¡HOLA!

Gracias por sus reviews, cada vez los leo con más ansias. Ya que ustedes son la razón por la que escribimos, y nos dan la fuerza para seguir creciendo.

Respondiendo a un review, no puedo pasarte el libro cariño ya que lo estoy haciendo. Es decir, mientras voy escribiendo el libro, lo voy publicando aqui en el FF, sin embargo, no será igual. Le pondré más.

Una vez más, mil gracias :D

¡Disfrútenlo!

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LA DANZA DE LAS MARIPOSAS

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Capítulo 4

Naruto miró a Hinata por quinta vez en esa tarde. La había pasado a recoger en el hospital donde estaba internada su madre. Podía sentir el dolor que le carcomía el alma al saber el estado deplorable en el que se encontraba su madre, y él no la culpaba. Se había hecho una idea equivocada de lo que era Hinata, de lo que le haría sufrir con sus decisiones, y empezaba a sentirse asqueado de sí mismo. No sabía el instante en que había dejado de pensar como Dios y se había rebajado a ser humano, pero lo cierto es que no lo era, a pesar de sus diferencias, él seguía siendo el mismo insensible de mierda que quería casarse para zafarse de su familia.

— Ya sé lo que eres. – habló chocando el volante con la mano.

— ¿De qué hablas? – Hinata arrugó el ceño.

— Eres como una mariposa.

— Cada día pierdes más la cabeza. – frunció la boca. - ¿Dónde encuentras el parecido entre un insecto y un humano?

— Tiene mucho que ver. – sonrió. – Son tan hermosas que no puedes evitar no acercárteles, mientras más las ves, más las deseas. Pero cuando intentas cazar una, se va.

— ¿Otra vez estamos con lo del sexo?

— No cariño. Pero ya que lo mencionas…

— ¡Ni se te ocurra repetirlo!

— Le hace bien a la salud un poco de ejercicio, ¿no lo crees?

— Así es, por eso he decido salir a caminar todas las mañanas.

— Puedo hacerte sentir mucho mejor que una caminata matutina. – sonrió de lado.

— Es una propuesta muy tentadora. Pero creo que pasaré esta vez. – Hinata miró a la ventana y Naruto le siguió el movimiento.

— Seré tu esposo Hinata.

— Ya lo sé. – rechinó los dientes. – No tienes por qué repetirlo.

— Recuerda que estamos beneficiándonos mutuamente.

— ¡Lo sé Naruto! – se apretó las manos.

— Bájate del auto. – se estacionó bruscamente frente un lago. – Bájate he dicho.

— ¿Para qué quieres que lo haga?

— No voy a repetirlo. – le habló con autoridad.

— Si me dejas aquí, juro que te mataré.

¿Qué estaba tramando Naruto? Tenía un nerviosismo en el cuerpo y le picaban las manos. Había visto el rostro travieso de Naruto muchas veces, pero hoy le parecía más atractivo. Sacudió la cabeza. ¿Qué estaba pensando? No debía enamorarse de un hombre que quizá se escapó del manicomio. Había un aura de misterio alrededor de él que la hacía temblar, temía que lo que estaba haciendo se saliera de control y acabara con su propia vida. O quizá era la oportunidad que tanto esperaba para poder cuidar de su madre sin limitaciones. Su cabeza reventaba cada vez que pensaba en Naruto, pero también estaba Sasuke, e Ino. Ya era momento de hablar con Ino y que ella misma le dijera en que lío se estaba metiendo.

— Cierra los ojos. – dijo Naruto al llegar a su lado.

— ¿No me vas a violar, verdad?

Naruto soltó una carcajada haciendo sonrojar a Hinata.

— No cariño, no lo haré. Pero si lo hago, te aseguro que será una violación exquisitamente inolvidable. – la miró con la sonrisa que derretía a todas las mujeres, y ella no era la excepción. – Ya cierra los ojos.

Hinata los cerró sintiendo su cuerpo explotar. Era una sensación que ella no había sentido desde que lo había conocido, por primera vez dejaba entrar un calor abrasador que despedía el cuerpo de Naruto, se colaba por su piel y entraba en sus entrañas embriagándola de placer. Se sentía como una chiquilla enamorada del popular de la clase, algo totalmente tonto para ella, pero tan extraño como lo que estaba experimentando en ese lugar.

— Ábrelos. – susurró en su oreja haciéndola temblar.

Se tomó su tiempo para abrirlos, pero cuando lo hizo, no los quiso cerrar jamás.

Una manada de mariposas revolotearon frente a ella bajo el atardecer que los acogía, los rayos rojos y naranjas se entrelazaban entre las nubes y chocaban con el majestuoso lago. Nada era más perfecto que lo que contemplaba sus ojos, nada lo era, hasta que Naruto la abrazó por la espalda hundiendo los brazos sobre su vientre.

— Obsérvalas. – besó su oreja. – Así son las mariposas, hermosas, libres, tan extrañas e irresistibles, te llaman a que las toques. – susurró calentándola. – Las acaricies, las ames, pero te traicionan. – deslizó una mano lentamente hasta su cuello.

Las piernas de Hinata se aflojaron y si no era porque Naruto la tenía sujeta, se habría caído en cualquier momento. Era impresionante lo que el cuerpo de ese hombre le transmitía, una pasión incontrolada a la que quería sumergirse. Podía sentir la fuerte erección que le apretaba en los glúteos, los pezones se le endurecieron y la boca se le hizo agua.

— Así eres tú Hinata, hermosa e irresistible. Pero huyes de este sentimiento, de esta felicidad. – deslizó la lengua por el lóbulo de la oreja. – Sé que te hago temblar, que deseas que te toque, esto no es ni siquiera el inicio del éxtasis Hinata. – su aliento la calentó aún más.

Naruto deslizó su mano hasta la mejilla moviéndole la cabeza a un lado, justo donde estaba su boca. Y la besó.

Hinata suspiró dos veces seguidas cuando sintió la lengua de Naruto jugar con la suya. Su aliento era embriagador y el calor que emanaba hacia su cuerpo la hacía desearlo más. La mano que Naruto aún conservaba en su vientre se deslizó hasta su pecho, luego bajó y entró en su camisa. Sintió la piel erizada de Hinata y como su sangre hervía en su interior, estaba excitado y no podía conformarse con menos. Llegó hasta su sostén, apartó una de las copas y ahí inició el primer gemido de Hinata. Una explosión le invadió el cuerpo cuando Naruto jugó con su pezón, arqueó la espalda pegando más su cuerpo al de Naruto, sintiendo cada vez más la erección. De repente, un extraño deseo se apoderó de ella, quería estar con Naruto, lo quería dentro de ella. Pero él dejó de besarla y de tocarla.

— Suficiente por hoy, nena. – sonrió mirando la confusión de sus ojos. – Despídete de tus amigas. – le besó la nariz. – Te espero en el auto.

Hinata observó a las mariposas que volaban sobre el lago. ¿En qué había estado pensando? ¡Era una demente! Sabía muy bien que Naruto solo jugaba con ella, pero no iba a ignorar que era muy atractivo, y su calor le hacía dejar de respirar. Era algo exquisito y embriagador. No entendía como un hombre podía tener ese poder tan atrayente, ahora sabía por qué todas las mujeres sucumbían a la pasión desbordante que él poseía. Solo de algo podía estar segura, tendría que hacer más de un esfuerzo para no dejarse atrapar por ese hombre que aseguraba ser Dios.

Regresó al auto más desconcertada que nunca, entró y cerró la puerta sin dirigirle la mirada, ese hombre la estaba cabreando, y ella no era la estúpida sumisa que le aplaudiría todo lo que hiciera con ella. Tenía que seguir enfrentándosele para no acabar herida.

— Llévame al café.

— Hoy es sábado, no vas a hacer nada ahí.

— Esta Ino y necesito hablar con ella.

— ¿Algo que deba preocuparme?

— No. – lo miró a través del espejo retrovisor.

— Creo que te acompañaré. Hace una semana que no veo a mi hermana.

— No será necesario, debo discutir algunas cláusulas del contrato y necesito hacerlo sin terceros. – Naruto sabía que esa mujer estaba tramando algo.

— Bien. Pero mañana serás toda mía.

— ¡He sido tuya desde que le di la mano al diablo!

— No soy el diablo, ya te lo he dicho. Y te aseguro que no quisiera ser él.

— ¿Acaso son enemigos? – lo dijo con sarcasmo.

— No. Es mi tío.

— Hermosa familia. – refunfuñó.

— No voy a seguir discutiendo esto con una incrédula. – empezaba a molestarse – Ya te tocará conocer al mismo Olimpo por ti misma.

— Como quieras.

Antes de que se estacionara, Hinata salió del auto batiendo la puerta con toda su fuerza. Caminó arrastrándose en la furia que le carcomía la piel, sentía que se sofocaba, hasta que llegó a la oficina de Ino.

— Ya sabía que vendrías. – Ino suspiró.

— ¿Cómo lo…?

— Siéntate. – Hinata lo hizo. – Estas aquí para hablar de Naruto, y de mi fantástica familia. – se levantó mirando hacia la gran ventana. – Hinata, siento no habértelo mencionado nunca, a pesar de que eres mi mejor amiga, debía guardar el secreto. Hasta que Naruto se empeñó en ti como mujer.

— No lo entiendo. – Hinata se tapó la boca.

— Es difícil de digerir, pero tú eres fuerte y lo entenderás. – suspiró, dio la vuelta y se sentó sirviendo dos copas de vino. – Pruébalo, es uno de los poderes de Naruto. – Hinata tomó un sorbo del contenido vertido en la copa.

— Esta exquisito.

— Naruto es el Dios del vino. En Grecia es llamado Baco, pero al llegar a este mundo tuvimos que cambiarnos los nombres.

— ¿Cuál es el tuyo?

— Hebe. – sonrió.

— ¿Por qué están aquí? ¿Por qué no se quedaron allá?

— Naruto y yo queríamos conocer este mundo, así que caímos. No sabemos cómo volver, supongo que estamos atrapados en esta dimensión hasta que nuestro padre decida perdonarnos. O Naruto se case.

— ¿Sabes que me está utilizando?

— Si. – miró hacia un lado del escritorio. – Pero no lo hace para volver. – empuñó las manos. – Lo hace para retar a nuestro padre.

— ¿No se llevan bien?

— Para nada. – suspiró resignada – Son como perros y gatos. Mi padre le dice lo que tiene que hacer siempre que se le revela en sueños y Naruto se cabrea, y mi madre lo tilda como inconsciente, solamente quieren que forme una familia y deje la vida que lleva. – miró a Hinata. – Tiene responsabilidades como esta. – apuntó el vino. – Y hace siglos que las ignora.

— ¿Qué puedo hacer yo?

— Nada Hinata. –

Le tomó la mano entre las suyas.

— Solo decidir por ti, si estás dispuesta a seguir con Naruto a pesar del desamor que habría entre ustedes, o revelarte en contra y ser feliz.

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Las palabras de Ino le dieron vuelta en su cabeza. Una, dos y tres veces. Mientras se tumbaba en la cama solo podía pensar en Naruto y lo que le esperaba si aceptaba de una vez ser su esposa. Lo que sucedió en el lago solo le había dejado claro que Naruto marcaba su territorio, así era la forma en la que las mujeres se le entregaban, era normal sentirse tan atraída hacia un hombre que no era humano. El poder del calor que despedía su cuerpo emanado a las caricias dulces que brindaba. Todo era como una especie de combo publicitario. Tan perfecto que era imposible creer que lo fuera, porque siempre traían esas notitas importantes donde te dicen: no lavar con agua caliente. O en este caso: no tocar, causa problemas de adicción sexual.

¿Qué más podría salirle mal ahora que estuviese casada con un Dios griego? Al final, pagaría las cuentas del hospital de su madre y también podría darse un descanso. Tendría dinero, una casa y un esposo que estaba dispuesto a acostarse con ella.

Así que nada podría salir peor.