Disclaimer: Como ahora y siempre y por los siglos de los siglos, los personajes pertenecen, en su mayoría, a Tite Kubo.


Capítulo 3: Por una mujer.

—Nunca pude entender por qué te fuiste así tan de pronto, casi sin despedirte de nosotros, de mí, Ishida kun— a juzgar por su forma de hablar, Orihime parecía realmente dolida al haber sido ignorada de esa forma por su amigo—. En todos estos años no tuve ni la más mínima noticia tuya, nunca llamaste, ni escribiste ni menos visitaste la ciudad. Eso no se hace, Ishida-kun— finalizó la chica con una sonrisa que hizo devolver a Uryuu a la realidad. En estos momentos se encontraba sentado junto a su vieja amiga en una heladería, cercana a la oficina de correos en donde se habían encontrado. Nunca supo con claridad lo que había sucedido luego de que Orihime se acercara a él, ni cómo había llegado al lugar donde estaba. Sólo sabía que el mundo era efectivamente un pañuelo.

—Bueno, tuve que tomar una decisión demasiado pronto Inoue-san. En dos días debí dejar la ciudad y no tuve tiempo de despedirme de nadie realmente, no creas que fuiste la única.

Orihime lo miraba con su típica expresión, entre dulce y traviesa. Le parecía increíble tenerla ahí, frente a él, como si sólo hubiesen pasado unos días y todo, absolutamente todo entre ellos fuese igual que siempre. Para Orihime era así, sin duda. Ella estaba feliz de encontrar a su amigo después de tanto tiempo y esperaba retomar con él su antigua amistad. Lo que ignoraba es que el cambio realmente se había producido en Uryuu y no sólo desde ahora sino desde el comienzo de todo. Para él la situación era extremadamente difícil. Finalmente había llegado el día tan temido para él y lo peor de todo es que ahora no sabía qué hacer. Como siempre Inoue Orihime lo tenía completamente dominado, guiando ella el ritmo de la conversación y hasta haciendo planes para el futuro que vendría mientras él la miraba, medio embobado, sin decir ninguna palabra, sin aceptar pero tampoco sin declinar nada. Sólo atinaba a observarla y examinar qué tanto había ella cambiado. Físicamente era idéntica a la joven que lo acompañó en tantas batallas, sólo llevaba el cabello un poco más corto. Espiritualmente tampoco había variado mucho, seguía siendo esa exclusiva mezcla de niña y mujer, eso que sólo ella podía ser y que a él tanto había fascinado desde el primer día que la vio.

—No sabes cuánto te extrañé Ishida-kun, fue realmente difícil el no encontrarte más, así, tan de repente. Además fue una época difícil porque todos los amigos comenzaron a dispersarse: primero fue Kuchiki-san la que no volvió más y luego Kurosaki-kun se fue. Ya después siguieron Tatsuki y Sado-kun, era como si todos quisieran huir de este lugar en el que tantas cosas compartimos y tantas experiencias vivimos. Sin embargo, la separación que más me dolió fue la tuya, Ishida-kun, por la forma en que se dio. Nunca recibí ni un adiós de parte tuya, ni me dejaste una nota o dónde ubicarte. Nada. Desapareciste de mi vida de forma tan inesperada que por algún momento creí que algo te había hecho. Si fue así, te ruego que me perdones, yo no quería— en ese momento los ojos de Inoue se llenaron de tristeza y desvió la mirada para evitar que su amigo viera que se asomaban algunas lágrimas las que como pudo controló para seguir hablando —: Realmente me hiciste mucha falta…

La confesión de Inoue tenía a Uryuu más confundido que nunca. Ella decía que lo había extrañado y que la perdonara si le había causado algún tipo de daño ¿Sería posible que ella supiera que él…? Imposible. Nadie, absolutamente nadie sobre la tierra sabía lo que había sentido por ella. Sí, alguna vez le confesó su secreto a Maki pero estaba seguro el no haberle revelado nunca la identidad de la mujer y, aunque lo hubiese hecho, era imposible que hubiese llegado a conocimiento de Inoue. Probablemente ella lo intuía a pesar de todos sus esfuerzos por esconderlo. Uryuu comenzó a sentirse extremadamente nervioso e incómodo y trató de cambiar el tema de conversación lo más rápido posible:

— ¿Y qué has sabido de Kurosaki?

Hizo la pregunta inconscientemente y al instante de haberla pronunciado se arrepintió. ¿Cómo se le ocurría traer a Kurosaki a su conversación con Orihime? Se sintió el peor de los tontos.

—No mucho, en realidad. Sólo sé que decidió estudiar fuera de la ciudad, desconozco los motivos para su elección y que, contrario a lo que todos pensaban, decidió no ser médico como su padre y hacer algo distinto de su vida. Creo que es profesor de primaria o algo así, no estoy muy segura. De todos modos, espero que sea muy feliz.

Uryuu la observó un rato en silencio. Orihime no pareció sentirse incómoda o nerviosa al recordar a Kurosaki ¿Sería esa una señal? No, no era señal ni nada. Ella podía estar ocultando sus sentimientos al igual que él. Trató de seguir con el tema Kurosaki, tratando de ver la reacción de ella. Parecía ser normal, a simple vista. No podía percibir en ella ni tristeza, ni rencor ni despecho aunque era imposible que Orihime pudiera sentir los dos últimos sentimientos por nadie, ni siquiera por sus peores enemigos. Lentamente comenzó a relajarse y a sentir una agradable sensación de tranquilidad que, en aquel momento, le era imposible justificar. Ya más calmado, le contó alguna de sus experiencias a Orihime quien las escuchó sumamente complacida. Era tan agradable la conversación, la compañía, el lugar, que Uryuu olvidó completamente que debía volver a su trabajo y, para cuando lo recordó, era un poco tarde: ya casi había oscurecido.

—Definitivamente debemos volver a vernos, Ishida-kun. Dime tú cuando tienes libre y te puedo invitar a comer a mi casa. He inventado nuevos platillos— y al decir lo último con extremo orgullo, Orihime se llevó un dedo al rostro, en su clásica pose de pensamiento, cavilando qué podía cocinar para su amigo. Este gesto, sin embargo, le dio la posibilidad a Uryuu de notar algo que, hasta la hora había pasado completamente desapercibido para él: en uno de los dedos de Orihime, el anular para ser más exactos, brillaba un anillo y no cualquier anillo, era un anillo de matrimonio. ¿Sería posible? El destino parecía querer ensañarse con Ishida Uryuu. Visiblemente descompuesto, se puso de pie, sin siquiera responder a la invitación de su amiga. No, en ese momento no podía hacerlo, se sentía muy mal. Ante la incredulidad de Orihime se despidió diciendo que tenía muchas cosas que hacer y que no podía permanecer más tiempo ahí. La mujer quedó completamente sorprendida ante la actitud de su amigo pero no dijo más sobre eso, sólo le hizo prometer que volverían a verse. Uryuu hizo un gesto que podía interpretarse de cualquier forma pero que Orihime lo tomó como un sí. Ella quedó feliz creyendo que sus tiempos de amistad con Uryuu regresaban, sin siquiera imaginar lo que realmente estaba provocando en el joven. La joven mujer se quedó un momento más en el lugar planeando en qué haría de cocinar el día que Uryuu fuese a su casa hasta que se dio cuenta que no le había pedido siquiera el número telefónico a su amigo.

—No importa Orihime, ya sabemos que de algún modo u otro lo encontraremos— se dijo alegremente.

Uryuu ni siquiera hizo el intento de dirigirse a su trabajo. Salió directamente a su casa y una vez allí se lanzó sobre su cama sintiendo que la cabeza le estallaría. Orihime casada. ¿Con quién? ¿Por qué? No podía creerlo, es decir, no se convencía aún y menos aceptaba que fuera así. Por un momento llegó a creer que, sin Kurosaki en el medio, ella y él podrían intentar retomar su amistad y quizás, en el camino, él se atrevía a algo más ¡No! ¡Eso ya no sería posible! Si tan sólo hubiese permanecido en Karakura y no hubiese huido como un cobarde. Pero ya los hechos estaban consumados y no había marcha atrás. Orihime se veía bien, tranquila y él, tal como creía hasta antes de su encuentro, no tenía cabida en su vida. Las cosas no habían cambiado en nada después de encontrarla, seguían exactamente igual, aunque él era consciente de que eso no era del todo cierto porque le bastó verla una sola vez para darse cuenta que todo lo que alguna vez había sentido por ella permanecía intacto, aún más, parecía haber florecido más intensamente aún después de verla. Pero, para su desgracia, ahora sí que todo estaba perdido porque si antes había escapado de algo que era eventual, posible, como lo era una hipotética relación de Inoue-san y Kurosaki, ahora estaba ante algo real, concreto e irremediable como era el matrimonio de su amiga con alguien desconocido pero no por eso menos digno de respeto. Se sentía realmente miserable.

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El rostro de Uryuu al día siguiente reflejaba el haber pasado una muy mala noche, la peor de su vida quizás. Si hubiese sido posible, hubiese preferido no ir a trabajar pero ya había actuado de manera bastante irresponsable el día antes y no podía volver a cometer semejante imprudencia por segunda vez. Además, trabajar realmente lo sacaba de sus preocupaciones diarias por lo que prefería estar en el hospital a permanecer en casa, haciendo nada sino pensar. Sin embargo, era evidente que su ánimo no era de los mejores y así lo notaron sus colegas quienes lo encontraron más ensimismado que nunca. Uryuu les pidió que por favor no lo contactaran a menos que se tratara de algo extremadamente urgente. Y así lo hicieron. Como dentro de lo urgente no se encontraban ni las llamadas de su padre ni las de su ex novia ni la de una que otra conocida, nadie tuvo ese día el privilegio de hablar con Ishida Uryuu. Él, simplemente, tenía la cabeza en cualquier parte. Aún podía recordar la emoción de ver a Inoue-san una vez más pero el dolor de nuevamente percatarse que sus sueños hoy más que nunca eran imposibles, le hacían sentir un dolor inmenso en el corazón. Esperaba sinceramente no volver a encontrarla nunca más porque le hacía mucho daño. Demasiado.

— ¿Por qué la vida tiene que ser así de cruel conmigo? ¿Por qué permitió que volviera a verla si realmente esto no iba a hacer más que traerme decepción?— y recordó el rostro de felicidad de ella al reencontrarse con su amigo. Amigo. Eso era todo lo que significaba en su vida. Se maldijo por no haberlo entendido antes, o por haberlo olvidado realmente, y haber hecho todo en función de algo que nunca fue ni será. Orihime jamás siquiera lo ha visto como un hombre, sólo como un amigo, un apoyo y nunca le ha dado más esperanzas que aquéllas. Estúpido él que se había tardado tanto en comprenderlo o tanto tiempo en recordarlo.

Para cuando terminó su jornada laboral, Uryuu se sentía bastante más relajado. Se había convencido a sí mismo que ya debía dejar el tema de Inoue-san definitivamente en el pasado por su propio bien y por el de ella. No la buscaría, es cierto, pero tampoco huiría de ella si la encontraba por ahí, la trataría como una persona más, sin privilegios. Lo tenía muy claro en su cabeza por ahora, que no la veía ni la tenía cerca, pero estaba seguro que en cuanto la encontrara de nuevo todo lo planeado se iría al suelo, mas tenía confianza que ese momento no llegara.

Ya camino a casa encontró un bar y decidió que no sería tan malo beber algo para despejar su mente. Como el día siguiente no era día libre, prefirió beber algo sin alcohol. El ambiente era tranquilo y la música bastante agradable. Estaba lleno de personas que se juntaban con sus amigos después de trabajar, parece que era una manera habitual de compartir en ese lugar. Estaba terminando su trago cuando sintió que dos voces varoniles lo llamaban. No creía conocer a nadie que frecuentara ese lugar hasta que vio que eran dos colegas suyos, a los que había tratado muy poco, casi nada, los que se acercaban para buscar conversación. A pesar de que habían salido hace muy poco del hospital, se notaba que estaban bastante pasados de copas. Uno de ellos, incluso, apenas lograba mantenerse de pie.

—No sabíamos que te gustaba frecuentar este lugar, Ishida. Si hubiésemos sabido, te hubiéramos invitado— dijo el que parecía estar más sobrio.

—No me gusta, en realidad es la primera vez que lo hago y probablemente la última— la respuesta de Uryuu fue cortés pero muy seca.

—Es una pena, podríamos habernos conocido más…

Sin preguntar si podían, se sentaron junto a Uryuu y siguieron bebiendo ahí. Eran dos tipos bastante simpáticos y muy divertidos. Uryuu apenas los había tratado anteriormente pero llegó a la conclusión de que se veían buenos tipos, quizás merecía conocerlos más. Ambos eran médicos, de edad similar a la de Uryuu quizás, muy extrovertidos y sociables. No podía recordar sus nombres, si es que alguna vez lo supo aunque ellos sabían perfectamente quién era él, evidente, si se considera que era su jefe.

—Los jefes ni siquiera recuerdan a sus empleados. Apuesto que no te acuerdas de nuestros nombres, ni siquiera te acordabas de habernos visto— gritó eufórico el más borracho. Estaba en lo cierto. No lo recordaba y no se sentía para nada bien por eso.

—Perdonen ustedes pero, con tanta gente que entra y sale de aquel hospital, entre médicos, enfermeros y pacientes, es imposible casi que recuerde todos los nombres…

—Mi nombre es Ozu y el de éste es Suzuki— dijo el más sobrio que, a esas alturas, ya no podía decirse que estuviera sobrio. Uryuu trató de memorizar los nombres pues ambos le habían parecido muy agradables mas no para tratar con ellos tan seguido y menos en las condiciones en las que ellos se encontraban, bastante desastrosas. Se preguntaba como lo harían para trabajar el día siguiente completo con la terrible resaca que iban a obtener después de beber tanto. Sólo esperaba que eso no interfiriera en sus labores médicas porque en caso de ser así, por mucho que le simpatizaran, no tendría piedad con ellos.

Después de dos horas metido en ese lugar, Uryuu decidió que era tiempo de ir a casa. No podía negar que la velada lo había relajado y distraído pero también era cierto que no le gustaba madrugar. Cortésmente se despidió de ellos, agradeciendo que tuvieran la disposición de pasar una agradable tarde con él. Sólo uno respondió, el otro ya había perdido el dominio de sí mismo. Uryuu estaría pendiente de ambos al día siguiente para ver qué tanto podían responder llevando la vida que parecían llevar. Una vez que los hubo dejado en el bar, comenzó nuevamente a pensar en Orihime y el trágico destino que parecía unirlo a ella. Sacudió suavemente la cabeza tratando de sacarla, como fuera de sus pensamientos. Ya, en casa, lo primero que hizo fue tomar una ducha tibia que, esperaba, le ayudaría a dormir. Estuvo largo tiempo bajo el agua, tratando de no pensar en nada. Una vez que estuvo afuera, decidió revisar los mensajes de la contestadora: no le gustaba ir a dormir sin escucharlos pues podría encontrar un recado importante incluso urgente en ella, aunque sabía a la perfección que eso jamás había ocurrido. Esta vez, obviamente, no era la excepción: mensajes de su padre pidiéndole que le devolviera el llamado, mil mensajes de Maki preguntando un sin fin de tonterías, algunos colegas, que quién sabe cómo consiguieron su número fijo, preguntando cosas sin importancia real. "Qué fastidio ¿por qué no harán todo eso durante el tiempo que estoy en el hospital?", pensó hastiado. Algunos otros mensajes equivocados. Nada nuevo en realidad. Ya estaba a punto de ir a apagar el aparato cuando oyó el último mensaje:

—Ishida, ignoro si este es aún tu número y si serás tú o tu padre el que escuche el mensaje. Me gustaría poder hablar contigo…

Uryuu se acercó a la grabadora incrédulo. No podía creer que fuese la persona que pensaba pero no podía ser de otra forma, tenía la misma voz de siempre. Era Kurosaki.