Hola!
DISCLAIMER: Buddy Complex no me pertenece, ni los personajes que salen en la serie de anime. Lo único mio es la trama y los OC que aparecen por ahí.
ADVERTENCIA: Este fic es slash, yaoi, si no te gusta no leas.
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Nuestro tiempo
Capítulo 3. Entre bodas y festivales
"ELVIRA Y LEE
JUNTO CON VUESTRAS FAMILIAS,
TENEMOS EL HONOR DE INVITAROS A NUESTRO ENLACE
QUE TENDRA LUGAR
EL PROXIMO DÍA 20 DE JUNIO DE 2092 A LAS 14:30 HORAS EN LA
CATEDRAL DE ST. MARY'S, TOKYO
A CONTINUACION CELEBRAREMOS ESTE ACONTECIMIENTO TODOS JUNTOS
EN LA MANSION LÉBEDEV EN LA CIUDAD DE TOKYO"
Con cuidado guardó la invitación de boda dentro de uno de los cajones en su mesita de noche y tomó uno de los libros que había estado leyendo desde hace mucho pero que por falta de tiempo no había podido terminar, lo abrió en la página que había dejado marcada y se dispuso a leer, solo que su mente no estaba muy de acuerdo pues estaba empeñada en viajar a otros temas.
Dio no entendía como Lee y la doctora Elvira podían pensar en una boda a esas alturas y aun con tantos problemas encima. Podía entenderlo, sí, pero él consideraba que sería más prudente esperar a que todo estuviera en verdadera paz. No quería que sus amigos se arriesgaran a ser blanco de alguno de los bandos rebeldes. La invitación le llegó hace poco más de un mes, Lee y Elvira se habían presentado en su mansión una tarde dos días después de que llegaran de una misión, habían aprovechado que por unos días estarían todos en casa hasta las siguientes órdenes. Ese día antes de entregar las buenas nuevas estuvieron hablando con él un rato, en lo que su familia regresaba. Su hermana había salido a comprar unas cosas para su escuela y había obligado a su padre a acompañarla aprovechando que estaba de visita por una temporada.
Desde que la guerra terminó, el señor Weinberg había cambiado su manera de ser para con sus hijos. Desde un principio siempre supo que Dio corría peligro estando al frente de la batalla, pero, fue hasta ese último día en que de verdad pudo perderlo, que sintió que se había estado equivocando por mucho tiempo, siendo injusto con él al culparlo por la muerte de su esposa y la parálisis de Fiona. Al mismo tiempo se dio cuenta de que había dejado sola a su hija por mucho tiempo incluso cuando ella más lo necesitó. Ahora, para compensar un poco todos aquellos errores que cometió, aun teniendo mucho trabajo, siempre buscaba la manera de pasar tiempo con sus hijos. Le preocupada mucho que Dio fuera enviado a las recientes misiones, que, si bien por ahora eran solo de búsqueda, en algún momento llegaría el enfrentamiento y temía que su hijo fuera a salir herido.
Fiona por su parte, a pesar de la parálisis, siempre se mostraba feliz y contenta de tener a su familia con ella. La guerra le había quitado a su madre, pero había ayudado a que su ferviente deseo de unir más a Dio con su padre se hiciera realidad. Después de más de tres años había dejado el cuerpo de niña atrás y ahora con 15, casi 16 años, era toda una señorita alegre, responsable y muy optimista. Su cabello ahora le llegaba por encima de la cintura y sus facciones se habían estilizado, solo sus ojos seguían igual de cálidos y risueños, además, había fortalecido su carácter, si bien seguía siendo amable y considerada con los que la rodeaban, no dejaba que nadie la hiciera sentir mal o que molestaran a sus seres queridos. Prácticamente es Fiona la que mantiene a raya a los dos hombres que viven con ella y Dio siempre está de acuerdo con su padre cuando le dice que cada vez se parece más a su madre.
No fue mucho el tiempo que Elvira y Lee estuvieron hablando con él pues en cuanto Fiona y su padre llegaron a la mansión, los dos prometidos hablaron del motivo de su visita, que no era otro que hacerles entrega de la invitación a su boda esperando que los tres miembros de la familia Weinberg los acompañaran en tan importante evento. Decir que la expresión de sorpresa en los tres rostros fue la esperada, era decir mucho pues ninguno de los tres se imaginaba que en tiempos como esos ellos pensaran en celebrar una boda. En sí no era tan mal momento, ya no había guerra, pero el hecho de estar bajo asecho por grupos rebeldes peligrosos tampoco era como estar en completa paz.
Flash back
—Bueno, el verdadero motivo de nuestra visita es hacerles la cordial invitación a que asistan a nuestra boda, se celebrara dentro de un mes, aquí tienen la invitación, por favor espero nos honren con su presencia —decía un nervioso Lee a los tres integrantes de la familia Weinberg.
—Esto es… —el señor Weinberg carraspeo un poco para no parecer tan sorprendido—. Esto es inesperado, pero les agradecemos la invitación, ahí estaremos —decía mientras miraba a su hijo.
—Claro, gracias. Pero… —Se detuvo un poco como analizando sus palabras—. ¿No les parece que no es un buen momento para realizar una boda? Estamos en medio de un serio problema y…
—No te preocupes por eso Dio, ya hemos hablado de ello, veras, cuando terminó la guerra no tuvimos tiempo para nada pues de inmediato ambos nos llenamos de nuevas responsabilidades y una vez que ya todo iba bien, aparecen los rebeldes y de nuevo ya no pudimos hacer nada —explicaba Elvira a todos los presentes—, sé que no son los mejores tiempos, pero… —miró hacia Lee y luego regreso su vista a ellos, pero ya no dijo nada más.
—Habrá la seguridad necesaria para evitar cualquier incidente, todo estará bien —continuó Lee.
—Y aprovechando la visita —dijo Elvira mirándolo con más seriedad—, quería decirte que la próxima prueba será dentro de dos meses, en julio.
—Claro, esperaré su llamada —contestó Dio en tono serio mientras sentía la mirada de sus familiares en él.
—Bueno, nosotros ya nos retiramos, aún nos falta visitar a los demás.
—Los acompaño a la entrada —ofreció Dio.
—Bien, con su permiso señor Weinberg, señorita Fiona. —Se despidió Lee, realizando una leve reverencia.
—Nos vemos pronto, señor, Fiona —dijo Elvira, siguiendo a su prometido.
—Hasta luego Comandante Lee, doctora Hill y de nuevo gracias por la invitación.
—Adiós. —Se despidió la pequeña Fiona con una dulce sonrisa, justo después de su padre.
Una vez llegaron a la entrada, Dio le preguntó por los nuevos avances en la investigación sobre los resultados de la prueba que se le realizo en abril, la doctora Elvira solo le pudo decir que estaban trabajando duro en ello pero que por el momento no le quería adelantar nada. Que tendría que esperar a dentro de dos meses. Después de ello Dio se despidió de sus dos amigos y entro a su hogar, preparándose mentalmente para las preguntas de su padre y su hermana con respecto a esas nuevas pruebas, no les había comentado nada al respecto, pero creyó que ya era el momento de decirles que existía la posibilidad de que volviera a pilotar un valiancer de acoplamiento y que lo más probable es que fuera para utilizarlo en combate.
Fin Flash Back
Dio escuchó como alguien tocaba la puerta de su habitación así que con calma cerro el libro que en ese momento tenía en sus manos pero que no había comenzado a leer y lo volvió a colocar sobre la mesa al lado de su cama pensando que tal vez nunca podría terminar de leerlo.
ooo
—Adelante —escuchó desde dentro de la habitación.
—Soy yo Dio —dijo Fiona mientras asomaba su hermoso rostro a través de la puerta.
—Pasa Fiona, ¿Qué pasa, hay algún problema? —dijo su hermano. Estaba sentado al borde de su cama, por lo visto había estado leyendo o eso creyó al ver el libro mal colocado a un lado de Dio.
—No, no es eso, solo quería hablar contigo un momento.
—De acuerdo, adelante.
Fiona lentamente se adentró en el cuarto de su hermano. Quería contarle algo importante, y también quería preguntarle si ya tenía todo listo para la boda del Comandante Lee y de la doctora Hill que se celebraría al día siguiente. Con calma condujo su silla al través de la habitación hasta colocarla a un lado de donde Dio estaba de pie y al llegar a su lado observo como su hermano se acomodaba en una silla que tenía cerca.
—Bien, dime de qué quieres hablar.
—¿Eh? Claro… esto… —decía Fiona un poco nerviosa—. Dio, yo he estado… bueno veras… —Fiona no sabía cómo decirle a su hermano sin que se diera cuenta de sus intenciones. Desde hace un tiempo les venía diciendo que les tenía preparada una sorpresa, pero que como aún no estaba lista ellos tendrían que ser pacientes.
—¿Qué pasa Fiona, segura que no es algo malo? —dijo Dio acercándose un poco a ella.
—No, no, no es nada malo —suspiró y respiró hondo para aclarar su mente y decirle lo que tenía que decirle sin revelar aun nada—. ¿Recuerdas que les he estado diciendo a papá y a ti sobre una sorpresa que les tengo preparada?
—Sí.
—Bueno, pues esta lista, pero… Dio yo… sé que papá y tu estarán muy felices y emocionados cuando se las muestre, ya lo verán mañana durante la boda de Lee y Elvira, solo que es su día y no quisiera quitarles atención, hable con Elvira y me dijo que no habría ningún problema, que ella estaría muy contenta si fuera durante su boda, pero quiero saber tu opinión, aunque no te puedo decir qué cosa es la sorpresa —dijo Fiona con la mirada fija en los ojos de su hermano esperando su respuesta.
—Pues… si la doctora Elvira y Lee están de acuerdo, yo no tengo ningún problema, hablare con papá para que esté preparado, ya que por lo visto es algo grande ¿eh? —decía Dio, sonriendo ligera pero sinceramente a su hermana. Solo con ella y con su padre se permitía ser un poco cálido.
—¿En serio Dio? Te lo agradecería mucho, no quisiera que papá haga un pequeño espectáculo, con esa nueva faceta que tiene no dudo que así sea —decía Fiona, mientras reía y recordaba cómo era ahora su padre con ellos desde el final de la guerra.
—Sí, no te preocupes —Fiona vio cómo su hermano soltaba una pequeña risa mientras sus ojos se iluminaban. Ella sonrió más en respuesta, era tan agradable ver a su hermano así y no con su eterna máscara de frialdad.
—Gracias Dio, otra cosa, ya tienes todo listo para mañana, ¿verdad?
—Sí —dijo señalando a su guardarropa.
Fiona volteo a donde Dio le señalo y vio colgado en la puerta junto al espejo, un elegante traje de color negro, con camisa blanca y corbata color amarillo pálido.
—¡Oh! Dio es perfecto, estoy segura de que te quedara muy bien —decía Fiona acercándose al hermoso traje que se encontraba dentro de un porta-traje transparente.
—Papá me ayudo a escogerlo, se empeñó tanto en llevarme, dijo que también necesitaba comprar uno para él. ¿Y tú? ¿Ya tienes todo listo? Sueles tardarte demasiado —dijo Dio, a lo que Fiona solo atino haciendo un ligero puchero.
—Eso no es verdad Dio, solo me tardo lo necesario —contestó Fiona, mientras involuntariamente hacía por ponerse de pie. Rápidamente se 'rindió', pues era inútil y enseño la lengua a su hermano y volvió a hacer un puchero esperando que Dio no se hubiera dado cuenta de nada—. Bueno, eso era todo lo que quería decirte, es-es noche así que es mejor ir a dormir. Mañana será un día muy largo.
—Claro, descansa Fiona.
—Hasta mañana Dio —dijo y salió de la habitación de su hermano. De verdad esperaba que no hubiera notado nada o su sorpresa se arruinaría.
ooo
—¿Será posible? —dijo Dio al aire mientras salía de su habitación rumbo a la de su padre para hablar con él acerca de la sorpresa de Fiona. Dio ya se había formado una idea que esperaba fuera verdad, de ser así, no dudaba de que su padre armaría un pequeño escandalo al recibirla.
"Sería increíble que eso pasara, mamá tu estarías tan orgullosa de ella", pensó Dio mientras daba unos ligeros toques a la puerta de madera frente a él, con una pequeña pero tierna y hermosa sonrisa adornando su rostro. Era una verdadera bendición tener a su hermana cerca, Dio de verdad no se habría perdonado si hubiera llegado a perder a su hermana también.
Al otro día Dio se despertó temprano con la noticia de que Fiona se había ido a casa de la doctora Elvira, porque –según le había dicho su padre–, Elvira había dicho que la necesitaba ahí pues iba a ser ella quien lanzaría los pétalos durante la marcha nupcial de la novia al altar. Rápidamente se desperezó y se dirigió al cuarto de baño para preparar la bañera, una vez que estuvo lista se desnudó y se sumergió hasta la altura de los hombros. Mientras se relajaba poco a poco iba pensando en lo que le dijo la doctora Elvira antes de irse la tarde que les fue a dejar la invitación. Dentro de un mes sería la segunda prueba con su compañero para ver si podía realizar un acoplamiento exitoso.
Dio recordó que durante la primera prueba realizada en abril las cosas no habían salido bien, su onda al principio estaba dejando que su acoplamiento con Liam –un estudiante que se había ofrecido al nuevo entrenamiento para ser su compañero– fuera bien, pero llego un momento antes de estar en niveles aceptables, que el chico comenzó a tener un fuerte dolor de cabeza e inmediatamente la doctora Elvira detuvo el acoplamiento y mandó a Liam con Alexey y Anya para unos análisis. A Dio le preguntó si no sentía molestia alguna y él contestó que no puesto que no había sentido nada extraño mientras se acoplaba, le dijo que solo durante un momento sintió una pequeña molestia en la cabeza pero que no creía que tuviera importancia. Supuso que se debió a su compañero pues justo después de eso la doctora Elvira había detenido el proceso. Ese mismo día por la tarde le había dicho que Liam estaba bien pero que su onda de énfasis a pesar de ser ya bastante semejante a la suya había sido rechazada en algún momento del proceso. Para ser más concisos, su propia onda única de énfasis había rechazado la de su compañero cambiándose a sí misma. Eso tenía muy sorprendida a la doctora Elvira, pero ella ya tenía una teoría y le había explicado que, al ser una onda de énfasis diferente, probablemente necesitaban ajustar el entrenamiento para que las ondas de los demás también se ajustaran a una onda versátil y que cambiaran cuando esta lo hiciera.
Eso desde abril. Por ahora el programa lo estaban desarrollando Alexey y Anya con constante asesoría de Elvira, ya que ella misma no podía realizarlo personalmente pues desde entonces ya estaba planeando su boda. De hecho, ella misma se había dado unas semi vacaciones, un mes antes de la boda para preparar todo y otro para después pues quería tiempo con su marido. Dio sabía que durante el tiempo que la investigadora llevaba en Japón –justo hace un mes– no había dejado de estar en contacto con sus Investigadores en Canadá a cada momento que la necesitaran. Dio no dudaba de la competencia de los gemelos para el desarrollo y aplicación del nuevo entrenamiento, pero estaba seguro de que con la doctora Elvira presente en los avances, este sería mucho más rápido.
Mientras Dio salía de la bañera y se colocaba una mullida toalla alrededor de su cadera, recordaba que la doctora Elvira le había dicho que planeaba regresar a Canadá después de su prueba en julio. También estaba al tanto de que Alexey y Anya habían llegado a Tokio una semana antes de la boda y según sabia permanecerían ahí hasta llevar a cabo el ensayo, después los tres partirán de regreso rumbo a los laboratorios dependiendo de los resultados que se obtuvieran. Una vez de vuelta en su habitación, olvido todo eso y se dispuso a arreglarse pues no podía llegar tarde, se lo había prometido a su hermana, además de que Lee lo mataría de ser así. Cuando ya estuvo listo salió del cuarto rumbo al de su padre para que fueran juntos a la Catedral de Tokio.
Al llegar quedo tan impresionado por lo grandiosa que se veía la Catedral de St. Mary cuya estructura moderna por si sola era imponente. La parte baja del atrio de la iglesia tenía esparcidas, sin orden alguno, esferas de flores blancas y luces de cristal que parecían estar flotando a una altura de metro y medio del suelo y justo por el centro dejaban un sendero que llegaba a la pequeña escalinata donde había un hermoso barandal color blanco adornado con flores echas de cristal de colores y un poco de naturaleza muerta que simulaba enredarse. La parte alta del atrio, como era pequeña, tenía una alfombra de color rojo que cubría todo el suelo; flores del mismo tipo que en la entrada decoraban el marco de la enorme puerta caoba. El tono blanco de los pétalos de las flores se veía remarcado por delicados detalles de naturaleza muerta que formaban una especie de enredadera, la cual parecía crecer a lo largo de todo el vitral frontal. Todo en conjunto hacía ver muy hermosa la Catedral. Cuando Dio entro al recinto, quedo aún más sorprendido pues las cuatro hileras de bancos tenían por encima de ellas esferas de luz que iluminaban todo el lugar contrastando armoniosamente con el tono oscuro de las paredes, el altar estaba exquisitamente adornado con el mismo tipo de flores que en el exterior, una alfombra roja cubría el pasillo del centro y la luz de esa hora del día se filtraba por entre los cristales del fondo y laterales, dando a todo el lugar un ambiente etéreo.
Dio decidió tomar asiento junto a su padre en una de las bancas centrales de la parte de enfrente. Los demás invitados no tardaron en llegar y para cuando solo faltaban cinco minutos para las tres el recinto ya se encontraba completamente lleno. Deslizo su vista por todo el lugar reconociendo a varios de sus amigos pensando que ya tendría tiempo, al final de la celebración, para irlos a saludar. Lee ya estaba parado al frente del altar y el sacerdote ya se encontraba listo para recibir a la novia.
Pronto, comenzó a escucharse por todo el lugar el armonioso sonido del órgano anunciando la entrada de Elvira. Todos los presentes se pusieron de pie volteando hacia la entrada, los ojos de Dio se abrieron de la impresión al ver, frente a la hermosa novia, a su querida hermana que vestía un lindo vestido de color verde pálido con adornos en rosa, calzaba unos bonitos zapatos a juego sin tacón y sus pasos eran tranquilos y firmes mientras lanzaba los pétalos de flor blanca dando paso a la futura esposa. Detrás de él escuchó el jadeo de impresión de su padre, y ¿cómo no?, Fiona estaba de pie, caminando, después de que pensaron que jamás podría volverlo a hacer.
Al llegar al final del pasillo se acercó a ellos, les sonrió y los abrazo para después colocarse en medio de los dos, sabía que su padre se moría de ganas por saber cómo ese milagro había sucedido, pues Dio también quería saberlo, pero la ceremonia ya estaba por comenzar y le había prometido a Fiona que no llamarían la atención, por el rabillo del ojo pudo ver como su padre colocaba una mano al hombro de su hermana mientras una lagrima de felicidad surcaba su apenas viejo rostro. Ya tendrían todo el día para enterarse de todo. Por lo mientras atendieron a la ceremonia que ya había comenzado.
ooo
Se sentía mareado. Se dijo que definitivamente ya no tomaría una copa más de esa bebida desconocida que estaban sirviendo en una de las fuentes a un costado del enorme salón que tenía la mansión de los Lébedev. Amplios ventanales cubrían una de las paredes, daban salida a terrazas desde donde se podía observar un hermoso jardín lleno de solamente rosas rojas y blancas. El clima del exterior era perfecto para un paseo romántico y Fromm lamento tanto haber discutido con Anessa, pero es que pensaba que la chica era, a veces, un poco insoportable.
"Me la pasare completamente solo", pensó mientras miraba como la feliz pareja de recién casados bailaba en el centro del salón.
Toda la fiesta había sido espectacular, la comida, la música, el ambiente, todo. Ya no había muchas personas, pues ya era casi media noche. Desde donde Fromm se encontraba podía observar como Dio fulminaba con la mirada a un chico que había invitado a bailar a su hermana, y no lo culpaba, si él tuviera una linda hermana como Fiona, no solo estaría fulminando con la mirada a quien quiera que se atreviera a acercársele. Fromm supuso que ahora que Fiona comenzaba a caminar Dio sería más sobreprotector con ella, y de su padre mejor ni se hable. Recordó que al terminar la ceremonia religiosa y una vez llegaron al salón, Dio y su padre se llevaron a Fiona para hablar a una de las terrazas, habían tardado un rato considerable y al entrar de nuevo, Fromm observo que los tres miembros de la familia Weinberg estaban verdaderamente felices, Fiona y su padre estaban inseparables riendo a cada momento y aunque Dio no lo demostrara abiertamente, Fromm sabía que estaba dichoso por ver a su hermana de pie.
Dio le contó que su hermana, después de que las relaciones con Zogilia mejoraron, decidió buscar otra opinión médica con ayuda de la doctora Elvira quien se comunicó con el ahora General Gallant para que les ayudara. A escondidas de sus familiares Fiona se había comunicado con un médico especialista, quien acepto ir a Tokio para poder realizarle los estudios necesarios y darle un diagnóstico, ella se sorprendió mucho cuando el doctor le dijo que era posible que volviera a caminar. Una vez que le explicó cómo sería el tratamiento y todos los procedimientos médicos, Fiona le pidió a Elvira que junto con Lee la ayudaran, pues quería que fueran ellos los responsables de dar las autorizaciones médicas. Según el especialista no era tan grave el problema, les dijo que no entendía cómo es que los anteriores médicos no le dieron una solución y todos supusieron que fue debido a la guerra de ese entonces. Entonces Fiona pensó que, si todo salía bien, le daría una sorpresa a Dio y su padre. La habían operado dos veces, en las que a ellos les decía que iba a visitar a Elvira a Canadá, luego con pretexto de clases de piano, tomaba sus rehabilitaciones, hasta que por fin dieron frutos. Fromm estaba bastante sorprendido y no solo él, sino todos sus amigos, por la tenacidad y coraje de la joven Weinberg. Todavía no se podía mantener en pie por muchas horas pues aún no terminaba el tratamiento, todavía tendría que seguir usando la silla en la que se transportaba por algunos meses, pero al parecer todo iba por buen camino, además, ahora ya tenía a su familia para seguir apoyándola.
—Eh Fromm, ¿Qué haces ahí tan solitario? —dijo Jarl acercándose a él por entre la gente que aún se encontraba bailando.
—Nada, solo observo que todos parecen muy felices. No sabía que Nasu ya tenía pareja, y menos que fuera él, me sorprendió verla llegar de la mano de ese cabeza hueca —dijo Fromm mientras miraba una de las mesas en donde Nasu besaba a Tarjim Vasily.
—Solo tú te llevas así con él, no es mal tipo y lo sabes.
—Ya, solo bromeo, la verdad, se ven muy bien juntos, aunque pensé que él estaba interesado en alguien más ¿sabes? Y que ella aun extrañaba a… bueno tu sabes.
—¿sí? Bueno, las cosas cambian.
—Lo sé, de verdad todos se ven muy felices hoy.
—Bueno, será porque en realidad lo están, ¿no?, nadie quiere recordar que aún no hay paz ahí afuera.
—Sí, eso parece, pero es mejor eso a pensar que no se pueden tener momentos así, ¿no crees? —dijo Fromm sonriendo dulcemente. Aun en sus ojos se podía vislumbrar algo de embriaguez.
—Supongo que tienes razón, uhm… ¿y Anessa? La última vez que la vi estaba contigo.
—Si bueno, lo que pasa es que…
—Espera, ¿escuchaste? —preguntó Jarl, mirando hacia una de las terrazas—. Creí haber visto un pequeño destello y luego escuchado una especie de ruido metálico.
—No, ¿Qué…?
De pronto todo a su alrededor se puso negro, se habían apagado las luces, hubo un enorme destello fuera del salón seguido de una explosión. Se desató el caos, la gente comenzó a correr, a lo lejos pudo ver a Dio salir corriendo en dirección de la explosión mientras su padre y su hermana junto a la demás gente corrían al lado contrario para ponerse a salvo. Fromm y Jarl fueron tras su amigo, los estaban atacando.
ooo
—Eh Hina, tranquila, ahorita regresa, no le va a pasar nada —dijo Ryu a una muy nerviosa chica de pelo negro.
—Ya lo sé, solo… Tienes razón, no sé qué me pasa —contestó mientras se ocupaba de acomodar los premios destinados a los ganadores de su juego.
Decir que Hina se encontraba nerviosa era poco, le sudaban las manos y no podía estarse quieta en un solo lugar. No tenía mucho que Tsubasa y la mamá de Aoba habían llegado al festival y él se fue para acompañarlas un rato, a Hina le hubiera encantado acompañarlo, pero no podía solo irse y dejar a Ryu solo ya que los otros tres estaban ayudando al entrenador Jon con el evento de marionetas. Aoba le dijo que no tardaría, y pues todo estaba saliendo de maravilla. Lo único que no entendía era el sentimiento de ansiedad que permanecía en su pecho desde hacía meses pero que esa noche se había intensificado a escalas mayores. Llevaba saliendo con Aoba por casi tres meses y en todo ese tiempo se había sentido como la mujer más feliz del mundo. Nunca se había preocupado por los momentos que no estaban juntos, ya sea por motivo de los diferentes horarios de clases o las diferentes actividades, pues cuando podían verse todo era maravilloso. Nada de eso le había preocupado hasta ese momento, tenerlo lejos la llenaba de miedo y ella trataba de tranquilizarse a sí misma diciéndose que eso era ridículo.
—Ryu, he terminado de arreglar esto que se había caído, creo… creo que iré a buscar a Aoba, ¿está bien?
—Sí, no hay problema, los demás chicos no tardan en regresar.
—Gracias.
—Por nada, solo no se pierdan por ahí ¿eh?
—Eh si… yo… nosotros no… adiós —tartamudeaba ya completamente sonrojada mientras poco a poco se alejaba de Ryu.
Hina se perdió entre la multitud en busca de su novio y su familia, pensaba en lo ocurrido ese día, por la tarde Aoba pasó por ella para ir al Club Chiba, ahí se reunieron con sus amigos para recoger unas cosas que aún les hacían falta pues, entre los seis, habían planeado poner una estación de baloncesto en miniatura. Una vez que tuvieron todo listo se dirigieron inmediatamente hacia el lugar del festival. El entrenador Jon había pedido permiso para que este pudiera celebrarse en el Makuharikaihin Prefectural Park justo enfrente del Tokyo Bay Makuhari y entre todos habían trabajado mucho para que resultara perfecto. A lo largo de toda esa sección del parque había puestos de comida, juegos y danzas; el lugar era iluminado por farolillos de colores y sobre sus cabezas colgaban tiras interminables de banderines coloridos y papel picado que se cruzaban decorando de principio a fin todo el festival, el clima era excelente y la noche no podía ser más perfecta.
Por fin, después de algunos minutos buscándolo, Hina logro divisar a Aoba a lo lejos, llevaba una hermosa yukata color azul oscuro con un obi dorado e hilo del mismo color bordado en las costuras, se veía realmente apuesto, estaba junto a su hermana en un puesto de comida y cerca de ellos se encontraba su madre Tomoyo hablando con otra mujer, seguramente una amiga.
—Hola, eso luce delicioso —dijo Hina caminando hacia ellos.
—¡Hina! ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien con los chicos? —dijo Aoba acercándose a ella para darle un pequeño abrazo.
—Si no te preocupes, quise venir a divertirme un poco y ellos estuvieron de acuerdo en dejarnos un rato libres —dijo mientras sonreía por la agradable bienvenida.
—Pues entonces hay que divertirnos antes de que se arrepientan y vengan a buscarnos —dijo Aoba jalándola hacia donde estaba Tsubasa.
—Oye hermanita voy a pasear un rato con Hina, avísale a mamá ¿de acuerdo?
—Sí, pero no tarden, en unos minutos lanzarán los fuegos artificiales en la playa y me prometiste que me cargarías en tus hombros para verlos.
—Claro, claro, no lo he olvidado, bueno, nos encontramos en la playa en un rato, me mandas un mensaje ¿sí?
—Ya.
—Vamos Hina —dijo tomándola de la mano.
Se pasearon por algunos de los demás juegos que había, comieron un poco de ramen y algunos dulces típicos. Hina se estaba divirtiendo mucho, Aoba le había dicho que se veía muy bien en su yukata, la cual era color rojo estampada con pequeños lirios blancos en las mangas, en la cintura su obi color perla ayudaba a resaltar su estilizada figura, además que resaltaba su singular color de ojos. Hina no dejaba de sentirse avergonzada por la forma tan linda en que él la trataba, siempre buscaba protegerla y eso la hacía sentirse amada. Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que apenas se percató que estaban caminado por el sendero entre los árboles que llevaba hacia la playa, el cual estaba iluminado por los mismos farolillos de colores y adornado con los mismos lazos.
—¿Aoba? Todavía no es hora de los fuegos artificiales, aún faltan unos diez minutos.
—Lo sé, pero… —la miro—, quiero… bueno, quiero estar contigo para cuando el primero de ellos ilumine el cielo —dijo Aoba rascándose la nuca en señal de nerviosismo.
Hina solo le pudo sonreír en respuesta, una punzada de algo que no pudo identificar golpeo su pecho ante esas palabras quitándole toda facultad para poder decir algo. Al llegar, se sentaron en una banca junto a un barandal blanco colocado a lo largo de la playa, Hina recargo su cabeza en el hombro de Aoba y él la rodeo con su brazo. Permanecieron así, en silencio, mientras miraban las estrellas del cielo. En ese momento Hina se sentía tan cerca de Aoba que temía moverse y que eso rompiera la magia. Faltaba poco para la media noche y la gente ya comenzaba a llenar la playa alrededor de ellos, pasaron un par de minutos y el teléfono de Aoba sonó indicando la llegada de un mensaje.
—Es Tsubasa, viene hacia acá junto a mamá y los demás —dijo Aoba mirando su teléfono celular. Hina solo atino a mirarlo completamente embelesada por el atractivo perfil de su novio.
—Ok —contestó Hina casi en un suspiro.
En ese momento el cielo se iluminó con la primera estrella de luces, seguido de otra y otra. Aoba dirigió primero la mirada al cielo para después voltear a mirar a Hina y besarla dulcemente en la frente aprovechando el momento a solas. Justo después de que se separaron algo iluminó aún más el firmamento, Hina pensó que eso no podría ser debido a la pirotecnia, la intensa luz los cegó por un momento y para cuando logro recuperar la vista un enorme remolino de luz semejante a un huracán cubría gran parte del cielo sobre sus cabezas, tanto ella como la gente a su alrededor parecían estar conmocionados.
—Aoba, ¿Qué está sucediendo? ¿Habrán explotado todos los juegos al mismo tiempo? —Hina volteo a mirarlo al no recibir respuesta.
—No… no puede ser… —Aoba tenía una expresión de infinito asombro como si reconociera el extraño fenómeno.
—Aoba, ¿Qué está pasando? —No entendía la expresión en sus ojos cuando Aoba la volteó a ver, es como si tratara de decirle algo importante que ella no podía entender.
No dio tiempo que le contestara pues de inmediato su expresión cambio a una de pánico y expectación, Hina siguió la dirección de su mirada y logró ver como de entre el enorme agujero del huracán de luz salía 'algo'. Aoba la jalo del brazo con fuerza y echó a correr en dirección a donde estaban su familia y amigos, en el camino le iba diciendo a toda la gente que tenía que salir de ahí de inmediato.
—¡Aoba! ¡Espera! ¡Me lastimas! ¡Dime que está pasando! —gritaba, pero Aoba no se detuvo hasta llegar con los demás.
—Hina, todos, escuchen —dijo mirándolos seriamente—, tienen que irse de aquí. Ryutaro, Junichi les encargo a mi familia, por favor pónganse a salvo. Ryu, Akira lleven a Hina también vallan todos a un lugar seguro…
—¡Pero ¿qué estás diciendo? ¿y tú? ¿Qué piensas hacer?! —decía Tsubasa con lágrimas en los ojos. Hina estaba igual que ella. Alrededor de ellos la gente ya estaba corriendo tratando de alejarse de lo que salió del agujero. Parecían ser dos máquinas enormes y habían comenzado a luchar una contra la otra en el aire.
—Miren, no hay tiempo de explicar, confíen en mí, estaré bien, lo prometo —dijo Aoba mirando a todos con intensidad, pero ellos no se movieron, ninguno estaba dispuesto a irse sin él.
—Bien, vamos —dijo Ryu lanzándole una seria mirada a Aoba después de un momento de reflexión. Tomó a Tsubasa de los hombros llevándosela de ahí, a pesar de que ella no quería y seguía llorando. A lo lejos se escuchó una explosión y con terror todos vieron como una de las maquinas se dirigía hacia ellos, pero, antes de que si quiera se acercara, el otro robot lo ataco con una especie de espada, comenzando a luchar de nuevo alejándose de ellos.
—No hay tiempo, ¡váyanse! —gritó Aoba.
—Vámonos, cuidado Aoba, confiamos en ti —dijo Junichi llevándose a la señora Tomoyo, que parecía estar en estado de shock.
—¡No! Aoba yo no me voy, por favor quiero ir contigo. —Hina ya no sabía qué hacer, sentía que, si lo dejaba ir solo, ya jamás volvería a verlo.
—Hina, no… por favor…
—No, por favor no me dejes —replicó pues no quería dejarlo solo, no iba a hacerlo.
—Bien, ven conmigo —concedió Aoba y miro a sus demás amigos—, chicos vallan con mi madre y los demás, cuídense.
—De acuerdo, ustedes también, nos vemos.
Aoba volvió a tomarla del brazo y salió corriendo en dirección a la carretera, al llegar ahí se subieron a un taxi y Aoba pidió que los llevaran al Inage Seaside Park. En el camino Aoba le explicó que hace tres años había pasado lo mismo, que Yumihara Hina iba con él a la preparatoria, que un tipo había venido de un futuro alterno para matarlo y que ambos habían ido al futuro donde se desarrollaba una lucha por el poder, pero que al final habían logrado regresar a sus respectivos tiempos. Le explico que él sabía que conocería a Hina en la Universidad, y que había estado esperando por ella.
—Tienes que creer en mí, ahora no puedo entrar en más detalles, pero lo hare, ¿de acuerdo? Por ahora tenemos que ir a un lugar y tratar de averiguar si alguna de las dos máquinas esta de nuestro lado.
—Yo… —Hina estaba muy confundida, ¿otra Hina? No quería pensar en eso, porque eso implicaba que a quien Aoba esperaba no era a ella, o al menos no realmente, de echo hablaba como si fueran dos personas diferentes, pero quería confiar en él pues Aoba estaba con ella y ella era la única Hina 'ahí'—, yo confió en ti —dijo finalmente mirándolo a los ojos.
—Gracias, hemos llegado —dijo Aoba, pagando al taxi y corriendo hacia el pequeño bosque a la orilla del mar.
Hina corrió detrás de él, todavía pensando en lo que acababa de escuchar. A su mente vinieron una serie de imágenes de momentos junto a Aoba que hasta ese momento nunca había notado, o no había querido notar. Hina recordaba la mirada que algunas veces había descubierto en los ojos de Aoba cuando se le quedaba mirando, como buscando o esperando algo de ella, momentos tras los cuales Aoba se alejaba y actuaba como si nada hubiera pasado. Hina siempre pensó que se debía a la intensidad de sus sentimientos en momentos así. Que equivocada estaba, ahora todas esas miradas parecían tener sentido. De pronto detrás de ellos pudo distinguir que las dos máquinas estaban por llegar a donde se encontraban, al parecer uno de ellos los iba persiguiendo mientras el otro trataba de alcanzarlo, Hina no supo distinguir si el primero los perseguía para atacarlos o no, pero "¿para que otra cosa sería si no?", pensó. Cuando alcanzo a Aoba para advertirle lo que ocurría, lo encontró tratando de quitar un montículo de maleza, iba a preguntarle qué es lo que estaba haciendo, pero de la nada el montículo se levantó de golpe dejando un hueco. Observo como Aoba entraba en el agujero y la miraba invitándola a entrar, ella se acercó al lugar con cautela y pudo ver que se trataba de una cabina de pilotaje.
"Esto tiene que ser un sueño", se dijo. "No, esto… es como si fuera una pesadilla", se corrigió mientras miraba como Aoba le extendía la mano invitándola a entrar.
Continuara.
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Bien, nos vemos en el próximo capitulo.
