Disclaimer: Naruto no me pertenece, es del gran Masashi Kishimoto, yo sólo hago esto para llevar a cabo mis perversiones con sus personajes.
Advertencias del fic: yaoi, incesto, shota, lime, lemon, muerte de personajes, intento de violación y creo que nada más.
Bueno, aquí va el siguiente. Parece ser que ya voy recuperando el ritmo (mentira -o-), quién sabe. Además quería subirlo antes de empezar con los exámenes.
Espero que les guste, me he esforzado por que quedase bien ^^
Capítulo III
A papá le gustaba ir al templo determinados días que él consideraba especiales. Era una tradición ir todos esos días a pedir y rezar, y también a dar un paseo por los alrededores y disfrutar de una tarde tranquila. Y papá quería pedir por la abuela que estaba enferma y por nosotros, que todo nos fuese bien.
Pero en aquella ocasión, tú no podías acompañarnos, hecho que me entristeció profundamente. Tenías un examen y debías estudiar. No podías fallar.
Sin embargo y pese a la desilusión, te miré a los ojos y te sonreí. Te animé para que te quedases estudiando. Y te prometí que rezaría por ti y tus exámenes en el templo. Aunque sabía que eso no haría falta porque eras un estudiante modelo y seguramente ya llevabas tiempo estudiando, además eras muy inteligente. Pero aún así te lo prometí, y o haría. Porque nunca estaría de más pedir por ti.
Nos despedimos los tres de ti.
- Nos veremos más tarde –dijiste desde la puerta-. Que vaya todo bien.
Asentí y me monté en el coche.
- Me encargaré de tus rezos Itachi –me despedí sacando la mano por la ventanilla.
Papá arrancó el coche y nos fuimos, dejándote solo allí.
Aquel recorrido lo habíamos hecho cientos de veces, y nunca había pasado nada. Y aquel viaje prometía ser igual a los anteriores. Me dejé caer en la ventanilla y cerré los ojos. Me gustaba dormir en el coche, era relajante, y con la práctica había encontrado una postura ideal en a que descansar.
Como siempre, me dormí con la esperanza de que al despertar estuviésemos cerca del templo.
Pero en aquella ocasión algo fue distinto. Fue sólo un segundo.
Un segundo en el que mamá gritó mi nombre.
Un segundo en el que papá dio un volantazo.
Abrí los ojos asustado y entonces pasó.
Me cubrí el rostro con los brazos y cerré los ojos con fuerza.
Gritos.
Un choque.
Un destello.
Y entonces silencio… roto por un incesante pitido que taladraba mis oídos y que evitaba que pudiese escuchar nada más.
Abrí los ojos con miedo e intenté respirar, pero no pude. Era como si algo pesado me oprimiese el pecho y no dejase que el aire llegase a mí.
Entonces lo vi todo…
Vi el cristal roto.
El fuego.
La sangre sobre los asientos y los cristales resbalando lentamente.
Y sus ojos…
Quise gritar, pero no pude. El aire no llegaba a mí.
Aquellos ojos negros carecían de brillo.
Volví a abrir los labios en un vano intento por gritar, sin resultado.
Los ojos de mamá me devolvían una mirada muerta. Sin vida. Y yo no podía dejar de mirarlos por más que me horrorizasen.
Temblé y sentí como me mareaba.
Quería gritar, pero no podía. Aquella opresión en el pecho no se iba.
La vista se me nublaba poco a poco.
¿Iba a morir?
Estaba lleno de dolor y desesperación. Con una sensación asfixiante que no me abandonaba.
¿Así se sentía morir?
Notaba como a cada momento que pasaba sentía menos el cuerpo. Pero el dolor no se iba.
¿Morir era tan doloroso?
Itachi…
Pensé en ti y lo mucho que te necesitaba en ese instante.
No quería morir, Itachi.
Y de repente el aire inundó mis pulmones de una manera incluso dolorosa. Me atraganté al respirar y tosí.
Sentí la vida volver a mí.
Miré a mamá de nuevo. Ella no se movió. Ni sus ojos recuperaron su brillo.
Abrí la boca y la llamé. Grité su nombre.
No quería perderla.
No podía escuchar mis gritos, pero notaba como a cada segundo la garganta me picaba más a causa del esfuerzo.
Alargué mis manos, pero no legué hasta ella.
Le pedí que no se fuese, que la necesitábamos.
Esperé que hiciese algo, pero no ocurrió nada. Sus labios no se movieron y sus ojos nunca volvieron a brillar.
Estaba muerta, pero no dejé de llamarla.
La necesitaba. Tú la necesitabas. Y papá también lo hacía.
Giré entonces el rostro hacia el asiento de papá. Podía ver su melena suelta. Podía ver su pecho que aún se movía. Y veía parte de su rostro también manchado por la sangre que resbalaba por sus mejillas.
Le llamé y le dije que debía hacer algo. Él siempre sabía qué hacer. Y sabía solucionar siempre las cosas. Pero no se movió.
Volví a alargar mis manos, pero no llegué hasta ellos.
Con manos temblorosas fui hasta donde estaba el cinturón y lo desabroché. Al hacerlo noté como mi pecho se liberaba de la presión que estaba ejerciendo. Y justo por donde pasaba el cinturón se instauró un fuerte dolor que fue aumentando a cada segundo.
Pero no importó. Necesitaba llegar hasta mis padres y tocarles. A cada movimiento que hacía, me dolía más el cuerpo y me costaba moverlo. Pero no importó. En aquel instante, nada era más importante que estar con ellos.
Mis manos entonces llegaron hasta ellos y vi como papá había buscado la mano de nuestra madre y se había aferrado a ella. Coloqué la mía sobre la de ellas.
Noté como nuestro padre se movía. Giré mi rostro.
Allí estaba. Su rostro mostraba dolor, y sus ojos apenas brillaban con la fuerza y fiereza que solían mostrar. Pero se sentía bien.
Estaba vivo.
Sus labios se curvaron con dificultad y lentitud. Y vi como movía la boca. Estaba diciendo algo, pero yo no podía escucharle.
No podía escuchar nada.
Negué con la cabeza. Quería saber qué me estaba diciendo. Quería escuchar sus palabras. Pero eso no ocurrió.
Papá terminó su frase y cerró los ojos con una suave sonrisa adornando su boca.
Y lo último que recuerdo es gritar sus nombres mientras me aferraba con fuerza a sus manos.
No recuerdo nada más.
No recuerdo el sonido de la ambulancia.
No recuerdo a los médicos sacarme de allí.
Y tampoco recuerdo el momento en el que llegué al hospital.
Sólo recuerdo la sangre, el humo, el dolor… y a nuestros padres con las manos unidas.
Aquello era como el Infierno.
Un Infierno que se acababa de llevar consigo las personas a las que quería. Que me había arrebatado de mis manos a mis queridos y adorados padres.
Todo era oscuro. No sabía como había llegado hasta allí. Abrí los ojos y me encontré con un lugar que no conocía. Temblé.
Entonces todo volvió a mí. El accidente, el destello, el silencio, la sangre, la muerte…
Me erguí y miré mis manos. Estaban llenas de sangre y ya no estaban agarradas a las de papá y mamá como deberían.
¿Dónde estaban?
Temblé con más fuerza al saber que no estaban conmigo.
Les llamé.
- Papá –grité con fuerza-. Mamá.
Sentí como la primera lágrima empezaba a caer, seguida de muchas más. Y era imposible pararlas al ver una y otra vez aquel lugar en el que estaba yo solo.
De repente algo rodeó mi cuerpo. Algo cálido y suave.
Y en aquel infierno escuché tu voz. Te busqué con la mirada.
- Sasuke…
¿Estabas conmigo?
- Sasuke mírame…
Sentí como unas manos apresaban mi rostro y me obligaban a mirar hacia un sitio concreto.
- Sasuke estoy aquí –te escuché decir.
Y finalmente pude verte. Entre todo aquel desastre pude vislumbrar tu rostro.
- Itachi –susurré aliviado al verte.
Estabas conmigo. Abrazándome y dándome el calor que necesitaba.
Mi cuerpo empezó a dejar de temblar. Y fui notando como la oscuridad volvía a absorberme.
- ¿Por qué Itachi? –pregunté mirándote, intentando no pestañear por miedo a que desaparecieses- ¿Por qué no estabas… allí?
- No lo sé –dijiste abrazándome con más fuerza.
Sentí como algo intentaba alejarme de ti. Con las pocas fuerzas que me quedaban me aferré a ti. No quería que te fueses. No quería que te alejases de mí.
Tenía miedo.
Tenía miedo de que fueses un sueño. Una ilusión.
Me agarré a tus ropas con desesperación.
Entonces vi tu sonrisa. Y me tranquilicé. Siempre que sonreías así significaba que todo iba bien. Me gustaba esa sonrisa.
Colocaste una de tus manos sobre mis ojos e hiciste que los cerrase.
Todo desapareció a mi alrededor. Y ya no hubo más dolor.
- Vamos Sasuke –me dijiste con suavidad-, descansa…
Quise seguir abrazado a ti, pero mi cuerpo no respondía, se sentía pesado. Pero antes de perder la consciencia de nuevo…
- ¿Por qué me dejaste…?
¿Por qué no habías llegado antes? Siempre me decías que estarías conmigo, que me ayudarías en todo. Y habías fallado.
-¿solo…?
Sabía que no era culpa tuya.
-¿…en ese infierno? –te conseguí preguntar a duras penas.
Pero no podía evitar preguntártelo. Porque me había sentido tan solo y había pasado tanto miedo sin ti…
Y tú siempre habías dicho que estarías conmigo…
Abrí los ojos y con dificultad conseguí verte entre toda aquella nebulosa que me rodeaba. Me lancé a ti y te abracé con fuerza, intentando calmar todo el miedo que sentía en ese instante, porque sólo tú conseguías aplacar todo el dolor que sentía y me invadía poco a poco.
De repente, sin pensar en lo que estaba haciendo, comencé a hablar.
Te dije lo horrible que fue ver el fuego rodearme.
Lloré al recordar la sangre que manchaba mis manos y sus rostros.
Y temblé al volver a sentir aquel miedo que me aterrorizaba al pensar en lo solo que estaba en aquel infierno, rodeado de muerte y silencio.
Me apresaste contra tu pecho. Y me sentí tan protegido…
- ¿Papá…? ¿Papá y… mamá cómo…? –pregunté entrecortadamente, temiendo una respuesta que no quería escuchar-. ¿Están bien…? ¿Cómo…?
Permaneciste en silencio. Y yo sabía lo que significaba porque había visto sus ojos vacíos mirar los míos.
- ¿Cómo…?
Daba igual cuanto preguntase, tú no me ibas a contestar.
Me aferré a ti y lloré.
Estaban muertos… tu silencio me lo gritaba a cada segundo que transcurría sin que pronunciases ninguna palabra.
Lloré con más fuerza a cada instante que pasaba.
¿Por qué Itachi?
¿Por qué había ocurrido aquello?
Clavé mis dedos a tu espalda aferrándome a ti, porque sabía que era lo único que me quedaba.
Noté como acariciabas mis cabellos intentando reconfortarme con ese gesto. Sentí como besabas mi cabeza con dulzura sabiendo que no era suficiente.
Y yo sólo lloré abrazado a ti, porque eras lo que más amaba en el mundo y no quería perderte tampoco.
Poco a poco, entre lágrimas, el sueño se apoderó de mí. Luché contra él, me resistí. Pero no pude hacer nada, pese a que lo que más deseaba en aquel momento era seguir unido a ti en ese abrazo desesperado.
Caí dormido en tus brazos, en tus amorosos brazos.
Al salir del hospital, me encontré llevando un traje negro y mirando las tumbas de mis padres.
Debía ser fuerte en aquellos momentos, es lo que papá habría deseado. Lo que papá habría esperado de mí, que fuese un chico fuerte, que lo soportase todo. Y esa era la imagen que iba a dar. Luché contra las lágrimas que luchaban por salir y recorrer mis mejillas.
Luché. Y mi esfuerzo mereció la pena, porque ninguna lágrima escapó de mis ojos.
Vestido de impoluto negro, rodeado del resto de la familia y cogido de tu mano; les dije adiós a nuestros padres. Pero no fue a lo único que le dije adiós aquella tarde y sin darme cuenta…
Pues perdí mucho más.
Perdí algo, algo que nunca fui capaz de recuperar. Algo que he echado en falta en los años que han seguido. Es algo que no te das cuenta que existe, pero que está ahí.
Aquella tarde no sólo le dije adiós a nuestros padres, sino a algo más.
Le dije adiós a parte de mi infancia. La parte que me hacía ser un niño aún y que jamás podría volver.
Te encargaste de mí el resto del día y yo me dejé guiar. Porque aún cuando hacía rato que nos habíamos ido del cementerio, yo seguía allí. Frente a sus tumbas, diciéndoles adiós.
Y aquella noche, dormí junto a ti. No quería separarme de ti. Porque eras lo único que me quedaba. Eras lo único que me quedaba de aquella familia feliz. Aquella familia a la que pertenecía… y me aferré a ti como jamás pensé que lo haría.
Eras lo único que me quedaba de aquellos días en los que sonreía tímidamente mientras intentaba mostrarle a papá lo que había hecho.
Eras lo único que me quedaba de aquella risa cuando mamá jugaba conmigo y tú nos veía.
Eras lo único que me quedaba. Y no quería perderte.
En ese instante no sólo eras mi hermano, sino también un recuerdo, un símbolo…
Y en aquel instante, en aquella noche que me aferraba a ti, lo fuiste todo para mí Itachi.
Fin del Capítulo III
Y esto fue todo. El siguiente no sé para cuándo estará, pero intentaré tenerlo pronto (cuando termine los exámenes posiblemente.
Agradecimientos: Etlens, Isabellatrix Black Swan, Alexandra Uchiha Rem, Ayumi Warui, Akira Nishikawa, Szepty, '-Sakura Mudou-', Uchihaslove, Ares Sasuke, Sanpark.
Pues nada, espero sus reviews con sus opiniones y comentarios, me harán muy feliz ^^
Nos vemos!
