Capitulo IV: Rise of the Hunter.

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La penumbra siniestra rodeaba todo a su alrededor, el caos completo que se desataba esa noche avenal le remecía, aun cuando el estruendo general se mantenía como un lejano murmullo en la distancia. Sabía que tenía que moverse, tenía que seguir luchando y distraer a ese Agron para que sus amigos pudieran escapar. No podía simplemente quedarse ahí tirado haraganeando.

Satoshi abrió los ojos…su semblante, impactado, agónico y bañado en líneas sangrientas que bajaban de su frente trazando sendas sobre su rostro, rodeando sus cuencas, fue la imagen de primera vista, después de toda esa oscuridad. Por el contrario, la primera visión del azabache, además de estar todo borroso, fue el cielo nocturno envuelto en un dantesco espectáculo avernal, faltándole solo la visión de carbones ardientes lloviznando, para completar el cuadro. Esa atmosfera de guerra le hizo enfocar todas sus fuerzas en levantar su mano para así, tocar las nubes oscuras, quizá suplicando la salvación, quizá rogando a la santidad, un milagro. Cualquier cosa que le permitiese volver sobre sus pies para poder salvar a sus amigos.

Una mano sangrienta se elevó sobre nuestro punto de vista. Los dedos retorciéndose por el dolor o el esfuerzo, los temblores y espasmos…quizá su condición eran más delicada de lo anticipado, ¿Que iba hacer? No podía levantarse, pero tampoco quería quedarse ahí, no deseaba seguir tirado en el suelo mientras los demás estaban a merced de ese monstruo.

Satoshi lucho por erguirse, pero no podía mover más que su mano, quizá su cuerpo estaba hecho pedazos. Si era así, la idea le aterraba. ¿Qué iba a ser de sus amigos? ¿Qué iba a ser de Clemont, Clem y…Serena? Tenía que levantarse a como dé lugar. Sin embargo la intención quedo solo en su espíritu, porque su cuerpo físico estaba prácticamente inutilizable, dejándolo prisionero de su propia naturaleza e impotente ante la visión de sus amigos siendo masacrados frente a su persona.

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Se ve fuerte…si…es perfecto…mira nada más…aun despedazado intenta erguirse. Esa fuerza y vigor es apenas creíble que solo sea contenido en esa débil forma de vida. –Algo lo saco de su concentración, entonces su mano cayo mientras los ojos sangrantes del azabache se movían hacia su derecha. Ahí, justo a su lado se hallaba una figura enigmática, cubierta de una gran capucha que prácticamente, le ocultaba todo rastro de humanidad, una túnica completa o capucha que llegaba hasta el suelo y que en sí, convertían a dicho ente en una figura demasiado simétrica y plana para siquiera identificar rastro reconocible.

La entidad encapuchada se inclinó ligeramente, a fin de inspeccionar más detalladamente a su objeto de interés. El azabache nunca consiguió vislumbrar nada dentro de ese hueco oscuro, demasiado oscuro. Finalmente aquella figura se arrodillo ante él, con toda la naturalidad del mundo. Como es que podían estar tan tranquila mientras el Agron amenazaba con devorar a sus amigos. Más aun, porque el pokemon desquiciado no intentaba atacarla a ella también.

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No cabe duda, es muy fuerte, demasiado para ser un simple mortal. –Nuevamente aquella voz fémina y natural se hizo presente, pero aun así no hubo más muestras o pistas que echaran luz sobre su identidad. Ignorante ya de su evaluación, Satoshi lucho con todas sus fuerzas por volver su atención hacia el monstruo que amenazaba a sus seres queridos. Entonces, nuevamente aquella figura centro su observación, quizá evaluando sus habilidades – ¿Tanto te importa esas personas?

Deja de estorbar…si no me ayudaras…deja…deja que...muera o luche por ellos. –Satoshi bramo apenas entre murmullos intentando alcanzar a los otros.

Para morir de igual forma, supongo. Bien. Seré franca igual que tú. Puedo ayudarte a salvarlos…pero necesito de tu ayuda. –Decía tranquilamente mientras de su túnica extendió lo que fue nada más una simple mano delgada propia de una jovencita. A estas alturas Satoshi dudaba ya de las apariencias. No olvidaba a aquella arpía que había mutilado a Serena y a Clemont. Tras un pestañeo vio lo que parecían ser joyas esclavas doradas en su mano. La cual extendió con el dedo índice señalando justo a sus labios como si intentase cerrarlos en gesto de guardar silencio. –Solo accede a nuestro trato y te prometo que podrás hacer mucho más por tus familiares. Ella hacía referencia a otro tipo de "familiares"

Satoshi detuvo su lucha inútil por levantarse. De todas formas, cuando escucho esto, pudo oír que repentinamente todo ceso, todo ruido o escandalo presente se apagó, con ello incluso parecía que el viento mismo se había congelado. La imagen de unas llamas lejanas estáticas como en una fotografía atrajeron su atención, la cual solo volvió su enfoque hacia donde se hallaban sus amigos pero antes de poder verlos, su postura derribada no podía ofrecer algo mejor que quedarse ahí sin poder hacer más.

Nuevamente aquella figura se le puso enfrente dispuesta no ceder.

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Que…que… ¡CON UN GIRATINA! ¡QUE ES LO QUE QUIERES!– Mascullo Satoshi totalmente fastidiado. Dando una muestra de ese espíritu indomable que aun en la agonía seguía tan combativo como siempre.

puedo hacer muchas otras cosas, pero a cambio de algo. A cambio de algo.

¿Que…que es lo que quieres?

No es obvio. –Dijo la joven con una voz tan calma y falta de seriedad. –Quiero tu alma. –Bien, esto era demasiado irónico.

–¿Podre…podre, podre yo salvarlos…? –Pregunto el azabache. Los fallos e n su habla eran quizá fruto de la hemorragia que lo estaba matando más lentamente de lo esperado.

Podrías salvarlos a ellos, a ti, a toda esta ciudad si así lo deseas…tan solo con el módico precio…de tu alma. –Ella hizo su oferta final.

–¿Qué…que quieres…que haga…? A…además de…además de…darte mi…mi alma. –Sacando sus últimas fuerzas le cuestiono. El brillo en sus ojos ámbar estaba apagándose poco a poco.

No tenemos metas diferentes. Yo quiero sangre…y tú quieres sangre…aunque sea por diferentes razones. Al cabo, eso es irrelevante. Solo dime que aceptaras. –Ella extendió su mano extendida con uñas refinadas y pintadas en negro obsidiana con la cual había hecho su ofrecimiento, ahora posada sobre el pecho herido del joven azabache.

Satoshi no lo dudó ni un solo momento más. –Es un trato.

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Este era el fin, eso era lo que todos ellos sabían, cada uno de ellos, Bonnie, Clemont y más que nadie, Serena. Los tres estaban desvalidos, indefensos y a merced de aquel monstruo, sí. Monstruo. Porque ese noble ser, esa criatura dócil, acostumbrada a ser un aliado y amigo de los humanos incluso de los más jóvenes, sin embargo. Ese de ahí enfrente era un monstruo totalmente ajeno a dichos sentimientos o ideales, no. Aquella era una aberración que estaba dispuesta a hacer de ellos sus presas, y lo peor de todo es que parecía disfrutarlo.

Serena no podía ver nada, pero ciertamente ya no le importaba, nunca pensó en su vida que llegaría a terminar así, sobre todo sin haber podido confesarle sus sentimientos a Katsumoto, el hombre que le había robado el corazón, eso fue lo peor, no haber podido confesársele. Pero ya no importaba, él estaba muerto y ella lo estaría en unos momentos. Quizá lo único que lamentaba era no haber hecho nada por proteger a Bonnie y ponerla a salvo a ella y a su hermano, ambos eran más jóvenes que ella o Satoshi, ciertamente ninguno de los cuatro merecía morir y menos de esa forma.

Aceptando el cruel destino. Serena tomo impulsivamente a Bonnie en sus brazos, mientras intentaba inútilmente protegerle. La niña aun pese a estar con ojos llorosos, y temblando con suma intensidad, no podía dejar de dirigirle la mirada al infame monstruo ahí presente y por increíble que pareciera, la niña intentaba empuñar una navaja relativamente larga que había sido proporcionada por Satoshi cuando hicieron su parara a entrada de ese puente.

Aun frente a la muerte viéndole a la cara, la niña dirigía su desafiante mirada asustada a la abominación, que en ningún momento estaba mostrándose siquiera que le importase no, de cualquier forma eso no serviría de nada cuando el hundiera sus dientes en su carne así como en la de los otros dos. Bonnie no quería morir no quera que todo terminase así, Satoshi pensaría así, lo mejor era mantenerse firme, ella protegería a su hermano y a Serena a cualquier costo.

Afortunadamente ella no tendría que hacer gran cosa.

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Bonnie desvió ligeramente la mirada desde la vista del Agron para dirigirla a la parte detrás de este, debido a algo que pensó haber oído. No lo pensó, en serio algo escucho. Sus oídos nos le engañaron en serio escucho algo…proveniente del cuerpo de Satoshi.

Un extraño sonido que podría acercarse a una mezcla de huesos crujiendo, líquidos derramándose, algo suave siendo aplastado contra el suelo y demás sonidos, relativamente extraños y bizarros, hasta el punto que llamo la atención de todos los presentes. Primero Bonnie, luego Clemont y finalmente Serena. Al final Agron volvió la mirada en un movimiento rectilíneo con la intención de averiguar qué era lo que estaba sucediendo. Los que todos ellos vieron realmente era inesperado.

Satoshi o mejor dicho su cuerpo, comenzaba a moverse. Primero lenta y esporádicamente, pero ahora que todos lo habían ubicado, fueron testigos de cómo el cadáver comenzaba a convulsionar, ahí estaba Satoshi Katsumoto, revolcándose en medio de su sangre mientras sus manos y piernas retorcijaban una y otra vez y entonces su espalda se arqueo. Entonces, un espasmo brutal y las fauces del cuerpo lanzaron un potente rugido, un tanto bestial.

La escena era realmente extraña sobre todo para los hermanos que podían ver pero no podían dar crédito a lo que veían, Satoshi comenzó finalmente a quedar boca abajo, y entonces comenzó a moverse, lentamente, mientras podían apreciar como sus manos intentaban cerrarse sobre el suelo. Entonces una serie de bramidos se escucharon provenir de parte de aquel que supuestamente estaba muerto.

Agron meneo la cabeza, intentando cuadrar lo que estaba sucediendo, entonces la voz de aquella joven invidente, le llego a sus oídos. –¿Satoshi? Finalmente el anteriormente finado Satoshi Katsumoto, comenzó a bramar con una voz no-natural y humana. Pero claramente aquellos gestos indicaban vida, él estaba vivo y de vuelta, entre los mortales.

–¡SATOSHI! –Las lagrimas de Serena se colaron por debajo de su vendaje sin embargo estas fueron de tono rojizo en lugar de cristalino. Ella lloro lágrimas de sangre, demasiado para el gusto de todos ellos.

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Rayos y centellas comenzaron a invadir el cielo nocturno que había caído de un tono carmesí a uno cobrizo debido a las aparentes nubes de revuelo. Pero aquello no era de temporal, sino que era al parecer acto ocurrido por causas de aquel portal que aún se encontraba sobre ciudad Luminous, más precisamente sobre torre prisma y del cual parecía ser una especie de huracán o tormenta pero ninguna gota de agua caía del cielo, al contrario, una ligera brisa parecía indicar que había un vórtice que jalaba lo que se acercase.

Dicho portal seguía abierto por encima de la ciudad de la ciudad de las luces. Un edificio se erguía, al parecer se había librado de gran parte de la destrucción vista. Sin embargo, esa era segunda atención, el edificio era de arquitectura occidental clásica, de hace unos siglos atrás, su marquesina frontal era soportada por columnas de arte Deco como lo que sería el Partenón romano o la Heliópolis de nuestro mundo, sin embargo aquí su función era la de ser un recinto de saber y conocimiento y que en estos momentos su destino y aplicación eran por así decirlo de ultima importancia. "El museo de la humanidad".

Al parecer las puertas se encontraban bloqueadas, pero la vista del interior nos mostraba una gran recepción coronada por una cúpula de cristal y acero las cuales, se levantaban sobre una gran zona de control manejada por una especie de recepción. Una centellea acuchillo la penumbra, y entonces el vidrio estallo en añicos mientras una figura descendió, colándose por uno de los ventanales de la cúpula hechos pedazos. La velocidad con la que descendió no pareció afectar su caída pues más allá de sufrir cualquier impacto esta solo flexiono ligeramente las rodillas inclinándose hasta descansar el peso sobre una de estas.

El desconocido invasor recupero la postura con claro esfuerzo y tras un escrutinio total de los alrededores, aseguro el sitio para poder relajar la postura, relajando músculos y mostrando algo que había adjunto a su espalda.

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–Estaremos a salvo aquí. –Dijo usando una oz relativamente familiar, mientras ese individuo que comenzaba a caminar, mostro una anatomía formidable, la sombra aun ocultaba su presencia verdadera. Podíamos apreciar por los retazos de ropa presentes en su piel no natural, se trataba de alguien que habíamos conocido as que bien.

–…Satoshi. –Serena quien se mostró siendo llevada en brazos de aquel gigante quien ostento una piel escamosa y áspera como si fueran placas pequeñas o...escamas. Quizá este tacto y la escala confundían un poco a la pelimiel pero aun así ella sabía reconocer esa voz, ese aura y ese aroma. Era Satoshi, no había duda. Podía no verlo pero aun así, estaba segura que ese ser era Satoshi, olía como tal, claro que aderezado con sangre y algo distinto quizás, un tono distinto. Sin embargo ella lo conocía más que bien.

Aquel ser camino hacia donde había uno de los cubículos donde se centraban el centro de recepción destinado originalmente al personal de seguridad que ahora mismo se hallaba ausente, una vez ahí un apéndice ágil golpeo sobre el mueble principal, donde primero azoto con sequedad y luego comenzó a moverse como si de un brazo fuese intentando palmar y sentir algo que buscaba, finalmente encontró el interruptor y las luces de esa recepción se ilumino, al parecer aun había energía eléctrica, suficiente para poner suficiente luz en ese lugar y revelar quien estaba ahí junto a Serena y posiblemente los demás.

Serena, Clemont y Clem aparecieron siendo cargados como si de pequeños niños fuesen, siendo sostenidos en los grandes brazos de su protector. Ahí estaba lo que nosotros podíamos describir como un draconiano. Un hombre reptil no…un hombre dragón. La mejor forma de describirlo es como un ser humanoide de considerable altura, quizá un metro ochenta o un metro noventa. Su cuerpo entero era una masa musculosa tanto en sus brazos como sus piernas y su torso y lomo estaban marcados por una poderosa anatomía digna de ser un auténtico héroe de antaño, aunque siendo claros era una verdadera bestia. La piel parecía una armadura de escamas como las de un cocodrilo sin embargo toda la piel era una armadura de escamas de tono verdusco mate y de tonos más oscura y negros en un patrón ciertamente de camuflaje natural.

Una cola similar a la de un caimán pegaba con cierta involuntariedad, algo que el susodicho no podía mantener control de ella, sus extremidades se encontraban armados por manos de cinco dedos cada uno de ellos, equipados por garras afiladas pero que ciertamente tuvieron cuidado con proteger a sus amigos. La espalda del mismo, se encontraban equipadas por dos poderosas alas como las de un murciélago que le doblaban la longitud de sus brazos y que eran casi tan altas como su espalda completa. Estas al igual que su cola de vez en cundo parecían moverse por cuenta propia.

Su cabeza similar a la de un dragón, estaba coronada por un par de cuernos enfilados hacia atrás así como unas más pequeñas que secundaban su cabeza, así como un hocico prominente y cuadrado que era similar a las fauces de un saurio prehistórico, con todo y dientes afilados capaces de destrozar la carne con toda la facilidad de un bocado.

Si uno fuese más liberal dejando de lado el concepto de los pokemons, Satoshi se había convertido en uno de esos dragones avenales que tanto pululaban las historias fantásticas de hadas, dragones y demás seres de fantasía que solían dominar la cultura popular, obviando la inexistencia de los pokemons en dichos mundos.

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–¿Todos ustedes se encuentran bien? –Con una voz que fácilmente le era reconocible ese draconiano era nadie más que Satoshi. Satoshi Katsumoto.

–Yo arg…creo que…que estoy bien. –Clemont dijo esto desde su espalda, con las piernas destrozadas, ahora el pobre quedaba relegado a una especie de mochila humana siendo sujetado y amarrado al seno del azabache y amarrado de nueva cuenta. Bonnie estaba aferrada a Serena mientras ambas eran sostenidas en el brazo del azabache. Pero al contrario de los dos anteriores, la pequeña Clem no quería siquiera verlo. Y era entendible porque, la simple visión de ese monstruo dragón le era muy intimidante.

A pesar de ser una bestia de leyendas, solo unos cuantos detalles lo señalaban como Satoshi a ojos de los hermanos Meyer, y oídos de Serena; los ropajes desgarrados de su indumentarias, las cicatriz sobre su vientre, el cual, a pesar de haber cambiado a una armadura de escamas se notaba claramente en tono claro blanquecino sobre la piel oscura como si fuesen centellas en la noche de tormenta. El otro factor que era reconocible estaba quizá en sus ojos, sus ojos no habían cambiado, eran quizá lo único que se había mantenido de su anterior forma humana. Aquellos orbes ámbar que mostraban ese espíritu de lucha, mismos que Serena darían lo que fuese con tal de poder volver a ver.

Había otro factor que se sumaba a la confirmación de que esa bestia era Satoshi. Quizá la normal de ellas era la voz, que aun con un ligero toque sonoro ahuecado como si fuese un continuo bramido, seguía siendo lo suficientemente reconocible para ellos. El otro factor que quizá, solo la pareja de hermanos pudo corroborar a simple vista, ser testigos de la transformación que vivió el hasta ese entonces, difunto azabache, mientras su cuerpo gano fortaleza y fuerza para transformarse en la fiera que ahora veían. Quizá esto era lo más notorio, sin olvidar claro que a pesar de su naturaleza actual, seguía siendo al parecer, bastante vulnerable, su cuerpo y retazos de ropa se encontraban bañado en sangre. Tanto suya como del Agron al que había logrado asesinar, tomando entonces a sus amigos y entre sus brazos los llevo a punta de saltos realmente potentes para llevarlos hasta el primer lugar seguro que encontrase.

La imagen de este Satoshi, de este monstruo enfrentando a Agron, someterle a base de zarpazos y golpes para luego derribarlo al suelo donde se plantó y a punta de sus barras desnudas le arranco la cabeza con nada más que fuerza bruta, turbo mucho a Bonnie que se abrazó de Serena mientras el azabache notablemente afectado, decidió pasar a la mesa siguiente donde fue a colocar a Clemont para revisar sus heridas.

–¿Te encuentras bien Clemont? –Bueno, realmente no muy bien, pero…pero la duda es. –¿Tu estas bien? –Dijo el rubio.

–¿Porque lo dices? –Dijo el draconiano.

–Pensamos que… –Dijo Serena llamándole la atención. –Pensamos que habías muerto. Cuando ese Agron.

–Es difícil de explicarlo. –Dijo el azabache intentando encontrar sentido a lo que paso. La verdad…la verdad es que no es la primera vea que sucede esto.

–Como que no es la primera vez que ocurre. –Todos ellos le cuestionaron.

–Es…difícil de explicarlo, pero… –El azabache no sabía si debía o no revelarles esto, podría asustarlos más de la cuenta y perder su confianza. O incluso podría asustarlos tanto que podría perderlos debido a su temor a su persona. Sin embargo no le quedaba de otra.

–La verdad es que cuando fui capturado por Lysson y su gente…ellos, es como si ellos hubieran hecho algo conmigo. Algo me hicieron, para provocar esto. No estoy seguro. Pero quizá sea debido a eso que ahora puedo…evitar morir. No…volver de los muertos. –De momento esto era suficiente, quizá si les decía que una mujer extraña me había hablado cuando estaba muerto era llevar las cosas demasiado lejos.

La verdad no estoy del todo seguro que fue lo que Lysson y su gente hicieron conmigo. Pero por favor créanme, soy yo. Sigo siendo el mismo Satoshi que es su amigo. Si fuese lo contrario no hubiera hecho nada de lo que hice…por ustedes. Por favor…créanme. Se los suplico. –Dijo el draco mientras hacía claro comportamiento y lenguaje corporal.

Si bien la mirada de ambos hermanos se mantenía un tanto intimidado, solo la expresión de quietud en una vendada Serena asentía mientras intentaba palpar el cuerpo del joven.

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Bien esto es lo que tenemos. –Clemont termino de aclarar mientras se encontraba sobre un escritorio de alguna oficina en donde Satoshi le había puesto, el azabache ahora había fijado sus piernas mediante improvisados cabestrillos a fin de reducir el dolor del chico, sin embargo era un hecho que Clemont requeriría de atención médica, puesto que sus piernas de la rodilla hacia abajo habían sido partidas hasta el punto que apenas y tenían consistencia.

–Hice lo que pude Clemont, aun así, vas a necesitar mover lo menos posible las piernas. Eso y que igual vas a necesitar medicamentos al menos mientras hallamos la forma de salir de aquí. –Satoshi había fijado con cautela los huesos a base de tacto y gritos ahogados de parte del rubio, finalmente sin mucho más que poder hacer lo había estabilizado sobre ese escritorio, pero era un hecho que iba a necesitar algo más.

–Bien…deja entrar a las chicas. –Ordeno el genio rubio.

–De acuerdo. –Satoshi camino hacia la puerta y le permitió el paso. Clem venia asistiendo a una pobre Serena, que con un palo de escoba partido en dos, usaba como bastón.

–Hermano. –Clem aun desconfiaba de Satoshi, y es que no se le podía culpar. En esta noche de horror en la que tanto humanos como pokemons se habían convertido en…monstruos, ella si se sentía muy intimidada ante algo tan irreal como en el dragón alado que había sido anteriormente Satoshi.

–Descuida Clem estoy bien. Estoy bien. –Clemont hizo lo posible por tragar con el dolor mientras palpaba la cabeza de su hermana.

–Serena. –Satoshi se refirió a la pelimiel, esta tras unos instantes quieta reacciono como si esperase por su llamado. –Si Satoshi.

–Necesito revisar…revisar tus lesiones. –Fue el único comentario que pudo hacer.

–Ah…eh…sí. Entiendo. –La pelimiel asintió extendiendo su mano. Satoshi vacilo si debía de sostenerla o no pero prefirió hacerlo. Para dejar a los hermanos solos un momento Satoshi prefirió llevar a Serena a otro cuarto. Aun había un botiquín útil, lo mejor era echar un vistazo; las lesiones de su amiga y de igual modo estabilizarla. Así ambos se dirigieron cuarto de a lado, una sala de empleados donde había un balo funcional y bastante sitio paras trabajar.

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Si serena pudiera verlo, no se lo habría creído. Ya tenía una vaga noción de lo que le había sucedido a Satoshi, sin embargo a pesar de todo. Ella creía firmemente en sus palabras, a pesar de que el hubiera cambiado en esa fiera que sus manos le dieron a interpretar. Pero sinceramente lo que no hubiese creído hubiera sido ver a ese monstruo dantesco llorar en silencio mientras retiraba la venda improvisada de sus cuencas, revelando aquello que ya era una verdad. La chica que le había seguido tan servilmente había quedado ciega. Había fallado del todo. Les fallo al no quedarse a su lado pensando ciegamente que Alain de verdad requería de su ayuda. Les fallo cuando tras ese despertar, no pudo volver a tiempo para salvarles, para evitar que Clemont perdiese sus piernas y para que esa arpía no le hiciera daño a Serena. Al final, les fallo también cuando no pudo hacer nada por defenderles de ese Agron. Ellos habrían muerto de no ser porque le vendió su alma a esa diosa o demonio venida de aquel plano existencial.

–Satoshi? –¿Estas bien? No has dicho nada. –Serena pregunto un tanto dolida por todo el contexto.

–Estoy bien. Descuida –Respondió tranquilamente.

–Finalmente Satoshi entendió. El nunca logro ayudarles se arrepentía de ello. Sin embargo se aseguraría de que ellos estuviesen a salvo juraba que lo haría de cualquier medio posible. Después de todo ya había demostrado su compromiso a la causa después de haberse convertido en ese monstruo. Haría que valiera la pena.

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–¿Qué haremos ahora? –Fue la pregunta que dijo inocentemente Clem.

–Supongo que seguir el plan original y buscar la forma de salir de aquí. –Fue la simple respuesta de Clemont.

–Me temo que ya no podremos contar con esa opción. –Respondió Satoshi.

El grupo se hallaba en medio de ese cuarto de empleados, donde Clemont había sido puesto en una silla que ciertamente no le resultaba de lo más cómodo posible. Clem se hallaba sobre una mesa de lectura y Serena en otra silla, mientras un "Lizardman" o mejor dicho Satoshi quien se encontraba sentado en pose de loto mientras su nuevo apéndice, una cola de reptil daba esporádico retorcijones como si tuviese voluntad propia, se encontraban retraídas detrás de su espalda en una clara muestra de control involuntario llegaba incluso a extenderse, y aletear, y teniendo en cuenta su amplia extensión, posiblemente muy molestas, así que tendía a meterse un tanto alejado de ellos.

–¿Porque dices eso Satoshi? –Fue Serena quien le dijo esto.

–Verán….esto suena complicado pero…en algún momento, mientras estaba…muerto…pude ver lo que estaba pasando.

–¿Qué fue lo que viste Satoshi? –Pregunto Clemont.

–En una forma difícil de explicárselos es que; esto que está sucediendo…lo que está pasando aquí, solo es el inicio.

–¿El inicio…? Pero… ¿De qué? –Serena le cuestiono curiosa.

–Lo que sea que causo esto y que ha hecho de las personas y pokemons…o que son, se va a extender…hacia otras regiones, por toda Kalos…y posiblemente, más allá.

–¿Cómo es eso posible?

–Satoshi… ¿Estás seguro de lo que dices? ¿Cómo puedes asegurarlo? –Demando el rubio.

–Créeme que si hubiera una razón para explicarlo, lo haría. Pero seguramente necesitarían verlo…no. Vivirlo. –Termino de expresar mientras llevaba sus dedos por abajo de su mandíbula.

–Y si es así. ¿Qué sugieres que hagamos?

–Quedarnos aquí. –Fue lo único que dijo.

–¿Pero…para qué? –Clemont volvió a preguntar.

–Para solucionar esto. –Simples palabras del ambarino.

–¿Solucionar todo esto? Pero…Satoshi…solo míranos. No duraremos ni un minuto. –Serena confeso realmente decaída.

–No Clemont, ustedes no durarían…pero tampoco me refería a ello.

–¿Que quieres decir? –volvió a cuestionar el rubio.

–Yo debo de acabar con esto. En cierto modo fue mi culpa. Así que es responsabilidad mía el que ustedes hayan pasado por esto. Por esa razón…por eso debo quedarme a arreglar esto.

–Satoshi…no es tu culpa. –Serena le dijo esto con sinceridad. Ninguno de nosotros pensó siquiera que esto era obra del Team Flare. Mucho menos que Alain iba a estar confabulado.

–Serena tiene razón. No te culpes por esto. En todo caso no es razón para que justifiques lo que piensas hacer.

–Supongo que ya lo concluyeron verdad. –Les dijo el draco.

–Si. Y yo tampoco estoy de acuerdo. –Serena demando con claro enojo.

–Yo tampoco –Sorprendentemente Clem entro a la palestra. Intercediendo a favor del ambarino.

–Pero yo si lo estoy. –Una nueva voz se hizo presente, asustando a todos quienes se encontraban en círculo y cuya reacción fue de tremendo susto al punto que casi caían de sus asientos, sin embargo todos volvieron su atención cavia destacar que de inmediato aquel draconico que ahora era el ambarino se irguió a velocidad de rayo, extendiendo sus alas de manera protectora, las cuales dejo como escudo entre sus amigos y aquella nueva persona, posible amenaza, instintivamente sus garras y dientes fueron empuñados mientras inconscientemente un gruido intimidatorio provenía desde su garganta, sin embargo…esto no fue necesario.

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Frente a ellos se encontraba en el portal de la puerta, una pequeña figura quizá no más grande que Serena, vestida con indumentarias ciertamente poco usuales. Más que nada por la capucha que cubría su cabeza y el resto de su cuerpo, de tono azulino oscuro que había sobresalido de entre la penumbra del sitio. Su cabeza estaba cabizbaja, sin embargo…al levantarlo, les mostro un rostro humano, cabello de tono rojizo castaño, coronado con una tiara en forma de moño que coronaba sus rizos, con una suerte de moño. Piel blanquecina y unos ojos rojizos como aquella noche espectral.

Sus labios curvaron en una sonrisa sincera y traviesa, mostrando un pequeño colmillo, mismo gesto que dirigió a todos por igual incluido a Satoshi, quien al momento no tardo en reconocer la voz y aspecto previo de aquella persona, sabia quien se trataba pero aun así, él quiso ser precavido.

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–¿Eres tú? –comenzó. –Te vi anteriormente…no se quien rayos eres… –Empuñando sus garras y adoptando una pose de ataque, maximizada por aquella nueva forma bestial. –Quien rayos eres y porque estás aquí? Más te vale que respondas ahora mismo.

–Qué poca memoria tienes…cazador. –Ella solo recito esto. Mientras abrió su capa para revelar vestimentas debajo de la capucha, descubriendo con ello un vestido de seda y algodón que parecía ser una suerte de bikini compuesto de joyas, esclavas, muñequeras, collar y top que cubría sus pechos, así como un ligero trazo de tela que cubría su intimidad frontal, claro que…al parecer dejando sus nalgas completamente al aire. Algo que ya era de por sí muy extraño, teniendo en cuenta la situación por la que estaban atravesando. Algo que había que resaltar…era la presencia de una cola de pelaje rojizo como el cabello y rizos de la misma joven. Satoshi ciertamente se sintió intimidado así como ciertamente atraído. –A caso ya no recuerdas el trato que forjamos tú y yo.

–¿Cazador? –Todos sus amigos preguntaron esto. –Satoshi… ¿Acaso la conoces?

–¿Entonces lo que vi…no era una alucinación…?

–Dime una cosa cazador…acaso el cambio por el que pasaste es simple coincidencia. Acaso crees que fuiste tú el que por sí solo…volviste a tu cuerpo y te levantaste para derramar sangre por tu causa.

–Te dije que yo solo hacia esto por mis amigos.

–¿Satoshi…de que está hablando? ¿A caso tú la conoces…? –Cuestionaron sus amigos.

–Yo…la verdad…no lo sé. –Expreso ahora el vacilante el Draco..

–Deja que yo lo explique cariño. –Dijo la chica que simplemente, paso para sentarse en una silla con ruedas. –Pueden verme como una de ustedes. Pero realmente esta solo es una marquesina. Ella sonrió mientras cerraba los ojos y entrelazaba sus dedos en su cabello castaño encendido.

–¿Entonces no eres humana? –Clemont le pregunto por un momento había olvidado el dolor agobiante de sus piernas. Satoshi había replegado sus alas pero aún se mantiene a la defensiva con sus nuevas garras preparadas para atacar.

–Desde luego que no. Yo soy lo que ustedes pueden llamar una deidad.

–¿Eres acaso…una diosa? –Satoshi ahora comento, tanto Clem como Serena prestaban oídos aunque ciertamente una de ellas era muy joven para entenderlo y otra moría de ganas por querer verla.

–Esa sería la mejor forma de nombrar lo que yo soy. –Abrió ahora sus ojos dirigiéndolos hacia el grupo. –Me llamo Horo. La sabía loba. La deidad de la cacería. –Revelo su nombre y título.

–¿La sabia loba? –Serena meneo su cabeza a un lado.

–¿Deidad de la caza? –Clemont mascullo.

–¿Qué es una loba? –Clem pregunto. Algo que si bien era de interés a los mayores, una nueva incógnita vino de labios de Satoshi.

–Es cierto, en este mundo existen otro tipo de criaturas. –Concluyo la deidad.

–¿Cómo es eso de que no eres de este mundo? –Satoshi cuestiono, claro él suponía que debía de ser de algún plano espiritual o espectral dentro de este mundo.

–Se los voy a resumir en la forma más adecuada que sus diminutas mentes inferiores, puedan comprenderlo. –Horo les respondió mientras terminaba de quitarse la capucha, entonces se levantó de la silla, ofreciendo su perspectiva frente a Satoshi, entonces dejo caer su capucha al suelo revelando su cuerpo cubierto solo por aquel conjunto de joyerías y telas finas revelar unas hermosas orejas de loba color castaño, así como una bella cola de bestia, de pelaje fino y suave con una mota de blanco en la punta del mismo.

La acción de Horo, fue más que suficiente para mantener shockeado a ambos chicos mientras la única niña del grupo se preguntaba el porqué de esta "loba" actuaba así, y Serena simplemente escuchaba atentamente por intensión de averiguar que sucedía.

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–Ahora…ahora…ahora lo…entien…des…des si? –Horo lanzo un bramido claramente bestial mientras sus gemidos se enzarzaban por todo ese recinto.

–Si…prome…prometes…curar…a Serena…y Clemont…hare todo…lo que me pidas… –Satoshi, en su forma draconiana, obviamente más alto que la diminuta Horo, sostenía a esta última contra el escritorio mientras jalaba el rabo de la loba, tirando de ella en la base de esta, ubicada encima de su trasero, esta acción hizo gemir a la misma, quien seguía manteniendo una sonrisa pervertida.

Ambas bestias, por increíble que parezca…se mostraban en medio de un acto de apareamiento. Siendo el ambarino extrañamente cegado por deseo hacia la loba humanizada, muestra de esto en su insistencia en seguir envistiéndola mientras su falo reptil, penetraba continuamente la intimidad de la loba, quien se hallaba desnuda salvo su atuendo de joyerías doradas y multicolores por las gemas que resaltaban en la luz tenue de aquella oficina donde ambos habían elegido su nicho de intimidad. Horo batía sus caderas hacia adelante y atrás de manera que encontrase la forma de introducir el falo del draco en su interior de manera rítmica. Ciertamente le agradaba, aun pese a que era un humano el que se hallaba en este acto con ella, pero tal parecía que a ella no le interesaba nada más.

Puede que su carcasa fuese humana, pero ella había visto a la bestia interior que mora debajo de esa humanidad y era la misma que estaba disfrutando…una lástima que no pueda convertirlo en lobo, sería un estupendo ejemplar para parir sus crías.

–Sabes…que…aun…asi…no….sera…un…efecto….completo…solo…solo…será…gra…gradual…el …resto…tu…debe…ras…suplir…LOOOO! –Horo gimió con casi un grito mientras sintió el falo draco liberar su semilla en sus entrañas. Casi de inmediato sintió las garras del mismo ambarino, estrujar su piel con aquellas garras hasta casi cortarla o casi sangrarla. Pudo sentir las fauces de Satoshi cerrarse sobre la parte posterior de su cabeza mientras sentía esos dientes intentar penetrar su piel y cortar su carne…a esto la loba no pudo soportar la mezcla de dolor y placer y finalmente exploto.

–¡AAAAAAHHHHHHHHHHHH! –Horo gimió como una autentica fiera en celo…al parecer había encontrado un ejemplar tan singular en este mundo que pensaba si debía de hacer algo mas que solo mantener encuentros con él. Si era cierto que había un ritual que seguir, pero por ahora quería solo imaginar tenerlo a sus pies para siempre.

Satoshi no sabía que existía algo así…sin embargo cierto era pensar…que en su momento de mayor deleite pudo visualizar a cierta pelimiel en lugar de Horo. Quizás cuando al final logre sanarla…tras derramar toda la sangre posible en esta "noche de cacería" como le había explicado Horo, puede que quizá pueda celebrarlo con ella, de una forma tan lujuriosa.

Lo iba hacer…Horo le explico cómo lograrlo. El simple término le parecía incrédulo por un momento. Recolectar "Ecos de sangre" mediante la caza durante esta noche tan singular cuyo significado era aún mucho más incomprensible de lo que Lysson y su gente pudieran siquiera concebir. Por su lado, él no dudaría en hacerlo, por Serena y los demás. Buscaría a las presas o mejor dicho enemigos…los cazaría entonces y también…los devoraría…todo por detener a sus enemigos a su vez salvar a esta ciudad del caos. Y podía intuir…que lo iba a disfrutar.

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–¿Alguien puede decirme que fue ese ruido? –Bonnie así como Serena habían llegado a dicha conclusión. Clemont, que ahora se encontraba en mejor condición que antes debido a que por algún giro de los acontecimientos Horo puso sus manos sobre las rodillas destrozadas del rubio, y acto seguido las dolencias del chico de lentes se desvanecieron casi en un pestañeo. Cosa que este último agradeció realmente, puesto que ahora pudo palpar sus piernas las cuales si bien seguían siendo inutilizables o seguían sin funcionarle, por lo menos se sentían recuperadas a un nivel casi completo.

–¿Como lo hiciste? Es algo científicamente imposible.

–El conocimiento humano sigue siendo muy limitado, aun usando tu ciencia y saber, les falta muchas cosas que aprender. –Horo desvió el tema una vez que vio uso de este recurso y evitar decirle a las dos chicas que se acostó con su líder. –Deja que te ayude a ti también niña. –Le dijo a Serena.

–¿De verdad? –Contesto la peli miel totalmente sorprendida. –¿De verdad puedes hacer algo por mi…? ¿Podre…poder volver a ver? –Horo intento decirle de forma directa que no iba a ser el caso, después de todo su nuevo cazador le había suplicado de rodillas mientras lamia su piel que fuese bueno con esta humana. –Me temo que no del todo niña…solo curare tus heridas pero tu visión es algo diferente. –Ella noto el toque mudo que adopto Serena mientras bajaba el rostro para esconderlo entre sus rizos amielados. –Sin embargo, no hay duda de que tu amado podría asistirte en ello. –Por mucho que Horo mostrase un claro seño de celos respecto a esta simple humana, termino diciendo esto a la joven, el cambio en Serena fue inmediato. Finalmente la loba corto parte de su capucha y comenzó a trabajarla envolviéndola alrededor del rostro de Serena.

–¿Que…que haces? –La chica invidente primero sintió como el improvisado primer vendaje le era retirado y posteriormente las manos de Horo envolvían una nueva mortaja de manera más justa y cuidadosa sin perero estilo tampoco.

–Descuida, solo estoy cambiando ese feo trapo por este nuevo manto, protegerá tus cuencas mientras tu amado cazador busca el cómo restaurar tus "bellos ojos"

–¿Eh…Satoshi…? –Ella comento. Ciertamente la loba gruño. –¿Quien más sino él? Deberías de serle más agradecida…ha salvado tu vida así como la de sus otros seguidores, no deberías dudar de su autoría. –La loba de ojos carmín decidió dejar a Serena sentada sobre una de las sillas, mientras la loba termino sentándose sobre un escritorio a lado suyo. Ahora ellos estaban en un cuarto que podría pasar fácilmente por una enfermería. Todos se encontraban ahí, salvo Satoshi. Al parecer el mismo estaba asegurado el sitio.

– ¿Es de verdad tu cola? –La loba abrió los ojos para volver la vista la rubia niña mirándole con curiosidad. –Pues, claro que lo es. –Horo ladeo la cola con simple sencillez, ahora mismo estaba parcialmente cubierta con su capucha, su extraño habito ahora la cubría por completo. Era extraño pero parecía que se vestía mágicamente, apenas cubría su cuerpo bajo de esta tela para salir nuevamente usando ropajes sencillos que Clemont identifico con los típicos que se utilizaban en el pasado. Allá por la edad arcana.

–Bien eh terminado. –La voz áspera de quien era el único que faltaba a ese grupo se hizo presente, todos volvieron su atención al enorme lagarto bípedo que ahora estaba de pie enfrente de ellos, aun vestido en esos retazos de ropa de su antiguo atuendo.

–¿Satoshi? –Serena le llamo. El mismo le devolvió el llamado mientras cruzaba el cuarto hasta posarse frente a Serena quien seguía sentada en dicha silla, el ambarino le acaricio los rizos miel y luego deslizo sus dedos escamosos sobre sus mejillas evitando en todo posible dañarle más con sus afiladas garras.

–No te preocupes. Eh logrado curar su malestar…sin embargo… –Horo se vio interrumpida en el momento en que se congelo, sus orejas se pararon en punta y su cola se erizo. Satoshi por su parte, Lévano la cabeza en un estado fijo, como una estatua, esto llamo la atención de ambos hermanos Meyer, quienes se sorprendieron cuando el draco presente extendió una lengua bífida lamiendo el aire,

–Hay alguien más aquí adentro. Cierto? –Satoshi volvió su atención a Horo, ella le asintió. Satoshi había recorrido todo el museo esperando encontrar supervivientes refugiándose, pero al parecer lo único que encontró fueron los cuerpos de cuatro guardias quienes al parecer fueron tomados en la guardia baja apenas se debió desatar el caos, eso y que Satoshi logro divisar un par de huellas manchadas en sangre que se regían hacia una ventana rota. Tal parece aún había alguien aquí dentro. Podía sentirlo.

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Ambos emergieron hacia el vestíbulo principal donde aparentemente se sentía aquella presencia. Los chicos se habían quedado en esa oficina, mejor así, después de todo Satoshi apenas podía dar crédito a lo que estaba sucediendo Horo era una diosa pero aun así apenas tenía un par de horas, de haberla conocido, y si no era por el contrato de sangre que pactaron así como el acto carnal que consumaron, Satoshi apenas crearía la confianza aparente que tenía ella tenía para con él.

–Está aquí adentro. –Horo se detuvo intentando cuadrar la situación mientas un gesto serio se mantenía en su semblante.

–No veo nada. –Satoshi volvió la vista y en un santiamén una figura oscura aterrizo a velocidad de rayos en medio de los dos. Horo volvió su vista hacia su atacante entrante, la loba antropomorfa fue lanzada con gran velocidad hacia un esqueleto de Tyrantrum que se hizo trizas cuando la chica loba golpeo contra estos. Satoshi intento siquiera cuadrar que había sucedido cuando algo barrió con fuerza sobre sus piernas derribándolo con suma facilidad, a pesar de su poderosa musculatura ty esbelta figura. Ni siquiera sus nuevas alas le sirvieron para evitar la caída cuando ya estaba sobre el suelo de losetas de mármol pulido.

Apenas el ambarino abrió los ojos para reaccionar. Sintió algo apretar su garganta obligándole a volver al suelo. Cuando lo noto sus ojos ámbar no lo podían creer, estando tirado boca arriba, su cuello había sido aferrado por la hoja de una alabarda tan alta como lo era él ahora. Cuando pudo verla adecuadamente. Su rostro reptil torció en una mueca de confusión.

–Pero que… –Levanto su mano para sujetar el arma medieval cuando de repente una bota minúscula le detuvo, apoyando su mano contra su pecho. Entonces fue ahí cuando la vio. Era pequeña quizá una figura más minúscula que Horo, piel marfil, labios purpuras, como si fuese ese el aspecto de un cadáver, para cerrar el juego, su cabello largo y lacio, era de color negro cuervo, como la noche más oscura imaginada. Finalmente, su vista se enfocó en aquellos radiantes y letales ojos de pupilas rojizas de un tono sangre. Ahí estaba frente suyo. Una…"¿lolita gótica?" a falta de un término más familiar para el antiguamente azabache.

–Th th th th –Escucho chasquear sus labios mientras le señalaba un claro no con su dedo índice. –Eres un niño malo, debes quedarte quieto hasta que se te diga que puedes salir a jugar. –Las palabras dichas con una voz de niña de doce años, le saco de contexto. –Sabía que era interesante…sin embargo esa zorra nudista se me adelanto. –termino de explicar mientras retiraba su alabarda para dejar libre al ambarino.

–¿Zorra nudista? –Satoshi se puso sobre sus codos mientras se apoyaba en una rodilla, en ese mismo momento, la montaña de huesos exploto y Horo emergió de ella, convertida en una auténtica fiera encolerizada. Tanto había sido así, que incluso mostraba sus colmillos y su cola se veía erizada, lista para saltar encima de la recién aparecida. – ¿Te refieres a Horo?

–Tu deja de hablar con esa mocosa! –Horo le grito echando a un lado los huesos que la inundaban a mitad de cintura. –Tu y yo tenemos un pacto así que eres mío. Escuchaste eso mocosas.

–Para tu sermón alimaña. De hecho fui yo quien lo vio primero. Si tú no hubiera intervenido su alma ya sería mía. –La lolita gótica hizo un giro de su arma, mucho más alta que ella, y aparentemente pesada, con la facilidad de que esta fuese un simple bastón.

–Una pena querida pero esto no es algo de lo que una niña pueda siquiera cargar…no importa de qué plano astral o abisal provengas, yo llegue primero. Y ese cazador es mío. Yo fui quien lo eligió. –Horo se mofo ante su oponente y replanteo un punto que apenas íbamos averiguando.

–Curioso. Yo lo iba a nombrar mi apóstol pero cazador...suena bien también. De acuerdo así será. –Reanudo su charla dirigida ahora hacia el draconiano. –Eres un poderoso gurrero así lo ha demostrado tu alma y tu tótem bestial, al parecer…o al menos eso fue lo que vi de esa apestosa mascota. Pero puedes olvidarte de su pacto…únete a mi…conviértete en mi apóstol y entonces yo…Rory; la muerte Mercury…hare de ti algo…aún mucho más grande y claro…dicho sea de paso…te hare prometer mareas de sangre con tal de obtener lo que más anhelas. –Esta vez la lolita gótica autonombrada Rory, dirige una mirada lasciva al ambarino, quien confuso intentaba cuadrar la mitad siquiera, de todo lo que había dicho y claro lo que ella y Horo estaban discutiendo.

–No sé qué rayos están diciendo las dos. Pero si…quiero que me lo expliques detalladamente y hasta que todo quede entendido…hasta ese momento decidiré. –Termino demandando, a lo que Rory, aun tras mostrar un gesto de poca gracia, decidió atender, quitándose por completo de encima del draco.

–Ni hablar. –Mascullo.

–¿Como que decidir? –Horo salto a palestra encarando a un Satoshi que aún seguía de codos en el suelo. –Tu y yo hicimos un pacto de sangre… ¿Lo olvidas…? –Ella le mostro su dedo recién cortado. –Y lo sellamos en la cama. –Acto seguido, ella sin reparo alguno, dio media vuelta a la mitad de su cuerpo lo más que le permitió y sin reparos se bajó los pantalones de lana sencilla, para alzar su cola de lobo por encima de su trasero. –Hola…recuerda lo que tuvimos hace un rato…fue divertido y te gusto. Admítelo.

–Definitivamente…eres una zorra. –Rory musito mostrando indignación de la falta de pudor de la loba sabia.

–¡Tu cállate! A ti nadie te hablo, niña malcriada. –Horo estallo en rabia.

–Tu eres la niña aquí…para empezar… ¿Cuántos años tienes? –Le pregunto.

–Simple, así me vez de joven y hermosa…pero en realidad tengo 650 años…como vez me eh conservado bien. –El dato turbo realmente a Satoshi. Esta joven…tenia medio milenio de edad, bueno…era una diosa…eso era una lógica hablando de deidades.

–En ese caso eres tú la mocosa. Por mi parte… –Rory se señaló a si misma mientras tomaba su hacha gigante a su hombro. –Tengo 954 años de edad, y pronto me convertiré en una auténtica diosa de la muerte. –Espera. ¿Dijo diosa de la muerte? –Satoshi en serio que se quedó sorprendido aunque con semblante molesto. El mundo se fue al carajo esa misma noche.

Él había sido traicionado, crucificado y luego enterrado, luego fue atacado y humillado, sus amigos lesionados de gravedad y ahora después de morir por segunda ocasión que el supiese, había resucitado para convertirse en un dragón antropomorfo que no escupía fuego, y ahora una loba y una lolita gótica entraban en escena argumentando que eran diosas. Que el supiese solo había un dios en este mundo…y no era humano.

Se preguntaba acaso…si estas chicas de verdad eran deidades. ¿En dónde estaba entonces Arceus? Quizá lo mejor que podía hacer, de momento…era detener la inminente discusión que se avecinaba entre aquellas dos deidades. Luminous ya era un caos, no había necesidad de convertirlo en un Armagedón.

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Continuara.

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OMAKE:

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El dragoniano Satoshi se observo a si mismo a través del espejo. No perdió el juicio porque ciertamente ya había deteriorado su mente, mientras había asesinado y derramado sangre…sentía como si se alejase más y más de su humanidad.

¿Qué más podía hacer ahora?

Aun cuando revirtiera todo esto y salvase a Luminous del caos, su venganza sobre Alain y Lysson serían un gusto efímero…sobre todo porque no sabía si habría garantías de que el volviese a la normalidad. ¿Cómo reaccionaría el mundo ante él? Ciertamente no sería tratado como un héroe, ni siquiera lo dejarían en paz, nunca jamás.

Siempre vivió ciertamente humillado y subestimado. Porque no aprovechar la oportunidad. Si…porque no….ya tenía la bendición de una deidad. Una deidad cazadora…superior a cualquier precepto de compasión y piedad. No es por maldad, sino solo supervivencia, supervivencia del más adaptado, no del más fuerte sino del que mejor se prepara y sabe aprovechar las oportunidades.

Sin más que poder expresar…sonrió…aquella facción reptil doblo sus labios con una extraña mueca adoptando una sonrisa afilada, llena de dientes aserrados como pequeños cuchillos, inclinados hacia atrás. Corroboro que la indumentaria que había obtenido de esa misma exposición, había sido la más adecuada a su gusto. Volvió su atención hacia su improvisado trono, una silla real sacada de su exhibición en este museo que de momento convertiría en su propio palacio.

Camino de vuelta hacia dicho recinto donde tras mover su cola para colocarla sobre el posa brazos, se sentí de forma prepotente y ostentosa, miro por el ventanal la ciudad del caos en la que se había convertido Luminous, ya se encargaría de salir y poner el orden en las calles, su propio orden. De momento, iba a desahogarse.

Tomo una cadena que apenas habíamos visto aparecer y tiro de ella con fuerza y cierta violencia. Escucho un lamento y quejido de dolor entonces escucho alguien moverse hacia donde el estaba, por el sonido que producía, parecía ser que aquella persona se arrastraba, a gatas.

Satoshi volvió la vista y entonces, Serena Yvone Gabena apareció gateando pesadamente y con renuencia. Se encontraba completamente desnuda, salvo algunas alhajas y joyas que decoraban sus tobillos, muñecas y pendientes simples pero vistosos en sus orejas que se alcanzaron a ver una vez ella quedo arrodillada a lado de dicho trono. No podía negarse la notable cantidad de collares que colgaban en su cuello, lo cierto es que había que resaltar uno en específico, el cual apresaba un poco más en derredor de la piel suave y blanca de la chica, sin olvidar la cadena que era conectada al mismo.

Satoshi acaricio sus risos color miel, y luego los paso por debajo de su mentón, acariciando sus mejillas y labios. Sin embargo a pesar de su ceño claramente dolido y triste…el vendaje fino que se le había hecho para cubrir su ausente mirada.

–Muéstrame tus pechos. –Fue la orden tajante.

Serena puso un rostro neutro mientras se arrodillaba irguiendo tu torso a fin de que sus pechos resaltaran más con el adicional de juntar sus brazos debajo de estos mientras metía sus manos en el espacio de sus muslos.

Satoshi paso su mano nuevamente sobre la piel de ella, en esta ocasión…debajo de los mismos, delineo la figura de estos, sobre todo en su caída, paso su índice por las aureolas deteniéndose a rozar una y otra vez estas al igual que los pezones, los cuales daba ligeros toques con su yema subió el nivel y usando su índice y pulgar pellizcaba ligeramente estos haciendo intervalos entre el sujetar un seno completamente, sostenerlo y luego dejar que cayese para dar ese rebote que ciertamente le resultaba muy erótico.

El poderoso Draconiano no pudo evitar que una erección poderosa se irguiese entre su ropaje, reacción impulsada aún más, por los continuos gemidos suaves que la pelmiel estaba soltando al par que sus mejillas se sonrojaban intensamente y podía observar también como su intimidad se estrujaba contra sí misma.

–¿Cómo es que no me había dado cuenta antes…de tu belleza? Supongo que…no eran tan listo, no era tan listo como ahora…te amo demasiado…

–¿Ehh…? –Ella reacciono abriendo ligeramente la boca en claro gesto de sorpresas, puede que ya no tuviese sus ojos pero…podía casi determinar su reacción.

–Como mi juguete favorito… –Dicho comentario la desarmo. –No temas...siempre estarás conmigo. Y…cuando recupere tu vista… –No era ya tanto por ayudarla, sino porque quería verla regodearse y nublar sus ojos por el placer que le daba y se daba con ella. –Serás mi favorita por siempre jamás.

Dicha acción inmediatamente tomo atención en ella ofreciéndole la posibilidad de verdadero amor entre ellos. Al menos eso creía ella. Sin embargo su tren de emociones se interrumpió cuando fue halada hacia el con más insistencia.

–Ahora… –Tomo su falo erecto con su otra mano libre mientras con la anterior sostenía la cadena. –Ya sabes que hacer… –Serena mostro cierta renuencia, pero tras haber oído lo que le dijo anteriormente, ella se esforzó por sonreírle mientras tomaba ese falo con sus manos encadenadas y se disponía a iniciar su tratamiento especial.

Si así podía estar a lado de su amado por siempre…bien valía la pena hacerlo con una sonrisa en los labios…y quizá algo más.

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Próximo capitulo: Nacido de la deidad.