Elena

-¿Era un chico? – pregunté sorprendida mientras daba un sorbo a mi café sentada en nuestro nuevo sofá.

-Sí. – Respondió Caroline – No pasa nada. – dijo con naturalidad mientras se reía.

-Ya, bueno, será un poco intimidante. – dije pensando en el millón de situaciones incómodas que podían suceder. Ambas teníamos tan claro que iba a ser una chica... Pero al final, quizás estaba bien.

-Se le notaba buen chico. – dijo Care al notar mi expresión – Y a lo mejor está bueno. – bromeó pícara.

-No. – salté tajante – Nada de sexo con compañeros de piso. – le dije mirándola desafiantes. Y ella me devolvió la misma mirada. – Care, enserio… Podría traernos serios problemas.

-Vale, vale. Lo intentaré. – dijo calmando mucho la expresión y ahora si, bromeando de verdad.

-Tal vez es feo. – le dije casi rezando por ello. No me fío un pelo de Caroline en ese tema. Nos quedamos en silencio un rato. Miré a mi alrededor, me sentía muy extraña. Pensaba en lo mucho que me gustaría pintar paredes y cambiar muebles del piso, para que fuera más acogedor. Quizás podamos plantearnos la idea, cuando ya estemos los tres inquilinos. - ¿Cuándo viene? – pregunté de repente.

-No creo que tarde mucho… - contestó mirándose su bonito y delicado reloj dorado.

Poco rato después llamaron a la puerta. Caroline y yo nos miramos fijamente, es obvio que estabamos nerviosas. Por favor, que sea simpático y limpio. Y feo. Pensé. Mi amiga se levantó de un salto dejando su taza en la mesa del salón y abrió la puerta. Yo me levanté para recibirle también y así de paso controlar a Care.

El chico era alto y castaño. Tenía el pelo corto, de esos que no tienen que peinarse. Las facciones de su cara eran duras, cuadradas así que resaltaban sus dulces ojos de color miel y su sonrisa delicada y tímida. Me lo miré de arriba abajo y hubo un pensamiento que no pudo dejar de pasar por mi cabeza: Mierda, está bueno. Llevaba una camiseta de tirantes de baloncesto lo cual dejaba ver perfectamente sus musculosos brazos y lo mismo pasaba con sus pantalones cortos de deporte y sus piernas. Miré desconfiada a Caroline, lo estaba analizando entero. ¡Care, córtate un poco! Pensé.

-Hola… - dijo él, tímido – Soy Kol, el de la habitación. – Y le tendió una mano a Caroline que esta decidió ignorar porque obviamente prefería darle dos besos en las mejillas con emoción.

-¡Hola Kol! – dijo sacando una de sus sonrisas – Yo soy Caroline, y ella – añadió cogiéndome de la mano y arrastrándome hacia ellos – es Elena.

-Encantado. – dijo amablemente sonriendo.

-Igualmente. – le contesté yo con educación. – Pasa, pasa. – le dije haciendo un gesto para que entrara. – Será mejor que nos sentemos a hablar. – El chico entró y creo que estaba un poco aterrado culpa de Caroline.

-Bueno, nosotras llegamos ayer así que todavía lo tenemos todo patas arriba. – se disculpó Care ahora con un tono más normal. – Sentémonos en el sofá, si cabemos… - reímos los tres y noté como fue una sensación agradable. Empecé a pensar que tal vez no era tan raro eso de vivir con un chico. Se le veía una buena persona y creía que podríamos llevarnos bien los tres siempre que Care se comportara.

Una vez en el sofá le ofrecimos un café que aceptó con mucho gusto y charlamos un poco. Nos preguntó de dónde veníamos, qué íbamos a estudiar y nos cuentó que su hermana iba a ir a la misma academia que nosotras. Qué casualidad. Le enseñamos los baños y decidimos que nosotras nos quedaríamos el grande y él, el pequeño. Después pasamos a enseñarle la habitación y al parecer le gustó mucho el tema de que tuviera un balcón y ni siquiera mencionó la falta de escritorio.

-Esto… chicas, ¿vosotras fumáis? – nos preguntó de repente.

-No – contestamos las dos a la vez. – A no ser que sean ocasiones especiales. – añadió Caroline, hablando por ella.

-Vale, vale. – dijo – Es que yo fumo pero tranquilas, fumaré siempre fuera. Menos mal que tengo balcón. – Ahora cuadraban muchas cosas.

-Pues… - dije yo mirando a mi alrededor – creo que está todo visto y dicho, ¿no?

-Bueno… Hay una cosa… - añadió preocupado. Le miramos extrañadas. Pensé lo peor. ¿Tenía una serpiente de mascota? – Sé que normalmente cuando se alquila algo el inquilino se incorpora al mes siguiente pero… aún quedan quince días y me corre un poco de prisa… Si os importara que viniera antes, no me importa pagaros este mes entero… - dijo avergonzado. Y sonreí ante aquel hecho tan adorable

-Tranquilo, tu ven cuando quieras. – le contestó Caroline dulcemente. Y me miró en busca de aprobación.

-Claro, - sonreí – no hay problema.

-Perfecto, chicas, muchas gracias, de verdad. – nos miró sonriendo. ¿Qué os parece si mañana por la tarde estoy aquí?

-Cuando quieras. Pero solo tenemos dos llaves… - recordó Care.

-Mañana llámanos y cuando te hayas instalado vamos a hacer una copia, así damos una vuelta. – propuse –nos vendrá bien. – reímos.

Nos despedimos de él y se fue. Y en el momento que se cerró la puerta Caroline se giró hacia mí me miró divertida y dijo:

-¡Está muy bueno! – y las dos nos echamos a reír.