Capítulo 4
Él
"La muerte solo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir".
Víctor Frankl
-¿Tú no cantas?- Le preguntó Danny a Carrie en la clase de música el miércoles.
Ella se mordió el labio y bajó la mirada. No quería mentirle a Danny, pero era mejor que él no se enterara de muchas cosas acerca de su vida.
-No. En realidad no, canto horrible.- Pero era mentira, en parte. Cantaba bien, eso le decían todas las personas que la habían escuchado, pero en si ella no lo creía. También le gustaba cantar, pero eso había sido hacia mucho cuando todavía vivía el. Después de eso decidió no volverlo a hacer, pues la inspiración y el encanto había desaparecido.
-No lo creo. Seguro tienes una hermosa voz.- Protestó Danny.
-No confíes demasiado...- Dijo ella.
Danny estaba muy nervioso. Ayer lo había decidido, con el apoyo y consentimiento de Sam y Tucker, invitaría a Carrie al baile. Era difícil imaginarla con un vestido, maquillaje que no fuera delineador negro, peinada y coqueta. Él no pedía eso, sólo deseaba que ella aceptara su invitación para divertirse esa noche y pasar un momento agradable junto a ella y sus amigos.
Pero una vez frente a ella, todas las ideas que había pensado y las formas que había ensayado para invitarla, desaparecieron. Su mente estaba en blanco y lo único que se le ocurrió fue decir algo sobre el canto. De pronto, una pequeña luz comenzó a revolotear de rincón en rincón dentro de su cabeza. Era algo arriesgado, alocado y disparatado, y tenía claro que a ella no le iba a agradar.
Lo iba a hacer, era ahora o nunca.
Danny se levantó de su silla mientras que la mirada confundida de Carrie lo seguía. Al igual que la vez anterior, los ojos de sus compañeros le siguieron, observando cada movimiento que hacía. Eso aún incomodaba a Danny.
-Danny, ¿qué haces?- Le preguntó ella cuando vio que él volvía sosteniendo una guitarra entre las manos que había sacado del montón que se apilaba en fila en un rincón de la sala.
El maestro de música había faltado ese día, así que tenían la hora libre. Algunos chicos conversaban, chismeaban o hacían deberes atrasados. Como a Danny le comían los nervios, se le ocurrió que la mejor forma de pedírselo era haciendo algo que le relajara. Y tocar la guitarra era algo que le despejaba la mente y que unía las palabras con sus sentimientos.
Carrie, horrorizada ante lo que Danny haría, abrió los ojos y balbuceó incoherencias. No podía dejar que Danny tocara la guitarra, le recordaría a "él" más de lo debido.
El pelinegro acomodó la silla para quedar frente a ella y tocó el primer acorde. Era una melodía bella y lenta, los demás que escuchaban coincidían que era romántica pero melancólica.
Para Carrie era parecida al vómito.
O eso era lo que quería creer cuando él comenzó a cantar, soltando palabras y frases que componían una de las canciones más hermosas que haya escuchado.
Todo estaba en silencio, sólo se oía la voz de Danny y el suave rasgado de la guitarra.
Sin que nadie lo viera venir, la letra cambió:
-Y sus ojos que enternecen, hasta al más azul océano; su sonrisa ilumina, hasta al corazón más desolado... Caroline Francess ¿me acompañarías al baile? Sólo di que sí y te diré que...-
"Que te amo..." Continuaba la canción, aunque Danny no se atrevió a decir la última frase porque sonaría mal. Rimaba a la perfección, pero hace tres días que le había dirigido la palabra a Carrie y decir algo tan importante haría que ella se enojara y le arrojara la guitarra contra la cabeza.
-No.-
Danny no comprendió. Dejó de tocar y apartó a un lado el instrumento.
-¿Cómo dices?- Preguntó.
-Dije que no. No pienso, ni planeo ir a ese estúpido baile, así que perdiste tu tiempo haciendo esa... invitación.- Justo en ese momento el timbre sonó y todos sus compañeros se pusieron de pie para retirarse y comentar lo sucedido.
El nuevo chisme de la escuela: A Danny Fenton le gustaba Carrie Francess.
Ella se colgó la mochila al hombro, lista para dirigirse a su siguiente clase, hasta que Danny la detuvo.
-Caroline, los demás ya se fueron... ya me puedes contestar de verdad.- Esto era peor de lo que había supuesto. Invitar a Caroline Francess era el desafío más grande que había tenido hasta ahora.
-Mi respuesta sigue siendo no, busca a una chica más simpática y bonita. Estoy segura de que hay miles esperando por ti.- Soltó una suspiro y bajo una mirada. -Yo soy una decepción, mejor encuentra a alguien mejor. Y por favor no me llames Caroline.- Dicho eso, ella dio media vuelta y salió del salón.
-Pero si tú eres la mejor...- Susurró Danny, tan bajo y tan tarde, que Carrie no alcanzó a oírlo.
La castaña iba empujando a todos por el pasillo, necesitaba ir al baño y golpearse contra la pared. Lo había hecho de nuevo, había herido a Danny como cuando hizo ese comentario sobre sus dientes.
"¿Por qué debo ser tan tonta?" Se preguntaba mientras corría.
Se encerró en el último cubículo del baño y se puso a llorar ahogando los sollozos contra la manga de su chaqueta. Su fachada de chica mala se estaba desmoronando, ante Danny era indefensa y pronto los demás podrían percibirlo.
Media hora después, Carrie salió con los ojos hinchados y las mejillas sonrojadas. Su siguiente clase era física y con el dolor de su alma la dejó pasar.
Se lavó el rostro y se quitó el maquillaje, se preguntaba el por qué Danny la había invitado a ella y de una manera tan romántica, ella no merecía tanto. Aunque tenía que admitir que le encantaban sus ojos y la forma en que le hablaba, como si fuera alguien especial. Pero también tenía que aceptar que todo eso le asqueaba.
"Sólo es amigable." Se decía.
"Yo creo que le gustas." Le decía otra voz en su cabeza.
No le hizo caso y siguió en su tarea de desmaquillarse.
Cuando escuchó al timbre que anunciaba la salida, tenía el rostro limpio y pálido, sin rastros de lágrimas ni de debilidad. Se había amarrado en cabello en una coleta alta y eso le daba un aspecto más inocente. Más como era ella antes. Que pensaran lo que quisieran, no iría con el disfraz de malvada a visitar la tumba de "él".
Danny estaba preocupado. Carrie faltó a dos clases el lunes y hoy a una. Algo no iba bien con ella, y para su temor, sabía que esos cortes en sus brazos eran los causantes.
La esperó a la salida veinte minutos bajo un sol abrasador. Sus amigos lo acompañaron para no hacerle la espera tan aburrida.
-¿Estás seguro de que no se ha ido?- Preguntaba Sam cada cinco minutos.
-¿Y te rechazó? ¿Después de que le cantaste? Sí que es una chica linda.- Reclamaba Tucker con sarcasmo.
El pelinegro se veía pensativo, a un no podía entender por qué ella se comportaba así con todos a su alrededor; ¿tal vez tendría problemas familiares? ¿Posiblemente tenía una enfermedad mental? O, quizá, solo era su forma de ser. Y sobre todo esos cortes en sus brazos tampoco eran algo sano en una persona. Claro aun le dolía que no hubiera aceptado su invitación pero eso no era lo que más le molestaba ahora. Todas esas ideas y preguntas daban vueltas por su cabeza, sabía que nunca llegaría a una conclusión si no trataba de investigar.
-Chicos, sé que algo malo pasa con ella. Pero por más que trato de ayudarla y acercarme solo consigo que se aleje más.- Dijo bajando la mirada hacia sus manos.
Sam y Tucker solo se miraban entre sí. Era de esperarse que Danny no conociera la razón de la actitud de Carrie.
Danny había llegado hace poco más de un año de Canadá, por asuntos de trabajo de su padre. Cuando llego a la escuela no hacía mucho que había sucedido el accidente y Carrie había dejado de ser la misma. No era de esperarse que no supiera nada de esto, puesto que desde ese tiempo nadie había vuelto hablar de los acontecimientos.
Sam miró una vez más a Tucker y él asintió. Era el momento de contarle la verdad a Danny.
-Danny.- Llamó su atención la chica gótica. Danny levanto la cabeza hacia ella. -Tengo que contarte algo acerca de Carrie, puede que esta sea la razón del por qué ella es así. Incluso es raro que no lo sepas, los rumores aquí vuelan más rápido que el viento.- Danny prestaba mucha atención, la curiosidad empezaba a invadir su cuerpo. Tucker se limitaba a asentir con la cabeza, no le apetecía narrar la historia y destrozar a Danny.
-¿Qué le ocurrió?-
-Verás... Cuando llegamos aquí, en segundo año, Carrie se cambió a esta escuela para estar con un amigo. Bueno, mejor amigo. Se conocían desde pequeños, e iban y hacían todo juntos. A mitad de año, las cosas se tornaron raras. El chico se veía trastornado, no hacía sus deberes, le gritaba y le daba órdenes a Carrie como si fuera su sirvienta. Todos sabían que se había vuelto loco, se cortaba los brazos, las piernas, el abdomen, el pedazo de piel que encontrara...hasta que un día murió.- Danny contuvo la respiración, Carrie se cortaba para recordarlo. -Se suicidó. Lo encontraron colgado del árbol de su jardín.-
Danny comenzó a atar cabos.
Carrie se puso como loca cuando le dijo donde vivía, conocía a la perfección su dirección y a sus vecinos, el hijo de los antiguos dueños de su casa murió y había un gran árbol en su jardín trasero.
Él vivía en la casa del mejor amigo de Carrie, el que se suicidó.
Por eso ella era así.
Por eso se cortaba.
Por eso alejaba a todos de ella para evitar que vieran su sufrimiento.
Y eso le daba miedo. Mucho miedo.
Esperaron durante treinta minutos y Carrie no salió. Con decepción decidieron irse, no tenia caso quedarse mas tiempo.
Carrie había salido por la puerta trasera de la escuela.
No dio ni cinco pasos y sintió esa extraña sensación de alguien siguiéndola. Ni siquiera tuvo que voltear, a esa persona la podría percibir a kilómetros.
-Las coincidencias de la vida, Carrie. ¿Por qué será que siempre nos encontramos aquí? El destino quiere que cumpla con mi venganza.-
Era la detestable presencia de Dash lo que revolvía su estómago. Estaba apoyado en la reja que daba a la salida, para salir tendría que pasar por su lado. Resopló resignada, y aferrada a su mochila, caminó deprisa antes de que Dash la pudiera detener.
-No, esta vez no te escapas.- Dijo él, y la tomo con fuerza de un brazo. Carrie sintió como si se lo quebraran, Dash no se estaba controlando.
-Suéltame o te...-
-¿O qué? Soy más fuerte que tú y no hay nadie cerca que escuche por si se te ocurre gritar.- Carrie se quedó callada, él tenía razón.
Se calmó pensando en las posibilidades que tenía de escapar viva y virgen de este problema, aunque las opciones no eran muchas.
Dash la rodeó con los brazos cruzados sobre su pecho, su aliento apestaba a cigarrillo y su cabello rubio estaba sucio y grasoso. Ese era el tipo de chico por el cual la mitad de la escuela se moría, un patán sucio y desaliñado.
-Me gusta.- Dijo él, refiriéndose a la cara sin maquillaje de Carrie. -Te ves distinta, me recuerdas a...- Dash cortó la frase y sonrió con malicia. Agarró desprevenida a Carrie y la tomó de la cintura hasta hacerla chocar contra su cuerpo. -Me recuerdas a cómo te veías hace algunos años, tan señorita, educada, amable y dulce con todos, hasta con el demente de tu amigo.-
Carrie le dio un puñetazo en la nariz.
Hace dos semanas, cuando golpeó por primera vez a Dash, fue con la clara intención de hacerle daño. Esta vez fue para defenderse de su memoria que invocaba al rostro de "él" con su más mínima mención.
Últimamente, Dash se empeñaba en hacerle sufrir y eso merecía un castigo justo.
Él se llevó las manos a la nariz de la cual salía una delgada linea de sangre que bajaba hasta su barbilla. La furia lo dominó cuando vio que la sangre goteaba y manchaba su ropa. Empujó a Carrie de espaldas contra la pared y la afirmó del cabello.
-Es hora de pagar cuentas, Car.- Su tono era venenoso y destilaba odio y malas intenciones. Carrie no sabía que cosa estaba haciendo Dash, se había puesto a revisarle la mochila desparramando todos sus cuadernos por el suelo mugriento.
-Dash, detente...- Dijo en voz baja, la cabeza le dolía por el fuerte agarre.
-Entonces ruégame.- Le respondió él, dejando de hurgar en sus cosas.
Carrie se negó a rebajarse y apretó los labios para no liberar las palabras que la condenarían.
-Suéltame, imbécil.-
Eso no pareció gustarle a Dash, pero en un abrir y cerrar de ojos la soltó.
Carrie no cabía en la incertidumbre ¿Por qué la soltó? Sin embargo, la respuesta no se hizo esperar. Ya no sentía las cosquillas de las puntas de sus cabellos en la nuca. Se llevó una mano hasta la coleta y para su horror, se dio cuenta de lo que había hecho Dash.
Ya era tarde para gritarle y lanzarle golpes, él se había dado a la fuga con una risa macabra que resonaba en los oídos de ella. En el suelo, sus tijeras estaban sobre el cabello que Dash le había cortado. Con la rabia corriendo por sus venas, recogió y guardó todo nuevamente en su mochila, llevo sus manos a la nuca para darse cuenta que su cabello ni siquiera le llegaba hasta los hombros.
Danny seguía con miedo cuando se sentó en el sofá de la casa de Sam. No podía dejar de darle vueltas al asunto y buscar mil maneras de cómo ayudar a Carrie. Primero, se prohibió invitarla a su casa para que ella no se viera amenazada ante el recuerdo de su amigo. Segundo, la convencería a ir al baile para que se divirtiera. Y tercero, le daría permiso a esos sentimientos que surgían de su pecho para que le guiaran a tomar las decisiones correctas.
-No te atormentes, Danny. Yo también estaría así si alguno de ustedes se suicidara.- Le dijo Tucker a modo de consuelo mientras se sentaba a su lado, ofreciéndole un vaso de soda con hielo.
-Lo sé, es sólo que no puedo imaginarme con el dolor que debe cargar todos los días, eso explica porque siempre tiene esa mirada.-
-¿Cuál mirada?- Inquirió Sam, que elegía una película al lado del televisor.
-Esa que logra deprimirte.- Respondió Danny.
Los dos se miraron entre sí, pensando en lo mismo.
-Te pego fuerte esta vez.- Dijo Tucker al ver que nadie se atrevía a decirlo en voz alta. Danny se sobresaltó y abrió la boca al no entender a qué se refería. -Hablo de cupido, te lanzó una flecha con un arco muy moderno al parecer. La flecha te llegó rápido: la miraste, hablaste con ella y a en pocos días es en la única que piensas.-
Todos rieron menos el azabache. Él no quería dar esa impresión de chico enamorado, a pesar de que Tucker estaba en lo cierto.
-No molesten.- Se limitó a decir y se acomodó en el sillón para pasar una tarde de cine con sus amigos.
Carrie se bajó en la misma parada de siempre y compró flores a la misma anciana, esa mujer arrugada parecida a una pasa con diminutos ojos.
Tenía un ramo de tulipanes rojos en las manos, estuvo a punto de comprar margaritas y rosas, pero se dijo que "él" merecía más que eso.
El guardia la saludó con una inclinación de cabeza y le abrió el portón del cementerio con un chirrido espeluznante y oxidado. El lugar era verde, con placas plateadas y doradas encima del césped. Carrie caminó entre ellas y esa sensación de culpabilidad le empezó a corromper los ojos, cuando se detuvo frente a la placa con la inscripción del nombre y la fecha de fallecimiento de "él", las lágrimas caían libres por sus mejillas, mojando los tulipanes.
Había un macetero lila con flores marchitas al lado de la placa, Carrie las sacó y botó el agua podrida en el césped y la cambió por agua fresca que había sacado del baño del colegio, guardándola en una pequeña botella de plástico.
Miró las flores un momento y su aroma le trajo a su cabeza el funeral. Cerró los ojos con fuerza, tratando de reprimir esa escena.
Cuando la imagen se fue, respiró tranquila y sacó la voz que las lágrimas oprimían con nudo en su garganta.
-Hola... Richard.-
Hola, hola a todos.
Espero que vosotros me perdonen por no actualizar rápido, pero el colegio, mis padres, sobre todo el colegio, no me dan tiempo para nada.
Como vosotros se dan cuenta, tengo algunos errores ortográficos, hay partes donde se repiten palabras y otras donde no hay coherencia en mis dos historias... vale, ya los he corregido. Me asegurare de escribir mejor para que esto ya no se repita.
En fin espero que les guste la historia y tratare de subir cada dos semanas dos capítulos.
Comenten si les agrada la historia y también pasen a ver mi otra historia, Iced.
Abrazos desde España.
