"En medio de sus besos, uno de los colmillos de Damon rozó peligrosamente el cuello de Bonnie."
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Damon se retiró de inmediato. La acción fue como un balde de agua fría para ambos. El vampiro enseguida escaneó rápidamente con su mirada el cuello de Bonnie en busca de algún rasguño dejado por su colmillo.
– ¿Por qué paraste? Se quejó Bonnie, abriendo sus ojos y mirándolo. La comprensión surgió en su rostro al fijarse en los afilados colmillos que se veían en la boca entre abierta del vampiro.
Bonnie tomó aire fuertemente. Con manos temblorosas, aunque decidida y ante la atenta mirada del vampiro, retiró por completo el cabello de su hombro y cuello. Y lo observó fijamente. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba en una sonrisa tímida.
Damon comprendió entonces lo que cruzaba por la mente de su pequeño pájaro rojo.
– ¿Estas segura? – le preguntó telepáticamente.
Bonnie advirtió la voz ronca por el deseo de Damon y sonrió un poco más. Asintió. –Hazlo. – respondió en la mente del vampiro suavemente.
Damon dudó, pero solo por un segundo, y se inclinó hacia ella. Pero en vez de dirigirse a su cuello, se dirigió a sus labios, tomándola por sorpresa. Bonnie ladeo la cabeza hacia el, para que sus labios encajaran mejor.
Damon la besó con lentitud, disfrutando el momento. Imprimió toda la ternura, el amor y la adoración que sentía por ella en ese beso. Bonnie le respondía tímidamente.
Entonces, un sonido diferente a cualquiera del bosque llegó hasta los muy agudizados oídos de Damon. El no dejó de besar a Bonnie, sin embargo, centró su audición en todo lo que los rodeaba.
Primero captó una respiración acelerada y superficial, y luego, el distante sonido de un corazón latiendo. Que no pertenecía a su amada brujita.
Damon se apartó un poco, permitiéndole a Bonnie tomar aire, ella respiraba superficial y agitadamente por todas las emociones que la embargaban. Damon notó que sus mejillas estaban encendidas en un adorable tono rosado. Se dejó absorber por sus amplios y luminosos ojos castaños. Sin nunca apartar la mirada de ella.
Aunque estaba bastante interesado en averiguar quien estaba rondándolos, y claramente, espiándolos, también prefería solo quedarse allí sosteniendo a su doncella y besándola por siempre.
Damon volvió a unir sus labios, y Bonnie rodeó con sus brazos su cuello. En respuesta, Damon la estrechó más contra su cuerpo y acarició su cabello pelirrojo.
De repente, Bonnie rompió el beso y lo miró significativamente.
Una pequeña brisa barrió el claro y Damon respiró profundamente, esperando poder conseguir el rastro del intruso. Y lo hizo.
El viento le llevó un familiar aroma y de inmediato supo a quien pertenecían esos latidos desbocados y esa respiración agitada y nerviosa.
Suprimió una sonrisa.
Conocía bien a esa persona.
Damon no tenía intención de hacerle saber a Elena que sabia que ella estaba allí observándolos. Y como un demonio le iba a decir a Bonnie, pues ella se avergonzaría mucho y se cohibiría mucho más. Definitivamente no iba a interrumpir el momento con su pequeño pájaro rojo.
Si Elena quería quedarse y mirar el espectáculo, que lo hiciera. Pero Damon no iba a inmutarse.
–Ahora– susurró Bonnie en su mente. Ella desabrochó los primeros botones de su camisa. Dejando al descubierto una parte de su brassier de negro de encaje. De ahí en adelante, Damon se olvidó de Elena y de todo lo demás. Toda su atención se vio arrastrada a Bonnie.
Ante la visión de su Bonnie expuesta a él, Damon dejó de respirar y tragó en seco. Era tan hermosa que dolía.
Bonnie ladeo nuevamente la cabeza, mostrándole el pálido cuello.
El vampiro se fue inclinando a medida que sus colmillos se afilaban hasta límites insospechados y su garganta ardía en anticipación. Primero depositó un pequeño beso. Bonnie cerró los ojos y se estremeció un poco. Damon rozó la piel con sus colmillos, sintiendo la calidez que emanaba de ella. Luego mordió, lo mas delicadamente que pudo.
Para la pelirroja apenas fue un doble pinchazo, más placentero que doloroso. No era la primera vez que Damon se alimentaba de ella, pero era la primera vez que lo hacia estando juntos, como pareja.
Por un minuto eterno, Damon disfrutó de la sangre dulce y tibia inundando su boca y afinando sus sentidos. Luego se retiró, y enderezó a una somnolienta pelirroja.
Bonnie lo había disfrutado tanto como el. Se sentía en paz, rodeada por los firmes brazos de Damon, alimentándole, dándole un pedacito de ella.
– ¿Estas bien gatita? – preguntó Damon en su mente.
Bonnie le sonrió. – Perfectamente. – respondió, feliz.
Damon la miró intensamente y desabrochó los botones de su camisa. La pelirroja se sonrojó al saber lo que venia.
Damon rasgó la piel en la base de su cuello con una uña. Creó una herida pequeña, pero profunda. Bonnie observó esto hipnotizada. La sensualidad de Damon se hacia presente con fuerza.
–Ahora es tu turno, dulzura. – dijo Damon de forma seductora en su mente.
El vampiro la tomó por la nuca y la atrajo hacia el, lentamente. El corazón de Bonnie latina desbocado y la adrenalina la recorría furiosamente. La pelirroja colocó sus pequeñas manos en el pecho del vampiro, y sin dudarlo, acercó sus labios a la sangrante herida.
Empezó a succionar y, de inmediato, los parpados de Damon se cerraron por la ola de placer que lo golpeó. Un sonido gutural escapó de sus labios.
Bonnie lo escuchó y se sonrojó, pero también se llenó de un sentimiento de suficiencia y orgullo al darse cuenta de que ella estaba provocándole eso a el. Era por ella que Damon gemía y perdía la cabeza.
Bonnie daba pequeños tragos, la sangre del vampiro se le antojaba deliciosa. No sabia en lo absoluto como la sangre que ella succionaba de las pequeñas heridas que a veces, accidentalmente, se hacia. Como un pinchazo en el pulgar, un rasguño o un corte de papel. La sangre de Damon era efervescente, llena de poder. Era única.
Damon enredó sus dedos en el cabello pelirrojo de Bonnie y lo acarició con amor y devoción. Depositó un dulce beso en la sien de su doncella.
Ella succionó con un poco mas de fuerza y el no pudo evitarlo y gimió su nombre quedamente.
–Bonnie…– musitó, una vez mas, dejando caer su cabeza hacia atrás.
Le parecía increíble como esa pequeña chica podía provocar tanto en el. Poco a poco Damon fue inclinándose hacia atrás, sosteniendo a Bonnie contra su pecho. Ella quedó sobre el, hecha un ovillo, enroscada sobre su amplio pecho y aferrándose con los puños cerrados a su camisa. Sus labios no se despegaron ni un segundo del cuello de Damon.
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