Lo primero, dar las gracias a todas estas fantásticas reviewers: Olimka, Dafne, Shuiyu, Yie, Princesa Vampírica, Sirae, Himeno Sakura Hamasaki y Yue.

Y bueno, también me gustaría pedir perdón por adelantado, porque aunque he subido este capítulo bastante pronto, el siguiente ni lo he empezado aún, y el lunes voy a comenzar la tesina del máster, así que estaré un pelín ocupada. Y esto se traducirá en que tardaré un poco en subir el siguiente capítulo (perdóoooon T_T).

Lo bueno es que por lo menos aún tenéis este. ¡Espero que os guste!

Capítulo 3: El trato

Mi vida, como siempre era un completo desastre. En mi mente aun revoloteaban los eventos de la noche anterior. Mentiría si dijera que no era una oferta tentadora. Si no supiera que Tom Riddle era la serpiente más manipuladora de todo Slytherin habría aceptado sin pensarlo. Pero era consciente de que el futuro dark lord era realmente astuto para hacerme hacer cosas incluso si no estoy de acuerdo con ellas.

También sabía que no era a la primera persona al que el Slytherin le ofrecía enseñarle magia oscura. Sabía a ciencia cierta, que muchos de sus 'amigos' habían recibido clases de Riddle, pero eso no quitaba el hecho de lo extraño que el joven fijara su interés en un niño de 15 años, como yo.

Pero era tentador, muy tentador. Era bastante irónico que el propio dark lord al que tenía que asesinar 50 años más tarde me entrenara para ello. Y ya ni hablar de la posible información que podría obtener si el Slytherin creía que estaba de su parte.

El problema principal era el hecho de que Riddle tenía razón, odiaba las artes oscuras. Mi única motivación al aprenderlas era saber contra que estaba luchando. Siempre había sido un ignorante al creer que sin manchar mis manos podría vencer a Voldemort, pero es imposible vencer algo que ni siquiera entiendes. Pero mi miedo estaba en que Riddle se daría cuenta de ello, y en el fondo sabía que me obligaría a utilizar más y más magia hasta que cayera tan hondo como él. Y eso no podía permitirlo. No quería verme arrastrado por las artes oscuras, me negaba.

Aún con todos los inconvenientes y desventajas, sabía cuál sería mi respuesta. Era demasiado buena oportunidad para dejarla pasar y en mi estado actual no sería capaz de mejorar mucho más sin ayuda. ¿Y qué mejor que aceptar la ayuda de mi enemigo?

Decidí que lo mejor era hablar con él cuanto antes. Así que me dirigí hacia la sala común para averiguar dónde se encontraba el dichoso muchacho.

Al llegar, tan sólo vi a tres personas: dos chicos de primer curso jugando al ajedrez mágico, y a Evan Rosier, quién estaba en el sofá central leyendo lo que parecía un libro de transfiguración.

Me acerqué sin pensarlo y cuando estuve a meros pasos intenté llamar su atención.

"Rosier." Al oír su nombre, el chico se giró a mirarme. Su pelo azabache caía desordenadamente recordándome de alguna manera al mío propio. Al verme levantó una ceja inquisidora, pero eso no me detuvo. "¿Sabes dónde está Riddle? Necesito hablar con él."

El chico me miró sorprendido, supongo que pensando que me había vuelto loco de buscar a alguien que lo más probable es que quisiera hacer mi vida un infierno.

"Si, sé dónde está. ¿Lo que no comprendo es por qué lo buscas?" Se quedó varios segundos evaluándome, y el poco frecuente silencio que rodeaba la sala común hacía aún más incómoda la situación.

"Eso no te importa. La verdad, es que necesito hablar con él urgentemente. Así que te agradecería que me dijeras donde está." Le miré impaciente y no tardó en darme una respuesta.

"Está en Runas Antiguas con Orion y Abraxas." Dijo finalmente. Murmuré un prácticamente inaudible gracias y me propuse ir hasta la susodicha clase a esperar a que saliera.

"Evans." Me giré al oír que llamaba mi nombre.

"¿Qué?" Pregunte un poco extrañado sin moverme de donde estaba.

"Te voy a dar un consejo. Ten cuidado con Abraxas." Dijo más serio de lo que le había visto nunca.

"No le tengo miedo a ese estúpido pervertido." Comenté sacando todos los rasgos Griffindor que me quedaban. El chico ante mí sonrió divertido ante tal despliegue.

"Lo sé. Pero deberías. Abraxas es una persona bastante influyente, y cuando se obsesiona con algo no lo olvida fácilmente." Explicó como si fuera un hecho que todo el mundo debería saber. "Y ahora, su pequeña obsesión eres tú, mi pequeña culebrita."

Le miré fijamente analizando lo que me estaba diciendo.

"No puede hacerme nada más que asustarme, sabe que si va más lejos lo expulsarán."

"Si es lo que crees." Añadió socarronamente, girándose y poniéndose a leer el libro de transfiguraciones de nuevo.

"De todas formas te agradezco tu consejo." Comenté antes de irme caminando hacia la salida de la sala común.

En unos minutos me encontraba al frente de la clase de Runas Antiguas y me senté en un banco cercano esperando a que acabara la lección.

La verdad es que el aviso de Rosier y el comportamiento de Malfoy me crispaban los nervios. No entendía qué cables se la había cruzado a Malfoy para tratar de reírse de mí de esa forma. Sabía que no podía ser serio, Malfoy era un Casanova y un mujeriego, todo el mundo lo sabía. Y no estaba muy aceptado entre los sangre limpias las relaciones gais. Al menos no, cuando alguno de los dos se la tomaba en serio.

De todas formas, lo mejor era intentar evitar al mago rubio. Si no me lo encontraba, no tendría ninguna oportunidad para tomarla conmigo.

En ese momento se abrió la puerta y salieron varios alumnos de la sala. La dos primeras chicas, una pelirroja alta y otra con cabello rubio y rellenita me miraron extrañadas, pero rápidamente perdieron el interés y continuaron su camino.

Miré hacia la puerta esperando a que saliera Riddle, pero para mi desgracia no fue él quien se presentó si no la persona que había decidido evitar. ¡Maldita suerte!

"Oh, Evans. Qué oportuno por tu parte esperarme a la salida de clases." Dijo Abraxas con una sonrisita acercándose a mí.

"No quiero hablar contigo Malfoy. Déjame tranquilo." Respondí lo más fríamente posibles sin siquiera mirarle a la cara. Ignorarle siempre era lo peor que podías hacerles a aquellos con orgullo.

"¿Y qué te ha hecho pensar que haré algo de lo que me pidas?" Añadió susurrando mucho más cerca de mí de lo que hubiera querido.

Irritado, elevé mi mano poniéndola en su pecho y empujándole hacia atrás.

"No te acerques a mí ni un milímetro más." Siseé cabreado.

El chico se rió abiertamente y me cogió por la muñeca del brazo con el que lo apartaba. La subió unos centímetros y la llevó a sus labios. Suavemente y mirándome con regodeo dejó un pequeño beso en la parte interna de mi muñeca. No pude evitar estremecerme ante tal acto.

Pero gracias a merlín una voz interrumpió el momento. Era otro de los integrantes del grupo estrella de Slytherin, y gracias a él utilicé ese momento para soltar bruscamente mi mano del agarre del rubio.

"Abraxas, ¿Qué haces?" Dijo fríamente Orion Black.

"Nada que te interese Orion." Los ojos azules del rubio no se apartaban de mi rostro, y sabía que mis mejillas se habían coloreado un poco ante la perturbadora situación. ¿Por qué tenía que actuar como una estúpida chica, sonrojándome por todo?

Pasando unos segundos bastante incómodos, apareció otra figura que reconocí. Era increíble que me sintiera reconfortado al verle. Él me miró y alzó una ceja curiosa. Así que no dudé ni un segundo más.

"Riddle, necesito hablar contigo." Añadí con impaciencia mirando al otro joven.

"Por supuesto." Respondió tan indiferente como siempre. Entonces se dirigió hacia las otras dos personas presentes. "Abraxas, Orion, iros a la sala común. Os veo allí dentro de unos minutos." En su tono quedaba implícito que no tenían opción. Así que no me resultó raro, cuando Orion asintió y se puso en marcha. Abraxas tardó un poco más en reaccionar, se paró unos segundos mirándome molesto para seguir, instantes después, al pelinegro.

Al oír la voz de Riddle, me giré encarándole.

"Supongo que es respecto al trato que te ofrecí. ¿Y qué has decidido, Evans?" Dijo simulando que no le importaba en absoluto el asunto. Le miré unos segundos y asentí.

"Sí." Dije escuetamente.

"¿Cómo?"

"Que sí. Acepto." Añadí rápidamente sin mostrar ni una sola emoción de más. Cualquier sentimiento podría ser usado en mí contra más tarde, y no podía permitir que Riddle me manipulara más de lo que ya lo hacía. "Pero quiero estar seguro de que lo que me pedirás a cambio no sea nada con lo que no esté de acuerdo."

El chico me miró extrañado y asintió.
"Ya te he dicho que no te voy a hacer matar ni torturar a nadie, Evans. No sé de dónde has sacado tales ideas." Explicaba pacientemente como si aquella idea fuera una locura.

"Sí, bueno. Tan sólo quiero estar seguro de que no me exigirás nada que no pueda cumplir. Y con esto quiero decir que si va contra mis principios me reservo el derecho de negarme a hacer lo que me pides. ¿Trato?"

El príncipe de Slytherin se quedó callado unos instantes pensativo, hasta que al fin me obsequió con una respuesta.

"Está bien."

"Quiero que me lo prometas. Un promesa de mago." Añadí rápidamente.

Le miré unos segundo evaluando su comportamiento. Si no aceptaba mis términos yo tampoco lo haría. No me fiaba en absoluto de él, y no haría un trato con él sino estaba seguro de que no iba a salir mal parado.

"De acuerdo." Añadió finalmente sacando su varita. Con soltura, hizo el característico movimiento de varita. "Yo, Tom Marvolo Riddle prometo a Harry Evans que no le exigiré que me repague con nada que vaya en contra de sus principios." Una pequeña ráfaga de magia nos recorrió a ambos, y yo sonreí complacido. "¿Es suficiente?"

"Sí. Entonces acepto." Saqué mi varita e hice el mismo movimiento. "Yo, Harry Evans le ofrezco mis servicios y mi ayuda a Tom Marvolo Riddle mientras dure nuestro acuerdo." Otra ráfaga de magia volvió a atravesarnos.

"Muy bien. ¿Entonces tenemos un trato? ¿Y cuándo quieres que empecemos?" Comentó con indiferencia.

"No sé, supongo que…" Murmuré pensativo.

"¿Mañana a las nueve en la sala de los menesteres te viene bien?"

"De acuerdo."

Entonces sin esperar ni un minuto más se giró encaminándose hacia la sala común.

Mi trato con Riddle acababa de empezar.

/

"Buenas tardes Harry."

Un extraño escalofrío me recorrió al oír de los labios de aquel ser de nuevo mi nombre, y me giré para verle entrar por la puerta de la habitación de los menesteres.

"Llegas tarde." Comenté sabiendo que a Tom Riddle le afectaría esa mancha en su imagen de persona admirable y perfecta.

"Sí. El profesor Slughorn me ha retenido unos instantes después de clase para comentarme un proyecto que tiene en mente."

No me extraño en absoluto no obtener una disculpa. Es más, Riddle era de las personas que explicaban los motivos pero jamás se retractaba ni pedía disculpas por nada. Eso se ajustaba perfectamente con su personalidad futura, insensible, cruel y con una gran falta de humanidad.

"¿Y dime, has pensado con qué querías empezar?" Su voz sonaba como siempre, firme e imperturbable. Se acercó unos pasos a mí y yo decidí dejar el libro que estaba leyendo encima de la mesita a mi lado izquierdo.

"La verdad es que querría que me enseñaras la teoría básica con respecto a las artes oscuras." Comenté mientras me levantaba del cómodo sillón rojo en el que llevaba sentado desde hacía varias horas.

"¿A qué te refieres exactamente? ¿A la teoría de magia inversa, a las leyes de flujos….?" Oírle hablar era una auténtica locura. ¿Cómo un chico de diecisiete años podía saber tanto sobre algo que supuestamente no debería ni conocer?

"Me refiero a las leyes sobre el dominio de la magia negra. Cómo se siente, cómo se mezcla, ya sabes, todo eso." El chico me miró un poco extrañado así que permanecí allí, de pie frente a él, sin siquiera moverme.

Segundos después observé como se formaba una pequeña mueca divertida en su rostro. ¿Qué le ocurría ahora?

"¿Me podrías explicar cómo has sido capaz de hacer algún hechizo decente de magia negra sin entender las leyes básicas?" Era extraño, pero Riddle me miraba fascinado. Era como si en ese mismo momento me hubiera convertido en un gran basilisco con cuatro ojos en vez de dos. Ya sabes, doble efecto matando a nacidos de muggles. Estoy segura de que si existieran a Riddle le encantaría poseer uno.

"Supongo que siempre he tenido un don para conseguir hacer hechizos sin entender exactamente con que estaba tratando. Yo diría…. Umm… ¿Intuición?" Eso último lo dije con tan poca confianza que hizo que Riddle sonriera aún más.

"Nadie puede hacer magia negra por intuición, Harry." Explicó divertido por la entera situación. "Ese tipo de magia es compleja, difícil de manejar y sumamente peligrosa. Así que, no sé qué me sorprende más, que hayas logrado hacer un hechizo oscuro correctamente o que aún estés vivo y con todas tus extremidades intactas." Su mirada me decía que se sentía profundamente contento con toda esta situación. Supongo que pocas cosas le causaban gracia, y una de ellas era que un muchacho inconsciente jugara con las artes oscuras y no se hubiera matado con ellas por pura suerte.

¡A lo mejor era eso! Cómo toda mi suerte se centraba en que no muriera antes de los dieciocho, por eso todos los otros aspectos de mi vida habían quedado tan descuidado. ¡Ahora parecía tener sentido mi mala suerte con todo lo que no tuviera relación con mi supervivencia!

"Me alegro de que te cause tanta gracia que aún siga vivo. La cuestión es que has dicho que me ayudarías." Añadí un poco molesto tras salir de mis divagaciones.

"Tienes razón." Dijo finalmente. "De todas formas, ¿qué es lo que no entiendes exactamente?"

Pensé durante unos segundo su pregunta. ¿Cuál era mi problema con las artes oscuras? Creo que lo sabía, así que decidí ser sincero.

"Me cuesta bastante entender lo de la fusión. He leído sobre ello pero no entiendo a qué se refiere exactamente. He intentado lo que me pide pero no ha funcionado como yo quería y no sé cuál puede ser el problema. Además, contra más aumentan de nivel los hechizos más me cuesta dominar la magia y por consiguiente, no obtengo los efectos deseados, o mejor dicho, no obtengo nada en absoluto." Tras decir esto, el muchacho me miró unos segundos pensativo desviando su mirada.

"Ya veo cuál es el problema." Dijo más al aire que dirigiéndose a mí. Entonces me encaró de nuevo. "Supongo que tu problema es que te cuesta aceptar ese tipo de magia en tu núcleo mágico." Me informó. "A ver, Harry. Creo que se debe a que toda tu vida has estado utilizando magia blanca, la cual enseñan en el día a día en cualquier escuela. En el caso de la mayoría de Slytherin, muchos vienen de familias sangrelimpias donde se les enseña algo de artes oscuras en su adolescencia, pero en tu caso, he de entender que eso no ha ocurrido." Capté la pregunta implícita así que asentí para que continuara. "Por tanto, lo que debes hacer es ir paso a paso. La fusión, no es más que la aceptación de la magia oscura con tu cuerpo y con tu magia. Pero bueno, lo primero es lo primero. Vamos a los sillones donde estaremos más cómodos." Añadió señalando los asientos a meros metros de nosotros. Nos dirigimos y en cuanto nos sentamos comenzó a hablar de nuevo.

"Lo primero que debes hacer es cerrar los ojos y relajarte." Sin pensarlo siquiera seguí sus órdenes. "Relájate completamente, y cuando notes la magia dentro de ti, debes concentrarte en ella."

Me relajé todo lo que pude, buscando dentro de mí, y un par de minutos después lo sentí. Sentí la esencia pura y magnífica dentro de mí ser. Se concentraba en un punto fluctuando con suavidad. Era maravilloso sentirlo, especial.

"Por tu sonrisa supongo que ya estás sintiéndola. Así que ahora quiero que busques algo más, Harry. Quiero que sientas la magia fuera de tu cuerpo. Aquella que te rodea." La voz firme pero a la vez dulce del Slytherin me engatusaba sin poder remediarlo. Seguí de nuevo sus consejos y busque a mí alrededor.

Tardé mucho menos que en el primer paso y aquello era absolutamente increíble. La magia se arremolinaba a mí alrededor cómo sabiendo de alguna manera que yo sería capaz de moldearla y domarla.

Una mano en mi hombro me sacó de mi meditación.

"La has sentido." Comentó Riddle mirándome de una manera extraña.

"Sí." Susurre bajito. "Era chocante, pero extraordinario al mismo tiempo." En los ojos del mayor podía leer comprensión y no pude evitar sonreír levemente ante la situación vivida.

Al mirarle a los ojos advertí su rostro pensativo y de alguna manera extrañado.

/Tom Riddle

Aquella sonrisa me cogió por sorpresa. ¿Cómo podía una sola persona tener tantos cambios de actitud? Primero era esquivo y rebelde, luego era astuto y precavido y ahora era cálido y cordial. Lo que estaba claro era que Harry Evans era un ser insólito y excepcional.

Le observé durante unos segundos más analizándole y cuando estuve suficientemente satisfecho aparté mi mano de su hombro. No era que me gustara mucho el contacto físico pero con él sentía una especie de fuerza que me hacía querer tener alguna clase de contacto con él.

Salí de mis divagaciones para fijar de nuevo mi atención en el asunto que tenía entre manos.

"Ahora, lo mejor es que te muestre como hacer todo esto en la práctica. Te enseñaré un hechizo con el cuál no necesitarás tener mucho contacto con la magia oscura todavía, ya que por ahora, tu roce ha sido con la magia en general, sin distinción." Explicaba pacientemente observando al chico frente a mí y asegurándome que entendía mis palabras. "Pero si quieres profundizar en las artes oscuras necesitarás ser capaz de sentir y dominar la magia oscura a tu alrededor. Y eso no es tan sencillo." Comenté con neutralidad.

Sin decir ni una palabra me levanté y le señalé el gran espacio abierto que había frente a nosotros.

"Lo mejor es que te lo muestre ahora. Levántate y acompáñame." Añadí antes de dirigirme al medio de la habitación. El chico me siguió en silencio sin decir nada.

"Uno de los hechizos más fáciles de dominar una vez entiendes las leyes básicas, son los hechizos de fuego destructivo. Por ejemplo este…. Ignis Orbis." Moví mi varita en un círculo seguido de un breve movimiento hacia arriba. Al finalizar se crearon varios arcos de fuego rojo oscuro a mí alrededor y en cuanto la elevé un poco el fuego aumentó. Me giré hacia el muchacho a mi izquierda.

"Ves. La magia está compenetrada conmigo y por tanto con el núcleo de mi varita. Siento como se mueve a mí alrededor y por eso, puedo moldear el efecto del hechizo a mi gusto. "Entonces hice una serie de movimientos para que él viera cómo funcionaba, me giré de nuevo a mirarle. "Pero para ello debes dejar que fluya libremente. A ver, inténtalo."

El chico miró a su varita, después a mí y luego de regreso a su varita. Entonces prosiguió cerrando sus ojos y concentrándose. Podía ver como sus labios se movían ligeramente al compás de su respiración. Al verle así, sentí como algo en mí se retorcía, necesitaba acercarme un poco más a él, era adictivo verle así, alguien tan puro rodeado de magia oscura. Caminé varios pasos y me puse a su espalda. Nos separaban centímetros y sé que él aún no lo había notado. Mis manos se posaron sobre sus brazos, que estaban caídos a sus lados. Al notar mi toque el chico se tensó pero no se giró ni abrió los ojos. Entonces me acerqué lentamente a su oreja.

"Relájate. Déjala fluir a tu alrededor. Siéntela." Susurré bajito. Noté como el chico se destensaba y con mis manos empecé a acariciarle suavemente intentando relajarle.

Al estar tan cerca de él, bajé mi mirada y me topé con ese cuello apetecible del que tanto había oído hablar a Abraxas. Me entraron unas ganas irrefrenables de pasar mis dedos por allí, buscando la suavidad de su piel para luego rozar con mis labios toda esa zona que se me presentaba tan apetecible.

Levanté mi mirada de nuevo a la cara del chico. Estaba totalmente relajado y lo estaba haciendo realmente bien. Notaba como la magia acudía a él.

"Muy bien, Harry." Noté el pequeño temblor que le produjo el oír de mis labios su nombre. "Ahora, haz el hechizo."

Le vi abrir los ojos y elevar su varita para después decir con fuerza. "Ignis Orbis."

El efecto no se hizo esperar, arcos de llamas negras nos rodearon y vi con satisfacción la media sonrisa en la cara del menor.

"Bien hecho. Y ahora, contrólalas." Dicho esto quité mis manos de sus brazos y me aparte varios metros para ver cómo se desenvolvía.

Levantó su varita y las llamas ardieron aún más, con otro movimiento las disminuyó y así varias veces. Segundos después advertí como cerraba los ojos y como con un movimiento circular recogía todas las llamas para enviarlas al frente en una bola de fuego gigantesca.

El proyectil estalló en uno de las paredes de la habitación haciendo un agujero enorme.

Miré de nuevo al muchacho y le vi sonreír. Una sonrisa de verdad.

"Lo he hecho." Dijo plasmando toda la felicidad en su rostro. "Aunque creo que si se enteran del agujero que he hecho al castillo se me va a caer el pelo." Mientras bromeaba me miró con esos orbes verdes que brillaban por la satisfacción de la victoria y se me formó un nudo en el estómago.

Merlín, como le deseaba en este mismo momento. Aún no sabía ni el por qué ni el cómo había ocurrido pero ahí estaba ese deseo irrefrenable de acercarme y… Por Merlín ¿Pero qué estaba diciendo? Yo era Tom Riddle, el heredero de Slytherin, el príncipe de las serpientes, el futuro amo y señor del mundo mágico, yo no me dejaba llevar por mis sentimientos como un estúpido adolescente. Pero aún así, no podía evitarlo. Muy dentro de mí sabía que es lo que más deseaba pedir por estas clases. Aunque supongo que eso iría en contra de sus principios. ¿O no?