4 Palabras Pendiente

El tiempo parecía haberse detenido para Hermione, su corazón latía desaforado mientras la voz de Ronald Weasley hacía eco en su cabeza. No se volteó, no se sentía capaz de controlar su cuerpo, sus manos habían empezado a temblar e incluso las nauseas leves amenazaban con invadirla. De todas las personas que había esperado toparse en su primera hora de visita en Londres él era la última.

- Ronald ¿Qué haces aquí?- Soltó Kingsley sin percatarse la crisis interna que estaban viviendo los chicos.

Ron observaba la espalda de Hermione, estaba tensa, podía notarlo a kilómetros y él era la razón, no estaba seguro de como le hacía sentir esa afirmación. Entró con paso lento a la oficina y se obligó a apartar la vista.

- Eh si… lo siento por irrumpir así Kingsley, escuché el problema que enfrenta… Hermione… eh yo, quise ayudar.. eh, disculpa - Dijo el chico más nervioso que nunca.

Hermione suspiró para infundirse valor y se volteó para encontrarse con sus ojos azules, automáticamente sintió como dejaba de respirar, estaba tan guapo, más de lo que recordaba, su cabello rojo ligeramente largo le caía levemente sobre los ojos tan azules como siempre y tan llenos de sentimientos que ella no supo interpretar. Imposiblemente alto y mucho más fuerte de lo que ella podía vislumbrar en sus recuerdos, el entrenamiento de Auror le había sentado muy bien. También se le veía cansado y con unas leves ojeras, pero a pesar de todo acordó que sus recuerdos no le hacían justicia.

- Ronald - Soltó sorprendida de que su voz no fuera un susurro tembloroso.

- Hola Hermione - Contestó él sintiendo como su cuerpo empezaría a temblar en cualquier momento. Observaba como un mechón de cabello le caía sobre la frente y sintió la imperiosa necesidad de apartárselo como hacía antiguamente, sus ojos castaños lo miraban con sorpresa y aprehensión, tenía el entrecejo ligeramente fruncido, pero él no pudo encontrarla más guapa. Se veía un poco más delgada de como él la recordaba y el cabello lo tenía hermosamente largo, de nuevo sentía esa necesidad de pasar sus dedos en esas sedosas hebras. No sabía que debía hacer ¿Debía tenderle la mano y saludarla de esa forma tan impersonal? ó quizás ¿Debía a cercarse y abrazarla fuertemente como si nada entre ellos hubiese cambiado nunca? Estaba tan confundido, así que simplemente se quedó ahí plantado con dos metros de separación entre ellos.

- Vaya, caes como el cielo entonces - Comentó Kingsley ajeno a todo y sonriendo amablemente al chico - Verás la casa que le brindamos a Hermione no está disponible en este momento y ella no tiene donde quedarse, supongo que a ella le parecerá bien quedarse con un viejo amigo, ¿No? - Le preguntó el moreno a la chica que abrió escandalosamente los ojos.

Hermione sintió la imperiosa necesidad de plantarle un bofetón al ministro porque sus palabras, aunque bien intencionadas, la ponían en una encrucijada. El hombre no sabía la historia entre ellos, y no tenía razón para saberla tampoco, por lo que él asumía que le estaba haciendo un favor a la chica, ella no pudo más que sonreír forzadamente y contestar.

-Oh No te preocupes Kingsley, no quiero ser una molestia para Ronald - Se disculpó con cortesía esperando que el tema se diera por zanjado.

-No eres una molestia - Soltó el chico de repente.

La castaña le dirigió la mirada que él no supo interpretar - No Ronald, estoy bien, no te preocupes, buscaré una habitación en el Caldero Chorreante hasta que la casa esté lista - Le dijo recuperando la compostura y poniendo su máscara de amable indiferencia.

- No tienes por qué, tengo suficiente espacio para alojarte cuando lo necesites - Contestó él mirándola de esa manera a la que la chica era incapaz de resistirse en el pasado, su seguridad titubeó y estuvo a punto de mandarlo todo al caño y aceptar, sin embargo la parte sensata de su cabeza se lo impidió.

- En Serio Ronald, estoy bien - Soltó ella después de unos segundos.

- ¿Segura Hermione? - Preguntó Kingsley interfiriendo.

- Si, claro no se agobien - Comentó ella sonriendo para tranquilizarlos.

Ron la evaluaba en silencio, por alguna razón se sentía enojado por el rechazo de la castaña, aunque él era consiente de que se lo merecía, al fin y al cabo él la había dejado, no obstante sin ser capaz de controlarse soltó.

- Tan obstinada como siempre - Dijo mientras le tendía al ministro la carpeta que Harry le había enviado - Te la manda Harry - comentó antes de dar media vuelta y salir de la oficina.

Hermione se quedó ahí, con la boca abierta por la sorpresa, sin embargo cuando al fin tenía algo coherente que decir el chico ya había desaparecido de la oficina.

Kingsley carraspeó trayendo a la realidad a la castaña - ¿Segura que estarás bien? - cuestionó el hombre mirándola con sus orbes negros.

Ella le devolvió la mirada por dos segundos antes de contestar - Claro, no te preocupes, iré a conseguir una habitación - Sonrió para quitarle importancia aunque por dentro estaba hecha un cúmulo de sentimientos.

- Bueno Hermione, nuevamente me disculpo por este inconveniente, no te necesitaremos hasta dentro de una semana para revisar unos cuantos detalles, mientras tanto no tienes necesidad de venir, disculpa que te deje pero tengo que revisar unos pendientes, Bienvenida a Londres - Soltó el moreno palmeándole cariñosamente la espalda antes de salir de la oficina. Ella a penas alcanzó a musitar un gracias.


- ¡Mamá ya estoy aquí! - Anunció Ginny entrando en la casa de sus padres. Recién había terminado el entrenamiento y estaba con ganas de llegar a su casa, darse una buena ducha y tirarse en el sillón, sin embargo tenía que pasar por Teddy.

- ¿Qué tal tu día querida? - Preguntó Molly desde la cocina donde se encargaba de lavar los trastes que recién habían utilizado para la comida.

- Cansado, pero todo bien, tenemos excelentes jugadas para la temporada - Dijo la chica atravesando la puerta y sentándose en una de las sillas - ¿Dónde está Teddy? - Preguntó sonriente, adoraba a ese niño.

- Está en el Jardín con Audrey y la bebé, está encantado con ella - Comentó la pelirroja mujer secándose las manos en el raído delantal que tenía puesto.

- Bien, ya va siendo hora de su baño - Comentó la chica cerrando los ojos y despatarrándose en la silla. Molly miró a su hija y se dejó invadir por la sensación de orgullo que la llenó al ver el cariño con el que trataba al pequeño Teddy, si bien no era hijo de ella, la joven pelirroja había asumido sin problema el papel de madre sustituta para él. - Iré a por él para irnos a casa - Dijo haciendo ademán de levantarse.

La regordeta mujer la detuvo - Espera Ginny, hay algo que quiero hablar contigo -

La menor de los Weasley miró a su madre con el ceño fruncido por la extrañeza. -¿Qué sucede? -

La señora Weasley tomó asiento frente Ginny y clavó sus ojos en ella, abrió la boca para decir algo pero volvió a cerrarla rápidamente.

- ¿Qué sucede mamá? Me asustas - Soltó la chica revelando un atisbo de preocupación

-Bien, lo siento. Verás, hoy pasé con Andrómeda para llevarle un poco de comida ya vez que la pobre mujer no tiene nadie que le haga compañía más que Teddy… - Comenzó la pelirroja mayor.

Ginny asintió apremiándola a continuar.

- Andrómeda está muy enferma Ginny - Soltó entonces la señora Weasley - Hoy que fui a verla estaba ardiendo en fiebre, tuve que pedirle a Percy que me ayudara a llevarla a San Mungo antes de que se fuera al trabajo. Los sanadores dicen que es viruela de Dragón ya que le ha empezado a salir el sarpullido, sin embargo por su edad dicen que corre mucho riesgo - Le dijo a su hija preocupada.

Ginny abrió los ojos con sorpresa y no dijo nada por un momento, finalmente tomó aire y soltó la temida pregunta - ¿Puede Morir? -

La señora Weasley bajó la vista hacia el trapo de cocina que estaba en la mesa - Los sanadores no asegura nada, es tratable por su puesto y ahora está bajo observación pero sus defensas están muy bajas y su edad no le ayuda - Contestó finalmente.

La joven pelirroja asintió procesando toda la información adquirida.

- ¿Harry lo sabe ya ?- preguntó luego de unos segundos.

- No y tampoco Teddy, Andrómeda no quiere que el niño lo sepa hasta que esté un poco más estable -

- Bien, hablaré con Harry esta noche y mañana iré a ver Andrómeda - Dijo la chica suspirando, de repente se sentía más cansada que cuando había llegado a la madriguera.

-Iré por Teddy - Dijo Molly poniéndose de pie.

-De acuerdo - Respondió mecánicamente la chica.

La preocupación la embargó ante la enfermedad de la mujer y las consecuencias que podría traer consigo, si la abuela de Teddy fallecía Harry y ella tendrían que hacerse cargo del pequeño. Ella adoraba al niño y le gustaba pasar tiempo con él y sabía que Harry también, su prometido se había tomado el papel de mentor y padrino muy enserio a pesar de ser bastante joven, y a Ginny no le atemorizaba la idea de hacerse cargo del niño en caso de que su abuela falleciera, estaba lista para cargar con esa responsabilidad de ser necesario ya que sabría que contarían con el apoyo de su familia, sin embargo lo que la llenaba de temor era el hecho de como lo tomaría el pequeño. Teddy había sufrido una gran pérdida desde que era a penas un bebé y lo único estable en su mundo eran ellos y su abuela, Ginny no sabía si sería capaz de soportar ver el corazón del niño romperse si otra tragedia golpeaba su vida. Un par de pasos la sacaron de sus cavilaciones.

-¡Tía Ginny! - Soltó Teddy corriendo en la cocina y parándose frente a ella - ¡La bebé Molly ya se puede sentar sola! - Comentó el pequeño emocionado ante la proeza de la hija de su hermano.

- ¿De verdad? Ya pronto será una niña grande - Comentó la pelirroja sonriéndole de vuelta.

- ¡Si y cuando sea una niña grande podrá jugar conmigo y con Victoire cuando viene de visita! - Soltó él con los ojitos brillantes. Ginny sintió su corazón llenarse de ternura.

- Así es Teddy, ahora corre por tus cosas que ya nos vamos a casa - Le dijo acariciándole el pelo.

- Está bien - Dijo antes de salir disparado escaleras arriba.

-Hola Ginny - Comentó Audrey entrando a la cocina junto a Molly y la bebé.

-Hola Audrey, ¿cómo está esta muñequita?- Preguntó la chica levantándose y caminando hacia su sobrina que le mostró su desdentada sonrisa - Teddy me contó que ya se sienta sola - Dijo tomándola en brazos.

-Oh si, esa proeza la descubriremos recientemente- Comentó su cuñada apartándose un mechón de su largo y negro cabello de la cara.

- Estás creciendo muy rápido Molly - Le dijo la menor de los Weasley a la bebé que jugaba con uno de los botones del uniforme de Quidditch que llevaba aún puesto.

- Oh, me hace pensar en lo mucho que todos mis hijos han crecido - soltó la señora Weasley suspirando con nostalgia -Poco a poco están formando sus propias familias-

Audrey le sonrió cariñosa a su suegra y Ginny solo puso los ojos en blanco aún sonriendo ante el dramatismo de su madre.

-Mamá nos dices eso cada vez que venimos-

-No puedo evitarlo- Contestó la mujer ligeramente a la defensiva - Algún día entenderás lo que es ser madre - Le dijo con cariño.

-¡Ya estoy listo! - Dijo Teddy mientras bajaba corriendo las escaleras con su pequeña mochila en el hombro.

- Teddy no corras en las escaleras - Se escuchó decir a coro por un par de voces.

La señora Weasley y Ginny se miraron sorprendidas. Audrey solo soltó una carcajada.


La puerta de Sortilegios Weasley se abrió de golpe haciendo que los Micropuffs que dormían apaciblemente en uno de los estantes se sobresaltaran.

- Vaya, vaya, al parecer el pequeño Ronnie está de mal humor - Comentó George sonriendo socarronamente desde el mostrador.

-Cállate- Soltó mientras colgaba su capa en el perchero.

- ¿Mal día? - Preguntó Angelina saliendo detrás de uno de los estantes con un par de cajas pequeñas en las manos.

-Un día del demonio- Soltó recargando sus codos en el mostrador a un lado de su hermano.

- ¿Quieres hablar de ello?- Preguntó su cuñada llegando hasta ellos.

Ron se pasó las manos por el cabello antes de dejar escapar todo el aire que había en sus pulmones.

- No - Dijo finalmente.

La morena se encogió de hombros - De acuerdo, entonces me tengo que ir, solo vine por un par de estas - Dijo sacudiendo los paquetes que traía en las manos.

- Hasta luego Angie - Se despidió de su cuñada mientras esta se acercaba y besaba rápidamente a George en los labios.

-Nos vemos en casa - Le susurró con una sonrisa pícara.

-Oh claro que si, tenemos un asunto pendiente- comentó el gemelo guiñándole un ojo a su novia. Ella se sonrojó violentamente.

-Perturbador- Dijo Ron poniendo los ojos en blanco mientras se incorporaba.

George rió mientras veía a Angelina salir por la puerta, el establecimiento estaba vació, era poco antes de las cuatro de la tarde y generalmente en ese horario no había demasiado movimiento.

-¿Me contarás que te pasa Ronnie? - Preguntó George mirando con una media sonrisa a su hermano.

El pelirrojo lo miró debatiendo entre guardarse sus sentimientos y atormentarse en silencio o contárselo a George y someterse a sus burlas. Se decidió por la segunda opción, no le entusiasmaba la idea de que su hermano se riera su costa, sin embargo él sabía dar buenos consejos cuando se requería.

- Hermione - Soltó finalmente - Eso pasa -

George levantó las cejas - Ron, creí que ya habíamos hablado de esto y habíamos acordado que unas noches con algunas chicas lo solucionarían -

-No entiendes - Dijo Ron mirándolo luciendo ligeramente alterado - Creí que a estas alturas ya podría manejar la situación y de cierta forma mi vida se estaba encaminando, es decir, trabajo en el ministerio y acá en la tienda, salgo con algunas chicas, me reúno con amigos, juego Quidditch los fines de semana, voy a fiestas - Apuntaba mientras caminaba de un lado a otro frente al mostrador - Había logrado no pensar en ella demasiado y cuando creí que al fin estaría bien, que podría continuar con mi vida normalmente y olvidarla por siempre… ella regresa a Londres - Soltó desesperado.

George abrió los ojos como platos.

-¿Hermione volvió?-

-¡Si, ella volvió y trabajaremos en el mismo piso! - Exclamó el chico deteniéndose en seco - Me topé con ella hoy - le contó a su hermano.

-¿Y qué pasó?- Pregunto el pelirrojo mayor poniéndole total atención al relato.

-Llegó hoy por lo que pude entender. No tiene donde quedarse y yo lo escuché por accidente… le ofrecí quedarse conmigo- el chico hizo un amago de sonrisa.

-¿Se quedará contigo?- preguntó su hermano sorprendido.

-No, sigue siendo tan obstinada como siempre, me dijo que buscaría una habitación en el Caldero Chorreante-

George pensó un poco antes de responderle a Ron.

-¿Sabes? Creo que fue lo mejor, es decir no se han visto en más de dos años, y las cosas entre ustedes no terminado muy bien, tal vez lo correcto es que cada quien esté por su lado, no sabemos que tan mal se pueden poner las cosas-

El interpelado lo miró para después soltar - Supongo que tienes razón, es mejor así, ya veremos con el tiempo como se van dando las cosas en el Ministerio, tal vez podamos retomar de alguna manera la amistad ¿No? - Preguntó sin siquiera él mismo creer sus palabras.

-No te ilusiones tanto Ronnie, puede que ella aún siga molesta, recuerda que no hay nada peor que el resentimiento de una mujer - Le comentó divertido para aliviar el ambiente.

Ron soltó una risita por lo bajo, no pudieron continuar con la conversación ya que un par de clientes ingresaron al establecimiento.

La tarde transcurrió con tranquilidad poco a poco la tienda se fue llenando de personas que iban tanto a ver como a comprar. El chico no se dio tiempo de pensar en Hermione nuevamente ya que se dedicó a ocupar su mente con el trabajo y la investigación pendiente que tenía con Harry.

Después de varias horas se desperezó cansado mientras veía a un cliente salir contento con una caja de turrones sangra narices.

- Puedes irte si quieres - le dijo George saliendo de la bodega - Yo cierro -

Él no se lo pensó ni dos veces, tenía ganas de llegar a su casa y recuperar todo el sueño perdido de la noche anterior.

- De acuerdo, no vemos mañana entonces - Le dijo tomando su capa del perchero.

El gemelo miraba interesado por la ventana - Ron, ¿No es esa Hermione? - Le preguntó señalando con la cabeza a la chica que salía de un callejón. Se veía enojada.

El interpelado levantó la cabeza tan rápido que su hermano temió que se haya hecho daño en el cuello.

-Si es - Soltó como única respuesta viendo su menuda figura caminar cerca de la tienda, sin darle tiempo al pelirrojo de añadir algo salió de la tienda.

Hermione estaba de mal humor, había ido al Caldero Chorreante en busca de una habitación, grande fue su sorpresa al decirle que todas estaban ocupadas, le recomendaron otra pensión al otro de la ciudad y al llegar se encontró con la misma situación ¿Qué pasaba en el mundo mágico que no había ni un solo rincón disponible para ella? Llevaba horas vagando por la ciudad en busca de otro lugar donde quedarse sin embargo al parecer esas eran las únicas pensiones mágicas en todo Londres. Como último recurso ahora se encontraba vagando por el callejón Diagon con la esperanza de encontrar aunque sea un lugar de mala muerte donde pasar la noche. Empezaba a pensar que volver a Londres no había sido tan buena idea. Estaba frustrada y tenía unas imperiosas ganas de montarse en un tren y volver a Francia, no obstante ahí tampoco tenía ya departamento.

Derrotada se dejó caer en una silla de una cafetería en algún lugar del callejón. Puso sus codos en la mesa y se llevó las manos al rostro. Que primer día tan malo.

-¿Todo bien? - Preguntó una voz masculina que le erizó los vellos de la nuca. Justamente lo que necesitaba pensó sarcástica.

- Hola de nuevo Ronald - Dijo levantando el rostro para verlo ahí plantando frente a ella, fue justo en ese momento que notó que estaba a unos cuantos metros de Sortilegios Weasley.

- ¿Encontraste habitación? - Preguntó el chico fingiendo desinterés.

Ella lo miró, estuvo a punto de decirle que si, que tenía un lugar donde quedarse y que se fuera, sin embargo él la observó de tal manera que no fue capaz de mentirle.

- No, al parecen en la ciudad hay solo dos pensiones y todas están ocupadas ¿Qué pasa? - Preguntó haciendo un mohín que al pelirrojo no pudo parecerle más que adorable. Sonrió sin poder evitarlo.

- La próxima semana empieza la temporada de Quidditch, muchos viajan para poder estar presentes en los partidos - Explicó él.

- Vaya - Soltó ella sin ánimos de agregar nada más.

- ¿Entonces sigues sin tener donde quedarte?- Cuestionó Ronald.

Ella suspiró mientras veía como uno de los empleados de la tienda se acercaba con paso perezoso para tomar su orden. - No, no tengo - Bufó frustrada.

-¿Les puedo tomar su orden? - Preguntó el mesero al llegar a la mesa.

- Un café - Dijo ella dirigiéndole una rápida mirada.

-Que sean dos - Apuntó en pelirrojo sorprendiendo a Hermione.

El mesero asintió y se retiró.

Hermione le hizo un gesto con la cabeza indicándole al joven Weasley que se siente. Él lo hizo sin rechistar.

- La oferta de mi departamento aún está en pie - Dijo como quien no quiere la cosa.

La castaña lo miró profundamente sintiéndose ligeramente mareada, ahí estaba el chico que le había roto el corazón planteándole quedarse con él, rescatándola de su terrible día.

Sentía que la cabeza empezaba punzarle y en ese momento todo el cansancio del día cayó sobre sus hombros.

Podía rechazar la oferta nuevamente y seguir vagando por la ciudad, aún le quedaba la opción de los hoteles muggles, aunque eso implicaba que tendría que conseguir un poco de euros; ó podía ir con Ronald esa noche y buscar una solución lógica al día siguiente.

Estaba segura de que se arrepentiría de la decisión y aunque su parte sensata le gritaba con todas sus fuerzas que se negase finalmente dijo.

- Te tomo la palabra -

Él sonrió radiantemente y cuando el mesero pasaba le dijo - Los cafés para llevar - El chico solo asintió.


Harry llegó a su casa sintiendo un profundo alivio a penas puso un pie dentro. Había tenido un día agotador lleno de reuniones y asignaciones.

Kreacher salió a su encuentro.

- Buenas noches amo Harry - Dijo el elfo.

-Kreacher, deberías estar ya descansando - Reprendió suavemente el moreno.

- Lo sé señor, Kreacher ya se iba a su habitación cuando lo escuchó llegar. La señorita Weasley hizo la cena esta noche -

El chico le sonrió con simpatía al elfo que algún momento había detestado.

-Gracias, bajaré a cenar en un momento, buenas noches-

- Buenas noches señor- dijo la criatura antes de retirarse a una habitación del final del pasillo.

El chico lo vio perderse y subió las escaleras, pasó por la habitación de Teddy para encontrárselo dormido, entró sorteando objetos tirados en el suelo y cerró las ventanas para impedir el paso del gélido viento, acomodó la cobija del niño que ahora tenía una cabellera rubia y salió nuevamente.

Siguió subiendo las escaleras hasta llegar a la habitación que compartía con Ginny, habitación que en algún momento había pertenecido a su padrino.

- Hola cielo - Dijo la pelirroja al escucharlo llegar, estaba sentada en el tocador de la habitación peinando su larga cabellera de fuego.

- Hola hermosa - Contestó él acercándose y besándole el cuello.

-¿Día largo?- Preguntó su prometida levantándose y envolviéndolo en un abrazo.

- Cansado, bastantes reuniones - Comentó tomándola por la cintura.

Ginny se mordió el labio dubitativa entre hablarle en ese momento al chico a cerca de Andrómeda o después.

-¿Qué pasa? - Preguntó él poniendo su mano en su mejilla.

Ella decidió que era el momento para hablar de la situación. Le tomó de la mano y lo guió a la cama para que ambos se sentasen.

- Hablé hoy con mamá- Empezó - Andrómeda está bastante mal, los sanadores le diagnosticaron viruela de dragón, sin embargo corre riesgo por su edad - Soltó la chica.

- ¿Andrómeda está muriendo?- Preguntó Harry sorprendido.

La chica no supo que responderle - Los sanadores la están tratando pero tiene las defensas muy bajas - comentó ella en respuesta.

- ¿Has hablado con Teddy?- Cuestionó el chico de ojos verdes poniéndose de pie.

-No, su abuela no quiere que lo sepa hasta que se encuentre mejor, mañana iré a verla -

-iré contigo -

-¿No tienes que presentarte al ministerio? -

-Si, pero avisaré que llegaré un poco más tarde - Dijo Harry mirando a su novia preocupado.

Ella reflejó su mirada - Temo por Teddy - Exclamó Ginny - No sé si el niño pueda soportar la pérdida si llegase a suceder-

Harry la tomó de los hombros - Tranquila cielo, no hay que anticiparnos, lo importante ahora es la salud de Andrómeda, después nos encargaremos de lo que venga -

Ella asintió - Tienes razón - Le besó los labios suavemente - Ven, vamos abajo, te hice la cena -

Él asintió y la besó nuevamente antes de tomarle la mano y bajar al primer piso.


-Bienvenida a mi casa - Dijo el pelirrojo abriendo la puerta del departamento y encendiendo las luces.

Él la dejó pasar primero intentando actuar como un caballero, por algún extraño motivo tenía la necesidad de demostrarle a Hermione que ahora él era diferente. Ella ingresó con paso lento y se quedó parada en el corredor de la casa, él la siguió y cerró la puerta.

Ambos se quedaron ahí parados y un extraño e incómodo silencio se posó en el ambiente.

La chica cambió su peso de un pie a otro, incómoda. Ron la observaba como hipnotizado sin poder creerse que Hermione realmente estuviera frente a él después de todos estos años, su corazón seguía latiendo con fuerza y temía que si la chica se acercaba un poco más a él podría escuchar claramente sus erráticos latidos.

Ella carraspeó y desvió la vista hacia el lugar intentado no toparse con sus ojos, aún le parecía irreal toda situación, él le parecía irreal. Las nauseas seguían presentes en su cuerpo y temía que si no se movía vomitaría ahí mismo.

-Tienes un bonito departamento- Dijo ella para aliviar la tensión, aunque en realidad no había más que el pasillo.

El pelirrojo parecía haber despertado de su alucinación y se sonrojó al darse cuenta que debía parecer un idiota ahí plantado.

- Eh… si gracias, déjame mostrarte donde puedes quedarte - Dijo avanzando hacia derecha donde se encontraban tres puertas.

-Esta es mi habitación - Indicó él refiriéndose a la primera puerta que estaba en el pasillo, ella solo asintió. - Esta de acá - Dijo señalando la habitación de alado - Es donde te quedarás, antes este era el cuarto de George pero ya tiene un tiempo que él y Angelina se mudaron - Abrió y la dejó pasar primero nuevamente pasando detrás de ella y encendiendo la luz.

La habitación era amplia, pintada de un color azul claro, había una ventana grande con las cortinas abiertas dejando ver una buena parte del callejón Diagon. No había gran cosa dentro, en medio había una cama grande con sábanas azul marino bordeada de un par de mesitas de noche a cada lado, una de ellas tenía una lámpara encima, a un lado había un espejo de cuerpo completo empotrado en la pared. En un rincón había un sofá y aun lado unas estanterías con algunos adornos decorando. Finalmente ella vio un armario colocado al otro lado de la habitación, concluyó la castaña que era acogedora.

- Todo está limpio - Indicó Ron refiriéndose a la ropa de cama - Hay cobijas y toallas en el armario-

- Muchas gracias - Dijo ella girándose para observarlo, estaba bastante confundida, alterada y nerviosa. Ron notaba que ella estaba ciertamente incómoda, así que dando un paso hacia atrás preguntó - ¿Has cenado ya? -

Ella negó con la cabeza.

- Iré a preparar algo para comer, te dejaré sola para que te acomodes, el baño es la puerta del fondo del pasillo por si lo necesitas - Dijo al fin saliendo de la habitación.

Hermione abrió la boca para agradecerle sin embargo no salió ninguna palabra de ella. El chico solo sonrió de lado, finalmente se retiró.

A penas la puerta se cerró detrás de ella se dejó caer en la cama, en ese momento sentía su cuerpo extremadamente pesado y al mismo tiempo como si estuviese hecho de gelatina. Sus ojos se llenaron de lágrimas intentando externar todo el cúmulo de emociones que sentía. Estaba enojada por el frustrante y horrible primer día que había tenido, además estaba cansa, sin embargo el motivo real de sus ojos anegados era el pelirrojo que acaba de cruzar la puerta. Él, el chico que había querido con toda su alma hacía un par de años, aquel que le hizo la promesa de no olvidarla y la había roto junto con su corazón. Ella estaba sorprendida por la indiferencia que el mostraba ante la situación cuando ella estaba ahí a punto de derrumbarse. Definitivamente podía comprobar que Ronald Weasley le había olvidado, y aunque ella intentó con ganas olvidarlo se dio cuenta de aún le importaba. Se sintió estúpida. Ella también tenía que borrarlo.

Se puso de pie y se limpió las lágrimas negándose a dejarlas caer. Dio un suspiro profundo, dejó sus cosas sobre la cama y salió nuevamente al pasillo rehízo sus pasos hacia la puerta y descubrió que frente a esta estaba la sala, ingresó y a su derecha pudo apreciar la cocina que conectaba con el comedor. Ahí lo vio, indiferente y sin mostrar reacción alguna ante su presencia, estaba concentrado preparando un par de sándwiches.

- Es lo más rápido que pude encontrar - Se excusó ante él ante la sencilla cena. Ella sonrió aún plantada en el alféizar de la sala.

- sándwich está bien - Respondió avanzando hacia la cocina.

- También hice café- Dijo el chico señalando un par de tazas que descansaban en la barra. -Siéntate - le dijo indicándole un par de banquillos frente a él.

Ella lo dudó un par de segundos y finalmente se sentó frente a la barra. Ron le tendió el plato y la taza y ella los tomó.

- Gracias Ron… por todo - Dijo finalmente intentado dejar de sentirse intimidada por su presencia, intentando actuar indiferente.

- ¿Qué al tu viaje? - Se interesó él.

- Bien, todo tranquilo - dijo escuetamente.

-¿Alguien más sabe de tu regreso a la ciudad?-

Ella negó con la cabeza - Solo mis padres. Quería que fuera una sorpresa -

- Vaya que lo fue - Dijo el bajando la mirada y tomando un sorbo de su café. - ¿Por qué no te quedaste con tus padres? - Cuestionó él dándose cuenta de ese detalles.

- Se mudaron hace un año y medio a Australia, cuando estuvieron ahí hicieron una buena carpeta de clientes, además prefirieron el clima cálido - Relató ella encogiéndose de hombros - Vendieron la casa y se fueron. Los veo un par de veces al año.

Él asintió - ¿Y tu cepillo naranja con cola? - Preguntó refiriéndose a su gato.

Ella no pudo evitar sonreír ante el mote del chico hacia su mascota.

- Se quedó en Francia, iré a por él en unos días. Le estresan las mudanzas y no quería traerlo hasta que estuviera todo establecido aquí. Me alegro no hacerlo viajar conmigo, el pobre estaría vuelto loco, se ha vuelto más cascarrabias con el paso del tiempo - Contó recordando con nostalgia a su peludo amigo.

- Ha pasado un tiempo - Apuntó Ron distraídamente, sin embargo sus palabras tomaron una connotación diferente. A la castaña se le formó un nudo en la garganta que le hizo difícil tragar el trozo de sándwich que había mordido.

Él también realizó que el ambiente se había tornado diferente.

-Así es, mucho ha cambiado- Dijo mirándolo directamente a los ojos.

El pelirrojo quería disculparse con ella por haber dejado de escribirle, por haberle roto el corazón. Quería contarle que también para él fue difícil estar lejos de ella y que a pesar de lo mucho que lo había intentado no había podido sacarla de su cabeza. Quería que supiera que no le había perdido la pista a sus logros y que estaba endemoniadamente orgullo de ella. Quería decirle todo eso y más. Tomó aire infundiéndose de valor. Era ahora o nunca.

- Hermione… - Sus miradas se conectaron y el sintió como se quedaba sin respiración - A pasado mucho tiempo pero… - Cerró la boca buscando las palabras correctas para expresarse.

Ella lo miraba expectante con el corazón en un puño. Sentía sus erráticos latidos y el nudo en su garganta apretaba cada vez por la ansiedad de escuchar sus palabras.

- Ronald… - Susurró apremiante, quería que siguiera hablando.

El se pasó la mano por sus pelirrojos cabellos y continuó - Verás... Yo… - sin embargo no continuó porque un extraño ruido llenó la habitación.

Hermione se sobresaltó aturdida, y por ese motivo tardó en realizar que la melodía venía de su bolsillo. Era su celular. Lo sacó y leyó que era Aleric. Una punzada de culpabilidad se instaló en ella dado que desde que se había topado con el pelirrojo no había pensado ni un segundo en su novio.

Ron la miró confundido al ver que presionaba un botón en ese extraño artefacto. Ella le lanzó una mirada antes de contestar.

- Hola amor -

El alma de Ron cayó a sus pies. Estaba con alguien. Hermione estaba saliendo con alguien que no era él y se sintió estúpido por haber pensado que ella lo habría esperado todo este tiempo. Los celos y la rabia bulleron en su interior a pesar de ser consciente de que no tenía derecho. Vio como ella salía al pasillo a hablar por el artefacto con el hombre que estaba del otro lado.

El momento que se había creado anteriormente estaba más que roto y no había oportunidad de recuperarlo. Se quedó mirando la meseta intentando acompasar su respiración y evitar que todo el enojo que sentía se externara. No tenía derecho a reclamarle.

La castaña volvió al cabo de unos minutos.

- Lo siento - Se disculpó sin saber muy bien porque lo hacía - Era Aleric - Explicó sin dirigirle la mirada.

Ese idiota Pensó Ron recordando al hombre rubio de ojos castaños que había conocido hacía un par de años cuando visitó a la chica en París Sabía que tramaba algo.

- Ah - Respondió él secamente sin saber que más decir, temía que si abría la boca podía decir cosas que haría que ella lo odiase, por una vez en su vida intentó controlarse. Agarró su plato y lo dejó en el fregadero.

- No comiste tu cena - Apuntó la castaña intentando aliviar la tensión que había entre ambos.

- Ya no tengo hambre - Soltó él con sequedad antes de salir hacia el pasillo sin siquiera despedirse.

Hermione se quedó ahí plantada en la cocina, sintiéndose enojada y frustrada, pero sobre todo sintiéndose decepcionada porque sabía que Ron jamás retomaría la conversación que se había quedado pendiente.


Hola chicos disculpen la demora, había dicho que publicaría domingos sin embargo al parecer se me hace más fácil entre semana, se me hace bastante complicado combinar el trabajo, mis actividades y la escritura, sin embargo estoy intentando no fallar. Como sea, espero que les haya gustado el capitulo. Hoy no tengo tiempo de contestar los comentario que me han dejado pero quiero que sepan que los leo y de verdad les agradezco que se tomen el tiempo de leer y de comentar.

Prometo pronto responderle.

Un beso enorme y mil gracias de nuevo.