IV

Pseudo-presente continuo


El agua estaba tibia en sus manos cuando hundió el rostro para lavarse.

Necesitaba despegarse un poco de lo que había pasado unas horas atrás ahora que se había alejado del abrazo cálido y reconfortante de Steve el tiempo suficiente para que la realidad golpease a su puerta. La vida debía tener serios problemas con Danny si pensaba que para devolverlo al presente necesitaba de una llamada de Rachel, pero así estaban las cosas.

El teléfono volvió a zumbar en su bolsillo y se encontró pidiendo que no sea otra llamada de su ex esposa. No tenía ánimos para lidiar con ella.

5:29 p.m [Mensaje recibido] ¿Todo bien?

Bendita sea Kono (y probablemente Chin, que era el más discreto de los dos y la habría convencido de no llamar directamente). Danny no estaba seguro de poder hablar con alguien por el momento, a menos que fuese terriblemente necesario. Tomó el confort ofrecido en su mensaje y se escondió detrás de la pantalla para responder.

6:12 p.m [Mensaje enviado] Un amigo tuvo una crisis. Yo bien, K.

6:12 p.m [Mensaje recibido] Ok. Cuídate. Llama si nos necesitas.

6:13 p.m [Mensaje enviado] Sí, señora.

Él aborrecía la idea de tener que seguir ocultándoles cosas. La falta cargaba pesadamente en su conciencia. No podría regañar a Steven por guardarle secretos al equipo nunca jamás.

Probablemente no volvería a confiar en Danny si lo descubría.

6:16 p.m [Mensaje recibido] El jefe tuvo cara de estreñido todo el día desde que te fuiste.

6:16 p.m [Mensaje recibido] ¿Se terminó la luna de miel?

Danny agitó la cabeza, la resignación y la diversión burbujeando ambas en su cara. Llevaban confundiéndolos con un matrimonio desde sus primeros días juntos y, gracias a su experiencia con el matrimonio de primera mano, no podía decir que estaba en desacuerdo completamente.

6:17 p.m [Mensaje enviado] Le pedí las llaves del auto.

Sus argumentos con Steven se parecían mucho más a las discusiones entre sus propios padres que a las que Danny había tenido con su esposa. Pese a que sus diferencias se habían agravado desde el divorcio, Rachel siempre había sido viciosa en las peleas y Danny tenía un gusto por responder que no se quedaba atrás. Las riñas con Steve eran nada como eso, aunque abarcaban un gran espectro en su diversidad. Había un afecto subyacente debajo de sus discusiones, un cariño persistente que borraba los aguijones más filosos en sus peleas y sabía, sin importar lo mucho que estuviese enojado con Steve, que no tenía que probarse constantemente a sus ojos.

La verdad era que la mayoría de sus peleas importantes se resumían en Danny gritándole a Steve por la preocupación que le despertaban sus locuras extremas y Steven tratando de hacerlo enojar por el simple placer de hacerlo enojar.

Por eso sabía que lo que había pasado frente al palacio Iolani había sido diferente. Su compañero se había cabreado en la mañana cuando Danny le pidió el día libre pero la retirada de la última conversación no hablaba de enfado ni de ira. Si hubiese sido el caso, Steve habría insistido, habría tratado en luchar, pero en cambio había hecho lo que hacía cuando algo lo lastimaba.

Se había retirado. Lo había dejado ir.

6:23 p.m [Mensaje recibido] Llámalo cuando tengas tiempo. Se preocupa.

Danny se sentía terrible con ese pensamiento.

No que había creído que estaba en una situación fácil —sabía que tarde o temprano habría una crisis— pero no había considerado que sería de ese modo ni en ideas remotas. Su Steve parecía siempre tan imperturbable en las minucias personales que no creyó que sería diferente con él de lo que era con Chin o con Kono. ¿No le había prometido que nunca tendrían que hablar de los supuestos pagos a H.P.D a Kelly una vez que lo reclutaron para la fuerza? Tampoco había exhibido gran interés en la vida personal de Kono, aunque la preocupación por el bienestar de ambos era clara como el día.

¿Por qué era diferente con Danny y su vida personal?

Quizá era una consecuencia del compañerismo, o una bifurcación directa de su personalidad (es decir porque Danny hablaba con Steve de sus problemas, McGarrett se sentía obligado a resolverlos siendo el noble idiota que era) o tal vez, y solo tal vez, Danny no estaba solo en toda esa maraña de sentimientos confusos por lo que había entre ellos.

No tenía muchas esperanzas en lo último porque una cosa era sentirse atraído a alguien como Steve y distinta era que él se sintiese atraído hacia otros. Y Danny, de todas las personas posibles, era un manojo de problemas y complicaciones que Steve no buscaba ni necesitaba. Por sus quejas, su pesimismo, por su ex esposa a la que aún quería mucho, con su hija adorada y un trabajo que le demandaba tiempo y espacio mental. Lo demás, con sinceridad, lo hacía sentir culpa. Steven no tendría que sentirse responsable por las cosas que le pasasen. Ni el del presente ni el del futuro, que parecía sentirse culpable por... por lo que sea que le haya ocurrido al futuro Danny si era que había entendido bien.

6:31 p.m [Mensaje enviado] Mi amigo tuvo una crisis, pero ya está mejor. No necesitas preocuparte, Steve.

No le sorprendió no tener una contestación. Pero punzó más de lo que admitiría abiertamente.

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—¿No me dejarás conducir? —preguntó el Steve futurista cuando lo vio aferrarse a las llaves del Camaro.

Danny lo miró.

Tenía muchas explicaciones en la punta de su lengua sobre ese punto en especial, pero no se atrevía a vocalizar ninguna en voz alta por temor a romper la quietud que se había instalado entre ellos. Sabía que deberían tener una conversación en profundidad sobre lo que había pasado en algún momento. No obstante, primero tendrían que tener respuestas para la otra contrariedad a la que se enfrentaban, la pregunta inmediata sobre por qué el tiempo se había doblado de tal manera que había dos personas en el mismo sitio cuando no debía ser así y si bien habían pensado en Mamo no había garantías de que eso ayudaría en alguna medida, si les daría respuesta.

Danny quería creer que sí y que la seguridad del futuro Steve también era fuerte y, aún así, lo cierto era lo contrario.

—Si Mamo no puede darnos respuestas, Danny, estoy seguro que conocerá a alguien que pueda —comentó Steve, humilde y tranquilo como había estado desde que Danny regresó del trabajo (gracias al Cielo). Cerró la puerta del auto con suave firmeza.

Danny se le quedó mirando.

—No eres el único que aprendió a leerme con el tiempo, Danno —dijo, con una sonrisa presumida. La mímica duró un instante y luego se desvaneció en algo menos ufano y más lleno de afición, cariño—. No te olvides que tengo experiencia lidiando contigo.

—Tendremos que hablar de eso, Steven.

El semblante de su acompañante se endureció con fatigosa melancolía.

No.

—Steve...

—No puedo hablar de eso contigo —declaró finalmente, con lo que parecía un esfuerzo despiadado. Su tono no arrastraba la misma determinación a la que se había acostumbrado, testimonio de lo mucho que las palabras le estaban costando—. No contigo. No podría soportar...

Hizo una pausa, al parecer buscando una forma de exteriorizar las ideas. Él supuso que no la encontró porque permaneció mudo.

—¿Qué? —preguntó, porque sentía que debía hacerlo.

Steve sacudió la cabeza tozudamente y mantuvo sus ojos lejos de los de Danny.

No podía decir que no entendía su resistencia a vocalizar lo que había ocurrido. A él mismo todavía le costaba asimilar todo el concepto de lo que estaba implicando el futuro sin tener en cuenta todas las demás variables, todas las otras cosas que habían sucedido entre medio. Había seis años de distancia entre este Steven y él, un espacio inmenso que los separaba uno del otro. Seis años de historia de la que él carecía de conocimiento y aunque era la misma persona —si bien ellos dos eran las mismas personas en el núcleo— seguía perteneciendo a otra época distinta, a otra realidad diferente a la que Steven reconocía como propia. A la que le era propia, mejor dicho.

Dios, los viajes en el tiempo, o lo que sea que estuviera pasándole, eran una tortura en niveles que jamás había considerado antes. No podía imaginar lo que estaba haciendo para Steven.

Sí, definitivamente podía comprender la renuencia.

Extendió el brazo, un impulso que no se atrevió a detener, y apretó la mano de Steve con sus dedos, ganándose una mirada que estaba desgarrada entre la confusión, la angustia y el agradecimiento.

Con todas las diferencias que había —como el corte de pelo, los rasgos afilados con el tiempo y el cansancio tatuado debajo de los ojos—, Danny no podía evitar pensar en lo solo que debía sentirse allí, en el dolor que cargaban esos hombros. No podía dejar de recordar la voz pequeña que le había pedido ayuda, en lo mucho que quería ayudarlo a sentirse en paz consigo mismo y el mundo.

La conversación entre ellos pesaba en sus oídos, en sus pensamientos.

—Tengo tu espalda, babe —le dijo, simplemente.

Steve sonrió, pero era un gesto devastadoramente triste.

—Por supuesto que sí, Danno. Siempre fuiste mi respaldo favorito.

El viaje camino a la tienda de Mamo sería demoledor si dejaba que esas fueran las últimas palabras que colgasen en el aire.

Danny tragó saliva, intentando no pensar en todo lo que implicaba, y decidió que era hora de una buena discusión sobre... sobre la pobre gracia de la comida hawaiana. Como el Spam, por ejemplo. Y podría seguir en ese tema hasta que la voz se le secase, hasta que la expresión de Steve perdiera todo el dolor y la pena o hasta que las cosas se viesen menos terribles si era necesario.

Tomó la sonrisa de Steve, nimia y blanda como era, igual que un triunfo.

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Mamo Kahike no los esperaba, porque por supuesto que no los esperaba. No era común que alguien viajase del futuro hacia el pasado y se presentase ante la gente pero fue una decepción, no obstante, que no hubiese alguna epifanía divina con antelación. Las películas del tema eran una gran, gran decepción. Danny no estaba seguro de qué fue lo que había esperado pero su falta de reacción cuando le dijo que necesitaban un lugar privado para conversar y su benevolencia no fueron ninguna de ellas.

—No tuve oportunidad de agradecerte por salvarme la vida la otra vez —le dijo Mamo, suave y sereno y tan hawaiano que le hizo acordar a Meka. El pensamiento ardió en sus ojos y Danny cerró las manos dentro de sus bolsillos—. Mahalo, detective.

—Es mi trabajo —respondió, sintiendo una quemazón en la garganta que poco tenía que ver con la sequedad y mucho con las muertes injustas que pesaban en su alma.

Mamo lo miró cándidamente, como si pudiera ver sus pensamientos, y lo acompañó hacia el auto, tal y como se lo había pedido. Pudo reconocer el instante en el que vio a Steve sentado en el interior por la arruga entre sus cejas.

Danny se asombró lo estoico que se veía su visitante futurista. Tal vez estaban volviendo a tocarlo las verdaderas dimensiones de lo que estaba pasando. Considerando que había tomado todo el alcohol en su apartamento esa mañana (que, por suerte no había sido lo suficiente para darle más que un malestar temporal gracias a la resistencia reforzada del SuperSEAL) para despejar su mente. Decidió que mantendría un ojo atento en él.

—¿Quieren hablar en privado conmigo? —preguntó Mamo, un poco sorprendido. Y, sinceramente, no sonaba como algo que Steven McGarrett querría. Pero este no era el Steve que ambos conocían—. ¿Es sobre lo de John?

—Quiere estar lejos de muchas miradas —explicó Danny—. Pero no es sobre eso.

Mamo lo examinó, serio, por lo que pareció una eternidad. Finalmente, como si hubiese encontrado la respuesta a una pregunta no hablada, asintió. Mientras que abría la puerta que daba al asiento trasero del automóvil, Danny dio un rodeo hacia el lugar del conductor. Dejó que sus hombros perdieran algo de tensión.

Con algo de suerte, pronto tendrían algunas respuestas sobre lo que estaba pasando.

Fue una sorpresa sentir el cargante aire dentro de las cuatro puertas del Camaro. Steve se aferraba a su máscara de imperturbabilidad y Mamo se había recluido en contra la ventana, mirando hacia el exterior, pero no parecía de mal humor.

—¿A dónde vamos? —preguntó Danny.

—A mí casa —replicó Mamo, con suavidad—. No está muy lejos. Sigue esta calle hasta el final.

Danny miró a Steven, que se negó a devolverle la mirada, y suspiró.

El Camaro bramó a la vida.

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La casa de Mamo daba a la playa, lo que no era una sorpresa en absoluto y Danny se sonrió en lo previsible que era todo.

El aire era cálido y acogedor al atardecer y todo se pintaba de suaves naranjas y aloques. Steve no había dicho una palabra desde que Danny subió al auto —no estaba seguro si había hablado en absoluto desde que su viejo conocido había subido con ellos— pero la tensión de su cuerpo y la rigidez en toda su postura era más evidente ahora. Los dedos de Danny picaban para alcanzarlo, arrastrarlo de vuelta a ese abrazo compartido que habían tenido esa misma tarde y dejar que las preocupaciones se borrasen de su cuerpo.

Era un deseo familiar, pero renovado al mismo tiempo. Hasta ese día no creyó que sería bienvenido. Bueno, aún no creía que sería bienvenido con el Steve de su tiempo, con el que trabajaba todos los días codo a codo. Ese Steve se había suavizado con la costumbre, supuso él, y ya no era tan espinoso como había sido en principio, cuando lo conoció. Pero había sufrido tanto, también.

Mamo se detuvo frente a la casa al encuentro con una mujer de cabello oscuro. Danny se volvió hacia su copiloto para darle intimidad a la pareja. Se sorprendió al ver que Steve estaba mirándolo anticipadamente, una mirada aguda y penetrante.

Danny no apartó los ojos.

—¿Steve?

—Estoy bien, Danno —respondió, dándole una leve sonrisa—. Vamos a terminar con esto.

—¿Aulani les puede traer algo de beber? —preguntó Mamo, señalando a la mujer.

Danny abrió la boca pero la cerró al ver que Steve agitaba la cabeza en negación.

Fue cuando los tres se quedaron solos de nuevo y Steve comenzó a explicar quién era que Danny notó lo mucho que sobraba él en esa situación. No fue el único porque, a mitad del relato, el Steve futurista pareció recobrar el sentido de su presencia y enmudeció. Sus ojos se dirigieron a Danny salvajemente inquietos y él comprendió lo que no podía decir.

Steve parecía destrozado entre pedirle que se quedase o aceptar que se fuese.

Oh, Steve.

—No tengo que escuchar todo —interrumpió Danny, con una confianza que no sentía. Se moría de curiosidad, eso era cierto, pero no tenía derecho a saber cosas de su futuro y menos cosas que lo involucraban tanto—. Puedo irme y así hablas con Mamo sin tener que preocuparte por herirme o contarme cosas que no quieres y los dos sabemos que te preocuparás por esas tonterías.

—Danny…

—Hablo en serio. Voy a hacer unas llamadas e irás a buscarme si me necesitas, babe —susurró. No quería ponerlo incómodo por lo que mantuvo su voz muy tranquila—. No estaré lejos.

Steve asintió una vez, su expresión total y complemente agradecida y a Danny le costó cada paso que dio para alejarse.

Revisó su celular por curiosidad una vez que estuvo fuera de la casa, alejado de otras miradas. Tenía otra llamada perdida de Rachel (que, en este punto podría ser tan positivo como negativo porque no había devuelto la primera), dos mensajes de Kono y uno de Chin... Pero, y su estómago cayó con el peso de una piedra, se dio cuenta que no tenía ninguna señal de su Steve. No una respuesta, no una pregunta, no una palabra. Habían pasado horas y lo último que habían tenido era una discusión.

Una discusión provocada, indirectamente, por Steven McGarrett mismo.

¿Cómo. Esa. Era. Su. Vida?

Odiaba haber tenido que elegir entre ellos pero la dura realidad era que una versión de Steve lo necesitaba más que la otra y Danny no habría podido vivir consigo mismo si no lo ayudaba en todo lo que podía. Ese sentimiento tampoco era una novedad —llevaba con él todo el tiempo que había empezado a trabajar con el tipo, quizá incluso cuando todavía le caía mal por ser un arrogante niño militar— pero se había acentuado con cada revés que habían compartido desde septiembre.

—¿Te encuentras bien? —preguntó una voz, repentinamente. Danny giró la cara para encontrarse, esperadamente, con el rostro de Aulani. Tenía grandes ojos almendra y el cabello muy oscuro, con algunas canas retozando entre ellos—. Parecías muy preocupado de repente.

Danny miró hacia su celular y luego hacia el interior de la casa, sintiéndose un poco mareado, un poco atontado, con todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

—Estuve mejor —respondió.

Ella le dedicó una mirada que le hizo pensar en su madre, que estaba a kilómetros de distancia.

—Si Mamo no puede ayudar a tu amigo, hará todo lo posible para marcarle el camino correcto —lo consoló. Era un alivio. Y una preocupación a la vez—. Te prepararé algo de té mientras esperamos a que ellos hablen.

—¿Se prepara con piña? —preguntó Danny, la sospecha desganada filtrándose en su voz. En su experiencia, la piña estaba en cada rincón de la isla. Y en cada comida y bebida. Grace amaba esa fruta, incluso.

Aulani sonrió. Danny gimió internamente. Las cosas que soportaba por Steven.

—Acompáñame y lo descubrirás, kaipo.

Obedientemente, siguió a Aulani al otro lado de la sencilla casa.

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La primera palabra que Steve pronunció una vez que Danny regresó fue una que era vagamente familiar. Su cara era completamente ilegible en ese instante.

—Ho'oponopono.

Mamo asintió. Le hizo un gesto a Danny para que se acercara a la pequeña reunión y él se sentó al lado de Steve, sin saber exactamente qué hacer o qué decir. No había escuchado la conversación gracias a la bienvenida distracción de Aulani y sus muchas variedades de té.

—¿Qué se supone que tengo que corregir? —preguntó Steve, su voz ronca por el desgaste de la narración que había dado. Danny sintió que los dedos largos de su compañero se cerraban alrededor de su muñeca, un gesto de amarre que no podía negarle—. No puedo corregir lo que pasó en mi tiempo, no puedo... ni siquiera -

—Tal vez no sea ese el punto, ¿sabes? —dijo Mamo, dándole a Danny una mirada de disculpa, leyendo claramente su confusión—. Quizá tengas que arreglar las cosas contigo mismo y no tenga que ver necesariamente con lo que te hizo venir en primer lugar.

Danny movió la cabeza bruscamente.

¿Estaba diciendo Mamo que ese viaje tenía menos que ver con Danny y mucho que ver con Steve, con ambas versiones de Steve? ¿Danny iba a tener que dejar que se reuniesen, que se crease una paradoja o lo que fuese?

Jo-der.

—¿Tengo que enmendarme a mí mismo? —dudó Steve y, para su crédito, sonaba apenas en el borde de la incredulidad—. La muerte de Danny es lo que me trajo aquí.

Danny dio un respingo por la frialdad de la declaración inesperada y sintió un apretón en su mano, una disculpa muda.

—¿Estás seguro de eso? —cuestionó Mamo, suave inflexión en su tono—. Quizá viniste para darle un mensaje a este tiempo. A Danny, que te encontró. Y a ti mismo, al que no te quieres encontrar.

—¿Si se encuentra con… con Steve y corrige lo que tiene que corregir podrá volver a su tiempo? —preguntó Danny. Por el rabillo del ojo pudo ver a Steve encogerse en la pregunta como si acabara de clavarle un puñal—. Lo siento, babe, pero ambos sabemos que no puedes-

Enmudeció, incapaz de seguir con la idea. Dejó que las palabras se quedasen en un suspiro. Este Steven no podía quedarse allí, aunque Danny empezaba a sentir que lo extrañaría a horrores una vez que se marchase.

Mamo hizo un gesto de aquiescencia. —Danny tiene razón, no puedes quedarte. No perteneces a este tiempo y en algún momento deberás regresar a donde debes estar.

Steve los miró con ojos nublados con ideas sin voz y Danny se mordió el labio, sin saber qué decir para consolarlo. Giró la mano y no lo soltó.

—Puedes tomarte el tiempo que necesitas, Steve, pero la decisión tendrá que tomarse. Son bienvenidos a quedarse a cenar con nosotros.

—Nos encantaría —dijo Danny, necesitando una distracción—. ¿verdad, Steven?

Mamo los miró con ojos paternales y los dejó solos, claramente sabiendo que necesitaban espacio.

Se moría de ganas por preguntar cosas.

—No hables, Danno. Por favor.

Steve tiró de él para levantarlo de su asiento. Sin hablar, lo envolvió con sus brazos fuertemente, sorprendiéndolo, y Danny se aferró en respuesta silenciosa con igual fiereza para dejar que todas las emociones filtrarse entre ellos. La diferencia de altura solía ser una broma callada, en la forma en la que tenía que alzar la mirada o Steve bajaba los ojos para verlo pero en ese momento no le importaba lo suficiente para quejarse.

—Lo siento.

—¿Por qué, babe?

—Te hice escuchar eso —murmuró Steve, los labios cepillándose contra su cien—. No era necesario. No quería que lo escuches.

Danny tuvo que parpadear, ignorando la humedad que alcanzó sus ojos por lo roto que estaba este hombre en sus brazos.

—Me necesitas, Steven, no voy a dejarte solo. No importa lo que tenga que escuchar.

Steven se estremeció con violencia, sin alejarse ni un ápice, y Danny se quedó inmóvil, sosteniéndolo con tanta fuerza como pudo.

—¿Estás bien?

Hizo caso omiso de los ojos enrojecidos una vez que Steven se alejó.

—Estás aquí, Danno. Por supuesto que lo estoy.

.


.

—Entonces… ¿Quieres ir a ver... a mí, uh, a Steve?

No tuvo una respuesta inmediata.

—¿Sabes lo que significa Ho'oponopono, Danny?

—¿No?

Steve se volvió a mirarlo por primera vez desde que habían abandonado la casa de Mamo y Aulani.

—¿Esa es una pregunta o una afirmación?

Alzó los hombros. —Es un término que es familiar, creo que Kono lo usó un día. No sé exactamente lo que quiere decir.

—Es una filosofía, un modo de vida que busca el equilibrio y el bienestar. «El mundo es lo que uno piensa» y «no hay límites» son algunos de sus principios —explicó, sus ojos vagando fuera del auto—. Lo practicaban los hawaianos que primero habitaron en las islas. Se extendió luego, pero sus inicios están en este lugar. Hablan del amor, a uno mismo y al mundo. Y al perdón que se brinda.

Danny no creía en todas las cosas que había escuchado, no era religioso en el sentido más estricto de la palabra, pero había sido criado católico y muchas de las cosas que solían decirle hablaban del perdón y del amor.

Extraño, rídiculo considerando que estaban hablando de viajes en el tiempo... Pero había oído muchas veces hablar del poder del perdón y del amor.

—Por eso decía que tenías que hablar con tu pasado.

—Mamo piensa que si hablo con mi pasado y le pido perdón, habré hecho algo para mí. No sabe si será suficiente.

—¿No?

Steve negó, luciendo absolutamente miserable.

—Dice que debo dejarte ir —Una pausa—. No sé si puedo dejarte ir, Danno.

Dios, solamente quería evitar que tuviera que sufrir más. Desearía que bastase encerrarlo en sus brazos y evitar que el daño lo alcanzase otra vez.

Danny sabía que la situación iba a ser bastante difícil y eso apenas en la teoría que le había dado Mamo ya era más que evidente. Sería terrible, para su Steve, que iba a tener que enfrentarse a una historia cruda de la que no tenía control sino que de su decisión dependía lo que iba a sucederle a su futuro yo. Y sería absolutamente angustiante, para el Steve futurista, tener que abrir su corazón a otra persona (especialmente si esa era él mismo) para pedirle perdón. Quizá era la única persona que no podía perdonarle cosas.

No podía dejar de preguntarse si no había complicado todo aún más al negarse a reunirlos en todas las instancias que tuvo.

Un problema a la vez, por favor.

—¿No te pudo decir por qué viniste a este tiempo?

—Hablamos sobre eso. Pero no hay nada seguro. Es… Siento que tengo la respuesta muy cerca de mí pero no puedo alcanzarla.

—Me dijiste que querías que yo te encontrara —dijo Danny—. ¿Estabas pensando en esta versión de ?

Steve pestañeó.

. Estaba pensando en esta versión de ti, específicamente. Estaba pensando en estas versiones de nosotros. Pensaba en lo mucho que me gustaría arreglar las cosas que fueron mal en nuestras vidas... Esta es mi oportunidad para corregir todo lo que fue mal. —Su voz encerraba muchas emociones que Danny no llegaba a descifrar—. Es una oportunidad para que tú y mi otro yo puedan arreglar lo que fue mal.

—¿Steven?

La mirada en sus ojos era la que tenía cuando descubría la respuesta a un enigma. Por absurdo que fuera, lo hizo sentirse mejor y peor. Estaba pensando en hacer algo estúpido, Danny simplemente lo sabía. Y su plan desquiciado terminaría por funcionar.

—No vas a ir solo a ninguna parte —murmuró.

—Pensaba en ir a ver a… Steve —le confesó, con sinceridad.

Danny no podía decir que estaba sorprendido.

—Con más razón te acompañaré.

La casa McGarrett le había parecido un sitio lleno de fantasmas desde la primera vez que puso un pie dentro de sus paredes por lo que se aparecía como un escenario perfecto para lo que estaba ocurriendo.

Steve frunció el ceño, meneando la cabeza. —No le va a gustar esto, que hayas sabido-

Lo que pasara en su relación con Danny sería una nimiedad en comparación con encontrarse con un mensaje del futuro, la verdad. Una admisión trágica, pero indudable.

que no le va a gustar —rebatió, sintiéndose todavía desgarrado por lo que estaba en su horizonte cercano—. No te voy a dejar solo ni a él tampoco, para el caso. Esto es demasiado importante. Es mi compañero. Eres mi compañero, también. Los dos son.

Steve suspiró.

—De verdad te estoy complicando la vida, Danny.

Se rio en eso. Jesús, mil veces . —¿No lo sabías? Steven McGarrett es mi tormento personal desde que volvió a Hawái el septiembre pasado —bromeó—. Sabía que... si había una posibilidad, sabía cómo sería.

—Lo lamento.

Hey. Está bien. Fue mi decisión. Tienes que dejarme cargar con la culpa de mis errores.

—Te perdonará, ¿sabes?

No estaba tan seguro.

Probablemente su Steve siempre lo asociaría con las cosas malas que le sucedieron en la vida —la muerte de su padre, decepciones y discusiones, visitas inesperadas, más abandono, más secretos— del mismo modo que el Steven del futuro lo asociaba con las cosas no reveladas y el dolor y la muerte.

Le sonrió a su acompañante del futuro.

—¿Quieres conducir?

Imaginaba que el fanático del control necesitaba algo que fuese fácil de manejar en los siguientes minutos porque enfrentarse a Steve, al Steve de su tiempo, no iba a ser nada fácil. La sonrisa que recibió fue más fresca y ligera de lo que había esperado, un bálsamo necesario para su corazón.

Al parecer, después de esa noche, Danny tendría que aceptar que Rachel había estado en lo cierto durante todo el tiempo que llevaban conociéndose.

Era un imán para los problemas.