Disclaimer: Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría.

"Nos enamoramos entre magia y mordiscos"

Capítulo 3:Una puerta se abrió.

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Daidoji tomó el periódico, y se dejó caer pesadamente sobre el viejo sillón de Sakura. El asiento era bastante incómodo, además de que un par de resortes sobresalían del asiento después del enfrentamiento que el mueble había tenido con Kero. Personalmente, Tomoyo no tenía nada en contra del gato, era un animal encantador cuando se lo proponía, pero a la vez era detestable. El felino hacia lo que se le pegaba la gana todo el tiempo, y eso solo se debía a lo consentido que estaba. Sin embargo, pese a las múltiples travesuras que el gato cometía, Sakura no hacía nada por corregirlo. Es más, su compañera muchas veces actuaba como si nada en la vida le importase, y eso incluía su arreglo personal.

Tomoyo creía que Sakura era una mujer hermosa, pero que se empeñaba en esconder toda su belleza, y cualidades. Aunque, ahora que lo pensaba, no le había ido tan mal en la vida. ¿Quién se hubiese imaginado que una mujer como Sakura pescaría en sus redes a un tipo como Li Syaoran? Nadie, esa era la única respuesta posible. Es decir, Syaoran era uno de los solteros más codiciados, y no solo por su aspecto físico, sino también por su incontable fortuna, y su encantadora personalidad.

La amatista dejó de cavilar acerca de la inexistente relación de los castaños, y abrió el periódico en la sección de empleos. Suspiró ante la decepción que las páginas le producían, ya había pasado una semana desde que llegó a vivir con Kinomoto, y ella continuaba desempleada. Sakura le daba pequeños ánimos, y aceptó leerle la suerte completamente gratis. No obstante, las cartas le habían revelado un futuro poco alentador en el que ella se vería envuelta en un tormentoso triángulo amoroso, en el cual dos hombres "mayores" se disputarían su amor. Tomoyo sacudió su cabeza ante el recuerdo, estaba consciente de que uno de esos hombres era Toya Kinomoto pero, ¿y el otro? ¿Quién sería? Porque definitivamente a ella no le gustaban los ancianos.

El timbre sonó anunciando la llegada de un visitante. Tomoyo se levantó del sofá y dejó caer el periódico al suelo. Abrió la puerta, y le sonrió amablemente al sujeto misterioso.

El hombre notablemente bronceado por el sol, le devolvió la sonrisa a la amatista mientras masticaba una goma. Tomoyo esbozó una mueca de desagrado, y comenzó a entrecerrar la puerta.

―Espere… ―la interrumpió el hombre.

―¿Si? ―preguntó dudosa Tomoyo.

El hombre leyó el documento que cargaba, y se rascó la cabeza con un bolígrafo. ―¿Es esta la residencia Kinomoto?

―Así es. ―contestó la masajista.

―Hmm… Lo que sucede es que tenemos una entrega para la señorita Kinomoto de parte del señor… Li Syaoran. ―explicó corroborando la información en el documento.

―¿En serio? ―interrogó sorprendida. Sakura no le mencionó nada antes de marcharse, además, no había visto al tal Syaoran en toda la semana. Tomoyo empezaba a preguntarse a qué hora se veían para estar juntos, o tal vez estaban peleados y por eso no lo había visto.

―Sí. ―contestó el hombre. ―Pero antes, tenemos órdenes de llevarnos ese objeto. ―dijo señalando el viejo sofá de la sala.

―¿Qué? ¿Por qué? ―refunfuñó la amatista. Quizás ese hombre solo era un vil ladrón que intentaba engañarla.

―Porque de lo contrario, no habrá espacio para el mueble que el señor Li envía. ―respondió haciéndose a un lado para que Tomoyo apreciara el hermoso sofá de 3 plazas con chaise-longue tapizado en color marrón.

La chica se cubrió la boca con la mano. ―Está bien, pase. ―exclamó.

El moreno entró y consiguió sacar el viejo mueble sin la ayuda del otro sujeto que esperaba afuera. Minutos después, acomodaron el sofá en la posición que Daidoji les indicó, y firmó de recibido. Tomoyo se disponía a cerrar la puerta cuando el hombre la interrumpió, por segunda vez.

―¿Ahora qué? ―gruñó la amatista, estaba ansiosa por probar la calidad del nuevo enser.

El sujeto sonrió. ―Tome. ―dijo depositándole una caja en las manos. Se dio la vuelta, y se marchó.

Tomoyo se quedó de pie en el vestíbulo estudiando la caja. Era un DVD, lo único que le faltaba a Sakura para completar su centro de entretenimiento. Colocó el artefacto en la mesa de centro de la sala, y se arrojó sobre el sofá. Ya era hora de que cambiara un poco de ambiente, la casa de Sakura era cálida, pero un poco desagradable a la vista. Le hacía falta un buen tapizado, y un poco de pintura en la cocina, sin embargo el proceso de cambio ya había comenzado con lo más importante, la modernización de los muebles.

Tomoyo se giró a la derecha, y estiró el brazo para alcanzar un par de páginas del periódico. Cuando logró su cometido, una pequeña luz de esperanza se encendió en ella. ¡Por fin una oferta de empleo! Analizó los requisitos, y al percatarse de que cumplía con cada uno de ellos, se levantó del sofá, y corrió a cambiarse de ropa.

Agarró sus llaves, y salió de casa. El local no quedaba muy lejos, ni siquiera tendría que tomar un autobús. Caminó algunas cuadras, y alzó un poco la vista para leer el anunció del "Platinum Center", había llegado al lugar correcto. Empujó la doble puerta de cristal, y admiró el interior.

―¡Wow! ―exclamó recorriendo la recepción. Si el spa donde trabajaba anteriormente era elegante, ese lugar era un paraíso.

El reluciente piso color marfil, la condujo al mostrador de madera, se inclinó un poco para observar los objetos que resguardaba y se encontró únicamente con una silla vacía, un ordenador, y un par de teléfonos. La mirada amatista se desvió hacia la derecha de la recepción, donde se ubicaba una fastuosa sala de esperas, acondicionada con tres sillones color mostaza, y una mesita de cristal con una selección de revistas encima. A cada lado de la recepción se encontraba una puerta de madera caoba, que contrastaba perfectamente con el color beige de las paredes.

―Buenos días. ―saludó una joven sacándola de su ensoñación.

―Err… Buenos días, yo venía por el empleo de masajista. ―explicó Daidoji.

La joven pelirroja le sonrió. ―Eres la primera en llegar.

―¿De verdad? ―cuestionó incrédula porque el anuncio ofrecía un exuberante salario.

―Sí. ―respondió la otra. ―¿Traes tu currículo?

Tomoyo asintió entregándole una carpeta.

―Muy bien, señorita Daidoji, nosotros le llamaremos. ―indicó la mujer.

―¿Eso es todo? ―inquirió Tomoyo.

―Me temo que sí. Lo que sucede es que voy de salida. ―justificó la pelirroja guardando la carpeta atrás del mostrador. ―Aun no encuentro una recepcionista, y me urge visitar una "clínica" cerca de aquí.

―¡Oh, lamento haber sido inoportuna! Si te sientes muy mal puedo acompañarte. ―ofreció tímidamente.

―Estoy bien, señorita Daidoji. ―negó riendo. ―No visitare ese tipo de clínica. Buscó la clínica… "Black Cat". ―informó revisando su agenda de bolsillo.

―Yo me dirijo hacia allá. ―anunció Tomoyo. ―Puedo guiarte, si quieres.

―¿Harías eso por mí? Lo que sucede que mi jefe exige la presencia de Sakura Kinomoto en este lugar, ¿crees que a ella le interese asociarse con nosotros?

―¡¿Qué? ―vociferó Tomoyo. ¿Qué rayos haría Sakura en ese lugar?

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Sakura despidió a su primer cliente de la mañana, y se concedió algunos minutos de descanso. Se sentó en una de las sillas plásticas de su deplorable sala de esperas, y se quitó su botín derecho. Cruzó las piernas, y comenzó a masajearse el pie. Quizás por la noche le pediría a Tomoyo que la acompañase al centro comercial, necesitaba zapatos nuevos, y algo de ropa. Sakura nunca se consideró fanática de las combinaciones, pero esa mañana, lo reconocía, se veía fatal. El viejo jersey de cuello alto color verde musgo, no lucia muy bien con la falda café que llevaba puesta. Suspiró y se encogió de hombros, de igual forma, no tenía que vestirse bien para recibir a los clientes, ya que en su mayoría eran mujeres, y obviamente no encontraría entre ellas al amor de su vida.

Sakura dio un respingo al escuchar la campanilla de su negocio, y rápidamente se incorporó. Una sonriente Tomoyo se le acercó, acompañada de una misteriosa mujer pelirroja. Ambas le sonrieron, y Sakura se puso de pie.

―Buenos días, señorita Kinomoto. ―le saludó la extraña.

Sakura frunció el ceño. ―Buenos días.

―Saku, la señorita Mizuki ha venido a proponerte un negocio. ―explicó Tomoyo.

Sakura se cruzó de brazos. ―No doy crédito. ―musitó.

―No he venido por eso. ―se burló Mizuki. ―Vengo en representación del dueño del Centro Platinum. ―argumentó.

Sakura alzó una ceja. ―¿Y eso que tiene que ver conmigo?

―El señor Smart, cree que es conveniente que nuestro centro cuente con sus servicios señorita.

―¿A qué se refiere? ―interrogó alterada Sakura.

―Nuestro centro pretende ser, un complejo de entretenimiento femenino. Básicamente, cumpliremos con las exigencias de nuestras clientas ofreciéndoles distintos servicios, entre ellos, el de estética, spa, asesoría personal, y el área de nutrición. ―resumió la mujer.

―¿Y dónde entro yo en todo eso? No soy nutricionista, ni estilista, y tampoco soy asesora personal. ―ironizó la castaña.

Kaho Mizuki apretó disimuladamente los puños. ―Usted señorita Kinomoto, formara parte del área de asesoría personal, es obvio que no tiene ningún sentido de la moda. ―masculló. ―Sin embargo, usted le ofrecerá otro tipo de confianza a las mujeres. Usted con sus habilidades les ayudara en la conquista. Niegue que la mayoría de mujeres la visitan por esa razón.

Sakura guardó silencio.

Kaho sonrió. ―¿Entonces, aceptara el trato?

―Su idea es muy visionaria. ―reconoció Sakura. ―Pero dudo que funcione.

―El señor Smart, ha pensado en todo, créame. Nuestro centro será un éxito.

Sakura abrió la boca para replicar, sin embargo Tomoyo la interrumpió. ―Señorita Mizuki, ¿me permitiría unos momentos con Sakura? ―pidió.

Kaho asintió, y Tomoyo arrastró a Sakura a la trastienda. ―¡¿Qué estás pensando? Esta es tu oportunidad para prosperar, Sakura. ―regañó la amatista.

―No lo sé, Tomoyo. ―reflexionó Kinomoto. ―Ni siquiera conocemos al tal "Smart".

Tomoyo chasqueó la lengua. ―No necesitamos conocerlo, siempre y cuando todo sea legal. Así que, date una oportunidad, y lee el contrato que ellos han preparado para ti. ―sugirió.

―Está bien. ―suspiró Sakura.

Las chicas salieron de la trastienda, y se dirigieron hacia Mizuki. ―¿Podría leer el contrato primero? ―preguntó la castaña.

Mizuki ladeó una sonrisa, y le entregó una carpeta a Kinomoto. ―Imagino que necesitas tiempo para analizarlo. Así que, tienes tres días para hacerlo.

Las chicas asintieron, y Kaho salió de la clínica cuando su móvil comenzó a vibrar.

―Señor. ―respondió la pelirroja.

―¿Ya hiciste lo que te pedí? ―preguntó una voz masculina.

―Así es. ―gruñó subiendo a su automóvil.

El hombre rió. ―Te dio problemas, ¿no es así?

―Esa mujer es una cascarrabias, pero creo que la domaremos. Solo un loco rechazaría una oferta tan jugosa.

De Sakura Kinomoto podemos esperar cualquier cosa. ―opinó divertido Smart.

―No se preocupe, jefe. La chica caerá, eso se lo aseguro.

Espero que así sea.

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Sakura y Tomoyo acordaron discutir el contrato durante el almuerzo, por lo que Sakura tuvo que cerrar el negocio. La amatista se ofreció a hacer el almuerzo, y Kinomoto se dispuso a leer el contrato en la sala. Un extraño y lujoso mueble llamó su atención. ¡Era el mismo por el que ella había preguntado la semana pasada! ¿Pero cómo llegó hasta ahí?

―¡Tomoyo! ―gritó Sakura.

La amatista salió de la cocina con una cuchara, y un bol. ―¿Qué sucede? ―preguntó asustada ante el alarido de la castaña.

―¿Qué significa esto? ―refunfuñó señalando el sofá.

Tomoyo sonrió. ―Te lo envió tu novio esta mañana.

―¡¿Qué? Pero… Pero yo no tengo novio. ―musitó avergonzada.

―¡Ah! Disculpa, no sabía que tu relación con Syaoran ya había sobrepasado ese nivel, ¿cómo prefieres que lo llame? ―preguntó revolviendo la mezcla.

Sakura se sonrojó furiosamente. ―¡De ninguna manera! No tengo, ni tendré jamás una relación con Li Syaoran. ―gruñó arrojando su contrato y tomando su bolso de la mesa. ―Ese idiota, me las pagara. ―murmuró.

―¡Espera! ¿Eso significa que no son novios? ―cuestionó la amatista siguiéndola a la puerta.

―Efectivamente, ni siquiera somos amigos. ―vociferó Sakura atravesando el callejón.

Gruñó mentalmente al observar al borracho que habitaba en ese lugar. Sin embargo, ese era más joven que el anterior, eso significaba que el otro probablemente murió a causa de alguna intoxicación alcohólica o cirrosis, una de dos. Hizo a un lado sus pensamientos, y tomó rumbo a la parada de autobuses.

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El joven que reposaba en el piso del viejo callejón, vio a la bruja dirigirse a la parada de autobuses, y sacó un iphone de su desgastado bolsillo trasero.

―Syaoran, creo que tu querida brujita ya descubrió su regalo. ―dedujo esbozando una mueca de preocupación.

―¿Crees que le haya gustado? Tú me dijiste que preguntó por él la semana pasada.

―No lo sé, quizás quería el de color berenjena porque salió echando rayos de su casa. ―se mofó Yamazaki.

No me digas. ―se lamentó Syaoran.

Yamazaki pateó una lata. ―Syaoran, ¿hasta cuándo tendré que permanecer en este lugar? Es muy aburrido, y la gente me mira feo. ―comentó haciéndose la víctima.

Syaoran se carcajeó. ―Lo lamento, te compensare por ello. Pero, creo que permanecerás en ese lugar por una larga temporada.

―¡Syaoran, por favor! ―se quejó Yamazaki. ―Entiende que ningún hombre la visita. ¿Qué estúpido se atrevería a poner sus ojos en ella?

Syaoran carraspeó, y Yamazaki se dio un manotazo en la frente. ―Disculpa. ―susurró.

Continua con tu trabajo. ―espetó el castaño cortando la llamada.

Yamazaki suspiró y volvió a ocupar su posición a un lado del basurero.

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Sakura se registró en el libro de visitas de Ershy industries, y se colocó su gafete de visitante. La bruja presionó desesperada el botón del ascensor, entró, y seleccionó el noveno piso. Cuando el artefacto se detuvo, Sakura sacó la cabeza y miró hacia ambos lados. No había nadie en los pasillos, así que, se lanzó a la búsqueda del estudio de Syaoran. El problema era que había ocho puertas en aquel pasillo. Decidió comenzar por la del fondo, la abrió, y suspiró aliviada al encontrar el escritorio de una secretaria.

―Disculpe señorita, necesito localizar el estudio de Li Syaoran. ―saludó cortésmente la castaña.

―Se encuentra en el lugar correcto. ―indicó la joven escudriñando con la mirada a Sakura. ―Sin embargo, el ingeniero está ocupado, y no recibe visitas.

Sakura hizo un mohín. ―Dígale que se trata de Sakura Kinomoto.

La asistente de Syaoran alzó una ceja. ―Reitero lo dicho, el ingeniero no recibe visitas.

Sakura retó con la mirada a la joven pelinegra. ―Y yo, le exijo que anuncie mi llegada. ―replicó Kinomoto.

La chica fulminó con la mirada a la esmeralda. ―Usted no es nadie para exigirme nada, señorita. Yo solo sigo las órdenes de mi jefe.

Sakura se acercó al escritorio, y se inclinó sobre él. ―Mira niña, me urge hablar con Li en este instante, así que levanta ese teléfono y dile que Sakura Kinomoto quiere verlo. ―ordenó amenazadoramente.

La pelinegra tragó pesado, y desvió la mirada. Usualmente el joven Li, no recibía visitas, a excepción de sus hermanas y de otra mujer que aseguraba ser su madre.

―¿Algún problema, Meiling? ―preguntó una voz masculina a sus espaldas.

Sakura se enderezó, y cruzó su mirada esmeralda con la de aquel hombre.

―Joven Yusei… ―tartamudeó Meiling. ―Lo que sucede es que la señorita…

―Si te está molestando, llama a seguridad. ―sugirió divertido.

―No sea entrometido. ―espetó Sakura cruzándose de brazos.

Yusei imitó los gestos de la castaña, y se acercó a ella cautelosamente. Sakura se sintió intimidada ante la imponente presencia del hombre. Sin embargo, basándose en los cincelados rasgos de su rostro, en su escultural anatomía, y en el aura oscura y misteriosa que poseía, ella dedujo que se encontraba frente a un vampiro.

―Has venido a visitar a mi hermano, ¿cierto? ―indagó esbozando una mueca socarrona. Él, había leído la mente de Sakura.

La castaña retrocedió algunos pasos, ella se percató de lo que el hermano de Syaoran acababa de hacer, y eso la asustó. Ella tenía una mente fuerte, y no cualquiera podía leerla. Ella trabajó durante años para que eso resultara casi imposible, no obstante ese sujeto había tirado sus defensas sin ningún esfuerzo.

Yusei agarró del brazo a Sakura, y comenzó a arrastrarla fuera de la oficina. ―Vas a conversar conmigo un rato. ―le susurró.

―Por supuesto que no. ―murmuró Sakura resistiéndose al control que Yusei estaba poniendo sobre ella.

El vampiro sonrió. ―Ah, por supuesto que sí. La sangre de los hechiceros es deliciosa, y hace mucho que no tengo el gusto de probarla. No entiendo como mi hermanito no te ha mordido aun. Mal por él, esta será tu segunda vez, ¿no es así? ―decía saliendo al pasillo con la castaña. Los ojos de Sakura se pusieron cristalinos. Eso no le estaba sucediendo a ella, no podía sucederle a ella, no otra vez.

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Eriol entró al baño de caballeros, se dirigió al lavabo, y se humedeció el rostro. Se miró en el espejo un par de minutos, su rostro estaba pálido, no se había alimentado en todo el día. Desde que Tomoyo lo abandonó no tenía ánimos para nada, sin embargo Syaoran no le había permitido hundirse en la depresión. Con gruñidos y regaños le daba aliento para continuar, pero era duro perder a la compañera por la que esperó más de dos siglos.

Arrancó una toalla de papel, y se limpió el rostro. Se disponía a salir cuando escuchó leves sonidos provenir de uno de los privados. Eriol frunció el ceño, y miró debajo de la puerta del primer retrete. Alzó una ceja cuando diviso dos pares de pies adentro. Seguramente un par de empleados se estaban tirando un polvo después del almuerzo. Se encogió de hombros, se enderezó, y dio algunos pasos.

Se detuvo al escuchar una especie de sollozo. Pensó que tal vez debía intervenir en el asunto, una mujer que hubiese aceptado por su voluntad entrar en ese lugar no estaría llorando, ¿o sí? Eriol se decidió al momento en que el llanto aumentó de volumen, y abrió de una patada la puerta que lo separaba de la escena.

El infeliz de Yusei estaba a punto de clavarle sus colmillos a Sakura Kinomoto. ―¿Qué es lo que estás haciendo, imbécil? ―gritó Eriol apartando al vampiro mayor de la bruja.

Yusei se soltó del agarre de Hiraguizawa. ―Solo quería un bocadillo. ―se mofó retrayendo sus colmillos.

Eriol negó con la cabeza, y cargó a Sakura en sus brazos. ―Syaoran te matara cuando se entere.

Yusei rió. ―Syaoran no puede hacerme nada, lo sabes. Siempre he sido más fuerte que él.

Sakura colocó sus brazos alrededor del cuello de Eriol. ―Dile que me libere. ―susurró entre sollozos.

Eriol frunció el ceño. ―¿Pudiste controlarla?

Yusei se encogió de hombros. ―Es obvio, ¿no crees? De lo contrario no habría llegado hasta aquí conmigo.

Sakura apoyó la cabeza en el pecho de Eriol mientras recuperaba el control de sí misma. Se lamentó porque pese a sus esfuerzos, continuaba siendo vulnerable al ataque de esos infelices chupa sangre. Eriol pasó golpeando a Yusei con el hombro, y llevó a Sakura al estudio de Syaoran.

Meiling se puso de pie cuando vio entrar a un enojado Eriol, con la mujer gruñona de hace un momento en brazos. ―¿Qué sucedió? ―preguntó horrorizada la chica.

―¿Tu sabias que ella estaba aquí? ―musitó Hiraguizawa.

―Sí, pero… Ella…

―La próxima vez que ella quiera ver a Syaoran déjala entrar, Meiling. ―interrumpió.

―Sí, está bien. ―farfulló la ojirubí.

Eriol abrió la puerta del estudio, y antes de permitir que Syaoran preguntara cualquier cosa, depositó a Sakura sobre una silla.

El castaño escupió el caramelo que estaba masticando cuando vio a su amigo entrar con una semiinconsciente Sakura. Se acurrucó junto a ella, y la tomó de la mano. ―¿Qué te sucedió?

―Yo… Venía a pelear contigo. ―murmuró rechazando el contacto que sostenía con el ambarino. ―Pero creo que… Mejor regreso otro día.

Syaoran se incorporó e impidió que la esmeralda se pusiera de pie. ―No puedes irte en estas condiciones, permite que mi chofer te lleve. ―ofreció. ―Pero antes, tienes que decirme que te sucedió.

―Yusei quería comérsela. ―intervino Eriol.

―¿Es cierto eso? ―interrogó Syaoran dirigiéndose a Sakura. La esmeralda asintió. ―¿Intento hacerte algo más?

Sakura desvió la mirada. ―No sé. ―mintió.

―¿Cómo que no lo sabes? ―gruñó Syaoran.

―Tu hermano puede controlarla. ―informó Eriol.

―Ese maldito infeliz. ―exclamó Syaoran. El castaño se disponía a salir de la oficina, sin embargo Sakura lo detuvo.

―Espera… ―le dijo tomándolo de la muñeca. ―No te pelees con él por algo que no vale la pena.

―Por supuesto que vale la pena, tú lo vales. ―replicó el castaño.

Sakura le sonrió sinceramente. ―Gracias, pero no tiene caso. No sucedió nada. Además, ese infeliz es más viejo que nosotros y no representamos ningún peligro para él. ―expuso la castaña.

Syaoran apretó la mandíbula. Sakura tenía razón.

―Bueno, yo me retiro. ―anunció Eriol.

Sakura soltó la muñeca de Syaoran. ―Gracias. ―pronunció haciendo una pequeña reverencia ante Hiraguizawa. Él la había salvado de lo que seguramente sería el segundo trauma más espantoso de su vida.

―No hay de qué. ―afirmó Eriol saliendo de la habitación.

Syaoran se sentó en la silla que se encontraba al lado de Sakura. ―Perdóname, yo no quería que pasaras por esto de nuevo. ―murmuró.

―No es tu culpa, Li. La única culpable soy yo, no debí meterme en un lugar que probablemente esta atestado de vampiros sabiendo que soy un suculento manjar para ustedes. ―argumentó Sakura.

Syaoran suspiró. ―Yo no sería capaz de morderte, sin tu autorización. ―bromeó.

―Ni sueñes con que te dejare probarme, Li. ―refunfuñó Sakura arrugando la nariz.

―Y… ¿Cuál era la urgencia de verme? ¿Reconsideraste lo de la cita?

―Sí.

―¿En serio? ―preguntó ilusionado Syaoran.

―Sí, la respuesta continua siendo no. ―se burló Sakura.

Syaoran entrecerró los ojos. ―Y qué te parece si salimos solo en plan de amigos. ―propuso seriamente.

―¿Crees que quiero ser tu amiga? ―inquirió Sakura señalándose a sí misma.

―No. ―respondió bajando la mirada.

―Es bueno que estés consciente de ello. ―reconoció jugueteando con su bolso.

―Bueno, si no quieres salir conmigo, y tampoco quieres ser mi amiga, ¿Qué te parece si… Nos convertimos en amantes ocasionales? Yo te visitaría por las noches o podríamos alquilar un departamento y encontrarnos ahí. ―sugirió divertido Syaoran.

Sakura hizo un mohín y golpeó con su bolso el brazo de Syaoran. ―¿Cómo se te ocurre? ¿Acaso me ves cara de callejera? ―gritó.

―Demonios, no. ―negó el castaño. ―Pero, no podía dejar de intentarlo. Sé que mi cuerpo te gusta y…

Sakura soltó una exclamación y saltó de la silla. ―¿Leíste mi mente? ―chilló señalando acusadoramente al ambarino.

Syaoran alzó las cejas, y sus ojos brillaron con emoción. ―Entonces, es cierto. ―celebró riendo. ―Acabas de delatarte… No puedo leerte mujer, tu mente es más fuerte que la mía.

Sakura se sonrojó. ―No… No es cierto. Eres el vampiro menos agraciado que conozco. ―balbuceó dándole la espalda a Syaoran. ―A mí me gustan los hombres rubios, y ojos verdes.

Syaoran se paró atrás de Sakura. ―No es cierto. Te gustan castaños, con espectaculares ojos marrones e inmortales. ―afirmó apoyando su barbilla en el hombro de la bruja.

Sakura se sacudió el hombro, y se giró para enfrentar a Li. ―No, me gustan mortales, rubios, y ojos verdes. ―alegó en medio de un puchero.

―Bueno, puedo teñirme el cabello, y comprar unos lentes de contacto. ―planeó Syaoran. ―Sin embargo, no puedo complacerte con lo de ser mortal.

Sakura gruñó ante la insistencia del hombre, y abrió su bolso. ―¿Cuánto te costó el sofá?

―Tómalo como un regalo.

―No quiero nada tuyo. ―refutó.

―Entonces, tómalo como un regalo de Eriol. ―rebatió alborotándose el cabello. Por nada del mundo aceptaría el dinero de Sakura.

―Bien, si así lo quieres, lo descontare de tu próximo pedido solo que como será hasta dentro de diez años, tendré que pagarte intereses. ―resolvió la castaña.

Syaoran suspiró derrotado. ―Ya que… Llamare a Wei para que te lleve a casa.

La castaña escuchó las órdenes que Syaoran le dictaba a su chofer, mientras recorría el lujoso estudio con la mirada. No había reparado en la cantidad de luz que entraba gracias a la enorme ventana que conformaba la pared frontal. El escritorio del castaño estaba un poco desordenado por la cantidad de papeles que tenía encima. Además de un par de máquinas que Sakura reconoció como computadoras, había otras dos que no sabía a ciencia cierta lo que eran.

―Todo esta liso, Wei está esperando afuera. ―informó el castaño.

Sakura asintió. ―Hasta entonces. ―se despidió la esmeralda aproximándose a la puerta.

―Hasta pronto. ―murmuró Syaoran.

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Tomoyo se encontraba recostada en el sofá de la discordia limándose las uñas, cuando una distraída Sakura entró en la casa.

―Saku, ya me estaba preocupando. ―expresó Tomoyo incorporándose.

Sakura dejó caer su bolso al piso, y se acomodó a un lado de Tomoyo. ―Tuve un inconveniente en el estudio de Li. ―relató.

―¿Qué sucedió? ¿Te trató mal? ―interrogó la amatista al notar la triste expresión de su amiga.

Sakura se acostó en el sofá, y Tomoyo le ofreció sus piernas como almohada. ―No, él no… ―sollozó la castaña.

―¿Pero por qué lloras, Saku? ―preguntó Daidoji acariciando la cabeza castaña.

Sakura continuó llorando en el regazo de Tomoyo, no había podido hacerlo en la oficina de Li, no podía mostrarse débil frente a uno de ellos, y menos permitir que uno de ellos la consolara. Tomoyo sintió que su corazón se encogía con cada lágrima que derramaba la esmeralda, nunca había visto llorar a alguien con tanto sentimiento. Decidió no seguir preguntando, y arrulló a Sakura hasta que esta se quedó dormida.

**Continuara**

Notas de autora:

¡Hola! Bueno, creo que ya vamos avanzando un poco con la historia. La cual como se dieron cuenta tiene sus momentos alegres, tristes, misteriosos, xD. De todo un poco. Como les había comentado en mis archivos ya llevo más avanzada la historia, y quería comentarles que en un futuro cambiara de "Rated", la verdad no quería moverla de T a M, pero es necesario. No puedo omitir un par de escenas del fic. Sin embargo, yo les avisare cuando llegue el momento.

Me resta solo agradecerles sus comentarios, y mis más sinceros saludos.

¡Nos leemos!