Capítulo 4 – Vriska Serket
El amanecer no se podía ver desde la casa Slytherin, y se suponía que era un lugar privilegiado, debajo del lago. Ubicada detrás de la entrada escondida de las mazmorras de Howgarts, a la Serket le parecía que Salazar Slytherin en realidad debía haber sido un memo al colocar el centro de vida de sus estudiantes en un lugar tan penoso y patético. Se suponía que valoraba la ambición y la astucia, pero sentía que esto debía ser así porque el tipo tenía pocas luces. Trabajar en lugares fúnebres como aquel solo incitaba al homicidio.
Siendo totalmente sincera, a la chica no le desagradaba del todo eso de haber sido elegida para la casa Slytherin, aunque hubiera preferido Ravenclaw, pero era un mero hecho práctico. Tanto le daba una casa que otra, además se sentía complacida con el hecho de que el sombrero seleccionador hubiera puesto con ella a Ludwig. Con lo poco que sabía de las diferentes casas, imaginaba que el chico hubiera ido directo a Gryffindor, solo observando el modo en que se había quedado atrás por el memo de Feliciano, pero no. Con sinceridad no podía estar más satisfecha de que el tipo que le gustaba fuera a la misma casa que ella.
Vriska se puso su ropa normal y por encima aquella bata que los magos llamaban ropa. Consideraba la posibilidad de cortarla como si fuera algún tipo de cazadora, porque con total análisis, y tratando de desprenderse de su idea de la moda, aquella prenda de ropa era de lo más incómoda para caminar, y ya no quería pensar si tenía que correr. No era que pensara en correr una maratón, ni que le importase demasiado el tiempo, pero sí le resultaba incómoda aquella ropa.
Las primeras miradas de sus aburridos compañeros fueron siguiéndola desde el dormitorio hasta el salón comedor, y fue Ludwig quien por fin se digno a decir lo que todos se preguntaban.
— Vriska ¿qué le ha pasado a tu uniforme? Hasta ayer por la noche... — empezó a decir el rubio asumiendo que la chica lo habría manchado o tal vez perdido. Se temía que de verdad lo hubiera perdido, y aquello podía ser dramático.
— Ya, está en mi baúl, en el lugar que le corresponde a una pieza de ropa tan fea — contestó la chica abriendo su túnica y dejando que su compañero viera el conjunto de pantalones tejanos y camiseta negra que había elegido para su primer día de clase.
El rubio la miró sin mucha fascinación, puramente por hacerle algo de caso, porque se negaba a faltarle al respeto, aquello era problemático y no sabía cómo decírselo para que no se molestara.
— Pero es que si vas por ahí sin la ropa reglamentaría podrían castigarte, quitarle puntos a nuestra casa o no lo sé, tal vez expulsarte — dijo finalmente tratando de ser lo más políticamente correcto con su decisión.
La morena rió, nada de todas aquellas cosas le parecían tan relevantes como para preocuparse por ello. Además que estaba segura de que no podían expulsar a nadie por no llevar la ropa reglamentaría, apelaría a la falta de dinero mágico de su familia si se veía demasiado emboscada, pero hasta que eso sucediera ella simplemente estaba expresando su individualidad con todo el derecho del mundo.
— ¿Alguna vez has visto algún personaje principal llevar la misma ropa que todos? — preguntó la chica más de forma retórica que para que el chico le contestase —. En los dibujos animados el protagonista siempre tiene el pelo de un color más llamativo que la mayoría, su ropa se distingue especialmente. Dime Ludwig, ¿quieres ser un extra o prefieres ser el protagonista de tu vida?
El chico se quedó mirándola entre extrañado y curioso. Tenía una ligera idea de lo que eran los dibujos animados, pero nunca se había planteado cosas como aquella, asumía que todo el mundo era protagonista de su vida lo quisiera o no. Se encogió de hombros y se dirigió a la mesa con el resto de sus compañeros.
Vriska se había decepcionado un poco con la reacción de Ludwig. Parecía ser que en el mundo mágico nadie expresaba su individualidad, se conformaban con vivir apegados a aquella cultura de ser todos iguales cuando es obvio que no todo el mundo es igual.
Los ojos de la chica giraban en busca de algún lugar en la mesa en el que sentarse, no tenía muy claro si quería que Ludwig fuera su sombra después de todo, necesitaba abrirse entre el resto de alumnos. Divisó un hueco en un rincón en el que solo había dos chicos de cabellos rubios, casi blanquecinos. Se figuró que debía ser un buen sitio para empezar, además, la chica rubia llevaba un lazo enorme en la cabeza y parecía sentir la individualidad de un modo reprimido, al igual que ella. Tal vez resultará ser idiota, pero por el momento había llamado su atención.
Caminó hasta aquel lugar y divisó un par de magdalenas del centro de la mesa que cogió a la par que se sentaba al lado del chico en cuestión saludando a ambos como si les conociera o le importase poco no hacerlo.
— Yo soy Iván, y esta es Natalia, mi hermana — dijo el chico con una sonrisa afable.
— Vriska, ¿sois de primero? — dijo ella dirigiéndose directamente a la chica que parecía mirar con cierto odio a la morena.
— De segundo, estamos en el equipo de quiddich — corrigió Natalia con total supremacía —. Iván no habla con estudiantes menores, no necesitamos fans. Somos hermanastros si es lo que te ha hecho venir a curiosear.
Las palabras de la chica irritaron a Vriska, trataba de ser amable con aquellos dos perdedores y ella era una bruja total. Mordió su magdalena y rió de forma exagerada.
— La verdad es que no necesito curiosear, ni tampoco tener relación con perdedores como vosotros, lo hacía por pena. Me inspiráis mucha lástima chicos.
Iván sonrió de nuevo de aquella manera tan afable, por otro lado Natalia arqueó las cejas sin abrir la boca, también sonrió. La morena se levantó mirándoles con indiferencia, se sentaría con Ludwig mientras pensaba en cómo destruir a aquella potencial enemiga.
— Voy a hundirte en la miseria — masculló entre dientes Natalia y dejando que Vriska lo oyera todo.
— ¿No te ha ido bien con los Braginski? — preguntó el rubio haciéndole un hueco a su lado en la banqueta de la mesa.
— Qué va, vaya par de raritos — dijo la morena poniendo los ojos en blanco.
— Es que son de una familia sin ningún tipo de sangre decente corriendo por sus venas — dijo un chico de cabello castaño, con gafas y que además de la túnica llevaba una capa —. No son sangre sucias, son algo así como hijos de criminales de guerra de otra época. Gente sin honor a su cargo que se dedicó a robar y matar criaturas mágicas.
La chica miró a aquel tipo, tenía una pinta de friki aún mayor de la que se podía figurar que tendrían los magos y brujas. Miró al chico totalmente escéptica de lo que estaba diciendo.
— Eridan se cree muy superior porque además de diferenciar entre nacidos de muggle y magos, cree que entre los magos hay una jerarquía y que algunas familias robaron sus habilidades mágicas a criaturas del mundo mágico — explicó Ludwig aclarando aquella pose a la chica —. Es todo una teoría de mucho antes de que haya datación o papeles históricos, ni tan siquiera hay nada que lo constante, pero las familias que tenemos un gran linaje no podemos ser de ellos. Los Braginski vinieron a Inglaterra cuando la revolución rusa.
— ¿Ya estáis con esas mierdas otra vez? — preguntó otro chico. Se parecía a Feliciano, pero sus rasgos eran algo más marcados, parecía ligeramente más alto y no tenía en su cara aquella expresión de tío tonto —. Son gilipolleces, la única diferencia entre magos que hay es la de los sqibs y los que pueden ejercer magia. Tú Eridan deberías ser un puñetero squib.
— ¡Solo puede haber squibs en esas castas que no son magos de verdad! — Exclamó Eridan enfadado —. que me cueste más hacer magia que a los demás solo tiene que ver en que no creo demasiado en mí mismo.
— Por eso repetiste primero el año pasado — se jactó el chico que se parecía a Feliciano —. Yo creo que lo que pasa es que a lo mejor tu familia es la única que no es mágica de verdad.
— ¿Y quién es este tipo? — preguntó por lo bajo ella a Ludwig, mientras los otros dos seguían discutiendo.
— Lovino Vargas, es de cuarto, está en el equipo de quiddich y en realidad creo que es amigo de Natalia — susurró Ludwig —. Mi hermano dice que tiene algo raro con Iván y con ella, porque él les metió en el equipo de quiddich el año pasado. Es mejor no tener problemas con los del equipo, el año pasado dejaron que un bludger se escapase y dejó inconsciente a un chico que les había molestado.
Vriska rió, realmente había empezado con un pie horrible de ser cierto lo que decía su amigo.
— ¿Quién manda en esa mafia extraña de la que hablas? — preguntó aún casi en susurros ella. Tenía que encontrar a un pez más grande si quería acabar con el que había intentado comérsela a ella.
— Dirk Strider — dijo él —. Creo que se lleva bien con mi hermano, pero si quieres hablar con él o entrar en el equipo, tienes que apañartelas con Lovino.
— Ludwig, no sé jugar al quiddich — admitió Vriska tan bajo que nadie pudiera oírlo a excepción del rubio y sientiendo que se traicionaba a sí misma al decirlo —. Pero necesito deshacerme de Natalia Braginski.
El rubio miró con una mueca confundida a Vriska. No sabía si es que no le entendía o es que se imaginaba cosas extrañas.
— El quiddich es un deporte, el equipo solo juega en representación a la casa. No hay ninguna mafia extraña.
La chica suspiró, parecía que el Beilschmidt no era tan listo como podía parecer en según qué ocasiones.
— Considera que puedan ser ambas cosas — dijo muy por lo bajo —. Si consigo entrar en ese grupo cerrado y te meto en él podemos ser los amos de este antro asqueroso. Esa chica me la ha jugado, y con ello también a ti por ser mi amigo ¿A caso te gusta que te machaquen de esa manera tan patética? Voy a quitarla del medio a costa de lo que sea.
— ¿Qué hay de la investigación de lo que ocurrió con el profesor de astronomía? Pensaba que íbamos a encargarnos de eso.
— Ludwig, si hago lo que estoy pensando en hacer no hará falta alguna que descubramos quién ha sido, ya tendremos al culpable en nuestras manos.
