NI IDEA
…de qué estoy escribiendo. ¿Canon, what if, semi-AU? ¿Humor, romance, drama? ¿Eremika, Rivetra, crack? ¿Relaciones, traiciones, inversiones? Colección de one-shots de todo tipo, cual cajón de sastre. ¡El espectáculo debe continuar! Inspirado en "Momentos" de Chica Plutonio. NI IDEA 4 – EREN ACKERMAN: "¡Atrévete a luchar contra alguien que no está atado a un poste, enano de mierda!"
NOTA DEL AUTOR – Bueno, ahora podría soltar otro de mis largos Muros de Texto… o en vez de eso, empezar directamente con la historia que todos estabais esperando, je je. ¿Qué tal un término medio?
En serio, me sorprendió la buena acogida que tuvo "Mikasa Yeager". Naturalmente, "Eren Ackerman" es una continuación que parte de la misma premisa, así que lo que dije en la NdA de "Ni Idea 3" sigue aplicándose aquí. Supongo que "Ni Idea 4" admite una lectura independiente, pero ¿por qué haríais algo así? ¡Leed la anterior YA si no lo habéis hecho todavía! XD
Mi agradecimiento a quienes siguen esta colección con interés y/o la han añadido a sus favoritos; y especialmente a MadameVacaNegra-San y Debby-Chan Ackerman, por sus nuevas reviews.
Pero mención aparte merece Cassie McCormick, que también se ha animado a explorar la premisa de este AU en su nuevo long-fic:"Flesh without Blood". ¡La cosa promete! Además, la autora de "Mi alma en tu red-scarf" fue una de mis inspiraciones para empezar esta colección; así que le estoy doblemente agradecido.
Por otro lado, reconozco que "Ni Idea" va pareciéndose cada vez más a una serie de one-shots protagonizados por Mikasa Yeager y Eren Ackerman. ¡Es como si estos personajes no me dejasen contar otras historias, antes de haber terminado la suya!
Después de éste capítulo, todavía habrá dos más, centrados en la chica titán y el soldado más fuerte: uno bien cargado de acción, que va a ser ÉPICO; y otro más bien íntimo. No descarto volver a escribir sobre ellos en algún capítulo especial; y en el futuro, a muy largo plazo, quizás también un long-fic…
¡Bueno! Una vez más, muchas gracias a todos por vuestro apoyo. Es una gran motivación, no sólo para seguir escribiendo, sino también para hacerlo más rápido todavía.
Y ahora sí…
¡Que comience el espectáculo!
NI IDEA 4 – EREN ACKERMAN
Publicado el 29 de noviembre de 2015, con una extensión de 3.319 palabras.
Era un bello amanecer.
El Capitán Levi tenía una buena vista del paisaje, sentado como estaba en una de las mesas que había fuera del Cuartel, en la parte trasera; embozado en su capa de legionario verde oscuro, sosteniendo una taza de té bien caliente entre sus manos.
La suave brisa matutina acariciaba sus cabellos negros como ala de cuervo, agitando también el elegante pañuelo blanco que llevaba al cuello. Sus ojos grises, como el metal de aquellas espadas que sabía manejar con implacable precisión, contemplaban los árboles que se extendían más allá en la distancia.
Las verdes hojas atrapaban los colores del sol naciente; rojo, dorado y naranja, como si se hubieran prendido fuego. El gris particularmente nítido del alba se veía sucedido por aquella claridad que le daba a todo un aire más sólido; más real, más auténtico.
Comenzaba un nuevo día, lleno de promesas. Podría pasar cualquier cosa.
Incluyendo su muerte.
No era el escenario que considerase más probable, pero tampoco olvidaba aquella posibilidad.
Del mismo modo que tampoco olvidaba lo que había ocurrido durante el juicio…
"Fue necesario," volvió a justificarse en su interior. "Había que hacerles ver las consecuencias de sus estúpidas decisiones. Había que demostrarles que ella también sangraba, como una humana. Que quienes querían viviseccionarla se dieran cuenta de lo que supondría realmente algo así."
"Y la única manera de mostrárselo era dándole una paliza a esa chiquilla de quince años," replicó con sarcasmo otra voz en su interior, aunque también la reconoció como propia.
"Una chiquilla de quince años que puede transformarse en una titán de quince metros," añadió Levi para sí. "Mejor darle una paliza en público a que la destripen en privado. Hay heridas que no se pueden regenerar."
Volvió a dar un sorbo a su taza de té.
Serenidad, estoicismo.
Sus manos no temblaban. Quizás deberían.
A veces, miraba a Mikasa Yeager y creía ver de nuevo a gente que ya no estaba ahí… Farlan, con su actitud tranquila, amable y de trato fácil. Isabel, con su impetuoso entusiasmo, maravillándose por el mundo que se abría ante sus ojos.
"Y yo la golpeé hasta saltarle los dientes."
Se preguntó si seguiría sintiéndose tan sucio, si le hubiera dado aquella paliza a un chico en vez de a una chica.
Y a pesar de todo, la joven había comprendido que era necesario. Desde luego, con un comienzo así, su relación había sido complicada al principio; aunque la hostilidad fue reduciéndose con el tiempo… y cayó en picado cuando él se puso de su parte, durante aquella transformación parcial por accidente.
En realidad, había sido sencillo: Levi pudo ver que su Escuadrón temía a Mikasa y sus poderes, del mismo modo que Mikasa sentía miedo… pero no de las espadas alzadas contra ella; estaba asustada de sí misma.
Una sensación incómoda, casi fría, circuló un instante por su estómago; demasiado parecida al miedo, para su gusto.
"Si fuese capaz de transformarme en un titán, sin saber si luego mantendría el control, quizás también temería más el daño que podría hacerle a los míos, que el daño que ellos pudieran hacerme a mí."
Aquellas habilidades eran terroríficas… y sin embargo, Levi también se sentía fascinado por ellas. Por ella.
Se había encontrado con Mikasa y sus amigos hacia el final de la Batalla de Trost. No había llegado a verla transformada, sólo el enorme cuerpo de su titán deshaciéndose; pero había leído los informes y sabía de lo que ella era capaz. Al fin y al cabo, el enorme peñasco con que habían tapado la brecha en el Muro Rose (casi una montaña) no se había movido por sí solo…
Y ahora él tenía a alguien con esas habilidades bajo su mando. Y su Escuadrón tenía que vigilarla… y llegado el caso matarla (o al menos intentarlo), si al final resultaba ser una amenaza para la Humanidad.
Esta vez sus manos sí temblaron. Dejó la taza con suavidad sobre la mesa, para no derramar el té.
No temblaba de miedo, sino de ira.
Todos esos imbéciles, que habían querido matar a una persona tan excepcional, sólo porque les costaba comprender que una chiquilla así pudiese tener semejante poder… Esos mismos cerdos, que luego se quedaban cómodamente en sus casas, dejando que otros librasen sus batallas, ¡y encima pretendían privarles de los medios necesarios para ganar!
Una parte de él simplemente querría ver el mundo arder.
Levi dejó escapar un suspiro, o más bien un gruñido, entre irritado y resignado. Ante todo, él era un soldado; no un político, ni un fanático como los chiflados del Culto de los Muros. Se consideraba un hombre práctico, que creía en lo que veía; y había visto muchas cosas, combatiendo en el frente.
Y también había visto a Mikasa Yeager; había visto su potencial.
Una muchacha obligada a convertirse en mujer demasiado pronto, obligada a matar para que no la matasen. Una chiquilla de quince años, capaz de transformarse en una titán de quince metros y regenerar sus heridas a un ritmo asombroso.
Pero por encima de todo, una persona increíble y fascinante, en quien latía una determinación con la que podría convertirse en la mejor soldado de la Humanidad.
Y su Capitán estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para sacar todo ese potencial, del mismo modo que ella estaba dispuesta a aprender como fuese a usar sus poderes.
"Cuando el discípulo está listo, aparece el maestro." ¿Dónde había oído él eso antes? En cualquier caso, si Levi era el maestro, no podría haber encontrado mejor discípulo. A veces se sentía pequeño, ante la idea de conducir a alguien como Mikasa por el camino de la grandeza. Había momentos en los que no creía estar preparado, para asumir semejante responsabilidad; le costaba menos obedecer órdenes que darlas, seguir las decisiones de otros en vez de tomar las suyas… en ocasiones con catastróficos resultados.
Afortunadamente, esta vez no estaba solo. Tenía un buen Escuadrón. A pesar de los roces iniciales, su equipo había conseguido limar asperezas y empezaría a trabajar pronto como una unidad, incluyendo a su incorporación más reciente. Incluso se le escapó una leve sonrisa (apenas levantó las comisuras de sus labios) al pensar en Petra Ral y cómo cada vez parecía llevarse mejor con la joven cambiante; no había duda de que la presencia de la legionaria estaba haciendo las cosas mucho más fáciles para Mikasa Yeager.
Sin embargo, pensar en aquellas dos mujeres formidables (o más bien una mujer y una muchacha) le llevó a sumergirse en otros recuerdos, bastante menos agradables.
Volvió a acordarse de Isabel y Farlan… y volvió a ser consciente del temor que, en realidad, le acompañaba todos los días de su vida: que siempre perdería a las personas más importantes para él.
Aunque intentaba mantener cierta distancia, era casi imposible no terminar apreciando a esos camaradas con los que convivía a diario; pero una parte de él siempre temía que, en cualquier momento, algo saliese terriblemente mal… y volviera a sentir como si le arrancasen el corazón del pecho.
Y entonces sus temores parecieron convertirse en realidad.
Porque de repente empezó a vibrar el suelo.
Fue algo muy sutil, que quizás no habría detectado alguien que no tuviera los sentidos agudizados de un veterano; pero el Capitán lo confirmó al observar la taza de té que había dejado sobre la mesa… y ver las pequeñas ondas que se formaban en la superficie del líquido.
Curiosamente, al mismo tiempo, Levi dejó de temblar.
"Así que ya es la hora…"
No tardó en oír un ruido sordo y constante, cada vez más cercano.
Descartó enseguida que se tratase de titanes; no tendría sentido que hubieran llegado hasta ahí. Y de todas formas, habría estado listo para defenderse de ellos; portaba su equipo de maniobras completo, incluyendo los contenedores con el gas y las espadas.
La persona que ahora se acercaba, precisamente, era la razón por la que Levi se había preparado a conciencia nada más levantarse aquel día.
El día que llegaban los nuevos legionarios.
El día que llegaba Eren Ackerman.
El Capitán dejó escapar un hondo suspiro; en realidad, se sentía mucho más tranquilo de lo habitual. Se levantó de su asiento con calma y se dirigió al otro lado de la mesa, hacia el terreno abierto que rodeaba el Cuartel… y por donde sabía que estaba a punto de aparecer la persona que quizás le matase.
"Sería extraño, que esta vez muriese yo en vez de la gente a mi alrededor. ¿Se rompería así la maldición?"
Asomó a sus labios una sonrisa amarga, que sin embargo fue convirtiéndose en otra de expectación, conforme sentía con cada fibra de su ser el combate que se avecinaba.
Porque después de todo lo que había pasado, del camino que cada uno había seguido hasta llegar a aquella encrucijada, sabía que no era posible que ocurriese de otra manera.
Levi jamás olvidaría la forma en que Eren Ackerman le miró el día del juicio, mientras le daba aquella paliza a su hermana. En los ojos claros del airado joven, que había intentado lanzarse allí mismo sobre el Capitán, delante de todo el mundo, brilló una silenciosa promesa que podía resumirse en una sola palabra: Muerte.
"¿Cuántas personas hicieron falta para detenerle, una docena? Y quizás ni eso habría sido suficiente, si Mikasa no le hubiese hecho aquella señal para que lo dejara… Menos mal que al final el Generalísimo no le procesó también a él, por desacato. Incluso me parece que el maldito viejo se lo pasó en grande, con todo aquello…"
Ahora la Muerte regresaba para cumplir su promesa.
Y fue entonces cuando vio a Eren Ackerman.
Llegó galopando, a lomos de un caballo de oscuro pelaje. Su capa verde de la Legión ondeaba al viento, como las alas de un ángel exterminador, al igual que su bufanda negra. Por un momento Levi consideró divertido la posibilidad de que, siguiendo al muchacho, viniesen un montón de legionarios tratando de detenerle; pero ninguno apareció detrás del impetuoso jinete, que había conseguido quedarse solo… del mismo modo que alrededor del Capitán no había nadie más.
"Mejor. Así la cosa quedará entre nosotros dos."
Los cabellos negros del joven Ackerman se agitaban con su rápido avance. Sus ojos claros, rebosantes de temible determinación, se clavaron sobre Levi incluso desde la distancia, atravesándole… igual que aquel día, en el juicio.
Conforme la tierra seguía vibrando y el vengador continuaba acercándose, con un propósito tan claro como sus ojos, el veterano tuvo un breve instante para recordar todo lo que había leído en distintos informes… sobre las hazañas del Número 1 de la 104ª Promoción del Cuerpo de Cadetes, División Sur.
Eren Ackerman, que había liquidado durante la Batalla de Trost más titanes, ¡en un solo día!, que la mayoría de los legionarios en toda su vida.
Eren Ackerman, que a pesar de reiterados problemas de disciplina y cierta dificultad para acatar las órdenes (sobre todo en lo concerniente a su hermana), había quedado en el primer puesto del Top Ten; así de altas eran sus calificaciones en fuerza, velocidad y resistencia, e incluso trabajo en equipo con sus compañeros, a quienes podía contagiar fácilmente su ferocidad y entusiasmo.
Eren Ackerman, también conocido como "el Exterminador de Titanes", "el Carnicero de Trost", "el Devorador de Almas" (esto último no con tanta frecuencia)… o simplemente "el Bastardo", a secas.
Aunque también había quien empezaba a llamarle "el Hombre más Fuerte del Mundo"… un título que hasta entonces ostentaba Levi, de manera indiscutida.
"Ahora, en cambio… Por otro lado, je, ¿no me recuerda a alguien?"
Hubo una época en la que Levi también había sido más joven, más irreflexivo e impetuoso.
Y sus mejores amigos habían muerto por ello.
"Aunque igual me toca hoy a mí. No sería un mal final, contra alguien así…"
A pesar de todo, el Capitán siguió esperando de pie, sin moverse de su sitio. Estuvo tentado de volver a sentarse y tomar otro sorbo de té, como si no pasara nada; pero a esas alturas, no había necesidad de hacerle un gesto de desprecio a su adversario… él ya estaba lo bastante cabreado.
"Pero el animal no tiene la culpa. Ackerman debería tratar mejor a su caballo. Tsk tsk, habrá que enseñarle modales…"
Eren llegó lo bastante cerca para desmontar, con una agilidad envidiable. Ni detuvo a su montura, ni echó a rodar; simplemente se plantó con firmeza en tierra, poniendo en acción toda la destreza adquirida tras años de entrenamiento con el equipo de maniobras.
Equipo que, por cierto, el chaval llevaba al completo; incluyendo las espadas.
"Menos mal que yo también me he traído el mío," pensó Levi, mientras pasaba las manos por los contenedores que colgaban de su cinto.
Y sin embargo, todas sus preocupaciones se desvanecieron en cuanto pudo ver de cerca aquellos ojos iracundos, que llameaban como si fuesen fuego líquido.
Justo en ese instante, el sol se alzó un poco más en lo alto, dando de lleno en esos orbes tan claros; por un momento, parecieron atrapar la luz del amanecer, brillando como si en su interior hubiera un incendio que pugnaba por escapar de aquel cuerpo… para arrasarlo todo a su paso.
Conforme el joven de ojos de fuego se acercaba con pasos no menos feroces, el Capitán siguió observándole fascinado, captando algunos detalles más; como la pequeña cicatriz sobre el ojo derecho, que le cruzaba la ceja formando una discreta X que casi no se veía desde lejos.
Volvió a observar aquellos ojos. Mikasa también podía atrapar con los suyos a quien la mirase de cerca, con aquella oscuridad que era la de un cielo nocturno repleto de estrellas; los de Eren, en cambio…
Los ojos de Eren atrapaban la luz del sol y la consumían, haciendo suyo ese fuego eterno; y en aquel rugiente proceso, el resplandor de las llamas hacía que el color de sus brillantes írises pareciese cambiar. De repente el gris claro se convertía en un blanco incandescente, que luego daba paso al azul de un cielo despejado o al verde de un mar de hierba.
Y naturalmente, justo en ese momento que casi podría considerarse poético, incluso dotado de cierta belleza al mismo tiempo aterradora… el chaval tuvo que abrir su enorme bocaza y estropearlo todo.
–¡ATRÉVETE A LUCHAR CONTRA ALGUIEN QUE NO ESTÁ ATADO A UN POSTE, ENANO DE MIERDA!
Aquel bramido tronó en el (hasta entonces) apacible aire de la mañana, quebrando la tranquilidad del amanecer como si hubiera estallado una tormenta.
Incluso el caballo negro, como conociendo las intenciones de su jinete, había trotado hasta apartarse lo suficiente de aquellos hombres (o más bien un hombre y un muchacho), observando con recelo la escena desde lejos. Sin embargo, aún no había aparecido nadie por ahí; y así lo prefería Levi.
Al Capitán no le tembló ni un solo músculo, a pesar de que aquel grito casi le había perforado los tímpanos. Su atención estaba centrada por completo en la viva imagen de la furia que tenía delante; y extrañamente (o quizás no tanto) sintió deseos de moldearesa furia.
El veterano podía ver en Eren Ackerman un potencial tan grande como el de su hermana; y al igual que con ella, quizás sería capaz de darle forma a ese potencial, ayudando al joven a desarrollarlo para convertirse en más. Si Mikasa era la Esperanza de la Humanidad, Eren podría llegar a ser el Guardián de esa Esperanza.
Levi se preguntaba si estaría a la altura de semejante desafío. Sólo había una forma de averiguarlo…
De una cosa sí estaba seguro: hacía tiempo que no deseaba algo tanto como medir sus fuerzas contra las de aquel prodigio.
Hacía tiempo que no se sentía tan vivo, tanto que casi dolía; como si aquel fuego se hubiese propagado, consumiéndole también a él… y al mismo tiempo convirtiéndole en alguien más pleno.
De repente, la vida era buena y el mundo estaba lleno de posibilidades. El amanecer era aún más nítido y real, más hermoso. El aire fresco de la mañana se respiraba mejor, llenando por completo sus pulmones.
Y el Capitán tuvo que hacer un esfuerzo… para no sonreír con una ferocidad contagiosa, que hacía tiempo que no sentía.
–¿Cómo quieres hacerlo? –preguntó Levi, con bastante calma; su furia tranquila era como hielo, en oposición al fuego que ardía en su joven adversario.
Eren Ackerman, con los brazos en jarras, no dijo nada; se limitó a mantener la misma expresión, como si fuese a arrancarle la cabeza de un mordisco en cualquier momento… aunque sí alzó levemente una de sus cejas (la de la cicatriz).
–Podemos hacer esto de dos maneras distintas –continuó explicándose el veterano, con la misma calma de antes–. O utilizamos las espadas y uno de los dos termina en el suelo permanentemente, o resolvemos esto a puñetazo limpio y quien termine en el suelo podrá volver a levantarse. Así que dime, muchacho… ¿Cómo quieres hacerlo?
La expresión del joven de ojos claros… siguió siendo exactamente la misma, como si no hubiese oído nada de lo que le habían dicho; al menos al principio. Luego bajó otra vez la ceja y frunció el ceño, consiguiendo parecer más cabreado todavía. Levi estaba preparado para reaccionar en cualquier momento; no se molestaría en repetir su explicación, ni en advertir al mocoso que sus acciones no sólo tendrían consecuencias para él.
Al final, Eren dio su respuesta; no con palabras, sino con hechos. Empezó a quitarse los componentes principales del equipo de maniobras, con movimientos tan veloces y precisos como los de una máquina… sin dejar de fulminar mientras tanto al Capitán con la mirada. Dejó los contenedores con las espadas y el gas sobre la mesa, dando un fuerte golpe; curiosamente, Levi se preocupó más por si se habría derramado el té, que por lo que estaba a punto de pasar…
El chico terminó deshaciéndose del cinto con las empuñaduras y el dispositivo central con los cables, que también dejó sobre la mesa. Cuando hubo acabado, volvió a quedarse con los brazos cruzados, atravesando a su rival con aquellos ojos de fuego; su boca, torcida en una mueca furiosa, enseñaba casi todos los dientes.
–Qué pasa… –el gruñido de Eren sonó como el de un lobo–. ¿Acaso tienes miedo, enano de mierda?
Levi no cayó en tan burda provocación; incluso se sintió un poco decepcionado, se esperaba más del joven.
"Qué se le va a hacer, sólo tiene quince años. Y quizás sea el más fuerte de su promoción, pero no el más espabilado…"
El Capitán, con movimientos mucho más pausados y tranquilos, fue quitándose también las partes principales de su equipo. Tuvo que contener de nuevo las ganas de sonreír; sentía la anticipación del combate como un cosquilleo por todo su cuerpo. Sin embargo, Eren debió intuir algo, porque frunció aún más el ceño (hazaña que parecía imposible); claramente se molestaba si creía que no le tomaban en serio.
En vista de lo susceptible que era el chaval, y en la que quizás no fue su mejor decisión, una vez hubo terminado de quitarse las mismas piezas del equipo, Levi (o más bien esa parte de él que querría ver arder el mundo) habló con una voz tranquila… y fría, como el acero de las espadas que había dejado sobre la mesa.
–Oye, tú… Si alguna vez tengo que volver a pegarle una paliza a tu hermana… ¿Qué harías exactamente para detenerme, niñato de mierda?
"Lo reconozco, cero puntos en originalidad para mí también."
Sin embargo, fue tremendamente efectivo.
En un instante, Eren Ackerman tenía los ojos muy abiertos, disipada su furia como por arte de magia; habría resultado cómico en otras circunstancias.
Y acto seguido, su rostro volvió a convertirse en una máscara de furia demoníaca… al mismo tiempo que se abalanzaba sobre el Capitán, con las piernas por delante.
Y justo en ese momento, Levi sintió una emoción muy concreta.
Felicidad.
CONTINUARÁ…
