Holaaa! Perdonen la tardanza, he vuelto con un nuevo cap! No es nada demasiado emocionante, pero aquí verán un poco más de desarrollo entre Goenji y Shirou :3 Oh! Y la introducción del mejor amiguito de Atsuya (¿Adivinan quién puede ser?) ¡Espero les guste! ¡Disfruten la lectura!


Shirou caminaba algo apresurado. No era demasiado tarde, pero estaba nervioso por su reciente conversación y su ansiedad se reflejaba en sus pasos rápidos.

No podía quitar de su mente las palabras de sus amigos. ¿De verdad podría…? No, claro que no, no era posible. ¡Apenas se conocían! ¿Cómo podría ser? No eran más que exageraciones de los chicos, siempre pensando de más. ¡Era una tontería! ¿Cómo podría él gustarle a Goenji-kun?

Ese último pensamiento lo hizo detenerse, avergonzado, y algo triste. ¿Pero qué le pasaba? Apenas hacía un par de semanas que conocía a Goenji. Por muy amable y agradable que fuese, no era posible que lo mirara de otra forma que no fuera amistad. ¡Era sólo eso! Goenji-kun era extremadamente amable, y lo había visto tan necesitado que lo había ayudado, aun cuando no solía ser muy sociable, según entendía. Y él le estaba muy agradecido.

Además, Shirou sabía que daba la impresión de ser débil y necesitado. Era natural que, una persona de carácter amable como Goenji-kun, hubiese decidido ayudarlo. Eso explicaba lo "preocupado" que lucía, según Endo-san. Eso era todo. ¿Cómo podía estar pensando en algo más? Eso sería traicionar la confianza de Goenji-kun. Estaba seguro de que él era hetero, no podía aprovecharse de la situación y…

Suspiró, sintiéndose abrumado, y continuó caminando. Hasta que una voz conocida, a sus espaldas, lo hizo detenerse.

- ¿Aún preocupado?

Se volteó sorprendido, encontrándose con el chico de sus pensamientos.

- ¡Goenji-kun!

- Hola, Fubuki. –sonrió el pelicrema, acercándose a él. - ¿Paseando?

- Oh, no, sólo me reuní con unos amigos. Ahora voy a casa. ¿Y tú, Goenji-kun? ¿Qué haces aquí?

- Yuuka me pidió unos dulces, así que pasé por ellos antes de ir a casa.

- Oh, ya veo.

Hubo un momento de silencio, mientras Fubuki ordenaba sus ideas y Goenji pensaba como abordar el tema sin ser demasiado brusco.

- Esto… ¿Cómo… está? –preguntó al fin.

Shirou tardó un segundo en comprender su pregunta, y sonrió algo triste. – Pues… al parecer terminaron.

Goenji abrió los ojos sorprendido, y luego su mirada también se entristeció.

- …Lo siento.

Fubuki rió.

- No te preocupes. No soy yo el afectado.

- Claro que lo eres. – Shirou lo miró, extrañado por su comentario. – Digo, hiciste todo aquello para ayudarlos, y… sé que te preocupas mucho por tu hermano.

El peligris tuvo que contener las lágrimas que amenazaban con acudir a sus ojos, antes de responder.

- Incluso te arrastré a todo esto… soy yo el que lo siente.

- Baka. No te disculpes. –la mano del mayor se posó sobre su cabeza, acariciándolo dulcemente, mientras Shirou se sorprendía tanto del gesto como de la ruda palabra que le dirigió y que, sin embargo, no dejaba de ser amable.

Se secó con los dedos las pequeñas lagrimillas que había soltado, antes de levantar el rostro para sonreírle a su compañero.

- No debería estar recibiendo consuelo, sino dándolo. Pero gracias, Goenji-kun. De verdad eres demasiado amable.

El pelicrema se sonrojó. – Ya te dije que no es nada.

Fubuki asintió, cabizbajo, mientras Goenji lo miraba culpable. Sentía que cada vez que se encontraba con él no hacía más que recordarle su problema y ponerlo triste.

- ¿Quieres ir a algún lado? –le preguntó de pronto, con la esperanza de animarlo. Shirou levantó la vista, mirándolo sorprendido, y compuso luego una dulce sonrisa al notar su intención.

- Muchas gracias, pero debo ir a preparar la cena para Atsuya.

- Mmm. Ya veo…

El peligris lo miró, algo apenado de tener que rechazar su invitación, pero luego una idea cruzó por su mente.

- ¿No quieres venir a cenar con nosotros, Goenji-kun?

- ¿Eh? – El mayor lo miró, incrédulo. - ¿Enserio?

- No soy demasiado bueno cocinando, pero si quieres… -dudó el menor, sonrojándose un poco y desviando la mirada al piso, con lo que consiguió avergonzar también a Goenji.

- Yo… bueno, si no te molesta… me gustaría ir.

- ¡Genial! –sonrió el peligris.

Ambos comenzaron a caminar en dirección a la casa Fubuki, pero un par de cuadras más adelante, Goenji recordó algo.

- ¡Diablos! Olvidé que mi padre no llegará esta noche. Lo siento, Fubuki, pero debo ir a cenar con mi hermana.

- Oh, entiendo. –dijo el menor, algo decepcionado. Goenji ya se despedía de él cuando su rostro se iluminó de pronto. – Y… ¿Qué tal si vienen ambos?

El pelicrema lo miró. – Oh, no quiero causarte tantas molestias, Fubuki.

- ¡No hay problema! Será divertido. Además, quiero conocer a Yuuka-chan… -pero al ver el rostro algo contrariado de Goenji agregó.- Aunque, si no quieres no pasa nada.

- No, no es eso, sólo…- lo pensó por unos momentos, y luego sonrió.- Bueno, vamos a ver si Yuuka quiere, ¿Qué te parece? Si logras convencerla nos tendrás a los dos.

Shirou asintió, sonriendo, antes de que ambos cayeran en la cuenta de lo comprometedora que había sido la última frase.

- Bu-Bueno… ¡Vamos! –apremió el pelicrema, guiando a su compañero hasta su hogar.


- ¡Estoy en casa! –gritó Goenji, apenas entró.

- Shuuya-san, que bueno que llegas. Necesito irme enseguida. –Una mujer joven apareció de inmediato en la entrada, calzándose mientras saludaba a ambos chicos y despidiéndose al instante, para después marcharse.

- ¡Shuuya-nii! ¡Bienvenido! –la alegre castaña apareció de pronto y se lanzó a abrazar a su hermano, colgándose de su cuello. El mayor la alzó unos segundos, besándole la frente, para después volver a depositarla en el suelo, bajo la mirada enternecida de Fubuki.

Entonces, la niña reparó en el chico que acompañaba a su hermano.

- ¿Quién es, Shuuya-nii? –preguntó, algo recelosa.

Fubuki se agachó para estar a su altura, tendiéndole la mano.

- Soy Fubuki Shirou, un amigo de tu hermano. Mucho gusto, Yuuka-chan.

La pequeña, luego de dudar un momento, cogió su mano y le devolvió la sonrisa.

- Eres lindo. Me caes bien. –le dijo, provocando las risas de los mayores.

- Eso es bueno. Entonces, ¿Quieres ir a comer estofado a mi casa con tu hermano, Yuuka-chan?

- ¿Estofado?

- Sip. ¿Te gusta?

- Shuuya-nii hace uno muy delicioso. –contestó ella, provocando un sonrojo en su hermano ante el dato innecesario. Fubuki volvió a reír.

- Vaya, tu hermano no me lo había comentado.

- Shuuya-nii es un gran cocinero.

- Yuuka, no es cierto. –intervino el mayor de los Goenji.

- ¡Sí lo es! Justo como mamá.

La mirada de Fubuki se volvió aún más suave al escucharla.

- Creo que no puedo competir con eso, Yuuka-chan. Pero, aun así, ¿Quieres venir a probar mi comida? –volvió a invitarla.

- ¿Tú quieres ir, Onii-chan? –preguntó ella a su hermano.

- Sí. Quiero probar la comida de Fubuki. –contestó solemnemente él.

- Entonces yo también quiero. –respondió al fin la niña, volteando hacia un sonrojado Shirou.


- ¡Ya llegué!

La voz de Shirou resonó en la casa. Dejó pasar a sus invitados, llevándolos al salón, en donde Atsuya, que jugaba videojuegos, pausó el juego y se levantó del sofá.

- ¡Tardaste mucho, Shirou! –exclamó, saltando el respaldo para caer frente a ellos. Yuuka, algo asustada por sus gestos y su voz, se escondió tras su hermano.

- Hola. –saludó el pelicrema.

- ¿Eh? ¿Qué hace Goenji-baka aquí?

- No insultes a los invitados, Atsuya. Y lamento la tardanza. Invite a Goenji-kun y a su hermanita a cenar.

En ese momento el pelirrosa reparó en la cabecita castaña oculta tras Goenji. El pelicrema se tensó, sin saber qué haría si Atsuya se portaba demasiado brusco. Pero, para su sorpresa, el menor se agachó, igual que lo había hecho Shirou, y le sonrió a la pequeña, suavizando su voz al hablarle.

- Hola, bonita. ¿Cómo te llamas?

La niña se acercó a él, curiosa.

- Yuuka.-contestó, para luego preguntar- Onii-chan, ¿Por qué eres igual a Shirou-kun?

Atsuya rió, alegre. – Porque soy su hermano gemelo. –contestó, tendiéndole luego su mano. – Soy Fubuki Atsuya. Es un placer conocerte, Yuuka-chan.

La chiquilla aceptó su mano. – Es un placer también, Atsuya-kun. Pero Shuuya-nii no es un baka. –le reclamó.

El pelirrosa volvió a reír. – Es un apodo de cariño. ¿Nee, Goenji?

El pelicrema gruñó en respuesta.

- Y dime, Yuuka-chan. ¿Te gustan los videojuegos? – la niña asintió.- Entonces, ¿Quieres jugar conmigo mientras preparan la cena?

- Pero, ¿No deberíamos ayudar a Shirou-kun? –preguntó ella. Goenji se echó a reír.

- Ya ves, mi hermanita tiene más principios que tú.

Atsuya se sonrojó, molesto.

- No te preocupes, Yuuka-chan. –le tranquilizó el peligris. – Tú juega mientras yo hago la cena, ¿sí?

Yuuka asintió, y fue a sentarse junto a Atsuya, mientras Shuuya y Shirou entraban en la cocina.

El menor comenzó a prepararse en seguida.

- ¿Quieres que te ayude en algo?

Shirou volteó, terminando de atarse el delantal en la espalda, y sonrió.

- Oh, no es necesario…

- Así terminaremos antes.

El peligris se lo pensó por un momento.

- Bueno, si quieres… puedes cortar las verduras.

Goenji sonrió.

- Seguro.

Arrugó las mangas de su camisa y las subió hasta sus codos, para luego recibir el cuchillo y las verduras que Shirou le entregó.

- Tu hermana es realmente adorable. –le comentó el peligris, desviando su mirada que se mantuvo fija más tiempo del necesario en los fuertes brazos de Goenji.

- Gracias. Discúlpame si no puedo decir lo mismo de Atsuya.

- Hey, no te pases con mi precioso hermano menor. –contestó Shirou, provocando una sonrisa en su compañero.- Aunque admito que tiene un carácter algo difícil.

- Pero es sorprendentemente bueno con los niños. –Prosiguió Shuuya.- No es nada fácil ganarse la confianza de Yuuka.

- Creo que es porque tiene esa esencia… ¿cómo decirlo?... honesta. –Sonrió el peligris.- Dice todo lo que piensa y no oculta nada, supongo que los niños ven esa transparencia en su personalidad como algo bueno. Incluso aunque a veces pueda hablar de más.

Goenji suspiró levemente, preguntándose cómo Shirou no podía darse cuenta de que él tenía exactamente la misma "esencia". Sonriendo, agregó las verduras ya cortadas a la olla que el menor puso al fuego. Y se lo quedó mirando, reparando en su leve sonrisa, los gestos tranquilos por la costumbre, su delgada cintura entallada por el cordón del delantal…

Comenzaba a sentirse demasiado a gusto a su alrededor.


- ¡La cena está lista! ¡Atsuya, Yuuka-chan, lávense las manos!

- ¡Sí! ¡Comida! –Atsuya apagó la consola y el televisor y se lanzó hacia el baño, seguido por la pequeña castaña.

Goenji salió de la cocina, llevando los platos y los cubiertos que colocó sobre la mesa, seguido de Shirou que cargaba la humeante olla. Atsuya y Yuuka se apresuraron a sentarse, atraídos por el aroma. Shirou sirvió la comida, y Goenji fue el primero en felicitarlo.

- ¡Esta delicioso, Fubuki! –exclamó, genuinamente impresionado.

- ¡Mmgnghhg! – secundó Yuuka, olvidando sus modales por un momento para asentir con la boca llena.

- Muchas gracias. –sonrió Shirou, sentándose junto a Goenji.

- ¡Y esto no es nada! Deberían probar el pescado al horno. –rió Atsuya, entre bocado y bocado. – Shirou es realmente bueno en la cocina.

- Me gustaría probarlo alguna vez. –sonrió Shuuya, mirando al peligris, que le devolvió el gesto.

- Seguro.

- Realmente fue un éxito. Hasta la misma Yuuka admitió que fue el mejor estofado que ha probado. –Goenji enjuagó los últimos cubiertos y se secó las manos.

- Jaja, me siento halagado. –Shirou se quitó el delantal y lo colgó en la pared.- Lo pasé muy bien. Normalmente sólo somos Atsuya y yo, es genial tener algo de compañía. Tienen que volver.

- No tienes que decírmelo dos veces. Pero la próxima vez yo pagaré los ingredientes.

- No te preocupes por eso. Considera esto como la compensación por los cafés.

Ambos se dirigieron al comedor, en donde Yuuka ganaba por tercera vez la carrera de autos que jugaba con Atsuya.

-¡Sí! ¡Gané, Shuuya-nii! –gritó la pequeña, lanzándose a los brazos de Goenji, mientras Atsuya suspiraba derrotado.

- Felicidades, Yuuka.

- No puedo creerlo. ¡Exijo mi revancha, Yuuka-chan!

- ¿Ehh? Eres un mal perdedor, A-kun.

- Será para la próxima vez. –sonrió Goenji. –Ya es tarde y debemos irnos. Despídete, Yuuka.

- Adiós, Shirou-kun. Gracias por la comida. Estuvo deliciosa.

- Adiós, Yuuka-chan. Fue un placer.

- Y A-kun. Volveré por la revancha.

- Te estaré esperando, Yuuka-chan. –sonrió el pelirrosa acariciándole la cabeza.

La pequeña castaña tomo de la mano a Goenji y se dirigieron a la salida, seguidos de Shirou.

- De nuevo gracias, Fubuki.

- No, gracias a ustedes por venir.

Goenji terminó de ponerse los zapatos y volteó hacia él.

- ¡Es cierto! Dame tu número – el peligris lo miró. – Sería genial encontrarnos no sólo de casualidad, ¿no crees?

Shirou rió, algo sonrojado, antes de dictárselo.

- Entonces, nos veremos pronto. –se despidió el pelicrema, ya en la puerta.

- Eso espero. Cuídense, ¿sí?

- Ustedes también.

Shirou los vio marcharse, para luego cerrar la puerta y subir las escaleras en dirección a su habitación. Se dio una corta ducha antes de desearle buenas noches a Atsuya e irse a dormir. Apenas se había metido bajo las sábanas cuando sintió vibrar su celular. Estiró la mano, curioso, y lo cogió. No conocía el número, pero le bastó leer el mensaje para saber de quien se trataba.

"Realmente estuvo delicioso. No creo poder volver a comer estofado en ningún otro lugar"

Rió, divertido, antes de ponerse a teclear.

"Eso no es nada bueno. Tendré que hacerme responsable"

Apenas había enviado cuando llegó la respuesta.

"Claro que sí. A cambio, tendrás todos los cafés helados que quieras."

"Me parece un trato justo"

Al ver que Goenji no contestaba, Shirou guardó el teléfono bajo la almohada y se dispuso a dormir, pero un último mensaje lo hizo volver a sacarlo.

"Ten un buen día mañana. Buenas noches"

Sonrió, suspirando sin ser consciente de ello, y respondió.

"Igualmente. Duerme bien."

Y después de unos segundos, agregó algo más.

"¿Ves como si eres amable?"


- ¡Atsuya-kun! ¿Estás?

Un pequeño chico castaño se quitó los zapatos en la entrada e ingresó a la casa de los Fubuki, mirando a su alrededor.

- ¿Eres tú, Yuuki? ¡Bajo enseguida! –le respondió una voz del segundo piso, seguida de unos apresurados pasos que trajeron al pelirrosa frente a él.

- Hola.

- ¡Ven! Tengo todo listo.

Atsuya guió a su invitado hasta el salón, en donde la televisión estaba encendida, la consola conectada y las fuentes con golosinas y las gaseosas sobre la mesa.

- ¿Cuál es esta vez?

- ¡Slendytubbies!

- ¿Es enserio? –el castaño lo miró escéptico mientras se sentaba en uno de los sillones.

- ¡Oye! Ya verás cuando tinky-winkie aparezca gritando, se escucha a tres cuadras a la redonda. Es horrible.

Atsuya y su amigo desde hace tres años, Tachimukai Yuuki, compartían un inesperado gusto por los juegos de terror. Mientras que Yuuki apenas se exaltaba, Atsuya era capaz de despertar a todo el vecindario con sus gritos, pero aun así seguía jugando. Era una especie de sutil masoquismo.

Se habían conocido en el penúltimo año de secundaria, cuando Yuuki se había mudado al vecindario y había sido asignado a la misma clase de Atsuya. A pesar del carácter tranquilo de uno y el hiperactivo del otro, habían congeniado enseguida, y a las pocas semanas eran los mejores amigos. Actualmente, Atsuya trabajaba como mesero en el café que manejaba la familia de Yuuki, por lo que solían verse a diario. Y de vez en cuando tenían sus reuniones en la casa de Atsuya para estrenar algún nuevo juego.

- Atsuya-kun, no seas cobarde y ponlo de noche – regañó Yuuki al ver que su amigo seleccionaba el modo de atardecer.

- Ehh, pero es que se me acaba la linterna. – A pesar de sus quejas, Atsuya obedeció y ambos comenzaron a jugar.

- ¿Shirou-san está en la universidad hoy?

- Sí. Llegará para la cena.

- Querrás decir que llegará a preparar la cena. – corrigió.

- Yuuki, no empieces.

- Explotas a tu hermano.

- No, no lo hago. El mismo dice que prefiere que no cocine.

- Porque tu comida sabe horrible. Y nunca has dejado que te enseñe. Podrías cocinar tan bien como Shirou-san.

- No, no podría, él se quedó con la habilidad para la cocina y yo con la de los juegos, ya sabes, repartición equivalente.

- Si claro. –Yuuki apretó los controles y puso su personaje a correr, alejándose de Atsuya.

- ¡He-hey! ¡No me dejes solo! ¡Y no gastes la habilidad de correr, que luego puedes necesitarla!

- ¿Qué pasó con tu habilidad con los juegos?

- ¡Una tubipapilla! – Atsuya siguió jugando. – Sólo estoy calentando, ya verás.

- Sólo dices eso como excusa.

- Y tú solo defiendes a Shirou porque te gusta.

Yuuki se sonrojó - ¡No me gusta! Sólo fue una atracción momentánea.

- Lo que tú digas.

El castaño se sonrojó más, recordando el crush que había tenido hace tres años, cuando conoció al mayor de los Fubuki. ¡No era su culpa! Shirou era extremadamente lindo y amable, y tenía un extraño aire de madurez que era la debilidad de Yuuki y que lo hacía parecer un par de años mayor que su hermano y no un par de minutos como era en verdad.

- Hey, Yuuki, concéntrate, acabas de pasarte una tubipapilla.

- ¿Enserio? – Yuuki giró su pantalla rápidamente en noventa grados, sólo para toparse con el extraño espécimen morado que comenzó a gritar escandalosamente mientras se abalanzaba sobre él. - ¡AHH! ¡Demonios, Atsuya-kun!

El pelirrosa estalló en risas, mientras el juego volvía al menú.

- ¡Eso te pasa por distraerte! Y por enamorarte. Y encima, de mi propio hermano. – Atsuya continuó hablando antes de que Yuuki pudiera intervenir. – Aunque no serías el primero…

El castaño se guardó sus quejas, mirándolo algo triste. Como su mejor amigo, sabía exactamente todo lo que había ocurrido con Someoka. Preocupado, quiso cambiar el tema para no entristecer más a Atsuya y, sin pensarlo, susurró lo primero que se le vino a la mente.

- Ya te lo dije, no es de Shirou-san de quien estoy…

Al darse cuenta de lo que decía se apresuró a taparse la boca con ambas manos, pero Atsuya ya lo había oído y se abalanzó sobre él, emocionado.

- ¿Eh? ¿Escuché bien? ¿Entonces es verdad que estás enamorado, Yuuki? ¡Venga, suéltalo! ¿Quién es? ¿Lo conozco? Porque es un chico, ¿verdad? ¡Apuesto a que es alguien mayor!

Yuuki enrojeció hasta las orejas, abrumado por la tanda de preguntas. – No-No es así. S-Solo charlamos y ya. Yo no…-agachó la cabeza.

- Venga, Yuuki, te conozco lo suficiente para saber cuándo te gusta alguien. Anda, dime. ¿Quién es?

- Tsu…Tsunami-san. –contestó al fin el castaño, jugueteando con sus dedos.

- ¿Tsunami? Tsunami…. Tsunami… - Atsuya intentó recordar dónde había oído ese nombre- ¡Ah! ¿El repartidor? ¿Enserio?

Tachimukai asintió, avergonzado. Tsunami Jousuke, dos años mayor que ellos, era el chico que hacía a diario las entregas de materia prima a la cafetería.

- Vaya, vaya… a tu madre no le gustará que mezcles el trabajo con tu vida personal, Yuuki.

- Baka. –el castaño le dio un golpe flojito en el brazo, justo en el momento en que su celular sonaba con una corta melodía. Extrañado, se acercó a su mochila y lo sacó.

- ¿Es un mensaje? –Atsuya se acercó por detrás de él y leyó sin permiso.

"¡Hola! ¿Estás ocupado? Ya terminé mi trabajo. ¿Puedo pasar a verte?"

- Wow, suena como todo un novio.

- ¡Atsuya-kun! –Yuuki escondió el teléfono, aunque demasiado tarde. –Ya te dije que no es así. Solo hablamos un par de veces.

- Pues parece de verdad interesado. Dame acá. – Atsuya le arrebató el aparato de las manos, ante la mirada extrañada de Yuuki. – Debo asegurarme de que tiene buenas intenciones.

- ¿Eh?

Antes de que Yuuki pudiese reaccionar, Atsuya se encontraba llamando.

- ¡No! ¡¿Qué estás haciendo, Atsuya-kun?!

- ¿Diga? ¿Yuuki-kun?

- Nop, este es Atsuya, haciendo una revisión del perímetro. Tú debes ser Tsunami.

- ¡Atsuya-kun, detente!

- Ahh… ¿Fubuki, verdad? ¿Qué sucede?

- Esa es mi línea. Iré directo al grano, ¿cuáles son tus intenciones con nuestro pequeño Yuuki? Tú sabes, él es un chico tierno y delicado, tiene muchas necesidades.

- ¡No lo escuches, Tsunami-san!

- ¿Yuuki-kun? ¿Estás ahí?

- ¡Sí! Lo siento, Tsunami-san, Atsuya sólo está bromeando…

- ¡Nada de eso! Quiero escuchar su respuesta. Tengo que saber si es bueno para ti, Yuuki.

- Jajaja, está bien. ¿Fubuki-kun? Te daré mi respuesta, pero no dejes que Yuuki-kun la oiga, ¿sí?

- Entiendo. –Atsuya se puso de pie, alejándose hacia el otro extremo de la habitación, mientras Yuuki lo miraba preocupado desde su sitio.- Ajá. Mmm. Jaja, si, lo entiendo. Está bien. Ajá. Vaya, superas mis expectativas, Tsunami. Pasaste la prueba. Ajá, enseguida.

Atsuya volvió a acercarse a su amigo y le tendió el teléfono, que Yuuki tomó apresurado.

- ¿Diga? ¿Tsunami-san? Sí. Lo siento, Atsuya es un tonto…

- ¡Oye!

- Gracias por entender. Emm, sí, estoy en su casa. Lo siento. Si, mañana estará bien. Gracias. Nos vemos mañana, entonces.

-Ah, y, Yuuki-kun?

- ¿Si?

- Te quiero.

- ¿Eh?

- Sólo eso. ¡Nos vemos mañana!

Yuuki se quedó con el teléfono pegado a la oreja, escuchando el tono que indicaba que Tsunami había colgado.

- ¿Qué sucedió? –Atsuya se acercó a él, curioso.

El castaño lo miró, mientras su rostro enrojecía hasta la raíz del cabello y dejaba caer el celular al suelo para taparse el rostro con ambas manos.

- ¡¿Po-po-po…porqué dijo eso?! ¡Atsuya-kun, idiota!

- ¡¿Eh?! ¡Pero si no hice nada!


El reloj marcaba cerca de las 11 y media. Yuuki se volteó en la cama, observando la espalda de su amigo.

- Atsuya-kun… ¿Estás despierto?

El pelirrosa asintió, volteando hacia él. – No puedo dormir.

- Yo tampoco.

Hubo unos segundos de silencio mientras Yuuki buscaba las palabras para continuar.

- ¿Quieres contármelo? –preguntó en un susurro, sonriendo levemente.

Atsuya suspiró, bajando la mirada.- Yo… terminamos. Con Terumi.

Yuuki abrió los ojos sorprendido, para después susurrar.- Lo siento.

Atsuya no respondió.

- ¿Por qué no me lo habías dicho?

- No quería preocuparte. –contestó el pelirrosa.

- Más me preocupaste todos estos días, distraído en el trabajo.

- Lo siento.

El castaño reparo en su voz culpable. – No es eso, yo…

- Está bien. – Atsuya lo miró. –También lo siento por Shirou. Sé que estuvo tratando de ayudarme… es pésimo disimulando. Hasta le pidió ayuda a ese Goenji-baka y habló con Terumi… y aun así, yo…

- Hey, no es tu culpa. – Yuuki le acarició suavemente la cabeza. – Hiciste lo que creíste correcto. No tienes que forzarte sólo porque te sientas culpable. No de nuevo.

El pelirrosa asintió lentamente. –No hago más que dar problemas, ¿eh?

- Claro que no. – Yuuki lo miró serio. - ¿Quién crees que ha apoyado a Shirou-san todos estos años? ¿Quién me ayudo a decidir qué hacer con mi vida cuando salimos de secundaria? Ni Shirou-san ni yo estaríamos donde estamos si no fuera por ti. Incluso hoy, hiciste a mi relación con Tsunami-san avanzar más de lo que yo sólo lo habría hecho en un mes.

Atsuya rio levemente, acercándose a su amigo.

- Eres demasiado tímido, Yuuki.

El castaño contestó rodeándolo con sus brazos, y acariciándole gentilmente el cabello, sintiendo como Atsuya se aferraba a él.

- Está bien. – Le susurró.- Todo se arreglará, ya lo verás.

Atsuya asintió, durmiéndose lentamente, ahora mucho más tranquilo.


Hasta aquí! Lamento que sea un poco más corto que los anteriores. En el siguiente comienza la acción (¿) así que era necesario cortar aquí. Espero que les haya gustado la aparición de Tachi-chan (taaaaaaaan adorable! x3) Adoro a este niño, y su relación con Tsunami, de verdad, son tan tiernos. Y sólo de imaginarme a Atsuya y Tachi durmiendo abrazaditos exploto de kawaiiocidad xD

Quiero darles gracias de todo corazón a mis dos fieles lectoras Deichii-san y Doncella-oscura-san. ¡De verdad gracias por sus reviews! Esperaré su opinión sobre este cap. Nos estamos leyendo, bye-kyu!