Pieza
La ve llorando a la salida del edificio. Hace una mueca, extrañado, antes de retomar el paso y llegar a su coche. Escucha que la puerta se abre y luego pasos. Sigue caminando, deseando escapar de allí lo antes posible. Le parece sumamente contradictorio querer ir a casa, cuando la mayoría del tiempo odia estar allí. Y la imagen de Bella, enfundada en ese hermoso vestido azul, bailando con Edward Cullen le azota la cabeza. Suspira, sintiéndose confundido. ¿Por qué piensa en ella? Había visto a Bella contadas veces, en visitas ocasionales y cortas, hacía meses en la playa y sin contar aquellas tardes del pasado donde sus hermanas y ella jugaban en su casa.
-¡Pues no lo entiendo y no quiero hacerlo! –grita alguien. Una chica. Le contesta la voz desesperada de un chico-. ¿Acaso importa ahora? –pregunta ella y luego un respingo, de lágrimas contenidas.
-Ang, lo siento –dijo él, con una voz que demostraba todo menos sincero arrepentimiento-. No puedo seguir mintiéndome… mintiéndote.
Se gira, curioso. Siempre había creído que un baile de la secundaria debía ser entretenido.
-Podrías habérmelo dicho antes o después –se trata de la chica que llora a unos metros de la puerta. Se lleva las manos a la cara, luego de pocos segundos se las quita y las mueve suavemente-. Ándate, Ben. Me arruinaste la noche… Muchas gracias -añadé con ironía.
Él se va, sin decir nada. Cierra las puertas tras él y el llanto de la chica se deja oír de nuevo.
La mira, y entonces echa una ojeada a ambos lados. El estacionamiento está lleno de coches y vacío, tal como estaba cuando llegó hace unos diez minutos. No sabe si acercarse. Le parece inapropiado, dado que no la conoce; pero se ve demasiado destruida. No deja de llorar. Ve la manera brusca en que se desarma el peinado, dejando que su pelo rubio cayera desordenado. Se quita el ramillete y lo lanza lejos, mientras renueva sus quejidos y calma sus sollozos, sentándose en el suelo y dobla las piernas, ocultando así su rostro en las rodillas.
Camina devolviéndose en sus pasos, con mucha inseguridad. Quizás podría ayudarla; llevarla de vuelta a su casa. La verdad es que le daba bastante pena.
-Oye –la llama llegando a su lado. Ella no se inmuta, pero pareciera que ya no se ahoga en lágrimas.
-¿Qué? –pregunta iracunda, sin levantar la cabeza.
-Pues… -hace una mueca sintiéndose un entrometido-, yo te vi y escuché cómo peleabas con ese chico y… -ella deja de ocultarse entre sus rodillas y te dirige la mirada. Sus pupilas castañas contrastan contra el rojo que las enmarca-. Si quieres puedo llevarte a casa.
Se limpia las lágrimas de las mejillas y entorna los ojos, observándole con intensidad.
-Eres el chico que bailó con Bella hace poco –dice con la voz quebrada.
-Sí –asiente-. Soy amigo de ella.
-Yo también –suspira, como para darse ánimos-. Me llamo Angela, ¿y tú?
-Jacob Black. Un gusto.
-No eres de aquí. ¿Por qué viniste? –sonríe con dulzura. Jacob también lo hace, sin explicarse la razón-. Er, disculpa… no quise ser tan brusca antes -dice de repente, luciendo avergonzada.
La conversación fluye. Ella va en el mismo año que Bella y son amigas. Se pregunta por qué no había sabido de ella antes mientras logra sacarle otra sonrisa, ésta vez más genuina y acompañada de una suave carcajada.
Con una mezcla de nervios y extrañeza latiéndole en el pecho, piensa que la situación es bizarra. Nunca se hubiera imaginado que ese viaje forzado por su padre terminaría de esa manera. Y la verdad no le molesta. Angela es simpática y mueve las manos cada vez que habla, siendo elocuente y vivaz. Dice cosas interesantes, habla de cosas que Jacob no escucha en general en sus amigos o personas de su edad y se siente contento.
Se trata de un idiota el chico que la había dejado, piensa y se atreve a preguntar por su novio. Su mirada castaña se ensombrece al mismo tiempo que replica que todo se había complicado, y que había llegado el momento de terminar antes de seguir hiriéndose mutuamente.
Él quiere animarla, pero no sabe cómo. Lo único que se le ocurre es un detalle tan poco relevante y alejado del tema en cuestión, que se intimada pidiéndoselo:
-Nadie debe pasarlo mal en un baile. Las chicas mueren por este momento, ¿no? -se rasca la cabeza, tímido. Ella no afirma ni niega lo anteriormente dicho-. ¿Deseas bailar esta pieza, conmigo?
Extiende la mano y ella la toma. Y en ese preciso instante, él se da cuenta que realmente su ex novio es un imbécil. Con el rimel bañándole los párpados, sin labial, su peinado desecho y los tacos mal puestos; Angela es demasiado hermosa. Especialmente cuando sonríe, porque Jacob siente algo revolotear, acelerándole la respiración.
Sus cuerpos se juntan, la cabeza de ella reposa en el hombro de él. Ella le agradece. Él sonríe. Se mueven lentamente bajo el compás enérgico de la canción, pero no parece importarles. Ambos sienten que algo toma un nuevo sentido en sus vidas: la pieza de un puzzle siendo calzada en su posición.
N/A: Muchísimas gracias por sus reviews. Y cabe destacar que gracias a Carla Gray tengo un sobrenombre que se está haciendo popular: Sire. ¿Quién iba a imaginarse que ya obtendría un sobrenombre por mi nickname? Me siento popular, jaja. Les agradezco sus buenas vibras.
Un día comencé a pensar en todos los momentos en que podría haberse dado que Jake y Ang hablaran realmente en los libros. Esta es una de aquellas ocurrencias. Tal vez esa noche del baile del primer libro, no fue tan perfecta para Ben y Ang como Bella pensó, y... Bueno, otra ida de olla.
Oh, me gustaría recordarles que las viñetas no tienen ningún hilo conductor; así que no intenten entender el orden ni la cronología. Todas son como mini-fics, dentro de una gran recopilación. A excepción cuando yo lo diga, claro está (como con las dos primeras).
Hasta la próxima, besotes.
