PORQUE HAY AMORES…

By DARLA ASAKURA


CAPITULO IV

RECUPERAR, LO QUE CREÍMOS PERDIDO…

¡Porque seguir adelante, no significa necesariamente olvidar!

Los hermosos que poseía Sakura Haruno, miraron hacia todos lados con temor y la chica dudó un minuto de darse vuelta para dirigirse a la salida, pero yo alcancé a tomarla del brazo impidiéndole la huída.

- Sakura… Que bueno que viniste.- le dije y sonreí agradecido. Ella me miró, antes de pasar revista nuevamente alrededor.

- No creo que haya sido buena idea.- afirmó en voz muy baja.

- No… claro que fue una buena idea, por supuesto que si.- le aseguré, asintiendo con la cabeza, sin borrar la sonrisa de mis labios y sin soltarla aun. Ella me miró, todavía llena de dudas.

- No digas eso. Por favor… ven.- agregué en un susurro, mientras clavaba en sus hermosos ojos mis pupilas oscuras, al tiempo que le solté el brazo, para tenderle una mano.

Ella vaciló un instante, pero después la tomó sin reparos y se dejó guiar por mí, entre la gente. Me sentí muy dichoso, tanto que las palabras no me bastan para expresarlo, sentía que había ganado mucho aquella noche… si solo Naruto, entendiera también.

- Es aquí, nuestra mesa.- le ofrecí asiento, en la mesa central, una de las primeras y de las más cercanas al escenario.

- Me alegra mucho verte aquí, Sakura.- le escuché decir a Hinata, al acercarse a la mesa.

- Tenías razón, debía pensarlo bien. – musitó mi amiga pelirosa, al verla. Miré a Hinata asombrado, definitivamente esa chica era maravillosa.

- ¿Esto es obra tuya?- le pregunté amablemente. Ella solo se limitó a negar con la cabeza tímidamente.

- ¿Te puedo pedir un favor?- le dije, acercándome.

- No dejes que escape.- le susurré finalmente al oído. La morena se sonrojó un poco, pero luego asintió.

- No lo haré.- me dijo con calma, para luego ir a sentarse junto a Sakura, quien parecía estar algo nerviosa.

- Entonces… está todo listo.- le pregunté a Ayame, la hija del dueño, quien asintió llena de emoción.

- Sai… Alguien pregunta por ti.- escuché a mis espaldas la voz del padre de ésta.

Me volteé de inmediato, guardaba la esperanza de que se tratara de Naruto, pero no, el susodicho estaba acompañado de Tsunade-samma, su asistente Shizune, Jiraiya-samma, el otro sannin de la aldea y cual fue mi sorpresa, al encontrar también dentro del selecto grupo, a nada más y nada menos que al nuevo Mizukage, así como también a un chico como de mi edad, pelirrojo, de mirada fría y aguamarina, al que identifiqué como al Godaime Kazekage de la Arena, quien me intimidó un poco al clavar sus ojos en mí, con sumo interés.

- Sai… me encanta tu idea. Es lo mejor que he visto y realmente me alegra que te hayas tomado un tiempo libre al fin.- me dijo, la mejor ninja de mi aldea sonriéndome.

- Es usted muy amable, Tsunade-samma. Es un placer tenerlos aquí, sean bienvenidos.- dije haciendo una respetuosa inclinación de cabeza.

- Hola Sai-kun, es bueno volver a verte.- expuso el Mizukage, regalándome una sonrisa amena.

- Le digo lo mismo, señor.- respondí, estrechando la mano que el me tendía.

- Aquí mi amigo Gaara, deseaba conocerte.- declaró el chico de los ojos grises, haciendo que todos lo miraran raro.

- ¿A mí?- pregunté yo, dubitativamente. No entendía porque alguien como el Kazekage, podía interesarse en conocer a un ninja como yo, que de extraordinario no tenía nada.

Extrañamente el muchacho pelirrojo frente a mí, a quien había tildado antes de frío, distante y reservado, sonrió al tiempo que me tendía también su mano, la que dudé un poco antes de estrechar.

- Según me han contado, ere una persona interesante. - dijo.

- Y un ninja estupendo. – Agregó a mi favor, Tsunade-samma.- uno de los mejores ninjas de la aldea.- finalizó la rubia.

No supe si debía hablar o no, nunca he sabido con certeza, como se debe reaccionar frente a los halagos.

- Estaremos por allá.- señaló Jiraiya-samma.

- Hoy celebramos una nueva alianza entre la Niebla y la Arena, con Konoha como mediador, por supuesto.- repuso alegremente el Mizukage, a lo que el Kazekage lo miró, con un gesto cómplice.

- Me alegra que hayas encontrado la respuesta que necesitabas. – le escuché decir, de repente al Mizukage, a manera de despedida.

- Fue usted¿cierto?... ¿en la Niebla? - pregunté aceleradamente, sin saber si él realmente podría entender a lo que me refería.

El aludido simplemente sonrió y luego comentó en tono casual.

- Hoy muy temprano, conocimos aquella piedra en la que Tsunade dijo que estaban grabados los nombres, de aquellos ninjas caídos en batalla. ¿Cierto, Gaara? – me hizo saber Ryouka-samma, a lo que el otro asintió levemente.

- Vimos cosas muy interesantes, por allí. Tal vez, necesites un micrófono extra.- agregó el pelirrojo Kazekage.

- No tengo como agradecérselo, señor.- expresé mi gratitud, al descubrir el mensaje oculto en sus palabras.

- No lo hagas, solo canta bonito.- me dijo, para seguir junto al Kazekage al resto del grupo, quienes ya se alejaban guiados por Ayame.

Tras emitir un largo y profundo suspiro, me armé de valor para enfrentarme al gran público que me esperaba; miré hacia la puerta de soslayo y no pude evitar pensar, lo mucho que me hubiese gustado que Naruto asistiera al bar esa noche en particular, pero ya eran pasadas las ocho, exactamente por 18 minutos, constaté al posar la vista en el reloj de pared, que se hallaba en el lugar.

Por lo menos podía contar con la presencia de Sakura y la de Hinata, me detuve a mirarlas agradecido y le regalé una dulce sonrisa a la pelirosa, a quien la Hyuuga le sostenía la mano, en gesto de apoyo, cuando pasé cerca de la mesa que las chicas ocupaban, al dirigirme a la tarima.

- Buenas noches, antes que nada, les agradezco mucho el que estén presente hoy aquí… Espero que Tsunade-samma no los haya obligado a venir.- dije cuando tuve que enfrentarme al bar lleno de shinobis y kunoichis, algunos de los cuales rieron.

- Ser ninja, como ya muchos de nosotros sabemos por experiencia. – continúe cuando el silencio volvió a reinar en el lugar.- No es una profesión fácil. No se trata solamente del dominio de jutsus, kunais, shurikens y el hábil manejo del chakra. No.- hice una pequeña pausa, antes de seguir hablando.

- No se trata solo de enfrentar peligros inimaginables a cada momento, aun cuando seamos buenos en ello. Ser ninja se trata de más, de mucho más… Quizá nunca nos hemos detenido a pensarlo antes, pero sobre nosotros los ninjas recae una responsabilidad muy grande.- todos guardaban silencio, escuchando atentamente mis palabras.

- Sobre nuestros hombros recae la protección de miles de vidas, de personas inocentes. El sabernos ninjas, es saber que estamos a cargo de conservar la paz… Somos ninjas, sí, y saber esto, además es saber que debemos crear lazos irrompibles entre nosotros, a pesar de ser conscientes que en cualquier momento, alguno de nosotros puede caer en batalla y no volver a levantarse, porque no nos importa sacrificarnos en el cumplimiento del deber… Porque no hay excusas para dejar de ayudar.- al terminar de hablar, la estancia cayó en un silencio denso, que fue reemplazado luego por una lluvia de aplausos a mis palabras, dándome el valor que necesitaba para continuar.

- Hoy me encuentro aquí, para honrar la memoria de un gran amigo… Uno de los mejores ninjas que he conocido, alguien que arriesgó y sacrificó su vida por la paz, hace poco más de dos años. Él murió luchando por Konoha en una batalla, en la que también participaban la Arena y la Niebla… Sasuke Uchiha. – agregué.

- Muchos de ustedes lo conocieron y saben que no miento, al decir que su ausencia creo una crisis dentro de nuestro equipo, al no poder ser capaces de superar su muerte. Pero esta noche estamos aquí reunidos para recordarlo, para decirle al mundo que Sasuke sigue con nosotros, porque no se ido, ni se irá, mientras conservemos su recuerdo intacto en nuestros corazones…- alcé la vista, para localizar a Sakura entre el público, quien me sonrió tristemente como dándome ánimos, y pude observar también a Hinata a su lado, derramando lágrimas sin soltarle la mano.

- Para demostrarles a todos, que podemos seguir adelante, sin olvidar… Sin olvidarlo.- terminé en tono suave.

- Además me gustaría invitar a todos los presentes, a que si desean expresar lo que sienten por uno o varios de nuestros desaparecidos compañeros, se sientan en libertad de hacerlo. – extendí la invitación, al resto de los shinobis que se hallaban en el bar.

- Ayame, cuando quieras… - le indiqué, dándole a entender que encontraba listo para comenzar.

Me senté en un banco alto, tratando de convencerme de que podía hacerlo. La melodía suave comenzó a escuchar, para un minuto después inundar todo el lugar, y sin querer comencé a recordar como era que Sasuke solía hacer aquello… como si solo la interpretara para él, para nosotros, para nadie más.

Decidido entrecerré los ojos, esperando que la misma pista, me dijera cuando empezar a cantar, ahogué un profundo suspiro cuando el momento llegó, pero…

¡Ay, mi piel!... que no haría yo por ti

por tenerte un segundo, alejados del mundo

y cerquita de mí.

Aquella voz no provenía de mi garganta, ni siquiera había alcanzado a emitir sonido alguno, por lo que abrí los ojos de par en par y los dirigí hacia la puerta del establecimiento, cerca de la barra, el lugar de donde se podía escuchar claramente al hombre que interpretaba ésta.

¡Ay, mi piel!.. como el río Magdalena

que se funde en la arena del mar

quiero fundirme yo en ti.

Naruto continúo cantando, al tiempo que caminaba abriéndose paso hacia la tarima, donde yo todavía seguía sentado sin emitir palabra, ignorando casi todas las miradas que en ese momento estaban puestas en él; solo hubo una que no podía ignorar… una intensa, verde Jade, por lo que se detuvo un instante frente a la mesa, en la que se encontraba la chica a la que pertenecía ésta, y que se encontraba acompañada de la mayor de las hermanas Hyuuga.

- Naruto…- pude ver que decía Sakura, con lágrimas en los ojos al leer sus labios y una débil sonrisa se formó en los míos.

Hay amores, que se vuelven resistentes a los daños

Como el vino que mejora con los años

Así crece lo que siento yo por ti.

Siguió él, y ni yo ni nadie en el bar dudó de a quien le cantaba el rubio, mientras que la pelirosa no podía dejar de mirarlo.

Hay amores, que se esperan al invierno y florecen

Y en las noches del otoño reverdecen

Tal como el amor que siento yo por ti.

Terminó el rubio de ojos azules, acercándose a ella.

- Lamento llegar tarde.- le dijo por el micrófono, por lo que Sakura dejó de luchar por contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, desde que comenzó a escucharlo cantar y se abalanzó sobre él, dejándose vencer finalmente por sus impulsos.

Naruto la abrazó con fuerza, como si aquello fuera lo único que deseara hacer y la chica se aferró a él, como si no quisiera volver a dejarlo ir… Todos nosotros volvimos a ser testigos, del inmenso amor que se tenía la pareja y por ello, solo podía escucharse la dulce y lenta melodía, que ya volvía a indicar el inicio de la siguiente estrofa, la que feliz de la vida, no dudé en comenzar a entonar…

¡Ay, mi piel!... no te olvides del mar

que en las noches me ha visto llorar

tantos recuerdos de ti.

Sakura y Naruto me miraban, todavía abrazados y Hinata me sonreía con dulzura, con lágrimas brillando en sus bellos ojos, compartiendo la emoción como el resto de los presentes, ante la inesperada llegada de Naruto, interpretando la canción.

¡Ay, mi piel!... no te olvides del día

que separo a tu vida

de la pobre vida, que me tocó vivir.

Le regalé a Hinata una dulce sonrisa, dejando ver lo feliz que me hacía lo sucedido. Rogando por que pudiera comprender, que mi felicidad solo estaría completa, con ella a mi lado… y pensé en Sasuke, en que tan orgulloso se sentiría de nosotros en ese momento, de nuestra amistad.

Hay amores, que se vuelven resistentes a los daños

Como el vino que mejora con los años

Así crece lo que siento yo por ti.

La música continuaba y yo seguía cantando. Dejé de mirara a la dueña de mi corazón, para pasar la mirada por el lugar, viendo como todos parecían sobrecogidos… detuve la vista en la mesa que compartían los Kages, desde donde una sonrisa enigmática y cómplice era compartida por los de Arena y la Niebla.

Hay amores, que parece que se acaban y florecen

Y en las noches del otoño reverdecen

Tal como el amor que siento yo por ti

Yo por ti… por ti

Como el amor que siento yo por ti.

Al sonar la ultima nota de la canción, los aplausos estallaron en la mesa de los Kages y se extendieron por todo el bar, para continuar en vitoreos de aprobación. Yo di las gracias y bajé de inmediato para llegar hasta el lugar, donde Naruto y Sakura aun se abrazaban.

- ¿Tendré que amarrarte, para que no vuelvas a desaparecer?- dije, dirigiéndome al rubio de ojos azules.

- Vine para quedarme. – declaró éste, tendiéndome una mano, que no tardé en estrechar con fuerza.

- Eso fue hermoso, Sai… Sasuke estaría orgulloso de ustedes dos.- le escuché decir a Sakura, con voz amortiguada por las ganas que tenía de romper en llanto.

- Sí, no sabía que cantarás tan bien. – escuché una vocecita tras de mí y me volteé para encontrarme con una sonriente humana, que me miraba embelesada.

- Solo los enamorados cantamos así¿no lo crees Naruto? – pregunté sin dejar de mirar los ojos blancos de la chica.

- Así es, Hinata-chan. – respondió el muchacho rubio, con una nota de picardía en la voz.

- Sai… yo… te escuché, anoche. – dijo entonces ella, tartamudeando apenada.

- Me alegra, porque todo lo que dije es verdad. Te amo, Hinata. - me acerqué y le susurré al oído, para verle enrojecer ante la confesión, lo que me conmovió a tal punto, que no dudé en bajar mis labios a los suyos y besarla dulcemente, sin importarme ni el sitio ni la gente.

Esa noche parecía no tener final, pero no nos importó, nos sentíamos muy bien, pues habíamos descargado parte de nuestra alma. Naruto y Sakura se veían tan enamorados, que nadie creería que duraron dos años separados el uno del otro, mientras que yo no fui capaz siquiera de durar una semana lejos de Hinata.

El recuerdo de Sasuke, en aquel momento nos unió más, sobre todo después de la canción que interpretáramos Naruto y yo juntos. Muchos de nuestros antiguos compañeros de la Academia, así como también otros shinobis, se atrevieron a expresar sus sentimientos, ya fueran de perdida o de felicidad; incluso Jiraiya-samma leyó un pequeño pasaje de uno de sus libros, en honor de la memoria de su compañero Orochimaru y de sensei Sarutobi, muertos hacía ya 10 años en una fallida invasión de la Aldea de la Roca a la Hoja.

Esa noche el bar Ichiraku no cerró sus puertas, y solo hasta las 6:00 am. empezó a vaciarse…

- Hay algo que nunca he hecho… y creo ya que es tiempo de hacerlo. Pero debo confesarles que me causa un poquito de miedo… - nos dijo de repente Sakura, cuando ya nos disponíamos a marcharnos, luego de agradecer al señor Ichiraku y a su hija por todo, y de despedirnos de los pocos shinobis que aun quedaban dentro.

- ¿qué es? – preguntó Naruto, con sumo interés.

- Visitar la tumba de Sasuke. – respondió ella, en un hilito de voz.

- Entonces te acompaño, no volveré a dejarte sola. – le dijo Naruto, antes de depositar suavemente un beso en sus labios.

- ¿Por qué no vamos todos? – propuse y de inmediato todos asintieron, mostrando su aprobación con ese gesto.

Lentamente nos encaminamos al lugar, donde encontraríamos la última morada de Sasuke. Al llegar ahí, nos detuvimos como por inercia, antes de entrar.

- ¿Segura que quieres hacer esto? – le pregunté a Sakura, algo preocupado al verla palidecer frente a mis ojos.

- Sí, es mi turno ahora. – musitó la aludida. Naruto volvió a tomarle la mano.

- Aquí estaremos… siempre.- murmuró el rubio a su lado, a lo que ella asintió, para inhalar una gran bocanada de aire, luego.

Sakura entró en el recinto, con paso firme y decidido, tomada de la mano de su novio, detrás de ellos, Hinata y yo caminábamos también.

- Es aquí. – murmuré, haciéndoles detenerse frente a una sepultura muy bien cuidada, a su lado crecía un único pero bello arbusto, repleto de pequeñas florecillas blancas, que parecía totalmente fuera de lugar en el campo santo.

- Esto es…- trató de preguntar Naruto, quien estupefacto volteó a verme.

- Fue idea de Hinata. – le dije yo, mirándola.

- pero… creí que ya no existían más en Konoha.- expresó Sakura, con algo de pena. Aquellos arbustos solo crecían en los terrenos Uchiha y Sasuke siempre resintió que se extinguieran, por su ausencia debido a las misiones.

- Y no hay, ese es el último. Apenas era un retoño cuando Ino me lo entregó en custodia, para que Sasuke no descubriera cual sería su regalo de cumpleaños… Pero… - Hinata detuvo el relato en ese punto, dirigiendo la vista al florido arbusto.

- Pero no alcanzó a entregárselo, porque ambos murieron ese día. – terminé yo por la chica, con pesadumbre.

- Ella lo amaba¿cierto? - preguntó Sakura en un murmullo, al clavar los ojos jade en Hinata y luego en la sepultura. La chica asintió con tristeza.

- Ahora que lo pienso, creo que él también a ella. Solo que era un cabezota… le costaba admitirlo, jeje. - expuso Naruto, elevando su vista al cielo, mientras se rascaba la nuca.

- Quise cumplirle el último deseo a Ino-chan, lo trasplanté el día de su cumpleaños número 23. – nos explicó tímidamente la chica y todos guardamos silencio tras sus palabras.

- Lo he cuidado desde entonces, procurando que no se marchitara antes de florecer… como el amor de ese par de tercos. – concluyó la hermosa muchacha de ojos opalinos.

- Gracias Hinata-chan. – espetó el ojiazul, dedicándole a la morena una breve inclinación con la cabeza, que le hizo ruborizar.

- Sasuke…- susurró la pelirosa muy lentamente, captando de inmediato nuestra atención.

Sakura miraba fijamente la inscripción con el nombre del Uchiha, al tiempo que lágrimas silenciosas empezaron a emerger de sus ojos y a recorrer su rostro de muñeca, aterrizando luego en la tumba del muchacho.

- Siempre decías que con nuestra amistad te bastaba, pero sé que en el fondo anhelabas enamorarte. - decía entrecortadamente, debido al llanto.

Naruto y yo intercambiamos una mirada llena de dolor, recordando que las palabras de Sakura, no podían ser más verdaderas.

- No sabes… No sabes cuanto… me alegro de que hayas conseguido a alguien, Sasuke-kun. – siguió ella, aumentando el dolor en su voz, mientras cedía más y más al llanto.

- Sakura…- pronunció Naruto su nombre.

- Hubieses sido tan feliz… Sasuke, tú no tenías porque haber muerto, no tú…- decía ella mientras un ligero temblor recorría su cuerpo, y caía de rodillas, frente a la sepultura del moreno.

Yo solo callaba, pues sabía que ella necesitaba de aquello… realmente debía desahogarse.

- No es justo… No es justo, Sasuke. – decía la chica, de verdad desconsolada.

- Tú eras como mi hermano… mi hermano mayor. – lloraba y lloraba Sakura, haciendo que las lágrimas fluyeran también de los ojos de quienes le acompañábamos, tal era el dolor que transmitían sus palabras.

Naruto hizo un además de levantarla, del lugar donde estaba agazapada, pero yo le detuve negando brevemente con la cabeza.

- Debe llorar.- me limité a decirle.

- Porque te moriste, Sasuke… porque me dejaste sola. Prometiste entregarme en el altar, ibas a ser el padrino de mis hijos… Sasuke 1 y Sasuke 2¿recuerdas?...- decía ella y se te ponía la carne de gallina, con solo escucharla. Sentí que Hinata se aferraba más fuerte a mi brazo, en aquel instante.

- Te necesito Sasuke… Sabes que sí, es muy duro saber que nada de eso sucederá… Que no estarás a mi lado, cuando nada de lo que planeamos juntos ocurra. Que ya no estás a mi lado. – dijo.

- Que nunca volverás a estarlo¡SASUKE! – remató ella, gritando su nombre… y fue lo último que pudo soportar Naruto.

- Él no se ha ido, Sakura… No del todo. – le dijo el rubio, posando una mano en el hombro femenino, son suavidad.

Sakura dejó de mirar al frío manto que cubría la tumba de Sasuke, para mirar por una fracción de segundo al chico que amaba, antes de lanzarse sobre él y seguir llorando entre sus brazos.

- Es como si el mundo, estuviera en nuestra contra. No lo soporto, Naruto. – decía ella, abrigada en el pecho del chico, que en cuclillas la abrazaba con sumo amor, para intentar darle algo de consuelo.

Yo los miraba, manteniéndome algo distanciado de la pareja, pero no por eso, indiferente al dolor de perdida que compartíamos, cuando sentí unos delicados brazos rodearme por la cintura y una cabeza de oscura cabellera, apoyarse en mi hombro.

- ¿Por qué no vas con ellos Sai? – oí que me decía Hinata, incitándome a ir junto a mis amigos. Yo le di un beso en la frente y la obedecí rápidamente.

Sakura me vio al acercarme y no dudó en levantarse apoyada en su amado, para recibirme.

- No… Lo lamento, no quiero seguir… Lo único… lo único que deseo es poder verlo otra vez. De verdad deseo… vivir en un mundo en el que él exista, donde los cuatro podamos volver a estar juntos.

- Sakura…- musité, sin saber a ciencia cierta que decirle.

Ella se acercó a mí y tomó mi mano para llevarme, al lugar donde el rubio nos esperaba aun en pie.

- Dime Sai… a ti te creeré, dime que lo lograremos. Necesito escucharlo… por favor, dime que estaremos bien. – rogó la pelirosa entre lágrimas.

- Estaremos bien… muy bien. – le aseguré abrazándola, al tiempo que una sonrisa por parte de Naruto, me decía que él también lo creía.

¡Porque hay amores que son eternos y hay sueños que se hacen realidad!

Un niño de ojos oscuros y rasgados, cuyos cabellos negro azulados alborotaba el viento y que no podía contar con más de 6 años, se echó a correr mientras elevaba una cometa de colores chillones, muy alto en el cielo, por un camino algo largo, que se hallaba bordeado de lado y lado, por una infinidad de arbustos florecidos en blanco, los cuales crecían por todo el lugar.

El chico aceleró el paso, al reconocer la voz masculina que lo llamaba nuevamente.

- ¡Sasuke¡Sasuke! – gritaba un hombre moreno, joven aun.

- Aquí papá… Mira como vuela. – gritó el pequeño emocionado, enseñándole la cometa a la pareja que le esperaba.

- Muy bien… Pero sabes que no debes quedarte atrás, porque sabes que a tu madre le da un ataque, cada vez que voltea y no te ve. – le advirtió el hombre pálido de ojos oscuros, solo para recibir un suave zape de la mujer que se encontraba a su lado.

- Eh… que aquí el sobre protector es otro. – le regañó la hermosa mujer, de ojos supremamente claros y largos cabellos negros, casi azules; antes de sonreírle al pequeño, quien miraba divertido aquella escena.

- Tú sabes que me encanta que te diviertas Sasuke-kun, pero es que… el tío Naruto y la tía Sakura nos esperan desde hace un buen rato.- se encargó de explicarle la bellísima mujer, colocando una mano sobre la oscura cabeza de su hijo, para acomodarle un poco el cabello con cariño.

- ¿Vamos a ver a mis tíos?... ¡Sí, viva! - gritó el pequeño con gran entusiasmo, sorprendiendo a sus padres sobremanera y dejando caer el carrete, lo que hizo que la cometa volara libremente.

- Ellos siempre me regalan un montón de dulces, y además podré jugar con Yahiko.- explicó brevemente, para emprender una carrera a toda velocidad por el camino.

- En eso si no se parece a él. – musitó Sai a su esposa, al mirar a su hijo alejarse en dirección a la casa, que ahora habitaban el nuevo Hokage de la Aldea escondida entre las hojas y su amada esposa, quien era la directora del hospital general de la misma y que se encontraba embarazada de su segundo hijo.

Naruto y Sakura los esperaban de pie afuera de la casa, para darles la bienvenida junto a una pequeña nena de hermosos cabellos rosas y profundos ojos azules, a quien el Rokudaime Hokage llevaba en brazos.

- Eh… Sasuke, cuidado con Yahiko-chan, que tiene solo cuatro años. – le recordó Sai, elevando la voz lo suficiente para que el niño le escuchara.

- Lo sé papá, pero pega como si fuera de doce…- repuso el chico de ojos rasgados, deteniéndose un minuto para verlo, para luego continuar su camino, hacia el lugar donde sus tíos le esperaban.

- Ni en eso, ni en esto. – le dijo esta vez Hinata a su esposo, antes de reírse burlonamente de la mueca que éste hacía, por el último comentario que hiciera su hijo y ver como el moreno alzaba su brazo para corresponder al saludo del Hokage y su esposa, después de que Sasuke llegara finalmente junto a ellos.

- Cierto.- aceptó el moreno, en un susurro casi inaudible, antes de tomar la mano de su esposa y guiarla hacia el lugar donde sus amigos continuaban de pie, esperándolos.

- FIN -


Nota Final de la Autora:

Este fic está dedicado enteramente a mí… jeje. Es que a mi me pareció muy lindo… además tenía que sacarme la espinita, por aquel sueño…

También está dedicado a todas las personas, que han sufrido grandes pérdidas en su vida y que luego de pensar que no existían salidas posibles para reponerse del dolor, lograron salir adelante…

¡Siéntanse orgullosos, son unos berracos! (jerga colombiana)…

Darla Asakura.

PD: El nombre de la canción es "Hay amores", y hace parte de la película "El amor en los tiempos del cólera". Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, mucho menos la canción… jeje, solo para que conste en el acta.