CAPITULO 4

- ¿Quién es Candice White? –Preguntó Archie sorprendido- ¿Y por qué tienes que casarte con ella?

Terry lo ignoró. Leyó nuevamente el contenido de la carta, para cerciorarse que había leído bien.

¿Cómo su tío William le podía decir que se casara con su hija?

Ni siquiera sabía que tuviera una hija. La carta era extensa, y muy reveladora. Le comentaba cosas que según William, no le confiaría a nadie más en este mundo.

- Terry, responde. ¿Quién es Candice White?

- Es la hija de William Andley –respondió George al ver que Terry no respondería

- ¿Hija? –Preguntó incrédulo- No tenía idea que el señor Andley tuviera hijos.

- Nunca llegó a conocerla, pero desde hace varios años se dedicó a su búsqueda. Ahora, ella será la heredera universal de la fortuna de su padre.

El silencio se apoderó de la habitación.

- No entiendo porqué tío William pudo pedirme algo así… -Terry no salía de su asombro.

- Existen dos cartas más –confesó George- Otra para ti, y una más para Candice. Pero serán entregadas al momento de la lectura del testamento; específicamente al momento de llevar a cabo la totalidad de las cláusulas de este.

- ¿Qué cláusulas?

- Serán reveladas el día de la lectura del testamento. No puedo adelantarles nada. Si te di la carta fue porque William me lo pidió expresamente.

- Entiendo –dijo serio- ¿Cuándo será la lectura?

- Cuando Candice White aparezca

- ¿Cómo que aparezca? –Se levantó de inmediato- ¿Quiere decir que no saben donde está?

- No

Terry comenzó a dar vueltas por la habitación, en silencio. Tenía "motivos" para aceptar la petición de su tío… pero no estaba seguro. William le aseguraba que todo saldría bien, que no se arrepentiría de ayudarlo.

- Pero… ¿qué sucederá si no aparece? –Preguntó de pronto- Si no aparece, no podría casarme con ella…

- ¡¿Qué?! –Gritó Archie alarmado- ¿Acaso piensas casarte con esa desconocida? Ni siquiera sabes como es… ¿qué tal y es un adefesio? Talvez eso sea… por eso William quiso pedirte que te casaras con ella; para asegurar que lo hiciera alguna vez…

Terry sonrió por el comentario de su amigo. Archie siempre se había preocupado por la apariencia física. Lo menos que le importaba era la apariencia de Candice, a fin de cuentas el matrimonio sería solo para ayudarla y de paso ayudarse a sí mismo.

- Eso no importa Archie

- ¿Cómo que no importa? –Se levantó- Sr. Johnson, dígale que esto es algo importante. No puede casarse con cualquiera… aún y cuando esta desconocida sea millonaria…

- Archie –sonó la voz de George- Aún cuando en parte tienes razón con lo que dices, es decisión de Terry si acepta lo que William le pidió en esta carta. Además –sonrió- déjame decirte que te equivocas con respecto a la apariencia de Candice. –Se levantó de su asiento, caminó hasta su escritorio y sacó de la gaveta de éste un pequeño sobre- esto –señaló el contenido- te hará dar cuenta cuanto te equivocas… Candice es todo, menos fea.

Archie tomó el sobre y abrió el contenido.

Tal y como lo había dicho George, se había equivocado al especular con la apariencia de Candy. En el interior del sobre había una fotografía, la misma que tenía George como referencia para hacer sus investigaciones. En ésta, Candy caminaba junto a su madre. Ambas eran mujeres muy hermosas, una de mayor edad que la otra; pero muy parecidas.

A decir verdad, Candy era toda una belleza. Su apariencia no era tan pulcra, ni de ropas tan ostentosas; pero sin duda era muy hermosa.

- Vaya, Terry –silbó Archie- Se puede decir que ganaste una fortuna. No solo te casarás con una mujer millonaria… sino que además hermosa –señaló la fotografía.

- Eso no importa –repitió

- Veremos si dices lo mismo después de verla

Se acercó al castaño y le entregó la fotografía. Un poco renuente a hacerlo, Terry tomó el trozo de papel en sus manos y observó detenidamente a Candy.

¡Vaya!

Si que era una mujer muy hermosa. Se entretuvo observando el rostro de Candy. Sus ojos color esmeralda lo hipnotizaron, eran muy intensos y hermosos. Su cabello era ondulado y rubio, largo… amarrado en una coleta alta. Vestía ropa informal, jeans y sudadera; pero aún así se podía divisar lo esbelta de su figura. Figura que aunque oculta, lo atrajo enseguida. Pero sin duda, lo que más lo atrajo fueron sus labios. Por alguna razón quiso tener sobre los suyos esos delicados labios rosas que simulaban una sonrisa en la fotografía.

- Sabía que cuando la vieras, cambiarías de opinión -bromeó Archie al notar el mutismo de su amigo.

- ¿De qué hablas? –disimuló

- Ajá, finge que no sabes lo que digo. Igual no importa, lo importante es que te sacaste la lotería… -le palmeó el hombro.

- Sr. Johnson –volteó a verlo- ¿Tienen alguna pista del paradero de Candice?

- Ahora te urge encontrarla ¿verdad?

Terry le dirigió una mirada asesina. No era momento para bromas

- ¿Sr. Johnson?

- Lamento decirte Terry, que no. Aún no tenemos ninguna pista sobre su paradero. Pero tenemos personas profesionales buscándola. No creo que tarde demasiado en aparecer.

- Bien –se acercó- Cuando lo hagan, no dude en llamarme. –Sonrió- ahora si me permite, creo que me retiro. Tengo un vuelo para dentro de cuatro horas, pero quisiera descansar un poco.

- Entiendo, -le sonrió- ¡que tengas buen viaje! Nos mantendremos en contacto.

- ¿Te llevo a tu casa? –le preguntó Archie

- No es necesario. Tomaré un taxi –se dirigieron a la puerta- Fue un placer –estrechó manos con ambos abogados

Saliendo de la oficina totalmente aturdido, llevando en su poder la carta de William Andley; Terry se dirigió a la planta baja, donde en menos de cinco minutos ya se encontraba de camino a su casa en las afueras de la ciudad.

- Sr. Johnson, ¿necesita algo más? –preguntó Archie a su jefe

- No por el momento –bajó su vista a los documentos que tenía en su escritorio- Puedes ir a tu oficina.

- Con permiso

Al salir de la oficina de George Johnson, Archie se dirigió a la sala anexa a ésta. Había olvidado una carpeta allí días antes durante una reunión y la necesitaba en este momento, pero al entrar se topó con la persona que más detestaba en este planeta.

- ¿Qué haces aquí Neal?

Neal trató de disimular su nerviosismo al ser descubierto en un área restringida. Se suponía que nadie más que George, Archie y la secretaria de George podían estar.

- Necesitaba unos expedientes

- Debes solicitárselos a Claire, no puedes entrar aquí sin autorización del señor Johnson.

- Lo iba a hacer, pero… -titubeó- estaban ocupados y Claire había salido a su hora de almuerzo. Era muy importante, así que… decidí pasar a tomarlos… no creí que fuera algo tan grave –sonó firme- Talvez exageras… no pretendía robar nada.

Archie resopló, talvez Neal tenía razón y exageraba. Pero, la verdad verlo lo había hecho enfurecer… Aún no superaba que le hubiera robado a la única mujer que había amado.

- Supongo que tienes razón, -caminó hacia el archivo que quería- Cierra al salir –dijo cerrando la puerta de la sala

Cuando estuvo solo, Neal sonrió. No hubiese querido que alguien lo descubriera adentro, pero había resuelto bien todo. Archie se había tragado su mentira.

La verdadera razón por la que Neal se encontraba allí, pues era enterarse a detalle de lo hablado en la misteriosa reunión que George Johnson tendría con uno de los herederos de la fortuna Andley.

Albert había prometido pagar muy bien, cualquier información adicional que tuviera con respecto a la lectura del testamento; y por si las dudas había hecho y deshecho para poder estar en esa salita que tenía acceso directo a la oficina de Johnson.

Claire, fue lo más fácil. Seguía embelesada con su galantería, y fue sencillo envolverla para que fuera por una taza de café mientras él se introducía en la sala. Al Claire regresar con la taza, notó que Neal se había ido y como ya era hora de su almuerzo; decidió irse confiada que su jefe estaría ocupado por un buen rato sin que llegara a necesitarla por algún motivo.

Pero si Neal pensó que esa reunión podría traerle buenas noticias, se equivocó… no eran buenas… ¡eran excelentes!

Enterarse de la modificación de una parte del testamento, para que el que tuviera que casarse con Candice fuera Terry; era totalmente beneficioso.

A Albert le encantaría tener estas noticias.

Neal se dirigió a su oficina y al llegar se sentó frente a su escritorio, decidido a llamar a su amigo, para concertar una reunión. Pero antes de poder hacerlo, el teléfono de su escritorio sonó. Era su jefe inmediato, Simon Adams; le indicaba que tenía que hacer un viaje de emergencia a Florida, como parte de un negocio importante que el bufete tenía que cerrar. Él era el encargado de esta área, por lo que su presencia era muy importante. Por los trámites que tuvo que realizar antes de su partida, le fue imposible contactar a Albert. Dejando la llamada pendiente, para su regreso.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Candy estaba feliz.

La revelación de Albert era impresionante. Si todo lo que el rubio le había contado era cierto, no había ningún lazo sanguíneo entre ellos… podían tratarse de otra forma que como simples amigos y no había problema.

- ¿Y tú le crees? –preguntó Patty escéptica

- Por supuesto, no tenía ningún motivo para mentirme. –Sonrió Candy- ¿Te das cuenta? No hay problema de que seamos más que amigos…

- Bueno, tienes razón… pero talvez te estás apresurando. Él no te ha propuesto algo semejante.

- Te equivocas –se levantó de donde estaba sentada

- ¿A qué te refieres?

- Bien… Albert me pidió que fuera su novia –sonrió soñadoramente- ¡Somos novios! Pero… -se sonrojó- eso no es todo… me besó –cubrió su rostro

Patty suspiró. Sabía perfectamente que su amiga nunca había tenido novio, seguramente tampoco nunca la habían besado… ¡era lógico que estuviera así de ilusionada!

Pero tenía miedo, Albert no le agradaba del todo. Tenía miedo que le hiciera daño a su amiga.

- ¿No dices nada?

- Bueno, ¿qué quieres que diga? –disimuló

- ¿Me felicitarás?

- ¡Te felicito!

- No te encanta esto ¿verdad? –dijo segura. Su amiga no estaba feliz por su alegría- No entiendo porque no te agrada Albert.

- Escúchame Candy –se paró y la tomó de las manos- Te quiero mucho, eres mi mejor amiga. Nada en este mundo me agrada más que verte feliz. Estoy feliz por ti, por lo que representa para ti todo esto… pero si me preguntas porque no me agrada esto es porque me da mala espina. Me sorprende esta extraña actitud… creo que deberías tener cuidado. Solo eso te pido –le sonrió- ten mucho cuidado. No quiero que te lastimen

Candy sonrió, ella también la quería mucho. Era su mejor amiga, nunca había tenido una amiga tan cercana como Patty.

- No lo hará. Albert me quiere… me lo dice siempre –sonrió

- Eso espero. Realmente lo espero –la abrazó

Los días pasaron. Como era usual, todas las mañanas Albert llegaba a ver a Candy a su apartamento. Desayunaban juntos y se despedían justo a la hora del inicio de clases. Por la noche, la llamaba sin falta a la hora que salía de su práctica. Candy no tenía celular, pero como regalo especial el rubio le había dado uno muy moderno para poder comunicarse con ella a cada instante.

Así que Albert llenó los días de Candy. Día y noche pensaba en él… ilusionada, nunca antes alguien había mostrado un interés tan especial por ella. Por demostrarle lo importante que era en su vida. Porque de eso estaba completamente segura, ella era muy importante en la vida de Candy.

- Tienes que levantarte –lo movió su madre a las cinco de la mañana como cada día

- No tengo ganas –dijo adormilado- Hoy en serio, no tengo ganas de levantarme. Un día no hará la diferencia. Tengo a Candy comiendo de mi mano…

- Probablemente –se dirigió a abrir las cortinas- pero aún así, debes mantenerte constante. Candy debe estar segura que no puedes estar ni un segundo sin ella… así que ¡levántate! –Le apartó las sábanas- Después de desayunar con ella, regresas a la casa y te duermes otro rato.

Renuente, Albert se levantó de su cama y se dirigió a la ducha.

Esa era la rutina diaria, cada día su madre llegaba a despertarlo temprano para que fuera a desayunar con Candy. Pasaba a un mercado cercano al edificio de Candy donde compraba alguna flor barata que encontrara, pero que para la rubia era una maravilla. Se la daba "con todo su amor" y conversaba largamente con ella durante el desayuno. Después la llevaba a la escuela y entonces, regresaba a su casa. Dormía hasta medio día y le entregaba el celular a su madre para que fuera ésta la que enviara a Candy, mensajes de amor y así mostrara su devoción por ella.

El plan estaba saliendo a la perfección. Dentro de poco, podrían hacer aparecer a Candy. Totalmente seguros que la rubia no se negaría a casarse con Albert.

Así que luego de dejar a Candy en la escuela ese día, decidió en lugar de regresar a su casa. Dar un paseo por la ciudad. Hacia mucho que no se daba una vuelta por el club. Llegó y como ya era un miembro conocido, no tuvo problemas en su ingreso. Se dirigió al campo de tenis que tenían dentro y quiso practicar un poco.

Cambió sus ropas con un atuendo más deportivo y cuando estuvo listo, llegó al lugar. Pero sin duda, su corazón no estaba preparado para lo que vería en este momento.

Enfundada en una falda de tenis y con su cara cubierta por una visera, se encontraba sirviendo una pelota la mujer más hermosa que alguna vez hubiese visto. Caminó hacia ella y puso en práctica sus dotes de conquistador

- Buenos días –sonrió seductor

La joven de cabellos castaños, sonrió pícara pero no contestó el saludo.

- Veo que te comieron la lengua los ratones. ¿Cómo te llamas?

Siguió sin contestar. Se limitó a sonreír

- Bien, si no quieres contestar… déjame me presente yo. Soy Albert Andley, mucho gusto –le ofreció su mano

- ¿De los emporios Andley? –preguntó sorprendida

- Si, también el Grupo Financiero –sonrió divertido

Volvió a sonreír.

- ¿Quieres jugar? –preguntó relajada

- Por supuesto

Jugaron largo rato. Albert la dejó hacer varios puntos de ventaja. Cuando el game finalizó, la joven se acercó sonriente y le extendió su mano.

- Buen juego –le estrechó la mano- Angelique Simmons

Ese fue el inicio de una relación apasionada, que daría como resultado… un Albert completamente enamorado.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Varias semanas habían pasado desde su reunión con George Johnson, y no había recibido ninguna noticia sobre la lectura del testamento.

¿Lograrían localizar a Candy?

¿Candy?

- ¿Por qué la llamas en diminutivo? –se preguntaba divertido

Pero es que los ojos, y los labios de Candy no se le borraban de la mente. Llegó a gustarle la idea de tener que casarse con ella. La mujer era hermosa, su padre la describió como una joven dulce y tímida.

Talvez… y como su tío lo sugiriera… podrían llegar a enamorarse.

- ¡Terry! –un toque en la puerta de su camerino lo sacó de sus pensamientos

Se levantó y la abrió. Era Karen…

- ¿Qué sucede Karen? –pregutnó sonriente

- ¿Puedo pasar? –Dijo aunque ya estaba adentro- ¿Cómo has estado?

- Karen, nos acabamos de ver –era verdad hacia poco que había terminado el ensayo

- Lo sé –sonrió- Pero lo que te quería preguntar era, si –cerró los ojos para darse valor- ¿me acompañas al cine?

¡Ya está! Lo había dicho… Terry sonrió.

- ¿Al cine?

- Si, es que hoy estrenan la película que tanto he esperado. Y pues… no quiero ir sola…

- Está bien, ¡vámonos! –Dijo tomando su chaqueta- Si no, ya no habrán entradas cuando lleguemos

- ¡Si! –Se levantó de un brinco- Eres un amor –le dio un beso en la mejilla

Terry sonrió. Karen era lo que él podía llamar una amiga… no podía negarle algo tan sencillo como acompañarla al cine.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Recorrió con sus labios cada centímetro de la anatomía de la mujer en sus brazos. Los gemidos que salían de la boca de su amada lo excitaban grandemente.

Hacia ya más de diez días que no iba a desayunar con Candy. Se quedaba todas las noches con Angelique y no tenía ninguna intención de apartarse de ella tan temprano.

La amaba durante toda la noche, y todavía durante las primeras horas del día siguiente tenía una necesidad casi obsesiva de su cuerpo.

Ya eran casi las siete de la mañana, pero su excitación lo hizo querer despertar a la mujer que yacía a su lado.

Angelique despertó rápidamente con las caricias del rubio. Su filosofía de vida era muy liberal. No le apenaba en lo más mínimo haberse entregado al joven Andley sin siquiera ser novios. Disfrutaba de los placeres que el cuerpo podía proporcionar y no se limitaba con nada.

Era una rica heredera y su belleza física le daba la libertad de disfrutar de la vida a plenitud. Así que mientras llegaba el hombre de su vida, Albert podía llenar ese espacio.

- Buenos días –sonrió al colocarse sobre ella- Estás lista para más –dijo dirigiendo su mano al punto más sensible de su cuerpo.

- Si… -gimió ella

La preparó por algunos minutos, disfrutando los gestos de placer que reflejaban el rostro de Angelique. Cuando estuvo preparada, se colocó a las puertas de su intimidad y la penetró con firmeza.

La entrega, al igual que otras; fue placentera para ambos. Cuando llegaron a la cima, el timbre del celular de Albert los trajo de su mundo de nubes.

- No contestaré –dijo él seguro

- Puede ser algo importante –lo quitó de encima de su cuerpo- Además, es hora de irnos.

Todos los días, se iban cerca de las ocho de la mañana, su encuentro siempre era en el apartamento de soltero de Albert en el centro de Chicago.

- Un ratito más –le susurró en el oído

- ¡No! –se sentó- Mejor contesta.

Resignado, Albert contestó y sin ver quien era habló a su interlocutor

- Diga

- ¡¿Dónde estás?!

Era su madre

- ¿Qué quieres?

- Ven a la casa en este mismo instante.

- Tardaré un poco más que eso… -se burló

- No estoy para bromas Albert, te quiero aquí lo más pronto posible.

- Está bien, no tardo

Se vistió, despidió a su amada y se condujo en su auto deportivo a la mansión Andley.

Su madre no estaba del todo enterada de sus andanzas, pero suponía que era eso lo que la tenía tan enojada.

Entró a la casa y se dirigió a la biblioteca, donde su madre se encontraba. Pero en el camino se encontró a su querida hermanastra.

- Hola querido –le besó la mejilla

- Hola Eliza

- ¿Qué te tiene tan temprano levantado? –se burló

- ¿Me permites? –le indicó el camino- Voy a pasar –pues la pelirroja le impedía seguir

- Pasa –sonrió- Pero ya sabes –le guiñó un ojo- para l oque quieras… aquí estoy…

Y se fue moviendo sus caderas cadenciosamente. Albert sonrió… aún recordaba…

¡No! Tenía que seguir su camino…

Llegó a la biblioteca y encontró a su madre ceñuda. Esto sería peor de lo que imaginó.

- Hola mamá –se acercó y le dio un beso

- Siéntate

Obedeció y esperó el sermón

- Tengo malas noticias

- ¿Qué?

- Neal me llamó ayer por la noche. No logré localizarte, así que tuve que reunirme con él yo sola –le reprochó

- Lo siento

- No importa, el motivo de la reunión es el problema

- ¿Qué te dijo? –preguntó curioso

- William hizo unos ajustes a su testamento

- ¿Cuáles?

- Quiere que Candy se case…

- Eso ya lo sabíamos –la interrumpió

- Ya lo sé, no me interrumpas. El problema es que quiere que se case con alguien en específico…

- ¿Quién? –preguntó alarmado

- Terry

Albert enfureció.

- ¡¿Qué dices?! –se levantó de su asiento

- Lo que escuchas, el maldito de William protegió a su hija de nosotros –se burló- Por que conociendo a Terry como lo conozco… trataría de protegerla de nuestra ambición –se sinceró

- ¿Qué vamos a hacer?

- Tienes que casarte con ella, ¡de inmediato!

- ¡¿Qué?! –Volteó a verla- ¿Qué estás diciendo?

- Lo que oyes, le pedirás a Candy que se case contigo antes que aparezca en la lectura del testamento. Así evitarás que se case con Terry.

Albert dudó. No quería casarse con Candy… ni ahora ¡ni nunca!

Estaba seguro que amaba a Angelique, y no estaba dispuesto a atarse a otra mujer. El problema era que su madre no lo entendería. Lo obligaría a casarse con Candy a cualquier precio.

- Yo no quiero casarme

- ¡Ya hemos hablado de esto! –Gritó- ¡Te casarás y punto!

Comenzó a caminar, nervioso. Ahora si tendría que revelarse… ¡no! No podría… necesitaba seguir viviendo de la manera que conocía. Si no se casaba con Candy, perdería todo… y con eso también a Angelique.

- Está bien, se lo propondré… pero… -titubeó- será solo una boda civil. De ninguna manera religiosa…

- Por mi no hay problema. Después de todo lo que importa es lo legal

- Entonces, esta noche lo haré… -se dirigió a la puerta- iré a la joyería por un anillo. Nos casaremos mañana mismo.

- Albert

- ¿Si?

- ¿Estás seguro que aceptará? –titubeó

Albert calló… después de un momento aseguró

- ¡Si!

Y con esto, salió de la habitación. Dejando a su madre, deseando que su hijo tuviera la razón. Un matrimonio anticipado con la bastarda de William era la solución a todo.

Albert condujo enojado hasta una joyería de tercera, compró un anillo aceptable y cuando estuvo en el carro; marcó el número de Candy.

Aunque no desayunaba con ella hace días, seguía pendiente de ella. La llamaba a diario y como tenía "excusa" de estar en un viaje de negocios… Candy no estaba para nada enojada con él.

- Candy –su voz sonaba tierna- ¿Cómo estás linda?

- ¡Albert! –Candy casi brinca al escuchar su voz- Bien, estoy muy bien. Te he extrañado.

- Yo también, preciosa. Pero ya no nos extrañaremos. He vuelto

- ¡Qué alegría!

- Candy…

- ¿Si?

- Pasaré por ti esta noche. Quiero decirte algo importante.

- ¿Qué?

- No puedo decírtelo por teléfono. Paso por ti a las ocho.

- Está bien.

- Vístete formal, Candy…

- De acuerdo –sonrió- Te quiero

- Yo también –mintió- Te veo en la noche

Albert suspiró y se dirigió a casa a esperar la noche. Llamó a Angelique para cancelar su cita de todas las noches y cuando llegó la hora partió a la casa de Candy.

- ¡Estoy tan feliz!

- Lo veo –suspiró Patty

- ¡Regresó! –Cerró los ojos suspirando- ¡Cuánto lo extrañaba!

- ¿Y para qué quiere verte?

- No me dijo, pero dijo que era algo importante y que vistiera formal. Talvez me presentará a sus padres.

Patty lo dudó.

- ¡Ya llegó! –dijo Candy al oír la puerta

- Candy… ¡espera! –le gritó al ver a la rubia ir a abrir la puerta

- ¿Si?

- Candy, te quiero mucho –la abrazó- ¡recuérdalo! Cualquier cosa que sea lo que Albert desea decirte… ¡piénsalo! Piénsalo muy bien… yo te apoyaré siempre. Cualquier cosa que decidas.

Candy no entendió lo que Patty le dijo. Pero le agradeció su apoyo incondicional.

- Gracias

- Que tengas linda velada –le guiñó un ojo

Sonrió y salió al encuentro de su novio. Quien como siempre lucía espectacular. Cuando Patty la observó alejarse, se quedó pensando en lo que Albert podía querer de Candy. ¡Qué el cielo la perdonara si estaba pensando mal! Pero todo le parecía tan extraño…

- ¡Dios! Protege a Candy… ella necesita de ti –hizo una plegaria por su amiga.

Candy estaba feliz. Albert la llevó a un restaurante precioso… la velada era inolvidable y estaba segura que cada día lo quería más…

En cierto momento de la noche, Albert habló

- Candy, el motivo de todo esto… es porque… quiero pedirte algo

- Dime

- Candy, te quiero –mintió lo mejor que pudo

- Yo también te quiero, y mucho –le sonrió

Albert le dio un ligero beso en los labios. Suspiró y tragó saliva, tratando de darse valor para continuar.

- Escucha, yo te quiero pedir… Candy, lo que yo quiero decir

¡Rayos! Era muy difícil… las palabras no salían…

Candy sonrió por la inseguridad de su novio. Al parecer era algo que le costaba mucho decir, ¿qué sería?

- Dime

- Candy, ¿quieres casarte conmigo? –espetó

CONTINUARA…


Hola!

Les gustó… estaré encantada en saber su opinión. Serán bien recibidas.

Como lo digo siempre… MIL GRACIAS POR SUS PALABRAS…

Val rod, Patty reyna, LUZ GRANDCHESTER, Mayuel, Oligranchester, sofia amaya, luna, Black dyan 12, LettyG, karin, janet, Candice 1981, WISAL, LUISA1113, Jessy White, Lisseth…

MIL MILLONES DE GRACIAS POR SU ATENCIÓN PRESTADA… agradezco enormemente el tiempo que se toman en dejar un review…

Así que ya saben, si piensan que merezco un comentario de su parte… me avisan!

SALUDITOS