Hola a todos. Primero que nada debo decirles que soy de ese tipo de personas que si hace algo mal intentará repararlo con creces. Quizás por eso este capítulo es muchisímo más extenso que los demás... es mi disculpa por los meses de perdida.

Solo quiero recordar que es un fic algo corto, y por eso todo va con esta velocidad de los acontecimientos. Sólo quería recordarlo je je...

Ahora no los molesto más, ¡A leer!

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HASTA QUE EL RELOJ MARQUE EL ADIÓS

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4

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Naruto giró la llave sin mucho ánimo, ingresando al interior del departamento mientras arrastraba los pies y lanzaba su abrigo sobre el sofá, restándole importancia al lugar donde pudiera haber caído.

Había sido un día agotador en todos los sentidos, iniciando con la noticia de la familia Hyuga. Suspiró con vehemencia por ello. ¿Matrimonio por conveniencia? ¿Secuestro de la primogénita y futura novia? Ahora entendía por qué decían que los Hyuga eran una familia con la que debía irse con cuidado. Naruto sintió lastima por la pobre chica que debía cargar con todo eso, casi compadeciéndose de ella y poniéndose en su lugar. ¿Acaso él no habría huido también? Lo más posible es que hubiera salido corriendo tan pronto se hubiera enterado, dejando todo atrás, o bueno, al menos lo habría intentado.

Se acercó al amplio ventanal y miró a través, preguntándose donde se encontraba aquella chica. ¿Tendría hambre o frío? ¿Estaría asustada? ¿Dónde se encontraba? Sin darse cuenta, Naruto se encontró a si mismo apoyando la mano contra el cristal, queriendo tocar la fría noche.

—Mantente fuerte' ttebayo…

Después de que abandonara la cafetería junto con Sakura y Sasuke, Naruto se dio cuenta de que el mundo ya no era tan fácil de descifrar como había creído. Los periodistas iban de un lado a otro en busca de respuestas, de intrigas… de mentiras. Neji era tan solo una pieza más en su juego, y eso lo frustraba. No pudo entrar a clases sin ver en su camino a algún interesado en los Hyuga y en los Subako No; así hubiesen sido alumnos, profesores o periodistas. En clases abordaron el mismo tema como debate, y como era de esperarse, acusaron a la primogénita por no haber sido más fuerte. ¿Más fuerte qué quién? ¿Sus secuestradores? Bah, Aquello no tenía sentido. Naruto sintió su sangre arder cuando uno de sus compañeros dijo que la chica no había sido secuestrada, sino que había huido. Si, él había deducido lo mismo, pero él desconocía sus razones, y ahora que las conocía de seguro la habría ayudado a escapar. Qué ironía.

Naruto tuvo que oír muchas cosas que le desagradaron en ese debate, pero como su voz era opacada por los inquisidores comentarios de sus pares, calló. Prefirió morderse la lengua antes que perjudicar en algo a Neji. Sentía que cualquier cosa le podría afectar.

El sonido de su teléfono sonando desde su chaqueta le hizo desviar la mirada. De mala gana se dirigió hasta el objeto y lo sacó del bolsillo, contestando la llamada apenas notó quien era.

—Hola – escuchó él desde la otra línea. Sonaba alegre.

—Hola Shion, ¿Qué tal todo' ttebayo?

—Ya sabes, estudiando nada más – respondió la joven.

Naruto escuchó como su futura esposa le hablaba sobre exámenes y otras tantas cosas, pero él seguía distraído. Se acercó al televisor y encendió el aparato, cambiando de canal mientras escuchaba a la chica.

—Naruto, amor, ¿Me estás escuchando?

—Sip. Completamente concentrado' ttebayo.

— ¿Entonces te parece bien lo que acabo de decir? – Naruto prestó atención cuando se dio cuenta de que no sabía de lo que ella estaba hablando. Tragó grueso.

—Mmm, claro, por supuesto.

—¿De verdad? ¡Genial! – exclamó ella – pasaré mañana por la tarde a verte entonces. ¡Qué felicidad por fin ir a conocer tu departamento!

Naruto se dio cuenta muy tarde de que Shion le había preguntado si se podía escapar un rato para visitarlo, y ante ello sólo pudo acceder, ¿Cómo decirle a tu novia que no? No tenía ni razones para cancelarle.

Cortaron la llamada poco después de eso.

Él siempre se consideró buen novio, en especial cuando Shion se comportaba de manera cariñosa con él. La quería demasiado, eso no lo dudaba, pero a veces se preguntaba desde cuando sentía eso. Sakura le decía que simplemente pasó, y Naruto con eso se quedó. Miraba a sus padres – con veinticinco años de matrimonio – y se preguntaba como hacían ellos para que ese amor que se profesaban el uno al otro no muriese. Casi sentía envidia. Quería que Shion y él tuvieran una vida similar a la de sus padres, y nada más.

Nada más…

Apagó el televisor y se recostó sobre el sofá, estirando su cuello de manera que pudiese observar a través del ventanal. Cerró los ojos y se los frotó. Estaba tan cansado de ir a clases que ya quería quedarse dormido ahí mismo.

Y entonces lo oyó.

Era suave, y variaba la velocidad de vez en cuando. Naruto apagó las luces de la sala de estar y se acomodó en el sofá nuevamente, disfrutando de cada tecla del piano que venía desde el piso de arriba. Sabía que Hina estaría demasiado concentrada como para pensar que él la estaría escuchando, y eso en medida le alegró, ya que de seguro así la chica no se cohibiría.

Era una melodía algo triste, pero eso no quitaba lo bella que era. Naruto jugó con el control remoto mientras ella desde el otro piso terminaba de tocar y comenzaba una nueva canción. Nunca pensó que se podría escuchar el piano desde ahí, aunque en realidad apenas se podía oír; era demasiado bajo, pero algo se apreciaba. Naruto recordó que ella también se sentía sola por las noches, y así como ella misma había señalado, el departamento se le hacía enorme cuando las luces se apagaban.

Cerró los ojos una vez más y se quedó dormido sin dejar de oír como ella tocaba cada tecla.

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Hinata dejó resonar las últimas notas y se alejó del preciado instrumento que tenía ante ella. Había comenzado a hacer frío, por lo que fue hasta su baño y se duchó con prisa antes de sentir más frío. Ese día había sido extremadamente poco productivo, iniciando con una corta limpieza del departamento, la preparación del almuerzo y la cena, y una película de Cameron Diaz en un casino de Las Vegas. Así de eficiente.

Intentó comunicarse con Hanabi, pero su temor a ser atrapada en alguna red social fue mayor a su soledad, por lo que desistió con rapidez. Estaba tan aburrida que apenas podía soportarlo. Deambuló por las calles con su peluca y lentes de contacto durante la tarde, comprando y malgastando dinero en comida o cualquier cosa que robara su atención por allí. Se entretuvo especialmente en una tienda de antigüedades, llevándose consigo una vieja y muy bien conservada muñeca de porcelana.

Y pensó en Naruto. Ella sabía que él debía estar en clases o en alguna parte de la universidad a la hora en la que ella caminaba por la avenida principal de la ciudad, después de todo ella también asistía a clases hace no mucho tiempo. Cuando regresó al edificio, Hinata pensó en pasar a visitarlo, pero se dio cuenta de que no había una razón para ello y se arrepintió justo cuando su dedo rozaba el piso de Naruto en el ascensor.

Ella sabía que no debía verlo más, pero no podía terminar de convencerse. Naruto era astuto, ahora no le cabía duda, mas no era suficiente para acabar con esas ganas de Hinata por comunicarse con alguien, quien fuese.

Esa noche ella durmió con la mirada puesta en la inanimada muñeca de porcelana, dándose cuenta que tanto ella como ese pequeño juguete tenían cosas en común. Ninguna era capaz de moverse sin ser manipuladas por otras personas. Le dolió y lloró; extrañando a su hermana y a su primo. Extrañó también a Sakura, su mejor amiga, y a Kiba y Shino, otras dos buenas amistades. Se reprendió a si misma cuando por su cabeza cruzó el rostro de Naruto, mas eso no borró la sonrisa en su cara.

—Que tonta y necia eres, Hinata – se dijo. Sintiéndose curiosamente feliz.

Cuando despertó aún era muy temprano. No tenía ni la más mínima pisca de sueño, por lo que revolverse en la cama sólo la impacientó. Se levantó y vistió, acomodándose la peluca con cuidado y elegancia. Nuevamente iba a ser un día aburrido, pero que se le podía hacer. Recogió la basura que había en el papelero del baño y decidió ir a dejarlo al contenedor que había en el edificio, todo con tal de perder el tiempo. Bajó por las escaleras y cruzó el pasillo principal, perdiéndose en una puerta que daba al exterior. Tiró la bolsa al contenedor y se giró para salir de ahí, encaminándose de regresó a su nuevo hogar, mas antes de que ella diera un solo paso, la puerta fue abierta. Hinata abrió sus ojos, oscuros debido a los lentes de contacto.

Naruto subió el rostro desde la bolsa de basura hasta la delgada silueta de la mujer frente a él. Hina vestía de un holgado capuchón y unas medias oscuras, las cuales se ceñían a sus piernas. Él se dio cuenta de que ella lo miraba sorprendida, haciendo que él se riera por la forma con la que ella hacia una mueca con la boca.

—Buenos días, Hina-chan – saludó, mostrando sus dientes en plena sonrisa – Hace buen día para tirar la basura, ¿No crees?

—S-si… uno muy bueno.

Naruto rió y se deshizo de la porquería que llevaba consigo, abriéndole la puerta a ella para que saliera de ahí junto con él.

—¿No tienes clases hoy, Naruto-kun? – preguntó Hina, viendo que el muchacho se regresaba al ascensor a su lado.

—Tengo un par de horas en la tarde, a eso de las cuatro – respondió él al momento que oprimía la flecha para subir a su departamento – Hoy era día de limpieza' ttebayo.

—Oh, ya veo.

Las puertas se abrieron y ambos ingresaron. Naruto marcó su piso, pero dudó en si presionar el botón de ella. La miró a su lado, apreciando que ella tenía los ojos puestos en el techo del elevador y no en lo que él hacía. Las puertas se cerraron.

—Hey, Hina-chan – habló él. Hinata lo miró algo nerviosa – ¿Te quedas a almorzar conmigo hoy?

Hinata notó que su botón no estaba presionado y regresó su mirada al chico rubio, quien con sus ojos azules buscaba una respuesta. Ella se mordió el labio.

Sabía que no debía; que él era un verdadero problema, pero así como la noche anterior, Hinata se quedó sin razones. Se regañó cuando descubrió que su cabeza se movía de arriba abajo levemente, accediendo.

"Necia, masoquista y suicida, Hinata" – se reprendió.

—¿Sí? ¡Perfecto! – chilló él, mostrándose sorprendido – Vaya, pensé que dirías que no' ttebayo.

—¿P-Por qué creíste eso?

—No lo sé… quizá porque te tardaste en responder – contestó, desordenándose el cabello – No tengo muchas cosas, pero me han dicho que la carne salteada me queda bien. ¿Qué tal si te pasas como al mediodía? A esa hora habré terminado de cocinar' ttebayo.

Hinata lo miró y se llevó el dedo a los labios, mordiéndoselo.

—A mí… a mí me gusta cocinar. Podría ayudarte, s-si tu quieres.

—¿De verdad? Bueno, me encantaría – dijo, sonriendo como sólo él sabía – Adelante entonces.

Se encaminaron en un cómodo silencio hasta la estancia de Naruto. El departamento brillaba de lo limpio, demostrando el esfuerzo puesto en quedar así.

Hinata acompañó a Naruto hasta la cocina y ambos se pusieron a cocinar. Él antes había cocinado con Shion, con Sakura e incluso con su madre, por lo que se le daba bien el trabajo en equipo. Hinata, por otro lado, nunca lo había intentado. Ella nunca tuvo la necesidad de cocinar en su casa, y aunque algo había aprendido por su cuenta, jamás alguien estuvo ahí para ayudarle. Se estaba divirtiendo.

—Entonces, según tú, ¿El sol se ve verde en el atardecer? No tiene sentido, de verdad.

—Sólo se ve así cuando estás en el mar' ttebayo. Y tiene que ser preciso; justo en el último rayo de sol del día. ¡No te rías! ¡Lo digo muy en serio!

—Me encantaría verlo, Naruto-kun.

Hinata se llevó a los labios la copa con vino blanco para despejarse la garganta después de tanto reír. Naruto salía con cada cosa que alguien se pudiera imaginar. Él sonreía mientras revolvía la salsa.

El teléfono sonó.

Naruto miró por sobre su hombro y sintió como un sudor frío subía por su espalda. ¿Shion? No supo por qué le dio miedo que pudiese ser ella, es decir, ¿Es su novia, no? ¿Acaso estaba haciendo algo malo? Para nada, sólo invitó a almorzar a su vecina… nuevamente. Hinata miró en dirección al sonido.

—¿Quieres que vaya por tu celular, Naruto-kun?

"No, gracias"

—Si fueras tan amable, Hina-chan.

Naruto se sujetó el rostro cuando ella salió de la cocina, preguntándose cómo podía llegar a ser tan estúpido. Miró por sobre su hombro y esperó a que ella regresara. Venía con prisa para que él no perdiera la llamada. Naruto no sabía si quería contestar.

—Ten, Naruto-kun.

—Gracias – él tomó el celular y miró la pantalla. Se relajó cuando reconoció el número y lo puso en alta voz para continuar cocinando – Hola, hola.

Muy buenas tardes Calabacín, ¿Cómo está el nene más lindo del planeta?

Vale, Naruto reconoció que no era tan bueno que Hina escuchara una conversación típica entre él y su madre. Podía llegar a ser humillante.

—Mamá, ya no soy un "calabacín"' ttebayo – repuso él, sonrojándose ante la mirada que le mandaba Hina – Y tampoco un nene.

¡Claro que lo eres! Yo soy un tomate, tu padre es un pimiento amarillo y tu eres la mezcla; un calabacín anaranjado' ttabene. Dilo con orgullo.

—¡Mamá!

La conversación si sentido duró por lo menos tres minutos, y todo era sobre verduras y sus colores. Hinata se tapaba la boca y Naruto le seguía el juego a su madre para que ella siguiera poniéndose roja producto de la risa. Él parecía estar disfrutándolo más.

—De acuerdo' ttebayo. Soy tu calabacín, tú ganas.

Muy bien entonces, ¿Ves que era fácil de aceptar? Tiene incluso sentido.

—Te juro que sentido no tiene – insistió él entre risas, apagando el fogón de la cocina e indicándole a Hina que la comida ya estaba lista –. Oye ma', ahora voy a almorzar, ¿Te llamo luego?

¿Estás ocupado? Es que tengo la información que me pediste' ttabene, ya sabes, lo de los Hyuga.

Hinata provocó un ruido cuando su copa de vino tocó la mesa. Naruto abrió los ojos ante lo que su madre dijo. Él miró rápidamente a Hina y pensó en quitar el alta voz, pero ella, con un movimiento de manos y una sonrisa pacífica, le indicó que todo estaba bien. Naruto procedió a escuchar lo que Kushina tenía que decir.

Tenías razón' ttabene. La chica se escapó, no fue secuestrada. Aún no lo saben los medios, pero la policía y la familia ya están al tanto de ello. ¿Cómo fue qué tú lo supiste, Naruto?

—Por la escena del crimen que mostraron en la televisión – respondió él. Su ceño estaba fruncido y era ajeno al perplejo rostro de Hinata.

Minato me comentó que Hiashi le pidió conseguir un rastreo de todas las personas que han abandonado el país en la última semana, ¿Qué diablos está pasando? Pobre criatura, de solo imaginarme a esa bella niña sola por allí…

—Mamá, no te distraigas' ttebayo – pidió él, apoyándose contra la mesa y analizando lo recién oído – ¿Para qué quiere ese registro? ¿La van a buscar fuera de aquí?

Eso parece. No sé que tiene esta chica, pero la necesitan.

Naruto se mordió el pulgar, ansioso.

—Oe, mamá, ¿Por casualidad papá no te habrá mencionado algo sobre los Subako No…?

Hinata tragó grueso y comenzó a llorar. Naruto estaba con la mirada puesta en el mantel, por lo que no notó cuando ella le dio la espalda y ahogó sus hipidos en la boca. Ella tenía que salir de ahí, ¡Tenía que hacerlo de prisa!

¿La realeza? ¿Por qué me hablaría sobre…? Espera, ¿No me estarás diciendo que la primogénita de Hiashi…?

—De buenas fuentes lo sé, ma'. Ella es la prometida del príncipe menor.

¡Santo Dios!

Hinata era incapaz de controlar los temblores de su cuerpo. Ni siquiera se atrevía a preguntarle a Naruto si la dejaba usar su baño. Se encaminó con prisa y se encerró en el primer baño que encontró.

Naruto se despabiló cuando escuchó el golpecillo de la puerta y extrañó la presencia de Hina ahí. Observó el teléfono sobre la mesa y lo tomó con rapidez.

—Te llamó luego, mamá. Debo cortar.

¡Espera, Naruto…!

Pero cortó la llamada. Lanzó el teléfono a su suerte y corrió hasta el baño, golpeando la puerta apenas tomó el pomo.

—¿Hina-chan? ¿Está todo bien? ¿Hina…?

—S-Si Naruto-kun – contestó ella con la mejor voz que pudo conseguir. Tenía la nariz congestionada y un rostro que la delataría ante cualquier persona – Sólo necesitaba ir al baño…

—¿A sí? Lo siento, es que como te vi correr pensé que algo te había sucedido…

—No… todo está bien, en serio.

—Oh, ya veo… te espero en la mesa entonces' ttebayo.

Naruto retrocedió lentamente de la puerta sin quitarle la vista de encima. Ella no sonaba bien. Se sentó en la mesa y encendió el televisor para apaciguar esa inquietud que sintió al ver a su vecina entrar al baño. Tenía muchas cosas en la cabeza.

Hinata se sorbió la nariz y se lavó por segunda vez la cara. Se acomodó la peluca y se aclaró la garganta. Tenía que hacerle creer a Naruto – y a ella misma, de paso – que todo se encontraba bajo control. Inhaló y exhaló con potencia antes de abrir la puerta.

Se encaminó con prisa hasta Naruto con una sonrisa nerviosa en la cara. Cuando él la vio se puso de pie rápidamente de su asiento.

—¡Hina-chan…! ¡Lamento haberte interrumpido en el baño' ttebayo!

Hinata, ante tal exagerada reacción, se relajó.

—Por favor, Naruto-kun. No te preocupes por eso.

—Creí que algo te había pasado. Realmente lo siento, estaba tan distraído con mi madre que no me di cuenta…

—No es nada, insisto. Además, se ve que tu madre es muy simpática. Yo también me distraería con alguien como ella.

Ambos se sentaron a la mesa y retomaron una sana charla. Naruto hablaba sobre Kushina y sus cientos de excentricidades, y Hinata escuchaba con sumo interés. Ambos habían logrado opacar el recuerdo de los Hyuga de sus cabezas.

—Se ve que tuviste una infancia muy animada, Naruto-kun.

—Sí, bueno, mi madre siempre conseguía hacerme reír. Recuerdo que casi todas las tardes me la pasaba con Sasuke, a veces creo que somos hermanos' ttebayo.

—¿Sasuke-kun?

—Sip, él y yo éramos vecinos. Creo que ya te lo había mencionado.

—Lo hiciste. También mencionaste a Sakura-san.

—¡Ah, Sakura-chan! Ella te caería bien, ¡De veras!

Hinata en ese instante extrañó a Sakura. Nunca había tenido amigas, y ella fue lo más cercano a ello. Hanabi le era muy cercana, pero no era lo mismo. Hinata necesitaba a alguien de su edad, y esa fue Sakura Haruno.

—¿Qué hay de tu familia, Hina-chan? Ya te hablé de la mía, cuéntame, ¿Qué hay de ti?

—¿Mi… familia?

Bueno, Hinata nuevamente consideró oportuno mentir sobre ello. Si ya había mentido sobre lo de ser pianista, ¿Por qué no continuar con esa bella fantasía? Era Hina la que estaba sentada ahí, no Hinata Hyuga. Sólo una simple chica.

Aunque algo de verdad no estaría mal, supuso ella.

—Mi madre falleció cuando yo era muy niña. Fue poco después de que mi hermana Hana naciera.

—Lamento oír eso, Hina-chan.

Hinata no era demasiado creativa con los nombres, para su pesar. Así como hizo con su propio nombre, ella acortó el de Hanabi por el de Hana. Era una genio.

—La extraño mucho algunas veces. Se dice que yo me parezco a ella físicamente.

—Debió ser una mujer muy bella.

El comentario de Naruto hizo que ella subiera su mirada y que ambos se miraran fijamente. La honestidad de Naruto lo tomó desprevenido incluso a él mismo.

—E-Eh, bueno, en mi caso es distinto – dijo con nerviosismo, intentando explicarse con las manos – Yo me parezco más a mi papá' ttebayo.

—¿A tu papá?

—¡S-Si, como dos gotas de agua! ¡De veras!

Ambos terminaron de almorzar y continuaron conversando un rato. Se tuvieron que despedir cuando Naruto apreció que ya era hora de asistir a clases, y Hinata se marchó hasta su departamento.

Como ya había acostumbrado a hacer, Hinata se quitó la peluca y dejó su largo cabello negro azulado a la vista, despojándose también de los lentes de contacto. Suspiró después de ponerse la pijama, algo ansiosa y desanimada. ¿Qué se supone que debía hacer? Debió haberlo aceptado desde un comienzo; ella jamás iba a escapar de su padre… de ser una Hyuga. Cerró los ojos y se mordió la uña de su dedo meñique. Necesitaba localizar a Neji cuanto antes, o en su defecto, a Hanabi. Le urgía contarle a su primo lo que ella había descubierto sobre su búsqueda, aunque quizás él ya lo sabía, después de todo Neji era parte de la mafia Hyuga, ¿Pero y si no? ¿Qué tal si ya sospechaban de él? Diablos, diablos, diablos.

Hinata se acercó al ventanal y miró a través de él. Sus ojos imperceptiblemente fueron guiados hasta un pequeño punto justo en la vereda de enfrente al edificio. Naruto. Él iba caminando con las manos en los bolsillos de sus desgastados jeans, alzándose en su majestuosa altura y trabajado cuerpo. Iba tan despreocupado que jamás imaginaría que ella lo estaba mirando.

Y Hinata se iluminó. Naruto era quien podría darle esa información sobre Neji, incluso sin que tuviera que correr un riesgo, bastaría con hacer las preguntas correctas en el momento correcto.

Sí, eso era lo mejor. Iría esa misma tarde a averiguar que sabía Naruto Namikaze sobre Neji Hyuga, y quien sabe, quizás algo sobre la mismísima Hinata Hyuga le fuese útil.

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Naruto emprendió el trote cuando visualizó al profesor ingresando al aula. Tomó el bolso entre sus bronceados brazos y agilizó sus pasos.

Era una de esas clases en la que el profesor tenía una vista de halcón, y ante el menor descuido, el alumno salía seriamente castigado, es decir, interrogado frente al resto de la clase. Por alguna extraña razón del destino, Ibiki Morino usualmente lo elegía a él… en especial cuando llegaba tarde. Naruto entró y aprovechó el desorden de sus compañeros para pasar desapercibido, agradeciéndole al Dios de turno que Ibiki no lo hubiese notado todavía.

Alzó la vista y sonrió cuando reconoció un rostro conocido cerca de la ventana. Se movió hasta allá.

—¿Me guardaste un lugar?

—¿Umh?

Sasuke estaba distraído mirando por la ventana, por lo que no notó la llegada de Naruto. Se cruzó de brazos y le habló.

—¿Qué no es lo típico, usuratonkachi? Ya siéntate, Naruto.

—No seas tan amargado, Teme. Esta vez Ibiki ni siquiera me notó.

—Hm.

La clase avanzó lenta y peligrosamente aburrida para Naruto, quien nunca disfrutó mucho la historia de personajes reconocidos en el ámbito de la justicia y la ética. Miró a Sasuke, quien mantenía los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre el pecho, y se echó sobre su mesa. Sasuke podía quedarse dormido, pero a él nunca le hacían nada, lo cual lo terminaba de sacar de quicio. Era triste que la única clase que compartía con Sasuke, éste apenas le pusiera atención.

—¡Namikaze!

Naruto alzó el rostro con rapidez desde al mesón hasta los oscuros irises de Ibiki, quien con su taladrante voz despabiló incluso al adormecido Shikamaru Nara, amigo de Naruto.

—Ya que el señor Namikaze comprende todo lo que estamos hablando, y por ende no presta atención a lo que digo, dejemos que él nos explique. Ilústrenos, por favor.

Naruto tragó grueso. Odió su suerte.

—¿Explicar…? ¿Sobre qué?

—Estábamos hablando de un gran historiador y político italiano. Como usted yacía dormido yo supuse que debía saberlo – la voz del profesor era afilada, e incluso Naruto temblaba al mirar fijamente a ese hombre.

—Yo no estaba dormido' ttebayo… ese era Sasuke – susurró para sí mismo, observando de reojo al nombrado, quien se acomodaba el mentón sobre sus manos.

—¿Y entonces? – inquirió Ibiki, presionando a Naruto – Le daré una pequeña pista. Él dijo la siguiente frase, conocida por muchas personas, señor Namikaze. Dice así: "Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres". ¿Quién fue? Le advierto que su respuesta será calificada.

Naruto casi ansió reírse de su infortunio. Ese hombre de verdad quería que reprobara esa asignatura, ahora lo comprobaba. Se llevó la mano al mentón y achinó sus ojos, pensando. ¿Italiano? ¿Quién podía ser? Lo único que se le venía a la cabeza era la deliciosa comida italiana, pero no sus anticuados filósofos e historiadores. Rayos.

Maquiavelo.

Naruto abrió los ojos apenas oyó la voz de Sasuke. Se aseguró que Ibiki no se hubiera dado cuenta y se aclaró la garganta. Rogó que Sasuke no le estuviera mintiendo.

— Quien dijo eso fue… Maquiavelo, profesor.

Ibiki no ocultó su sorpresa, y tampoco lo hicieron varios de sus compañeros. Era extraño que Naruto respondiera correctamente.

Dejaron pasar el incidente y fue olvidado con rapidez, pero Naruto siguió pensando en lo que había escuchado en el salón. Esa frase sí que le había dejado una idea en la cabeza, y sin razón aparente recordó a Neji y a su apellido.

—Todos ven lo que aparentas… pocos advierten lo que eres – repitió a la salida de clases, dándole vueltas y más vueltas al asunto.

Sasuke pasó a dejarlo a su departamento en su vehículo y se despidieron escuetamente, dejando ciertas reuniones fijadas para salir durante la semana. Naruto accedió y se bajó del auto, apreciando como la tarde comenzaba a nublarse y a hacerse más fría. Parecía que pronto iba a llover, y eso era curioso en las fechas en las que estaban. El verano ya estaba demasiado próximo.

Entró al departamento, se mudó de ropa y se fue a beber algo del refrigerador. No había ni cerrado la puerta del frigorífico cuando escuchó el timbre. Su atolondrada cabeza recreó la imagen de Shion de inmediato, cuestionándose como podía llegar a ser tan olvidadizo. Supuso que a ella no le molestaría que le abriera la puerta en esas fachas, y es que de verdad no tenía interés en quitarse en pantalón del pijama o ponerse una camiseta y zapatos.

Bostezó al momento que tomó el pomo y lo giró, esperando que la efusiva de su novia se abalanzara encima, mas nada estuvo más lejos de ocurrir.

Hinata miraba como Naruto la observaba de pies a cabeza, creando un silencio incómodo.

—¿Hina…chan…? ¡Oh, rayos!

Naruto se ocultó detrás de la puerta, sonrojado por la terrible vista que acaba de mostrarle a su vecina. Hinata se giró y le dio la espalda, lamentando el instante en que creyó que ir a hablar con él fue una buena idea.

—Lo siento mucho, Naruto-kun. V-Volveré luego.

—¡No…! Digo, espera, sólo me cambio de ropa y…

—No, de verdad perdóname por molestarte. Fue mi culpa.

Hinata se encaminó de vuelta al ascensor sin siquiera dirigirle una mirada a Naruto, ¿Cómo hacerlo? Su rostro estaba tan rojo que llegaba a dolerle. Incluso se sentía mareada. Naruto le gritó que esperara, pero ella no lo hizo. Naruto fue hasta su dormitorio y se colocó lo primero que vio, lo cual consistió en una ajustada camiseta celeste y los mismo jeans desgastados de siempre. Si se veía bien o mal ya no le importaba. Aceleró el paso y salió por la puerta principal, viendo como el elevador acababa de cerrarse.

—¡Diablos…! – Naruto se tomó del cabello y suspiró sonoramente, dirigiéndose hasta el elevador y presionando el botón.

Apoyó su brazo derecho contra el muro más cercano al ascensor y luego descansó su cabeza ahí también, sobándose el cuello, ¿Qué estaba haciendo? Una sonrisa se asomó por sus labios. Era normal que él fuera impulsivo, pero definitivamente no era bueno serlo con una mujer… una que sólo era su vecina. Las puertas del elevador se reabrieron y la luz le dio contra el cabello y parte de su rostro.

—¿Naruto…?

El nombrado elevó sus ojos con incredibilidad. Todo su cerebro se había concentrado en Hina, y tanto fue así que cuando escuchó que lo llamaban pensó que era ella. Shion lo miró entre confundida y curiosa.

—Hey, Hola – saludó Naruto, dándole el pasó a la chica.

—Hola – Shion se le acercó y rozó sus labios con los de él – ¿Me estabas esperando? Ya sé, me viste a través del ventanal, ¿No es así?

A Naruto aún le costaba creer que era Shion quien le habló desde el elevador. Se encontraba aturdido. Sujetó a la chica por los brazos y los presionó levemente, haciendo que ella se riera.

—¿Pero qué te pasa? Cualquiera diría que estás nervioso – dijo ella, divertida con la cara de Naruto – ¿Será que me extrañaste?

—¿Uh? Ah, sí… eso debe ser.

Shion lo tomó de la mano y lo guió hasta el departamento. Naruto se dejó guiar, pero antes de que la puerta se cerrara, él observó sobre su hombro hacia el elevador.

Algo le decía que la visita de Hina tenía una intención, y él no podía quedarse tranquilo debido a ello.

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La canción terminó y comenzó otra.

Hinata terminó de comerse su postre mientras las canciones en la radio iban y venían. Aún se sentía indiscutiblemente tonta por lo que había pasado entre Naruto y ella, y cada vez que lo recordaba su rostro volvía a teñirse de carmín. ¿Cómo iba a saber que él iba a estar en pijama?, se cuestionaba ella para calmarse, llegando incluso a culparlo a él por exhibicionista, pero entonces caía en la cuenta de que él estaba en su casa y ahí podía hacer lo que quisiera. Se sentía aún más tonta.

Era todavía temprano y ella no tenía nada que hacer. Ni ganas tenía de preparase la cena.

Tomó el teléfono celular que Neji le había dejado y revisó los números que ahí estaban. Sólo eran dos, el de él y el de Hanabi. El botón verde de llamado se veía muy tentador bajo su pulgar, lo que hizo hacerla dudar. ¿Cómo iba a saber cómo iban las cosas? Lo que más le preocupaba es que hubiesen comenzado a dudar de Neji, El momento en que su padre le pusiera el ojo encima a su primo, todo su plan se iba a ir cuesta abajo. Sería cuestión de tiempo de que Hiashi revisara las llamas tanto de él como de Hanabi, y que se diera cuenta de los gastos realizados por ambos. No todos los días las personas se compran un departamento en el que no viven, y ese era el caso e Neji.

Pero tenía que saber si era momento de encontrar otro lugar dónde esconderse. Debía hablar con Neji.

Hinata se puso una chaqueta, unos botines que tenía guardados y se armó de un paraguas. Salió a la lluvia y caminó hasta la estación de servicio, a sabiendas de que ahí ella podría encontrar un teléfono público. Cuando llegó al lugar, lo primero que hizo fue comprar la cena y conseguir cambió en monedas para usar el dichoso teléfono, y después se armó de valor para marcar el número.

Escuchó cinco pitidos, y al sexto le contestaron. Reconocería esa voz incluso en medio de una tempestad de gente.

¿Diga? – oyó en la otra línea. Hinata se aferró del auricular.

—¿Neji? Soy yo.

Hinata escuchó una serie de movimientos. Era típico que Neji estuviera rodeado de gente, así fueran socios, compañeros o la familia. Ella oyó que él se disculpaba y se alejaba.

¿Cómo estás? ¿Pasó algo? – Neji sonaba tranquilo; con esa esencia de seriedad característica de él.

—Estoy bien. Necesito hablar contigo, Neji.

¿De dónde me estás llamando? ¿Qué quieres hablar?

—Te hablo desde un teléfono público – contestó, expresando a través de la línea el nerviosismo que sentía –. He oído cosas, Neji. Sé que la policía lo sabe… Tengo miedo.

Neji suspiró.

Sí… ayer tu padre lo mencionó durante la reunión familiar. Creo pronto empezará a sospechar.

—A eso temo. ¿No te ha dicho nada extraño? ¿No duda de ti?

Hoy he visto insinuaciones en los rostros de los mayores, pero quédate tranquila, quizás no es nada.

—No digas que no es nada, Neji. Tus ojos nunca se equivocan – insistió ella, insertando otra moneda en la maquina –. Empiezo a creer que ya no es seguro que te siga llamando. Me aterra incluso pensar que estén rastreando las líneas telefónicas.

Este número sólo lo tienen tú, Hanabi y algunos de mis amigos. Nadie sabe que tengo otro celular.

Ella se sintió levemente más tranquila. Se acomodó el paraguas y continuó hablando con su primo.

—Neji… gracias por todo lo que estás haciendo – dijo Hinata, dejando que las cálidas lágrimas calentaran sus mejillas – Llámame si algo sucede.

Lo haré, y recuerda, en un mes y medio te irás del país y todo acabará. Te lo prometo.

—Si, todo acabará.

Se despidieron y Hinata colgó la llamada. Quedaban cuarenta y cuatro días para que el pasaje de avión sobre la repisa de su dormitorio fuese utilizado, y después de eso sería libre. Miró la lluvia caer y se cobijó con el sonido que hacía al chocar contra el asfalto.

Emprendió marcha de regreso al departamento, andando con pasos mecánicos y ligeros. Se detuvo a tan solo tres calles de llegar debido a que el semáforo en rojo se lo indicaba, quedándose en la esquina junto a una señora y sus dos niños. Hinata vio a los niños y les sonrió, elevando el mentón hacia el frente después de hacerlo. Sus ojos – negros como la penumbra producto de las lentillas – se fijaron en las personas que deambulaban por ahí, siendo muy pocas gracias a la lluvia. Y ocurrió como en las películas; de manera lenta e indescifrable. Ella captó a un par de hombres en la calle de enfrente, cada uno cubierto por su propia sombrilla y pensando quién sabe qué. Vestían traje y zapatos costosos, pero no fue la facha que llevaban lo que hizo a Hinata perder el aire por completo. Fueron sus rostros.

Rostros Hyuga.

Afirmó de manera inconsciente el mango de la sombrilla, ejerciendo fuerza en hacerlo. ¿Qué harían por allí? Su mente de inmediato pensó las peores escenas imaginables, y todas ellas la conducían frente a un solo hombre: su padre. La luz del semáforo dio verde y la señora cruzó la calle junto a los niños, pero Hinata permaneció ahí; quieta, bella y fría como una estatua de mármol. Cuando los dos hombres desaparecieron de su campo visual ella se permitió respirar. Sintió que había perdido el aire por días, semanas incluso. Vio que el semáforo comenzaba a tintinear por el cambio de color y se lanzó a la calle, despabilándose de lo que acababa de ocurrir.

Saltó la posa de agua y apresuró su caminar, mirando por donde los dos hombres de su familia habían desaparecido. Iba tan preocupada en que ellos reaparecieran por allí, que no notó el vehículo que se aproximaba a ella ni que el semáforo le indicaba que no era seguro avanzar. Oyó el chillido de la señora que anteriormente había estado con ella en la esquina y el derrape de los neumáticos de un automóvil negro, y debido a eso giró el rostro. Retrocedió un par de pasos al ver la cercanía del vehículo y tropezó con sus propios pies, soltando el paraguas y su cena. El auto frenó frente a su rostro, bañando el rostro de "Hina" con la luz de los faroles de la máquina.

Hinata estaba pasmada. Su boca estaba abierta y sus pupilas se contrajeron, mostrando el rostro más petrificado y pálido que había tenido en mucho tiempo. La mujer que conducía se bajó del vehículo y la ayudó a levantarse, preguntándole incontablemente si se encontraba bien. Hinata sólo abría y cerraba la boca sin dar una respuesta concreta, sujetando con firmeza del suéter de la persona que la ayudaba.

—Hey, pequeña, ¿Estás herida? – preguntó la mujer. Hinata entre lágrimas la miró.

—L-Lo siento… fue mi culpa – se disculpó, soltando el agarre que tenía – Lo siento…

—¿Pero tú estás bien? – insistía la desconocida, ansiosa por una respuesta.

—S-Si, lo estoy… D-Discúlpeme por favor… me tengo que ir.

La señora dejó que se marchara y Hinata llegó hasta la otra calle con el cuerpo temblándole. La gente la miraba y ella se sintió cohibida y asustada. Quería estar en casa, con Hanabi o Neji, y que alguno de ellos la abrazara y le prometiera que todo estaría bien. Y comenzó a correr. Apenas podía ver producto de las lágrimas, y definitivamente no podía escuchar algo que no fueran sus sollozos. Llegó hasta el edificio con el aire escapando de ella misma a bocanadas, con la ropa y la peluca estilándole de agua. No deparó en responder a las miradas que le enviaba el conserje del edificio y se apresuró en llegar al elevador. Las manos le temblaban de tal manera que con mucho esfuerzo logró presionar el botón para subir, pero ante la tardanza que tenía éste en llegar, Hinata ahogó una maldición en sus delicados labios y se dirigió hasta las escaleras. Eran catorce pisos los que debía subir, mas aquello ni le importaba. Ella lloraba y sofocaba gritos de miedo e impotencia en su garganta, olvidando todo tipo de dolor físico que significara subir toda esa cantidad de pisos. Llegó hasta su departamento e introdujo la llave, dirigiéndose enseguida – y a oscuras – hasta la cocina. Sabía dónde estaban los vasos y el grifo, por lo que no necesitó encender las luces. Se dejó caer al cerámico de la cocina y se abrazó a si misma, llorando con fuerza.

Ella sentía miedo, frío, y por sobre todo, soledad. Le picaban los ojos de tanto llorar, por lo que fue al baño y se quitó los lentes de contacto. Vio su rostro reflejado en el espejo y sollozo, ¿Qué tenía que hacer para huir? Se frotó el enrojecido rostro.

Un golpe desde la sala de estar la puso en alerta.

Había olvidado cerrar la puerta al entrar, diablos. Hinata se armó de valor y apagó la luz del baño. Si algo tenía a su favor es que al menos ella sí conocía el departamento en plena oscuridad.

—¿Hina-chan?

Hinata se paralizó a la salida del dormitorio. ¿Qué estaba haciendo él aquí?

—¿Hina-chan? ¿Estás aquí? – Naruto llamó por segunda vez, ansioso. No era normal encontrar la casa de alguien con la puerta abierta y el departamento completamente oscuro.

Hinata, con sus ojos ya acostumbrados a la falta de luz, lo vio. Estaba como a trece metros de ella, girando sobre su propio eje. Ella apreció que él se detenía y se sujetaba el cabello.

—¡¿Hina…?!

—Naruto…kun…

Naruto giró su cuello casi noventa grados hacia el origen del leve susurro. Notó una pequeña sombra que iba retrocediendo a lo largo de la pared, ocultándose detrás del piano que él ya conocía. Se encaminó con el alma hecha un hilo hasta ella, atrapándola contra el cristal del ventanal. La tomó por los brazos y notó los temblores en el cuerpo de ella y en su ropa húmeda. ¿Qué diablos le había pasado?

—Hina-chan, ¿Qué te pasa…? ¿Por qué estás toda mojada?

Hinata no podía mirarlo. Necesitaba que él se fuera, y ojalá jamás regresara.

—¿Hina-chan? Vamos, háblame.

—Por favor… por favor vete, Naruto-kun – gimió ella tan bajo que él apenas la oyó. La sujetó con mayor firmeza.

—¿De qué hablas? Claro que no me iré' ttebayo, no por lo menos hasta saber lo que está pasando.

—Te lo ruedo, por favor… - y la voz de Hinata se rompió. Se llevó una mano hasta los labios y sollozo en silencio.

Naruto aflojó el agarre y dejó los brazos caer a sus costados. La respiración se le hizo un poco más pesada.

—No puedo irme – dijo en un susurro, apretando los puños – Yo… yo estaba en el hall cuando llegaste. Te vi correr hacia las escaleras' ttebayo.

Hinata negó con la cabeza, incrédula de su continuo infortunio, ¿Qué más le podía pasar? Estaba en su límite.

—Me preocupé, y cuando llegué aquí todo estaba oscuro y solitario – continuó él. Hinata escuchaba sin observar nada más que sus propios pies –. Y entonces te encuentro, completamente empapada y temblorosa, ¿Qué pasa, eh? ¿Te hicieron algo…?

—Naruto-kun, yo solo… yo solo necesito estar sola – suplicaba ella. No estaba en su mejor momento, y estaba a una frágil línea de ser descubierta por Naruto. Sus ojos iban a delatarla de ser quien no quería.

Naruto suspiró y estiró el cuello, dejando su cabeza descansar hacia atrás. Se sentía un completo inútil. Se quitó la chaqueta que llevaba puesta, y sin dejarla reclamar, se la puso sobre los hombros.

—¿A qué fuiste a mi departamento, Hina-chan? ¿Qué me querías decir?

Naruto estaba acudiendo a todo para que ella hablara, pero Hinata estaba concentrada en no fallar. Un error lo iba a pagar caro, y no solo ella, sino también Neji y Hanabi. No valía la pena.

—Vamos, ¡Háblame, por favor!

Hinata iba a hacerlo, pero los fuertes brazos de él la callaron. Esa seguridad y calidez que ansió recibir, esa tranquilidad que le brindaba Neji, y la esperanza de Hanabi… se la estaba entregando Naruto en un abrazo firme y afanoso. Se permitió llorar.

—No puedes ayudarme… Naruto-kun – dijo ella contra el cuello de él. Naruto la acercó más.

—Claro que sí' ttebayo. Déjame intentarlo, ¿Somos amigos, no?

Amigos. La palabra endulzó el corazón y el alma de Hinata. ¿Por qué sería? Apenas lo conocía… y aún así confiaba en él. Confiaba en su sonrisa y sus palabras; confiaba en su mirada y su personalidad, ¿Por qué…?

Se alejaron ínfimamente, de modo que sus rostros estuvieran uno frente de otro. Hinata abrió de manera muy lenta sus ojos, topándose con la afligida mirada de Naruto. Él fue frunciendo el ceño gradualmente.

Naruto marcó un poco más la distancia y subió su mano hasta la cara de ella, descubriendo que era tan suave como él había imaginado. Se detuvo poco antes de tocar sus pestañas.

—Sabes, yo sólo tengo… miedo – dijo Hina, con la voz suave y una sonrisa temblorosa, casi por ponerse a llorar y sosteniéndole la mirada a un confundido Naruto.

—Hina… chan…

Naruto sujetó su rostro ahora con ambas manos, reconociendo la desesperanza y la resignación en el rostro de ella. Naruto – completamente perplejo – la miraba sin creerlo.

Con la mano derecha él subió hasta el ondeado cabello castaño, y Hinata se afirmó con una de sus manos del antebrazo de él, cerrando los ojos. Naruto enredó sus dedos en las hebras y dejó caer la peluca en un sonido sordo, desvelando el cabello más largo y oscuro que haya visto nunca. Hinata volvió a abrir los ojos, presa de los potentes latidos de su corazón. Se miraron.

Naruto tenía los ojos abiertos de par en par, con la boca seca y el cuerpo tenso.

—Tú… tú eres…

Ella pestañeó y posó su mano libre en su propio pecho.

—Me llamo Hinata Hyuga, y necesito que me ayudes Naruto Namikaze… por favor.

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Bueno... ¿Hola? Regresé, ¿Queda alguien? ¿No? Vale, eso me lo merezco.

:B Igualmente me alegra estar aquí je, je...

Muchas gracias por los reviews dejados en el capítulo anterior, me hicieron muy feliz con estar siempre pendientes de este fic, así que agradeceré como siempre de manera particular. Empecemos c:

Lilipili: Lamento haber interrumpido tu estudio de psicología educacional hahaha Pero que te digo, yo promuevo la flojera, eso me hace sentir menos culpable cuando no hago nada productivo con mis estudios je, je. El pasado de Hinata seguirá más adelante, y ahora que Naruto también lo sabe creo que todo se pondrá más... interesante. ¡Saludos! ¡Gracias por comentar! :D

Alabdiel: Hooola :) Bueno, lo de la mafia de los Hyuga tomará peso ya un poco más adelante, y lo de Hinata definitivamente no se pondrá mejor, en especial ahora que Naruto sabe. ¡Oh, sí! y Neji es extremadamente sospechoso, pero sabio. Pero si dejo que Hinata sea obediente no habría chiste hahaha Después de todo, ella tiene un fiel sentimiento por Naruto en la serie, y eso quiero mantenerlo aquí también. ¡Gracias por comentar! espero que mi tardanza no te moleste :/ Escusas puedo tener por montones, pero no vale decirlas. ¡Cuídate! ¡Nos vemos!

Mariposas Rotas: Hola otra vez Aya querida, ¿Te dije que te estaba escribiendo algo, no? Here is it! Bueno, tu sabes que las otras cosas las hablamos fuera de aquí, así que por ahora te agradezco tu review :3 Sea largo o corto, a mi me encanta tener comentarios por los fics, así que te lo agradezco. ¡Nos estamos hablando! ¡Saludos a todos!, y recuerda muy bien esto: Yo le rompo las pelotas al que te moleste, promesa de karate girl hahahah Bye!

Hammi Yang: Hello Hello! Tenías mucha razón! Naruto necesitaba saber la verdad para ayudarla, así que lo hice. Oye, lamento la demora, de verdad, y eso que tu review pedía que no me tardara. Me siento un poco mal por eso, me enferma no ser puntual, pero la universidad me colpsó. Ahora tengo unos días libres y me lancé a esto, así que... ¿Perdón? nunca más :c lo prometo ¡Gracias por comentar! Te lo agradezco mucho, mucho :) ¡Nos leemos!

Annie Thompson: Holi :) Gracias por tu review, y en serio lamento mucho la demora, me da verguenza. tienes razón, la química entre Naruto y Hinata en este fic no la pienso ocultar je, je... un estudiante de criminología con la chica más buscada del momento pinta casi emocionante. ¡Saludos! ¡Espero volver a leer otro de tus reviews! (Si es que merezco el perdón de alguien o.o) Chaitoo

Lion Omega X: ¡Te doy la bienvenida a mi fic! Gracias por tu review, primero que nada, y en segundo, hablemos de tu comentario. Pues sí, yo también creo que hay muchos fics sobre el matrimonio por conveniencia, por lo que yo quiero contar lo que pasa cuando intentas guir de él; será lo contrario, supongo. A mi me gusta lo angustiante y lo policial, así que no dudes que le pondré bum! bum! hahahah Te agradezco por comentar, otra vez, espero saber de ti ottra vez. Annie saluda también! c:

Monika-N: Hola otra vez Monika! :D :D Hace dos días te estaba devolviendo el review en otro fic c: Me acordé de tu imagen (me gusta esa serie hahaha) Bueno, creo que lo correspondiente es disculparme por la demora, lo siento mucho, y la otra es responderte a una pregunta que me dejaste: Sí, habrá Sasusaku, después de todo Naruto los dejó solos en un departamento, y eso querida mía, toca hasta las ganas de Sasuke hahahaha Quizás en el otro capítulo ponga algo de eso. Gracias por comentar por aquí, me hace feliz ¡No leemos! ¡Cuídate! :D

Nuharoo: ¡Hola! ¿Qué tal todo? Vaya, así que en segundo de psicología, debes tener que leer muchas cosas... te aprecio mucho el tiempo que inviertes en leer por estos lado debido a eso. Es que vivo con una chica de primer año de tu misma carrera, y la pobre comenzó a usar anteojos D: Los respeto, psicologos. Gracias por comentar el capítulo, ojalá si lees este también te guste, y recuerda, ante cualquier duda, es posible que yo conteste dentro del fic o este pequeño segmento :) ¡Saludos! ¡Mucha suerte en la universidad a ti también! (¡Y cuida la vista!) ¡Adiosito! :)

Stella Whiteney: Hey there! c: ¡Tienes el mismo gusto que yo! También prefiero leer los fics una vez terminados que estar siguiendolos... es menos triste que estar esperandolos :( Lamento eso, por cierto. Me averguenza mucho haberme tardado, y espero, de corazón, no tener que volver a demorarme. Gracias por comentar :) Espero que lo sigas leyendo, porque sin duda alguna yo seguiré escribiendo ¡Nos leemos! :D

Rocio Hyuga: Holaa (: Gracias por comentar en el capítulo anterior, y espero que las ansias de leer todavía estén en ti. Me disculpo por la demora, pero estoy en primer año universitario, y te lo juro, cuando los grandes decían que era difícil, yo no les creí (Aún lo pongo en duda, quizás lo mío es flojera hahaha) ¡Saludos! ¡Espero saber de ti otra vez! :)

Rosihyuuga: ¡Siiiiii! Hinata DEBE casarse con Gaara O: O: Por eso huye mi pobre niña. Muchas cosas pueden pasar en dos meses, en especial si se tiene la química que tienen Naruto y Hinata. Algo me dice que lo de Shion va a costarme más, digo, es su prometida D: Los sentimientos están, ¿pero serán lo suficientemente fuertes? Gracias por dejar un comentario, lo aprecio mucho :) ¡Nos leemos! ¡Chaolín Bombín! :3

romi2502: Gracias por comentar! Al fin publiqué je, je... lo siento :c me tardé. Ojalá este capitulo te guste también, de veritas c: ¡Saludos!

hinataforever: Al fin publiqué la continuación! D: D: perdóname la vida, por favoooor! De igual maner, gracias por apurarme hahaha, trabajo bajo presión xD ¡Saludos!

KinaraHyuga: Hooola! Sorry, me tarde demasiado, lo sé. Hasta me da verguenza. Me alegra mucho que te guste el fic, y me gusta más que la intriga te carcoma por dentro wuajaja (No, es broma hahaha xD) Oh, créeme, lo de salir del país para Hinata será un premio al esfuerzo, casi como para mi levantarme de la cama en invierno. naruto será desde ahora el pilar y la perdición de Hinata, ya entenderás, pero ante todo predominará la personalidad solidaria de él. Esas cosas no las cambio del manga. ¡Gracias por comnetar! ¡Un gusto tenerte por estos lados, te doy la bienvenida! :D PD: yo jamáaaaaas abandonaría un fic. Eso ténlo cien por cien seguro. :)

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Creo que eso es todo por hoy, estoy cansada.

Espero haber sembrado más dudas, y de no ser así, no se preocupen, lo haré :D

Un gusto volver por aquí, no seré tan impuntual la siguiente vez.

¡Adiós mis queridos seres!

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19 de Septiembre 2013

22:00 p.m.

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Oh querido Kishimoto, tu manga me tiene a full ji ji 3