Título: Vacío. Capítulo 4 FINAL

Tipo: Swanqueen 100%

Disclaimer: Situado después del primer capítulo de la 4ª temporada, omitiremos tema de Frozen, de Hook y de que en la escena final esté el padre de Regina. Pero lo que se respeta es todo el asunto del Granni's y de que Robin eligió a Marian, y Regina se quedó destrozada.

Resumen: En este capítulo están de vuelta en Storybrooke, ¿qué habrá cambiado ahora?.

Mansión de Regina

Cuando abrieron los ojos reconocieron el salón de Regina, Gold miró a la alcaldesa con compasión y una alegría contenida de tenerla de vuelta -un segundo, hay algo que debo hacer- dijo Regina, e incorporó el espejo, hizo un gesto y Sidney apareció de pie frente a ella, él le sonrió y le dijo –Me alegra verla de nuevo alcaldesa, estoy a vuestro servicio dentro y fuera del espejo- ella sonrió –Gracias Sidney, no hará falta, créeme- dijo segura de sí misma. Sidney hizo una reverencia y se despidió de todos. Gold se dirigió hacia la puerta. Ruby se acercó a Regina –Bienvenida a casa Regina- y acariciando su brazo siguió los pasos de Gold. Mary Margaret sonrió mirando a David mientras se soltaban las manos.

-Como dijo Ruby, eres bienvenida aquí, no dudes en pedirnos lo que necesites Regina- dijo Mary Margaret con su tranquilidad y solidaridad característica.

Regina se acercó a ella con un brillo especial en su mirada y la abrazó fuertemente, -jamás imaginé que la persona a la que más odiaría sería la más bondadosa que existe- dijo con voz apacible y cercana mientras se separaban, Mary Margaret se sintió ruborizada y a la vez apenada. Emma observó el abrazo con una mezcla de pena y alegría, y sobretodo, con muchos celos, celos que ni ella misma supo reconocer.

David abrazó a Regina fugazmente y ambos se despidieron y salieron por la puerta, Emma dio alcance a sus padres en el umbral de la casa

-Papá, mamá

Ambos se giraron

-Voy a traer a Henry y pasaremos la noche aquí con Regina, no quiero dejarla sola, no hoy.

-Vale cariño, ¿quieres que David recoja a Henry y lo traiga? Tenemos que ir a por el pequeño Neil.- Emma asintió, posteriormente los besó y volvió a la casa.

Había dejado la puerta entre abierta y al entrar no vio a Regina. Un dejavú y un posterior escalofrío le recorrió la espina dorsal. Echó un vistazo a su alrededor y se decidió a subir, tenía una cúmulo de sensaciones en su interior que no la dejaban pensar con objetividad.

Tras pasar silenciosa el pasillo, escuchó ruido en la habitación de Regina, y entonces pudo verla recogiendo la ropa que tenía esparcida por la cama.

-Hola…- dijo Emma desde la puerta de la habitación

-Emma, pensaba que te habías ido con tus padres- dijo ella alzando la mirada con sorpresa

-¿Sin despedirme?- negó con la cabeza mientras ponía sus manos en sus bolsillos.

-Me alegra que sigas aquí- Regina le mostró una sonrisa sincera, y eso hizo remover algo en el interior de la rubia.

-¿Te ayudo?

-¿Más de lo que has hecho ya?- dijo Regina cómplice mientras metía un vestido en el armario. Emma sentía que debía de decir algo pero no sabía el qué.

-¿Te quieres quedar a cenar?- preguntó mientras guardaba una blusa.

-Le he pedido a mis padres que traigan a Henry, y si, si no te es molestia, nos quedaremos los dos esta noche aquí.

A Regina le brillaron los ojos, -¡claro!, podría… ¡podríamos hacer una super lasaña con todo lo que queráis!- Emma sintió la emoción de Regina y se sintió tímida, como si le hablase a una niña.

Entre ambas recogieron lo poco que quedaba de la habitación y algo del cuarto de baño -Me apetece darme un baño- dijo Regina

-¿Necesitas que compre algo para la lasaña?

Regina sonrió, Emma no estaba acostumbrada a recibir tantas sonrisas por parte de la alcaldesa, ni a recibirlas, ni tampoco a verlas, salvo cuanto estaba con Henry.

-Está todo bien sheriff Swan- dijo con voz grabe fingiendo seriedad.

Emma se sintió tranquila, la tensión había desaparecido entre ellas.

-Me quedaré abajo, Henry estará al llegar.

-Bien, cualquier cosa que necesites, ya lo sabes, como en tu casa- ambas se miraron, Emma notaba a Regina muy cambiada, y sentía que la miraba de forma distinta. ¿Por qué diablos solo pensaba en abrazarla?, era algo que no dejaba de rondarle la cabeza, cómo sería rodearla con sus brazos.

20 minutos más tarde

Regina salió de la ducha con un albornoz fino blanco, el pelo lo tenía mojado, y la cara limpia de maquillaje, parecía más descansada.

Con unas zapatillas de andar por casa y el albornoz bajó al primer piso con energía. Emma se encontraba viendo la televisión en el sofá del salón. La rubia giró su cabeza en dirección a las escaleras enmoquetadas debido al ruido y se sorprendió al verla tan animada, apoyó sus brazos en el respaldar del sofá para atenderla.

Según se fue acercando Regina ésta se calmó –Ehm, se me olvidó preguntarte …- señaló con su dedo a las escaleras -…si querías ducharte tú también, perdona mi descortesía- dijo apurada e inquieta. Emma la vio titubear, parecía una adolescente, con el pelo peinado un poco hacia atrás, y mojado, éste le goteó sobre el brazo a Emma.

-No te preocupes, Henry va a traerme ropa

-Vale- sonrió y subió de nuevos las escaleras.

Emma no entendía porque tenía el corazón tan acelerado. Mentira sí, sí lo entendía, pero había sido todo tan rápido que aun no alcanzaba a asimilar todo lo acontecido.

Cuando llegó Henry se abrazó a Emma, le dejó una mochila con ropa y preguntó por Regina.

-¡Mamá!- Henry la llamó.

Enseguida Regina comenzó a bajar las escaleras, iba con unas leggies negras y una camiseta larga blanca que le quedaba ancha, el pelo lo tenía ya seco y peinado.

-¡Henry!

-¡Mamá!- corrió hacia ella que terminó de bajar las escaleras -¡estás bien!- Henry se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza, dejando escapar todo el temor que tenía dentro, en forma de lágrimas. Emma se emocionó al ver la escena, Regina seguía abrazada a Henry, de rodillas sobre el parquet, y alzó su vista hacia Emma, mostrando agradecimiento. Emma le regaló una sonrisa amistosa.

Tras una pequeña charla dónde omitieron los asuntos más fuertes, le explicaron lo que había pasado. Regina recalcó la valentía de sus amigos y Henry sonrió ante ello.

-Bueno, y después de esta interesante charla, ¿hacemos la cena?- dijo Regina acercándose con un falso disimulo a la cara del niño para que la oyese bien.

-¡Sí! Mamá me ha dicho que hay que preparar la super lasaña

Regina le acarició la cabeza –Sí, pequeño

-¿Puede llevar salchichas?- preguntó curioso.

-Claro

-¿Y queso?- se empezó a ilusionar.

-Por supuesto- dijo decidida.

-Ah, ¿puede llevar… -pone cara de malo –…Kepchup?

-¿Sabes Henry?- se puso las manos en la cintura -Ésta va a ser la lasaña del siglo, ¡puede llevar lo que quieras!

El niño comenzó a dar saltos y hacer gestos de triunfo y a bailar- ¡Bienn!- Emma y Regina lo miraban risueñas, Henry parecía más feliz que nunca.

En la cocina americana, los tres se dispusieron a hacer reparto de alimentos, Emma se había quitado la chaqueta y se había puesto más cómoda, llevaba una camiseta sin mangas y el pelo recogido. Entre todos fueron sacando lo necesario para la lasaña.

Había que crear lo que sería la masa de la lasaña, eso acabó aburriendo a Henry, porque eran varias capas, y le pareció monótono –Mamás…- puso cara de disculpa –me aburro, ¿puedo jugar a los videojuegos?

Ambas chicas se miraron y sonrieron a la vez –anda ve- le dijo Regina.

-Siempre se aburre, cuando se habla de comida es el primero en aparecer- dijo Regina mirándole de espaldas, éste se había ido al sofá con una consola.

-Pero después lo que es el proceso le parece aburrido lo sé- dijo Emma amasando también.

-Necesito más harina, ¿puedes ir a la despensa a por un paquete? Está en el segundo estante.

Emma asintió y se fue. Regina aprovechó para recogerse el pelo. Sobre la encimera había dos masas básicas de lasaña esparcidas. Regina se quedó pensativa, tenía poco tiempo así que se puso manos a la obra, cogió ambas masas y las unificó, y comenzó a moldear una rosa del tamaño de un puño.

Justo cuando acabó Emma vino llegando, y vio cómo ella se escondía algo tras de sí.

Se quedó intrigada, y a la vez confusa al ver que había desaparecido la masa que habían estado moldeando.

-¿Qué está pasando aquí?- dijo fingiendo el tono de una madre que ha pillado al hijo haciendo una travesura.

-Ehm… pues... me he dado cuenta, de que le he dado las gracias a todos menos a ti-

Emma sonrió, más que por el mensaje por la forma de decirlo –no tienes que darlas- dejó el paquete de harina sobre la encimera y lo abrió tratando de quitar hierro al asunto.

-Sí, tengo que hacerlo- hizo que la mirara y le mostró la rosa que había "esculpido".

Emma sonrió sorprendida, y rió -¿de verdad has hecho esto en …- miró su reloj- … dos minutos y medio?

-Sé que no está perfecta, y más fácil hubiese sido ahora que caigo haber creado una con mi magia- se quedó pensativa mientras hablaba, pensando en por qué no había caído en ello. Con ese gesto de "ahora caigo" de Emma no pudo contener una sonora carcajada.

Henry giró la cabeza sorprendido y a la vez divertido, alzó la ceja, sonrió y volvió a lo suyo.

-Oyee, sheriff Swan- le riñó por reírse de ella, así que metió la mano en el paquete de harina y le echó un puñado en la cara.

Emma comenzó a toser y lanzó una mirada fingida de odio a Regina, ésta se rió.

-Eres una bruja- dijo Emma entre toses.

Regina fingió ofenderse –y tú una salvadora

Ambas rieron, todo estaba cambiando, aquello era nuevo para ellas, se estaban sintiendo en familia.

Regina le ayudó a limpiarse la cara de la harina, delicadamente fue acariciando cada palmo de la misma retirando lo que quedaba, devolviéndole su color de piel. Emma había cerrado los ojos, en parte por evitar que entrase harina, y en parte por sentir el tacto de su mano. Incluso con los ojos cerrados supo que ella sonreía y eso la llenó por dentro.

-Tengo una pregunta- dijo la rubia aun con los ojos cerrados. –Dime Emma- Regina estaba retirando de su pelo restos de harina.

-El mensaje del espejo, ¿por qué me lo dejaste a mí?- Emma abrió los ojos para ver su reacción. Regina dejó de "acariciarle" el pelo y se puso más seria.

-Porque eres una de las personas en las que más confío Emma- le recogió parte del flequillo detrás de su oreja con un cariño particular. Se miraron a los ojos largo y tendido, reflejando su alma en ellos.

-Gracias Emma, por creer en mi persona, por hacerme tener una segunda oportunidad- Regina se estaba emocionando. Emma no pudo reprimirse y soltó una lágrima furtiva, miró hacia la "flor" que estaba sobre la encimera y Regina siguió su mirada.

-Es fea ¿verdad?- dijo Regina como riñendo a la extraña rosa color crema.

Emma rió dejando escapar las siguientes lágrimas, y notó a Regina acercarse a ella invadiendo su espacio, apoyó su frente sobre la de la rubia, y le agarró la mano. Tomó una bocanada de aire y besó su mejilla, Emma estaba temblando, y Regina eso lo notó. Rodeó su cuello con sus brazos, y Emma se dispuso a sentir lo que deseaba desde hacía horas, Regina le regaló un abrazo sincero, profundo, cercano y cálido. Emma cerró los ojos sintiéndolo, sintiendo todo el torso de Regina sobre el suyo, su corazón acelerado. Ella la abrazó por la cintura y la atrajo más a sí, no quería dejarla escapar, no quería que se terminara.

Henry notó que todo se quedó en silencio y se giró para ver que tal iba la cena, se sorprendió al ver a sus madres abrazadas, se quedó mirándolas por un segundo incrédulo pero su gesto cambio a ilusión, y sonriendo se fue de forma discreta del salón.

Aun abrazadas Regina separó unos centímetros su rostro del hombro de Emma y se acercó a su oído, y en susurros lentos le dijo –Ya no me siento sola.

A Emma se le erizó la piel, esa voz en su oído era como una caricia, no entendía como no la había amado antes. Ambas se fueron separando lentamente, no mucho, no querían dejar su abrazo, Emma aun podía oler el gel de baño de Regina, y ésta la colonia de la sheriff, le recordaba a viejos tiempos, viejas riñas y se sintió melancólica a la vez que extraña, jamás pensaría desear besar a la guapa sheriff de Storybrooke.

Estaban como hipnotizadas, mirándose la una a la otra, cada una en sus pensamientos, en sus sentimientos, Regina tenía sus manos sobre los hombros descubiertos de Swan, y ésta bajó las suyas unos centímetros en dirección a las lumbares de la morena, justo en el límite, Regina le lanzó una mirada furtiva a sus labios, que a Emma no le pasó desapercibida y la rubia descendió sus manos algo más abajo, acariciándola y presionándola levemente. Entre abieron sus labios casi al unísono aproximándose con cautela, como temerosas de romperse mutuamente, y fue Regina la que acortó el espacio entre ambas posando sus labios fuertemente sobre los de Emma, dándole uno, dos, y tres besos, cortos, pero con cariño, Emma fue la primera que la dejó pasar, abriendo su boca y permitiendo que la lengua de Regina investigara en su interior. Unas mariposas aparecieron en sus estómagos, consecuentes de una excitación extrema. Emma no podía creerse que estuviera besando a al alcaldesa, a la madre de Henry, a la mujer más poderosa de Storybrooke, y a la vez las más hermosa. Regina la aprisionó contra el marco de la puerta que dividía la pequeña cocina americana del salón, y disfrutó del sabor de la rubia, bebiendo de ella, respirando su aroma, entrelazando sus manos. Se separaron para tomar aire, y pudieron mirarse a los ojos, ambas reían nerviosas, cortadas pero a la vez cómplices. Regina tomó una de sus manos y besó su dorso.

No hicieron falta más palabras, ni siquiera gestos, ambas sabían que aquello no era más que el comienzo de una nueva vida, juntas, con Henry, como una gran familia, era con lo que siempre habían soñado.

En su habitación Henry cogió una foto que tenía de Regina y sacó de su mochila otra que tenia de Emma, las colocó juntas con pegamento sobre un soporte y añadió una suya de carnet en el centro, las metió dentro de un marco de fotos y quitó un póster que tenia colgado junto a su cama, y colgó la foto de familia. Se recostó en la cama sonriente, mirando la imagen. Quizás no le hubiesen contado todo lo que pasó, pero prefería quedarse con lo que había visto en la cocina, sus dos madres abrazadas, y el renacer de un final feliz, como el de los cuentos de hadas. Ya no tendría que volver a leer el libro.

FIN