Capítulo 03:

Hacia el sentimiento.

Los primeros cantos de los pájaros despertaban a Nicolás temprano como de costumbre, los amaneceres llenos de agría soledad diariamente no le perjudicaban sino hasta hace pocos días. Saludando con pereza el exterior de su desordenada cama, se sonrió a sí mismo para dar comienzo con otro lunes aburrido.

El estudiante hizo su parada matutina al baño, nada mejor que mojarse con el agua para terminar de despertarse uno. De ahí desayunaba lo que fuera comestible, se levaba sus dientes y preparaba sus materiales para la universidad. ¿Y después? Miraba su reloj marcando las 05:30 a.m., le quedaba una hora antes de que las clases dieran inicio. Siempre había sido puntual, no le incomodaba tener que esperar una eternidad para tener que hacer algo. Su fiel compañero con quien pasaba sus ratos libres, el primer texto literario que leyó en su vida escrito por su maestra lo miraba con ansias… Pero pensar en ella era lo que menos quería ahora.

No creo que haga daño leer un poco de literatura reflexiva antigua. ¿Qué podría pasar si pienso en los acontecimientos por un momento siquiera? Nada. Todo seguirá su curso conforme el destino lo decida. Me dedicaré a seguir siendo su peón y diversión.

Ese aliento interno no fue optimista ni pesimista, típico viniendo de él. El estímulo de agarrar con rapidez el libro y grabarse lo necesario se apoderó de su mente, no pasó ni un minuto cuando la novela salió volando por ahí. ¿Qué era esa ansiedad de no querer toparse con algún Furobashi? ¿Es a eso lo que llaman huir de los problemas con cobardía?

¡Por supuesto que no! Los hombres no corren para librarse de algo. Además, solamente fue un día yendo con Mitsuki, no fue un error mío ni mi culpa. Fue un capricho del destino verme enredado en tantos aprietos. Caso cerrado… Supongo que le será aun más entretenido ver cómo me zafo de esto.

Sus ojos se cerraron automáticamente, ya no era flojera el no querer pararse. Su orgullo o miedo era el que no le permitía ver de frente a Kaoruko, quién sabe qué tipo de venganza tomaría por salir con su hermana adoptiva. En estos momentos, la profesora podía arruinar su futuro con facilidad y sin nadie que peleara por los derechos de Nico.

El pasillo que lo separaba de la puerta se alargó y se torció, dificultándole imaginariamente el paso. Cuando rodeó con sus dedos la perilla, la giró como si un monstruo infernal le esperase afuera, la criatura mitológica cercana a sus expectativas era un Balaur hambriento. Por lo general, inventaba su propio mundo de ficción usando especies míticas, pero esta vez sentía que era verdad.

Sin embargo, algo peor que un dragón sediento de sangre estaba tras la puerta. Al abrirla, la profesora lo esperaba con cara de pocos amigos y un café en la mano. El muchacho no comprendía la situación, podía notarse en su mirada confundida, así que la pelinegra se prestó para aclararle la mente.

—¿No dijimos que iríamos juntos a la universidad hace un mes?

—Eh, sí, propuse eso hace un mes… —Nicolás prosiguió sin saber qué palabras no le llevarían a ser comida para perros—. Fue usted la que se negó ese día.

La señorita le tomó al café y dijo tranquilamente. —¿Qué esperas? Nunca es tarde para intentar cosas nuevas, una de ellas es viajar juntos a la uni

¿Uni? Hay gato encerrado en su buen humor y aceptar lo que rechazó severamente. ¿Será acaso que…? ¿Cómo le pregunto sin ser propenso a morir? Esto es uno de los momentos en la vida en que te armas de valor y lanzas la incómoda pregunta al cielo, esperando que caiga para oír una respuesta amigable.

—No quieres que me encuentre con Mitsuki, ¿cierto? —El castaño lo soltó sin darme cuenta.

Kaoruko le dedicó una mirada iracunda. Su frustración se desvaneció al regalarle una fingida sonrisa de amabilidad a su estudiante. Por supuesto que Nicolás no se tragó toda la obra y le siguió la corriente sólo por no estresar a la maestra de ojos azules, retrasarse y pasar más tiempo con una Furobashi serían las peores combinaciones hechas por el ser humano.

Ah… Quisiera creer que lo hace de buena manera. ¿Qué hay de malo con verse con la "simpática" de su hermana? ¿Por qué siento una extravagante felicidad al pensar en que mi mentora no desea que la vea? Otro cambio es… Todavía recuerdo sus cabellos albinos y juguetones, me hubiera encantado platicar con ella sobre su niñez con Kaoruko.

—Su sueño es ser maestra, la profesión que tú odias —comentó, siguiendo con su afán de impedir que se encuentren. Sin escuchar lo que Nico diría, ella siguió—, maestra de alemán, el lenguaje que aborreces. Tiene estudios para ofenderte en ese idioma sin que te des cuenta.

¿Qué tan empeñada seguiría estando? La profesora tenía celos o lo más cercano a ellos. Posiblemente sólo eran ideas de Nicolás pero, ¿a qué se debía su actitud verdaderamente? No podía ser por una pelea de hermandad, esas cosas son simplonas y no te dejan con ganas de odiar a la gente para quitarle la oportunidad de amigos. El muchacho respiró hondo, resignándose a caminar sin hablar.

Qué ambiente tan extraño. Tuve que haber pasado por los días de atracción afectiva en la adolescencia y no en plena formación de mi vida. ¿Cuál es la razón de esto? ¿Hice algo malo? Si la respuesta es sí, me gustaría saber qué fue en lugar de sufrir por cuestiones "amorosas". Amor… Esa palabra me asusta, siempre han sido platónicos o no correspondidos, no pasa de ahí. Y si tengo mala suerte en ello, ¿por qué actúa como si me amara?

—¿Quién se enamoró primero de quien, eh?

—¿¡Disculpa!? —Al chico le dio un infarto—. ¿No estabas leyen…?

Kaoruko cerró el libro. —Te pregunté que si Sarah se enamoraba primero que Mauricio. Sube, baja y da vueltas. Este libro, me dijiste que ya no habías leído.

Sus uñas rasguñaron su pecho nerviosamente. Sentía que el corazón se le salía por el miedo a la pregunta de su mentora. Se le iba el aire, su mente se cerraba, ¿qué le afectó en realidad? ¿Quizás tenía un secretito guardado que no podía ser revelado? Si estuviera… Enamorado de la japonesa, ¿por qué no le dice que siente lo mismo?

—P-porque… No es seguro que sea así

Furobashi suspiró, aliviada. —No entiendo de lo que hablas… —Deposita un pequeño cocorrón en la cabeza de su alumno—. No me asustes, ¿de acuerdo? Vamos, ¿puedes pararte? ¡No te desmayaras si vas a clases?

Por supuesto. ¿Cómo se tiene fe en algo tan tonto? Tanta preocupación no se debe a nada de lo que creo. Me lo ha dicho demasiadas veces, pero yo sigo ignorando las palabras cariñosas que me dice. Por mucho que las diga con querer, a mí me suenan frías y desconsideradas.

Eres como el hermano menor que ansío tener, Nico. Te quiero {Sigue siendo un pensamiento del protagonista}

Tonto, tonto, tonto… Me lo he guardado por años. No puedo quejarme, yo elegí vivir así, sin mostrar mis sentimientos a nadie. Lo único que quiero ver, es una sonrisa en su rostro, que goce de una felicidad merecida.

—S-sí. Gracias —simple y directo, guardando sus emociones.

No es amor, la verdad se hace sensible al ser detectada por el ojo humano. No está triste ni alegre, la reacción que tengamos al descubrirla es lo que la hace sufrir o saltar contenta. No puedo, si esto continua de tal manera, diré lo que no es debido escuchar. Voy a huir con la excusa de que me siento mal, lo que prácticamente es innegable.

El universitario se dio la vuelta de golpe y se alistó para correr despavoridamente y con sus ojos cerrados. Al intentar fugarse, una mano mediana le tocó la frente, haciéndolo abrir los párpados. Mitsuki había aparecido tal quimera, los dos no creyeron que en serio estuviese detrás.

—No te ahogues en tus pensamientos. Tienes fiebre —la albina frotó las mejillas del chico—, ¿tomaste pastillas en exceso? Tus cachetes se inflaron, ¿lo notaste?

Kaoruko contestó, como si su hermana adoptiva se le hubiera dirigido. —Yo ya veía rareza en él desde esta mañana, no trates de sorprenderme.

—Bueno, atiéndelo correctamente en la universidad —Mitsuki se sentó en media calle—. Yoshiro me pidió que habláramos, ¿para qué?

—No lo sé. ¡Llegaremos tarde!

El castaño chocolatero {No tenía idea de cómo ponerle} puso su mano enfrente de los verdes ojos de la albina. La pelinegra pareció molestarse y la agarró, jalando a su estudiante para ya irse a estudiar sin más rodeos. Las sensaciones indescriptibles de Nicolás se vieron tiradas cuando él volteó la mirada hacia Mitsuki, quien se alegró notablemente por ambos. Consecutivamente, dedicó el tiempo a esperar mientras que los dos se alejaban de su tranquila vista.

Estoy enfermo físicamente y emocionalmente. Bien mi mamá me decía que soy incapaz de mentir, aunque trate, no puedo.

Sigilosamente, un hombre se acercó a Mitsuki, la chica no captó su presencia, por lo que no dijo nada. Al cabo de unos segundos, los cabellos blancos estaban agarrados en un solo mechón, pero Mitsuki se quedó muda. Fue hasta que el silencioso articuló un: ¡Ta-da!, que habló.

—… ^Karatachinohana ga saite imasu… Junpaku no hana ga saite imasu. Karatachi no… toge wa anata no itami o ataemasu…^

—¿Qué haces? ¿Por qué cantas? —Yoshiro se rascó la nuca+—. ¿Hay algo…?

—Cuando niños, me dijiste que cuando me peinaras cantara una canción —explicó Mitsuki—. No te preocupes, sabía que te olvidaste de eso.

—¿Y por qué la de una opera?

La albina jugó con sus dedos seriamente. —¿Ya no… Compartimos el gusto por la opera?

—Mitsuki-San, ¡tú y yo siempre seremos almas gemelas!

La aludida le pegó con delicadeza en el hombro. —Quieres a Kaoruko, no digas ni de broma tales mentiras

Yoshiro le alzó el pulgar, la abrazó, recargándose en su hombro como si lo lastimase verbalmente. Y eso había hecho, de forma viceversa; la de iris verde tuvo un romance a escondidas con el que ahora era su amigo. Sin poder darle la cara, el oji-rojo le susurró con dificultad:

—Te dije que me salvaría de enamorarme de tu Onee-sama, pero… —El aferrarse a la serenita lo calmaba—. Terminaste odiándome, y Kaorukito…

Una cachetada bien ganada lastimó al hombre/muchachote/señor. —Cállate. Solamente yo tengo el derecho de hablar mal de ella.

Yoshiro se sobó la mejilla al mismo tiempo que chillaba por lo bajo. Todo aparentaba apaciguarse. Sin embargo, en un impulso por obedecer los estímulos interiores, el oriental se lanzó a los brazos de su primer amor. Quería llorar, mas, lo mayor que expresó su corazón desconocido fue:

—Te extraño… Cualquiera que te llegara a querer como yo, lo haría

—No. Eso es ver que has perdido a Kaoruko y venir a consolarte conmigo. Te irás a un sentimiento que te atormentará si sigues lamentándote —Cruelmente, la ojiverde correspondió el abrazo.


Mitsuki no es, generalmente, tan mala como aquí. Su molestia va para Yoshiro, con otras personas se porta bien… Exceptuando a su familia adoptiva, recordé a Yomi. ¿Qué creen sobre Nicolás? Me traté de esforzar en esa parte, no salió como esperaba. Prometo que narraré los sentimientos mejor en demás ocasiones que lo necesiten.

La melodía que cantaba la albina es Karatachi No Hana. Autor: Kosaku Yamada. Si la quieren buscar, espero que la encuentren. Me despido.

{No tuve tiempo para corregir, es demasiado tarde para hacerlo. Lo siento}.