DISCLAIMER: InuYasha pertenece a Rumiko Takahashi y a quien mas corresponda.
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Esta historia fue escrita exclusivamente para "Fanfiction . Net"
Más Allá de las Circunstancias
Por Aquarius-chan
Capítulo 3: Encuentro
-Amo Inu no Taisho - saludó la pulga luego de esperar varios minutos por una reunión con el gran demonio -. Le traigo noticias.
-Por favor cuéntame - pidió serio.
-Los padres descubrieron la vía de escape de la joven Izayoi y se encargaron de arreglarla. Además reforzaron la guardia y le asignaron un escolta - vio como el peli plata asentía -. Y le prohibieron la salida del castillo a menos que sea acompañada del soldado Takemaru.
-¿Takemaru? - repitió un tanto sorprendido y lo recordó -. Creo saber quien es. ¿Algo más?
-N-no mi amo - mintió nervioso.
-Myoga, ¿hace cuánto nos conocemos? - cuestionó -. Sé cuando mientes.
-Es que le hice una promesa a la señorita Izayoi y sería deshonroso para mí fallarle - contestó rápido.
-Myoga... - lo llamó con su frío tono de voz.
-Lamento no poder responderle amo - escuchó como el daiyoukai suspiraba.
-De acuerdo, te lo perdono porque diste tu palabra - se levantó de su asiento.
-Ahora que recuerdo, hay algo más - Inu no Taisho no contestó, pero lo miró de reojo dándole a entender que tenía su atención -. Ese soldado llamado Takemaru le confesó sus sentimiento, pero ella lo rechazó.
-Bien.
-¿Está seguro que esto es lo que quiere mi señor? - preguntó curioso.
-A decir verdad Myoga, ya no se lo que quiero - comenzó a caminar hacia la puerta -. Solo sé que la quiero en mi vida - la abrió y salió dejando al pequeño demonio solo, suspirando.
Inu no Taisho iba caminando por los pasillos de su palacio pensativo. ¿Qué era lo que quería? Perder a su familia no era una opción y perder a la joven humana tampoco lo era. Miró por una ventana y vio como las estrellas dominaron el cielo. Sonrió. Izayoi había rechazado a ese tal Takemaru. Volvió a encaminarse hacia su cuarto con tranquilidad. Necesitaba descansar, al otro día pensaría que hacer.
El nuevo día había comenzado lluvioso y parecía querer terminar así. Izayoi miró desde su habitación como la intensa tormenta dominaba el territorio de su padre, formando enormes charcos de agua y pequeñas montañas de lodo. Suspiró y sintió como llamaba una sirvienta para ofrecerle un desayuno que ella rechazó.
-Izayoi - la nombraron desde el exterior de su cuarto.
-Takemaru, no te enojes pero necesito estar sola - caminó hacia su cama y se recostó.
-Ábreme por favor - pidió el joven soldado.
-Vete Takemaru, no hagas que me enoje contigo - sollozó -. Por favor...
-Bien - suspiró resignado -. Cualquier cosa, llámame - se retiró molesto. En verdad la amaba, pero ella no quería corresponderle ¿Qué debía hacer para llamar su atención?
Izayoi no quería estar allí. Quería salir sin que la persiguieran por órdenes de su padre. Sabía que podía contar con Takemaru, pero él era solo su amigo de la infancia y no deseaba ilusionarlo, de darle una falsa expectativa.
Luego recordó a Inu no Taisho. Ese daiyoukai que le demostró que no todos los demonios eran un peligro para los humanos. Ese daiyoukai que estaba con ella para protegerla. Ese daiyoukai que tanto quería pero era imposible. Nunca olvidaría esa sensación que sintió cuando le dijo que tenía un hijo y una esposa. Una familia. No quería ser una intrusa, pero tampoco quería alejarse. ¿Por qué le sucedía eso?
Volvió su vista hacia la ventana, la lluvia seguía y cada vez caía con más fuerza. De manera inconsciente y sin importarle que arruinaría su delicado kimono, abrió el vidrio para treparse y salir desde allí, sin ser vista.
Era la primera vez en muchos años que sentía las gotas de agua directo desde el cielo sobre su cuerpo. Sonrió por unos instantes hasta que recordó que podían descubrirla. Sin perder el tiempo, comenzó a buscar una salida. Sabía que por el intenso clima casi ni iban a haber soldados en el lugar, pero no podía darse el lujo de descuidarse ni distraerse.
Corría mientras evitaba ser vista. Las telas de su costosa vestimenta se manchaban cada vez mas y mas, pero ¿importaba? Definitivamente no. Se escabullía y corría por diferentes puntos hasta que descubrió que una de las salidas, la más aislada, estaba sin vigilancia. Era su oportunidad. Sin pensarlo, abrió una portezuela y salió.
"Y prométeme una cosa: Jamás saldrás de tu hogar cuando esté lloviendo. Es muy peligroso y la lluvia hace que se me mezclen los aromas"
Esa advertencia se la había dado el peli plata que tanto ansiaba ver. Se detuvo abruptamente al pensar en la situación. Inu no Taisho no sabía que ella iría al lugar donde siempre se encontraban ni podía esperar que él esté allí. Pero no importaba, ya no.
Comenzó a correr mientras intentaba no caerse ni tropezar. La lluvia se tornaba cada vez mas fuerte, los relámpagos dominaban los cielos, asustándola. Pero ya no había marcha atrás. Sin que se diera cuenta, su pie se enganchó con la raíz de un árbol haciéndola caer. Cuando se quiso levantar, su pie dolía demasiado, impidiéndole caminar.
La frustración la dominaba. Tan cerca estaba del lugar que ella tanto ansiaba visitar.
Inu no Taisho miraba todo el paisaje desde el techo de su palacio. Sus ropas, sus cabellos, su estola, todo él estaba mojado por la tormenta que se tornaba cada vez mas fuerte. Suspiró. El estar bajo la lluvia lo relajaba, siempre había sido así. Además prefería estar en ese lugar a estar adentro recibiendo comentarios irónicos por parte de Irasue o la mirada de desprecio del lado de su hijo. ¿Se lo merecía? Sí, y lo sabía perfectamente, pero aun no quería enfrentarse a ello.
De repente sintió un fuerte escalofrío recorrerle la columna, un mal presentimiento. Todo en su palacio se encontraba en orden. No sentía la presencia de enemigos o de algún ser desconocido. Tal vez Izayoi...
Cuando se le cruzó por la mente que algo le podría haber sucedido, no pensó dos veces en tomar vuelo en dirección al castillo donde vivía ella. Iba apresurado, necesitaba saber que estaba bien. La elevada velocidad en la que levitaba lo ayudó a llegar rápidamente a la zona donde siempre se encontraba con la chica.
Y fue allí donde sintió el aroma a sangre de ella. Ese aroma tan dulce, tan hipnótico y atrayente llamó su atención. Comenzó a desesperarse, eso no era bueno. Debido a que la tormenta era cada vez mas poderosa y los árboles cumplían rol de obstáculo, se le hacía imposible buscarla desde el aire, por lo que decidió descender.
-Maldición Izayoi, te advertí que no salieras con climas así - protestó preocupado. Las corrientes de agua confundía los aromas y eso le impedía poder buscarla en un punto en concreto.
-IZAYOI - gritó, esperando escuchar una respuesta. Pero no fue así.
Los minutos le parecieron horas. Un trozo de tela floreada atascada en una rama le sirvió como pista, aunque no sirvió de mucho. El tiempo seguía pasando y eso lo desesperaba mas y mas.
Fue entonces cuando escuchó un quejido. Estaba cerca y podía seguirlo aunque el sonido de las gotas cayendo a la tierra. Caminó apresurado hasta que por fin la vio moviéndose con mucho esfuerzo mientras se sujetaba a los árboles. Sintió la necesidad de correr hacia ella cuando la vio caerse y gemir de dolor, pero optó por otra cosa.
-¿No te dije que no salieras con lluvia? - cuestionó serio.
-¡Inu no...! - la emoción con la que giró para saludarlo se esfumó en cuanto vio que tenía el ceño fruncido. Carraspeó levemente -. Inu no Taisho, viniste - bajó la mirada apenada.
-Te dije que era peligroso - comenzó a caminar hacia ella.
-Lo sé pero... - se calló al sentir como el demonio la abrazaba. Su corazón comenzó a latir con fuerza y las lágrimas estaban al borde de salir.
-Me preocupaste mucho, no vuelvas a cometer una locura así - la presionó un poco más.
-E-es que no quería quedarme en mi casa - lo abrazó lentamente -. M-me querían prohibir verte y...y no podía permitirlo - con cuidado, se separó de ella dejando que sus rostros estén apenas distanciados.
-Tonta - y la besó.
Izayoi tenía sentimientos encontrados. ¿Estaba bien? ¿Estaba mal? No importaba ya, ella deseaba eso. Correspondió el beso mientras sus manos subían hacia su cabellera para enredar sus dedos allí. Inu no Taisho, por su parte, la atraía lo mas que podía hacia él y disfrutaba del momento.
Hasta que un estruendoso relámpago hizo que la castaña se sobresalte y diera un pequeño grito, haciendo reír al demonio perro.
-Por aquí cerca hay una cueva - llamó la atención de la joven -. Si quieres podemos ir allí hasta que quieras regresar.
-C-claro - contestó apenada.
-¿Puedes caminar?
-Creo que me lesioné. No puedo apoyar el pie sin sentir un dolor fuerte - informó.
-Está bien - asintió y la alzó entre sus brazos sorprendiéndola.
Ruborizada, se sujetó rodeándole el cuello con sus delicadas manos y lo miró. Parecía estar sonriendo, algo que la extrañó un poco ya que él solía estar serio. Entonces lo imitó y curvó sus labios mientras apoyaba su cabeza en la armadura que cubría su torso.
La caminata no duró mucho. La cueva era bastante grande para comodidad de los dos. Con mucho cuidado, la bajó al suelo haciendo que su espalda quede apoyada contra una roca.
-Muéstrame tu pie - ordenó y la chica obedeció. Con mucho cuidado comenzó a masajearlo, provocándole pequeños quejidos.
-¿C-cómo me encontraste? - gimió de dolor.
-Tuve un mal presentimiento y quise ver que estabas bien - la miró a los ojos -. Menos mal que tomé esa decisión.
-Lo siento - bajó la mirada -. Es que mis padres me prohíben salir y Takemaru que sigue insistiendo...
-¿Insistiendo? - la interrumpió aunque sabía de lo que ella hablaba.
-Él se confesó y yo lo rechacé, pero sigue y yo no le quiero dar una falsa esperanza - se abrazó a sí misma -. Él es mi amigo de la infancia y no puedo verlo de otra manera y que él no lo entienda me molesta mucho.
-Ya, tranquila - dijo calmado ya que lo había escuchado de su boca -. Si él se hace alguna ilusión, es problema de él, no tuyo - le bajó el pie para tomarle delicadamente el mentó y levantarle el rostro -. ¿Entiendes? - la joven asintió y volvió a su labor de masajearle el pie.
Algunos minutos después, cuando sintió que estaba listo, envolvió la extremidad con un pedazo de tela que había arrancado de sus ropajes, poniendo especial atención en el tobillo.
-No deberás moverlo por un tiempo, así que deberías permanecer en tu habitación descansando.
-Pero no estoy en mi habitación - rió.
-No me lo recuerdes - contestó con un dejo de molestia que Izayoi notó.
-Cuando rechacé a Takemaru - el daiyoukai la miró atento -, le dije que lo hacía por un motivo principal - se arrodilló con cuidado para quedar frente al peli plata.
-¿Cuál? - su mirada dorada no salía de encima de la chocolate.
-Le dije que había otro en mi vida. Alguien que me protegía, que me hacía sentir segura - el demonio abrió los ojos sorprendido -. Alguien imposible - acercó su rostro al de Inu no Taisho sin romper el contacto visual.
-¿Quién? - susurró sin poder creerlo.
-Tú - lo abrazó y lo besó de manera apasionada.
El demonio no dudó en corresponder al valiente acto de la humana. Los labios de los dos se movían sin vergüenza, disfrutando del contacto. Acarició de arriba hacia abajo la espalda de la joven atrayéndola hacia él. Sus lenguas comenzaron a rozarse, danzando entre ellas.
Un suave gemido escapó del interior de Izayoi, haciendo que Inu no Taisho perdiera por un momento el control y la recostara en el piso, acto que la chica no objetó. Se separaban por instantes para poder respirar y seguían. El daiyoukai sentía que en cualquier momento se descontrolaba y era algo que no quería hacer.
Las manos de él comenzaron a recorrer el cuerpo sobre la ropa, haciéndolo disfrutar de las curvas y de los gemidos que liberaba. Sus labios abandonaron los de ella y recorrieron la mejilla para seguir al cuello. Algo en su interior le pedía que despedace sus ropas y que la hiciera suya lo más rápido posible, pero sabía que podía lastimarla, por lo que se esforzaba para mantenerse bajo control.
Con sumo cuidado, fue corriendo las telas del manchado kimono para exhibir lentamente la piel de la muchacha que se sonrojaba más y más. Disfrutando la visión que tenía, besó suavemente el hombro de la chica mientras se dedicaba a desatar los costosos ropajes.
A pesar de la vergüenza, Izayoi disfrutaba del contacto. Le gustaba como Inu no Taisho acariciaba su cuerpo y como se tomaba el atrevimiento de apretar uno de sus pechos, haciéndola liberar un gemido que lo motivó a continuar. Como pudo, hizo llegar sus manos a la plateada cabellera para acariciarlo aunque sea un poco.
Poco a poco, fue exhibiendo los no tan pequeños pechos de la castaña, quien se cubrió el rostro por la pena que le daba la situación. Sonrió y le corrió las manos de la cara.
-No tienes por qué avergonzarte - le susurró -. Si quieres que me detenga, sólo dilo.
-N-no por favor - suplicó -. S-solo que es mi...es mi primera vez y estoy un poco nerviosa.
-No te preocupes - le sonrió mientras le acariciaba la mejilla -, yo te cuidaré - y la volvió a besar.
Con una lentitud torturadora, desató el kimono y comenzó a correr las telas para poder vislumbrar el hermoso y delicado cuerpo que la joven ofrecía. Se arrodilló con la sola idea de poder contemplarla. Izayoi , por su parte, se sonrojaba cada vez más y más. El daiyoukai extendió su mano hacia el suave torso y lo acariciaba lentamente, rozando, por momentos, con sus garras. Su mano viajaba desde arriba hacia abajo, descubriendo los puntos más sensibles, aquellos que le arrancaban gemidos y suspiros.
Nuevamente el peli plateado volvió al cuello de la chica para comenzar a besarlo y descender hasta sus pechos, donde, con su boca, tomó uno de sus pezones que se encargo de darle placer mientras que con una de sus manos acariciaba al otro libre. Izayoi enredó sus dedos en la cabellera del youkai mientras daba fuertes gemidos de placer.
La castaña se retorcía de placer bajo el cuerpo aun cubierto totalmente del demonio. Por su cabeza no se le cruzó en ningún momento los problemas que podrían atraer esa relación tan prohibida. Solo disfrutaba. Comenzó a sentir una suave humedad y un cosquilleo en su entrepierna. Su cuerpo parecía moverse por voluntad propia y su boca no quería callarse.
-I-Inu no...-gimió sin poder terminar lo que quería decir.
El mencionado no solo succionaba su botón rosado, sino que también lo lameteaba, mordisqueaba y, por ratos, resoplaba sobre él mientras que el otro era pellizcado, tironeado y presionado. La tuvo así por algunos minutos que, para ella, fueron eternos.
-N-no voy a resistir m-mucho - tartamudeó recibiendo, como respuesta, la sensación de los dedos de él acariciando su clítoris. Abrió los ojos sorprendida y volvió a gemir, esta vez más fuerte.
El demonio se tomaba el cuidado de no lastimarla con su garra mientras le daba más y más placer. Izayoi estaba en sus límites, sentía como si en cualquier fuera a estallar. Nuevamente fue ascendiendo hacia sus labios para volver a besarse de manera apasionada.
Los espasmos en su entrepierna se hacían más constantes, ya faltaba poco. Se separaron para poder recuperar el aire y fue allí cuando la castaña dio un último grito. Al fin había llegado al clímax. Mientras jadeaba buscando recuperar el aire, sintió como en sus muslos corría su líquido interno.
-¿Estás bien? - le preguntó Inu no Taisho mientras sacaba su mano de intimidad de la chica.
-S-si - susurró -. Nunca... Nunca pensé que me sentiría así - vio como el peli plata sonreía.
-¿Quieres continuar? - ella asintió -. Bien.
Aun a horcajadas sobre ella, comenzó a sacarse la armadura que cubría su tórax. Ella miraba atenta cada movimiento que hacía, pero sintió que todo su rostro se tornaba carmesí cuando viola excitación del demonio bajo las ropas de éste. Tragó saliva y desvió la mirada en cuanto se dio cuenta que el otro la estaba observando.
-Última vez que pregunto, ¿segura?
-S-si - se sentó y lo besó suavemente.
Inu no Taisho correspondía de la misma manera mientras se encargaba de desnudarla totalmente. Acarició su espalda con cuidado y, por momentos, se concentraba en sus cabellos. Cuando creyó que él iba a tener que desnudarse a sí mismo, ella lo sorprendió. Desató torpemente el obi e inicio su marcha para desvestirlo.
Estaba nerviosa, pero ya no había marcha atrás. El haori ya yacía en el piso para darle el espectáculo del tonificado torso del demonio, con algunas marcas moradas que delataban su especie. Nuevamente Inu no Taisho la recostó sobre el estropeado kimono, esta vez se ubicó entre sus piernas.
Izayoi se permitió disfrutar de la piel del peli plata acariciándolo a la vez él hacía lo mismo con ella. El daiyoukai llevó su mano hacia su hakama y lo bajó mas de lo necesario para sacar su endurecida masculinidad. En ese momento, cuando vio un dejo de preocupación en los ojos marrones, confirmó que estaba preocupada.
-Tendré cuidado, solo dime si quieres que me detenga - le dijo en voz baja y ella asintió.
Y en esa situación, nuevamente su instinto le pedía que sea brusco y que acabe todo rápido, pero no se lo permitió. No podía hacerle daño a la muchacha que estaba debajo de él, jamás se lo perdonaría.
Con su miembro acarició la virginal entrada nuevamente empapada, haciéndola suspirar por varios minutos hasta que comenzó a entrar. Aunque iba despacio, ella sintió dolor desde el primer momento. En un acto inconsciente, clavó sus uñas en la tonificada espalda del demonio que ni siquiera protestó por el acto.
Inu no Taisho, por su parte, estaba luchando consigo mismo para evitar ser brusco. Esa mujer lo provocaba y lo hacía desde el primer momento que la vio, claro sin que ella se diera cuenta. El sentir como la estrecha entrada se abría solo para él lo hizo sentir en la gloria. "No está bien" se le cruzó por la cabeza, pero no hizo caso, solo siguió.
Con lentitud siguió entrando. Izayoi no pudo evitar contenerse y dio un pequeño grito de dolor, advirtiéndole lo que sentía.
-Izayoi -le susurró -, saldré así...
-¡NO! ¡N-no lo hagas! - imploró mientras aferraba la cintura del demonio con sus piernas -. Yo estaré bien - sonrió -. Es lo que quiero.
Inu no Taisho la miró unos pequeños instantes y la besó, sólo para distraerla de lo que iba a hacer. De una sola estocada entró. La joven abrió abruptamente los ojos y de ellos le comenzaron a salir lágrimas mientras que gemía de dolor. El peli plata sintió el aroma de la sangre, un aroma que lo invitaba a sacar lo peor de él. Aun así se contuvo y continuó besándola. Se separaron para respirar y volvieron a unir sus labios, repitiendo el proceso varias veces hasta que por fin dejó de quejarse.
Inu no Taisho se separó un poco para poder verla. Sus labios, ya rojos por los constantes besos, entre abiertos, sus mejillas estaban en una tonalidad carmesí, su larga cabellera estaba totalmente desparramada y sus ojos... Sus ojos brillaban solo para él. Porque así era, ella era solo para él y lo demostraba haciéndola, al fin, suya.
Entonces comenzó a moverse, con sumo cuidado, haciéndola gemir desde el primer momento. Su entrepierna aun dolía, pero ya no le interesaba ya que también estaba recibiendo una oleada de placer. Placer que solo él podía entregarle. Nuevamente se aferró a su espalda, arañando por momentos la tersa piel.
Gemía su nombre, motivándolo a elevar un poco el ritmo. Estaba extasiado de ella. No supo distinguir cuando comenzó, pero se había vuelto adicto a esa humana que salvó hacia ya bastante tiempo.
-Izayoi - gimió. Su interior le daba demasiada satisfacción. Definitivamente no podía permitir que algo, sin importar que, la aleje de él.
-IZAYOI - gritó Takemaru preocupado.
Cuando volvió a visitarla, el soldado notó que no respondía por lo que se tomó el atrevimiento de entrar a la habitación de la hija del terrateniente encontrándose con su ausencia.
-¡Maldición! - gritó al ver que el piso que limitaba con la ventana estaba mojado por el agua que entraba desde allí.
Se había escapado y él no hizo algo para evitarlo.
Sin avisar a algún superior, a los padres de la chica o a quien sea, comenzó a buscar. Primero recorrió el terreno, aun sabiendo que la intensa lluvia borraría cualquier rastro. O eso creía hasta que vio la portezuela, por donde ella había salido, mal cerrada. Salió y comenzó a buscar por el bosque.
-Todo es culpa de ese maldito - dijo enfurecido.
Si, lo culpaba a él. Ese sujeto la había corrompido emocionalmente y no quería pensar si lo había hecho de otra manera. El solo hacerse la idea lo hacía rabiar. ¿Por qué no se había fijado en él? Le había jurado su amor y ella solo lo había rechazado con la excusa de que no quería lastimarlo. Pero ya lo había hecho.
Y llevaba un buen tiempo buscando en ese maldito bosque. Lo recorrió casi completamente, hasta que recordó un punto faltante. No muy lejos había una cueva. Si ella estaba allí, podría devolverla al castillo. Tal vez le prometería no decirle a sus padres sobre su acto y ganaría puntos. Sin pensarlo, se apresuró en llegar allí.
-¡Ah! - escuchó estando a varios metros del lugar. Sin dudas era su voz pero, ¿qué le había pasado?
Con sigilo caminó hasta la entrada y, aun manteniéndose oculto, miró hacia adentro, encontrándose con el desagradable espectáculo. Ella, su princesa, su amada, SU Izayoi bajo un sujeto. Se sintió mareado, descompuesto al ver a la joven manteniendo relaciones con ese desconocido. Pero, ¿y si la estaba forzando.
-Izayoi - lo escuchó -, en verdad... En verdad te amo - y de nuevo el gemido de la fémina.
-I-Inu, yo... Yo también. ¡Ah!
Takemaru estaba enfurecido, enervado. Lo único que quería era abalanzarse sobre ese maldito que le sacó su virginidad. Pero había algo que llamó su atención. Ese "maldito" tenía marcas tanto en su rostro como en su tórax y el color de su cabello no era usual.
"Maldición" pensó y se mantuvo quieto. ¿Izayoi, la dulce muchacha con la que él trataba, se había metido con un demonio? No podía atacarlo sin que él o su amada resultaran heridos. Entonces recordó que ella le habló de alguien imposible, entendiendo que ese alguien era el sujeto de la cueva.
El sonido de los gemidos le provocaban cefaleas y malestar, no lo soportaba. Con sigilo, volvió por donde había llegado y tomó la decisión de esperarla en la misma portezuela.
Ya nada sería lo mismo.
-Inu no... - repitió con placer.
El aludido había perdido la concentración unos instantes ya que había alguien cerca, aunque no se tomó la molestia de detenerse. En todo caso, lo asesinaría aunque sabía que eso la espantaría. Seguía luchando consigo mismo, hasta que la joven volvió a enredar sus piernas en él para hacerlo llegar más profundo mientras seguía repitiendo su nombre pidiéndole más. Había perdido.
Sus ojos se tornaron poco a poco en un tono rojo sangriento y sus colmillos crecieron. El ritmo de las estocadas aumentó, haciéndolo disfrutar más. Los gritos de la chica eran música para sus oídos. Entonces se acercó a su cuello del lado izquierdo y lo llenó de delicados besos hasta que comenzó a lamerlo. Y la mordió. Ella sintió una molestia, pero solo por unos instantes haciéndola continuar disfrutando. Sus afilados dientes desgarraron levemente la delicada piel de la curva en su hombro e inyectó un suave veneno, nada peligroso para la castaña. Abrió la boca y se deleitó con la sangre que seguía saliendo de la herida.
-I-Inu, y-ya no... ¡Ah!
Las estocadas se volvieron mucho más rápidas. Sus pechos iban de arriba hacia abajo por el impulso, el sonido del choque entre ambas pelvis era notorio y su interior parecía estar a unos segundos de estallar. Solo era una cuenta regresiva.
Cinco...
Sus uñas se clavaron aun más en la fuerte espalda, provocándole rayones del que brotaba levemente sangre.
Cuatro...
La presión que impuso con sus piernas en la cintura del demonio aumentó.
Tres...
Los gritos implorando más y advirtiendo su estado eran cada vez más constantes.
Dos...
Su vista parecía borrosa y su mente no procesaba otra cosa que el placer que estaba viviendo en ese momento.
Uno...
Su cuerpo tenía mente propia. Se retorcía y movía a voluntad.
Cero...
Al fin llegó al clímax. Su interior se vació en ese instante a pesar de que las estocadas continuaban. Su pecho subía y bajaba buscando aire, sus pezones erectos rozaban con los pectorales del peli plata y su feminidad seguía siendo fuertemente estimulada.
-I-Izayoi - murmuró y acabó en ella, en su interior haciendo que ambos gimieran.
Los dos se quedaron en silencio, necesitaban respirar de forma regular. Se mantuvieron así, Inu no Taisho dentro de la castaña, por unos minutos hasta que pudieron respirar normalmente.
-¿Estás bien? - preguntó mirándola a los ojos con sus orbes nuevamente ámbares.
-Si, estoy... - sonrió -. Estoy muy bien.
-Me alegro - la besó con cuidado por unos segundos.
-Estoy un poco cansada - confesó.
-Es normal - le acarició la mejilla -. Necesitar recuperar las energías y conmigo así dudo que puedas hacerlo - ambos rieron bajo hasta que él salió haciéndola sentir vacía.
-Gracias - dijo mientras el demonio se acomodaba a su lado cubriéndola con su estola -, en verdad gracias por cuidarme.
Inu no Taisho sonrió mientras la veía quedarse dormida. Sin dudas esa chica lo traía loco y él mismo se había condenado a vivir por y para ella. La mordida que tenía en su cuello era una gran prueba de eso. Le acomodó algunos mechones que caían sobre su rostro pensando en que aún habían temas por resolver, siendo que uno de ellos era especialmente peligroso.
Irasue.
Continuará...
Comentarios de la Autora: En verdad mil disculpas por el atraso de tres meses D; En verdad no tengo justificativos suficientes. Por eso, a modo de reivindicación, les traje este capítulo super largo que iba a ser diivido en dos partes... ¿Me perdonan? T-T
Al fin llegó el lemon a la historia! ¿Qué les pareció? No estoy al 100% convencida, pero me quería apresurar en actualizar. Además Takemaru los descubrió :O CHAN CHAN CHAAAAAAN (? En el cap que viene va a haber acción, o quizás no, no se, planifico que poner en su momento xD
¿Me dejan su review? Su opinión para mí es demasiado importante ya que me ayudan a mejorar y, además, me motivan n.n
Sin más que decir, me despido. Saludos y nos leemos luego :D
