Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Dream High
Ceremonia de Apertura
Ya era de noche y una castaña con semblante de cansancio y fastidio total caminaba hacia el único lugar que tenía para dormir, la casa del enemigo de su padre y ahora también SU enemigo personal, Joe Kido. Al fin había llegado y dudó unos segundos antes de tocar el timbre. ¿Qué excusa le iba a inventar? Se suponía que traería con ella a Yamato Ishida para ir mañana mismo a inscribirse.
Dio un largo suspiro y sin pensarlo mucho llamó a la puerta. Se le hizo extraño que el profesor Kido se tardara en atender, pareciera que estaba ocupado hablando con alguien, puesto a que escuchaba voces.
– ¡Mimi! – exclamó el peliazul abriendo la puerta. – Pasa… llegaste más tarde de lo que pensé.
– Sí, es culpa de los inútiles del servicio de transporte, el autobús se retrasó por horas. – dijo la chica entrando a la casa.
Joe la miró por unos segundos y luego asomó su cabeza fuera de la casa, como si estuviera buscando a otra persona.
– No vino conmigo. – exclamó Mimi, sabiendo que buscaba a Ishida.
– ¿A qué te refieres? – preguntó alarmado. – ¿No me digas que... no aceptó venir?
– No es eso, él vendrá. – mintió. – Pero lo hará durante el transcurso de la semana, ya que tiene algunos asuntos pendientes.
– Oh, está bien, con que llegue antes de la ceremonia de apertura. – dijo Joe.
– Sí… – respondió Mimi dejando su abrigo en el perchero, dándole la espalda al peliazul.
– ¡Muchas gracias por convencerlo! – exclamó el mayor. – El director dijo que no sería nada fácil.
– No fue problema para mí. – replicó la castaña con su típico tono de voz altanero. – Pero bueno, estoy muy cansada, creo que iré a dormir.
– ¡Espera! Quiero que conozcas al otro alumno especial, está en la sala.
La chica frunció el ceño.
– Uhm… mejor dejémoslo para mañana, realmente estoy exhausta.
– Pero las escaleras están justo al lado de la sala, se verá muy descortés si pasas y simplemente lo ignoras.
– Bien… – musitó Mimi, resignada.
Caminó a paso rápido hacia donde se encontraba aquel chico, sólo lo saludaría y se iría a dormir, no tenía humor de ver a nadie. Llegó a la sala con cara de pocos amigos y cuando vio de quien se trataba, sus ojos se abrieron de par en par. ¿De nuevo encontrándose?
– ¡Tú! – gritó Mimi.
– ¿Tú? – exclamó el chico, tampoco esperaba encontrarse con ella.
– Oh, ¿se conocen? – preguntó el mayor, quien venía siguiendo a Mimi.
– ¡Claro que no! – bufó la castaña. – Sólo nos hemos topado un par de veces, ni siquiera sé cómo se llama.
– Y sin embargo… – habló el moreno. – Yo sí sé tu nombre, Mimi Tachikawa.
La chica abrió la boca para decir algo, pero el profesor se le adelantó.
– Él es Taichi Yagami. – explicó Joe. – Y será un alumno especial junto a ti e Ishida.
– Yo no he dicho que lo voy a ser. – aclaró Tai.
– P-pero… ya habías dicho que lo ibas a considerar. – dijo el peliazul en un hilo de voz. ¡Necesitaba a esos tres chicos!
– Yo sólo… voy a pensarlo.
– ¡Los hombres son imposibles! – exclamó Mimi. – ¿Tan difícil les es tomar una decisión?
– Oye, tú no puedes opinar, no sabes absolutamente nada sobre mí. – respondió Tai.
– ¡Y no me interesa! – dijo molesta. – Ya me voy a dormir, buenas noches.
La castaña simplemente dio media vuelta y subió rápidamente las escaleras. Lo único que Joe y Taichi escucharon después fue el portazo que dio.
– Perdónala, Taichi… ella es algo…
– Especial… – completó el castaño.
– No sé si yo usaría esa palabra para describirla… – susurró Joe no muy convencido.
Taichi no había retirado la mirada de las escaleras por donde subió la castaña. Algo había en esa chica que lo tenía intrigado, incluso desde el día que la conoció le pareció una persona muy diferente a cualquiera que hubiera conocido. Siguió metido en sus pensamientos por unos minutos más y el silencio reinó en la sala hasta que el castaño se dispuso a hablar.
– Profesor Kido… ¿Usted cree que si voy a esa academia pueda llegar a… ser famoso?
– ¿Famoso? – preguntó confundido. – Pues eso depende del talento de cada uno y…
– No sé si realmente me interese cantar… – lo interrumpió.
– ¿Entonces cuál es tu sueño, chico?
– Yo sólo… – hizo una pausa. – Quiero llegar a ser grande… quiero que él se sienta orgulloso de mí.
– ¿Él? – preguntó confundido.
– Ah, ¿dije eso en voz alta? – exclamó el castaño. – Olvídelo…
Taichi se levantó del sillón y comenzó a caminar hacia la salida de la casa, seguido inmediatamente por el peliazul, quien no entendía el sentido que había tomado la plática.
– ¿Ya te vas? – preguntó observando como el moreno abría la puerta.
– Sí… – dijo dando media vuelta. – Nos vemos mañana en la academia.
Dicho esto Taichi comenzó a alejarse rápidamente hasta que desapareció de la vista de Joe Kido, quien aun estaba en el marco de la puerta, pensativo. ¿Entonces lo había logrado? ¿El chico se presentaría mañana? No lo podía creer, estaba salvado… los tres alumnos especiales estarían en la academia para la ceremonia de apertura.
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– ¡Director, eso es inaceptable!
Era muy temprano en la mañana y un hombre viejo y barbudo se encontraba en la oficina de Wada Kouji. Se trataba del subdirector de la Academia YG, el señor Yano, y parecía muy enfadado e inconforme.
– Sin embargo, ya está decidido. – respondió el director, con calma.
– ¡Pero esos alumnos no son adecuados para YG! – exclamó el viejo. – ¡Nos van a hundir, nos darán mala reputación!
– No puede asegurar eso, ni siquiera les ha dado una oportunidad.
– Es que es lo más absurdo que he escuchado, la academia nunca ha tenido "alumnos especiales." – dijo remarcando eso último.
– Es de sabios probar cosas nuevas.
– No, señor, insisto en que es una mala idea. – dijo el subdirector. – ¡Por algo no fueron aceptados en las audiciones!
– Yo pienso que pueden llegar a ser grandes.
Wada Kouji nunca perdía la calma y eso le crispaba los nervios a Yano aún más.
– No creo que merezcan estar aquí… de alguna manera le voy a probar que está equivocado respecto a esos tres chicos.
– No se preocupe, señor Yano. Ya verá que el profesor Kido hará un buen trabajo con ellos. – dijo sonriente.
– Créame que ese profesor sólo los va a estropear más de lo que ya están. – dijo el mayor. – Pero bueno, me retiro. Debo ir a arreglar algunos asuntos.
– Adelante. – exclamó el director.
– Con su permiso.
Las actividades en la Academia YG para los alumnos de primer ingreso ya habían comenzado, los dormitorios ya habían sido asignados al igual que los casilleros y ahora los estudiantes se encontraban haciendo fila para recibir sus uniformes. Los de las chicas consistían en una blusa blanca de cuello con un lindo moño rojo atado en este. Sobre la blusa iba un elegante saco negro con seis botones en paralelo y además llevaba una pequeña falda gris de tablones. El uniforme de los chicos era muy parecido, camisa blanca con una corbata roja, saco negro con los mismos botones en paralelo y pantalones grises.
– Chicos, su compañero Daisuke Motomiya me hará el favor de ir nombrándolos para que vayan pasando por su uniforme. – explicó una profesora. – Yo iré a la sala de maestros, vuelvo en unos minutos.
Cuando la mayor salió del lugar, Daisuke rápidamente se acercó a donde estaban colgados todos los uniformes y comenzó a llamar a sus compañeros para que tomaran el suyo. Llevaba ya unos cuantos minutos con la labor y faltaba poco para que terminara, la fila de estudiantes cada vez era más corta.
– Sora Takenouchi. – llamó el chico.
– Gracias. – dijo la pelirroja tomando su uniforme con una sonrisa.
– Veamos, el que sigue… – continuó Daisuke. – ¡WOA, que miedo! ¿De quién es esta cosa? – exclamó en tono burlesco.
Todos los presentes voltearon hacia donde estaba el chico y vieron que estaba sosteniendo un uniforme muy, muy grande. Pequeñas risas se escaparon de sus bocas sin notar que una apenada castaña que estaba al final de la fila se cubría el rostro con ambas manos.
– ¿Esto es una manta o una falda? – siguió bromeando Daisuke. – ¡Jajaja, es talla extra grande! ¡Seguramente se equivocaron, no puede haber alguien tan inmenso!
Hikari Yagami ahora estaba más roja que un tomate, tenía la cabeza gacha y no quería siquiera voltear. Toda la gente a su alrededor se seguía burlando a excepción de un chico rubio que se encontraba a su lado y pudo notar lo mal que se sentía.
– ¡Oh, esperen, parece que sí pertenece a alguien! – gritó el moreno. – Aquí viene su nombre.
En ese momento Hikari supo que debía huir antes de que fuera demasiado tarde y salió corriendo de la fila para irse del lugar. Recogería su uniforme después, lo mejor por el momento era evitarse humillaciones.
– Su nombre es…
– Eso es mío. – exclamó el rubio interrumpiendo a Daisuke.
La castaña ya había salido del salón, pero al escuchar eso se detuvo en seco, asomándose por la puerta.
– Es una falda, los hombres usan pantalón. – respondió el chico de ojos marrón.
– ¿En serio? Si no me dices, nunca me habría enterado. – dijo el rubio con sarcasmo.
– Eres Takeru Takaishi, ¿verdad? – continuó Daisuke. – Tu nombre no es el que viene escrito en este uniforme, este pertenece a…
– I'm saying that it's mine, don't you understand? – interrumpió el ojiazul.
– ¿W-what? – preguntó confundido.
– Do you have any problem with it? – dijo Takeru arrebatándole el uniforme.
– Please… speak… slow… – balbuceo Daisuke.
Takeru solo giró los ojos y comenzó a caminar en dirección a la puerta con el uniforme en mano. Cuando salió vio que la castaña se encontraba sentada contra los casilleros aún cubriéndose el rostro con las manos. El rubio simplemente pasó por donde estaba y le dejó el uniforme colgado en el casillero de al lado, continuando con su camino.
Hikari levantó el rostro ante esto y vio como el chico ya se había alejado bastante. Una inevitable sonrisa se posó en sus labios.
– Gracias…
::
Después de que todos los uniformes fueron entregados a sus respectivos dueños era hora de ir al salón de baile para el primer encuentro que tendrían con la profesora Rae Fujioka, quien era la encargada de las coreografías para las presentaciones de los alumnos. Llevaban cinco minutos de retraso pues las bromas de Daisuke habían atrasado todo el proceso. Clara fue la sorpresa en sus rostros cuando vieron que la mayor ya los esperaba en la entrada del salón con los brazos cruzados.
– Llegan tarde, alumnos. – exclamó la delgada mujer al verlos entrar. – Deben saber que esa conducta no se tolerará cuando comiencen las clases oficiales.
– Lo sentimos, profesora. – respondió Ken juntando sus dos manos en señal de disculpas. – No volverá a pasar.
– Bien, tomen asiento en el suelo, tengo varios anuncios que hacerles.
Todos los chicos entraron al salón rápidamente con algo de vergüenza por haber llegado tarde a su primer encuentro con quien sería su profesora por el resto del semestre; habían oído rumores de que era una de las maestras más estrictas de toda la academia.
– Soy la profesora Rae Fujioka, deben saber que soy la encargada del área de baile en la academia, además de que voy a ser la titular de los de primer ingreso este semestre, así que todos sus problemas e inquietudes los deberán discutir conmigo.
Los alumnos la miraban en silencio, muy atentos a lo que la mayor decía.
– Esta semana previa al inicio de clases vamos a ensayar para la ceremonia de apertura, algunos alumnos de cada generación hacen un número musical, y los de primer ingreso suelen abrir el evento. ¿No les emociona?
– Wow… entonces podremos subir al escenario antes de lo que esperaba. – le susurró Miyako a Sora.
La pelirroja sólo la miró con una sonrisa y asintió.
– Ahora me voy al punto importante. El número que van a hacer será grupal, pero cuenta con un solo femenino y uno masculino, ambos de baile. – continuó la profesora con una sonrisa algo arrogante. – El masculino ya está decidido y no habrá cambios, pues fue el alumno que obtuvo el puntaje más alto en las audiciones en toda la historia de la academia.
Todos los estudiantes comenzaron a murmurar entre ellos. ¿Quién podría ser esa persona?
– Takeru Takaishi. – habló la profesora, mirando al rubio. – Tú abrirás la ceremonia de apertura junto a una afortunada joven.
– Oh, that's good to hear. – exclamó el chico con simpleza.
– Ahora, las chicas que quieran sobresalir de entre las demás, levanten la mano. – continuó la maestra.
Todas las presentes se miraron la una a la otra antes de levantar su mano. La primera en hacerlo fue una hermosa rubia de largo cabello, después de eso varias más se animaron y lo hicieron también. Incluso una apenada Hikari Yagami había levantado la mano, ocultando gran parte de su rostro con su bufanda.
Sora estaba un poco dudosa, pero realmente quería sobresalir en esa academia, debía dar lo mejor de sí misma y no se iba a quedar con los brazos cruzados, así que también levantó la mano.
– Bien, tú, la chica de cabello morado. ¿Cuál es tu nombre y porque piensas que mereces ese solo? – preguntó la profesora.
– Soy Mikayo Inoue, y me gustaría hacer el solo porque… uhm, no sé, probablemente sería divertido.
Una disimulada mueca se formó en el rostro de la mayor, esa no era la respuesta que buscaba.
– A ver, tú, la rubia. Misma pregunta. – exclamó la mujer.
– Mi nombre es Catalina Fiore. Y me gustaría hacer ese solo en honor a mi madre, que falleció hace algunos años. – dijo con un semblante melancólico.
– ¿Tu madre? – preguntó la mayor, mirándola dudosa.
– A ella le gustaba mucho verme bailar cuando era una niña y siempre quiso verme sobre un escenario… – explicó al borde de las lágrimas. – Estoy segura de que si tengo ese solo ella se sentirá muy orgullosa de mí desde el cielo…
– Hmm… – exclamó la profesora. – A ver, tú, la pelirroja. ¿Por qué quieres el solo?
– Eh... yo soy Sora Takenouchi y… – la chica bajó la mano con tristeza. – Creo que Catalina tiene mejores razones, ella debería obtener el solo…
La profesora la miró con disgusto.
– Yo… también pienso lo mismo. – exclamó Hikari algo desilusionada, pues le hubiera gustado compartir el escenario con ese chico rubio.
– Sí, Catalina debería hacerlo. – continuó otra alumna del salón.
– ¡Sí! Por su mamá… – dijo Miyako.
– Bien, si no hay otra interesada para mañana, será de Catalina. – dijo la profesora. – Los veo a la misma hora, pueden retirarse.
Salieron del salón con rapidez y el resto de la mañana fluyó de buena manera. Todos los alumnos ahora se encontraban en la cafetería de la escuela, algunos estaban comiendo y otros simplemente platicaban y comenzaban a conocerse, tal era el caso de los jóvenes de primer ingreso.
– ¿Entonces eres de Francia, Catalina? – preguntó Miyako a la hermosa rubia con perfecto cabello lleno de bucles.
– Así es. – respondió la francesa. – ¿Y ustedes siempre han vivido aquí, chicas?
– Sí, nunca he salido del país. – dijo la pelimorada.
– Yo al igual que Miyako, siempre he vivido aquí. – respondió la pelirroja con amabilidad.
– Oh… pues se pierden de mucho. – dijo la rubia, mirando con detenimiento a Sora. – Yo recuerdo bien tu audición. ¿No eres tú quien cantó junto a una chica con total falta de modales?
– Eh… ella no… – comenzó a hablar la pelirroja.
– ¿Pero que no tenías el cabello más largo? – la interrumpió Miyako. – Casi te llegaba a la cintura y ahora lo traes arriba de los hombros.
– Sí… me lo corté justo hoy, antes de venir aquí.
– Pues se te ve mucho mejor.
– De hecho. – dijo la rubia desviando la mirada. – Hey… pero miren que tenemos aquí…
Catalina, quién ahora miraba hacia la entrada de la cafetería observaba divertida a una chica con cabellos color chocolate que acababa de entrar.
– ¿No eres tú la que hizo el ridículo en las audiciones? – exclamó la francesa en voz alta, llamando la atención de todos en el lugar.
– ¡Mimi! – exclamó Sora sorprendida de ver a la chica. – ¿Qué haces aquí?
– Oh, ¿no lo saben? – dijo Mimi acercándose. – El director personalmente me eligió para ser una estudiante especial.
– ¿Estudiante especial? – intervino Miyako alzando una ceja. – Nunca he oído hablar de eso. ¿Tú sabes algo, Ken?
– También es la primera vez que lo escucho. – respondió el chico.
– Seguro lo estás inventando. – dijo Daisuke acercándose a Mimi. – Yo vi como reprobaste la audición.
– Yo no reprobé la audición, simplemente no hubo necesidad de una. – respondió la castaña con altanería.
– Mimi… – habló Sora. – Necesito hablar contigo, afuera.
La pelirroja tomó la mano de Mimi y ésta la retiró rápidamente con brusquedad.
– ¿Por qué tiene que ser afuera? – preguntó la castaña. – Lo que tengas que decir, que sea en frente de todos.
– No creo que…
– ¿Qué? ¿Tan malo es que nadie lo puede saber? – interrumpió Mimi.
Sora dudó un poco antes de responder.
– Yo… me acabo de enterar de lo de tu familia, que tu papá quedó en la ruina.
Mimi abrió los ojos de par en par y sólo la miró con desdén.
– ¿Es por eso que renunciaste a Juilliard? – preguntó la pelirroja. – En verdad lo siento… – dijo con sinceridad.
– Tú…
Mimi trató de articular palabras, pero nada le salía. Miró a su alrededor y notó como todos la observaban con pena en sus ojos, cosa que ella no pensaba tolerar. Así que sin más, dio media vuelta y salió del lugar.
– ¡Mimi! – gritó Sora. – ¡Espera!
La pelirroja inmediatamente corrió detrás de la chica y una vez fuera de la cafetería la tomó del brazo para detenerla.
– Yo sólo quiero que sepas que…
– ¿Por qué no simplemente tomas un micrófono y lo gritas a los cuatro vientos? – exclamó Mimi interrumpiéndola.
– Yo…
– ¿Crees que es muy gracioso que mi padre lo haya perdido todo y ahora yo tenga que venir a esta horrible academia? – continúo alzando más la voz.
Sora no supo que contestar y se lanzó a abrazar a Mimi con fuerza. En verdad le dolía por lo que la castaña estaba pasando, ella sabía que su sueño más grande era ir a Juilliard y cantar un tipo de música muy distinto al de YG.
– Lo siento, en verdad lo siento Mimi… ya verás que las cosas se van a solucionar. – dijo Sora.
– ¡Aléjate de mí! – gritó la chica tratando de empujar a la pelirroja, pero ésta no la soltaba.
– No sé cómo fue que sucedió, pero si yo lo hubiera sabido antes…
– ¡Suéltame! – dijo zafándose del abrazo de Sora.
– Pero Mimi…
– A ver… ¿Qué habrías hecho si lo hubieras sabido antes? – exclamó la castaña. – ¿Habrías pagado la deuda o algo así?
– Yo… te habría brindado mi apoyo… si tan sólo lo hubiera sabido… – susurró Sora tratando de contener sus lágrimas. – Debí haberme dado cuenta cuando me dijiste que ya no irías a Juilliard…
– Ya cállate… – espetó Mimi dándose la vuelta para ocultar el rastro de sus propias lágrimas. – ¿Quién te crees que eres? ¿Piensas que sólo porque pasaste la audición ahora puedes dedicarme tus palabras de lástima?
– Yo no…
– Pero las cosas no son así, tienes que recordar a donde perteneces. – dijo Mimi dándole la cara de nuevo. – Eres mini Tachikawa, sólo eso.
Sora no pudo responder a eso y simplemente bajó la cabeza, estaba segura de que comenzaría a llorar.
– Ni creas que porque te cortaste el cabello las cosas van a cambiar, yo sigo siendo mejor que tú. – dijo Mimi. – Cambiar tu apariencia no te da una identidad propia.
– Mimi…
– Tú me preguntaste que se sentía pertenecer a la tercera clase, ¿verdad? – continuó la castaña. – Yo no tengo la menor idea… pero pensé que tú podrías saberlo. ¿Qué se siente, Sora?
La pelirroja de nuevo se quedó sin habla.
– Te veo en la ceremonia de apertura.
Dicho esto, Mimi dio media vuelta y decidió regresar por donde vino. Caminó hacia la cafetería con la cabeza en alto y todos los estudiantes que estaban ahí parecían haber escuchado lo que había sucedido, ya que la observaban sin discreción alguna.
La castaña los miró con fastidio y siguió caminando sin esperarse que una engreída francesa le metiera el pie, haciéndola caer directo al suelo.
– Lo siento, querida. No me fijé. – exclamó Catalina.
Mimi se levantó inmediatamente y los miró con ojos retadores. No iba a permitir que nadie se metiera con ella.
– Yo que tú no intentaría nada, te ganamos en número. – dijo la francesa.
– Son unos imbéciles. – espetó Mimi girando los ojos y dándose la media vuelta para continuar con su camino.
Tan pronto la chica se fue, todos corrieron hacia donde estaba Sora, rodeándola por completo.
– ¿Estás bien? – preguntó Miyako. – No vale la pena que llores por personas así…
– Es que…
– Ánimo. – dijo Daisuke. – Vamos a comer algo, yo invito.
– Muchas gracias pero… tengo algo importante que hacer. – respondió la pelirroja alejándose del lugar.
::
– ¿Dices que quieres el solo para la ceremonia de apertura?
Una interesada profesora Fujioka observaba a Sora, quien estaba parada frente a ella con una mirada diferente a la que le había visto esta misma mañana.
– Sí. – respondió la chica con decisión.
– ¿Y porque ese cambio tan repentino?... pensé que querías que la francesa lo hiciera.
– No. Yo quiero hacerlo. – dijo Sora. – Yo tengo que hacerlo.
Rae Fujioka simplemente sonrió divertida y se cruzó de brazos.
– Bien. Las dos tendrán un pequeño enfrentamiento de baile mañana y ahí voy a decidir. – explicó la profesora. – Avísale a Catalina que después de las prácticas de mañana se decidirá quien hará el solo.
– Espere… ¿quiere que… yo le avise? – preguntó la pelirroja.
– ¿Qué? ¿No puedes hacerlo? – exclamó, arqueando una ceja.
– No es eso… es que me siento muy mal de querer quitarle el solo a Catalina, sus razones son más significativas que las mías…
– Pues si no le quieres avisar, simplemente le doy el solo a ella y ya. – dijo con simpleza.
– ¡N-no! Lo haré… iré ahora mismo. – exclamó la pelirroja haciendo una pequeña reverencia en señal de despedida.
– Espera. – habló la profesora. – Veo que no te sientes cómoda con esto, así que te lo voy a decir…
– ¿Qué cosa? – preguntó confundida.
– La madre de Catalina no está muerta. – soltó la mayor.
Sora abrió los ojos de par en par ante tal declaración.
– Simplemente está fuera del país por razones de trabajo desde hace más de dos años. – continuó la profesora.
– Y si usted lo sabía… ¿por qué no dijo nada? – preguntó Sora.
– La verdad es que Catalina me parece una buena candidata para el solo. – explicó la mujer. – Mintió frente a todos con tal de conseguir lo que quería, eso es de admirarse.
¿De admirarse? Sora no podía concebir como el mentir podía considerarse admirable. Nunca se imaginó que alguien se atrevería a inventar algo así por alcanzar sus objetivos. Eso era muy bajo, era como hacer trampa. No lo podía creer.
– No lo entiendo… – exclamó la pelirroja.
– Takenouchi. Te voy a dar un consejo. – dijo la profesora acercándose a la chica.
::
Ahora Sora caminaba por el pasillo de los casilleros algo confundida y abrumada. Se detuvo en el suyo por unos segundos y sacó sus tennis de baile para comenzar a practicar. Continuó con su camino hasta que un casillero en particular le llamó la atención.
– Es el de Catalina… – susurró recordando que vio a la rubia sacar sus cosas de ahí en la mañana.
Miró a sus alrededores con cautela asegurándose de que no hubiera nadie en el pasillo y abrió la puerta del casillero. Ahí se encontraban los tennis de baile de la francesa...
Era su oportunidad.
Alzó la mano para tomarlos, pero luego negó con la cabeza, cerrando inmediatamente la puerta.
– No, Sora, ¿qué estás haciendo? – se regañó mentalmente.
Comenzó a alejarse del lugar algo asustada por la idea que había atravesado su cabeza, cuando las palabras de Mimi le vinieron a la mente.
"Yo sigo siendo mejor que tú."
"Te veo en la ceremonia de apertura."
Se detuvo a mitad de camino y cerró los ojos con fuerza.
– Yo… debo hacerlo. – exclamó la pelirroja.
Rápidamente volvió al casillero de Catalina y abrió la puerta para tomar los tennis de la chica y salir corriendo del pasillo.
::
Estaba ya atardeciendo y Mimi Tachikawa caminaba hacia la parada de autobús para volver a casa de Joe Kido, quien le ofreció hospedaje mientras comenzaban las clases ya que aún no se podían utilizar los dormitorios de la academia. Tenía un semblante de fastidio y molestia total. Ese había sido un día horrible, aunque la verdad no le sorprendía, todos esos últimos días habían sido de lo peor. Después de un rato al fin llegó a la parada y se detuvo a esperar al camión.
Dos chicas de la academia se encontraban también ahí y comenzaron a mirarla con desdén y a susurrar a sus espaldas.
– Mira, es esa niña arrogante de la cafetería. – le dijo una a la otra.
– Sí, pobrecita, pero creo que Catalina le dio su lección.
– Y la ilusa se cree la gran cosa, seguro no tiene ningún amigo. Siempre que la veo está sola.
Mimi estaba escuchando todo lo que decían de ella y simplemente giró los ojos. Estaba harta de la gente de ese lugar, todos eran unos idiotas. Dio un largo suspiro, esperaba que el autobús no tardara mucho tiempo más.
– Hey, niña arrogante. – llamó la voz de un hombre.
Tanto Mimi como las dos jóvenes voltearon por inercia hacia donde había venido la voz, y ahí, en la banca de la parada, se encontraba sentado un chico con audífonos; éste tenía un peculiar cabello castaño alborotado.
– Tú… – exclamó Mimi reconociéndolo, era Taichi Yagami.
De nuevo encontrándose.
– Ven y siéntate conmigo. – dijo el moreno.
La chica lo miró dudosa y no le respondió. Tampoco se movió de su sitio.
– Anda, ven. – repitió Taichi.
Mimi lo pensó unos segundos más y caminó hacia la banca, sentándose un poco alejada de él. Las dos chicas que miraban la escena se alejaron del lugar y comenzaron a murmurar entre ellas.
– ¿Tuviste un mal día? – preguntó Taichi.
– No es de tu incumbencia… – respondió Mimi.
– ¿Esas chicas son de la academia?
– Para mi desgracia. – dijo desviando la mirada.
El chico dio un largo suspiro y se quitó uno de sus audífonos para ofrecérselo a Mimi.
– ¿Quieres escuchar?
Mimi volteó a verlo.
– No, gracias. – respondió, de nuevo desviando la mirada.
Taichi giró los ojos y se deslizó en la banca para quedar justo al lado de ella y colocarle él personalmente el audífono en su oreja. Después de unos segundos, Mimi volvió a mirarlo y se retiró el audífono.
– Creo que está descompuesto, no escucho nada. – dijo la chica.
El castaño sonrió y metió su mano al bolsillo de su abrigo para de ahí sacar el cable que unía a los dos audífonos; y para sorpresa de Mimi, estos no estaban conectados a ningún aparato.
– Útil, ¿no? – dijo Taichi.
– No creo entender tu punto. – respondió Mimi.
– ¿Qué dijiste? No pude oírte, estaba escuchando música. – dijo el castaño.
La chica lo miró extrañada.
– Es muy útil cuando quieres fingir que no estás escuchando… – explicó Taichi. – Y con esto también podemos pretender que somos amigos cuando en realidad no lo somos.
Mimi parpadeó y lo miró a los ojos por primera vez, sin duda ese chico era peculiar. Y no supo cómo o porqué sucedió, pero ahora se encontraba sonriendo. Volvió a desviar la mirada y se puso de nuevo el audífono en su oído. Taichi la miró y sonrió con sinceridad al ver que había logrado sacarle una sonrisa a la chica. Desde que la conoció nunca la había visto hacerlo y de pronto no le pareció mala idea tratar de hacerla sonreír más seguido.
Era mucho más hermosa cuando lo hacía.
Mimi lo miró de reojo y su sonrisa se hizo aún más amplia. Era extraño. ¿Por qué de pronto su horrible día se había vuelto mejor? Cerró los ojos y levantó su rostro para sentir la brisa invernal jugar con su cabello, por primera vez en varios días parecía haber encontrado un poco de tranquilidad.
Siguieron esperando al autobús un rato, ambos mirando hacia el horizonte aún con los audífonos puestos.
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Ya era un nuevo día en la ciudad de Tokyo y en la Academia YG los preparativos para la ceremonia de apertura parecían ser lo más importante en esos momentos. Era media mañana y dos jóvenes de encontraban en el salón de baile siendo observadas por su profesora.
– ¿Listas?
– Sí. – dijeron ambas al mismo tiempo.
La profesora Fujioka presionó el botón de reproducción con el control remoto y una rítmica melodía comenzó a salir del estéreo que tenían en medio del gran salón.
Sora Takenouchi y Catalina Fiore ahora se encontraban compitiendo para ver quien obtendría el solo femenino en la ceremonia. La rubia se movía con una gracia y delicadeza inimaginables, parecía sacada de una obra de ballet. Mientras que los movimientos de Sora eran más fluidos y con mucha fuerza. Ambas se estaban esforzando y dando lo mejor de sí mismas, pero cuando Catalina se paró en un solo pie para dar una vuelta, inmediatamente cayó al suelo gritando de dolor.
– ¡AH!
Sora se detuvo al ver a su compañera caer y se acercó a ella con rapidez.
– ¿Estás bien? – preguntó la pelirroja.
– ¿Qué sucedió? – exclamó la maestra acercándose también.
– Creo que hay algo en mi zapato…
La francesa se retiró el tennis del pie que se había lastimado y abrió los ojos con horror al ver su calcetín manchado de sangre. La profesora Fujioka se cubrió la boca de la impresión y rápidamente tomó el zapato de la chica y lo sacudió para sacar lo que había dentro.
Clara fue su sorpresa al ver caer de este un puntiagudo clavo bañado en sangre.
– ¿Qué... rayos? – exclamó la profesora.
– ¡Qué horror! – dijo Sora con auténtica preocupación reflejada en su rostro. – Catalina, vamos a la enfermería rápido.
La pelirroja ayudó a la chica a ponerse de pie y ésta pasó su brazo por los hombros de Sora para apoyarse al caminar. Comenzaron a salir del salón con lentitud y la profesora tomó el clavo del piso aún sorprendida.
Sora se dirigía a la salida del salón mientras veía de reojo a la maestra, pero rápidamente tuvo que retirar la mirada cuando los ojos de la mayor se posaron en ella, observándola intrigada.
– Creo que… ya tenemos a la persona que hará el solo femenino. – susurró la profesora Fujioka devolviendo su mirada al clavo que tenía en la mano.
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El resto de la semana pasó rápido y al fin el día de la ceremonia de apertura había llegado. Toda la academia era un caos, los profesores corrían de un lado a otro y los encargados de la limpieza ayudaban a arreglar el auditorio. Había docenas de reporteros esperando ansiosos en la entrada de la escuela y todos los alumnos que participarían en el concierto se encontraban en los camerinos preparándose.
– Hoy es la ceremonia de apertura de la Academia YG, todos estamos muy emocionados por ver a los maravillosos estudiantes mostrar lo que han aprendido durante su estancia en este prestigioso instituto de artes. – decía una reportera mientras estaba siendo grabada por su camarógrafo.
– Una de las cosas que siempre nos tienen más intrigados es conocer a los nuevos talentos que la Academia YG ha reclutado, ¿qué sorpresas nos esperan hoy? – hablaba otro reportero al lado de ésta.
Muchísimos canales de televisión estaban fuera del lugar esperando a que la ceremonia diera comienzo. Los alumnos que no participarían en el concierto ya se encontraban dentro del auditorio buscando lugar para sentarse.
Una despreocupada Mimi venía llegando al lugar estrenando su nuevo uniforme que le acababan de dar esa misma semana. Todos los alumnos en la ceremonia estaban obligados a usar el uniforme escolar a menos que fueran a participar en el evento.
– ¡Niña arrogante! – la voz de un joven llamó a la castaña, quien sin siquiera voltear a ver supo de quién se trataba.
– Hola Taichi. – le respondió.
– Veo que a ti también ya te dieron el uniforme, te queda bien.
– Gracias. – dijo mientras asomaba su mirada por los asientos buscando alguno libre.
– ¡Ah! Ahí están. – exclamó Joe acercándose a ambos. – Que bueno que llegan, el director los quiere ver después del evento.
– Bien pero, ¿no se supone que somos tres alumnos especiales? – preguntó el moreno.
– ¡Eso es lo que me tiene preocupado! – dijo el peliazul. – Mimi, ¿estás segura de que Ishida vendrá? Si no llega yo estaré despedido y tú...
– ¡Él vendrá! – exclamó Mimi interrumpiéndolo. – Ya no piense en esas cosas.
– ¡Es que ya es muy tarde! – respondió el profesor.
– ¡Oh, veo que ahí están! – la voz de un hombre se unió a la conversación.
Genial, pensó Mimi, otra persona a la que no quería ver.
– Señor Arukawa. – dijo Joe. – No sabía que iba a venir…
Taichi simplemente miró al hombre con curiosidad. ¿Qué no era él de quién había salvado a Mimi en dos ocasiones?
– Claro que iba a venir. Tengo que presenciar el comienzo de Tachikawa hacia el estrellato.
La castaña desvió la mirada y giró los ojos. Ese hombre era insoportable y sumamente hostigoso.
– ¡Miren! Ahí hay tres lugares… – exclamó Taichi. – Vamos Mimi, usted también profesor. Y lo siento señor... – dijo mirando a Arukawa. – Pero tendrá que buscar otro lugar.
Dicho esto, el moreno tomó del brazo a Mimi y la llevó con rapidez hacia los asientos que había encontrado. Eran sorprendentemente buenos lugares, en la quinta fila.
– Lo siento mucho señor Arukawa. – dijo Joe comenzando a caminar. – Lo veremos después.
El peliazul hizo una pequeña reverencia y siguió a sus alumnos hacia los lugares que Taichi había encontrado. Arukawa simplemente los miró y dio un largo suspiro, buscaría a sus inseparables guaruras y los haría encontrarle un buen lugar.
De pronto todas las luces del auditorio se apagaron y el director Wada Kouji salió a dar unas palabras de bienvenida a todos los presentes. Los asientos ya se encontraban saturados y había varias personas de pie. Todos los reporteros tenían rodeado el lugar y el escenario estaba listo para el concierto.
– ¿Segura que el tal Ishida va a venir? – preguntó Taichi mirando a Mimi. – El evento ya va a empezar…
– ¡Ya dejen de preguntarme! No lo sé. – respondió la castaña.
– ¿No lo sabes? – exclamó alarmado Joe. – ¡Oh por Dios, estamos perdidos, fritos, muertos!
– No exagere… – dijo Mimi con fastidio.
– ¡Debí haber sabido que no lo lograrías convencer cuando dijiste que usarías tus encantos femeninos!
– ¿Encantos femeninos? – preguntó Taichi viendo raro a Mimi.
– Son insoportables. – dijo la castaña devolviendo su mirada al director, quien ya estaba por terminar de dar su discurso.
Wada Kouji bajó del escenario acompañado de una horda de aplausos, ahora era el turno del subdirector Yano de subir y presentar los números musicales.
– En esta ceremonia recibiremos primero, como siempre, a los estudiantes de nuevo ingreso. – comenzó a hablar el mayor. – Ellos nos han preparado un número de baile con solos de dos alumnos sobresalientes. Recibámoslos con un fuerte aplauso.
El mayor se retiró del escenario y luces de todos los colores ocuparon el lugar. De pronto la música comenzó a invadir los oídos de las personas y varios alumnos vestidos de negro salieron a comenzar a dar los primeros pasos de baile de la ceremonia. Todos se movían perfectamente sincronizados, marcando los movimientos con mucha fuerza y entusiasmo.
Una explosión de humo se hizo presente y de ahí salió un apuesto chico rubio que comenzó a bailar tan pronto la cortina de humo desapareció. Su atuendo era diferente al del resto y mucho más llamativo, era el encargado del solo, Takeru Takaishi, quien bailaba como todo un profesional. Hasta los estudiantes de grados superiores se quedaron boquiabiertos con la fluidez del chico, quien parecía que dominaba la canción a la perfección, opacando al resto de los bailarines por completo.
De pronto Takaishi se detuvo y apuntó con ambas manos hacia el lado derecho del escenario, otra explosión de humo se hizo presente y rápidamente se pudo ver a una bella pelirroja que venía caminando al ritmo de la música, marcando muy bien cada paso que daba. Los aplausos no se hicieron esperar y la hermosa chica comenzó a bailar. Su delicado cuerpo se movía con gracia al ritmo de la canción y su rostro denotaba seguridad en sí misma.
Mimi, quien veía el número de baile con cara de fastidio, de pronto abrió los ojos de par en par. ¿Acaso ella era?...
– ¡WOW! Sora se ve hermosa… – exclamó una pelimorada que estaba sentada atrás de Mimi. – Hasta parece otra persona…
La castaña inmediatamente la miró de reojo, escuchando atentamente.
– De hecho, yo no pensé que tuviera el talento… pero hasta se le nota un brillo especial. – dijo Ken.
– No es un brillo especial. – intervino Catalina, quien por cierto aún tenía vendado el pie. – Es el amuleto.
¿Amuleto? Se preguntó Mimi mentalmente. ¿A que se referían con eso?
– ¿De qué hablas, Catalina? – preguntó Miyako.
– Escuché que recibió ese pendiente en forma de estrella personalmente del director. – explicó la rubia. – Miren, ahorita mismo lo lleva consigo.
– ¿Dices que es por ese collar que baila tan bien? – preguntó Ken.
– El mismo Wada Kouji dijo que era un amuleto de la buena suerte, es por eso que las cosas le salen perfectas. – continuó la francesa.
– ¿Un amuleto de la suerte? – exclamó Miyako. – Ow, quisiera tenerlo, tal vez así las cosas me saldrían mejor, como a Sora.
Mimi devolvió la mirada al escenario y pudo notar como un pendiente en forma de estrella bailaba alrededor del cuello de la pelirroja. ¿Entonces ellos estaban hablando en serio? ¿El director se lo había obsequiado personalmente?
De pronto Takeru volvió a unirse al baile de Sora y ambos comenzaron a hacer movimientos sincronizados, escandalizando nuevamente al público y a todos los reporteros, que no dejaban de tomar fotos. Siguieron bailando con perfecta fluidez hasta que la música se detuvo y ambos chicos miraron hacia el público, que aplaudía con euforia.
Los ojos rojizos de la pelirroja inmediatamente se encontraron con unos chocolate que la veían con insistencia. Las miradas de ambas chicas se cruzaron y Sora sonrió, observándola triunfalmente.
– Mírame Mimi. – susurró la pelirroja aún sabiendo que la castaña no la escucharía. – Este es mi mundo.
Sora tomó el pendiente de su cuello y lo levantó a la altura de sus labios para acercarlo y depositarle un corto beso.
– Y no permitiré que interfieras en mi camino. – finalizó con una sonrisa, recordando el consejo que le había dado la profesora Fujioka unos días antes.
"¿Sabes qué es más importante que un amigo en este mundo?"
"Un rival."
"Un rival al que quieras destruir con toda tu alma."
Los aplausos no paraban y Sora seguía de pie en el escenario recibiéndolos mientras un sentimiento totalmente desconocido para ella invadía su cuerpo.
"Eso es lo que te hará triunfar."
Al fin los gritos y aplausos fueron cesando y los alumnos de primer ingreso regresaron atrás del escenario, a los camerinos. El subdirector inmediatamente subió con una grata sonrisa en sus labios.
– Esa es una muestra del nuevo talento que tiene la Academia YG. – comenzó a hablar el mayor. – Esperen muchas sorpresas por parte de nuestros alumnos.
Toda la audiencia lo miraba expectante y en silencio.
– Antes de pasar al segundo semestre, quiero darles una noticia. – dijo sonriendo con algo de malicia. – En esta ceremonia de apertura tenemos tres nuevos alumnos, estos fueron seleccionados personalmente por el director, son los alumnos especiales de YG.
– ¿Alumnos especiales? – preguntó una reportera. – ¿Podría informarnos más sobre ellos?
– Pues claro, a eso iba.
Mimi y Taichi inmediatamente se miraron sorprendidos. ¿Qué estaba pasando? Nadie les dijo que los anunciarían durante la ceremonia. Wada Kouji simplemente miró al mayor, extrañado. ¿Qué se traía entre manos el subdirector Yano?
– No los he tratado personalmente, pero deben de tener mucho talento para haber sido admitidos por nuestro querido director. – continuó el mayor. – Así que quiero que estos tres estudiantes suban al escenario y nos muestren que es lo que pueden hacer.
– ¿Qué está diciendo ese hombre? – preguntó Taichi. – A mi no me avisaron sobre algo así.
– Lo está haciendo apropósito. – habló Mimi. – Sabe que no estamos preparados.
– Profesor Kido. – exclamó el subdirector mirándolo desde el escenario. – ¿No piensa que es grandioso? Dígales a sus alumnos que pasen al frente.
Mimi y Taichi lo miraron, expectantes. El profesor tenía que salvarlos de esa incómoda situación.
– Ehm… es que no preparamos nada. – habló Joe. – Ellos no...
– Yo sé que no tienen nada preparado. – interrumpió el mayor. – Pero eso es lo mejor de la situación, así pueden sorprendernos a todos. Por favor suban al escenario.
– ¿Qué está tramando? – se preguntaba la profesora Fujioka observándolo desde la primera fila. – ¿Querrá demostrarle al director que se equivocó?
– No vamos a pasar al frente. – dijo Mimi.
– ¿Eh? ¿Por qué? – preguntó Catalina, quien se encontraba tras los chicos. – ¿Tienen miedo?
– ¡Vamos! – exclamó Miyako. – Vayan rápido, suban al frente.
De pronto se comenzaron a escuchar murmullos por todo el auditorio y los estudiantes comenzaron a gritar emocionados.
– ¡Suban!
– ¡Suban!
– ¡Suban!
Mimi miró a su alrededor y notó como todos los observaban divertidos, ahora se habían convertido en el centro de atención. No estaba segura de lo que estaba a punto de hacer, mas sin pensarlo mucho, dio un largo suspiro y se levantó de su asiento.
– Hey, ¿qué haces? – preguntó Taichi.
– ¿Qué pretendes que hagamos? – respondió Mimi molesta. – No podemos quedarnos aquí sentados con todo este escándalo.
La chica le dirigió una última mirada y comenzó a caminar hacia el escenario a paso lento. Taichi intercambió miradas con Joe y giró los ojos a la vez que se ponía de pie y seguía a Mimi. Todos los presentes comenzaron a aplaudir cuando ambos chicos subieron al escenario y el mayor les entregó un micrófono a cada uno.
– ¡Aquí tienen a los alumnos especiales de la Academia YG! – el subdirector simplemente los miró manteniendo su sonrisa arrogante y bajó del lugar, expectante.
Los reporteros inmediatamente corrieron con sus cámaras y comenzaron a disparar flashes a toda velocidad, dejando casi ciegos a Mimi y a Taichi, que parecían paralizados.
– ¿Qué ese no es… mi hermano? – susurró para sí misma una castaña de cabello corto que estaba sentada en la décima fila. – Tai, ¿qué estás haciendo aquí?
El moreno apenas podía abrir los ojos y se cubrió de todos los flashes con un brazo. ¿Y ahora que se supone que debían hacer? Los habían subido al escenario sin previo aviso, no había música de fondo y ellos no tenían nada preparado. Una sensación extraña comenzó a invadir su cuerpo, estaba molesto y sabía que él no encajaba en ese lugar. No iba a soportar estar allí arriba ni un sólo segundo más. Así que sin dudarlo, simplemente dejó caer el micrófono al suelo y dio media vuelta, bajando del escenario y dejando a Mimi sola.
La castaña se quedó aún más inmóvil ante la reacción de Taichi. Vio como rápidamente se dirigía hacia la salida del auditorio y la dejaba ahí, a su suerte. Lo primero que atinó a hacer fue recoger el micrófono del chico y mirar dudosa al público. Bien, debía admitirlo, no tenía ni la más remota idea de que hacer y los malditos reporteros no dejaban de tomar fotos.
– ¿Qué? ¿No vas a hacer nada? – gritó la voz de una chica del público. – ¡FUERA!
– ¡FUERA!
– ¡FUERA!
– ¡FUERA!
De pronto toda la audiencia se encontraba gritando esa palabra a coro. Matsui Arukawa miraba expectante a Mimi. Joe Kido solamente se cubrió el rostro con ambas manos. Wada Kouji la veía con gran interés y el subdirector simplemente sonrió aún más, su plan había salido a la perfección.
También la estaba observando desde atrás del escenario una sonriente pelirroja, muy atenta.
– ¡FUERA!
– ¡FUERA!
Mimi traía cada micrófono en una mano y seguía paralizada. ¿Cómo es que las cosas habían llegado hasta este punto? Quería hacer algo pero la voz no le salía. Todos los estudiantes estaban gritando y las cámaras no dejaban de tomarle fotos, la presión la estaba matando.
En ese exacto momento, un apresurado rubio caminaba por los pasillos de la escuela con un bajo colgado en su espalda, guiado por las voces a coro de los estudiantes. Vio la puerta del auditorio abierta y se dirigió a ésta con rapidez. ¿Qué estaba sucediendo ahí dentro?
Estaba a punto de entrar cuando chocó con un chico castaño que iba saliendo del lugar cabizbajo. Ambos levantaron la mirada y se observaron por unos momentos.
– Lo siento. – se disculpó Taichi rápidamente para continuar con su camino.
El rubio simplemente lo ignoró y entró al auditorio quedando momentáneamente cegado por todos los flashes que estaban siendo disparados al mismo tiempo. Se acercó un poco al escenario y cuando al fin abrió los ojos pudo ver a una castaña de rostro familiar.
Era ella, esa chica que lo había hecho venir hasta Tokyo.
Pero... algo ahí no estaba bien.
Yamato abrió los ojos de par en par al darse cuenta de la situación. ¿Todas esas palabras de desprecio estaban siendo dirigidas a la chica? Y más importante, ¿por qué se encontraba sola en el escenario? ¿Habría sido su culpa por no llegar antes?
– ¡FUERA!
– ¡FUERA!
Estaba debatiéndose entre subir al escenario o no cuando Mimi soltó ambos micrófonos y bajó rápidamente del lugar, encontrándose frente a frente con él.
La castaña se detuvo y lo miró con unos ojos que el rubio no pudo descifrar. Esas orbes color chocolate que luchaban por contener lágrimas lo observaban con resentimiento y una extraña mezcla de sentimientos...
No supo porqué en verdad le había dolido que la chica le dedicara semejante mirada.
– Oye... – comenzó a hablar el rubio.
Pero Mimi simplemente le volteó la cara y siguió su camino, ignorándolo por completo. Yamato se quedó estático en su sitio aún confundido. ¿Qué era exactamente lo que había pasado?
– Tal vez... no fue una buena idea venir después de todo… – susurró para sí mismo.
.
Notas de la autora:
¿Y ahora qué? Taichi abandonó a Mimi y Yamato no llegó a tiempo. ¿Que sucederá con los alumnos especiales? No creo que el subdirector se quede con los brazos cruzados después de esto ~ ¿Y que hará nuestro director? ¿Los seguirá apoyando?
Lalala, este capítulo quedó más largo de lo previsto. Pensaba dejarlo justo cuando acabó la presentación de Sora y Takeru, pero quise mejor terminar de una vez con el asunto de la ceremonia de apertura para ya pasar a la "verdadera" historia. Los dormitorios, la vida escolar, el drama masivo, los romances... y todo eso XD!
Y bueno, puntos importantes de este capítulo. Creo que lo más notorio fue que ya se declaró que Mimi y Sora serán rivales. Y hubo un pequeño momento Michi y uno Takari. ASDF, yo muero por escribir cosas Mimato! ~ ...y Taiora también, pero para eso aún falta porque primero debe haber todo un triangulo amoroso, y celos y drama y más drama. Además ando pensando en la manera de incluir un lemon en un futuro (muy lejano xD).
Ahora sí que no he ni empezado a escribir el capítulo 5. Pero bueno, me pondré las pilas este fin de semana para traérselos pronto, ya saben que son sus reviews los que me animan a subir rápidamente los capítulos. (¡Graciasgraciasgracias!) ¡Enserio espero que les esté gustando la historia :'D! ¡Créanme que se pondrá emocionante! I PROMISE.
Hehehe, ahora mi parte favorita, ¡los agradecimientos! ¡ENSERIO GRACIAS POR SUS RRs! ¡Me hicieron muy feliz con todas sus palabras! ¡Aunque sea un review pequeñito, yo lo aprecio enormemente! Además me encanta platicar con ustedes, por eso siempre les respondo en privado, para explayarme XD. OW, es que sin sus reviews yo no subiría los capítulos tan seguido y con tantos ánimos. ¡Gracias eternas!
¡En mis notas pasadas no lo puse y mi amiga Roxa-XIII me regañó D':! Así que: ¡Denle clic al botoncito de abajo y escríbanme! ¡Nada les cuesta y me harían muy feliz! Y ahora la cito a ella: "Please read and leave a review on that cute little button right there. Yeah! That's the one." :D!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~
