Me da gusto que les guste mi fic, le agradezco a Romaniba por comentar y a quienes quizás lean pero no han dejado review (espero no estar hablando sola XD)

Dejo un nuevo capitulo del fic y espero que los disfruten.

Se cuidan, saludos!

:::///*Cindy Elric*\\\:::


Dos días para navidad

Después de un arduo día de trabajo ambos se sentaron agotados en los bancos, entre los clientes que llegaban y su entrenamiento culinario habían estado casi seis horas sin descansar, ya con el letrero de "cerrado" en la puerta y sus ropas manchadas con diferentes alimentos cada uno se bebía su refresco tratando de atenuar el cansancio.

-Por lo menos hoy avanzamos.

-Ya se hacer la masa…

-Y te queda muy bien déjame agregar.

-Gracias.

Ukyo se dirigió hacia la nevera para sacar otro refresco cuando notó algo que podría dificultar sus planes.

-Tendremos que ir de compras.

-¿Por qué?

-Varios de los ingredientes se acabaron, necesito reabastecerme.

-Bueno, después de cocinar tanto era algo inevitable…

-Entonces nos cambiaremos e iremos a la tienda, yo me daré un baño… si quieres después que termine te puedes dar un baño también, tienes el cabello con harina.

-Ah, verdad, no lo había notado… ok, gracias.

La chica se metió en la tina estilo japonés disfrutando el agua caliente, se quedó unos minutos divagando en recuerdos y fantasías, enumerando en su mente las cosas que debía comprar y repasando las futuras enseñanzas a su pupilo, lavó su cabello, se enjuagó el jabón del cuerpo para luego envolver su figura en una toalla, lo suficientemente grande para cubrir lo que debía, pero dejando al descubierto la mayor parte de sus piernas, tras acomodar una toalla más pequeña en su cabello llamó al joven que esperaba en la cocina.

-Ryoga, ya puedes entrar.

-Gracias…

El muchacho quedó casi boquiabierto ante aquella aparición, era hermosa, tan hermosa que se preguntó por qué no lo había notado antes, podía ver esas pequeñas gotas caer de la punta de sus cabellos libres recorrer su cuello, perderse en la toalla…

-Ryoga ¿me estás escuchando?

-¿Eh? Si, si… claro…

-Te digo que una vez termines te puedes cambiar en la habitación de huéspedes, es la tercera puerta a la derecha.

-Ah, muchas gracias…

-No hay de que, voy a cambiarme.

La chica se alejó refugiándose en su habitación, tratando de controlar la vergüenza que causaron los curiosos ojos del joven, la había observado de pie a cabeza y se sorprendió al pensar para ella si acaso le habrá gustado lo que vio, tan sólo recordarlo sintió la sangre subir a su cabeza, podía sentir el calor en sus mejillas y mirándose al espejo notó lo roja que estaba, que vergüenza… ¿Cómo pensaba esas cosas?

Ryoga dejó caer su ropa al suelo para luego sumergirse en la tina, el agua estaba caliente pero en su cabeza la sintió fría, era consiente de lo que había hecho y sabía muy bien que no había pasado desapercibido, la castaña lo había notado, tal vez se enfadó… ¿en qué estaba pensando? Después de todo lo que ella le había ayudado y él hacía algo como aquello… es verdad, sólo la había mirado, no había hecho nada más y no era que quería hacerlo ¡claro que no! Es sólo que esa simple acción podía tomarse para mal… después de salir de ahí debía excusarse y aclarar las cosas, no fuera que ella pensara algo que no era…

Terminó de bañarse rápidamente, quería arreglar las cosas lo antes posible… se puso los pantalones que había llevado consigo dejando su ropa sucia en un rincón, después la lavaría y con una toalla colgada alrededor de su cuello se dirigió hacia la habitación que le había indicado Ukyo, ahí había dejado el resto de su ropa y sus cosas.

El moreno abrió la puerta despreocupadamente, pero algo lo paralizó en cuanto entró, una imagen, un encuentro inesperado, algo que permitió el regreso de su sonrojo. Aquella no era la habitación de huéspedes, aunque fuera increíble se perdió en aquella pequeña casa sin siquiera darse cuenta y la puerta que abrió fue la de la castaña, quien para beneficio de ambos ya se había cambiado, sólo le faltaba ponerse sus calzas, estaba con su traje azul, pero lo que paralizó al chico fueron esas piernas nuevamente desnudas frente a él, nunca la había visto así, bueno, nunca se había tomado el tiempo de observarla… mientras que la joven detuvo sus movimientos ante la repentina aparición, vio la puerta abrirse y antes de poder decir algo se descubrió perdida en el cuerpo que acababa de entrar, miraba ese torso desnudo, caían pequeñas gotas de su cabello que demarcaban cada músculo bien formado de su pecho, de su abdomen, ella ya lo había visto antes… fueron varios los viajes que hicieron entre amigos en que se han visto hasta en traje de baño, pero algo había cambiado en ese momento, algo que la hacía mirarlo diferente, nunca se había detenido a pensar en la excelente condición en que ese joven se encontraba, en lo fuerte de sus brazos, en lo firme de su cuerpo, lo hermoso que se veía ese cabello negro estando suelto, nunca lo había visto sin su trenza…

Fue aproximadamente un minuto lo que demoraron en caer en la realidad, cada uno en divagaciones personales, extrañas y confusas… observando, contemplando el cuerpo que tenían enfrente y tratando de descifrar el sonrojo de ambos.

-¡D-disculpa!

Cerró la puerta de golpe, borrando tras ella la imagen de la joven y desapareciendo el mismo.

-¡No quise hacerlo! ¡Me equivoqué de habitación! ¡Lo siento!

-N-no te preocupes… ya me había cambiado…

Aceptó la disculpa sintiéndose avergonzada, más que por la acción del muchacho por su propio comportamiento.

-Iré a cambiarme… vuelvo enseguida…

Después de tres intentos fallidos logró dar con la habitación que buscaba, terminó de cambiarse y tras arreglar su cabello salió para encontrarse con la castaña en el restaurante. Ninguno de los dos pudo evitar el sonrojo al verse, pero suspirando al unísono lograron controlar sus emociones, dando las atribuciones de sus confusiones a la simple vergüenza, convenciéndose de que no era nada más.

Caminaron como lo habían hecho antes, conversando cosas triviales, sin importancia, sin dar lugar a la incomodidad o al silencio, ninguno de los dos quería quedarse callado para dar pie a los pensamientos extraños, no, tenían que ocupar su mente en algo.

Llegaron a la tienda y la castaña tomó un canastillo a lo que rápidamente el joven quitó ofreciéndose a llevarlo.

-Ve a buscar las zanahorias mientras yo veo la salsa de soya.

Lo mandó y él obedeció, cargando la mayoría de las compras en ya dos canastillos casi llenos, claro, ella se quedó con uno y él se llevó el otro, después de unas cuantas reclamaciones por parte del chico.

-La salsa que me gusta es…

-Ukyo, que sorpresa.

La aludida se volteó para encontrarse con la sonrisa de la chica de cabello azul, imitó casi instantáneamente el gesto mientras dejaba el canastillo en el suelo.

-Hola Akane, ¿Cómo estás?

-Bien, bien ¿y tú? ¿De compras?

-Pues bien gracias, si aquí estoy, me quedé sin ingredientes para el restaurante.

-Ya veo.

-¿Y tú?

-Compras navideñas.

-¿Y estás sola?

-No, vine con Ranma, él fue a buscar las verduras.

-Ya veo…

Sonrió tristemente, era algo obvio, él estaba acompañándola, debían estar juntos… sintió un nuevo dolor en el pecho, ya se había acostumbrado a esa presión, era la que sentía cada vez que los veía juntos o que Ranma decía su nombre mientras estaba con ella… si, aunque ella lo invitara a mil lugares y después de tanto insistir él aceptara una que otra invitación siempre estaba el recuerdo de la chica en su mente, Akane esto Akane lo otro lo escuchaba decir siempre, aunque fuera en quejas o en burlas, su nombre estaba grabado en sus labios y no podía hacer nada para removerlo…

-¿Estás sola?

-No, vine con Ryoga…

Aquella respuesta se le escapó sin planearlo, estaba tan sumergida en sus pensamientos que no reflexionó sus palabras sino después de pronunciarlas.

-¿Con Ryoga…?

-¡Akane, a que no adivinas a quien me encontré!

El joven de ojos azules se acercaba feliz hacia las chicas siendo seguido por un enfadado muchacho, se habían encontrado en las verduras, mientras él se preguntaba cual de todas las zanahorias eran las mejores un estúpido gritó tras él logrando asustarlo.

-Ukyo, también estás aquí…

-Si, vino con Ryoga de compras.

Ambos chicos se quedaron estáticos ante aquellas palabras, uno por la sorpresa de la noticia y el otro por haber sido descubierto.

-Así que están de compras…

Una pícara sonrisa se dibujó en el rostro de Ranma al mismo tiempo que el sonrojo golpeó a la pareja burlada.

-¡No es lo que piensas!

-Ryoga se ofreció a ayudarme con las compras como agradecimiento por haberle entregado la invitación a su fiesta.

Ryoga sonrió ante la agilidad mental de Ukyo, lo había salvado.

-Así que es eso… y dime Ryoga ¿podrás ir a la fiesta?

-¡Claro que si Akane! ¡No me la perdería por nada!

-Espero que sepas llegar, no te vayas a perder como siempre.

-RAN-MA…

Un aura maligna se dejó ver alrededor del joven mientras empuñaba su mano.

-Y Ukyo, ¿ya tienes un disfraz para la fiesta?

-¿Disfraz?

-¿Qué disfraz?

-¿Cómo que qué disfraz? Pues para ir a la fiesta, ¿es que acaso no leyeron que era una fiesta de disfraces?

-¡¿EH?

La exclamación se pudo escuchar en toda la tienda, haciendo que Akane y Ranma se taparan los oídos.

-¿No lo sabían?

-No… no leí esa parte…

-No te preocupes Ukyo, si quieres mañana te puedo ayudar a buscar un disfraz, después de todo también tengo que buscar el mío.

-Y yo puedo ir con P-chan, también tengo que buscar el mío y al parecer él tampoco tiene.

-¿Qué tiene que ver P-chan con todo esto?

-¡Nada Akane! Ranma sólo está bromeando –exclamó al mismo tiempo que golpeaba la cabeza del muchacho.

-Esta bien… -ignoró el quejido de su prometido y miró a Ukyo- ¿Qué dices?

-Me parece buena idea, gracias Akane.

-Hecho, entonces nosotros seguiremos con las compras, Kasumi tiene que estar esperándonos.

-Ok, nos vemos mañana P-chan, ¡No te vayas a perder!

-¡Que no digas tonterías!

-Ya… ya… no te enfades… ¡Adiós pareja!

Ryoga iba a propinarle un nuevo golpe pero vio que la prometida del muchacho le había dado un suave golpe con su codo, ahogando una carcajada en una sonrisa mientras que él le respondía con otra, sin alegar el golpe, mas bien parecía entretenido por este… aquella imagen se quedó grabada en lo que quedó de tarde, mientras terminaban las compras, el moreno no tuvo mas cabeza para rememorar una y otra vez ese gesto de cariño entre la pareja, maldiciéndolo por lo bajo, llorándolo en silencio, nunca, nunca podría tener aquello, ella no podría golpearlo con esa suavidad, sonreírle tan dulcemente, sonrojarse hermosamente con él, por él… no supo ni cuando llegaron hasta la casa de Ukyo, se disculpó por sus acciones y actitudes, se despidió y prometió volver al día siguiente, más temprano para volver a entrenar, para lograr preparar aquel regalo que esperaba conquistar el corazón de la joven, quizás podría ser posible remover del corazón de Akane a ese infeliz, quizás si ella veía de lo que era capaz sólo para hacerla feliz ella podría ver en él lo que parece querer en el otro…

-Quedan dos días, en dos días pueden pasar muchas cosas.

La castaña le sonrió cómplice, entendiendo el extenso mutismo del joven y compartiendo con él aquel dolor, aquel deseo, creyendo en sus propias palabras, en dos días podría ocurrir un milagro.

Continuará…