Capitulo 4: "Es peor el remedio que la enfermedad"
Las situaciones favorables muchas veces se tuercen, los malos parecen buenos y viceversa; por eso Samuel había tenido tantos problemas con el rey aunque siempre por culpa de Ángel Naraka la mano derecha del monarca. Ahora por culpa de aquel tipo había tenido que elegir entre su vocación de medico, lo que implicaba salvar al rey al que horas antes había deseado matar o huir con Luna y dejarle todos los problemas a Cesar y a Duna una vez el se hubiese largado a otro lugar lejos de allí. Con mucho pesar había escogido la primera opción y ahora estaba agobiado comprobando los síntomas del veneno, lo cual le resultaba difícil porque estaban entremezclados con los síntomas de la rara enfermedad de su majestad.
Si tan solo ese estúpido hubiese dejado una muestra del veneno olvidada por aquí. – murmuró y notó que el rey balbuceaba algo con los ojos entrecerrados. - ¿me habla? – preguntó y el hombre soltó un quejido de afirmación respirando con dificultad.
El vino… Ángel… el vino… - Samuel no comprendía porqué el rey le decía que Ángel había ido allí. – La copa… estúpido… el vino. – dijo el rey tosiendo al darse cuenta de que era con Samuel Rogers, el medico amigo de su estúpido hijo, con quien hablaba.
¡Pues claro! – dijo al fin cogiendo la copa de cristal y observando el vino a contra luz observó que su color no había cambiado a pesar de contener veneno, por lo que dedujo que era un veneno translucido o del mismo color que el vino (¬_¬ muy listo, le voy a dar un pin, tenía la cabeza en las nubes desde lo del beso con Luna U^_^), el olor del vino era más dulzón de lo que normalmente solían ser los vinos que tomaba su majestad el rey, tenía un ligero olor a vainilla y eso era muy extraño, por lo que descartó la gran mayoría de los venenos que tenía en mente, por ultimo cogió una cucharilla y comprobó que el veneno no era espeso y al ver sorprendido que si que parecía haber espesado un poco la bebida, supo que veneno era. – Maldito bastardo, ¿cómo habrá conseguido esto? – dijo sorprendido y enfadado observando la copa con recelo, hasta que el rey comenzó a toser hasta el punto de escupir sangre. – ¡Ah! – exclamó frustrado atendiendo al rey. - Esto pinta mal, odio que ese capullo me escuche cuando hablo, sobretodo cuando no debería hacerlo. – dijo enfadado dejando la copa sobre la mesita de noche del rey sentándose en una silla junto a la cama se tapó la cara con las manos y suspiró frustrado. – Este veneno normalmente lo usan las hechiceras del monte Prohibido y solo mata zorros o lobos, no es dañino para el organismo de los humanos. – explicó al rey que no comprendía entonces porqué se sentía como si se fuese a morir en cualquier momento o porqué el medico seguía preocupado sentado junto a su cama. – El problema es que este veneno tiende a mutar con las enfermedades afectando a los pulmones y el sistema nervioso, destrozándolo en menos de dos horas; tiene antídoto, pero en sus condiciones no hay garantías de que funcione. – le explicó y el moribundo abrió los ojos aterrado, ¿de qué le servía haber buscado tanto tiempo una forma de alargar su vida si ahora iba a morir por un estúpido veneno para zorros? Le resultaba tan humillante, no había confiado en su propio hijo y había sido capaz de dejarse engañar por un pelota que lo había embaucado de forma que, ahora, a nadie le resultaría extraño que ese traidor reinase en vez de Cesar.
Rápido… llama a alguien… para… para… poder cederle… la corona… a Cesar… antes de… que sea… tarde. – dijo el monarca intentando enmendar alguno de sus errores. – Quiero… disculparme… por haberle… haberle… tratado como… a un preso… más que como… a mi hijo. – dijo tosiendo de manera alarmante, lo que hizo que algunos guardias entrasen a los aposentos del viejo monarca. - ¡Apresad a Ángel Naraka! – gritó a los soldados provocando un potente ataque de tos después de eso. – y traed a mi hijo ante mí. – no lo oyeron porque se habían marchado ya, pero Samuel si que lo escuchó.
No hagáis lo último. – recomendó Samuel al hombre con una mirada algo sombría. – Él está ayudándome a salvar lo que más quiero en el universo. – murmuró Samuel sin cambiar ni un poco su mirada y el rey observó al muchacho como si por primera vez en toda su vida estuviese orgulloso de su hijo y los amigos de este. – Estoy seguro, Cesar vendrá en cuanto Luna le diga que Ángel lo ha envenenado. – El rey abrió los ojos como platos y miró con miedo al joven que miraba a la nada con una sonrisa de satisfacción, cogiendo con una de sus temblorosas y enfermas manos el brazo de Samuel.
Ella… ella… está destinada… a destruir… todo… todo lo que… existe. – le dijo muy inquieto y nervioso. – No debes… acercarte… mucho… a ese… ese ser. – dijo muy preocupado agarrando con todas sus fuerzas el brazo de Samuel, quien lo observaba enfadado y asustado. – Ten… cuidado… con "eso" y… la luna… teñida… de sangre. – Samuel pensó que aquel pobre hombre moribundo había comenzado a delirar por lo que le dio la razón como se hace con los niños pequeños que se emperran en que han visto un ser fantástico o que su amigo invisible es tan real como el mismo sol. – Si no me… crees… bastará… con que… no dejes… dejes… que… - se estaba ahogando al esforzarse tanto por hablar, ignorando por completo las ordenes de Samuel, quien le rogaba que se calmara. – la corrompa… el otro… ser como… ella y la… luna de… - se estaba ahogando por decir tonterías, por lo que Samuel lo calmó para que descansara con una mirada llena de decisión que hizo que el monarca parase de balbucear lo que a oídos de Sam sonaban como tonterías y cuentos chinos.
Tendré cuidado de no dejar que Kurai se le acerque. – dijo mientras el rey comenzaba a caer en un sueño del que no sabría si saldría. – Usted descanse hasta que Cesar venga a buscarlo. – el rey parecía calmado, aunque su temperatura seguía descendiendo y su respiración sonaba cada vez mas forzada. – Yo evitaré que Luna haga eso, ella es… demasiado buena como para destruir todo el universo. – dijo mirando hacia la puerta de la habitación, esperando a que apareciese Cesar corriendo con la respiración agitada y el pulso acelerado, porque hubiese venido corriendo desde la otra punta del castillo. Pero los segundos y los minutos transcurrían sin descanso acercando al rey hacia su muerte y Cesar no llegaba.
Mientras tanto el grupo compuesto por Luna, Shaoran, Kurogane, Fay y el Guardián de la Memoria, Hafiza, tenían un leve forcejeo con los guardias que custodiaban la biblioteca de Cesar, quien se sorprendió cuando la puerta se abrió y vio a los dos jóvenes que habían apresado esa misma mañana los cazadores de magia. Corrió a abrazar a los forasteros amigos de los hermanos Rogers a modo de disculpa por no haber podido evitar que los apresaran. Tras una corta disculpa y una no tan corta explicación de lo que había ocurrido; el príncipe, Kurogane, Shaoran y Hafiza comenzaron a mover las estanterías más cercanas a la pared de la estancia que daba al exterior y al conducto de basuras, colocándolas bloqueando la puerta para que los guardias no pudiesen entrar tan fácilmente. Y mientras los "fuertes" hacían el trabajo pesado, Luna curaba a Fay con su poder de sanación un poco distraída pensando en lo emocionante y dramático que estaba resultando su segundo día como humana; una discusión entre Hafiza y Kurogane la sacó de sus pensamientos y la hizo percatarse de que Fay la miraba con una sonrisa cómplice algo picara.
¿Y bien? – preguntó el rubio muy bajito sin prestar atención a las gritos de Kuro-pi y las replicas de Hafiza con voz calmada e imperturbable. - ¿te has dado cuenta ya? – preguntó obteniendo toda la atención de la chica de pelo negro que le dedicó una mirada inocentemente confusa con esos ojos violetas y azules tan mágicos y enigmáticos que poseía.
¿Darme cuenta de qué? – confirmo las sospechas del rubio: esa chica era tan inocente y despistada como pensaba, a pesar de haber vivido durante milenios observando a los humanos. - ¡Debería haber hecho algo o he hecho algo que no debía!, si es así lo siento. – agachó la mirada nerviosa y se disculpó con sus blancas mejillas teñidas por un color carmín muy divertido para el rubio.
¡Estás tan mona cuando te pones nerviosa! – gritó eufórico el rubio abrazándola totalmente enternecido y emocionado. – Tan despistada y llena de inocencia. – dijo acariciando las mejillas enrojecidas de Luna sin percatarse de que Kuro-sama los observaba, con ojos dolidos, bastante inquieto por la cercanía del mago y la chica. – Deberías darte cuenta pronto o le harás sufrir. – dijo en el oído de la chica a quien sin saber porqué solo se le vino una cara a la mente, de los millones de humanos que recordaba, solo una cara apareció como por arte de magia en su cabeza al pronunciar Fay aquellas palabras. – Veo por tu cara de confusión, miedo y sorpresa que vas por buen camino. – dijo Fay como si fuese un experto, aunque, él mismo acababa de darse cuenta de ese sentimiento por su querido Oscuro-gane que parecía llevar allí casi desde el principio. Después de esos gestos tiernos completamente sinceros y naturales besó la frente de Luna recibiendo un capón de Kurogane en su preciosa cabeza rubia. – Eso duele, Kuro-bruto. – se quejó con una voz muy infantil sin poder evitar sonreír ante la efímera posibilidad de que Kurogane sintiese celos por sus gestos de cariño hacia Luna.
Si eres capaz de intentar encandilar a la chica en cuanto el medico idiota ese desaparece de tu vista, entonces puedes ayudarme a convencer a ese insoportable tipo de ojos raros de que tú y yo no somos nada. – dijo Kurogane muy serio agarrando del brazo a Fay con fuerza, intentando llevárselo de allí, porque en su mente no había lugar para que encajase aquel comportamiento del mago, ni mucho menos ese sentimiento extraño que le carcomía al verlo tan feliz cerca de otra persona que no fuese él. - ¡Ven! – le ordenó dando autentico miedo, pero Fay le dedicó una sonrisa completamente sincera cerrando sus hermosos ojos azules, porque la idea de que Kurogane lo apartase así de alguien se le antojaba un sueño, daba igual el miedo que diese la cara del moreno en aquellos momentos, para Fay esa expresión llena de celos era adorable.
¿Kuro-papi esta celosito de Luna? – preguntó Fay en su ensoñación particular sin darse cuenta de que lo decía en voz alta. – ¡Kuro-pon está celosito! – gritó extremadamente feliz (O.o Kurogane lo mata fijo, pobre Fay enamorado), lo cual hizo que Kurogane se lo llevase lejos de las miradas del resto del grupo que miraban con compasión a Fay, todos excepto Hafiza, que permanecía sin ningún tipo de expresión en su rostro murmurando aquella palabra con la que había encasillado a los dos viajeros.
Creí que tenías un poco de decencia, mago aprovechado. – dijo muy dolido y enfadado Kurogane lejos del alcance de la vista y los oídos del resto del grupo, detrás de unas de las grandes estanterías de la parte más alejada de la biblioteca. – Nunca creí que serías tan carroñero como para lanzarte sobre una chica que acaba de rechazar a otro hombre, por muy enamorado que estés de ella, por favor ten piedad por ese medico lento de entendederas. – le pidió tragándose todo su orgullo, no porque aquel medico le cayese tan bien como para ayudarle quitándole a la competencia de encima, sino porque no quería ver como Fay dejaba de ser ese idiota más bueno que el pan y cambiaba volviéndose peor que al principio del viaje… - No lo permitiré, no dejaré que cambie y menos… por alguien que no le conviene. – pensó en voz alta, con un susurro casi inteligible, haciendo que Fay se enfadase un poco y luego tuviese que intentar no reírse, lo cual, le resultó imposible.
¿Crees qué estoy enamorado de Luna? – preguntó entre risas haciendo enfadar hasta limites inimaginables al espadachín que lo miró enfadado y algo avergonzado creyendo que el mago lo tomaba por estúpido, mientras el rubio reía completamente feliz. – Eres tonto, Kuro-burro. – rió sin darse cuenta de lo enfadado que estaba Kurogane en ese momento, quería golpear a aquel mago idiota hasta dejarlo seco, pero el miedo de hacerle daño de verdad mantenía a raya sus instintos asesinos.
No me tomes el pelo… - dijo agarrando la barbilla de Fay con su mano derecha haciendo que este parase de reír y se sonrojara al cruzar su mirada feliz y despreocupada, con la mirada rojiza llena de celos, dolor y enfado de Kurogane. – No te había visto así de feliz antes… no te habías reído, ni habías sonreído con tanta sinceridad para mí, ni para nadie nunca y todo es… porque te has enamorado de ella. – dijo dolido y Fay abrió muchísimo los ojos, sorprendido de hasta que punto Kurogane era capaz de malinterpretar las cosas.
No es ella por quien estoy así de feliz… - confesó agachando la mirada al suelo intentando así que no lo derritieran los ardientes ojos rojos del pelinegro, pero solo el tacto de la mano del moreno apretando su barbilla hacía que su temperatura corporal ascendiese a máximos que nunca creyó posibles. – No es de Luna de quien estoy ena…
¡No mientas! – le interrumpió Kurogane muy dolido intentando que Fay lo volviese a mirar a los ojos. – No me mientas… - murmuró sin darse cuenta de que se estaba agachando hasta la altura del rubio y sus caras estaban demasiado cerca.
No te mentiría nunca, ya no podría y menos en algo así... – contestó Fay mirándolo desesperado al sentir demasiado cerca a su compañero. – Pero no puedo decirte quien… - dijo Fay perdiendo toda su felicidad que ahora se había convertido en nerviosismo, miedo y decepción. – Pero te prometo que no es Luna, a ella solo le tengo cariño por lo parecida que es a Fa… a mi hermano. – dijo muy triste y nostálgico agachando su mirada deprimida, haciéndose sentir culpable a Kurogane, que olvidó sus celos en cuanto vio la triste mirada de su compañero al recordar a su hermano gemelo y soltó su barbilla apretando su mano en un puño, deseando poder darse una paliza a sí mismo por ser tan metepatas.
¡oye! – le llamó la atención al mago, para que lo mirase a la cara. – Me da igual que o quien te halla hecho sonreír como antes, la culpa de que estés otra vez en este estado es mía, así que… haré lo que sea para que vuelvas a sonreír como hace un rato. – dijo Kurogane muy enfadado consigo mismo, con una mirada sincera aunque mantenía su expresión serena y fría. – Hasta te dejaría que me dieses un puñetazo como el que me diste en Nihon… o que me llames por esos estúpidos motes, pero no pongas esa expresión y menos por mi culpa. – dijo Kurogane manteniendo toda su seriedad y sacando toda la serenidad de la que era capaz, ya que no podía soportar ver al mago así y aunque le costaba admitir que fuese su culpa lo sabía perfectamente y lo admitió para demostrar algo… aunque ni él mismo supiese que era ese algo.
¿Por qué el simple hecho de que digas eso me hace creer que es verdad? – murmuró el mago un poco más feliz, pero Kurogane lo oyó y su mano actuó sola; la mano que instantes antes había apresado la barbilla de Fay con tanta fuerza que aun ahora seguía roja, esa misma mano, ahora acariciaba con torpeza y cariño una de las mejillas de Fay mientras este alzaba los ojos y se encontraba con la mirada más tierna y cariñosa que jamás habría esperado ver en los ojos rojos de Kurogane y menos dedicada enteramente para él, mientras el rostro del espadachín se acercaba poco a poco al suyo, sus ojos azules se iluminaban llenos de esperanza por aquel gesto, esperando con un leve sonrojo el tan deseado contacto entre sus labios.
Ibneler, valla par de pervertidos, hacer eso en una biblioteca. – oyeron de pronto a Hafiza desde detrás de la estantería y al girarse comprobaron que no estaba solo, es más, el resto de los que estaban en aquella biblioteca estaban junto a él mirando la escena con curiosidad. (¡Hafiza rompe momentos! _ jajajaja) Luna emocionada, Shaoran con una mezcla de emoción y miedo ante la mirada sanguinaria que ahora les dirigía Kurogane, Cesar con mucho interés y curiosidad, y por ultimo el inexpresivo Hafiza los miraba como si fuesen los tíos más raros del universo, pero para satisfacción de Luna en su mirada se podía ver un poco de diversión y su rostro sereno reflejaba un leve deje de ternura. – Cabeza hueca, bésalo o apártate, porque si sigue poniéndose rojo le explotará la cabeza. – dijo de pronto Hafiza terminando de romper el momento. Kurogane se giró y vio el rostro encendido de Fay, pensando en lo enfadado que debía estar el rubio por haber intentado besarlo; mientras tanto Fay ya no estaba en el reino de Esfera, su cuerpo tal vez sí, pero su mente se había paralizado por la sorpresa y la felicidad que le produjo ver a Kurogane acercándose de esa manera, con esa mirada, mientras acariciaba su mejilla... no, más bien se había paralizado cuando se había dado cuenta de que aquello era real y encima los estaban observando.
¡Fay! – gritó Luna al ver como el mago se intentaba apoyar contra la estantería sin calcular la distancia entre su espalda y esta, pero cuando parecía que el golpe en la cabeza iba a ser inevitable, sintió el brazo de Kurogane agarrándolo contra él. - ¡Gracias por salvarlo de nuevo! – gritó Luna extremadamente aliviada. - ¡Ah! Cesar, tu padre… - dijo recordando de pronto las palabras de Naraka. – Ángel Naraka lo ha envenenado y Samuel está con él ahora, intentando sanarlo… - no pudo terminar de decir aquello, porque Cesar había comenzado a correr hacia los aposentos de su padre, aunque salió por una pequeña portezuela secreta que había cerca de donde habían hablado Kurogane y Fay.
İyi bir oğul – murmuró Hafiza mirando ¿enternecido? en la dirección por donde se había ido el príncipe.
Definitivamente, Cesar es un buen hijo, tienes razón. – le dijo Luna mirando el rostro enternecido del hombre "sin sentimientos" – Lo que ha dicho significa "Un buen hijo" – respondió a la mirada curiosa de Shaoran y a la mirada acusadora de Kurogane que aun no había soltado al rubio de su abrazo. – Seguro que algún día, tú, tendrás también un hijo como él. – sentenció Luna haciendo que el Guardián apartase esa expresión tan humana de su rostro y volviese a su rostro inexpresivo. – Alguien ha de cuidarte, aunque no lo haga físicamente, puede cuidarte de otras maneras. – dijo la joven cogiendo entre sus manos la mano fuerte y grande de Hafiza, y dedicándole una sonrisa radiante, sincera e inocente le indicó que mirase a Kurogane y a Fay, quienes discutían porque Fay se estaba pasando con lo de los motes, mientras Shaoran intentaba que el moreno no matase al rubio que tenía una sonrisa radiante de felicidad mientras correteaba huyendo de su perseguidor, que a su vez era perseguido por Shaoran para intentar calmarlo. – Incluso ellos se tienen el uno al otro para protegerse mutuamente y montar estos… espectáculos ¬_¬, ¿no te gustaría algo así? – preguntó Luna muy bajito riéndose mentalmente de aquella escena tan típica entre el mago y el espadachín.
Sabéis que eso es casi imposible. – dijo sin mostrar ningún tipo de expresión siguiendo con la mirada al dúo que corrían incordiándose mutuamente, ahora que Shaoran se había cansado y estaba enfrascado en buscar algún libro interesante en aquella biblioteca. – El precio por mi libertad es muy alto, incluso si usted lo desease… - Luna sonrió ante la idea que aquel hombre le había dado y él al comprender el doble sentido de sus palabras clavó su mirada sin emociones en los ojos victoriosos de la joven. – No, no permitiré que pague ningún precio para que yo pueda tener una vida… - Luna le apretó la mano que aun conservaba apresada entre las suyas.
Lo que yo desee no es de tu elección. – dijo ella sabiendo perfectamente que primero iba a hacer la oferta y después dejaría que Watanuki o "la nueva imagen" de Yuko le concediesen su deseo, no quería exponerse a que le hiciesen pagar un precio excesivamente "llamativo" que pudiese hacer que sus amigos o Hafiza se preocupasen por ella, además se creía muy buena regateando a pesar de que nunca lo había hecho realmente (viva la ingenuidad y la confianza en uno mismo) – Pero tú tienes que poner un poquito de tu parte, ¿vale Hafiza? – preguntó al hombre que la observó como si quisiese quejarse. – Poniendo expresiones, como estás empezando a hacer o interactuando con el resto de personas, aunque sea para discutir como con Kurogane, haciendo eso te vuelves un poco más humano a los ojos del resto de la gente. – le dijo ella satisfecha por los rápidos progresos del joven de ojos como espejos.
Me… gustaría sentir emociones, porque aunque parezca que las siento, soy incapaz de hacerlo. – declaró tan expresivo como una patata, haciendo que Luna se preocupase por el retroceso en la actitud de Hafiza. – Hasta hace un rato no me hubiese importado seguir siendo como hasta ahora, pero al conocerla y al ver como se desenvuelve con estos humanos, he comenzado de alguna forma a intentar interactuar con ellos imitando un poco sus gestos, aunque… - Luna estaba sorprendida de que los gestos y los pequeños esbozos de humanidad que Hafiza había demostrado los hubiese copiado de ella y sus amigos. – aunque… ¡ahora deseo ser un humano completo! – alzó su voz sin darse cuenta y Luna sonrió satisfecha. – Siento haber gritado. – se disculpó el Guardián agachando la cabeza y la mirada.
No, no lo sientas. – dijo ella soltando su mano y acariciando su mejilla blanca como la nieve. – Estas cosas, desear algo hasta el punto de gritar sin motivo aparente, disculparse y agachar la mirada, pensar que una persona es "un buen hijo" por sus actos y sentir simpatía hacia esa persona… - Luna comenzó a enumerar los gestos que Hafiza había hecho para que ella estuviese segura de que merecía la pena que aquel hombre "tuviese un corazón" – Todas esas cosas, no las has copiado, las has sentido tú y has actuado siguiendo las sensaciones que esos sentimientos te producían. – le dijo haciendo que Hafiza la mirase esperanzado, lo cual hizo sonreír a Luna. – Serás un gran hombre porque tienes un gran corazón. – sentenció y las blancas mejillas de Hafiza se volvieron un poco más rosáceas, era casi imperceptible pero sus ojos transmitían vergüenza y no era capaz de hablar nada más que en susurros.
¿Esto es lo que se siente cuando te avergüenzas o te sientes cohibido? – preguntó sin ser capaz de mirar directamente a los ojos de Luna, quien sonreía completamente satisfecha. Hasta que Hafiza sintió como si le apuñalasen en el pecho y cayó de rodillas al suelo. – Lo sabía… el precio por sentir… es demasiado alto. – dijo agarrando su costado con cara de dolor, aquel sentimiento era el único que sabía identificar sin problemas, porque hasta hacía unas horas era el único que creía poder sentir.
¡Oye! – dijo Kurogane, parando de correr detrás del mago, tan rudo como siempre aunque un poco preocupado por el tipo de ojos raros, como él lo llamaba, entonces Fay vio la mirada llena de decisión de Luna y se imaginó lo que haría en cuanto estuviesen a salvo y eso le hizo parar de correr también. – No te sobre esfuerces. – le regañó haciendo que Fay riera por lo bajo, Luna y Shaoran lo mirasen confusos y Hafiza alzase su mirada extrañado de que aquel hombre gruñón se preocupase por él, que solo lo había molestado y hecho discutir. Mientras Shaoran se acercaba a él y a Luna para ayudarlo a sentarse en uno de los bancos de la biblioteca; lo pensó detenidamente, Kurogane y Fay habían estado discutiendo las veces que él los había interrumpido y parecía que ese par se llevaban "demasiado" bien, eso le llevó a una pregunta. ¿Kurogane era masoquista o pretendía convertirlo en su amante como a ese rubio de sonrisa imborrable?
No eres mi tipo. – soltó de pronto mirando a Kurogane quien pareció confuso al principio; antes de comprender que ese sujeto creía que a él le gustaban los hombres, más concretamente el mago rubio y él, y eso lo hizo enfadar. De pronto Fay, Luna e incluso el siempre respetuoso Shaoran comenzaron a reír hasta el punto de llorar de la risa. – No me van los masoquistas y menos si son hombres. – dijo con ese tono inexpresivo tan propio suyo, lo que incrementó las carcajadas de Fay y Luna; mientras Shaoran se daba cuenta de la mirada asesina de Kurogane y de cómo apretaba sus puños mirando al Guardián de las Memorias como si fuese a despiezarlo.
¡Solo intentaba ser amable! – gritó Kurogane a aquel hombre, alzando su voz sobre las carcajadas de Luna y Fay. - ¡A mí tampoco me gustan los hombres! ¡Así que deja de decir eso! – Fay dejó de reír súbitamente y Luna paró también, como si Kurogane acabase de decir la cosa más fuera de lugar del mundo. - ¡Y yo no soy el masoquista, ese es el mago! – Fay permanecía en silencio con la mirada clavada en el suelo, mientras Kurogane se acercaba cabreado a Hafiza y Luna andaba hacia Kurogane.
¡Kuro-baka! – gritó Luna frente a él tan enfadada como cuando Kurogane bajó las escaleras esa misma mañana o cuando había dudado en besar a Fay para salvarlo, y esa actitud proveniente de Luna sorprendió a todos, menos a él, que sabía cual era el único motivo por el cual Luna se ponía así, Fay, ese pensamiento le hizo girarse para mirar al mago, que estaba algo apartado del resto y miraba el suelo escondiendo sus ojos con su largo flequillo rubio. – ¡Retira eso! – el espadachín la miró atónito y Fay alzó la mirada del suelo, intentando comprender que estaba haciendo Luna.
Tal vez me he pasado un poco con lo de que él es masoquista, pero… - Kurogane se sentía un poco intimidado por la mirada feroz de Luna y muy culpable por hacer que Fay volviese a perder esa sonrisa sincera que tanto le costaba poner en su rostro, pero eso no fue lo que le hizo dejar de hablar, lo que le calló fue la bofetada que Luna le arreó. (tiene la manita un poco larga cuando se enfada :P, en el capitulo anterior con Hafiza y en este con Kuro-pi, ¬_¬ aunque Kurogane se ha pasado un poco) - ¿a qué viene eso? – preguntó a Luna comprobando la cara de sorpresa que tenían todos, hasta Hafiza, pero ella volvió a fulminarlo con la mirada.
Eso no era lo que debías retirar, idiota… - Fay abrió mucho los ojos, esa chica era capaz de contarle a Kurogane todo sin pensar en las consecuencias. – A Fay… a Fay le gusta…/s/ – Fay había corrido hacia ellos y le había tapado la boca justo antes de que aquella valiente idiota pronunciase la fatídica /s/ que le podía arruinar la vida.
Claro que me gustan muchas cosas: los dulces, las cositas monas como Mokona, los libros, molestar a Kuro-baka. – dijo el rubio intentando disimular con una risilla floja muy nerviosa. – Y otras muchas cosas, pero no deberías decirlas, aunque las sepas por mis recuerdos, ¿vale Luna? – ella notó la suplica en la mirada de Fay, se calmó y Fay dejó caer la mano que tapaba la boca de la joven.
¿Qué ibas a decir, Luna-sama? – preguntó Kurogane sorprendiendo a todos de que la tratase con tanto respeto y más después de que aquella muchachita lo hubiese humillado dándole una bofetada delante de sus compañeros. - ¿Era sobre la persona de quien está enamorado el mago idiota? – preguntó a Luna que miró a Fay como si esperase que este le dejase hablar ahora, pero eso era imposible, ya que Fay estaba en shock, ¿hasta donde pensaba llegar Kurogane para averiguar quien era esa persona de la que él estaba enamorado?
Sí, era sobre esa persona. – dijo ella clavando la mirada en el suelo, alarmando un poco a Fay que la abrazó contra él como intentando no quedarse solo frente a Kurogane después de que Luna hablase. – Pero, si Fay-niisan, aun no quiere que yo lo diga y quiere decírselo primero él mismo a esa persona especial… aunque me den ganas de golpear a esa persona por no darse cuenta de las indirectas que le manda no solo niisan sino yo también, aunque esa persona sea idiota, yo respetaré los deseos de niisan. – dijo lanzando las indirectas más directas que nadie podría lanzar, hasta el punto de que Shaoran y Hafiza parecieron comprender quien era "esa persona" sin embargo Kuro-baka no era capaz de hallarle el doble sentido a las frases de Luna. – Eso no quiere decir que cuando dañe a niisan no pueda golpearle, ¿verdad? – preguntó alzando la cabeza para mirar a Fay quien no sabía si reír o llorar porque Kurogane era tan idiota como para no darse cuenta de a quien se refería Luna.
¡Por mí puedes golpear casi hasta la muerte a esa persona idiota, corta de horizontes que no sabe pillar las indirectas! – dijo Fay muy enfadado al ver la cara de confusión y molestia de Kurogane, y las expresiones de compasión de Shaoran y Hafiza. – O a lo mejor me encargo yo mismo de semejante imbécil. – dijo muy molesto descargando su frustración con la pared por la que pasaba el conducto de basuras para abrir un boquete y poder bajar hasta la calle.
¿Vosotros sabéis porqué se ha puesto así? – preguntó Kurogane a Luna, Hafiza y Shaoran; que asintieron con la típica gotita del anime. – No me digáis que también sabéis quien es "esa persona" – Shaoran asintió y Hafiza también.
Es demasiado obvio, además Luna ha dicho lo suficiente como para que hasta un mono con medio cerebro de mosquito se diese cuenta de quien hablaba. – respondió Hafiza sin ningún tipo de emoción en su voz, ni sus ojos, ni su cara. – Si no te has dado cuenta todavía es porque eres más cabeza hueca de lo que pensé. – sentenció Hafiza.
Eso no es verdad, no soy tan idiota. – se defendió Kurogane, pero Luna y Hafiza lo miraban con la misma mirada de ironía como si el inexpresivo muchacho la hubiese copiado de la chica. - ¿Lo soy? – cometió el error de preguntar y se sintió decepcionado y enfadado con las respuestas: Hafiza asintió una única vez con sequedad, Luna asintió enérgicamente hasta que le dolió el cuello y Shaoran evitó su mirada para no contestar a su pregunta con su mirada de compasión. - ¡No soy un idiota! Lo que pasa es que me gusta que me digan las cosas a la cara. – contestó haciendo que tanto Hafiza como Luna lo mirasen con la misma mirada maliciosa, parecía que los ojos de Hafiza reflejaban cada emoción de los de Luna. – No lo soy, ¡y punto! – sentenció muy enfadado dando por terminada la discusión justo cuando una gran explosión hizo un boquete en la pared dejando visible el conducto de la basura.
Samuel no tendrá problemas para salir por la puerta principal si le ha explicado al rey quien le ha envenenado. – dijo Fay para convencer a sus acompañantes de que se fueran ya. – Aunque siempre podemos mandar a Kuro-duro para que lo traiga a base de mamporrazos. – dijo Fay aun enfadado y frustrado con el espadachín. – No sabrías hacerlo de otro modo, ¿no Kuro-wan? – preguntó con una mirada que le heló la sangre al moreno. - ¿Nos vamos todos o lo mandamos a buscar a Samuel? – preguntó al resto que se sobresaltaron al notar que a ellos les sonreía como siempre. – Luna ¿tú que quieres hacer? – preguntó como si le estuviese preguntando a una niña de cinco años que no comprende muy bien lo que pasa a su alrededor, pero ella frunció el entrecejo, no por el tono o por el modo en que la trató al preguntar aquello, sino por la pregunta en sí.
No puedes descargar tu frustración con él, además no dejaré que me uses para decidir por ti cuando tú no quieras hacerlo. Si le pasase algo a Kurogane, la culpa recaería sobre quien lo mandó allí ¿no? muy listo, pero he vivido mucho tiempo como para no saber que estratagemas usan los niños para librarse de sus responsabilidades. – dijo Luna tirándole de la oreja a Fay arrastrándolo hasta que quedó cara a cara con Kurogane que la miraba confuso, aunque ni la mitad de confuso de lo que estaban Samuel y Hafiza. – Si os portáis como niños, os trataré como a niños. ¿queda claro? – preguntó tirándole también de una de sus orejas a Kurogane hasta el punto en que ambos hombres verdaderamente daban la impresión de ser un par de niños. – Además, Samuel no tendrá problemas porque Cesar ha ido junto a su padre y si Samuel no le ha explicado lo que ha pasado Cesar lo hará, por eso no pondré innecesariamente en peligro la vida de Kuro-pon. – sentenció antes de atraer la oreja de Fay hasta su cara para susurrarle un par de cosas. – Además, ¿qué harías si lo hiriesen porque ha ido a buscar a Samuel cuando no era necesario, tan solo porque te ha dado una rabieta? – Fay interpretó aquello como que Luna en el fondo estaba más preocupada por él que por Kurogane. Después de esas palabras soltó la oreja de Fay se acercó la de Kurogane a la cara también para susurrarle algo. – Y tú intenta no hacer que se enrábiate, que él no pudo tener infancia, es normal que a veces actúe como un niño. – le dijo amablemente al hombre de ojos rojos que miró los pies del rubio ya que tal como lo tenía agarrado Luna no podía alzar la vista y mirarlo a la cara. – Otra cosa, mide tus palabras, sobretodo si se trata de relaciones entre personas del mismo sexo, porque a Fay le harán enrabietarse o puede que hasta lo hagas llorar. – le informó y Kurogane casi se puso bizco intentando ver la cara del rubio, preguntándose si tal vez… ¿tal vez podría ser que Fay estuviese enamorado de un hombre? – Sí, es la respuesta a tu pregunta. – respondió Luna aun entre susurros y Kurogane no pudo evitar pensar si tal vez había pensado en voz alta o si Luna le había leído la mente. – No te leo la mente, te conozco lo suficiente como para saber interpretar tus expresiones. – le aclaró la joven casi riéndose en su oreja y Kurogane se dio cuenta de que a pesar de que Luna le estaba susurrando y se reía en su oído como Fay al salir de las mazmorras, no sentía como si su aliento le abrasase haciéndole cosquillas, con Luna más bien era como un calor constante y leves silbidos al impactar el aliento de la joven contra su oreja. – Vayámonos, Duna nos estará esperando. – dijo Luna mirándolos a todos como si en verdad estuviese totalmente tranquila y segura de que Sam saldría del castillo sin problemas.
Hafiza agarró la mano izquierda de Luna que sonrió y Fay su mano derecha mientras Shaoran la miraba preguntándose si de verdad ella estaba bien así y por ultimo Kurogane los adelantó a todos y se lanzó el primero por el conducto abrazándose a su espada como si su vida dependiera de ello, después de él saltó Shaoran que soltó un grito por la caída casi vertical del conducto; Fay tardó un poco en bajar ya que discutió con Hafiza sobre quien bajaría con Luna, pero finalmente perdió y al saltar gritó como Shaoran más por diversión que por la impresión de la caída. Cuando llegó el turno de Luna y Hafiza, el hombre la abrazó como si fuese un tesoro valiosísimo que no debía ser dañado y saltó al conducto, Luna se reía y gritaba emocionada por lo rápido que caían y finalmente aterrizaron sobre un montón de restos de comida y otras cosas malolientes que descansaban sobre una carreta en la parte trasera del castillo, fuera de la muralla pero del lado contrario a la casa de Samuel y Duna.
¿La competencia de mi hermanito? – preguntó Duna al ver como Hafiza abrazaba a Luna con todas sus fuerzas. – Es más sexy que mi hermano, pero creo que mi hermano tiene pinta de ser más apasionado. – dijo tendiéndole la mano a Luna que la miraba confusa. - ¡Sara! Ayuda al aprovechado. – llamó a una chica de pelo café, semblante tímido y nervioso, y unos grandes y expresivos ojos negros protegidos por unas gafas redondas bastante grandes (gafas de culo de vaso ^_^ pero no tan gruesas, _) Sara estaba con Shaoran y Fay completamente colorada con la mirada clavada en el suelo. – ¡Sara! Ven y ayuda a este aprovechado, no al rubio. – Luna sonrió con la gotita en su cabeza preguntándose que habría hecho Fay para que lo llamasen "aprovechado"
Lo siento. – dijo con una vocecilla muy dulce y suave, que a Luna le recordó quien era ella y que "ser" de otro mundo le recordaba, solo le sobraban las gafas ya que era casi idéntica físicamente. - ¿Necesitan que les cure alguna herida? – preguntó sin poder apartar su tímida mirada de los ojos cristalinos de Hafiza quien la observaba muy intrigado. Luna y Duna se miraron con complicidad, observando como esos dos eran incapaces de decir nada más, pero a su vez se mantenían la mirada. Sara expresaba todas sus emociones con una simple mirada, era un libro abierto para cualquiera aunque no la conociesen, mientras que Hafiza parecía incluso más inexpresivo a su lado, ella era una caja repleta de emociones y él una patata completamente inexpresivo.
Creo que le duele un poco la cabeza. – dijo Duna con una sonrisa maliciosa, sorprendiendo a Luna y obteniendo la atenta mirada inexpresiva de Hafiza. – Sí, justo aquí. – dijo dándole un fuerte puñetazo en toda la cara. – Eso es por ponerte tan pegado a la chica de otro. – le dijo con una mirada triunfal al ver como de los labios extrañamente blanquecinos de ese sujeto brotaba sangre roja. – Vayamos a ver como va el pobre Kurogane con las reparaciones del carro con el que nos iremos. – le dijo con una sonrisa perversa a Luna. – Eso si Fay no está volviendo a acosarlo. – sonrió y Luna la miró con una sonrisita algo forzada. – si llego a saber que ese par quedarían fuera de mercado por mi culpa nunca hubiese abierto la boca. – fingió estar enfadada consigo misma, pero Luna sabía que en verdad estaba encantada por haber sido de utilidad. - ¿Qué se le va a hacer? El daño ya está hecho. – dijo mientras Luna caminaba sujetando con fuerza su mano hacia un carro con cuatro caballos que se hallaba un poco apartado del montón de basura acumulado junto a la muralla, ahora que Luna lo miraba el conducto de la basura estaba más inclinado de lo que parecía, porque en verdad paraba sobre un pequeño huerto de unos cinco metros de ancho desde la pared del castillo hasta la muralla, pasaba sobre la muralla acabando justo a un metro por fuera de ella, lo que significaba que en teoría su caída desde el final de la muralla hasta el suelo debía haber dolido bastante, pero los restos de basura se habían amontonado bastante, a parte del echo de que había caído sobre Hafiza.
No muy lejos de allí, dentro de las mazmorras del castillo Ángel Naraka huía de los guardias internándose cada vez más en los niveles subterráneos del castillo, maldiciendo a Kurai por sen tan poco precisa con sus informaciones, a Samuel Rogers por adelantarse a sus planes e incluso a sí mismo por no haber besado a Luna cuando pudo hacerlo dentro de la mazmorra. Dentro de los pasillos laberínticos del cuarto nivel bajo tierra de las mazmorras se encontraba lo que él y todos los ciudadanos de aquel reino más temían, pero estaba tan desesperado que en su huída había decidido encontrar aquello y usarlo para vengarse. Entonces una oscuridad total lo envolvió casi todo, lo único que se veía eran aquellas dos puertas de plata resplandeciente, llenas de sellos mágicos, candados encantados y miles de hechizos protectores; sobre el marco de la puerta un escudo de armas muy tétrico: una luna llena color rojo sangre, en el centro sobre esta una calavera plateada con dos ojos rojos como la sangre que brillaban como bombillas y en la frente un pentagrama invertido en color negro, cruzada de izquierda a derecha detrás de esta una guadaña de mango negro y filo color rojo escarlata, cruzada de derecha a izquierda una pluma de cuervo manchada con un par de gotas de sangre casi imperceptibles. Ángel Naraka se sacó una llave con ese mismo escudo, pero cuando estaba a un par de metros de la puerta oyó un crujido y una risa neurótica provenientes del escudo que había sobre la puerta.
¿Qué le trae hasta el infierno guardián Naraka? – preguntó la calavera riendo perversamente con una voz que taladraba los tímpanos y helaba la sangre. – Usted sabe los riesgos que conlleva usar el poder de la muerte que está sellado aquí. – dijo la calavera clavando sus ojos como bombillas rojas en los ojos de aquel hombre joven tan desesperado. – Su padre murió después de usar este poder, cada miembro de su familia que usó este poder murió condenando al siguiente a cargar con la maldición de que algún día serían unos asesinos despiadados, sin piedad ávidos de poder que harían cualquier cosa por…
Juré que sería rey, que recuperaría lo que es mío por derecho de nacimiento, la familia Naraka debería seguir siendo la que gobernase este estúpido reino, no esos estúpidos Aberline. – le dijo a la calavera con tono frío para que no notara sus dudas y su temor. – Además ya he usado parte de ese poder antes, yo no moriré. – dijo esta vez intentando calmarse a sí mismo para no salir huyendo.
Sí morirás, solo la muerte puede arrebatar vidas sin pagar un precio. – sentenció riendo mientras la mano temblorosa de Naraka metía la llave en la cerradura y todos los sellos, cadenas y candados caían al suelo. Los soldados oyeron aquel ruido, sabiendo de donde provenía y a quien buscaban lo mejor que se les pudo ocurrir fue huir, no querían morir o sufrir un destino peor que la muerte a manos de aquel sádico. – Si sobrevives después de maldecir a alguien con tu poder solo significará que eres verdaderamente un ángel del infierno. – se burló la calavera jugando con el significado del nombre de aquel hombre joven que se adentró temeroso pero decidido en aquella habitación. – Pronto el pacto se romperá y podré descansar por el resto de la eternidad, sin que ningún Naraka pueda volver a interrumpir mis sueños. – dijo aquella calavera con una mirada llena de satisfacción y una risilla diabólica. – Y pensar que esto empezó por un maldito trozo de metal puntiagudo y un pedazo de tierra. (se refiere a la corona y al reino de Esfera) Estos humanos están locos, es mejor… - no pudo terminar de hablar consigo mismo ya que vio salir de la sala a una sombra negra que alzó su cabeza dejando ver simplemente una radiante y desquiciada sonrisa blanca y brillante y unos ojos rojos que brillaban como dos bombillas, desde dentro de la capucha negra de aquella capa negra. – Esta será la ultima vez que nos veamos Kodomo no Shi (significa algo así como "niño de la muerte")
Voy a maldecir a Samuel Rogers, él terminará matando a esa persona a la que tanto ama. – canturreó fundiéndose con la oscuridad de los pasillos para salir de allí.
Mientras esto sucedía en el cuarto del rey Cesar acababa de llegar y le pidió a Samuel que se quedase un poco junto a él y su padre que agonizaba. De repente el rey abrió los ojos con un leve reflejo rosa en sus orbes grises, agarró el brazo de su hijo con mucha fuerza y lo miró a la cara asustando y sorprendiendo a ambos muchachos.
El fin se acerca, el último Naraka ha abierto el sello para usar su poder como Kodomo no Shi y así cobrar su venganza. – dijo una voz mecánica desde el cuerpo del rey, que hizo que el medico y el príncipe lo observasen y atendiesen a sus palabras con miedo. – El hijo del ultimo con quien fue usada la maldición de los Naraka y el último Naraka se enfrentarán, si no llegan a enfrentarse la que recibirá la maldición será la chica de increíbles poderes. – declaró haciendo que Samuel abriese sus ojos de manera exagerada, recordando todas esas cosas que siempre había intentado borrar de su memoria, cosas que sabía que aquella a la que amaba seguramente habría visto en sus recuerdos. – La maldición del Kodomo no Shi chocará con su otra maldición y la activará haciendo que mate a todos los humanos que encuentre en su camino hasta encontrar al "alma dormida". – le advirtió directamente a Samuel quien agarró el cuerpo frágil del anciano rey por los hombros y lo miró queriendo saber que debía hacer para evitar aquello. El brillo rosa se extendió por las venas del viejo. – Mi presencia es capaz de eliminar el veneno del cuerpo de este hombre. – explicó a Cesar que miraba aterrado el brillo rosa de la corriente sanguínea de su padre, pero Samuel lo zarandeó hasta que fijó su mirada en los ojos desesperados del joven medico de aproximadamente veintiún años. – Corre hacia donde habíais quedado en encontraros con tu familia. – le dijo mientras se apagaba el brillo rosa de sus ojos. – Pero si la salvas hoy, acabaras matándola en un futuro por la maldición… en cuanto ella te diga que corresponde tus sentimientos con palabras, la mataras, aunque solo podrás matar a la primera persona a la que ames y te diga que te ama, el resto no activarán la maldición que te echará el Kodomo no Shi… - explicó desapareciendo casi por completo. – suerte… - dijo antes de desaparecer y dejar al rey confuso mientras el medico lo sujetaba por los hombros, su hijo lo miraba aterrado y él se sentía más alejado de la muerte.
¿qué ha sido eso? ¿magia? – preguntó Cesar a Samuel quien aun no reaccionaba, le acababan de decir que si salvaba hoy a Luna la acabaría matando si ella se llegaba a confesar. - ¡Samuel! – gritó Cesar y el medico reaccionó soltando al rey que miraba a su hijo feliz de seguir con vida, ante ese grito del príncipe un par de soldados entraron a la habitación y cerraron a cal y canto.
¡Señor! ¡Ha abierto esa puerta! – gritaron aterrados cogiendo sus armas antes de colocarse en posición de ataque para proteger la habitación. - ¡Naraka se ha transformado en Kodomo no Shi! ¡nos matará a todos! – gritaban aterrados, pero el rey no se asustó.
Escuchad, Naraka no matará a nadie que no sean mi hijo, este medico o la bruja… -Samuel volvía a estar evadido, pero Cesar fulminó a su querido padre con una mirada asesina, por llamar a su amiga con una palabra tan despectiva. Sin embargo el rey solo sonrió. – bruja no, a esa muchacha que capturó esta mañana. – informó a los dos soldados que miraron al medico como si fuera sacrificable. – Cesar, ahora que tengo testigos, te cedo la corona y todo lo que es mío, desde ahora eres el rey de Esfera. Este es tu principio como rey y mi fin como persona está cerca, así que he decírtelo como mínimo una vez… - dijo colocándole su corona sobre sus cabellos color arena mientras Cesar y los soldados lo miraban sorprendidos y Samuel seguía evadido luchando por la decisión de dejar que Luna matase a todos y viviese o salvarla y acabar muriendo por sus propias manos. – Te quiero, eres un muy buen hijo.
Gracias, padre. – dijo el príncipe con lágrimas en los ojos y los soldados también parecían emocionados por aquella escena. - ¡Samuel! ¿A dónde…? – intentó pararlo, pero el medico ya había decidido, salvaría a Luna aunque después de salvarla tuviese que quitarse su propia vida para no hacerle daño.
Ve con él… - dijo el padre de Cesar y el joven rey salió corriendo, dándoles la orden a los guardias de que cuidasen a su padre con su propia vida si era necesario. – Si nos atacan, huid. – dijo el hombre recostándose en la cama para descansar. – Yo estoy esperando a la muerte, vosotros aun tenéis toda la vida por delante. – declaró el que hasta hacía unos instantes había sido su rey.
Lejos de allí, en el lugar donde iba a parar toda la basura del castillo, Luna pensaba que cada vez tenía más ganas de hacer el trato con "la tienda de los deseos" para que Hafiza pudiese sentir y demostrar el amor que parecía profesar hacia Sara. ¿Qué más daba que sus heridas no pudiesen sanar con esa rapidez sobre humana? Ella quería ver una sonrisa de felicidad en el rostro del Guardián de las memorias, quería que le devolviesen esos sentimientos que le habían arrebatado por su simple existencia, por su culpa, y encima con un fin tan triste y drástico como es causar el fin de todo lo existente. Shaoran había notado a la chica un poco ausente desde que había vuelto de donde Kurogane arreglaba el carro y había presenciado otro ataque de dolor de Hafiza, decidió acercarse ella y averiguar que le ocurría, ya que él la consideraba una buena persona y hasta su amiga, por el gran favor que le había hecho al conectar sus sueños con los de Sakura la noche anterior.
Luna – la llamó con cuidado de no asustarla, pero Luna estaba tan metida en sus pensamientos que ni toda la delicadeza y el cuidado de Shaoran al llamarla evitaron que se asustara y cayera al suelo. - ¿estás bien? – preguntó el joven preocupado con un leve gesto de ternura en su rostro y ella rió por su torpeza, aparte de por lo divertido que le resultó haberse asustado de Shaoran. Pero paró de reír al recordar en que pensaba, sabía que ni los viajeros, ni los habitantes de ese mundo, que la consideraban su amiga le dejarían hacer lo que quería hacer.
Yo… solo estaba imaginando como serán mis viajes entre dimensiones. – mintió y Shaoran la observó con detenimiento, sabía perfectamente que mentía, pero no se atrevía a preguntar para confirmar sus sospechas. – No tendré tanta ayuda cuando viaje sola. – dijo mirando hacia la nada con una sonrisa y una mirada muy tristes.
¡No dijiste que viajarías con Samuel! – gritó Shaoran preocupado por la actitud de su amiga. – Además, aunque él no pudiese o no quisiese pagar el precio por viajar, nosotros… puedes viajar con nosotros. – le dijo cogiéndola de la mano, ella sonrió negando con la cabeza. – No era solo una sugerencia, queremos que viajes con nosotros, entre tú y yo, necesitamos compañía femenina, sobretodo yo, sino me volverán loco las tonterías de Kurogane-san y Fay-san. – dijo con cara suplicante y ojos preocupados. – Deberías venir, no, tienes que venir. – le ordenó intentando parecer amenazante y autoritario y eso hizo que Luna volviese a reír, aquel muchacho siempre preocupándose por todos.
Lo haré, lo haré. – dijo mirándolo enternecida y él suspiró aliviado. – Pero eso solo aumentará mi precio. – pensó en voz alta sin darse cuenta alarmando a Shaoran.
¿Aumentar? – preguntó Shaoran muy preocupado y ella se tapó la boca con las manos. - ¿Qué otra cosa ibas a desear aparte de…? Fijó su mirada en Luna que miraba distraída hacia otro lado, siguió su mirada y descubrió que miraba a Hafiza y a Sara. – El precio… por sus sentimientos. – murmuró y Luna le tapó la boca llamando un poco la atención de todos. – Luna. – susurró en un tono que Luna no supo identificar.
¡A casa! – gritó Duna saliendo por patas de donde Kurogane había arreglado la carreta para llamar al resto y detrás de ella un poco más rezagado se acercó Kurogane. – Kurogane ya ha arreglado el transporte, así que vayámonos de este estercolero. ¡Ya! – ordenó mirando inconscientemente hacia la ventana de la biblioteca de Cesar que estaba unos cuantos metros a la derecha del conducto de basuras. – Debemos poner a salvo a Luna y a Fay antes de que… - No pudo ni terminar la frase, ya que una sombra cayó de la ventana junto con una lluvia de cristales, removió en aire y aterrizó en la muralla antes de divisar al grupo y moverse a una velocidad imposible de alcanzar por un humano hasta alcanzarlos.
No permitiré que os vayáis, no escapareis de mí. – dijo la sombra sacudiendo algunos cristales de su capa negra la cual no cubría de pies a cabeza, se dieron cuenta entonces de quien se trataba, era Ángel Naraka, aunque su voz sonaba un poco más aguda y desquiciada. – Si no puedo obtener tu poder torturaré a Rogers, y como no puedo reinar también por su maldita culpa… - su voz se volvía más aguda y estridente por momentos. – Haré lo que quiera con su preciosa hermanita. – declaró estallando en una risa neurótica y desquiciada, alzando la cabeza para dejar ver la luz roja que desprendían sus ojos.
No cuentes con ello, Naraka. – Dijo Duna intentando hacerse la valiente a pesar de temerse lo que pasaría después, pero Kurogane desenvainó su espada y Hafiza sacó su arma semi-invisible de su vaina, colocándose ambos rodeando a aquel sujeto, antes de atacar. - ¡Vosotros podéis! – animaban Duna y Mokona, mientras Sara y Fay miraban cada uno a su respectivo "héroe" sin querer ver aquella escena pero sin poder apartar la mirada, Sara con las manos entrelazadas a la altura de su pecho rezando por aquel Hombre de Blanco. - ¡Dadle una buena paliza! – gritaba emocionada Duna, pero Ángel había esquivado los ataques de tal forma que se había ido acercando a Luna y Shaoran. Un último salto lo dejó sobre ellos, en mitad de la caída sacó de solo Dios sabe donde una guadaña de mango negro y el filo rojo y brillante como sus ojos dispuesto a partir por la mitad a Shaoran, pero no contó con que este sacara su espada y parase su ataque con gran dificultad saliendo ambos disparados en direcciones opuestas. – Kodomo no Shi…
¡Shaoran! – gritaron todos los demás al ver como el muchacho caía sin sentido al suelo con algunos rasguños en la cara y heridas que sangraban en sus manos y brazos. Mokona se revolvía entre los brazos de Duna que se había quedado estática por el terror y los recuerdos, pálida como la nieve con sus ojos grises extremadamente abiertos por el miedo.
Otra vez… - murmuró aterrada sumida en sus recuerdos y Sara la abrazó contra ella para evitar que siguiese mirando aquella sombra asesina. – Nos dejará solos… otra vez. – murmuraba con esa expresión evadida y desencajada por el miedo. Fay que estaba con ellas se quedó atónito ante la reacción de la chica. – Matará y maldecirá a todo el que se interponga en su camino… Kodomo no Shi, el ángel del infierno, es el fin de todo. – balbuceaba comenzando a derramar lágrimas y Fay observó como con un simple movimiento lanzaba a Kurogane y a Hafiza contra la muralla hundiéndolos un poco en la muralla antes de que cayeran sin sentido al suelo sangrando Hafiza en un brazo y Kurogane en la cabeza.
Te maldeciré. – dijo preparando su guadaña para atacar a Luna, que salió corriendo esquivando todos los ataques, los cuales, cada vez se acercaban más a su objetivo. – Serás una asesina muy poderosa, a pesar de que no lo parezcas. – dijo acercándose a ella lo suficiente como para que ella viera su siniestra sonrisa blanca y sus ojos rojos a tiempo de esquivar aquel último ataque, pero al tocar el suelo después de saltar con todas sus fuerzas apoyó mal su pie derecho y cayó.
¡Luna! – gritaron desesperados Fay y una voz que provenía de la ventana rota de la biblioteca, Samuel había llegado hasta allí y había visto caer a Luna al suelo, ella al oír la voz de Samuel se puso de pie pero le era imposible moverse. - ¡Huye! – pidió Fay ya que Samuel ya no estaba allí, pero Luna se había quedado paralizada por el dolor de su pie y el miedo, Fay intentó usar su magia pero la guadaña la repelió lanzándolos a él, a las dos chicas que quedaban en pie y a Mokona (no hay que olvidar nunca a nuestro lindo Majuu parlante ^_^) al suelo.
Yo te condeno– dijo corriendo hacia Luna que ni siquiera era capaz de crear una barrera, el dolor estaba disminuyendo por su habilidad para auto regenerarse, pero el miedo había aumentado, aquel hombre había derribado a todos sus amigos y solo quedaba ella, la mataría o tal vez la convertiría en una asesina, y no era capaz de hacer nada como cuando no tenía cuerpo y era una mera espectadora, no podía hacer nada era una inútil. – Sé una asesina, te condeno como el Kodomo no Shi - gritó casi frente a ella, Luna sintió como algo la empujaba contra el suelo antes de que un líquido rojo, espeso y calido la salpicase y perdiese la conciencia por el golpe que había recibido en la cabeza.
¡Samuel! – gritó Duna levantándose al ver como la guadaña se clavaba en el cuerpo de su hermano mayor. - ¡No! – gritó desesperada corriendo hacia él.
Detente. – pidió el joven con un hilillo de sangre cayendo de sus labios aun atravesado por el arma. – No voy a morir aun, él morirá ahora. – dijo al notar como Ángel sacaba de su cuerpo el arma, cayendo Samuel de rodillas junto a Luna y Naraka comenzó a desangrarse. Parecía imposible, pero estaba pasando, Naraka tenía una herida donde se suponía que había herido a Samuel y este no parecía que estuviese herido, excepto por la sangre que había salido de su boca, por la sangre que había salpicado a Luna al atravesarlo la guadaña o lo agotado que estaba. – Él me ha maldecido, pero el precio de esa maldición era su vida. – explicó mirando a Luna aliviado, había llegado a tiempo, Luna no haría daño a nadie aunque eso significase que ella nunca pudiese decirle con palabras que lo amaba si llegaba a hacerlo aunque él creía que ya lo hacía pero no se había dado cuenta.
Cuando ella te diga que te ama… - comenzó a toser sangre cayendo de espaldas en su propio charco de sangre. – la matarás. – la capucha había caído y se pudo ver el rostro ensangrentado de Naraka sonriendo antes de dejar de respirar.
Déjame sellar esa maldición. – pidió Fay preocupado por el futuro de aquellos chicos y su amor, mientras ayudaba a Samuel a levantarse y miraba a Kurogane que seguía sin sentido. – Hazlo por Luna y por vuestro amor. – suplicó y Sam le alborotó su pelo rubio a modo de afirmación. Fay lo ayudó a quitarse la parte de superior de su ropa destrozada por el ataque del Kodomo no Shi, posó sus frías manos en la marca roja brillante, como los ojos de Naraka antes de morir. Tras unos silbidos y unas palabras ininteligibles en la espalda de Sam se dibujó un tatuaje de color azul celeste sobre la marca rojo escarlata.
Samuel… hermano. – se abrazó Duna a su hermano echándole su capa por encima antes de llorar sobre su pecho. – Idiota… Imbécil… - lo insultaba entre sollozos abrazándolo con todas sus fuerzas. – Si te llegas a… morir. – Decía desesperada sin querer separarse de él. Mientras la escena de extraño amor fraternal tenía lugar; Fay y Sara habían aprovechado para ir a comprobar que Shaoran estaba vivo y no muy herido lo despertaron curaron sus heridas y al comprobar que realmente estaba bien como para estar por su cuenta, se fueron corriendo para examinar a Kurogane y a Hafiza respectivamente (tienen claras sus prioridades ^_^U) quedándose junto a estos hasta que despertasen, atendiendo sus heridas. – Te juro… que te traería… de vuelta de la muerte… para matarte. – Samuel rió y ella lo golpeó.
¡Duna! – gritó alguien muy aliviado desde la ventana rota, por la que había saltado Naraka y por la cual, Sam había divisado a sus amigos antes de correr y saltar por el conducto de basuras para salvar a Luna. - ¡Chicos! – gritó viendo el lamentable estado en el que se encontraba el resto. - ¿estáis bien? – fue la pregunta estúpida que siempre se hacer a pesar de que ves que están completamente magullados y algunos aun estaban inconscientes. – Esperadme, que ahora bajo a ayudar. – les dijo y se fue directo hacia el conducto de basuras.
Rey idiota. – murmuró Sam con una sonrisita al oír gritar al chico mientras bajaba por el conducto y Duna lo miró confusa. – Su padre aun no está muerto, pero le ha dejado la corona porque aun así no le quedan más de tres días de vida. – no quiso explicar como lo había salvado a lo que su hermana lo miró implorando que no la excluyera de sus preocupaciones. – Lo salvé sin riesgos, es solo que aun no me lo creo. – dijo sonriendo tapándose con la capa porque tenía un poco de frío, Naraka no lo había matado y gracias a Fay parecía que él tampoco iba a matar a Luna, pero al final iba a cogerse un resfriado por culpa de aquel tipo tan malvado. - Soy el mejor medico del universo, he salvado unas cuantas vidas hoy. – dijo orgulloso dándose cuenta de la verdad de sus palabras. Pero Duna no le prestaba atención ya que había salido corriendo hacia Cesar en cuanto este pisó tierra, o mejor dicho, en cuanto este cayó sobre la montaña de basura.
¿estás herida? – preguntó el rey con la corona ladeada sentado sobre un montón de basura. – Empiezo bien mi reinado. – dijo dándose cuenta de los ojos llorosos de Duna para hacerla reír. – No le cuentes esto a nadie. – le pidió y ella se lanzó contra él abrazándolo y haciendo que su corona casi acabase entre la basura. – Duna ¿qué…? – intentó preguntar, pero la chica lo besó haciendo que se pusiera muy rojo y sin más se dejó llevar correspondiendo aquel beso. Ella se le había adelantado, Cesar pensaba besarla y declárale su amor en cuanto no estuviese tirado sobre basura, pero Duna no podía esperar más quería besarlo una vez antes de que él pudiera decir nada sobre ninguna tipeja con la que se casaría para que fuese la reina. – Te amo… - dijo cuando se separaron sorprendiendo y emocionando a Duna que volvió a besarlo, cuando se separaron esta vez ella se negaba a apartarse ni un centímetro más de él. – Por favor, déjame levantarme, no quiero quedarme con el mote de rey de la basura. – le imploró haciéndola reír, pero en cuanto ambos estuvieron en pie algo alejados del montón de basura Duna le limpió las ropas a Cesar de posibles restos de basura y le colocó la corona, pero él aprovechó ese momento en el que ella estaba frente a él comprobando que la corona estuviese bien colocada para besarla, quería devorar aquellos dulces labios después de todo ella le había dado a entender que solo él era su dueño.
Vas a hacer que mi hermano te haga comerte la corona, si seguimos así. – dijo Duna casi sin aire con una gran sonrisa. - ¿Qué más da? Él tiene asuntos más importantes en estos momentos. – dijo divertida con una gran sonrisa enredando sus dedos en el pelo color arena del chico mientras miraban a Sam que estaba de rodillas y se había colocado la cabeza de Luna sobre sus muslos mientras le acariciaba la cara y le limpiaba las salpicaduras de su sangre
¿Por qué no despierta, Puu? – preguntó Mokona saltando sobre la cabeza de Sam que se preguntaba lo mismo. – Kuro-sama y Hafiza el blanquito ya están despiertos y discutiendo, Puu. – informó a Sam que sonrió aliviado a pesar de que aquellos dos no eran los primeros en su lista de aliados o amigos, se sentía aliviado de que estuviesen bien. – Shaoran-kun. – llamó al chico saltando a sus brazos, mientras este apoyaba su mano libre en uno de los hombros de Sam.
Sé lo duro que es… saber que haces daño a la persona que amas. – declaró el ojos de miel, recibiendo como respuesta una de las manos de Sam sobre la suya como agradecimiento. – No te lamentes por lo que no ha ocurrido, ni por lo que podría haber ocurrido. – le dijo antes de que Sam volviese a bajar su mano hacia Luna para comprobar su temperatura y su pulso, todo normal, entonces… ¿por qué no abría sus preciosos ojos azules y violetas? – Me recuerdas a alguien que forma parte de mí cuando la persona a la que amaba un día de pronto se desmayó y no era capaz de despertar. – Le contó a Sam como si él fuese el mayor de ellos dos.
¿Cómo despertó esa persona? ¿Qué hicisteis para que despertara? – preguntó alzando la mirada encontrándose con algo que le parecía casi imposible, a Shaoran mirando hacia ninguna parte con una expresión algo sombría que lo hacía parecer mucho más adulto de lo que era. – Quita esa expresión, me haces sentir estúpido, pareces más adulto que yo. – dijo agachando la mirada devolviendo a Shaoran a la realidad con una pequeña sonrisita en sus labios, mientras Sam acariciaba el pelo de Luna.
Si nota que estas con ella, pronto despertará, Puu. – dijo Mokona intentando romper el silencio que se había formado entre aquellos dos. – con Kuro-pon y Hafiza el lechoso a funcionado, Puu. – ambos chicos rieron ante la idea de Mokona y el sonido de la risa de Sam pareció despertar a Luna. – Te lo dije, Puu. – dijo de manera triunfal la pequeña cosita blanca antes de que Shaoran se la llevase con la excusa de ir a ver como estaban Kurogane y Fay.
Samuel… - dijo ella alzando su mano hasta la mejilla del chico. – Esa guadaña… te atravesó. – dijo con la mirada triste sin poder dejar de acariciar la cara del chico. – Entonces… ¿estamos muertos? – preguntó, pero era imposible ya que le habían dicho que cuando muriese volvería sola a "aquel lugar" – No se como ni porque estas vivo, pero me siento tan feliz. – declaró aliviada dejando escapar un par de lágrimas y Sam se inclinó sobre ella besando su frente.
Hay una norma que quiero que cumplas, ¿de acuerdo? – dijo aun inclinado sobre ella completamente serio. – No quiero que me digas nunca: te quiero o te amo o me gustas, ni ninguna otra declaración de amor. – ella no supo porqué pero eso le dolió, ¿acaso Sam no la quería ya como su amiga por haberse caído y porque por su culpa Naraka lo había herido? Sam notó la mirada triste de Luna y la besó en la mejilla lo mas cerca de los labios que pudo. – Si alguna vez tienes ganas de decir esas palabras, no lo hagas, tan solo bésame y abrázame, ¿lo entiendes? – preguntó a Luna aun muy serio y ella asintió. Sam se dispuso a volver a estirar su espalda, pero Luna alzó sus brazos y lo abrazó besando su nariz.
Pero tú tienes que entender siempre lo que quiero decir cuando te bese. – dijo ella sin querer soltarlo haciendo que él se sonrojara y por consiguiente ella también. – Estos besos significaran todo lo que no me dejas decirte. – declaró con una sonrisa triste soltando su abrazo, pero Sam no se puso recto al contrario volvió a agacharse para posar sus labios sobre los de ella.
Cuanto más cerca de la boca besa una persona a otra, más lo quiere. – dijo Duna apareciendo abrazada al cuello de Cesar. – Siempre decías eso, ¿no hermanito? – preguntó la joven haciendo que su hermano se quedase tan pegado a Luna como pudo para que ni Cesar, ni su hermana y mucho menos Luna viesen su sonrojo. - ¡Kurogane! Sigues vivo. – declaró la chica haciendo que Sam se sentase bien ya sin miedo al sonrojo ya que al escuchar nombrar a Kurogane se le había pasado, pero al levantarse vio que Luna estaba muy colorada.
¿Eso es lo que sientes? – preguntó la chica evitando preguntar directamente si la amaba o la quería, ya que aun no sabía como se sentía al amar a alguien o al ser amado. – Es mucho… - dijo muy colorada haciendo enrojecer un poco al chico antes de que ambos rieran.
Una llamada de la tienda, Puu. – proclamó Mokona mostrando la imagen de Watanuki proyectada en mitad de la nada. – Hola Watanuki. – lo saludó y él los observó para parar su mirada en Luna.
Tenéis varios deseos, contadme cuales son y yo os diré si puedo realizarlos. – dijo sin apartar su mirada bicolor de los ojos bicolores, pero de distinta forma, de Luna. – Hablad. – ordenó y Luna sonrió desconcertándolo un poco a pesar de que no se había sentido desconcertado o intranquilo con un cliente desde hacía tiempo.
Veo que aun no ha vuelto Yuko. – dijo Luna un poco apenada, haciendo que aquel chico la mirase un poco asustado y confuso. – Tranquilo, tu espera terminará pronto. – le dijo muy segura de sus palabras tranquilizando al joven que no entendía que le ocurría. – Volvamos a los negocios. – dijo con mucha energía a pesar de seguir tumbada con la cabeza apoyada sobre las piernas de Samuel. – Te propongo un trato, mi poder de auto regeneración a cambio de que rompas el hechizo que impide que Hafiza tenga sentimientos. – dijo sorprendiendo a todos menos a Shaoran, Hafiza y Fay. - ¿Aceptas? Solo tienes que romperlo el puede aprender solo a sentir, además como parte del pago puedes hacer que él tenga que proteger a Cesar y permanecer siempre junto a Sara para que aprenda a sentir. – le propuso y Watanuki la miró con altanería.
No suelo dejar que la gente me proponga los precios que quieren pagar por sus deseos. – dijo alzando una ceja haciendo sonreír a Luna. - ¿porqué deberías ser tú una excepción? – preguntó y Luna sonrió aun más iba a usar "eso" que hacía que nadie pudiese odiarla.
Concéntrate en la presencia de esa persona a la que tanto amas y extrañas, luego concéntrate en mí. – le ordenó y él cerró los ojos y obedeció, para abrirlos como si fuesen dos platos. – ¿Lo sientes verdad? Yo no soy esa persona, hablo más entre otras muchas diferencias obvias (¿de quien podrá estar hablando Luna? jijiji ^-^), pero sé exactamente cada recuerdo y sentimiento que tuvo en vida. – le informó dejándolo un poco más tranquilo aunque muy interesado en la noticia. – Si prefieres una copia de los recuerdos de esa persona te los ofrezco también como precio. – dijo Luna con una sonrisita picarona, el chico se sonrojó un poco y negó enérgicamente con la cabeza. – Parece que vuelvas a tener diecisiete años, te ves muy enérgico al hablar de esa persona. – declaró riéndose recibiendo la mirada asesina de Watanuki y notando que nadie más sabía de quien hablaban, seguramente se hiciesen una idea equivocada, pero es que no conocían los recuerdos y el pasado de Kimihiro Watanuki tan bien como ella.
Acepto tu primera oferta. – declaró el de ojos bicolores deseando acabar con esa charla cuanto antes, ya que de verdad se estaba sintiendo raro al hablar con aquel ser. – Los otros deseos. – inquirió apurado y ella miró a Sam que le indicó que volviese a ser ella la que desease.
Samuel y yo deseamos viajar con Shaoran, Fay, Kurogane y Mokona entre mundos y dimensiones, para poder cumplir el pago que me impusieron por mi cuerpo. – deseó Luna ahorrándole la molestia de Hablar a Sam ya que su deseo era el mismo, Watanuki esperó un nuevo regateo, sin embargo esta vez no hubo ningún regateo.
El precio será en tu caso ayudar a Mokona transportándoos alguna vez, Mokona se encargará de organizar los turnos y eso. – dijo medio aburrido sorprendiendo a Luna por un precio tan bajo a su parecer. – Y tú, Samuel Rogers, deberás entregarme ese tatuaje azul que llevas en la espalda. – Fay y Sam lo miraron implorando que pidiese cualquier otra cosa. – Ya has tomado medidas a parte de ese tatuaje para que el destino no se vuelva tan trágico como el Kodomo no Shi quería, no veo inconvenientes en pedírtelo como precio. – Sam miró a Luna que no comprendía porque ambos precios eran tan bajos, ¿y desde cuando tenía Samuel un tatuaje azul en su espalda?, después dirigió su mirada hacia Fay y este le dio a entender que hiciese lo que creyese conveniente.
Está bien, cóbrate los pagos. – dijo Samuel sin ningún tipo de expresión en su cara aunque se sentía aterrado, aunque quería regatear como Luna, no hizo nada aparte de aceptar el precio, no quería tener que responder a preguntas innecesarias.
El tatuaje azul atravesó la capa y se quedó flotando en el aire sobre Samuel, que ciertamente no se sentía distinto, después Watanuki mandó una especie de botellita de perfume hecha de un cristal morado muy fino para que Luna le entregase su habilidad. Luna posó sus labios en un lado de la boquilla de la pequeña botellita y sopló emitiendo un sonido muy dulce, mientras sin saber como ni con qué la botellita se estaba llenando, cuando el sonido dejó de escucharse aunque Luna soplase indicó que ya no había nada más que entregarle a Watanuki, cerró la botellita que estaba casi llena y Mokona se tragó ambos precios. Watanuki estaba a punto de irse, cuando alguien lo llamó.
¡Oye! – dijo Luna de la manera más basta y poco femenina que pudo, haciendo que Watanuki se girase un poco molesto pero feliz de escuchar aquella forma de que lo llamasen después de tanto tiempo. – Los sentimientos de esa persona por ti eran correspondidos. – le dijo Luna arrancándole un par de lágrimas y una sonrisa a Watanuki. – Espero haberte sido de ayuda y ya sabes la próxima vez te puedo pagar con sus recuerdos. – le guiñó un ojo y él negó con la cabeza secándose las lágrimas con rapidez, al ver que miraba hacia ella evadido seguramente pensando en si aceptar los regateos de esa "chica" o no, Luna decidió sacarlo de su ensimismamiento. - ¡oye! ¡tú, oye! – dijo otra vez tan ruda como le permitía su condición de chica.
No soy un animal, no me vuelvas a llamar así. – dijo intentando no reír y mucho menos volver a derramar lágrimas. – Empiezas hoy con lo de transportaros, por pasarte de lista. – le dijo con un intento de sonrisa maliciosa que ella le devolvió. – Cuidaos. – les pidió antes de cortar la conexión. – sinceramente, deseo que su destino no vaya hacia el futuro que auguran todos, yo confío en esa chica. – comentó medio distraído mirando hacia el cielo en el que había una preciosa luna menguante en forma de C – Tenemos otro cliente, – declaró frunciendo ligeramente el entrecejo. – uno bastante problemático. – añadió dirigiéndose hacia el sillón donde Yuko lo recibió la primera vez que estuvo en la tienda.
Por otro lado en el reino de Esfera las despedidas se suceden, las lágrimas, los abrazos y los besos, todo teñido con un tinte un poco triste que gritaba "Adiós" Luna y el resto tenían todo preparado, cuando algo les llamó la atención Hafiza sonreía abrazando a Sara con los ojos un poco vidriosos por tener que despedirse de esa persona que había pagado un precio por cumplir su más anhelado deseo. Eso hizo sonreír a Luna y a los demás que se despidieron con la mano mientras unas luces plateadas los cubrían y bajo sus pies aparecía un símbolo mágico lleno de otros símbolos, incluyendo el que aparecía cuando viajaban con Mokona, pero había miles más, formando un círculo con una gran Luna menguante en medio. Los viajeros ínter dimensionales no estaban sorprendidos tan solo se sentían felices de tener nuevos compañeros de viaje.
Soy Mokona en el siguiente mundo, caemos separados en tres parejas. ¿Kurogane puede ser lindo con Fay? ¿Hay dos Kuro-duros y dos Fay, pero son versiones más pequeñas y lindas de ellos? ¿Qué secretos encierran las gentes del Reino Boscoso y su castillo escondido en el inmenso y espeso bosque?
En el próximo capitulo de "El viaje continúa, las crónicas de Luna Scarlet"
¿Por qué lloras príncipe Fay? Mokona Modoki, Modoki Doki
Notas de la autora:
No suplicaré R&R solo espero que os guste la historia a quien la lea y deciros que va a ser un poquito (miento bastante) larga saldrán muchas cosas y parejitas e incluso puede que salgan ciertos pares de gemelos que tan lokita me tienen (Voy a acabar desangrándome por la nariz si sigo con la idea que tengo en mente, pero meda igual ^_^) seré feliz si solo una persona lo lee por muy ida de olla (un poco yaoi pervertida ¬_¬) que sea y recordaros que subiré el próximo capitulo en quince días.
P.D: (por si acaso me muero por no ponerlo) Tsubasa reservoir no me pertenece pertenece a Clamp, si tsubasa me perteneciese iba yo a dejar que le arrancasen un ojo a Fay o que Kurogane se arrancara un brazo (es posible que sí pero seguro que hubiese echo algo estúpido y sin sentido que no quedaría ni la mitad de bien)No soy digna de que nadie piense que ningún personaje de Clamp me pertenece entre otras cosas porque si así fuese iría muy mal el mundo.
Nos leemos, Lokaria Akire.
