije como duermo.

Sin hacer caso de los gimoteos avergonzados de la chica, se deshizo de sus pantalones, quedando sólo en ropa interior. Se desperezó, estirándose provocadoramente, con la única finalidad de molestar aún más a la sangre sucia, para después meterse bajo las cobijas.

—Eres un… un…

—¿dios del sexo? Podría decirse, pero tranquila, no toco sangre sucias —se burló dándole la espalda.

—Maldito hurón pervertido —la escuchó refunfuñar.

Bueno, si Malfoy quería jugar, ella también podía hacerlo. Molesta se zafó la túnica de un tirón y la dejó caer al suelo de cualquier manera; hizo lo mismo con el suéter y la corbata; los zapatos y las medias también quedaron por ahí en algún sitio. Sin embargo, no fue capaz de deshacerse de la falda ni de la camisa, no se sentía, ni por asomo, tan exhibicionista como Malfoy.

Se subió de rodillas sobre la cama, tomando algunas de las muchas almohadas para ponerlas en línea recta entre el hurón y ella, formando así una especie de barrera que impediría que se tocasen mientras dormían. Si lo que planeaba era hacerla sentir incómoda, bien podía irse bajando de la nube.

—Ni se te ocurra pasar de esta línea —gruñó a Malfoy, mientras revisaba que las almohadas hubiesen quedado bien puestas.

El chico la miró sobre su hombro, percatándose de la barrera. Sonrió burlón.

—Tranquila, Granger. Lo último que querría sería tomar tu infranqueable e infinita virginidad —dijo sin dejar de sonreír.

—¿Infranqueable e infinita? —exclamó sintiendo que la invadía la ira.

—Sí. Tú sabes… porque el único que quizás se atrevería está muy ocupado haciéndose llamar Won Won.

Eso si era ir demasiado lejos. Hermione sabía de antemano que no era una modelo de revista, que su belleza se reducía a la de una mujer común y corriente, pero de ahí a que fuese a durar virgen toda la existencia...

—¿Tú qué sabes? —dijo ácidamente con los puños apretados.

—¡Ja! No me vengas con que alguien fue capaz contigo —bufó Malfoy con crueldad.

—No es de tu incumbencia de todos modos —murmuró acostándose y dándole la espalda. No quería mirar más esos grises ojos que la taladraban llenos de burla.

—Vamos, Granger —escuchó reír a Malfoy —. No te creería ni aunque me mostraras fotos del evento.

Después de eso él no dijo nada más. El silencio volvió a reinar en el blanco lugar, mientras la mente de Hermione la torturaba recordándole las palabras de Malfoy. No es que le importara demasiado lo que él llegase a pensar de ella, pero no podía negarse que su escepticismo ante su vida sexual la incordiaba un poco. ¿Pero de cuál vida sexual hablaba?, le recordó cruelmente su conciencia. A duras penas y se había besado con Krum un par de veces; nada que pudiese llamarse subido de tono siquiera… pero no debía estar tan mal ¿no? Víctor la había elegido entre cientos de chicas para ir al baile con ella, la besó incluso, así que probablemente podrían haber pasado más cosas si él estuviese cerca, pensó sintiéndose un poco desesperada.

Pero Ron no te determina, y él no es precisamente un símbolo sexual, dijo la vocecita molesta en su cabeza. Ciertamente algo debía ir mal con ella. Sabía que era ridículo pensarlo cuando era el hurón malnacido quien se lo decía; sin embargo la semilla de la duda ya estaba allí y sería difícil desenterrarla.

Dile a una mujer que es hermosa y lo podrá en duda; dile que será virgen eternamente y nunca, jamás de los jamases, se lo sacará de la cabeza.

Malfoy rio para sus adentros, casi pudiendo sentir como trabajaba la mente de Granger junto a él. Era divertido molestarla diciéndole sabelotodo, pero de haber sabido que su nula vida sexual la incordiaba más, la habría picado con eso más seguido.

Pobre Granger. Vale que era una sangre sucia, sabelotodo y fastidiosa; pero de ahí a que no pudiese apreciarse como mujer había mucho trecho. Claro, no era la cosa más linda del universo e incluso Lavender Brown era un tanto más atractiva; sin embargo, en Granger existía una especie de atractivo sutil que no sabía ubicar. Definitivamente no era su empollona forma de actuar en clases, pero algo tenía.

Al darse cuenta de que había cambiado su dicha por molestar a Granger a tratar de encontrarle el atractivo, no pudo más que maldecirse interiormente y recordarse que así ella fuese miss universo, seguía siendo una impura y, además de impura, una metida jodelotodo. Se dio un fuerte pellizco en el muslo, reprendiéndose por estar pensando como un idiota. Granger era una sangre sucia y punto, fin de la cuestión, no tenía ningún chiste ni atractivo y él no sería quien se molestara en no dejarla morir virgen.

Vaya que le fastidiaba tener que pasar por una situación tan jodida en compañía de la chica que una vez casi le derribara las muelas. Era simplemente ridículo que un puto armario los estuviese haciendo pasar por semejante apuro, y todo era culpa de ella… si tan sólo no hubiese ido esa mañana a husmear donde no debía.

Respiró profundo, tratando de relajarse para dormir. No era fácil, definitivamente no si tenía a la culpable del embrollo a su lado. Si su varita funcionase en ese lugar, la habría hechizado mil veces por ser tan molesta; si era peor que un doloroso grano en pleno culo. Maldita Granger. ¿Cómo había pensado que tenía algún atractivo? Si solamente por ser tan curiosa ya se convertía en un jodido esperpento al que no querría comerse ni el oxido.

—Más te vale que salgamos pronto de aquí, Granger —dijo quedamente.

—¿Decías?

Escuchó la voz de Granger proveniente del lado derecho de la cama.

—Nada —gruñó.

—Pues que duermas entonces.

La sintió removerse un poco en el colchón, quizás buscando una posición más cómoda para dormir. Eso le hizo pensar en que jamás había dormido con nadie en la misma cama, ni siquiera su madre cuando las pesadillas infantiles le aterrorizaban. Era extraño sentir el peso de otro al lado suyo, tan cerca pero tan separados por la estúpida barrera de almohadas ¿Sentiría Granger lo mismo? No podía decir si era incomodidad o sólo asombro por la nueva experiencia.

Se dio la vuelta hasta quedar boca arriba y miró de reojo a la muchacha, o al menos lo que se alcanzaba a ver de ella dada la posición de las almohadas. Los rizos castaños caían sobre la almohada donde su cabeza reposaba, viéndose tan enmarañados como de costumbre. Razón tenía la comadreja en buscarse a alguien medianamente atractivo; es que si al menos ella tuviese la delicadeza de arreglarse un poco más, tal vez como en la fiesta de navidad durante el torneo de los tres magos. En esa ocasión casi se le olvida que era la sangre sucia a quien estaba viendo.

Cerró los ojos, buscando dormirse pronto mientras maldecía una y otra vez su suerte de perros. Estar encerrado con Granger en ve a saber que sitio era un problema bastante molesto, pero era el menor de todos los que reinaban en su vida: El señor oscuro no lo esperaría para siempre, no podía darse el lujo de perder más tiempo. No quería ni pensar en lo que ocurriría si se quedaba allí con Granger durante meses o incluso años… seguramente al volver, su familia estaría más que muerta y sepultada. Un peso se asentó en su estomago, haciéndolo sentir frustrado e impotente por no poder estar trabajando en su misión.

—¿Granger? —musitó.

—¿Sí?

El colchón se movió un poco. Tenía los ojos cerrados, pero podía notar los ojos de Granger clavados en él.

—Te odio —dijo fríamente, queriendo descargar toda su frustración en la persona a la que consideraba culpable de su más reciente desgracia —. Que no se te vaya a pasar por la cabeza lo contrario.

—Nunca pensaría que me tienes estima —la acidez en la voz de la chica fue evidente —. No sé para qué te molestas en recordarme eso.

—Porque si queremos salir de aquí, seguramente tendremos que pensar juntos en algo. Y no me interesa ser amigo de una sangre sucia.

—Lo último que quisiera sería ser amiga de alguien tan despreciable como tú.

—¿Quién es más despreciable? —sonrió —Yo soy un sangre limpia, tú eres escoria.

—Serás animal —espetó ella —. Espero salir pronto de aquí. Eres el ser más insoportable del planeta, engreído sin cerebro.

Cuando el colchón se sacudió nuevamente, supo que la chica se había vuelto a acostar dándole la espalda. Se sentía un poco mejor ahora que la había ofendido de nuevo, algo más libre al saber que no era el único que estaba sintiéndose mal; era reconfortante pensar en que ella ahora debía estar tratando de animarse con algún monologo interno sobre lo buena que era a pesar de su procedencia.