Cuarta parte.
.
.
.
Últimamente comer se le hacía una tarea bastante agobiante. No entendía muy bien por qué, pero la sensación de la comida bajando hacia su estómago no le agradaba mucho; de inmediato sentía nauseas. Sin embargo, se obligaba así mismo a hacerlo porque la comida era algo vital para un ser vivo y en sus planes no estaba morir pronto; no por inanición, claro.
Pensó que tendría una hora de almuerzo tranquila, sentado bajo la sombra de un árbol, sin gente ruidosa a su alrededor. No estaba de mucho ánimo para andar aguantando las estupideces de las personas que lo rodeaban. Cómo diablos fue que Kondo, Hijikata y Yamazaki terminaron bajo la misma sombra del mismo árbol que él, estaba más allá de su entendimiento. Por lo visto, estaban ciegos al gran letrero en rojo sobre la cabeza de Sougo que decía: "Déjenme solo".
No fue exactamente lo que él esperaba sobre su almuerzo tranquilo, pero si que se pudo entretener echándole un poco de salsa tabasco a la comida de perro de Hijikata. No importaba como se encontrase, Okita molestaría al bastardo si se le presentaba la oportunidad. Yamazaki intentó detener la ira del pelinegro, pero simplemente fue descargada contra él. Kondo quiso detener a Hijikata, pero este ya estaba siguiendo arrancando la vida del otro hombre. Sougo simplemente renunció a fingir que estaba comiendo y apoyó la barbilla en una mano, dejando que una nube de desinterés se asentara sobre él. Levantó su otra mano para quitarse algunos mechones de cabello que estaban cubriendo su rostro, y de repente recordó que China siempre hacía lo mismo.
El castaño se incorporó bruscamente y tomó su bebida tan rápido que derramó un poco de esta sobre el césped. Kondo, Okita notó, lo estaba mirando fijamente con una expresión algo desconcertante en el rostro.
—¿Qué? —preguntó entonces, tratando de sonar desinteresado.
—Nada —dijo, levantando las manos en defensa.
Algo parecía haber ocurrido mientras no prestaba atención, porque ahora estaban Hijikata, Yamazaki—bastante golpeado—y Kondo mirándose entre ellos, en un silencio que no era precisamente cómodo, y había dejado de comer.
—Entonces… —comenzó Hijikata, sacando su cajetilla de cigarrillos del bolsillo, preparándose para encender uno —, escuché que tu novia se va a ir.
¿Es que la tonta de la China publicó su partida en un periódico o qué? al parecer, la conversación en donde trataban de evangelizarlo ya iba a comenzar.
—Ella no es y nunca ha sido mi novia —¿de dónde habían sacado esa conclusión de todos modos? Siempre habían tenido cuidado de no acercarse demasiado en público y actuar como les era acostumbrado. Ciertamente, no le había dicho a nadie que eran…lo que sea que hayan sido, y tampoco podía imaginar a la bermellón gritándoselo al mundo.
Ni siquiera habían sido amigos. ¿Por qué demonios pensaban en eso?
—Claro —el pelinegro rodó los ojos —. Y mis pulmones están muy sanos.
—¿Tanto quieres morir hoy, Hijikata-san?
—Déjalo para otro día —aseguró el hombre.
—Okita-san —llamó Yamazaki —, no te pongas a la defensiva, sólo estamos tratando de hacer que te sientas mejor.
Pues si esa era su intención, lo estaban haciendo muy mal. Claro, la cosa sería diferente si él estuviese tomando su almuerzo sobre la tumba de Hijikata.
El castaño tomó aire para matar a todos. —Nadie tiene por qué hacerme sentir mejor —dijo —. Me siento bien, gracias.
Y, acto seguido, se levantó y se alejó de ellos, sin mirarlos, fingiendo no darse cuenta de las voces que escuchaba tras su espalda. Así que para hacer énfasis en que no le importaba, estiró los brazos sobre él, bostezó, y entrelazó los dedos detrás de la cabeza mientras caminaba. De esa forma les quedaría claro que no había nada de malo en él.
Porque por supuesto, no le pasaba nada.
Una vez que salió a la calle, sin embargo, lo primero que vio fue un cabello bermellón.
Se detuvo en seco, dejó caer las manos y se olvidó brevemente de respirar. ¿Podría ser…?
—¿Okita-san? —Sobresaltado, se dio la vuelta para mirar a Shinpachi —¿Todo bien?
—Si —afirmó, después de mirar brevemente hacia el lugar en donde creyó haberla visto, solo para encontrarlo vacío.
A pesar de que el muchacho, después de la muerte de Gintoki se había convertido en alguien más apático, pareció volver al Shinpachi anterior, mirándole con ojos de compasión, como si supiera lo que él sentía sin necesidad de hablar o de preguntar nada.
—Sabes, los estuve buscando por un buen rato. Kondo-san me dijo que le gustaría ver a mi hermana cuando la hubiesen estabilizado —eso explicaba el hecho de él estar ahí, pero, mucho más importante que eso, él no se habría detenido a explicarle nada si no estuviese intentando hacerlo algo —. Así que pensé que hoy era un buen momento…
Si había alguien de quien China se despediría antes de irse de ese desolado lugar, sería de Shimura Otae. Por supuesto, ella estaría un buen rato con la mujer antes de irse definitivamente, y si él iba al hospital, de seguro se la encontraría y era lo último que deseaba hacer, porque entonces todas sus afirmaciones de estar bien con lo que estaba pasando se irían directo al retrete.
—Por supuesto, puedes venir si quieres y-
—Oye —interrumpió.
—¿Qué?
—Córtalo.
El joven de la Yorozuya abrió de más los ojos, en una expresión de sorpresa. —¿De qué hablas?
—En serio —Sougo suspiró —. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es esto una especie de conspiración rara?
Shinpachi también suspiró, derrotado. —Bueno, Kagura no ha sido muy normal en estos días, y Hime-sama tuvo la loca idea de que hacer que se vea contigo podría lograr que ella dejara la estúpida idea que tiene de abandonar la Tierra.
Por supuesto, algo así tendría que venir de la mente de la sádica exprincesa. Y el chico Shimura no podía negarse a algo que ella pedía—como, de hecho, les pasaba a muchos—.
—Traté de explicarle que eso no funcionaría con ustedes, pero ella es muy terca a veces. Se puso muy rara y llorosa y dijo que no podía permitir que ustedes dos fueran infelices.
—¿Y eso a ti qué? —Shinpachi lo miró, sin entender muy bien la pregunta —. ¿Qué te importa si China se va o no? Hasta donde sabía, ustedes están peleando.
Shinpachi sonrió con nostalgia. —Si, lo estamos. Pero eso no quiera decir que quiera que se vaya —se encogió de hombros —. Kagura me sigue importando, y definitivamente él me reprocharía en algún momento por no cuidarla como se debe.
Sorprendentemente, para Sougo, la verdad de esa afirmación le picó un poco. No le gustó, pero reconoció que, si hubiese sido el caso, Danna también lo haría responsable y definitivamente se lo reprocharía a él también—e incluso, probablemente le daría una paliza—.
El chico Shimura pareció darse cuenta del repentino cambio de humor y se encogió de hombros amablemente. —Bueno, supongo que iré a buscar a Kondo-san —anunció, comenzando a caminar, pero se detuvo de nuevo —. ¿Quieres que le diga algo a Kagura?
Okita se acomodó el sombrero, listo para ir a vagar por el camino. —No —y se alejó rápidamente.
El de lentes negó con la cabeza, avanzando hasta llegar a la entrada del terreno en donde se estaba alojando temporalmente el Shinsengumi.
—Bueno, por lo menos ya te libras de él, ¿no? Siempre dijiste que era un dolor en el culo —dijo, apoyándose momentáneamente en un poste —. Tu no quieres salir lastimada, y él tampoco. Si ninguno da su brazo a torcer, están perdidos.
Desde el tejado, se lanzó una persona. Lo único que Shinpachi pudo visualizar fue un paraguas morado. —¿Por qué demonios debería importarme? No debería. No es así. Sólo déjalo ya.
—¿Y entonces por qué estás aquí?
Ella no respondió. Simplemente siguió caminando.
—¿A dónde vas?
—Tengo que comprarle croquetas a Sadaharu.
El chico se encaminó de nuevo para buscar a Kondo, con una pequeña sonrisa en su rostro. Kagura siempre había sido una mentirosa terrible.
Debo disculparme profundamente por no actualizar nada, pero hubo razones de peso que me impidieron hacerlo. La más importante de ellas fue que mi pc le dio por morir, y pues tuve que llevarlo a reparación (porque por supuesto, no iba a perder ningún archivo importante), y como aquello ocurrió antes de navidad, no lo podían entregar a tiempo y después fue año nuevo y no pude hacer nada sin tener a mi fiel y bello amigo conmigo.
Ahora que ya está en condiciones estables (igual, tendré que comprar uno nuevo, porque no aguantará), pude editar lo que ya tenía escrito y salir de las sombras xD
¡Ahora si, los abandono! ¡Nos leemos en el transcurso de esta semana! :D
