Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son auditoria de Stephenie Meyer. El fic proviene de mi loca cabeza.
Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Capítulo beteado por Sarai GN (LBM), Beta de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction
Beta malvada cada día haces más honor a tu apodo, jajaja eres mi idola nunca de los nunca cambies, gracias por seguirme ayudando con cada locura :)
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"La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma".
-Goethe
No voy a jodidamente mentir diciendo que no estaba bastante consternado de que ella hubiese ganado la partida, y por eso ahora nos encontráramos aquí, en más que el camino a su casa, el camino a convertirme en un futuro pervertido acosador de mierda.
—Lo único malo, bebé, es que dudo que puedas pasar desapercibido, todos en el pueblo te conocen. —Rodé los ojos
—Y lo único bueno sería si tú mantuvieras la boca cerrada, bastaría solo un trozo de cinta… ah, pero claro, se me olvidaba que eres una puta alucinación, ¿por qué no desapareces?
Bella se carcajeó de mí mientras miraba por la ventana las luces de la carretera. Llamar "ciudad" a Forks era el eufemismo del año para una especie de pueblo casi rural, cuyas carreteras consistían en dos carriles de mierda. Así que asúmase que llegué pronto a mi destino. Aún era temprano en la noche cuando me estacioné a una distancia más que prudente de la casa de Isabella.
Sin embargo, a pesar de no ser muy tarde, todo estaba a oscuras y en silencio, pequeñas gotas de lluvia comenzaban a caer. Suspiré mirando el lugar, nunca me había gustado que Isabella viviera en una zona tan alejada, incluso cerca del bosque. El que su papá fuera el jefe de policía no garantizaba nada. Su cacharro no estaba estacionado afuera, ni vista del coche patrulla, eso me desconcertó un poco hasta que… oh-jodida-y-puñetera-sorpresa.
El Nissan negro del puto se encontraba estacionado justo enfrente de su casa. Reluciendo descaradamente mientras que la furia asesina se instalaba nuevamente en mi pecho. Dios, es que de verdad me estaba volviendo tan pendejo. Debí notar la ausencia del puto en la fiesta, debí jodidamente imaginarme esto, pero no, por supuesto que no, estaba tan jodidamente ocupado siendo arañado por Tanya y sus uñas que se sentían como tenazas calientes, muchas gracias.
—No eres un pendejo, solo dejémoslo en un… hombre distraído. —Rodé los ojos ante su tono cantarín—. Además, trabajo con Mike, quizás solo vino a traerme —murmuró Bella mirándose las uñas despreocupadamente.
—Claro, y yo soy un santo.
—Definitivamente eso tampoco. Pero bueno, no te vas a bajar a matar a Mike, puede encontrarse en el auto… nada más. —Miré hacia el Nissan antes de maldecir. Estaba estacionado demasiado lejos como para alcanzar a ver quién se encontraba en su interior.
—No lo voy a asesinar siempre y cuando esté: A) Durmiendo dentro del auto en posición fetal con la barbilla apoyada en las rodillas; o B) Lo bastante loco como yo para solo estar observando tu casa.
Lo juro. Estaba analizando con Bella las opciones un segundo, sin embargo, al otro me encontré a mí mismo caminando en dirección hacia ellos. La zona era amplia, pero a pesar de que estaba oscuro, cualquiera podría ver la figura de un hombre furibundo caminando en plena calle. Fui vagamente consiente de la desastrosa forma en la que iba a terminar todo esto, me vi ahorcándolo, arrancando su cuerpo lejos de mi chica. Me detuve. Respiré hondo sacudiendo la cabeza en un intento por centrarme. El aroma a lluvia fresca y bosque logró despejarme un poco la embotada mente.
El problema era ese pequeño detalle en el que no solo la voz de Bella zumbaba en mi cabeza, de hecho… eran muchas. Solo que con los días yo había logrado rescatar una sola y obedecer a la que se parecía a la de ella. Pero cuando perdía el control, como en este preciso momento, esas voces parecían levantarse en armas y formar toda una revolución dentro de mi cabeza. El viento me movió el cabello, el aire frío colándose hasta mis huesos logró que al final la mente dominara sobre la materia.
—Noto cierta propensión de tu parte a perder los estribos —canturreó ella, nos habíamos detenido no muy lejos del auto, y ahora me estaba lanzando una de sus tantas famosas miradas asesinas—. Escúchame, solo somos compañeros de trabajo, compañerosdetrabajo.
Exhalé despacio. La voz de Bella me tenía reflexionando sobre todos los pensamientos que resonaban en mi interior. Eran compañeros de trabajo, solo eso… De pronto me detuve a media idea, al percatarme de que estaba moviendo los labios como hablando malditamente solo. ¿Qué mierda? Dios, esto era el colmo. Me repetí que tenía que marcharme sin importar lo que tuviera que hacer, así que di media vuelta… y me escabullí en el bosque.
Resguardado como un puto acosador bajo las sombras, me acerqué sigilosamente al Nissan. Desde mi lugar pude observar que… estaba malditamente solo. Me temblaron las manos y peor aún, algo comenzó a sacudirse en mi interior, como un gran movimiento sísmico en mi corazón. Némesis comenzó a reírse justo al tiempo que el sonido de más risas retumbaban en la silenciosa calle, me sobresalté, entonces escuché una puerta abrirse, por lo que disparé una mirada a la casa de Isabella, donde dos personas iban saliendo.
—Gracias otra vez, Mike. —Bella le sonrió de aquella manera que estaba provocándome delirios, antes de darle un abrazo al tipo.
—Por nada, mañana iremos por tu camioneta, estoy seguro que papá ya llamó a Billy, te la tendrá lista cuanto antes.
—Dale gracias al señor Newton de mi parte, han sido muy amables.
—Amable fue que me invitaras a cenar. —El puto lo dijo con tanta ilusión que estuve a nada de vomitar.
—No fue nada. —Se encogió de hombros, una sonrisa amable instalada en su rostro.
—Eh, Bella… —El puto sonaba nervioso—. Me preguntaba… ¿en qué iras mañana a la escuela? —A mi lado, ella se rio suavemente entre dientes.
—¿Te acuerdas cuando iban como ochocientos pasos delante de ti, Cullen?
—Yo… bueno… —Bella mordisqueó su labio nerviosamente—. Supongo que papá me llevará…
—No se hable más, vendré por ti —canturreó ese mierda.
—¿Te acuerdas cuando te quitaban a tu chica frente a tus narices?
—Cállate —siseé, sin dejar de mirar la escena frente a mí.
—Bueno, eso sería estupendo, muchas gracias otra vez, Mike… yo… ahora será mejor que ya me vaya a dormir, tú sabes, a papá no le gusta que ningún chico esté por aquí tan tarde.
—No, claro que no, y ciertamente no ese puto malnacido —susurré hacia Némesis, quien me miró con una sonrisa divertida.
—O tú, no te vayas tan lejos.
Suspiré ante sus duros comentarios, después de eso, el puto medio regresó a su automóvil dando saltos felices como el afeminado que era, me costó todo el control del universo no abalanzarme sobre él en ese mismo instante.
—¿Vas a subir a mi alcoba o qué? —preguntó ella distrayéndome de pensamientos, el suficiente tiempo para que Newton se fuera de mi vista. Respiré hondo mirando hacia donde estaba la única luz encendida, y en ese mismo momento tomé una decisión.
—Bueno, ganaste otra vez, Bella.
Pasaron horas quizás, para que Isabella fuera a su alcoba, la luz de la cocina estuvo encendida el suficiente tiempo para que comenzara a impacientarme. Finalmente cuando se iluminó su habitación, por suerte fue cuestión de minutos para que apagara la luz, y solo por si acaso, esperé media hora más en lo que, según mis cálculos basados en el estudio del sueño, tardaría en dormirse.
—Déjate de ridiculeces y apresúrate —regañó Némesis.
—Quizás tampoco debería de subir a espiarte —dudé—, todavía estoy a tiempo de no convertirme… en algo mucho peor de lo que ya soy.
—Vamos, será solo un vistazo. —De pronto, me acometió la extraña sensación de que una mano acariciaba mi nuca, alentándome—. No es como si no hubieras subido o bajado por aquí antes.
—Tienes razón —murmuré, mirando la casa por última vez antes de salir de mi precario escondite.
Así que aquí estaba, escalando el puñetero árbol que me llevaría a su alcoba como el acosador pervertido de mierda en el que me estaba oficialmente convirtiendo. Pronto me di cuenta de que por la falta de práctica estaba armando mucho jaleo, y el crujido de las ramas era aún peor, la lluvia incluso comenzó a castigarme, pero no había nada que hacer. No iba a desistir. Lo único que cabía esperar era que pudiera terminar de subir antes de que llegara Charlie de su turno. Aferré las manos a una fuerte rama, valiéndome una soberana mierda el tirante dolor que me provocaron las pequeñas astillas al incrustarse en mi piel. Si tardaba mucho más, estaría en peores apuros de todas formas.
—No pienses en quién puede estar escuchando y preguntándose ¿quién es el simio que anda escalando árboles en mitad de la noche? Piensa en Newton. Piensa en… asfixia.
Sip, no por nada le decía "Némesis" al pequeño demonio poseído que se encontraba revoloteando a mi alrededor, alentándome a subir.
—Oye… ¿y qué pasará mañana cuando Mike venga por mí? Seguro solo será el inicio de nuestro noviazgo.
—No lo creo.
—¿Y qué pasaría si decido que sí? Todo mundo tiene sus deslices. Mencionaré un ejemplo al azar… mmm… el que tú estabas a punto de cometer con Tanya. —Respiré hondo.
—¿Sabes qué me gustaría más en el mundo?
—No, y no me interesa, mejor responde: ¿qué pasaría si...?
—Cállate —la interrumpí—. Cállate ya, maldita loca.
Respiré a través de los dientes apretados, tenía que malditamente dejar de hablar si pensaba pasar por sigiloso. Caí con cuidado en su balcón sin un plan bien definido, solo quería saber cómo estaba, solo quería verla, en este momento necesitaba respirarla.
Toqué el frio cristal y le di un suave empujón. La puerta se abrió con facilidad gracias a que ella, como siempre, la dejaba sin seguro. Antes lo hacía para que la visitara, ahora tendría que dejar mensajes subliminales a su alrededor que le indicaran que debía cerrar puertas.
—"Los acosadores están por todos lados, yo que tú, cerraba la ventana". —Se carcajeó ella a mi lado—. Esa sería una buena nota para leer, nada alarmante —siguió riéndose—. ¿Cuándo empezarás a dejármelas?
Entré silenciosamente y a ciegas, tratando de no tropezar con nada. No había dado más que un par de pasos cuando la vi en su pequeña cama, sus largas y tonificadas piernas enredadas en la oscura sábana. Fue como un golpe físico, ella lograba desestabilizar todos mis sentidos. Su habitación era exactamente como la recordaba. Pequeña, ordenada, limpia y olía de esa forma que provocaba que se me hiciera agua la boca. Nada había cambiado.
—Solo nosotros.
Y en ese mismo momento me sentí asqueado conmigo mismo. Al recordar que había estado antes aquí, sobre esa cama, más específicamente, sobre Isabella. No pude evitar un escalofrío ante el súbito e inesperado recuerdo. Habíamos tenido sexo justo ahí, innumerable cantidad de veces, aprovechando los extenuantes turnos de su papá. Cerré los ojos y me relamí los labios al probar el sabor de Bella en el aire; era frutal y siempre me hacía querer más. Sabía que era un bastardo por lo que estaba haciendo ahora, invadiendo su espacio. Incluso más aún por todo lo que le había hecho, pero no pude evitarlo y de pronto, intoxicado por su aroma, me encontré sumergido en todos aquellos recuerdos.
Recordé algo en particular, algo que siempre me cazaba en sueños, cuando lograba tenerlos, claro, y esa era la forma extraña en la que me miraba con sus oscuros ojos cuando teníamos sexo. Su rostro se contorsionaba en una mezcla de placer y dolor mientras la iba penetrando hasta que llegaba a su límite, la forma agónica en la que un gemido apagado abandonaba sus labios, escuchar su respiración pesada mientras yo gruñía por tener que expandirla así cada vez, siempre temiendo venirme antes siquiera de empezar por culpa de que era estrecha, demasiado para ser verdad.
Y mientras me enterraba pensaba que era mía, mientras empujaba pensaba que era solamente mía, y el pensamiento me consumía enloquecidamente. Nadie la había tocado de esa manera antes que yo, nunca había tomado el sabor de otro hombre que no fuera el mío. O al menos eso creí por mucho tiempo. Y precisamente por esa absurda creencia, me invadía esa nueva y extraña sensación posesiva de mierda, porque pensaba que Isabella no era como ninguna de las demás porristas, no era como ninguna mujer que me hubiera cogido antes. Ella nunca anduvo alrededor buscando un polvo del mariscal de campo que era yo, tenía a Mike Newton por novio, la primera vez que vi a Isabella me pareció silenciosa e incluso a veces hasta tímida, raras veces siquiera me dirigió una mirada. Su cuerpo esbelto y sus pechos demasiado grandes para su pequeña figura arrancaban miradas de todos mis compañeros del equipo, y no podía soportar que todo aquello le perteneciera a un perdedor como Newton, el malnacido que era yo en ese entonces lo consideraba como una burla.
Después, cuando el puto quiso sobrepasarse con Bella en aquella fiesta, y yo junto con mi hermano estuvimos en el lugar preciso para evitarlo, fue que dejé de desearla platónicamente para hacer realidad mi deseo de estar con ella, para consumirla por completo como tantas veces imaginé mientras no era mía. Y yo, el hijo de puta que no estaba acostumbrado a perder en nada, la había conseguido por fin. Así que cuando discutimos una noche y ella tuvo que mencionar que yo no fui malditamente el primero, se podría decir que enloquecí. Sí, esa fue la primera vez que enloquecí. Durante nuestra relación traté de que eso no me afectara, tampoco yo era virgen, no tenía ningún derecho en sentirme así, sin embargo en el delirio y el placer de saber que lo había hecho primero con otro, mientras estábamos enredados en las sábanas, siempre me hacían ser inconscientemente brusco con ella, me repetía que era porque la había cazado por meses y por eso estaba muerto de hambre, por eso me deleitaba con mi pequeña presa una y otra vez. Pero muy en el fondo, sabía que no era por ello, y esos pensamientos oscuros eran los que me impulsaban a cogérmela duro y hacer que el dolor prevaleciera en ella hasta el día siguiente. Sin embargo, aún en mi precario, posesivo y neandertal estado, era bastante consiente de que me habría detenido si ella me lo hubiera pedido.
Pero nunca lo hizo.
Al principio era dócil, incluso rayando en lo sumisa, pero de vez en vez me dejaba ver lo que verdaderamente era. A veces elevaba su cuerpo para encontrarse con cada embate y chocar contra mis caderas, ella podía ser increíble en el sexo. Después me di cuenta de que no era ninguna mojigata, no era una chica dócil, daba igual que pedía, Bella envolvía sus esbeltas piernas a mi alrededor pidiendo por más, me forzaba a empujar más duro contra ella. Isabella me besaba siempre de forma profunda, apremiante, con un bajo gruñido que vibraba a través de nosotros, dejándome sin aliento por su intensidad. Entonces abría sus oscuros ojos antes de venirse para que yo pudiera mirarla alcanzar el orgasmo, pozos llenos de deseo que prendían más a mi enloquecido neandertal. Ella me consumía con solo una mirada. Era algo que nunca me había pasado con nadie, jamás. Era como si ambos cayéramos en un frenesí que nos consumía enteramente.
Respiré hondo, el olor toxico mezclado con los recuerdos sacudiendo mi cuerpo. Estaba asombrado de la forma infernal en la que pensaba antes, no solo quería a Bella para mí, quería consumir su alma, quería fundirme a ella.
—¿Edward? —Su voz esta vez fue real, dejándome congelado en mi sitio. Mi corazón latiendo a tal grado contra mi pecho que pude escucharlo en mis oídos. En un segundo tenía la boca seca. Entonces ella se giró suavemente, quedando su espalda contra el colchón. Sus ojos aún cerrados—. ¿En dónde estás?
Dios, pellizqué el puente de mi nariz. ¿De qué servía intentar mantenerme lejos de ella si de cualquier manera me recordaba en sueños? Ella ya me lo había dicho y yo…
—Como siempre, no escuchaste. —Némesis se detuvo al pie de la cama, y luego gateó un poco hasta recostarse sobre Isabella real, fundiéndose en una misma—. Eres tan necio, ¿no ves que te estoy buscando?
Desvié la mirada pero solo conseguí encontrarme con sus abundantes pechos expuestos. La desgastada y ajustada camiseta que usaba para dormir me dejaba ver la suave curva de sus senos, recordándome lo grandes que eran incluso sin sostén. Mis manos picaron por tocarlos, quería sujetarlos entre mis manos para ver de nuevo como apenas lograba abarcarlos, para comprobar como sus pezones se ponían duros ante mi tacto. Quería lamer la delicada piel que los separaba. Quería morderlos de nuevo, lamerlos, succionarlos hasta que ella se viniera duro tan solo con mi boca en sus pechos. Continué ahí, hundido en recuerdos por unos segundos más, hasta que la risa escandalosa de Némesis en mi oído logró sacarme de mi trance.
—No has cambiado nada, bebé. ¿Lo ves? Eres nocivo, no te conformas con haberla fastidiado ya, quieres consumirme de nuevo hasta quemarme como la luz a las polillas.
No me quedé más tiempo después de eso. No iba a permitir que ocurriera todo de nuevo… aunque ella me soñara. Tenía que malditamente largarme. De nuevo mis pensamientos chocaban unos con otros mientras descendía apresuradamente por el árbol, sin duda bajar era más fácil que subir, así que un segundo después me encontré conduciendo como demente, o sea mi estado normal. Pero la verdad es que esta vez se sentía peor, de vuelta a casa no podía concentrarme bien entre todos los susurros, incluso gritos, en mi cabeza, ninguno era coherente y…
El sonido de la bocina de un auto junto con luces incandescentes me hicieron virar violentamente el volante, el Volvo sufrió una fuerte sacudida que me hubiese lanzado directo contra el vidrio si no hubiese traído el cinturón puesto, aun así el impacto logró sacarme el aire al precipitarme hacia un lado de la carretera.
—¡Cuidado, imbécil! —gritó el conductor mostrándome el dedo medio. Eché un vistazo a mi alrededor con los ojos desorbitados.
Puta mierda. Parpadeé incrédulo ante la manera en la que últimamente me desconectaba de todo, respiré hondo rebuscando con manos temblorosas un cigarro. A veces había días como hoy donde me sentía como si mi imaginación fuera un maldito Jenga, que se tambaleaba adelante y atrás, quitar una pieza equivocadamente provocaría que se desplomara contra las demás fuerzas de mi cuerpo. Estaba esperando la reacción en cadena, me sentía cerca.
Tenía que encontrar algo que me mantuviera cuerdo. O que me hiciera parecer cuerdo a la de ya, si pensaba volver a casa. No podía permitirme esta condición y encontrarme con Jasper-jodida-sombra en la entrada. Inspiré con fuerza y dejé caer la frente contra el volante mientras intentaba ordenar mis pensamientos. Amaba a Isabella, ahora lo sabía. Y precisamente por eso estaba tratado de ser lo suficientemente fuerte para dejarla, porque mientras estuviéramos juntos siempre iba a desear no solo su amor, sino su alma, deseaba consumirla.
Pero esta separación no estaba trayendo nada bueno, para prueba, ella de nuevo se había materializado en el asiento del copiloto y discutía acaloradamente los pros y los contras de mi decisión de alejarme. Al final me pareció bien una de sus sugerencias, podía trabajar en ello. Ya que Isabella no me recordaba yo… podría intentar encaminar el futuro hacia otra dirección menos… destructiva.
Esta vez conduje despacio. En casa la fiesta seguía, incluso parecía estar en su máximo apogeo. Rodé los ojos ante el desastre que ya había en la entrada, Rose y Jass estaban jodidos si pensaban que yo ayudaría a limpiar esto, comencé a subir las escaleras hacia mi habitación cuando me encontré con ella.
—¿Qué mierda estabas haciendo allá arriba? —Jessica Stanley se estremeció ante mi tono, incluso se ruborizó.
—Jasper me dijo que estabas en tu alcoba y yo…
—Ese cabrón de Jasper, definitivamente lo odio —siseó Bella.
—Deberías estar en la fiesta.
—Mírate, el ex mariscal de campo aun dando órdenes —suspiré sin quitarle los ojos de encima, asegurándome de que sintiera todo ese desprecio que me provocaba. No le importó, claro—. ¿No estás de humor? Ya sabes… —sonrió en una forma que se suponía que era seductora, pero en ella solo se veía ridícula—…para mostrarme tu alcoba, o algo. —Llevaba puesto su uniforme de porrista con su largo cabello rubio sujeto en una alta coleta.
La odié en ese momento tan solo por vestir como mi Bella imaginaria.
—Será mejor que te vayas. —Ella solo suspiró, por suerte no pareció lucir muy afectada, pero cuando pasó a mi lado murmuró:
—Pronto caerás, te conozco. Los hombres como tú siempre regresan.
Esa noche, tampoco pude dormir. Saber que yo era nocivo era una cosa, pero que los demás también fueran conscientes de ello, era insoportable.
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—Ahí está otra vez ese fulano con su jodido pelo desteñido —murmuré la mañana siguiente al ver a Newton bajar del Nissan y abrir caballerosamente la puerta para Isabella.
—¿Vas a permitir eso? —preguntó Sombra, mirando con recelo también la escena. Si le dijera que siempre estaba al borde de asesinar a Newton seguro se asustaría, así que intenté parecer tranquilo, aunque dudaba que mi voz sonara suave como esperaba.
—No tengo otro remedio, la he cagado hasta el fondo. —Efectivamente, mi voz tensa y oscura lo alertó. Tiré nerviosamente de mi cabello—. Ahora no puedo pararme solo por ahí y golpear su rostro sin motivo aparente alguno.
—Sí, creo que esa no es buena idea —se rio—. Por cierto, Bella se ve mejor sin maquillaje.
Suspiré ante el cumplido de mi hermano. Sí, mi chica se veía increíble ahora en este estado más natural, sin maquillaje sobrecargado, incluso se veía diferente con la ropa casual y no siempre el uniforme de porrista. En el asiento de atrás, Némesis refunfuñó robándome una sonrisa. Pero Bella era consciente de su belleza también, lo noté mientras acariciaba el brazo del puto, sonriéndole de esa puñetera manera que me estaba volviendo loco. No era de esperarse que se sintiera ofendida cuando le dije que la última persona que me fijaría en el mundo sería ella.
—Sin duda se ve mucho mejor —murmuré, desviando la mirada de su tentadora silueta.
—Está claro que tampoco recuerda a ese cabrón —espetó Jass antes de reírse entre dientes—. No eres tan especial, ¿lo ves?
—Eso me preocupa realmente, Jasper —siseé sin una pizca de humor—. Esto no es un juego, ella no puede volver a salir con él, no hay nadie que le advierta lo que pasó entre ellos para que terminaran su noviazgo, en realidad solo tú y yo estábamos ahí.
—¿Y por qué no vas y se lo dices? —Sacudí inmediatamente la cabeza en forma negativa.
—¿No lo entiendes? —pregunté exasperado—. No puede ir un cabrón como yo a advertirle sobre otro cabrón, no tiene lógica.
—Tienes que barrer de esa cerrada mente tuya las palabras de Charlie. —Esta vez sí me reí, aunque fue un sonido lleno de ironía.
—No dijo nada que no fuera verdad.
—No te conoce —aseguró, mirándome con aquellos penetrantes ojos azules. «Tampoco tú» pensé.
—Pues me describió a la perfección.
—¿Entonces solo la dejarás salir con él y ya? —inquirió sonando incrédulo.
—No me presiones —gemí.
Deslicé nerviosamente las manos por mis vaqueros oscuros, como si hubiera ahí arrugas e intentara quitarlas, y fue en ese preciso momento que entendí que estaba bien quedarme con ella. Quizás era absurdo, quizás era otra de tantas justificaciones de mi mente, pero al menos Bella estaría más segura conmigo que con ese puto de Newton que había intentado abusar de ella en una ocasión. Podía intentar ser su amigo, temporalmente, yo podía ser algo así como eso. Jasper notó el cambio en mi expresión.
—¿En qué estás pensando?
—¿Ahora mismo? —Él asintió—. Estaba pensando en que puedo intentar ser su amigo, hasta que me recuerde y entonces todo se vaya a la mierda otra vez.
—Oh, no hermano, eso no —pidió afligido, incluso se revolvió en el asiento—. Alice me va a matar si te ve por ahí intentando fingir que nunca fueron novios y que apenas vas a conocerla, tienes que darme un respiro, por favor, hazlo por mí.
—Newton no me deja otra opción —murmuré, viéndolos bastante jodidamente sonrientes mientras desaparecían camino a clases—. Sabrás manejar a tu fiera, después de todo eres el listo de la familia.
—No, no estoy de acuerdo. —Sacudió la cabeza frenéticamente—. En dado caso, preferiría pedirle a Alice que intente retomar su amistad y así sea ella quien le cuente la clase de mierda que es Mike —pidió, sonando como si estuviera al borde de una crisis de pánico. Hice una mueca.
—Te doy hasta el viernes, y si no puede, seré yo quien lo intente y Alice tendrá que malditamente entenderlo. No voy a permitir que ese puto intente abusar de ella de nuevo.
—Aquella vez estaba tomado, ¿lo recuerdas? Estoy más que seguro que entendió su lección…
—Y si no la entendió, esta vez sí voy a matarlo.
—Te estás portando como un loco —siseó incrédulo. Me reí entre dientes.
—Si supieras, Jaspercito —canturreó Bella.
—Hasta el viernes, es mi última palabra.
Jasper siguió gruñendo un par de maldiciones en nuestra clase de inglés, pero al menos aceptó nuestro acuerdo. Así que un poco más tranquilo llegué a biología, donde toda paciencia abandonó mi cuerpo al verlos sentados ya juntos para la práctica que al menos hoy terminaban.
—Aproveché que hoy es tu día libre para pedirle a papá el mío —canturreó el puto con una sonrisilla.
—Seguro no batallaste. —Bella siempre había sido sarcástica, aunque acompañara aquellas duras palabras con una tranquila sonrisa.
—Pues no —se rio, ya sea ignorando el sarcasmo o no entendiéndolo, probablemente lo último—. Ser el hijo del dueño tiene sus ventajas. Entonces, dado que tú me diste de cenar ayer, estaba pensando que podemos ir a comer hoy.
—¿De verdad Mike piensa? —inquirió Némesis apuntándolo.
—No es necesario…
—Por favor, solo es una simple comida, ¿te gustaría algo italiano, Bella? —La última palabra la dijo intentando sonar como un italiano, lo que hizo que tanto Némesis como Isabella rodaran los ojos. Sin embargo me sorprendió diciendo:
—Comida italiana está bien.
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Eran las puñeteras cuatro de la tarde y me estaba muriendo de sueño.
En otras circunstancias no me habría importado, pero claro, tenía que salir justamente hoy el sol a esa hora en la que yo me encontraba dentro del auto, el ambiente tibio y reconfortante estaba haciendo que se me cerraran los párpados mientras esperaba a que esos dos llegaran al restaurante. Y con eso, mi mal humor estaba subiendo de nuevo a esos niveles insospechados. Traté de relajarme para no recurrir a mi tan escaseado medicamento, pensando en lo que había hablado con Jasper. Si mi hermano conseguía que la perra de su novia hablara con Bella, yo podría permanecer igual, alejado y librando mi lucha diaria por no hablarle...
—Deberías encontrar otra afición que espiarme, ¿no te gusta leer? —Suspiré sin dejar de mirar el restaurante italiano.
—Leí que cuando uno desea mucho algo, puede provocar una alteración de conciencia capaz de generar algo que no existe. —La miré antes de abrir el frasco con mis pastillas y sacar una—. ¿No te suena?
—Una descripción perfecta de mí, listillo Cullen. Y hablando de alteraciones, ¿volverás al americano? —Rodé los ojos antes de tragarme la pastilla.
—Que no. ¿Por qué esa obsesión por el deporte?
—No sé. —Se encogió de hombros, riéndose ligeramente—. Muy dentro de ti, siempre estás pensando en ello. Y por cierto, llegarás tarde con la zorra Esme.
Mierda. Pasé una mano nerviosa por mi cabello. Había olvidado por completo que hoy me tocaba ir con Jacob y la maestra no toleraría mi falta de responsabilidad en nuestro trato. Dios, de verdad que no quería irme sin antes verlos, quería seguir torturándome mirando a esos dos, quería incluso llegar al punto donde el puto la tomara de la mano, para así saltar sobre él en ese mismo instante...
Y de pronto, pasó lo que venía esperando. El automóvil jodidamente reluciente de Newton se detuvo justo frente al restaurante. Acto seguido, lo vi trotar rodeando el Nissan hacia el lado del copiloto para abrir la puerta, como el jodido caballero que no era. Primero vi, oh-mierda... Si Bella llevaba esos zapatos había posibilidades de que... No, ese vestido no. Por favor, por el amor a Cristo, ese puñetero vestido no... Sabía perfectamente que no había forma de que tuviera fuerza de voluntad para soportar aquello justo este día.
Llevaba una hermosa gabardina blanca y sonrió cálidamente al puto mientras la ayudaba a bajarse, luego Newton deslizó una mano hacia su espalda baja y la condujo dentro del restaurante. El encargado los recibió con una sonrisa. La miré fijamente mientras le entregaba la gabardina y acto seguido los condujeron a su mesa.
Me estaba cargando el infierno. Esa mujer era la mayor tentación del mundo. Y sí, llevaba el vestido azul. Con un escote bastante pronunciado que acentuaba la suave piel de su cuello y las clavículas, la tela oscura pegándose perfectamente a esos pechos grandes y deliciosos. Cerré los ojos con fuerza ante la risa alegre de Némesis muy cerca de mi oído.
La falda le llegaba justo por debajo de las rodillas y era lo más sexy que había visto en mi miserable vida. No es que fuera provocativo en sí mismo, no se veía como la zorra de Jessica, jamás se vería así, pero había algo en el corte y en ese maldito azul, con el cabello suelto que la hacía verse tan virginal. Cuando éramos novios y se lo compró para asistir a una comida en casa, me tuvo como un maldito salvaje en celo prácticamente todo el día.
Al descubrir el espantoso efecto que su elección de atuendo había provocado en mí, la muy cabrona se lo ponía para cualquier cosa, y siempre se dejaba el pelo suelto cuando lo llevaba. Cerré los ojos, mi respiración se había disparado al recordar una de las veces cuando le había quitado todos los broches del cabello para poder sujetárselo mientras me la cogía como un demente… y con el vestido aún puesto. Así que sí, ese vestido era la ruina de mi existencia, la delgada línea entre ser solamente un loco y un psicópata. Verla ahí toda sonriente, con mi puñetero vestido siendo lucido para otro bastardo, me estaba mandando al abismo. Con manos temblorosas me tragué otra pastilla y luego encendí el auto para largarme a la mierda antes de cometer homicidio.
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—Edward.
La maestra Esme sonrió cálidamente como siempre, y por alguna razón yo también sonreí, más que nada porque me gustaba como olía su casa. Aquello disipó mi mal humor momentáneamente.
—Eso no le quita lo zorra —siseó Bella mientras entrábamos.
—Hice un poco de galletas, ¿te traigo algunas?
—Eso sería estupendo —mentí. No tenía hambre, pero tampoco iba a convertirme en un cabrón descortés, así que nos encaminamos hacia la sala, donde naturalmente, Jacob ya estaba ahí asesinando el piano—. Hola, Jake.
Él solo elevó ligeramente el mentón en forma de saludo, la forma en la que hundía los dedos contra el piano me hizo pensar cómo sería el infierno de los sonidos, seguro no estaba muy lejos de esto. Jacob Platt era el mismo diablo personificado.
—No. —Pellizqué el puente de mi nariz—. Primero Do, luego La, La, Re.
Jake me miró, sus enormes ojos negros chispeando de alguna diabólica manera antes de presionar las teclas de esa forma estruendosa sin sentido que casi lograba que pusiera su pequeña cabeza contra las teclas del piano y cerrara la cubierta una y otra vez sobre ella.
—Violento, bebé, eso es un pensamiento muy violento incluso para ese pequeñuelo —canturreó burlona, provocando que mi pie adquiriera esos locos saltos de ansiedad.
Dios, es que siempre me ponía de mal humor.
—¿Ni siquiera te pasó por la cabeza que esto me parecería interesante? —preguntó Bella, quien ahora estaba recostada en el piano
El largo cabello chocolate caía incluso por las teclas, tenía las manos apoyadas en sus mejillas y me miraba con una sonrisa. La miré una sola vez antes de encogerme de hombros mientras le enseñaba a Jake una vez más lo que tenía que hacer. Tres vasos de coca cola después y un par de galletas, por fin le salió la mitad de la canción, ya era jodidamente algo.
—¡Bravo, Jake! —canturreó Esme, incluso aplaudiendo al ver los escasos progresos de su hijo—. Con dedicación, serás todo un Mozart.
—Ella es toda una entusiasta, seguro que también cree en los unicornios —se burló Bella antes de rodar los ojos, haciéndome sonreír.
—Me tengo que ir maes… —me corregí al ver su mirada—. Esme.
—Está bien, Edward. —Me acompañó a la puerta, pero antes de abrirla para mí, se dio la vuelta y elevó la mirada para encontrarse con mis ojos—. Y… ¿cómo esta Carlisle?
—Ya no es el doctor Cullen. —Bella elevó una ceja—. ¿Te acuerdas cuando te hablé del coqueteo?
—Mañana regresa de la convención. —Ella asintió antes de, inesperadamente, poner sus pequeñas manos sobre mi pecho.
—¿Y tú cómo estás? —Parpadeé, mirándola confundido.
—Te lo dije, es una pedófila. —Bella la miró furiosa.
—¿Yo?, pues bien… —murmuré algo tenso, pasándome una mano por el cabello. Su intensa mirada verde logrando ponerme nervioso.
—¿Sabes? Eres un buen chico, lo puedo ver, no importa lo que diga el oficial Swan.
Aquella declaración me tomó realmente por sorpresa, me estremecí antes de retirar suavemente sus manos de mi pecho.
—Eh…. ¿Gracias?
—¿Por qué lo estás preguntando? —Me miró confundida—. ¿Acaso de verdad lo dudas?
—El oficial tiene sus razones para… expresarse así de mí. —Sacudí la cabeza intentando no pensar en ello.
—¿Cómo cuáles? —Suspiré mirando a Némesis, que se encontraba al lado de la maestra. Ella dio unos ridículos saltos levantando la mano para hablar.
—Maestra, yo, por favor deme la palabra… Bueno, las podemos enumerar. Uno: casi nos mata en un accidente. Dos: pésimo novio. Tres: anhela consumir mi alma. Cuatro…
Respiré mortificado al escucharla, siempre golpeándome con lo que no había hecho, con lo que debería haber hecho, con lo que podría haber hecho, o con lo que debería estar haciendo. Siempre asegurándose de que no me olvidara de toda la mierda que me afligía.
—Yo… —titubeé, pasándome una mano por el cabello, las insistentes quejas de Bella provocándome jaqueca—. No… no quisiera hablar de eso.
—Supe que el accidente fue porque venías tomado. —Sus ojos verdes carentes de toda emoción me sacudieron como si me hubiera dado una descarga eléctrica, incluso la miré literalmente con la boca abierta.
—¿Cómo sabe eso? —Ella rodó los ojos como si fuera algo que tendría que saber.
—El oficial Swan nos lo dijo cuando pidió que no te sentáramos cerca de Bella, de ser posible ni siquiera en el mismo salón. —Suspiré, retorciéndome un poco en mi lugar.
—¿No considera esa una razón suficiente para que Charlie se exprese mal de mí?
—Por supuesto que no —afirmó tajante. La miré incrédulo.
—¿Por qué?
—Ya te lo dije. —Se encogió de hombros—. Para mí eres un buen chico, estuvo mal que tomaras y manejaras, fue demasiado imprudente, pero eres joven, fue un accidente. Ambos están bien. No tiene por qué hacer todo este alboroto.
—Como dije, es toda una optimista. Se nota que no te conoce. —Justo cuando las palabras de la maestra estaban trayendo un ligero consuelo a mi estatus, ella tenía que arruinarlo—. No es que lo arruine. —Me miró, cruzándose de brazos—. Es que alguien te tiene que recordar la clase de hijo de puta que eres, no te mereces ni siquiera la lástima de la pobre maestra.
—Bella perdió la maldita memoria por mi culpa.
—No. —La maestra elevó un dedo—. La está bloqueando, que es diferente.
—Por algo lo hace, en fin, yo… Será mejor que me vaya.
—¿Y por qué no aceptas un poco de ayuda?
—¿Yo?
—Ajá.
—Porque no la necesito, no estoy loco. —He ahí mi mejor interpretación de una persona cuerda, si le dijera la carcajada que acababa de soltar Bella a mi lado, seguro la maestra ya habría corrido a buscar una camisa de fuerza.
—¿Y quién dijo que necesitas un psiquiatra? —murmuró, una suave sonrisa extendiéndose por su rostro—. Yo decía algo como platicar tú y yo sobre eso, nada fuera del otro mundo. —Iba a contestar con un no rotundo cuando ella finalmente abrió la puerta—. Que descanses, me dio gusto conversar contigo, Edward, y gracias por todo. —Fruncí el ceño ante su repentina forma de despedirme, pero no agregué nada antes de salir de ahí.
Sin embargo, en casa las cosas tampoco fueron fáciles. Papá había llegado un día antes, así que me senté a platicar con él, siendo bastante consiente de su escrutinio. Para que mi mejoría se notara, me forcé a cenar, aunque más de una vez tuve que respirar hondo y tomar bastante agua para no devolver la comida, incluso conversé con mis hermanos.
Actué como si todo estuviera bien, pero con cada minuto me sentía menos y menos bien. Era como si tuviera astillas bajo la piel. Finalmente fui a mi habitación, donde no pude dejar de pensar en otra cosa que en el puñetero vestido azul de Isabella, y la forma como seguro el puto la estaba mirando. ¿Qué mierda estarían haciendo?
—Seguro besuqueándonos apasionadamente, él deslizando sus asquerosas manos por mis muslos, obligándome quizás otra vez a hacer cosas que no quiero… ¿Sí sabes cuáles cosas o quieres que las describa?
Tomé el jodido control remoto de mi estero y puse a todo volumen la música. "Never Think" tronó en la habitación. Pero no funcionó. Al contrario, cuando Bella empezó a tararear:
—Salva tu alma, antes de que no se pueda hacer nada…
Rápidamente cambié de canción, esta vez sonó Claro de luna. Pero de nada sirvió, a Bella le gustaba Debussy. Némesis comenzó a bailar alrededor de mi cama, su largo cabello se movía con cada pirueta que daba, sus delicados brazos se mecían con elegancia y su falda de porrista rasgada se agitaba con el ritmo de sus movimientos. Bella se estaba riendo mientras bailaba.
Estaba absolutamente jodido.
Quizás si me dormía, quizás si dejaba de una buena vez las pastillas, podría dejar de escucharla, de alucinarla. Dios, estaba pensando hasta platicar con Esme si aquello ayudaba a mejorar la situación.
—No puedo creer que ya no te guste nuestra relación —murmuró acostada a mi lado, ahora estaba mirando fijamente el techo—. ¿Por qué es eso?, ¿porque te recuerdo lo absolutamente bastardo que fuiste conmigo? —No respondí—. Ah discúlpame, debí decir cosas como "debes sentirte muy orgulloso por lo que hiciste". ¿Eso quieres? Pues jódete.
¿En qué mes estábamos? Ah sí, Abril… lo que significaba que pronto serían las vacaciones de verano, y con ello no vería a Isabella. Ya no sabía si sentirme aliviado por ello o de nuevo a punto de enloquecer. Dado que este día había sido una mierda, me permití otra pastilla. Problemas extremos necesitaban soluciones extremas. Esa última Prozac me cayó de maravilla.
Ahora estaba lo suficientemente aturdido como para sentir que el aire a mi alrededor era una especie de bruma densa y se expandía por toda la habitación, logrando que ni siquiera pudiera ver a Némesis, la ventana que buscaba para abrirla y poder fumarme un cigarro cada vez se veía más lejos, unos pasos, unos metros, ¿unos kilómetros? Respiré hondo, esto estaba bien, de hecho encontraba alivio en este estado donde no sabía distinguir ya las cosas reales de las que no. Era mejor sentirse flotando que hundido.
En una mano tenía un cigarro, en la otra las Prozac. Leí las pequeñas letras: Fluoxetine se usa en el tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo… Me reí porque cada vez me sentía más obsesivo compulsivo que nunca.
.
.
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Hoy no podía simplemente ignorarla. Y el puto… Decir que me tenía al borde del asesinato era poco.
La mañana había empezado mal, desde que amaneció lloviendo como una tormenta. Las quejas de mi hermana sobre el frizz quedaron opacadas por la palabra "esponjado", tengo "el cabello esponjado" más específicamente. Jasper no se quedó atrás al decirme que Alice no estaba logrando muchos avances con Bella y necesitaba más tiempo, y ahora, justo mientras miraba al cabrón de Mike, sentí que todo el piso vibraba a causa de los locos saltos de mi pie.
—Entonces supongo que no recuerdas aquella vez que nos escapamos a la Push.
—No… la verdad es que no —respondió Bella, como siempre, luciendo interesada por conocer cualquier cosa del pasado.
—Estábamos todos aburridos y fue Eric quien sugirió que nadáramos un poco. —Por Dios, ese cabrón le seguía implantando recuerdos del pasado, como malditas larvas en el cerebro.
—Suena a que nos divertimos.
—Supongo que tampoco recuerdas aquella vez cuando Lauren se puso tan borracha que te vomitó encima.
—Gracias a Dios, no.
—Qué lástima, me reí tanto. ¿Te acuerdas aquella vez que nos escapamos de física?
—No, al parecer me estaba volviendo una incumplida —murmuró pensativa más que intrigada, como había sonado al principio.
—Nada de eso, y por cierto, quizás quieras ir hoy a la fiesta del equipo, es previo a que ganemos el campeonato, estamos seguros. —Bella se mordisqueó el labio.
—Hum, bueno… suena bien. Hacer nuevos recuerdos me parece mejor que intentar recordar los pasados. —Los ojos de Mike se iluminaron.
—¿Ganar el campeonato con un brazo como el de Newton? —se carcajeó ella.
—Pasaré por ti a las diez.
—¿Tan tarde? —preguntó, sonando ligeramente ofuscada, el puto frunció el ceño.
—Puedo pasar más temprano, claro.
—Mejor —asintió Bella mientras mi corazón tronaba con fuerza dentro de mi pecho.
—¿Te acuerdas cuando quedabas fuera del juego? Touchdown, bebé. Game over, se acabó, se ha terminado…
Ignoré a mi pequeño Némesis sarcástico mientras la cabeza martilleaba de esa manera espantosa contra mis sienes. No podía simplemente permitir eso, no podía dejar que ella volviera a enamorarse o… lo que sea que estaba pasando con Mike, así que tan solo se terminó la clase, me encontré recorriendo los concurridos pasillos hasta encontrar a Emmett.
—De hecho, la fiesta es en mi casa —canturreó mientras se pasaba el balón de una mano a otra—. No necesitas invitación, claro.
—No estaba pidiéndote permiso para ir, imbécil. Iré porque Newton pretende llevar a Isabella. —Emmett suspiró antes de dejar caer pesadamente una mano sobre mi hombro.
—¿No crees que él también pudiera tener derecho a conquistarla? Después de todo, tú no quieres saber nada de ella y ellos antes…
—Eran novios, lo sé, y no, no tiene derecho ni siquiera a hablarle.
—No quiero problemas en la fiesta, Cullen. Te lo advierto. —Me apuntó serio, sonando amenazador por primera vez en su vida.
No que me importara.
.
.
En la casa de Emmett no cabía ni siquiera un alfiler.
La fiesta estaba en su máximo apogeo, toda la escuela parecía haber asistido. Mi hermana se encontraba cerca, mirando en mi dirección de vez en cuando como si fuera un loco al que le acaban de quitar la camisa de fuerza. Jasper, a su manera estudiándome también con esos ojos de halcón que tanto odiaba, y su novia no se veía cerca, me pregunté si estaría de nuevo intentando acercase a Bella, quien por cierto hacía ya rato había perdido de vista. Me tomé la cerveza en mi vaso antes de servirme más, y con ese pretexto desaparecer de la vista de mis dos hermanos.
Miré por todo el lugar en su busca, todos se veían ya bastante animados y borrachos, y lo peor, se acercaban a mi como zombis hambrientos.
—¡Cullen, que gusto verte! —Varios de mis antiguos compañeros del americano palmeaban mi espalda a mi paso.
Tuve que sonreír, portarme cortés e incluso detenerme a platicar. Ser normal aquí dependía de como los siameses fueran con el chisme a papá. Bella no estaba por ningún lado, me habría jodidamente alarmado si no fuera porque el puto se encontraba en uno de esos concursos de ver quién podía tomar más cerveza por un tubo inventado. Tampoco me gustó eso, ese cabrón había estado así de alcoholizado la vez que quité sus malditas manos de mi chica, y de pronto, todo esto me parecía un puñetero Déjà vu.
Respiré hondo continuando mi búsqueda, ¿dónde podía estar? Alice ya estaba de vuelta con mi hermano y todo mundo parecía ya lo suficientemente alcoholizado como para portarse de forma coherente. Me salí de la casa, hastiado de que todos estuvieran jodiendo con eso de que debería volver al americano. El aire fresco se sitió bien al golpear mi rostro, estaba prendiendo un cigarrillo cuando miré del otro lado de la calle, ahí estaba Bella y no, no era la alucinación. Estaba sentada, sola, justo en la acera de enfrente.
La verdad no pensé mucho mientras caminaba hacia ella. Solo me sentía malditamente aliviado de encontrarla. Llevaba el largo cabello suelto, un horrible suéter verde cubría por suerte todas aquellas maravillosas curvas que bien conocía, en una de sus manos tenía una cerveza a medio tomar, y cuando sus ojos se encontraron con los míos, los estrechó ligeramente con reserva y desconfianza.
—Parece que no te estás divirtiendo —murmuré, caminando en su dirección.
—¿Qué haces aquí afuera?
—Te estábamos buscando, tonta —canturreó ella mirándola mal. Miré a Isabella rogando porque esta vez pudiera hacer del futuro algo soportable.
—Salí a fumar un poco, ¿y tú? —pregunté, deteniéndome justo frente a ella, así que pensando solamente en el futuro fue que me senté a su lado. Entonces una de sus cejas perfectamente delineadas salió disparada en signo de interrogación.
—¿Éstas son tus maneras de pedir disculpas? —La miré sin comprender, haciéndola rodar los ojos—. ¿Has decidido hablarme otra vez?
—No precisamente, a ambas cosas —expliqué. Ella se rio sin una pizca de humor.
—No sabes lo frustrante que me resulta comprender todo esto. —Entonces me animé a mirarla, ella tenía la vista fija en la casa de Emmett.
—¿Mi actitud?
—Todo en general —suspiró—. Ya te dije que perdí la memoria, solo recuerdo mi vida como era hace dos malditos años. Y para tu información, hace dos años tenía tan solo quince. Así que quizás eso explique porque me siento ebria con tan solo la mitad de una cerveza. —Me reí.
—Eso es jodido.
—No solo eso, no sé cómo portarme en ningún sitio, me veo frente al espejo y no me reconozco. Luego está… Alice, quien jura que era mi mejor amiga, pero no puedo dejar de preguntarme ¿cómo diablos pude hacerme su mejor amiga? A veces me resulta un tanto… superficial, lamento si te molesta mi comentario puesto que es novia de tu hermano… —murmuró apresuradamente, recordando de quién estábamos hablando tan solo me reí.
—No me molesta en lo absoluto. —Ella suspiró pareciendo más aliviada—. ¿Y entonces, qué haces aquí?
—Quise venir porque Mike me agrada, ¿sabes? —En ese momento me miró y fue como demasiado. Su intensa mirada, su aseveración de que le gustaba el puto, estaba a punto de volverme loco frente a sus ojos—. Pero no me explico cómo es que fuimos novios, como él dice.
—¿Te dijo que fueron novios?
—Dice que éramos novios hasta justo antes del accidente. —Pellizqué el puente de mi nariz. Efectivamente, Mike estaba implantando toda clase de recuerdos en Bella, incluso aunque no fueran reales, ella era mi novia justo en ese momento. Di una calada a mi cigarro, esto era mi jodida culpa. Yo le había permitido llegar tan malditamente lejos—. Pero no veo cómo pude ser novia de alguien como Mike.
—¿Qué quieres decir? —inquirí, más interesado por lo que ella tuviera que decir.
—Supongo que él está tratando de ayudarme a recordar, mencionando lo que hacíamos comúnmente… todo el tiempo —suspiró—. Desafortunadamente, Mike no tiene sentido sobre lo que realmente me gustaba… o bueno, lo que me gustaba según como lo recuerdo hace dos años, y me siento terriblemente culpable de preguntarle cosas del tipo: ¿qué fue lo que vi en ti?, o ¿por qué diablos me volví porrista? Siempre he odiado los deportes, soy demasiado torpe…
—Eso no es cierto —la interrumpí—. Eras una excelente deportista.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó mirándome con algo de emoción, di otra fuerte calada a mi cigarro.
—Te llegué a ver.
—Mentiroso, dile que no solo la veías.
—¿Eras un espectador, te gusta también el americano?
—Algo así —susurré, Bella némesis soltó una sonora carcajada en mi oído. Isabella suspiró, mirando de nuevo la casa.
—Por lo que veo, mi relación con Mike era esto, una fiesta tras otra donde un montón de imbéciles se emborrachan, donde todos actúan como idiotas salvo que además juegan americano —se rio con tristeza antes de dar otro sorbo a su cerveza—. No puedo creer que me volviera una porrista. Es frustrante no recordarlo, llegar a casa y ver la colección de trofeos que papá tiene de mí es… —sacudió la cabeza—. Lo peor es ver el orgullo en sus ojos cuando me cuenta como los obtuve.
En este punto probablemente es cuando yo debería decirle que más que la relación que estaba describiendo con Mike, era la nuestra. Un montón de fiestas de esta índole cada fin de semana, nosotros acabando teniendo sexo en la parte trasera del Volvo, si es que llegábamos hasta el auto y no nos perdíamos en algún rincón oscuro de la casa de Emm. Me sentí estúpido. Más de lo que me había venido sintiendo, la urgencia por largarme otra vez picaba mi piel, sin embargo no podía moverme. Una parte de mí quería dejarla para que empezara su vida de nuevo, pero la otra parte, la jodidamente egoísta, quería hacer todo desde cero. ¿Podría fingir un nuevo comienzo?
—Si ves todo esto tan mal, ¿qué haces saliendo con Mike? —pregunté, más que nada porque quería escuchar las palabras que me confirmaran que yo era tan nocivo como ese cabrón. Bella se encogió de hombros.
—Salir con él es fácil, hace de la escuela… un lugar más seguro, por así decirlo.
—¿Qué quieres decir con eso? —Bella me miró como si tuviera cierto grado de retraso.
—Hasta donde recuerdo, hace dos años vivía en Arizona, con mi mamá. De pronto despierto aquí y papá dice que así he venido haciéndolo desde que me mudé con él. —Se rio, ese sonido incrédulo escapando de nuevo de sus labios—. Entonces, aunque se supone que debería estar acostumbrada a este clima, la verdad es que no lo estoy. Siempre tengo frío y uso muchos suéteres. No soy tonta, Edward. Veo como las demás personas me miran, algunas con lástima, otras con incredulidad, pero al menos "mis amigas las porristas" me miran como si fuera un fenómeno.
—Eso no es cierto… —comencé pero ella continuó.
—Mike me defiende de todo eso, es un chico popular, estar con él se siente al menos como si fuera una persona normal, incluso me aceptó de nuevo en su tienda, donde jura que trabajé todo este tiempo, la verdad le estoy muy agradecida.
Y justo ahí comprendí el garrafal error que estaba cometiendo. Al dejarla sola de esta manera, sin ayudarla, sin orientarla, entonces me sentí como un puto egoísta, más de lo que fui durante nuestro noviazgo. Si lo que antes había hecho con ella era malo, lo que estaba haciéndole ahora era imperdonable.
—Mike dijo que éstas eran de las cervezas más frías que había conseguido, y creo que ya se calentó —comentó antes de inesperadamente bebérsela toda—. Mierda, no puede ser que me sienta tan ebria con una cerveza.
—¿Estás ebria? —inquirí lleno de terror, no había puta manera de que se regresara con Mike ahora, sola, ebria… era como aventarle a caperucita roja envuelta en dulce al maldito lobo.
—Un poco, ¿sabes? Los doctores mencionaron algo acerca de huir al alcohol, creo que tenían razón… —Se masajeó las sienes—. Esto se siente además como si fuera la primera cerveza que tomo en mi vida… —Se recostó hacia atrás, dejando su espalda contra el concreto y mirando las nubes que ocultaban la luna. Su cabello se esparció como chocolate derretido y sus pechos se elevaron se esa forma majestuosa—. Todo da vueltas, creo que será mejor que me duerma un rato.
—¿Aquí?
—Un rato —contestó, poniéndose un brazo sobre la frente, pero luego intentó ponerse de pie—. Creo que buscaré a Mike para que me lleve a casa, ya lo había buscado antes pero no tuve suerte, quizás…
—Yo te llevaré a casa. —No había discusión con eso, no había manera en el mundo de que ese cabrón la llevara en este estado.
—No te molestes, sé cuánto me desprecias —masculló, empujándome.
—La verdad, Bella —me reí entre dientes mirándola ávidamente—, es que no sabes nada.
Hola chicas no tengo perdón de Dios con las tardanzas, pero aquí les traigo nuevo capitulo, Edward ha cedido y por fin se acercó con Bella, ¿creen que la lleve finalmente a su casa?
Gracias por agregarme a sus listas y favoritos
A las chicas que me comentan: Daniela, hola nena gracias por comentar, te cuento que la familia de Ed lo dejó solo por meses pero están preocupados por él por eso se verá como que lo acosan pero en realidad es pura preocupación.MoN cArTeR, gracias a ti nena, los hermanos de Ed están para él solo que esta fingiendo y poniéndole difícil las cosas a todos, ¿Cómo ves?,Tecupi, jajaja el soldadito me hiciste reir nena, es un efecto secundario de los antidepresivos, nada de excitación para Edward jaja ya voy adentrarme un poco mas en su relación por lo pronto, ahora Ed ya le habla a Bella.Monique, como me dijiste en el cap anterior nena, al menos Ed ya se lo esta pensando e intentará ser amigo de Bella, ¿cómo ves?,LooreCullen, hola nena pues mira al fin Ed se acercó a Bella y aunque no esta seguro de que puedan ser amigos, lo está intentando,DiAnA FeR, hola nena pues Bella no se enteró que Ed fue, y aunque salio huyendo al final siempre vuelve a toparse con ella, ¿crees que ahora si quiera ser su amigo?, PichiLina, si tengo un gusto enfermizo en escribir Edward malos con Bellas o con problemas jajjaa, lo siento no sé como pero de pronto ya están ahí en mi cabeza, aunque en cosplay fue al revés jeje, dime ¿te gustó este capi lectora extraordinariamente sabia?, en este cap te platico un poquito de como fue que se hicieron novios, fue en parte por culpa del idiota de Mike aunque para beneficio de Ed, ya les iré contando más, ¿cómo viste?,jnnfrmrz, discúlpame la tardanza nena, es que tenia que cerrar la otra historia y luego pasarme a este fic, Edward al fin se acercó a Bella, ¿crees que a partir de ahora mejoren las cosas?,patymdn, por lo pronto en este cap te conté que le hizo Mike a Bella para que Ed lo quiera muy lejos de ella, y al final se acercó. ¿Ahora si se hablaran?, Gloria, hola hola nena, como veras nadie lo atrapó por suerte jaja, y aunque ha estado solo ahí observándola como un acosador, al final se ha acercado, ¿crees que cambien las cosas?, saludos nena. Guest, hola nena, no olvides dejarme tu nombre para responderte, sí diré exactamente que es lo que tiene Edward y como Bella perdió la memoria fue en un accidente, gracias por leer!Vico Masen, Gracias por comentar como siempre nena, pues es que la alucinación trae consigo todos esos efectos secundarios, así que Edward lo tenemos de abstemio aún contra su voluntad jaja.maleja twihard, Lo que le hizo exactamente iré poniendo pedacitos y así para no revelar toda la historia o no tendría chiste jeje, pero ya les iré contando paciencia y lo verán, ¿te gustó este capi?,angelabarmtz, Mil gracias por tus pablaras primero que nada, luego te respondo tu duda, me encanta escribir drama pero nunca terminar con más drama, para eso está la vida, así que no te apures, mis historias todas van con final feliz incluido, espero te sientas mejor con eso jaja, ¿me dices?Liz Cullen Boschetto Belikov, Charlie en si no le ha dicho nada a Bella de Edward, ella solo sabe que no se debe acercar a él pero no sabe porque, por lo pronto Ed ha cedido en hablarle, así que veremos como se portan a partir de ahora,cavendano13, muchas gracias a ti por comentar, aquí ya les solté el detalle de porque Mike no es bueno para Bella, ¿cómo viste?jupy, gracias nena, solo fue a espiarla como un acosador, sin embargo para el final se ha decidido a platicar con ella, ¿crees que ya lo entienda? Sarai, de mi vida y de mi amor, si te dijera otra vez cuanto detesto estar tan lejos de ti parecería disco rayado pero es la verdad, me he reido lo indecible con nuestras charlas porque somos tan iguales y bueno, ya sabes hasta drásticas jajaja pero que le vamos a hacer, besitos!
¿Me dicen que les pareció?, Nos leemos pronto!
