Gracias a todos por leer esta historia y por vuestros reviews. Me alegro mucho de que os esté gustando.
Lunnym: cuando leí tu review, volví a leer la historia de ArwendeImladris y me di cuenta de que, ciertamente, eran mucho más parecidas de lo que pensaba. La había leído hacía ya tanto tiempo que ni siquiera lo había notado. Sin embargo, mi historia va a ir por un camino muy diferente de la suya. Solo por si acaso le he enviado un mensaje privado explicándoselo y ofreciéndome a cambiar mi historia si le molesta, pero no he recibido una respuesta así que hasta entonces continuaré con lo que tengo pensado. Espero que sigas disfrutando de esta historia.
heavens-ninefurys: there's no problem with you leaving your review in english as I do speak it so thank you for it. It always makes my day when I read that people have liked my stories. I hope you enjoy the next chapter!
Solo me gustaría recordaros que escribo esta historia cuando necesito escribir algo y no me encuentro demasiado inspirada para las demás, así que las actualizaciones no serán en absoluto regulares (no es que con las otras historias lo sean tampoco…).
Espero que os guste el nuevo capítulo. Personalmente, no me convence demasiado… De todas formas, espero que lo disfrutéis y lamento haber tardado tanto en subirlo.
Capítulo 4
Boromir se despertó de un sobresalto. ¿Qué lo había despertado?
Un quejido. Harry se revolvía en sus brazos.
Con la poca luz de luna que entraba por la ventana podía ver que el joven seguía dormido, a pesar de los sonidos de protesta que se le escapaban.
Harry estaba teniendo una pesadilla.
Con cuidado, el soldado alzó la mano con que rodeaba la cintura del mago y la apoyó en su mejilla.
—Harry. — susurró tratando de despertar al ojiverde lo más tranquilamente posible.
—No…—su respiración se aceleró.
—Harry, despierta.
—No… por favor, por favor. Lo siento… —las palabras del joven le provocaron un dolor sordo en el pecho.
— ¡Harry! — insistió un poco más alto.
El joven empezó a forcejear con más fuerza y Boromir se vio obligado a restringirlo para evitar que se hiciera daño.
Sus ojos se abrieron de golpe y se clavaron en los del guerrero, llenos de horror, dolor y pánico. Y sin ningún reconocimiento hacia él. El pánico aumentó cuando notó que no podía moverse.
—Shhh… está bien, Harry, está bien. Soy yo, soy Boromir. Estás a salvo. Solo era una pesadilla.
Por unos minutos, el guerrero simplemente los meció, susurrándole al oído frases tranquilizadoras.
— ¿Boromir?
El inseguro susurro de su nombre lo hizo detenerse y, poco a poco, fue soltándolo.
—Estoy aquí, Harry.
El mago escondió el rostro en su hombro y el soldado sintió la humedad de lágrimas calientes empapando su camisa. Suavemente, frotó su espalda y esperó a que el joven se desahogara.
—Lo siento. No quería despertarte. —dijo finalmente el ojiverde.
Sorprendido, Boromir se apartó de su pequeño para poder mirarlo a los ojos. Éstos estaban llenos de dolor y su tono de voz tan desprovisto de emoción que fue como si una espada orca le atravesara el corazón.
—No te disculpes por algo así, mi amor. Nunca. Te amo y si puedo hacer algo para evitarte un sufrimiento innecesario, aunque solo sea despertarte tras una pesadilla, lo haré más que encantado.
Los ojos del mago volvieron a llenarse de lágrimas que el hijo del senescal limpió antes de que se derramaran por sus mejillas.
— ¿Harry? ¿He dicho algo malo?
—No. No, por supuesto que no.
Harry sonrió débilmente y alzó una mano para acariciar suavemente el bello rostro del Hombre.
— ¿Quieres contarme tu pesadilla? —preguntó el hombre en voz baja.
El joven se mordió el labio inferior con tanta fuerza que empezó a sangrar y Boromir usó un dedo para limpiar las gotas de sangre.
—No tenemos por qué hablar de ello ahora, Harry.
— ¿Te importa si enciendo la luz? No quiero hablar de esto a oscuras.
Sorprendido una vez más, Boromir escuchó una palabra extraña y vio cómo las velas de la habitación se iluminaban con un leve tono azulado.
—Sigo sin acostumbrarme a eso. —comentó Boromir.
—Si prefieres…
—No. No, está bien. Solo es… inusual.
Harry sonrió y Boromir le devolvió la sonrisa. El joven suspiró y se acurrucó contra su costado.
—No sé por dónde empezar.
—No tenemos prisa, Harry.
El mago suspiró de nuevo y apoyó la cabeza en su pecho.
—Cuando era pequeño no tenía ningún amigo. —comenzó. —Hasta que cumplí once años. Fue entonces cuando me enteré de que era un mago y comencé a estudiar en la escuela de magia más antigua y prestigiosa. Y conocí a los más maravillosos amigos que cualquier persona pueda desear.
Boromir no pudo evitar sentirse un poco celoso del evidente amor que su pequeño sentía por esas personas.
—Mis mejores amigos se llamaban Ron y Hermione. Ron era el sexto hijo de siete y venía de una familia mágica pobre, por lo que siempre quiso llamar la atención y era muy celoso. Pero era valiente, un magnífico estratega y leal a los suyos. Hermione era hija única, nacida de padres sin magia. Era muy inteligente, casi un genio, aunque muy autoritaria. Ella también era muy valiente y leal. —Harry suspiró, sus ojos tenían la mirada perdida en el pasado. —Éramos inseparables, tanto que la gente se sorprendía si uno de nosotros estaba separado de los otros dos. Nos llamaban el Trío de Oro.
Boromir sonrió con cariño, notando la diversión en su voz.
—Siempre estábamos metiéndonos en problemas. Luego la guerra comenzó. Ron y Hermione permanecieron a mi lado. Un año antes de que la guerra acabara, mientras celebrábamos un nacimiento, fuimos atacados y capturados junto con otra de nuestras amigas, Luna. —Los brazos de Boromir apretaron su cintura, pero no lo interrumpió. —Torturaron a Hermione delante de nosotros. Querían que me rindiera. Sabían que si lo hacía, el mundo mágico lo haría también. Empezaron a torturar a Luna cuando me negué. Recuerdo que Ron me rogó que hiciera lo que pedían. Hermione y Luna me juraron que no me perdonarían si me rendía. No sabía qué hacer. Al notar que dudaba, mataron a Hermione. Ron enloqueció. Dejaron su cuerpo en la celda dos días. Cuando Él volvió, ya no quedaba nada del Ron que yo había conocido. Él le ofreció traer a Hermione de vuelta a la vida si se unía a él, y Ron accedió. No hay magia que pueda devolver la vida a los muertos y Ron lo sabía, pero había enloquecido demasiado para ver la verdad: que Hermione se había ido y nunca volvería. Le dieron un cuchillo y le dijeron que ella volvería con mi muerte. Cuando Ron tenía el cuchillo apuntando a mi pecho, Luna saltó entre los dos y se lo arrancó de las manos antes de cortarle la garganta con él. Luna y yo fuimos rescatados dos horas después, pero ya era demasiado tarde para Ron y Hermione.
Boromir permaneció en silencio unos segundos, sus brazos firmemente rodeando la cintura de su amado. El Hombre vio a través de la fingida indiferencia del mago y no pudo evitar sentir un dolor sordo en su pecho al escuchar su sufrimiento.
—No fue culpa tuya. —al escuchar sus palabras, Harry alzó la mirada.—Su destino no estaba en tus manos. Tu amiga luchó por lo que creía hasta la muerte y tu amigo, en su locura, solo logró deshonrar su sacrificio. Tu amiga, Luna, hizo lo que era mejor para todos. —Harry abrió la boca con la intención de protestar, pero Boromir lo interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios. — ¿Crees que tu amigo se habría perdonado alguna vez haberte hecho daño, Harry? ¿No crees que si la locura no le hubiera robado la razón él mismo os hubiera dado las gracias?
Harry lo miró boquiabierto. Nunca había pensado en ello de esa forma. Ron siempre había sido un leal amigo y le gustaría pensar que Boromir tenía razón, pero la verdad era que nunca lo sabría.
El mago tragó saliva y parpadeó para evitar que las lágrimas cayeran. La culpa aún estaba demasiado fresca en su corazón y el dolor demasiado fuerte.
Boromir pudo ver todo eso en sus ojos y lo atrajo hacia su pecho antes de depositar un beso en su frente. Envuelto en sus brazos, el joven sollozó hasta que, al fin, el sueño lo venció.
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Con una última mirada en la dirección del joven que aún dormía en la cama, Boromir cerró la puerta a sus espaldas y se encontró cara a cara con Faramir.
—Hermano, ¿qué estás haciendo aquí?
—Buscaba a Harry. Pensé que le gustaría dar un paseo por los jardines. Hace un día hermoso.
—Me temo que eso no será posible ahora, Faramir. Harry aún se encuentra dormido.
— ¿Qué hacías en sus aposentos entonces?
Boromir no le respondió.
—Será mejor que no perturbemos a Harry. Ha tenido una noche difícil y necesita descansar.
El Hombre se dispuso a alejarse cuando la mano de Faramir en su hombro lo detuvo.
—Boromir, la gente ya ha empezado a hablar. No les des motivos para hacerlo aún más…
— ¿De qué estás hablando, hermano menor? —preguntó Boromir frunciendo el ceño.
Faramir miró alrededor, comprobando que no hubiera nadie que pudiera oírlos.
—Sé que en el pasado has mantenido… relaciones con algunas mujeres, pero esto no es aceptable. Si realmente ere serio con respecto a Harry…
— ¿¡Cómo te atreves a insinuar…¡?
—…entonces debes actuar en consecuencia. Puede que seas mi hermano, pero no dejaré que la deshonra caiga sobre él a causa de tu impaciencia. Harry merece algo mejor que esto.
El rostro de Boromir se endureció y sus ojos se clavaron fijamente en los de su hermano.
—No hay motivo para tu preocupación, Faramir. Jamás deshonraría a Harry de tal forma.
—Entonces debéis ser más cuidadosos. O comprometeros públicamente. Como he dicho, la gente ha comenzado a hablar.
Boromir asintió, tratando de ocultar su furia ante las previas acusaciones dirigidas contra él.
—Tan pronto como convenza a Padre de que lo permita, Harry y yo…
— ¡Capitán-General!
Ambos se volvieron en la dirección de la que venía la voz para ver acercarse apresuradamente a un soldado.
—Baja la voz. ¿Acaso tratas de despertar a los muertos? —ordenó Boromir.
—Lo siento, Capitán-General. Vuestro padre demanda vuestra presencia.
Faramir echó un furtivo vistazo a la puerta de los aposentos de Harry que Boromir notó.
—Vuelve más tarde, Faramir, y deja que descanse.
Con eso dicho, Boromir y el soldado se alejaron.
ΩΩΩΩΩΩΩΩΩ
— ¿Has estado ya en alguna de las fiestas de la ciudad, Harry? —preguntó Faramir aquella tarde.
Harry terminó de desensillar a su caballo y se giró hacia el Hombre.
—No, en realidad no. ¿Por qué?
Faramir lo observó cepillar a la yegua con una sonrisa. Harry había tomado un gran cariño a aquel hermoso ejemplar blanco que el propio Faramir le había regalado.
—Dentro de poco se celebrará el solsticio de verano y Boromir siempre acude. Estoy seguro de que le encantaría que lo acompañaras. —sugirió Faramir con evidente picardía.
—Lo que tu hermano menos necesita ahora mismo es que comiencen rumores sobre nuestra relación. Especialmente cuando las cosas entre vosotros y vuestro padre están tan tensas, Faramir.
—Oh, vamos, rumores sobre el misterioso amor de Boromir ya recorren la ciudad. —añadió el gondoriano.
Harry frunció el ceño. Eso no era algo que había esperado, aunque quizá debería haberlo hecho, teniendo en cuenta quién era Boromir.
—Estoy seguro de que Boromir apreciaría tu compañía. Deja que nosotros nos preocupemos de nuestro padre.
—Lo pensaré. —suspiró Harry finalmente.
Faramir asintió, sabiendo que era lo mejor que conseguiría.
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Harry acarició el costado del semental y suspiró antes de alzar la mirada. Sus ojo se encontraron con los de Boromir y el guerrero leyó en sus ojos la preocupación.
—No debes preocuparte, Harry. Volveremos pronto.
El mago asintió y logró ofrecer una débil sonrisa. Boromir acarició su mejilla con cariño y se inclinó para depositar un dulce beso en sus labios.
El sonido de un par de caballos acercándose hizo que Harry mirara sobre su hombro para ver a Faramir y Arborn acercarse con sus caballos.
—No tienes de qué preocuparte, Harry; estaremos bien. —le aseguró Arborn con una sonrisa que Harry no pudo devolver.
Arborn y Faramir acompañarían a Boromir y formarían parte del grupo enviado a recuperar una pequeña aldea cercana a la frontera con Mordor que había sido tomada por orcos. Tolan, siguiendo órdenes del Capitán-General, se quedaría en Gondor como guardia de Harry.
—Sed cuidadosos. No toméis riesgos innecesarios. —imploró el mago.
—Yo me aseguraré de que estos dos piensen antes de actuar, Harry. —prometió Faramir sonriendo cálidamente.
Harry le devolvió la sonrisa y permitió que Boromir lo besara una última vez antes de subir a su caballo.
—Aún no me has dicho si me acompañarás durante las celebraciones del solsticio de verano, mi ángel. —dijo el primogénito del senescal inclinándose en su caballo.
—Regresa sano y salvo y hablaremos de ello. —fue la respuesta que recibió.
Mientras los veía alejarse en sus caballos, Harry no pudo evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo. Tenía un mal presentimiento.
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Harry corrió por los pasillos, francamente agradecido de que sus habitaciones estuvieran tan cerca de las de Boromir.
Tolan lo seguía apresuradamente, sabiendo que nada que dijera podría hacer que se detuviera.
El guerrero había acudido en busca de Harry con malas noticias. Boromir y sus hombres habían regresado, pero el Capitán-General había sido herido en la batalla protegiendo a su hermano menor.
Harry sintió que su corazón encogía en su pecho mientras diferentes escenarios, a cada cual peor, cruzaban su mente a una velocidad aterradora.
No tardaron en llegar a los aposentos de Boromir, donde se encontraron con Faramir y Arborn. Había tres guerreros más cerca, pero Harry solo los conocía de vista.
— ¡Harry!
Faramir tuvo que sujetarlo por los hombros para evitar que chocara contra él y cayera al suelo.
— ¿Cómo está?—preguntó el joven mirándolo a los ojos con aprensión.
—El médico está con él. Aún no tenemos noticias.
— ¿Qué ha sucedido? —preguntó Tolan con calma al ver que Harry parecía incapaz de decir nada.
—Acabamos con los orcos de la aldea y fuimos sorprendidos por una manada de huargos. Perdimos a varios hombres en la lucha, pero logramos derrotar a los muy malnacidos. Cuando estábamos apilando los cadáveres para quemarlos, uno de los jinetes orcos se levantó y fue a por Faramir. Había estado fingiendo estar muerto. Boromir los vio y fue en la ayuda de Faramir, pero fue herido. La espada orca le atravesó el muslo. —explicó Arborn.
El mago cerró los ojos por un segundo y al abrirlos de nuevo vio la culpa que el hijo menor del senescal trataba de esconder.
—No ha sido culpa tuya.
—Si hubiera prestado más atención a mis alrededores…
—…quizá no hubiera cambiado nada. No podías saber que el orco solo estaba fingiendo estar muerto y tampoco sabes si eso habría cambiado algo. No ha sido culpa tuya, Faramir.
A pesar de que todavía creía que era culpa suya, Faramir no pudo evitar sentirse aliviado de que Harry no lo culpara por ello. Sin embargo, aunque a una pequeña parte de él le gustaría pensar que no era así, sabía que su padre lo haría.
El mago miró en la dirección de la habitación de Boromir cuando el sonido de unos gritos los alcanzó y Faramir tuvo que sujetarlo para impedir que corriera en esa dirección.
El joven guerrero sintió que se le encogía el corazón al ver la angustia que el rostro del pelinegro reflejaba claramente.
El sonido de un gran número de pasos les hizo mirar hacia la puerta justo a tiempo para ver entrar al senescal, Denethor, acompañado de varios guardias.
El hombre apenas les dirigió una mirada antes de demandar ser informado del estado de su hijo mayor.
—El médico aún se encuentra dentro, mi señor Denethor. —lo informó Tolan tranquilamente.
Denethor miró a su hijo menor con desprecio y asintió en dirección al guardia. Harry tomó la mano de Faramir entre las suyas y le dio un suave apretón para mostrar su apoyo. Debía de ser horrible ser tratado de esa forma por tu propio padre.
El gesto atrajo la atención del hombre, quien demandó saber quién era Harry y por qué se encontraba allí.
—Padre, dejad que os presente a Harry…
— ¿Con qué derecho se encuentra aquí?
—Padre, Harry es…
—Sé quién es. —murmuró el Hombre mirando al mago con más desprecio del que había dirigido hacia su hijo. —Lo cual no responde a mi pregunta: ¿por qué está aquí?
Faramir miró a Harry a tiempo de verlo bajar la mirada y se armó de valor para lo que sabía que se avecinaba.
—Padre, es el deseo de Boromir que Harry…
—Los deseos de Boromir no pueden tenerse en cuenta ahora. La belleza lo ciega, cree estar enamorado. Pero no es más que una ilusión. ¡Una ilusión que no debes alimentar!
Faramir estaba a punto de protestar de nuevo cuando Harry apretó su mano una vez más, silenciándolo.
—Por favor, mi señor, sólo deseo saber que Boromir está bien. —rogó Harry con humildad.
—Boromir estará bien. ¿Acaso dudas de su fuerza?
Pero antes de que el senescal pudiera decir nada más, el médico salió con noticias sobre la condición de su hijo y el Hombre olvidó sus preocupaciones sobre Harry. Faramir no lo hizo.
Desgraciadamente, las noticias que el médico traía no eran buenas en absoluto. La herida provocada por la espada del jinete de huargo estaba envenenada. Boromir sufría altas fiebres y delirios. Temían que, si la fiebre no bajaba pronto, el guerrero no se recuperaría.
Harry quedo aturdido al oírlo. El miedo a perder a Boromir le impedía reaccionar. Era como si se encontrara en un sueño, un sueño en el que no podía moverse o hablar. El mago apenas notó cuando Denethor, a pesar de las protestas de Faramir, ordenó que lo sacaran de allí.
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Tolan y Arborn, quien permanecía inusualmente silencioso, observaban al gran amor de su Capitán con preocupación. El hermoso joven se encontraba sentado en un diván en su habitación, mirando a la nada. No se había movido desde que habían llegado y no había reaccionado desde que recibieron noticia del estado de Boromir.
—Debo ver a Boromir.
Los soldados se sobresaltaron ante las repentinas palabras antes de fruncir el ceño.
—Me temo que el senescal no lo permitirá, Harry. —respondió Arborn sacudiendo la cabeza.
—Tiene que haber una manera. —insistió Harry mirándolos suplicante. —Puedo ayudar.
—Harry…
— ¿Cómo? —preguntó Tolan con su siempre calmada voz.
— ¿Tolan? —Arborn lo miraba con confusión.
— ¿Cómo podrías ayudar a nuestro Capitán-General, Harry?
El mago dudó. Boromir había dejado claro en numerosas ocasiones su opinión respecto a su magia. Si los poderes de Harry llegaban a oídos del senescal, sería usado como un arma. Pero si no hacía nada, Boromir podía morir y eso era algo que Harry no iba a permitir.
—Se supone que no debo hablar de ello. —dijo con reticencia. —Boromir no quería que nadie lo supiera…
Arborn frunció el ceño ante su respuesta.
—Me temo que en la situación en que nos encontramos eso ya no es una opción.
—Lo sé.
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—Mi señor Denethor, un sirviente me ha comunicado que el Capitán Shrian le está buscando. Parece tener noticias urgentes.
Denethor frunció el ceño antes de levantarse de la extravagante silla que había hecho traer a la habitación de su hijo. Bien podía ser urgente si le exigía dejar solo a un delirante Boromir a tan altas horas de la noche.
Ni siquiera se molestó en dirigirle una mirada a su hijo menor, quien se encontraba junto a la ventana.
Arborn se hizo a un lado para dejar que el senescal y sus guardias abandonaran la habitación. Faramir le dirigió una mirada inquisitiva, pero no obtuvo palabra alguna del normalmente vivaz soldado.
Tan pronto como el senescal hubo desaparecido de la vista, Tolan apareció acompañado de dos soldados que sustituyeron a los dos apostados a las puertas de los aposentos de Boromir. Tolan había sido muy cuidadoso a la hora de elegirlos, sabiendo que necesitaban hombres de confianza que no hicieran preguntas.
Los soldados cerraron la puerta, quedando ellos fuera y dejando a Tolan, Arborn y Faramir solos excepto por un febril General.
— ¿Qué está ocurriendo? No esperábamos el regreso de Shrian hasta dentro de al menos una semana…
—…y probablemente será entonces cuando regrese.
Faramir los miró en silencio, tratando de entender lo que estaba ocurriendo.
—No sé cuánto tiempo tenemos exactamente, pero debemos contar con que no sea mucho. —intervino Tolan.
—Sí, por supuesto. ¿Harry?
— ¿Qué estáis…?
Faramir jadeó cuando la cabeza de Harry apareció repentinamente en el aire. La mirada del joven, sin embargo, no se apartó de la cama. O, más concretamente, del hombre que en ella yacía.
— ¿Qué endemoniada maldad es ésta?
—No es maldad. Es solo magia, Faramir. Y puede salvar a tu hermano. —respondió Arborn. —Harry es un Istari.
—No un Istari, Arborn. Su magia es diferente de la mía. —respondió Harry distraídamente mientras se quitaba una capa plateada y se arrodillaba junto a la cama. —Soy solo un mago.
—Diferente o no, ¿no es eso lo que es un Istari?
—Supongo que sí. —Harry alzó la mirada y sus ojos se toparon con los ardientes ojos de Faramir. —Puedo ayudar. Sé que no tienes motivos para confiar en mí después de haberte ocultado esto, pero era el deseo de tu hermano que nadie supiera de mis poderes. Por favor, confía en mí tan solo lo suficiente para salvar a Boromir y te prometo que recibirás una explicación.
Faramir lo miró a los ojos, sopesando sus opciones. Su hermano estaba malherido, ¿qué daño podía hacer intentarlo? Y podía entender el motivo por el que sus poderes no debían salir a la luz. Su padre no dudaría en usarlo como un arma para defender Gondor.
Mirando a Harry a los ojos, supo que él habría hecho lo mismo en su lugar. Y aún lo haría. Si la existencia de un mago en palacio llegaba a oídos del senescal… Denethor era conocido por su desprecio hacia la magia y no había dudado en tratar de inculcar ese mismo odio en sus hijos.
Lo habría logrado, de no ser por las historias que su madre les contaba cuando eran pequeños. Faramir no recordaba demasiado sobre ella, puesto que Finduilas había muerto cuando él solo tenía cinco años. Boromir tenía diez cuando ocurrió y, algunas noches, él mismo le había contado esas historias antes de dormir. Pero eso había sido antes de que se convirtiera en un guerrero.
Si su padre se enterase de que Harry era un mago, lo acusaría de haber embrujado a sus hijos. Sin embargo, sosteniendo la mirada del bello joven, Faramir solo podía ver la bondad, sinceridad y extraña tristeza tan características de su amigo acompañadas por una profunda preocupación por su hermano y sabía que alguien así nunca sería capaz de hacer eso.
—Haz lo que puedas.
Harry asintió, aliviado. Su mirada regresó a Boromir, quien en sus delirios, había alargado una mano hacia él. Harry la tomó entre las suyas, mucho más pequeñas, y sintió la piel ardiendo.
—Primero debemos hacer que la fiebre baje.
— ¿Cómo? Nada de lo que hemos hecho hasta ahora ha funcionado.
El pelinegro se llevó la mano al cuello y se quitó el monedero de piel de moke que siempre llevaba. De ahí sacó una pequeña caja que colocó en el suelo antes de agrandarla.
Sin dedicar una mirada a los rostros estupefactos de los guerreros, Harry abrió el compartimento del baúl en el que normalmente guardaba las pociones. En el monedero solo tenía unas pocas muy básicas.
No tardó en encontrar lo que estaba buscando. Una poción reductora de fiebre. Ahora solo tenía que conseguir que Boromir la bebiera.
—Boromir, Boromir, ¿puedes oírme? —lo llamó Harry colocando una mano en su mejilla y otra en su frente. —Boromir, debes beber esto.
Un par de febriles ojos grises se abrieron, pero no parecía haber reconocimiento en ellos. El Hombre movió los labios, pero ningún sonido salió de ellos. Harry sintió un dolor sordo en el pecho, pero trató de no pensar en ello. Ahora no era el momento.
—Boromir…
—Deja que te ayude. —murmuró Faramir acercándose.
Entre los dos lograron que el guerrero bebiera el contenido del vial antes de que empezara a toser. Rápidamente, Arborn les dio un vaso de agua que Boromir bebió con gusto.
— ¿Qué era eso?
Harry alzó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Faramir una vez más. Para cualquier otra persona, esa pregunta no tendría ninguna importancia. Sin embargo, para Harry significaba mucho.
Faramir había confiado en él, aun sin saber lo que el vial contenía.
—Es para la fiebre. Útil, pero de un sabor asqueroso. —explicó colocando una mano en la frente del soldado por un momento. —Ya ha empezado a hacer efecto.
— ¿Tan rápido? —se sorprendió Faramir.
El Capitán imitó al mago y colocó una mano en la frente de su hermano mayor. Efectivamente, la fiebre parecía haber bajado un poco.
—Bien, ahora el veneno. —murmuró Harry para sí mismo.
El mago se acercó de nuevo al baúl y frunció el ceño. No conocía la composición del veneno y no tenía tiempo para estudiarla. Solo esperaba que lo que tenía en mente fuera suficiente.
— ¿Puedes curar el veneno?
—Creo que sí. Si encuentro… ajá, aquí está.
Harry volvió a acercarse a la cama, pero se detuvo cuando un par de ojos del color de las tormentas se clavaron en él.
—Harry…—susurró. — ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde estoy? Lo último que recuerdo…
Pero Harry parecía paralizado e incapaz de responder. Sus ojos no se apartaban de los de Boromir.
—Fuiste herido. Ahora estás en palacio. Tenías una fiebre muy alta y el médico dijo que no te recuperarías si no bajaba. ―dijo Faramir en lugar del joven.
— ¿Y qué dice ahora?
—No lo sabemos. Es Harry quien ha logrado que bajara tu temperatura.
Ante esa nueva información, el guerrero miró al mago inquisitivamente.
—Tuve que contarles lo que puedo hacer. Era la única manera de poder verte.
— ¿Quiénes lo saben? —preguntó el Hombre preocupado.
—Solo nosotros. —respondió Arborn.
Boromir miró a los tres soldados con seriedad.
—Entonces así debe continuar. Nadie más debe saber de esto. Es demasiado arriesgado.
— ¿Acaso nos tomas por estúpidos, hermano? Sabemos lo que nuestro padre haría. Ninguno de nosotros dirá nada.
Harry miró a Faramir sorprendido. No había esperado eso, al menos no antes de que pudiera explicarle de dónde venían sus poderes.
Por su parte, Faramir miró al bello y sorprendido joven a esos hermosos ojos verdes y sintió que se ruborizaba antes de apartar la mirada y aclararse la garganta.
Eso pareció sacar al joven mago de su asombro, porque pronto volvió a acercarse al lecho de Boromir y puso una mano en su frente.
—La fiebre casi ha desaparecido, pero el veneno aún recorre tu sangre. —Harry le mostró una pequeña piedra que sostenía en su mano y se la dio. —Debería ser suficiente para curar el veneno.
—Es una piedra. —declaró el Hombre alzando débilmente una ceja.
—Es un bezoar. Mi gente descubrió que puede ser utilizada como antídoto contra la mayoría de venenos.
— ¿Qué tengo que hacer con ella? ¿Comérmela?—bromeó Boromir.
— ¿Tu gente? —preguntó a su vez Faramir.
—Mi gente. Os lo explicaré más tarde. Y, sí, debes comértela.
Harry no pudo evitar pensar que parecían peces fuera del agua.
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—Tendremos que irnos pronto, Harry. No pueden encontrarte aquí.
Harry alzó la mirada al oír las palabras de Arborn antes de volver a mirar a Boromir y apartar un mechón de pelo de sus ojos.
El guerrero se había negado a permitir que Harry curara su herida, alegando que el médico y todos los demás sin duda lo notarían si estaba se cerraba de la noche a la mañana. Por ello, Harry solo había podido curar su veneno, limpiar la herida y aplicar un ungüento que impediría que se infectara por unas horas.
El gondoriano leyó la preocupación en sus ojos y alzó una mano para acariciar su mejilla.
—Estaré bien. Pronto podrás volver, y esta vez no tendrás que ocultarte. Pero ahora debes irte.
—Me sentiría más tranquilo si me permitieras curarte por completo.
—Eso no es posible, Harry. Es demasiado peligroso para ti.
—Pero…
— ¡No! —el rostro de Boromir se suavizó. —Estaré bien en un par de semanas. Tú mismo lo has dicho, Harry. Además, ya le has dado a Faramir ese ungüento para evitar infecciones.
El joven suspiró e inclinó la cabeza en señal de derrota. Discutir no le serviría de nada y Boromir podía ser obstinado como ningún otro.
Harry se inclinó para depositar un suave beso en la frente del guerrero y comenzó a enderezarse cuando el hombre colocó una mano en su nuca y lo atrajo hacia sí para darle un apropiado beso.
Cuando al fin se separaron, un oscuro rubor cubría las mejillas del joven. Boromir sonrió con satisfacción y acarició su mejilla con un dedo.
—Tolan, Arborn, aseguraos de que mi pequeño ángel llega a salvo a sus aposentos. —ordenó el Capitán-General.
Harry suspiró. De nuevo, discutir sería inútil. El mago se levantó con gracia del suelo donde había estado arrodillado y, con reluctancia, caminó hacia la puerta, donde los dos soldados esperaban para escoltarlo hasta sus habitaciones.
—Harry, —La voz de Boromir lo hizo detenerse cuando estaba a punto de salir. — ¿significa esto que no vendrás conmigo al solsticio de verano?
Harry se giró hacia el hombre y le dedicó una sonrisa tan dulce que Boromir sintió que se quedaba sin aliento.
—Iré contigo a donde quieras, Boromir.
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Harry alisó con nerviosismo la tela de su túnica mientras esperaba. La túnica había sido un regalo de Boromir. La tela era fina y lujosa, de un color verde brillante que realzaba el color de sus ojos. Llevaba unos pantalones negros, botas altas y el pelo suelto.
El mago recogió su capa justo cuando llamaban a la puerta y respiró hondo antes de abrirla.
El joven sonrió con timidez al ver a Boromir. El atractivo Hombre lo miró con ojos llenos de amor y se inclinó para besar su mano antes de ofrecer su brazo.
Harry entrelazó el suyo con el del guerrero y ambos caminaron hacia la Ciudadela que daba a la ciudad, procurando no moverse demasiado rápido. Después de todo, Boromir aún no estaba completamente recuperado.
Pronto, el Árbol Blanco, seco y solitario excepto por los guardias de la Ciudadela que lo protegían, quedó a la vista y Harry no pudo evitar detenerse ante él.
— ¿Conoces la leyenda del Árbol Blanco? —preguntó Boromir.
—No, pero no me importaría escucharla.
—El árbol no ha florecido en siglos y se dice que, cuando un nuevo rey descendiente de los antiguos y nobles reyes ocupe el trono, el Árbol Blanco florecerá de nuevo y el reino de Gondor prosperará una vez más.
— ¿Crees que es cierto?
Boromir miró el árbol con aspecto inusualmente pensativo. Finalmente, se encogió de hombros.
—Uno nunca puede estar seguro, pero no parece ser más que una leyenda. Los reyes de antaño se perdieron mucho tiempo atrás.
Harry asintió. Boromir sonrió suavemente y acarició la mano que descansaba entrelazada con su propio brazo.
—Vamos, la fiesta debe de estar a punto de comenzar.
Harry asintió una vez más y, con una última mirada al Árbol Blanco, ambos dejaron la Ciudadela.
