Antes que nada, me disculpo por la tardanza, que por culpa de las fiestas Navideñas y cosas demás me he atrasado más de lo que supuse que me atrasaría. Perdonen, jaja, me siento muy apenada.

Pero agradezco a aquellas personas que me han leído y escrito sus generosos reviews: LaBrujaSay-Say (yo también estoy pendiente de tu fanfic, gracias), x Souseiseki x, Tsunade-sama, Nymphetamine red, well cony, yourxdoll, evangelion-girl... gracias por todo. Y también agradezco a aquellos que tiene mi fanfic en su lista de Favoritos y de Alerta (jajaja... ¿es que no se animan a escribir un review?) katzu-dei-chan, yukiro8, freaky-otaku, Haruka-chan27 (adoro tus fics, niña!), xGall... Muchas, muchas, pero muchas gracias por leerme! Me hacen una chavita muy feliz y sonriente xD

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Capítulo III: Dónde quedó mi corazón.


El aburrimiento la solía estrangular terriblemente. Ese día ella no sintió los ánimos de ir a buscar trabajo en la ciudad. Era una ciudad tan grande e inmensa… por ahí debería haber un lugar vacante para ser enfermera u obrera. Fuera cual fuera el trabajo que ella consiguiera, no le importaba en lo más mínimo. Lo importante era la buena paga que fuera a recibir. Pero hoy no era el día. Hoy simplemente no tenía el ánimo de ir a buscar el merecido empleo.

Arrojó las piernas al borde del sillón donde ella estaba, consiente de que así los rayos del Sol del nuevo día no la molestarían en esta posición actual. Su cabeza daba vueltas por lo radical que fue la noche de ayer. Vampiros, romances, asesinatos… dios, esto era cosa de locos. Sakura no estaba hecha para estas cosas… pero también deseaba poder ser útil. Algo dentro de su alma le gritaba desde lo más profundo que hiciera algo, que no se quedara cruzada de brazos e intentara. Que actuara.

Se acomodó de modo que terminó acostada de cabeza. Las piernas para arriba y la cabeza hacia abajo, su pequeño corte de cabellera rosada cayendo sobre el mueble, las puntas demasiado lejos para tocar el suelo, por la corta longitud de su cabello. Cerró por unos segundos los párpados, hasta que minutos después, mucho antes de conciliar una siesta, escuchó unos tranquilos pasos en el departamento. A plena luz mañanera, Deidara, el alto y delgado jovenzuelo que era su anfitrión casi arrastraba las suelas de sus chanclas por el suelo de madera. Tenía la expresión en su cara de haber tenido insomnio o algo similar. Pero… un pensamiento repentino turbó la mente de Sakura.

-Dei… ¡Deidara!... ¡La luz!- se cayó de cabeza duramente sobre la madera, recordando de las historias que había escuchado de vampiros, que ellos no podían permanecer vivos bajo la luz solar. Esto la alarmó, la espantó demasiado. Pero Deidara sólo se limitó a mirarla raro mientras ella se arrastraba en el suelo, tratando de levantarse pese al miedo y nerviosismo. –La… ¡La luz!...

-… ¿La luz?...- preguntó el rubio con hilo de voz, dudoso de lo que sucedía con la kunoichi rosa. Entonces se quitó una legaña del ojo, bostezo poco apresurado mientras se frotaba el ojo mirando el reloj de su muñeca sin mucha preocupación. Volvió a mirar a la muchacha, entonces su rostro cambió a una expresión mucho más atenta.

-¡Ah, sí! La luz… seguramente habrás creído que yo me volvería polvo ¿verdad?- supuso en voz alta el rubio con una imborrable sonrisa de sus pálidos rasgos. –No se te escapan detalles de las historias de horror ¿cierto?

Sakura entonces recordó. El día anterior habló con Deidara, a plena luz del día. Ella recordaba que no hacía mucho Sol ese día, pero aún así había luz. Deidara no se había vuelto cenizas ni nada por el estilo. Esto llevó a la chica a la siguiente deducción: quizás la luz en realidad no dañaba a los vampiros.

-Es falso. Los vampiros pueden salir a la luz solar sin que les suceda nada de nada.- dijo al sentarse en una silla, que se encontraba en la pequeña cocina del apartamento. Sakura se sentó en otra que tenía enfrente para acompañar al rubio. –Pero… entre nosotros…- murmuró Deidara, con un tono más precavido. La kunoichi se le acercó más para escuchar con atención. –… Yo soy probablemente de los únicos pocos en este mundo que saben esta verdad, Sakura… Todo vampiro cae en el mito de que morirá quemado al tocar la luz de Sol… y por eso viven en el miedo, en la oscuridad de la noche, y así la tradición se conserva por años, siglos… quizás milenios. Pero hay veces cuando no tienen salida, escapatoria y así, antes que los rayos del sutil sol mañanero les puedan tocar inocentemente se quitan ellos mismos la vida, antes de querer sufrir una terrible y lenta muerte.

-Qué horror… ha de ser difícil ser un vampiro.- comentó la kunoichi rosa. Al instante cambió su faceta seria a una sonrisa pícara. –Pero me parece fascinante a la vez… poder vivir eternamente y jamás envejecer… eso sería genial.

-Créeme. No lo es.- respondió en tono serio el rubio. –Para toda cosa hay un precio que se tiene que pagar… y no te miento cuando digo que es un precio muy alto del que estamos hablando, h´m.

-Oh, ya veo… Entonces ¿cuál es el precio del que tanto me hablas?...

-Como precio para poder ser joven para siempre y disfrutar de la inmortalidad es tener que beber la sangre de un ser vivo, h´m… Es todo.

-Y si no bebes sangre… ¿mueres?

-Sí, exacto… Pero no siempre tiene que ser sangre de humano, así que no te espantes.- rió el rubio, notando la repentina palidez de su acompañante pelirrosa. Le causó algo de alivio escuchar estas afirmaciones de Deidara. –Como en Tasogare existen muchos vampiros, existen algunos lugares donde se puede conseguir sangre embotellada de animal de ganado, que por cierto, es mucho más saludable que la sangre de humano.

-Nunca me lo hubiera imaginado. Es interesante cómo viven los vampiros de verdad… y ayer ni me sospechaba que existían tales cosas en el mundo.- sonrió la pelirrosa.

Deidara se volteó, yendo a buscar en su pequeña cocina dentro del poco espacioso refrigerador. Sacó una botella trasparente con líquido parecido al vino rojo en su interior, al parecer de un litro aproximadamente. Sakura no tardó en darse cuenta de que era la sangre de la que él le habló hace segundos. El rubio sacó un vasito de cerámica y lo llenó con cuidado del líquido carmesí. La curiosa muchacha no pudo apartar sus ojos de lo que hacía el rubio.

Tomaron silencio por unos segundos, y Deidara tomaba sangre del pequeño recipiente blanco, Sakura lo observaba como si se tratara de algo interesante.

-Ayer Sasori vino a verte… los escuché hablar desde la sala de estar.

-Perdona… ¿te despertamos?- dijo silenciosamente, aparentando de repente un poco de frialdad, insensibilidad.

-No… bueno, sí. Pero sólo escuché una pequeña parte de lo que hablaban.- afirmó la chica pelirrosa. El mayor sabía que ella no mentía, y le miró sin ningún remordimiento, sino con la acostumbrada calma. –Hablaron acerca… de los que me estaban persiguiendo.

Deidara guardó un silencio, rápidamente fijando su mirada a otro lugar, queriendo evadirla de nuevo. Esto comenzaba a molestar un poco a la kunoichi. Pero no dijo nada. Ella también volteó a ver a otro lugar, le llamó la atención aquel librero enorme de madera. No lo había notado antes. Se preguntaba si la noche anterior ella estuvo tan concentrada en Deidara que no lo notó. Sakura se levantó de donde ella se encontraba sentada, entonces el rubio le miró con interés de nuevo.

-¿Adónde vas?...

-Buscaré un lugar donde quedarme para esta noche.- respondió la chica, yendo a donde había dejado su mochila y bolsa de viaje.

-No tienes porqué.

-Lo siento, Deidara. Pero no puedo quedarme aquí contigo. No deseo ser una molestia para ti y para Sasori… Es mejor irme.

-Sakura… ¿estás segura de que quieres estar por Tasogare ahí tú sola?... Esa vez en la que te atacaron, fue pura suerte que te hayas salvado. Estoy seguro que si vienen otros nuevos a buscarte, serán el doble de fuertes y peligrosos que los anteriores, h´m…

Sakura se detuvo, pensó lo que le acababa de decir el vampiro detrás suyo. Volteó a ver al pálido joven que le clavaba esos azules ojos encima. Frunció el entrecejo suavemente al quedarse cabizbaja. Deidara tenía razón. Si ella había sido atacada antes, había altas probabilidades de que sea quién sea aquel que la quería atrapar anteriormente, fuera a llamar a otros hombres más fuertes para dejarla acorralada de nuevo. Y la próxima vez ella podría ser atrapada… o en el peor de los casos, aniquilada.

-Quizás… puedo quedarme en tu apartamento un pequeño tiempo más.- dijo la niña al voltear a ver de nuevo a el rubio.

-Qué rápido cambias de parecer, h´m.- sonrió el rubio, con un ligero tono de admiración en su voz. –Quédate el tiempo que necesites ¿de acuerdo?... No vayas a aprovecharte de mi hospitalidad, h´m.

-Claro que no.- dijo le pelirrosa, dejando su pesada mochila de nuevo en el suelo, mismo rincón de donde la cogió. Volvió su vista al enorme librero que había en la sala de estar, todavía curiosa por su contenido. Eran demasiados libros, y en su mayoría eran de mucho grosor, bastantes hojas que leer. Se preguntaba si Deidara habría ya leído todos, cosa que dudaba mucho, ya que se tomaría una buena cantidad de años en leer tanto libro tan pesado.

-¿Te gustan los libros?- preguntó de repente el rubio, al haber notado que la atención de la kunoichi rosa pasó al librero de su propiedad después de pocos minutos de terminar su conversación en un corto desayuno casero. La chica le miró a su anfitrión y entonces asintió levemente sin decir nada. Deidara sonrió de nuevo. –Llevo años llenando este viejo librero… creo que yo me preocupaba más por comprar libros con qué rellenar en espacio vacío y me olvidé por completo de leer primero los libros, h´m. No creo que yo haya leído más de una décima parte de todos lo libros.- rió el rubio. La chica también logró soltar una tímida risita con tal comentario.

-¿Qué tipo de libros son?

-No sé… escogí libros gruesos al azar en las librerías. Tan sólo veía un título llamativo y entonces lo tomaba y compraba. Así de simple, h´m.- dijo Deidara tras chasquear los dedos. La kunoichi se rió aún más. -¿Te gustaría leer uno?- preguntó como si nada.

-… ¿Si puedo?- volvió a preguntar Sakura, mirándolo con ojos completamente abiertos.

-No tengo problemas con ello, h´m… Así me ayudarías a terminar de leer todos los que me quedan por leer.- rió de nuevo. –Los que siguen con el lomo volteando al frente son los que no he leído aún… para que sepas.- señaló con unos de sus pálidos y largos dedos. –De todos modos… hoy estabas aburrida ¿verdad?

-Gracias, Deidara.- la kunoichi, de imprevisto se le aproximó al vampiro, cálidamente le entregó a su pálida mejilla un beso gentil de mariposa. Era extraño para Sakura, ella no tenía en sus costumbres mostrar esta especie de cariño con alguna persona, ella jamás daba besos de mejilla a nadie. Esto la hizo sonreír interiormente.

Tan sólo pudo haber sido impresión de la chica, pero creyó haber visto a Deidara sonrojarse con el inocente contacto.

-Sólo toma un libro ¿bien?- dijo el rubio, levemente ruborizado.

Sakura tan sólo fue y miró los lomos de los cientos de libros en el mueble. Tras examinar por un rato los lomos de diferentes colores y grosores, se decidió a tomar uno. Era de gran tamaño y peso, forrado de negro y con una cinta de color rojo brillante. Parecía nuevo, como si lo hubiera impreso el día anterior. Incluso conservaba ese peculiar pero no desagradable aroma a nuevo. Era un libro de un título muy extraño, que Sakura nunca había visto jamás en su vida. "Nada" (Kaimu).

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Tras un día entero más de leer, sin despegar sus ojos curiosos de la página de este enorme libro que tomó del librero de Deidara, finalmente comenzó a sentir los primeros síntomas de su cansancio mental. Le dolía ligeramente la cabeza, sentía el palpitar dentro de su cráneo. Sakura finalmente cerró pesadamente las páginas del libro del título Kaimu. Era una especie de colección de historias. Muchas compartían el mismo sentido… que nunca llegaban a nada. Impredecible, largo, sin mucho sentido. Versos que atrapaban a sus ojos e hipnotizaban su razón. Aunque Sakura sabía que no era un libro fácil de entender, imposible de comprender, ella continuaba leyendo, esperando que pueda tener una pista para comprender.

Ya había oscurecido. Deidara había dejado a la chica sola, y ella ni lo había notificado. Estuvo tan concentrada en su pesada y tortuosa lectura que ni se dio cuenta de ello. Qué despistada, debió por lo menos darle un descanso a sus sentidos en ese libro, así por lo menos sabría a dónde se fue el rubio. Cerró por unos segundos sus párpados para descansar sus ojos. Aspiró profundamente mientras recostó su cabeza sobre un cojín del mueble donde reposó todo el día. Sus tripas crujían, no había siquiera comido.

Se levantó del sillón, para devolver el libro. Dobló la esquinilla de la página donde ella terminó de leer, así no batallaría para encontrar la página donde ella quedó. Se quedó acostada por varios segundos, minutos, hasta sentir que el cansancio tomaba poder en su cuerpo. Quiso volver al país del sueño otra vez.

Pero antes de abandonar la realidad, un ruido perturbó sus oídos. El sonar de la puerta al abrir y cerrarse con prisa, y el tambor acelerado de unos pasos silentes haciendo camino al interior del apartamento. Esto hizo a Sakura reaccionar, abrir de nuevo sus ojos para recibir a Deidara con un pesado saludo. Pero antes de siquiera poder levantar su cabeza, algo la detuvo más rápido que nada. La primera reacción de Sakura fue el querer gritar, tras que su corazón comenzó a palpitar desesperado por el susto.

El grito fue retenido por una fuerte mano que cubrió por completo su boca. Cuando la pelirrosa abrió por completo sus ojos, lo primero que se toparon fue la imagen de un visitante muy inesperado, mismo que con su mano le cubría la boca a la muchacha. Al ver que Sasori hizo una seña con su mano que indicaba silencio, ella asintió levemente para que él la dejara en libertad.

-¿Qué haces aquí?- fue la primera pregunta que vino a la mente de Sakura.

-Lo mismo yo te pregunto a ti, niña.- respondió el pelirrojo, sin mostrar emoción alguna a sus palabras. –Me sorprende que no te hayas ido de aquí ahora que lo sabes todo.

-¿A qué te refieres con "saber todo"?- preguntó la pelirrosa, un poco desorientada por la reciente sorpresa que se llevó.

-Deidara te lo dijo ¿no es así?...- le miró de reojo, de una forma algo sombría e intimidante. –Deidara te contó sobre nosotros… no soy estúpido, niña. Él te reveló la verdad acerca de nosotros…

-Los vampiros.- completó la chica. –Mira, ya sé que se trata de un asunto muy delicado, pero no te preocupes, no le voy a decir a nadie acerca de esto, Sasori. Puedes confiar en mí…

-Siéntete con suerte, Sakura. Si yo fuera de un corazón más frío ya te hubiera matado.- interrumpió el marionetista, una tonalidad mucho más molesta. Sakura sólo se sintió más intimidada por él. –Esto es más importante y delicado de lo que tú piensas. Se supone que nadie, ningún humano debe de saber de nuestra existencia ¿entiendes? En el peor de los casos, si algún humano se entera, algún vampiro lo tiene que convertir en uno de nosotros para que mantenga en silencio el secreto.

-¿En el peor de los casos?... ¿Tan malo es ser un vampiro?- preguntó la pelirrosa.

-Así es.- respondió fríamente Sasori. –No tienes ni idea de cómo es la vida de uno, ni te lo imaginas. Es mejor que ni intentes averiguarlo por ti misma.- de uno de sus bolsillos sacó una manzana, pequeña y de apetitosa apariencia, indecisa entre haber tomado color rojo o verde al crecer de su árbol. Sasori le entregó la fruta a la chica, conociendo el hecho de que ella no había comido nada aún. Este hombre venía preparado con todo, pensó la muchacha.

-Entonces cuéntamelo tú, si no quieres que yo misma lo averigüe.- exigió la muchacha serenamente, ahora mirando sin temor directamente al ojeroso hombre de extremadamente joven apariencia. Sasori la esquivó repentinamente.

-No puedo decírtelo.- respondió el sombrío pelirrojo, cabizbajo seguramente para esconder un miedo interno que tenía relación con dolorosas memorias.

-¿Y porqué no?

-Por que no puedo, niña.

-No me llames "niña". Deja de ser tan frío conmigo y con Deidara…- Sakura se detuvo a pensarlo de nuevo. –¿Y qué haces tú entrando a su apartamento?- preguntó la pelirrosa, mirando desafiadamente el joven.

Sasori no respondió, haciendo una especie de mueca que disimulaba la pena con la vergüenza. Sakura comenzó a sospechar.

-Lo estás vigilando ¿cierto?... Sabías que él había salido y aprovechaste para entrar a su apartamento, estado yo dormida ¿no es así?... Te preocupamos.

-La que me preocupa aquí eres tú. No él.- corrigió el vampiro, evitando la mirada de la chica, un gesto deformado en su cara al decir esto.

-Admítelo. Todavía estas preocupado por Deidara. Lo puedo ver en tus ojos.

-Pues mira dos veces a mis ojos… ¿Acaso estos parecen ojos de alguien que se preocuparía de una puta malagradecida como él?- dijo en un tono muy oscuro y severo, remarcando las cuatro últimas palabras. Sakura hizo cabizbajo por gesto de tristeza al escuchar esas palabras tan crueles. –Cómo se nota que no sabes nada acerca de nosotros, niña.

"…"

-Así, es. No sé nada… Pero si alguno de ustedes se tomara la molestia de decirme qué pasó y el porqué, entonces ya tendría idea y no te molestarías tanto conmigo por no saber nada de nada.

-Lo que molesta es que estás muy empeñada en querer meterte en la vida de nosotros…

-¿Me estás llamando metiche?- gruñó la chica, un poco molesta.

-Tal vez si…- respondió muy calmado. –El punto es que no quiero que te metas en esto, por tu propio bien, niña. Simplemente no lo hagas.

Sasori tomó distancia de la muchacha, Sakura lo miraba con una expresión parecida al rencor y enojo. Sasori de verdad estaba poniendo mucho de su parte para ocultar la verdad detrás de su furia con Deidara, como si quisiera esconder el secreto con todas sus fuerzas. Y seguro que tenía una muy buena razón.

-Está bien.- respondió la kunoichi, tras morder la pequeña manzana que tenía en sus manos.

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Esa noche Deidara había ido a dar un concierto a algún bar conocido de la ciudad de Tasogare, así es mas o menos como se ganaba la vida, aclaró él con Sakura. Ella lamentó estar distraída al momento en el que él se fue, así ella hubiera estado encantada de verlo tocar su bello instrumento. Aunque tan sólo lo escuchó una vez, ella estaba encantada con lo que hacía Deidara con su violín. Tocaba como si no perteneciera a este mundo, quizás un ángel o tal vez un demonio. Ambas cosas podrían ser lo mismo.

Al día siguiente, Sakura no comentó nada sobre la plática corta que tuvo con Sasori en la noche, creyó que sería mejor no decirle nada a Deidara. Conociéndolo como ahora, sabía que él iría directo a ver al pelirrojo a hablarle. Lo último que Sakura deseaba era que hubieran más conflictos entre ellos, la última vez, pareció como si el corazón de Deidara se desmoronara dolorosamente y con extrema lentitud.

Sakura al día siguiente se reanimó a seguir buscando un empleo en la ciudad, esperando que la suerte estuviera de su lado esta vez. Vagó por la ciudad sola, aunque rodeada de gente extraña, ella se sentía sola realmente. Traspasando esos embotellamientos repletos de personas con prisa para llegar a sus respectivos destinos, Sakura tenía el suyo ya en mente.

Encontró trabajo en un pequeño, pero no por eso pobre, despacho médico. Necesitaban enfermeras para atender emergencias repentinas, y ahí Sakura era la indicada. El lugar era limpio y parecía funcionar muy bien, este era el lugar perfecto para Sakura. Y lo mejor de todo es que recibiría su primera paga en el primer día de trabajo. Ella ahora se encontraba satisfecha, feliz de lo fácil que había resultado ser conseguir un buen trabajo. No era el mejor que podía obtener, pero era más que suficiente para una kunoichi tan poco exigente como ella. Sólo trabajaba desde las nueve de la mañana hasta las seis u ocho de la tarde por si se acumulaba el trabajo. No tendría que trabajar turno nocturno ya que ella era aún joven.

Deidara se puso feliz cuando supo que ella ya había encontrado su empleo soñado, y ya había recibido su primera paga. Sakura Aprovechó este dinero para obtener un vestido nuevo, sencillo y poco atractivo, no queriendo lucir llamativa ante los ojos humanos, era un vestido color rojo oscuro de falda larga y mangas cortas y una capucha que tenía la tela de fondo color blanca. Él estuvo de acuerdo con la decisión de Sakura, pero insistió que ella se quedara por más tiempo en su apartamento, sólo por seguridad.

Acompañaba el uso de este vestido poniéndose debajo de este una blusa negra de manga larga, debido al frío que hacía en esta época del año en la ciudad. Al día siguiente, en el despacho médico le entregaron un uniforme blanco, lo que debía utilizarse obligatoriamente mientras se trabajaba. A Sakura no le gustaba del todo utilizar uniforme, porque jamás había necesitado usar uno durante sus años de experiencia como ninja médico, pero estas eran las reglas, así que debía de cumplirlas.

Al tercer día de trabajo, ella comenzaba a habituarse a todo el reglamento de higiene personal y también el comportamiento que se debía tener dentro del trabajo.

El despacho tenía espacio por lo menos para 20 pacientes, debido a que había 20 camas y en un solo cuarto. No había mucha privacidad entre los pacientes, pero ocasionalmente se utilizaban cortinas para cubrir de la vista a una persona apunto de ser operada, o en otro caso, por si era una mujer que daría a luz. El lugar de vez en cuando era algo ruidoso debido a los quejidos casi agonizantes de cada uno de los doloridos pacientes, pero los enfermeros abundaban más que los enfermos, y muy frecuentemente lograban silenciar a los pacientes sin tener que utilizar demasiada anestesia. Sakura, en cambio, se basaba en utilizar técnicas médicas que aprendió de su vieja maestra. Pero debía ser cuidadosa cuando usaba un jutsu médico, no podía permitir que sus compañeros de trabajo la descubrieran haciendo cosas de ninja, o si no, la envidiarían y sacarían del trabajo de enfermera de inmediato.

Al cuarto día de trabajo, ya comenzaba a ensamblar conversaciones con sus compañeros de trabajo, que en su mayoría le doblaban la edad a la muchacha, posiblemente el más joven de los trabajadores era de unos veinticuatro años o más. Ella logró simpatizar con los que tenían su edad más cercana a los cuarenta. Hablaban del clima, de sus asuntos familiares, y otras cosas. A Sakura le gustaba escuchar, y le gustaba hablar sin necesidad de contar detalles de su trágico pasado. Sakura disfrutaba mucho esto. Sakura, de algún modo, pensó que su vida social había sido restaurada. Esto la hacía sonreír.

Fueron las dos semanas más agradables que ella había tenido en los últimos meses. Sakura ya no había visto a Sasori desde entonces, y ahora ella y Deidara eran amigos muy cercanos. Ocasionalmente, el violinista se ponía a tocarle en privado a la muchacha, por puro placer de entretener. Ella disfrutaba cada una de esas demostraciones que él se molestaba en darle. Deidara recordaba cuando la conoció, ella apenas podía sonreír, y ahora parecía que el espíritu de alegría encerrado adentro hubiera resucitado.

Ya el marionetista pelirrojo desapareció de la mente de Sakura, casi como si nunca lo hubiera conocido, y poco le importaba ya ahora que había sidote él. Le daba poca importancia al asunto de los vampiros ahora mismo, ahora ignoraba el hecho de que Deidara fuera una de ellos. Borró de su mente el nombre de Chinuru no Tenshi.

Deidara no aparentaba estarlo, pero había algo que seguía perturbándolo por dentro. No podía quejarse de Sakura, disfrutaba de su compañía y lo demás. Lo que lo mantenía preocupado era que por estos días, nada extraño o malo había vuelto a ocurrir. Deidara conocía bien la situación, debido a que también en estas dos semanas, la visita de Sasori frecuentaba bastante, discutían en pláticas cortas acerca del probable sospechoso que anteriormente había querido atrapar a Sakura. El motivo del porqué podría resolverse después de saber quién andaba detrás de todo esto.

Y aunque él siempre sonreía y jamás pronunciaba algún descontento, Deidara se encontraba terriblemente estresado, su cabeza dolía, y pensaba que ya no aguantaría una visita más de Sasori, ese frío hombre al que alguna vez le perteneció su alma y corazón. La tensión entre ellos era enorme, y explotaría en cualquier momento. Deidara no aguantaría otra visita de Sasori, sabía que no. Esta urgencia sexual que llevaba dentro desde el primer encuentro hace dos semanas lo volvía loco. En cualquier instante Deidara haría una locura y se lanzaría a los brazos del pelirrojo, aunque esto pudiera costarle la vida, bien lo sabía.

Sakura se levantó un poco tarde esta mañana, alrededor de las veinte para las nueve. Aún dormía en ese sofá, que resultaba muy cómodo en realidad para dormir. Ella utilizaba el baño para cambiar de ropa, como Deidara lo permitía. Sakura tomó una mandarina de la canasta que frutas que él tenía ahí siempre. La comería en el camino al trabajo.

No tuvo oportunidad de despedirse de Deidara, pues andaba con prisa. Pero bueno, él entendería los motivos de la pelirrosa.

Al doblar por la esquina, tropezó con una figura más alta que ella, un hombre al que no le pudo ver la cara debido a que llevaba chaleco de tela café oscuro y un sombrero poco atractivo que daba suficiente sombra a su mirada para no distinguir con precisión cómo lucía su rostro. Sintió un ligero jaloneo en su bolsa, pero Sakura tenía buena vista y estaba segura que él no tomó nada de su bolsa. Aunque no evitaba preguntarse el motivo por el que jaló su bolsa. Hubiera sido algo tonto regresar a preguntarle ya que ella estaba a varios metros lejos de él. Sakura lo olvidó por completo.

Sentía el aire un poco cálido, no como todos esos días de helado aire cuando ella llegó a Tasogare. Sentía que con cada paso que daba el calor aumentaba. A lo lejos comenzó a detectar un extraño aroma proveniente del edificio donde estaba el despacho médico.

"Mierda."

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De repente vino una enorme nube de humo, olor a quemado, gritos y sirenas de bomberos aproximándose al lugar donde ella tenía que ir trabajando.

No era posible… tenía que ser sólo una coincidencia, no podía ser verdad. Sakura se lo temía, se preocupaba… su corazón latía cada vez más rápido con cada paso que avanzaba. Llegó al incendiario fuego que fabricaba nubes de negro tóxico.

Los ojos de la chica se llenaron de frío, sus brazos comenzando a temblar ante lo que su conciencia presenciaba en estos instantes.

-¿Qué ha sucedido aquí?- preguntó la pelirrosa a un hombre que parecía haber estado aquí minutos antes que ella, debido a que su chaqueta estaba cubierta de una ligera capa de cenizas voladoras por el aire.

-Hace unos minutos el lugar se encendió en llamas ¡Hay varios trabajadores y pacientes aún adentro!- respondió bastante alarmado el viejo señor. –¡Mi hijo está adentro!

Sakura reaccionó. Como obligación que ella sentía por querer hacer el bien, entró corriendo al edificio en llamas, ignorando las exclamaciones que le pedían alejarse del lugar a la joven kunoichi. A Sakura no le importaba, ella había pasado por cosas mucho más peligrosas que esto. Para ninjas de su rango, esto era casi un juego.

Adentro hacía un calor, peor que un horno. Sakura utilizó un pañuelo que tenía guardado para evitar respirar el tóxico humo que adornaba cruelmente el edificio en llamas.

-¡¿Hola?! – exclamó la pelirrosa, desesperada de encontrar a alguien vivo. -¿Hay alguien aquí?... ¡Alguien gríteme!- continuó la chica, sabiendo que difícilmente alguien la escucharía en este pandemonio llameante. El techo se desmoronaría en cualquier segundo. Las llamas y el calor comenzaban a dar efectos dañinos a la joven.

Escuchó un llanto infantil. Probablemente uno de los pacientes atrapados en este lugar. También logró escuchar otros gritos de ayuda. Había unas dos personas desmayadas en el suelo, debido a que respiraron demasiado humo y el calor les venció. Sakura fue la más rápido que pudo al rescate. Si los bomberos no hacían nada, entonces ella tendría que hacerlo.

Primero levantó al infante que yacía lloriqueando en uno de los rincones aún no tocados por el fuego. Llevándolo cargado como si fuera un costal, fue rápidamente a salvar a los que estaban desmayados en el suelo. Ya no podía cargas a más de tres, Sakura tenía sus límites para cargar personas. Con toda la rapidez que fue capaz de dar, Sakura salió corriendo a través de las llamas bailarinas que poco a poco invadían todo el espacio. Ella sabía que debía darse prisa, si quería salvar a los que todavía quedaban adentro. Y de verdad debía que actuar con más velocidad.

Salió con éxito del edificio incendiado, con las tres personas que ella fue capaz de salvar. Un niño adolescente y dos de los enfermeros con los que ella trabajó en las últimas semanas. En cuanto los dejó en el suelo, sanos y salvos, y los bomberos y médicos acudieron a atenderlos, Sakura no perdió tiempo y fue a correr de nuevo hacia el edificio en fuego.

Pero antes de poder siquiera entrar… el techo se colapsó debido a que el fuego destruyó por completo la estructura de este. Se escucharon varios gritos atrás y delante de Sakura. Unos de horror y otros, los más cercanos, de sufrimiento y agonía. Ya era muy tarde. Falló.

Tan pronto como ella dejó de ser interrogada y atendida por los médicos que rodeaban el incendio, Sakura se fue, completamente exhausta y sintiéndose terriblemente culpable al no haber logrado sacar a las personas restantes en el pequeño edificio. Mucho de sus compañeros de trabajo murieron a causa de ello. Era terrible tener en su conciencia la muerte de más personas que no merecían eso. Cargaría en su espalda más muertes.

Sacudió su ropa de la ceniza que cayó en ella cuando estuvo dentro del edificio, limpiándose completamente del polvo quemado, tenía que regresar con Deidara, frustrada, para decirle la horrible noticia de lo que pasó el día de hoy.

Al caminar pensó un poco. Lo pensó bien… ¿qué hacía un incendio ahí de todas maneras? Porqué tuvo que ser en el lugar donde ella trabajaba? Porqué? Debía de haber una explicación. Por alguna razón Sakura recordó la segunda noche que pasó en Tasogare, cuando fue atacada por esos sujetos. Deidara y Sasori había mencionado que quizás alguien estaba tras ella. Sakura pensó, quizás había sido esa persona la que ideó el incendio, aunque Sakura desconocía por completo la razón. Si la quería viva, entonces ¿por qué incendiaron el edificio donde ella trabajaba? Sería muy tonto no haber revisado bien antes de cometer el incendio, verificar si ella estaba o no, para poder hacerle daño a la joven. Y también la estaba subestimando; sea quien sea esta persona, debía saber a la perfección que se trataba de una kunoichi muy fuerte con quien se enfrentaba. Sakura no tenía ninguna pista ahora.

El cielo oscurecía muy rápido, o quizás era su imaginación. Podría ser a causa del humo del todavía activo incendio que no lograban apagar. De todos modos, Sakura pasó muchas horas siendo interrogada, ya se estaba haciendo algo tarde. Caminó, pensando en las palabras que le diría a Deidara sobre su trágico día de hoy, sin que tener que recurrir a las pesadas lágrimas que tenía tantos deseos de extirpar de sus ojos. Tenía que mantenerse fuerte.

Se apresuró al entrar al interior de la casa de huéspedes donde ella vivía con Deidara, la dueña le preguntó porqué tenía una cara tan asustada y la pelirrosa sólo se limitó a decirle que todo estaba bien con una sonrisa de lo más calmante. De paso la vieja señora le comentó que Deidara tenía, por pura casualidad, tenía en estos mismos momentos una visita en su apartamento.

"Sasori…"

Sakura ascendió rápidamente por las escaleras después de excusarse con la buena señora, pero increíblemente silenciosa. Esos inexplicables hábitos de ninja. Al acercarse con mucho cuidado a la puerta de la entrada del apartamento, trató de ponerle toda concentración a su oído derecho, para poder captar qué estaba sucediendo.

Lograba percibir palabras de Sasori. También la muy reconfortante voz de Deidara.

-…Lo siento… No me he dado tiempo de investigar…

-…Ya me lo esperaba… -contestó la impaciente voz del pelirrojo, tal y como lo recordaba la chica. Ese Sasori comenzaba a desesperarse a causa de ese hombre. No encontraba forma de porqué Deidara lo amó. –Yo tampoco he obtenido pistas de quién pueda tratarse… aunque sabes bien que yo confío en que pueda ser él…

-Por favor… No lo digas, h´m… "Él" ya murió años atrás, yo mismo lo maté y lo sabes… Y si él siguiera vivo, me hubiera perseguido y seguramente matado.

-Tus métodos de matar son muy eficientes, lo sé, Deidara… Pero también pueden tienen fallas; todos, por tan perfectos que parezcan pueden tener fallas hasta en lo más minúsculo.

-¡Te equivocas! No fallé al matarlo, h´m… Estoy seguro de eso, Sasori.- exclamó como forma de respuesta el rubio. Sakura escuchaba con claridad la desesperación en la voz de su amigo desde el otro lado de la puerta.

-Te niegas a aceptar que esté vivo ¿cierto?... Eso es ¿me equivoco, Deidara?

-…Cállate…- dijo un hilillo de voz, apenas Sakura pudo notar el significado de las sílabas entonadas.

-¿Qué dijiste, Deidara? No te oigo.- dijo Sasori en un tono desafiante. Sakura comenzó a apretar el puño debido a la insoportable arrogancia en la voz de este. Instintivamente ella quería defender a su amigo. Pero sería mala decisión entrar de repente de golpe. –Sé que sientes rencor por ese hombre por quién no gastaré mi saliva en nombrar… es más, tienes miedo a enfrentar una realidad que te disgustaría… pero hay que considerar el hecho, Deidara. Puede que "él" aún siga con vida y en algún lugar… Tú sabes que es más inteligente que nosotros dos juntos, y ha de estar planeando todo esto…

-Sasori no Danna… ¿Porqué no cierras la puta boca y te largas de aquí? Ya estoy cansado de tus preguntas… ¡Demonios! Parece que si lo estuvieras haciendo con el fin de hacerme sentir aún más miserable, h´m!- Deidara por fin explotó, antes que la pelirrosa del otro lado de la puerta lo hiciera.

Sakura escuchó una especie de golpe, pero no parecía ahora una bofetada como veces anteriores. Sakura sintió una especie de vibración en el cuarto; leve pero lo suficientemente notoria.

-Sasori… Suéltame.- dijo Deidara, su voz escuchándose desde un ángulo diferente del interior del apartamento. Sakura dedujo que quizás lo había empujado contra una de las paredes del interior. -¡Suéltame, coño!

-¿Y qué si es cierto lo que dices?... No has pensado en defenderte aunque sabes a la perfección cuáles son mis intenciones, Deidara. Sigues siendo débil… Me he equivocado, no has cambiado mucho.

-No…

-Incluso te dejas manejar al igual que antes… Y me sorprende mucho, porque que yo sepa no estás dopado ¿verdad?

Escuchó otro golpe. Esta vez se escuchó con toda su fuerza. Había de ser un puñetazo o cabezazo por lo fuerte que fue su resonancia. Sakura lo escuchó con claridad. No le sorprendería que hubiera sido Deidara quien lo hubiera dado, Sakura hubiera hecho lo mismo.

-Deidara…- tras que Sasori murmurara, se escuchó otro golpe, esta vez vibrando en el suelo. Probablemente lo había derrumbado al suelo.

-Ya no lo soporto más… estoy harto de todo esto, Sasori… No pienso soportar tus insultos y palabras desconsideradas. Ya no más…- se escuchaban sollozos de parte del rubio, Sakura tampoco soportaba más. Quería ver lo que estaba sucediendo. Oír no era suficiente.

Sin hacer el más mínimo ruido, Sakura se deslizó por el suelo, llegando hasta la ventana más cercana. Cuidadosa de que nadie la mirara salió de ella, buscando la forma de escalar hasta las ventanas. Por el entrenamiento ninja que ella había recibido, concentró chakra a sus manos y pies, para no perder el equilibrio. Era una de las cosas más básicas que se les enseñaban a los ninjas. Utilizó sus pies para desplazarse con cautela y rapidez por la pared del edificio, como una sombra inexistente.

Como viento ella apareció de golpe en una de las esquinas de los ventanales que Deidara tenía un su apartamento. Ocultó su presencia contra la pared, y el árbol que había enfrente de este ventanal servía como perfecto camuflaje para que los civiles que caminaban por la calle no notaran la presencia de la muchacha. Sakura asomó su mirada por el rincón de la ventana para ver lo que acontecía en el interior del apartamento con dos vampiros adentro.

Deidara estaba sobre Sasori, en el suelo, y los rostros de ambos estaban demasiado cerca, casi parecían besarse. Pero el rostro del rubio radicaba ira contra el sombrío pelirrojo.

-¿No vas a golpearme de nuevo, Deidara?... ¿O es que tienes miedo de herir a tu "Danna"?

-Basta… Deja de burlarte de mí…- murmuraba en furia el rubio, Sakura lo notaba temblando. –Ya no…

Sakura apenas podía escuchar las palabras, el vidrio que la separaba a ella del sonido era muy grueso y para ella o cualquier ser humano sería imposible capturar el sonar exacto de cada una de las palabras que intercambiaban ellos dos, sobre todo que estaban a una distancia considerable del ventanal desde donde ella observaba seriamente. Deidara se había vuelto una explosión, quemándose en el desprecio guardado y la confusión amorosa que tenía por culpa del pelirrojo. Pero Sasori estaba frío como hielo, como si fuera un alma inanimada y sin sentimientos, y aunque él estuviera bajo Deidara, él era quién tenía el verdadero control de la situación entre los dos. Sakura notaba a Deidara temblar sobre Sasori. Sentía inseguridad.

Al final Sakura ya no pudo escuchar nada, más, fue como una explosión de silencio, reemplazando las palabras que ambos labios se intercambiaban. Ni siquiera sabía cómo leer los labios de esos dos hombres. Sakura olvidó todo lo que aprendió acerca de leer labios. De hecho, aunque ella todavía pudiese recordar cómo, ahora no podía ya que los labios de los dos vampiros estaban pegados, en un beso crudo y frío. Cruel. La tensión sexual entre los dos por fin se desbordó como río en una débil presa.

Sakura no pudo mover sus verdes ojos de lo que estaba presenciando. No sabía si seguir mirando o irse de donde estaba ahora mismo. Sus piernas estaban congeladas, sus párpados no podían cerrase y el mundo a su alrededor dejó de circular movimiento. Dos hombres besarse, lo que Sakura menos esperó ver en este día tan lleno de desgracias.

Parecían querer devorarse con sus bocas, sus manos no daban caricias tiernas o amorosas, sino rasposas y violentas, marcando dolorosamente sobre la piel que contactaban. Sasori de repente tomó al rubio de los hombros, tirándolo a su lado, para que luego se le encimara, las piernas del pelirrojo a los costados de Deidara, dejándolo sin ninguna posible salida. Le dijo algo corto, Sakura no pudo saber lo que Sasori le dijo al otro vampiro en el suelo, antes de dejar aterrizar su boca hambrienta sobre el blanco y largo cuello del rubio, mientras que este solamente cerraba fuertemente los ojos, arqueándose por culpa de los rudos besos que el pelirrojo le daba. Sus manos aprisionaban las de Deidara, aparentemente con brusquedad.

Y Sakura miraba, no podía moverse a uno u otro lado. Ella tan sólo miraba paralizada sin pestañear una sola vez.

De repente escuchó un agudo gemido provenir del rubio, sangre roja visible en la boca desocupada de Sasori después volviendo a besar en la boca al otro. Cuando cambiaron de posición, Sasori juntó más sus delgados cuerpos en un siniestro abrazo, él todavía sobre el rubio. Las largas piernas de Deidara rodeaban la cintura de su atacante. Y Sakura, más confundida que nunca, no paraba de mirar el macabro espectáculo.

Algo se rompió dentro de la mente de la chica, un recuerdo indeseado volvió en el momento menos indicado. Toda esta escena, todo era tan similar a aquella noche meses atrás… Lo que selló el destino de la muchacha y su vieja maestra. Todo se volvió tan real ante sus ojos, tan palpable a su tacto… su corazón iba a explotar dentro de su pecho. Todavía podía escuchar los asquerosos sonidos y risas de ese momento, Sakura todavía sentía la grieta que quebrada de poco a poquito su joven corazoncito.

Pero no dejaba de mirar, no despegaba sus jóvenes ojos de esos dos, aunque las memorias la apuñalaban internamente. Se volvía loca.

Los dos se arrastraban por el suelo sin dejar de besarse y acariciarse con pasión fría y cruel, prácticamente Sasori le arrancaba las ropas a Deidara debido a la violencia con la que lo manejaba; no paraba de estampar mordidas sangrientas por la pálida piel del rubio y éste no hacía nada para defenderse. Es más, parecía disfrutar dolorosamente cada movimiento del pelirrojo. Este comportamiento un tanto masoquista era completamente desconocido para Sakura acerca del su amigo. No creía que podría ser capaz de mirar más esto.

Si Deidara quisiera que Sasori se detuviera, entonces fácilmente lo hubiera pateado en el estómago y gritado al oído, con eso hubiera bastado bien, Sasori no parecía del tipo de personas que violarían en contra de la voluntad de la víctima.

Hasta que al final el joven rubio estaba completamente desnudo bajo el aún vestido pelirrojo, Sakura se sonrojó intensamente, porque de hecho… esta era la primera vez que veía aun hombre desnudo con sus propios ojos. Bueno, después de todo, sólo era una niña de diecisiete años y virgen… no había razón para extrañarse.

Sasori no tomó tiempo de preparación ni tampoco de anticipación, entonces se bajó sus propios pantalones, mismo tiempo que separó las rodillas de Deidara y posicionó con prisa sus pies sobre sus hombros. Entonces Sakura logró escuchar un grito agudo provenir del rubio. Sasori se movía sobre Deidara con exagerada brusquedad, y este jadeando y gritando, Sakura no muy segura si se trataba de dolor o placer. La pálida cara de Deidara había adquirido un leve sonrojo carmesí, sus uñas comenzaban a hundirse en la espalda del pelirrojo que lo embestía. Sangre fresca comenzaba a caer en gotas sobre el suelo de madera.

Sakura ya no podía más… Toda esta escena era demasiado para ella. No era por el sexo, era por su estado sentimental, por lo parecido que era esto a ese momento. Las imágenes acuchillaban su frágil estadía mental. Su maestra… ahora Sakura volvió a recordarlo todo. Se llevó sus manos a su cabeza y volteó a otro lugar, tratando de ignorar con todas sus fuerzas los gemidos masculinos del interior de la ventana desde donde ella espiaba.

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Volvió todo a su memoria. Hace meses en su villa hogar, la hermosa noche del verano, las cigarras llorando junto a los grillos orquestando su nocturna melodía. Sakura fue como cualquier otra kunoichi joven que regresaba tarde de su más reciente misión. El aire era fresco, las luces de la inmensa aldea en sus horas nocturnas con sus colores anaranjados y amarillentos y los ninjas mayores comenzaban a emborracharse y divertirse ruidosamente. Sakura no ponía mucha atención a estas cosas últimamente… ella tenía otro interés en especial. Sakura tenía los ojos puestos en algo más interesante que las fiestas y pequeñas reuniones con amigos…

Desde hace alrededor de dos años que ella se dio cuenta, su corazón latía fuertemente y ella se ruborizaba cuándo él se le acercaba, cuando le miraba con su único ojo visible y una cálida sonrisa se transparentaba de esa oscura máscara azul que evitaba la imagen de su verdadero rostro. Siempre usaba su Hitai Ate para cubrir su ojo derecho, sobraban las explicaciones del porqué. Tenía un particular color de cabello, era gris con plata, a la luz del día parecía de color blanco y siempre lo tenía desordenado, caído para su lado derecho de la cubierta cara. Sakura se enamoró de ese hombre, y lo había mantenido en secreto por mucho tiempo. Y aunque la diferencia de edad era muy notable y alguna vez ella fue su estudiante… ella lo amaba en secreto. Pero algún día se lo confesaría, le haría saber lo mucho que realmente lo quería y lo poco que le importaba lo que pensaran los demás.

Esta noche todos sus compañeros de equipo habían regresado de la cansada misión. Sai y Naruto estaban al borde del agotamiento, rápidamente fueron a sus hogares a reposar, sin deseos de dar un paso más el día de hoy. Kakashi, al que Sakura adoraba, también se retiró, dando como excusa que daría los reportes de la misión completada exitosamente. Sakura también estaba cansada, pero ella también tenía algo más que hacer. Quedó de verse con su honorable maestra después de completar la misión. Ya ni recordaba el porqué de tal citación.

Fue al edificio más grande de la Aldea, aquel gigante que se encontraba en su centro, ahí debería estar su maestra, la Señora Hokage. Las luces de la oficina estaban encendidas, seguro seguía despierta.

Sakura confiaba en la señora Tsunade, para ella era como una hermana mayor, severa y estricta, pero no por ello cariñosa. Sakura la respetaba como a nadie en su vida. A ella le contaba sus secretos, sus miedos, con ella lloraba a escondidas cuando no tenía el valor de llorar frente a sus propios padres. Sakura quería mucho a Tsunade. No pudo haber pedido una mejor maestra en este mundo.

Pero fue en ese momento, en ese instante cuando todo cambió para siempre. Todo ese respeto y amor que ella sentía por Tsunade, todo eso se esfumó, se derrumbó como una frágil construcción en medio de un feroz terremoto. Sus ojos ardían por lo que presenciaron, su cerebro se rompió y la razón se transformó en demencia. Estuvo al borde de gritar por pura furia, deseando estar muerta en esos momentos.

Los vio, ellos dos. Las dos personas a quienes ella más amaba en este mundo, el hombre al que ella deseaba desesperadamente en los brazos de su maestra. No paraban de besarse, sus caricias y gemidos se tornaron en el tormento mental de la niña.

¿Cómo se atrevió a mentirle?... ¿Cómo se atrevió a traicionarla de esa manera?... Sakura rompió en lágrimas cuando se alejó del lugar, en la puerta de su propia casa, ella estaba abrazando sus rodillas mientras se empapaba de sus propias lágrimas.

-¿Qué sucede, Sakura?- preguntó la voz de Sai, aunque ella ya no quería hablar con nadie ya, no quería ya nada hacer con esta vida. Eso es, ya no sabía qué hacer, su corazón dolía terriblemente, su respiración era difícil y sus uñas se encajaban en su propia piel sin importarle que la sangre se derramara sobre sus piernas. Pronto ella estuvo triste y sola dentro de su propia burbuja, marginada de toda realidad y sentido común. Después de los siguientes días ella tan sólo era un muerto andante, un cuerpo vacío que ya no percibía lo que sucedía a su alrededor.

Cuando alguien le hablaba, ella no respondía, sus ojos seguían en el mismo lugar, mirando al suelo. Bajó mucho de peso, debido a que constantemente se quedaba sin comer, hasta que Naruto o Sai le obligaban a la chica probar bocados. Ni con ellos ella podía hablar. Tuvo que tomar medicamentos antidepresivos por órdenes de su madre. Con el paso de las semanas, su maestra se comenzó a preocupar, pensando que algo de verdad malo le sucedió a su querida alumna.

La llamó a un área de entrenamiento, y Sakura aceptó sin responder, estando inmóvil y sin habla frente a su maestra. Por primera vez, los ojos verdes de la chica se fijaron en algo que no era suelo, no le dio una mirada fría, sino una llena de odio.

-¿Porqué, Tsunade-sama?...- dijo su debilitada voz, quebrada por el llanto que dio por días encerrada en su cuarto. –¿Porqué traicionó mi confianza en usted?

-… ¿De… de qué estás hablándome, Sakura?

-¡¿Cómo de qué?!...- gritó la pelirrosa, reventando de la ira reprimida, sus ojos llenándose de lágrimas. – ¡Usted sabía lo mucho que yo lo amo! Le dije todos mis secretos a usted!... ¡Y aún así usted se atrevió a traicionarme!... No entiendo ¿qué demonios fue lo que hice mal como alumna para merecerme esto? Dígame!

-Sakura, cálmate…- trató de acercarse a la menor, pero sólo consiguió hacerla enojar más. –Créeme, yo no sabía que tú…

-¿No sabía usted que yo los vería a ustedes dos tener sexo en la oficina del Hokage?... ¿No sabía que me pondría furiosa si lo llegaba yo a saber? Es eso?- dijo la kunoichi rosa, una mirada perturbadora en sus ojos, deseosa de carnicería. La Sakura normal se había ido en esos momentos.

Los siguientes minutos fueron borrosos, llenos de negro. Sakura recuperó el sentido justo al darse cuenta que estaba en lo profundo del bosque. Una mano sostenía un kunai aún caliente y la otra mano tenía agarrando algo más pesado, se sentía como cabello. Era cabello. Estaba agarrando el cadáver de su maestra de las greñas, todo su cuerpo destruido y cortado. De repente Sakura soltó el kunai y el cabello del cuerpo ensangrentado, llevándose las manos temblantes a la cara del puro horror. Destrozó por completo a Tsunade hasta dejarla casi irreconocible. Ella, su propia alumna. Y ya no recordaba cómo, pero lo hizo. Se dio cuenta que ella misma también tenía varias heridas en su cuerpo. Pero no tanto como para dejar de preocuparse por lo que ella acababa de hacer. Peleó a muerte contra su maestra y la mató.

Había sido cegada por la ira, por los celos, se había convertido en un monstruo, un demonio. Sakura sabía que no podía dejar las cosas así. No podía irse y decirle a los escuadrones especializados que acababa de asesinar a la Hokage y la dejó tirada en medio del bosque. No. Tenía que actuar prudentemente. Si es que todavía reconocía bien el significado de prudencia ahora mismo.

Enterró a la maestra bajo la tierra. No midió la profundidad del hoyo, pues no tuvo tiempo para ello. La dejó bajo hojas y algo de tierra, esperando que nadie jamás la encontrara, o por lo menos por algún tiempo. Por lo mientras, tendría que llegar a casa sin ser vista ahora que sus ropas estaban manchadas de rojo y aroma a muerte. No le contaría a nadie, nadie debía saberlo.

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Se detuvieron, Sakura lo notó al instante. Pero ni volteó a ver, no quería ahora que se sentía así, no tenía el valor de verlos a esos dos ahora. Ver esa escena tan sólo le provocaba jaquecas, dolor interno, sufrimiento por su pasado. Escuchó la puerta del apartamento de Deidara cerrarse con estruendo, no creyó escuchar alguna palabra proveniente de esos dos, ninguna dirigirse la palabra. Y ella entristeció. Sasori era tan frío con el rubio… ese pensamiento la hizo voltear a ver de nuevo por la ventana. Deidara seguía tirado en el suelo, aún desnudo, sudoroso, jadeante y dolorido. No soportaba admirar esta escena.

Antes que Sakura se reincorporara contra la fría pared del exterior del edificio, escuchó una ráfaga de viento a su lado. Antes de darse cuenta, habían dos ojos color miel clavados sobre ella. Ella casi saltó y perdió el equilibrio al darse cuenta que se trataba de Sasori quien la atrapó después del acto.

-Yo…

-No digas nada, Sakura.- silenció el pelirrojo, con un grave tono, sus ojos apuntando a los de la muchacha sin dar pestañeo. –Ya no tiene caso explicarme contigo ahora que ya viste todo lo que sucedió… Por favor, no vuelvas a espiarnos a nosotros dos ¿entendiste? No es asunto tuyo lo que pase entre nosotros…

-Perdona…- murmuró la pelirrosa abrazando su bolsa de tela contra su pecho, sus ojos evadiendo al vampiro pelirrojo que estaba a su lado. –Simplemente no pude quedarme sin hacer nada.

-Pero no hiciste nada.- respondió el pelirrojo sin abandonar el tono de seriedad. –Y será mejor que te quedes así, sin hacer nada. No tienes idea de con qué te estás metiendo, niña.

Sakura sólo se quedó cabizbaja, Sasori se fue a la misma velocidad con la que llegó a ella. La mente de la niña era un torbellino de memorias negras, lágrimas habían ahogado por dentro su alma viviente. Sakura se sentía miserable de nuevo. Esta sensación que quemaba por dentro de su corazón. La necesidad de no estar consiente, de no querer estar en vida, el querer quitarse la vida. Entonces, Sakura lo supo en ese momento. Todo este tiempo ella fue débil, una lamentable muchachita que no merecía seguir con vida. Una debilucha que no pudo enfrentar la realidad y terminó saliendo por el camino más digno de un cobarde, yéndose poco a poco a su ruina interna. En ese momento Sakura perdió el último rastro de su coraje.

Regresó a la ventana por donde salió, con el mismo fantasmal silencio de antes. Esperó unos segundos antes de tocar la puerta del apartamento de Deidara. Ella notó que sus lágrimas habían escapado y ahora humedecían su tierno rostro. Pronto se dio cuenta que Deidara tenía lo mismo en su cara. Al abrir la puerta, Sakura sintió que se miraba a un espejo frente a la blanca cara del rubio. La cálida humedad había sonrosado ligeramente el aspecto facial de Deidara, obviamente debido a la crudeza del momento por el que pasó hace unos minutos. De nuevo estaba vestido con sus ropas oscuras.

La dejó entrar en silencio, sin decirle un solo "hola" o "cómo ha sido tu día", ni siquiera una de sus habituales sonrisas. La chica lo comprendía, comenzaba a pensar que él también se había dado cuenta que ella lo espió con Sasori. Pero al ver la cara llena de dudas de Deidara, la pelirrosa dedujo que no era así.

-¿Qué sucedió, h´m? Estás cubierta de cenizas…- dijo al retirar un poco de polvo de un de los rosados mechones de la muchacha.

-Hubo un incendio.- contestó la joven sin recurrir a la mentira. –Fui adentro para ver si podía salvar a unas cuantas personas… El edificio terminó desmoronándose.

-Ah… Qué terrible.- contestó el rubio sin presentar emoción alguna al hablar. –Mejor tomate una ducha, no quisiera que mi casa huela a puras cenizas ¿bien?- dijo el vampiro, recuperando una débil sonrisa para la muchacha. Sakura asintió. Fue directamente al baño.

Deidara cayó rendido, todavía dolorido al sofá. Cerró profundamente los párpados, comenzando a meditar acerca de lo que había sucedido. Por dios… no tenía idea de cómo es que él había extrañado esto. Fue violento, pero lo necesitaba. Deidara suspiró en alivio, de algún modo feliz de que haya terminado.

Sakura se encerró en el baño, se había llevado su bolso sin que Deidara siquiera lo hubiera notado, y aunque hubiera sido así él no se hubiera extrañado. La pelirrosa se echó agua a la cara, lavándose las lágrimas y el polvo del reciente incendio. Se miró frente al espejo que quedaba sobre el lavabo. Tan sólo veía a una poco especial chica de cabello rosa pálido y tristes ojos verde jade los cuales hacía poco que perdieron por completo su brillo. Pero ella deseaba aguantar.

"Debo ser fuerte… No puedo flaquear ahora… No puedo caer ahora."

Abrió su bolso, notó algo extraño en él. Un frasco que no estaba ahí esta mañana. Parecía una especie de medicamento, contenía una considerable cantidad de pastillas dentro su transparente vidrio amarillo. Y había una etiqueta con letras escritas manualmente en tinta china. "Uro Shabu" (Pastilla Negra o Estimulante Oscuro).

Un nombre muy tétrico para tratarse de una droga. Sakura desconfió por completo en los efectos que causaría este medicamento. No había nada escrito que indicara sus efectos o beneficios. Podría tratarse de alguna especie de droga alucinógena muy peligrosa… quizás era lo que ella necesitaba realmente.

Cegada por ese estúpido deseo de muerte, puso una pequeña dosis en su palma, enseguida tragando la pequeña cantidad de pastillas. No sintió nada. No habían efectos aún que ella sintiera en su cuerpo de ninja médico. Sakura volvió a intentar, aumentando la dosis de pastillas negras, tragándolas con esfuerzo, tomó un poco de agua del lavabo para ingerirlas bien. No fue suficiente.

La negrura de su amargura la llevó a este extremo. Guardó en su bolso el frasco de las drogas, y sacó en su lugar un pequeño cuchillo, no lo suficientemente inofensivo para ser un cuchillo de cocina pero su filo era finísimo, un simple toque lograba perforar con facilidad la carne. Sakura se sentó sobre el suelo y recargó su espalda contra el azulejo del baño. Con extremo cuidado deslizó sin dolor la afilada navaja sobre la tierna piel de su muñeca, cortando justo en lugar correcto donde la mayor cantidad de sangre fluía. Cortó delicadamente del mismo modo su otra muñeca, procurando no causarse dolor a sí misma. Ella ya no sabía bien lo que hacía… y no le importaba una verga ahora. Sólo deseaba morir, sola, sin dolor, ya no deseaba más esta vida.

El dolor en su cabeza comenzó a cesar, la tranquilidad invadió su mente como la rápida telaraña de un amigable arácnido. Se desangraba con lentitud, pero no había dolor, sólo paz. Su vista comenzó a nublarse, oscurecerse en nubes negras. Sus brazos y piernas flojeaban de poco a poco, al igual que su cabeza. Comenzaba a formarse un charco bajo su cuerpo inconsciente. Y a ella ya no le importaba, ya estaba muerta internamente.

Su respiración se volvió lenta. Un poco más… Sólo faltaban unos últimos agonizantes latidos más de su roto corazón. Todo acabaría muy pronto…

"Perdóname, Deidara…"

Se hundió en sus tinieblas personales. Cayó pacíficamente sobre el frío suelo encharcado de su propio carmín. Sakura creyó que ya moriría pronto… Se sintió un poco mal, porque de verdad no quería abandonar a Deidara. Pero ya era demasiado tarde.


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Ya les llegó un lemoncito medio ligero, jaja, que yo no rompo promesas si se trata de SasoDei!! Y también he puesto a una Sakura que le gusta el Yaoi (jajajaja, que la chica pelirrosa ha cumplido el sueño de muchas fans de la parejita esta) xD

Ya hemos revelado el pasado de Sakura-chan (que me salió fanática del yaoi, jajaja), pero aún falta la historia de los dos chicos. Aún faltan algunas cositas por resolver y muchas cosas qué contar acerca de estos dos tortolitos vampirescos, muahahahaha!! Perdonenme todas las fans de Sasori por haber puesto a un Sasori de lo más malvado y medio bastardo, pero... créanme, que él DE VERDAD tiene sus motivos para ser malo con Deidara, jijijiji

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FELIZ AÑO NUEVO A TODOS! Y QUE TENGAN MUY FELICES FIESTAS! XD