Hola hola lectores! =D
Aquí llega el capitulo 4, os lo dejo que lo leais con tranquilidad ^^
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Parejas: Altaïr/María − Altaïr/Malik − Malik/María
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Estado: En proceso.
Advertencias: Lemon, violencia, insultos, lenguaje mal sonante…
Disclaimer: Assassins Creed, su historia y personajes no son mios (lastima, si asi fueran, Altaïr sería mio y de nadie mas) son propiedad de Ubisoft.
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De Amor a Beso de Traición
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Capitulo 4
"Una de cal y otra de arena"
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Altaïr estaba llevando un paso bastante apretado, cabalgando con rapidez, y no es que a María le molestara, pero tampoco le hacía gracia tener que estar totalmente cubierta de suciedad, arena y sal completamente secas, ya encostradas y pegadas a su ropa que pesaban como el cemento… por no hablar de cómo olía.
A eso se le podía sumar el hecho de que Altaïr no había pronunciado ni una palabra desde que la había besado hacía horas.
Era una situación incómoda, por decir algo.
María no entendía lo que había pasado. Estaba totalmente confundida. Era cierto que le había gustado el beso de Altaïr, sería estúpido negarlo, pero no podía decir que sólo era atracción física lo que estaba sintiendo por el Assassin, cuando ella bien sabía que sólo sería engañarse a sí misma. Le había gustado el beso, sí, como a cualquier mujer le gustaría ser besada por un hombre atractivo; pero había algo más y ella lo sabía. Y se sentía estúpida por ello. Conocía a Altaïr desde hacía no más de tres meses; en los que el hombre le había causado más dolores de cabeza, disgustos e irritaciones que otra cosa… hasta poniéndola en peligro de muerte al ser acusada de traidora entre los Templarios. Sin embargo, también era verdad que él siempre la había salvado, ya en más de una ocasión, incluso arriesgando su propia vida para hacerlo.
¿Por qué? ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué la salvaba? ¿Acaso sentía algo por ella?
No tenía ni idea; sólo sabía lo que ella sentía. Y es que aun conociendo al Assassin desde hacía menos de tres meses se había acostumbrado tanto a su presencia, a su carácter, a su humor tan extraño, a su manía de ser un rebelde sin causa y a sus discusiones por todo, que ya no se imaginaba viajar sola por el mundo si él no estaba con ella. ¿Qué estupidez verdad? ella que había huido del matrimonio concertado, ella que había escapado de Inglaterra, de una vida cómoda y llena de lujos, ella que lo había arriesgado todo para ser aceptada en un mundo de hombres… ahora se sentía sola si no estaba con el estúpido asesino a su lado… ¡era ridículo! ¡Impensable! ¡Odioso!
Pero cierto.
Por eso cuando él la había besado se había dado cuenta de todo, que estaba enamorándose de ese Assassin arrogante y estúpido con aires de héroe.
Ahora, mientras cabalgaban hacia una ciudad que se veía en el horizonte, ella sintió la necesidad de decir algo para dejar de pensar, o le explotaría la cabeza con tantas complicaciones.
− ¿Queda aún muy lejos Masyaf? –preguntó María para romper el silencio.
Altaïr tardó unos instantes en responder pero la voz fue firme, como si a pesar de que ella supiera que estaba distraído, no fuera verdad.
−Esa ciudad de ahí delante es Hattim –respondió Altaïr sin dejar de cabalgar –por lo tanto si seguimos a este ritmo llegaremos en dos días.
María asintió, pensativa.
− ¿Crees que me recibirán con la espada en la mano? –dudó ella, frunciendo el ceño − ¿o serán más benevolentes al ver que voy contigo?
Altaïr iba a responder pero ella le interrumpió incluso antes de que pudiera decir nada.
− ¿Assassins amables? –rió María de pronto para sí misma − ¿qué tonterías digo? como si fuera posible que una ex Templaria fuese recibida con honores… ¿no crees lo mismo Altaïr? ¿O solo estoy…?
Ahora fue el turno de Altaïr para interrumpirla haciendo que se callara de golpe, sorprendida.
− ¡Por los dioses mujer! –exclamó Altaïr irritado y deteniendo el caballo bruscamente − ¿es que tu curiosidad es insaciable? ¿No conoces el silencio? –María no dijo nada, debido a la impresión de la repentina ira de Altaïr − ¡como digas una palabra más, seguirás a pie!
María se indignó y se apresuró a responder, irritada también.
− ¡Pero…! –comenzó ella.
Sin embargo, Altaïr tiró de las riendas del caballo de golpe, haciendo que el animal soltara un relincho furioso y se pusiera en pie sobre las patas traseras; esto hizo que María cayera de culo al suelo al no esperar que eso fuera a pasar, incrédula, enfadada y a punto de levantarse y golpear a Altaïr para que cayera del caballo por su estupidez e insufrible orgullo.
− ¿¡Como te atreves estúpido! –gritó María furiosa.
Altaïr la miró irritado y divertido a la vez.
−Te lo había advertido –respondió él.
María puso los brazos en jarras y frunció el ceño mirándole con un claro desafío en los ojos, Altaïr le sostuvo la mirada sin vacilar, alzando una ceja, sabiéndose ganador de antemano.
−Como se te ocurra dejarme aquí… –amenazó María señalándole con la mano – ¡no dudes que llegaré a Masyaf y te golpearé hasta dejarte una cicatriz en esa bonita cara tuya!
Altaïr rió con ganas haciendo que ella enrojeciera de rabia y tensara la mandíbula, luego se cruzó de brazos. Él entonces la miró desde arriba y aun sonriendo le ofreció la mano para que subiera de nuevo al caballo, sin dejar de reír entre dientes divertido por la situación, María apartó la mirada enfadada pero aceptó el ofrecimiento y estrechó la mano del hombre, subiendo a la silla tras él, echaron a cabalgar de nuevo sin decir palabra ninguno de los dos; ni ella, que estaba enfadada, ni él, que aun seguía riendo interiormente; aunque no lo demostrara por fuera.
Esas eran el tipo de cosas que hacían que María se sintiera estúpida por estar enamorándose de ese Assassin… pero ¡no podía evitarlo!
Sin embargo Altaïr se dio cuenta de un detalle que ella había pasado por alto, tan enfadada e irritada como se encontraba, y no pudo dejar de observarlo. Ella había dicho que su cara era bonita…
− ¿Así que me encuentras atractivo? –inquirió Altaïr de pronto, sobresaltándola.
María se quedó muda, pero reaccionó al instante al verse descubierta, tenía que sacar su mejor defensa para no quedar al descubierto. Le dio un empujón haciendo que él se inclinara hacia delante pero sin llegar a mayores… no quería que perdiera el control de las riendas y el caballo se encabritara y terminaran atrapados en alguna duna o pozo, como le sucedió a ella.
− ¡Yo no he dicho tal cosa! −exclamó ella y suspiró con suficiencia –además… no deberías creértelo tanto asesino; una mujer busca otras cosas en un hombre.
Ante eso él no dijo nada, pues sabía que ella estaba justificándose; y ella tampoco replicó más.
Altaïr estaba confundido realmente.
Era obvio y evidente que sentía algo por María. Ella le gustaba, le atraía y se divertían juntos, le gustaba la idea de pasar más tiempo con ella.
Sin embargo, todo era tan complicado… siempre estaba él, Malik. No podía negar ni ante sí mismo que lo tenía presente en su cabeza en todo momento flotando como un haz de luz, sin abandonar sus pensamientos. Por esa razón se había enfadado tanto el día antes de dejar Masyaf cuando discutió con Malik, porque se sintió dolido.
A quien quería engañar… quería, necesitaba a Malik, estaba enamorado de él; pero Malik no parecía enterarse de nada, o al menos actuaba como si así fuera… y eso dolía.
Había amado una vez en su vida, Adha. Su primer amor, el amor adolescente, el amor de juventud, el que nunca se olvida y te marca para siempre… ella por supuesto le había correspondido, llenándole además la cabeza de tonterías e ideas de paz, de que ser Assassin estaba mal, que había otra vida mejor. Él como estúpido e ingenuo de la vida le había creído y había vivido de una esperanza falsa, que podría dejar de ser la cosa que más le llenaba de paz interior, que podría ganarse la vida como campesino o jornalero ¡que estúpido había sido!
Por eso cuando llegó tarde a salvarla y ella murió en sus brazos, se sintió un fracaso total y rotundo, abatido y destinado a estar solo. Ahora que lo había comprendido, mucho tiempo después, se dio cuenta de lo ciego que había estado. No era amor lo que había sentido por ella sino fascinación y curiosidad juvenil… como nunca había estado con una mujer había creído que eso era amor, equivocándose de plano. Sin embargo eso no lo entendió hasta mucho más adelante.
Cuando sintió verdaderamente amor.
Y para desgracia suya había tenido que ser de la persona que menos debería haberlo hecho. De Malik. ¡Por los Dioses que destino tan retorcido y desconsiderado! Tenía que amar justamente a la persona que él sabía que nunca le correspondería, porque sabía que aunque Malik dijera que le había perdonado por la muerte de Kadar, esa era una brecha que nunca podría cruzar.
Suspiró cansado e hizo una pausa deteniendo al caballo.
− ¿Por qué paramos? –preguntó María, con curiosidad.
Altaïr desmontó del caballo señalando hacia delante con un gesto de la cabeza. María siguió la dirección de su mirada y comprobó que estaban muy cerca de la cuidad, por lo que seguramente Altaïr había parado para decidir qué hacer antes de entrar y que fuera tarde.
−No tengo intención de detenerme en Hattim, si es lo que estás esperando –aclaró Altaïr moviendo la cabeza a ambos lados relajándose luego de pasar tanto tiempo en la misma postura.
María frunció el ceño, sorprendida.
− ¿Acaso piensas dormir al aire libre cuando tienes una ciudad delante de tus narices? –ironizó ella cruzándose de brazos.
Altaïr negó con la cabeza volviéndose a mirarla seriamente.
−No dormiremos esta noche –respondió él –; seguiremos cabalgando hasta el alba, con suerte llegaremos a Damasco cuando amanezca y podremos dormir allí en la casa de Asesinos de la ciudad… partiremos a Masyaf después de haber comido y descansado.
María le miró atónita ¡había perdido el juicio! a pesar de que ella lo que menos deseaba era tener que ir a parar a las garras de los Assassins tan pronto al parecer ya no había remedio. Él era su Gran Maestre después de todo, no sabía ni de que se sorprendía… decidió aceptarlo, ya que por mucho que discutiera no ganaría nada; a parte de una irritación innecesaria.
−Hmhp –dijo ella bruscamente –como quieras.
Altaïr asintió y continuó sorprendiéndola.
−Pero no creas que vamos a continuar hasta Damasco contigo apestando a inmundicia –dijo Altaïr señalándola con un gesto de arriba abajo –, te lavarás antes de subir a este caballo de nuevo, o te conseguirás otro y me seguirás el paso, tú decides.
María se quedó boquiabierta.
Enrojeció de rabia y humillación, no sabía si más porque él había insinuado que no podría seguirle el ritmo, cosa que podía hacer perfectamente, o porque la había llamado apestosa sin nada de sutileza.
¡Maldito Assassin!
Iba a responder algo que le pusiera en su lugar, cuando él la interrumpió.
−Antes de que intentes agredirme de nuevo –cortó Altaïr –ahí delante hay un pequeño río, no hay problema en que te bañes en el, yo esperaré dando una vuelta para obtener información.
María le miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados, con la mandíbula tensa y las ganas de gritarle y golpearle contenidas con esfuerzo.
−Muy bien –dijo ella finalmente.
Entonces Altaïr cogió las riendas del caballo con la mano y tiró de ellas, conduciendo al animal al trote hacia el río, siendo seguidos de cerca por María que caminaba detrás de ellos. Llegaron al río, que no era ni muy profundo ni muy ligero, de aguas azules y frías, rodeado de vegetación… perfecto para que ella se bañara. Altaïr ató las riendas a una palmera cercana dejando al caballo seguro y descansado bajo la sombra del árbol. María se detuvo con las manos en las caderas mirando alrededor y comprobando que el sitio era el idóneo, cosa que le pareció, así que asintió conforme y se volvió hacia Altaïr.
−Vale, puedes irte –dijo ella –sé cuidarme yo sola.
Altaïr asintió dando la vuelta para irse.
−Volveré en un rato –respondió él alejándose –no tardes demasiado mujer.
María bufó sin responder y se dio la vuelta, dispuesta a desnudarse en cuanto él se perdiera de vista. Cuando se aseguro de que el Assassin se había idoMaría se quitó la ropa completamente manchada de arena seca y sal cristalizada y se soltó el cabello para poder lavarlo, dejándose solo la trenza. Se sumergió en el agua helada del desierto y se sintió en el paraíso… frescura y limpieza ¡que maravilla!
Suspiró al salir a la superficie, dedicándose a frotar su cuerpo con el agua, sonriendo para sí misma; después de tantos problemas lo necesitaba ya.
Cuando la chica se sintió satisfecha se acercó a la orilla para coger su ropa y meterla en el agua para lavarla… La frotó con energía para despegar la suciedad y los restos de polvo y arena. Y así se entretuvo durante lo que parecieron horas, a pesar de que fueron no más de unos minutos.
Ya estaba saliendo del agua a punto de pisar la tierra de la orilla cuando un ruido la sobresaltó. Se dio la vuelta rápidamente para ver que era y se encontró con una escena insólita.
Había un hombre en pie tras ella, observándola de forma extraña… parecía árabe por el color de la piel, tenía una poblada barba negra y alguna cana, vestía turbante y túnica y era aparentemente rico por el aspecto de la ropa. Sin embargo era muy raro, parecía observarla pero sin mirarla realmente, tenía los ojos vidriosos… pero finalmente ella lo entendió todo. Sin más un hilo de sangre salió de la boca del hombre y esta comenzó a manchar su túnica por el estomago como si le hubieran volcado encima un cubo de sangre. Entonces el hombre cayó de rodillas hacia delante, muerto; y tras él de pie estaba Altaïr.
María gritó y se apresuró a cubrirse rápidamente y como pudo con la ropa mojada que llevaba en las manos.
− ¡Lárgate Altaïr! –gritó María furiosa.
Él no se movió, aunque sí se dio la vuelta para permitir que ella se pudiera poner la túnica mojada, por respeto únicamente, no porque le avergonzara la situación lo más mínimo.
−Veo que no puedes estar ni diez minutos sin meterte en problemas –señaló Altaïr finalmente con los brazos en las caderas, irritado.
− ¿Qué? ¡No te necesitaba en absoluto! –rebatió ella saliendo del agua, sólo con una camisa puesta –hubiera podido librarme de él yo sola...
Y se acercó a él irritada y dispuesta a demostrárselo, señalándole con el dedo, pareciendo olvidar que sólo estaba vestida con una camisa mojada que le llegaba hasta encima de sus rodillas y que se pegaba a su cuerpo marcando cada curva; sin embargo Altaïr no lo olvidó.
−No necesito que me rescaten, ni tú ni nadie –continuó ella sin dejarse vencer, pero él la ignoró.
−Ponte algo encima mujer –ordenó él, apartando la mirada molesto.
− ¿Qué…? –dudó ella saliendo de su euforia repentina.
Entonces ella se dio cuenta de cómo estabany se apresuró a ponerse el resto de la ropa. Mientras tanto Altaïr desató al caballo, se subió a el y ole ofreció la mano a María, que ya estaba vestida aunque la ropa continuaba mojada, al igual que su cabello que continuaba suelto. Y así, echaron a cabalgar de nuevo rumbo al norte. La escena era curiosa, cualquiera pensaría al verlos que eran una pareja de enamorados, puesto que él llevaba las riendas y ella se agarraba a él por detrás, dejando que el viento secara su pelo y su ropa… pero nada más lejos de la realidad. Ambos estaban demasiado sumidos en sus pensamientos como para decir nada o sacar un tema de conversación.
Cabalgaron durante toda la noche resistiendo perfectamente el sueño, él porque era un Assassin y había recibido entrenamientos mucho más duros, incluso de varios días sin dormir, y ella porque había sido Templaria y había pasado muchas noches en vela a las ordenes de Roberto de Sable. Por lo que tal y como había dicho Altaïr, al ritmo rápido y sin descanso al que galoparon, llegaron a Damasco cuando el sol asomaba en el horizonte, con sus rosas pálidos invadiendo el claro azul.
Altaïr se acercó a las caballerizas y dejó el caballo atado al poste, decidiendo que al ser tan temprano los guardias probablemente no habrían hecho aun el relevo de los guardias nocturnos, así que no había demasiado riesgo en entrar por la calle con normalidad, sin necesidad de trepar por las murallas. Además, ahora la tenía a ella como excusa… siempre podría decir que era su esposa en caso de dudas.
Tal y como había planeado, los guardias estaban demasiado cansados y ocupados en esperar el ansiado cambio de turno como para prestarles atención; por lo que en cuanto estuvieron dentro de la ciudad Altaïr trepó a un edificio seguido de cerca por María, echando a correr en dirección a la casa de Asesinos de la ciudad.
Corrieron de casa en casa, de tejado en tejado, saltando con rapidez… hasta que llegaron al tejado de la casa de Asesinos, donde el emblema de los Assassins estaba grabado; la famosa A que tantos dolores de cabeza le habían costado a María en el pasado. Altaïr avanzó con tranquilidad y normalidad, puesto que era lo más lógico del mundo para él; sin embargo María se detuvo.
− ¿Qué pasa? –inquirió él al ver que ella se había detenido, ya cansado de todo.
Ella fue firme al responder.
−Nada –respondió ella y avanzó tragándose sus dudas y sus preocupaciones para sí misma.
Siguiendo a Altaïr, avanzó por el entretejado de madera y saltó por la abertura cayendo en un patio pequeño y acogedor, lleno de cojines, alfombras y un aroma relajante. Lo miró todo sorprendida. No esperaba que las guaridas de los Assassins fueran así por dentro; ella esperaba algo totalmente distinto, más frío y oscuro quizá. Sin embargo, entre la vegetación verde y exuberante que trepaba por la pared, el sonido relajante y tranquilo de las dos fuentes, el reflejo de la luz y las sombras, y el aroma a incienso y perfumes, María encontró que le encantaba el lugar.
Altaïr entró en la habitación de al lado y ella le imitó sin saber que encontraría.
El Rafik estaba de espaldas a la puerta, guardando unas vasijas en la parte baja del escritorio, por lo que no vio que llegaba alguien, sólo cuando se incorporó vio a Altaïr y María, pero no dijo nada de su sorpresa por la presencia de ella; después de todo él era el Maestro ahora.
−Altaïr… Maestro, la paz sea contigo, me alegra ver que has vuelto de una pieza –saludó el Rafik, tan efusivo y confianzudo como siempre –la suerte siempre te acompaña ¿eh? –finalizó sonriendo.
María le miró atónita, no podía creerlo…
¿Cómo es que Altaïr le permitía a ese subordinado hablarle en ese tono tan irrespetuoso? ¿Acaso no era el Gran Maestre? ¿No merecía un respeto más grande? ¿O es que los Assassins eran tan bárbaros y vulgares que no entendían de jerarquías?
Sin embargo Altaïr no pareció darle importancia.
−La paz sea contigo también, Rafik –dijo Altaïr devolviendo el saludo.
−Y dime ¿qué te trae por aquí Maestro? –preguntó el Rafik alegremente –pensaba que volverías a Masyaf directamente, de hecho los novicios que llegan siempre andan preguntando tanto que me irritan incluso a mí, créelo Altaïr…
−He venido a pasar la noche –explicó Altaïr y continuó –la mujer y yo partiremos al alba.
Al ver que la había mencionado el Rafik carraspeó dos veces incomodo, clavando su mirada de sospecha en María quien le devolvió una mirada cargada de orgullo, casi retándolo a decir algo.
−Umm, Altaïr… –llamó el Rafik haciendo un gesto para que Altaïr se acercara.
Altaïr lo hizo, acercándose hasta apoyarse en el mostrador. El Rafik entonces le habló en voz baja, con la mirada irritada de María clavándose en ambos, ella odiaba que hablaran a sus espaldas, pues era obvio que ese era el tema en cuestión.
−Habla, ¿qué sucede? –inquirió Altaïr.
− ¿Acaso has cambiado las reglas sobre traer extraños y ajenos a la hermandad a las casas de Asesinos? –dudó el Rafik, susurrando.
−No, las reglas no han cambiado –respondió Altaïr.
Eso hizo que el Rafik le mirara incrédulo y sorprendido, sin entender el motivo de por qué Altaïr actuaba así, de forma tan permisiva... pero Altaïr frunció el ceño molesto comenzando a irritarse.
−Deja de preguntar tanto y haz tu trabajo –respondió Altaïr mas bruscamente de lo que pretendía –, más bien puedes empezar mandando una paloma a Malik avisando que voy.
El Rafik asintió dándose por bien servido al ver que había irritado a Altaïr, cosa que sabía de sobra nunca se debía hacer, conociéndole tan bien como le conocía. Era cierto que el joven Maestro había cambiado mucho, ya no mataba a los que le miraban con mala cara o le rozaban en el hombro… no, ya no hacía esas cosas, pero no perdía su genio.
−Por supuesto, lo haré ahora mismo –dijo el Rafik y se apresuró a hacerlo –, descansad en el patio si queréis…
Altaïr entonces se volvió hacia María y le indicó con un gesto de la cabeza que saliera de la habitación, y ella lo hizo seguida por él, luego se quedó de pie mientras él se sentaba tranquilamente en los cojines, tumbándose y relajándose; así que María se sentó mirándole sin saber que hacer ahora.
−Relájate, María… –dijo Altaïr mirándola desde su posición en el suelo –estas a salvo aquí.
Ella bufó, escéptica.
−Seguro… −respondió ella sin relajarse.
Altaïr sonrió cerrando los ojos y poniendo los brazos tras la cabeza, encogiéndose de hombros.
−Como quieras –finalizó él y se sumió en sus pensamientos.
Asustado, alegre, contento e irritado, todo a la vez, porque al anochecer del día siguiente, si todo iba bien, podría tener a Malik en frente y podría aclarar las cosas de una vez por todas
Fuera como fuera suspiró, sin tener ni idea de cómo reaccionaría o de lo que pasaría.
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A/N − Y hasta aquí llego el capi 4 =D
Espero que os haya gustado! ^^
Lo cierto es que era un capitulo de transición, de esos que son necesarios, pero que tampoco son la bomba… el siguiente si que va a ser la bomba XDD
A partir del capitulo 5 empieza lo bueno señoritas! Y por fin Malik tendrá un papel mas activo en la historia, al estar ya todos los personajes reuniditos y juntikos en Masyaf, problemas, lios y morvo asegurados =D
Ya sabeis, dejad un coment, son vuestros amigos, os lo juro! XD
