Siento haber tardado tanto tiempo en subir este capítulo, pero tuve problemas con mi laptop.
De nuevo gracias a todos los que me dejaron reviews, espero que también lo hagan en esta ocasión, y como siempre espero por lo menos uno para montar la continuación.
Doris McGarrett lamentaba con toda su fuerza su anterior momento de debilidad enfrente de su hijo, este la había visto antes de muchas maneras, pero la mirada de confusión mezclada con compasión que le lanzaba en ese momento le dolía más que una de rabia.
—Doris—exclamaba el comandante sacando a su madre de su ensimismamiento—¿Quién demonios es Alexandro di Marco y qué tiene el que ver con Danno?
—Es una historia muy larga Steve—respondió Doris recuperando la compostura—pero creo que es el momento de que conozcas toda la verdad. Todo comenzó unos meses después de fingir mi muerte en el carro bomba.
*Inicio del flashback*
Shellbourne caminaba alicaída por un concurrido pasillo del pentágono dirigiéndose hacia una de las muchas oficinas en las que se le asignaría una misión. Nunca había sido una mujer expresiva, sin embargo ¿quién no se deprimiría luego de abandonar a su familia de esa manera?
Aunque estuvo unos pocos días luego de la explosión cerca de sus hijos sin que ellos lo notaran, el peligro que corrían incluso así era enorme.
—¡Oh Shellbourne! — exclamó una voz atrás de ella, al darse vuelta, se encontró cara a cara con Tyler Cain, el cual mostraba una sonrisa exageradamente grande— Mi queridísima Doris, se que tienes problemas ahora y lo menos que querrías es esto, pero no tenemos a nadie más que haga este trabajo.
—¿De qué demonios hablas Cain?
—Te toca entrenar a uno de los nuevos agentes.
*Final del Flashback*
—Allí fue cuando lo conocí—explicó Doris—En ese tiempo solo era un adolescente problemático que había pasado varias veces por una correccional, pero con un potencial suficiente como para llamar la atención del Pentágono.
Danny Williams sentía una extraña mezcla de miedo y añoranza mientras veía al guardia que lo vigilaba caminar hacia el otro lado de la habitación, la situación en la que se encontraba le recordaba la primera vez que sus habilidades fueron reconocidas, moldeadas y explotadas sin ninguna vergüenza.
*Inicio del flashback*
Estar en un reformatorio era muy familiar para Danny Williams, sin embargo la situación en la que se encontraba era nueva, jamás había estado en una cárcel real debido a que era menor de edad, pero incluso el sabía que había cruzado la línea luego de asesinar a ese hombre.
Aun podía sentir el olor de la sangre humana en sus manos, la adrenalina fluyendo por su cuerpo y el sádico placer de clavar ese cuchillo sin compasión alguna. Ni siquiera el conocía esa faceta suya.
Era nauseabunda la situación. Solo podía pensar en una forma en que iba a terminar todo, y seria de la misma forma en que empezó, con una muerte, en específico con la suya.
—Señor Williams—Dijo una voz en la oscuridad que se filtraba desde el exterior de la celda—al parecer usted no aprende nunca. Sin embargo mi joven amigo, me alegro de que asesinaras a ese hombre por dos razones: la primera porque me demuestras que si eres lo que buscaba y la segunda porque ahora te tengo en mis manos. Ahora puedes decidir entre morir pudriéndote en esta celda, o venir conmigo y darle un gran cambio a tu vida.
*Fin del flashback*
Sonriendo el detective Williams terminó de soltar las ataduras de sus manos y luego de liberar sus pies se levantó, golpeó al guardia en cierta parte de la nuca y luego de tenderlo en el suelo y quitarle su arma salió de la habitación sabiendo que su vida ya no sería la misma después de esa noche.
Steve McGarrett no había soportado escuchar más tiempo la historia de su madre. Se sentía engañado, humillado y dolido. Sabía que no podía reprocharle a Danny todas las vidas que había arrebatado, ya que él mismo había matado a cientos en las múltiples misiones que había cumplido con los SEALs.
Conducía a toda velocidad por la autopista Kamehameha y, aunque la vista se le nublaba cada cierto tiempo por culpa de las lágrimas de rabia, nunca dejó de pisar el acelerador, ni siquiera cuando una silueta humana se interpuso es su camino y fue golpeado y arrojado a diez metros de la camioneta.
Steve bajó a toda velocidad del auto y fue a socorrer al hombre. Sin embargo, el inevitable destino parecía estarle jugando una broma, jamás habría creído que aquel hombre al que buscaba con tanta insistencia apenas tres horas atrás terminaría golpeado por su propio auto.
Intentó llamar por ayuda, pero un súbito mareo nubló su conciencia, y antes de que siquiera lo notara, ya estaba tendido al lado de su mejor amigo, mientras varias lágrimas bajaban por sus mejillas.
