- Albus, no hace falta que me acompañes, en serio. Ayer conocí a un par de chicos que van a mi misma facultad y pensaba irme con ellos.

Lily, apoyada en el marco de la puerta de su dormitorio con los brazos cruzados, negó con la cabeza sin poder evitarlo. La noche anterior había escrito tanto a él como a James para que no fueran a buscarla, pero al parecer a su hermano no le había quedado claro.

- Aún así, insisto. – Replicó él, también cruzándose de brazos. – Sois todos de primero y podéis perderos, lo mejor será que os acompañe.

- Nos vamos con suficiente antelación para no llegar tarde.

- Pero, Lils…

- Albus, de verdad, no quiero que todos me miren raro y crean que soy una niña mimada por tener a mis hermanos pegados a mí todo el día. Necesito mi espacio. – Suspiró. – Estaré bien y, si queréis, os veré más tarde, ¿vale?

- Está bien. – Suspiró. – ¿Alice no necesita mi ayuda?

- Alice no va a acercarse a ti.

- Tú no decides por ella. – Sonrió de medio lado, se estiró un poco para poder mirar dentro de la habitación y subió el tono de voz. – Oye, Alice, ¿sabes llegar a la facultad o necesitas que alguien te acompañe?

- La verdad, - Respondió la castaña, saliendo del dormitorio. – es que estuve ayer con mis padres. Hicimos el camino para que no me perdiera. Aunque gracias por tu oferta, es muy amable por tu parte.

- Claro, amable… - Masculló la otra chica por lo bajo.

- ¿Pero vas sola?

- Sí. – Sonrió tímidamente. – No se me da tan bien como a Lily hacer amigos.

- Deja que te acompañe entonces.

- No quiero hacerte dar un rodeo…

- Insisto, Alice. No me cuesta nada.

- No tienes por qué ir con él si no quieres. – Intervino la pelirroja al ver cómo la otra miraba al chico de forma dubitativa. – Si dice que puede ir sola, déjala ir sola, Albus. No seas plasta, no necesitamos tu ayuda.

- La verdad es que sí que me gustaría que me acompañaras. – Contestó finalmente, sorprendiendo a la otra. Le dedicó una cálida sonrisa al chico que no pudo evitar sonreír de forma victoriosa. No se le resistía ninguna chica. El encanto Potter. – ¿Puedes esperar cinco minutos? Tengo que terminar de preparar unas cosas.

- No me moveré del pasillo.

Alice entró al dormitorio y Lily no tardó en seguirla. Cerró la puerta y se acercó rápidamente a ella. No le hacía gracia aquello. Conocía a Albus, sabía lo que buscaba, y, por lo que le había contado la otra chica la noche anterior, sabía que la castaña no era de esas.

- Alice, no quiero que pienses que soy una cotilla que quiere meterse en tu vida, pero no deberías seguirle el juego a mi hermano.

- ¿Por qué? – Frunció el ceño. – Solo estoy siendo simpática.

- Ya, pero él no. Los chicos como él no son simpáticos porque sí, buscan otra cosa.

- Lily, puede que no haya salido nunca con ningún chico, pero no soy tonta. – Alice suspiró. – Sé lo que me hago, no te preocupes. Solo quiero ser amiga de tu hermano y le pararé los pies si intenta algo.

- Es solo que no quiero que se acueste contigo y luego pase de ti, no creo que quieras eso para tu primera vez. – Se mordió el labio al decir eso. Le parecía muy fuerte que su compañera de habitación jamás hubiera salido con ningún chico.

- Y no lo quiero, por eso no voy a acostarme con él. – Se encogió de hombros y se dirigió hacia su escritorio para guardar unos folios en blanco y un par de bolígrafos. – Tranquilízate.

- Está bien. – Lily finalmente asintió. Alice ya era mayorcita y ella no era su madre. Además, quizás un poco de diversión no le viniera mal.

La castaña terminó de recoger sus cosas y se recogió el pelo en una coleta alta antes de despedirse y salir al pasillo, donde Albus todavía la esperaba.

- ¿Nos vamos? – Le preguntó ella, dedicándole una pequeña sonrisa. No todos los días un chico tan guapo la llevaba a clase.

- Cuando tú quieras. – Respondió él, sonriendo también. Se moría de ganas de tener a esa chica entre sus sábanas.


Lizzy se sentó en una silla libre en la tercera fila del aula prácticamente vacía. Sacó su cuaderno y un boli y miró su reloj. Todavía quedaban diez minutos para que la clase comenzara, era normal que no hubiera todavía mucha gente. Sacó su móvil y revisó su Facebook mientras el resto llegaba. Cuando dio la hora en punto y prácticamente todo el mundo había llegado, el profesor entró y cerró la puerta. La morena echó un vistazo entonces por la clase. No conocía a ninguno de los chicos que estaba allí y suspiró sin poder evitarlo. Ya era mala suerte no coincidir con nadie en aquella optativa.

- Buenos días a todos. – Saludó el hombre, atrayendo la atención de todos sus alumnos. – Soy el profesor Dawson y esto es Literatura Inglesa.

Justo entonces la puerta se abrió y un pelinegro entró rápidamente. Lizzy abrió mucho los ojos. Era la última persona que quería encontrarse ahí, ¿qué se suponía que hacía el orangután en aquella clase?

- Lo siento mucho. – Dijo, dedicándole una sonrisa al profesor. – Esto es Literatura Inglesa, ¿no?

- Sí y no me gustan los tardones. – Él negó con la cabeza. – Hay algunos huecos en tercera fila, siéntese, me gustaría poder comenzar con mi clase.

James asintió y se dirigió rápidamente hacia un asiento vacío que, justamente, estaba al lado de Lizzy. Al reconocer a la chica abrió mucho los ojos.

- Pero, ¿tú qué haces aquí? – Le preguntó en un murmullo. No quería llamar más la atención del profesor.

- ¿A ti qué te parece? Es una de mis optativas. – Respondió ella. – ¿Qué haces tú estudiando literatura?

- Me pareció interesante.

- ¿A ti? – Bufó un poco. – Me sorprende que sepas leer.

- ¿Y cómo crees que he llegado hasta aquí? – Contestó, un poco molesto.

- No sé, parece que a los jugadores de fútbol se os abren todas las puertas solas. – Respondió ella. – Espero que la próxima clase te pongas más lejos.

- Tranquila, no tengo ningún interés en estar cerca de ti.

Se dedicaron una última mirada de desprecio antes de centrar su atención de nuevo en lo que decía el profesor, que había comenzado a explicar el sistema de evaluación de aquella asignatura.

- Así que todos tendréis que hacer un proyecto en parejas sobre una novela que os asignaré ahora mismo. ¿Hay alguien que esté cursando esta asignatura de forma optativa? – Tanto James como Lizzy levantaron la mano. – Bien, el tardón y usted, ¿señorita…?

- Collins.

- Muy bien, ya que son los únicos que no son alumnos de este grado harán el trabajo juntos. Uno de los dos vendrá ahora y sacará un papel para ver con qué obra trabajarán.

Se miraron el uno al otro, incrédulos. Aquello debía ser únicamente una broma de mal gusto. ¿Cómo iban ellos a hacer algo juntos?

- Profesor…

- ¿Hay algún problema, señorita? – La interrumpió él.

- Sí, bueno, quería saber si sería posible realizar un cambio de compañero. – Dijo dedicándole la mejor de sus sonrisas.

- No. – Contestó de forma rotunda, sonriendo de manera irónica. – Ustedes no conocen la forma de trabajar de los alumnos de este grado así que lo mejor será que lo hagan juntos. Ya les explicaré qué tienen que hacer exactamente. Y ahora, ¿quién viene a sacar el papel?

- Iré yo. – James se puso de pie y la chica no pudo evitar fulminarlo con la mirada. – Suelo tener mucha suerte.

El pelinegro se dirigió hacia el frente y metió la mano en el saquito que había depositado el profesor sobre el escritorio. Rebuscó un poco y sacó un papel. Volvió a su sitio y se lo dio a Lizzy cerrado.

- Esperemos que sea algo bueno… - Suspiró y lo abrió. – Bueno, no está mal.

- ¿Cuál es?

- Cumbres borrascosas, Emily Brontë.

- No lo he leído.

- ¿Por qué será que no me extraña? – Negó con la cabeza. – Deberíamos hablar con el profesor cuando termine la clase para preguntarle qué es lo que quiere hagamos exactamente.

Él asintió, pero no dijo nada más. Ya era mala suerte que, de todas las chicas del campus, hubiera tenido que tocarle Lizzy como compañera.


- ¿Qué tal el día entonces? – Le preguntó Rose a Albus, pinchando una patata.

- Es el primer día, no he hecho nada. – Se encogió de hombros y cogió un trozo de ensalada. – Lo más interesante que he hecho esta mañana ha sido acompañar a Alice a clase.

- ¿Alice la compañera de tu hermana? – Preguntó Scorpius.

- La misma. – El pelinegro sonrió. – Me la quiero tirar.

- Lily te va a matar. – La pelirroja lanzó una carcajada. – Me parece increíble que lleves solo un día en el campus y ya tengas un objetivo claro.

- No es mi culpa ser un imán para las chicas.

- Un salido es lo que eres. Luego decimos que tu hermano. – Su prima negó con la cabeza. – A ver si aprendes un poco de Scorpius, él sí que sabe tratar a las chicas.

- No es mi culpa que vosotros seáis unos reprimidos. – Negó con la cabeza.

- Rose y yo en el fondo somos unos románticos, ¿verdad, Rosie? – Scorpius lanzó una carcajada al decir aquello y ella estuvo a punto de atragantarse con su refresco al escuchar el diminutivo de su nombre.

- Muy gracioso, Scorp. Aunque, sí, soy una romántica empedernida en el fondo y estoy todavía buscando a mi príncipe azul. – Apoyó una mano en su hombro y le dedicó una cálida sonrisa. –A lo mejor eres tú, pero todavía no me he dado cuenta.

- Pues probablemente, Rose, ¿a quién vas a encontrar más valeroso y caballeroso que yo en este lugar inhóspito que es la universidad? – Apoyó una mano en su barbilla y se miraron fijamente a los ojos. – Pero tendrías que dejar tu carrera de jurista y dedicarte exclusivamente al cuidado de nuestros diez hijos.

- ¿Tendremos diez hijos? – Ella enarcó una ceja.

- Y cinco perros.

- Yo soy más de gatos.

- Pues otros cinco. – Ambos estallaron en carcajadas sin poder evitarlo. – Seríamos desde luego la pareja más divertida del campus.

- ¿Acaso lo dudas?

Se separaron y se centraron de nuevo en su comida mientras Albus negaba con la cabeza. Siempre había visto cosas raras entre su prima y su compañero de piso, pero nunca les había querido decir nada. Tarde o temprano se darían cuenta de lo que pasaba entre ellos y, si no, pues mejor. No es que no quisiera que fueran felices, pero es que le incomodaba un poco la idea de sus dos mejores amigos – porque así los consideraba – juntos. Los miró fijamente. Scorpius estaba tratando de manchar a Rose con una patata frita llena de kétchup y mostaza mientras ella le cubría la cara con las manos y reía sin parar y pedía que la dejara tranquila. Suspiró. Tarde o temprano se darían cuenta y él tendría que apechugar con las consecuencias. Solo esperaba que no le calentaran mucho la cabeza.

Pero toda aquella calma, se rompió por unos gritos. James y Lizzy entraron por la puerta de la cafetería discutiendo para variar. Habían empezado nada más salir de la clase de literatura y todavía no habían parado. Algo que ninguno de los demás sabía era por qué no se iba simplemente cada uno hacia un lado en lugar de perseguirse por todo el recinto de la universidad peleando.

- ¿Y a estos dos qué les pasa ahora? – Preguntó Albus, frunciendo el ceño.

- ¿Tiene que pasarles algo para pelear? – Comentó Scorpius, conteniendo a duras penas una carcajada.

- Dios, me voy antes de que me vean. – Rose se puso de pie. – Siempre me usan de mediadora y estoy harta. Ya nos vemos.

Dio un beso en la mejilla a cada uno y salió corriendo de la cafetería. Los otros dos chicos se miraron y negaron con la cabeza. Rose siempre sería Rose.

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