Una noche de fiesta no hacía más que empeorar el estado anímico de Kyle. El timbre había sido tocado la cantidad suficiente de veces como para que sus nervios aumentaran, y recién pasadas dos horas, los Tucker se presentaron con habanos como ofrenda de parte del azabache. Kyle adoraba esa calidad de tabaco envuelto de manera sutil por esa marca de puros, por lo que no pudo resistirse a tomar uno mientras las habitaciones se llenaban de humo blancuzco y olor a todo tipo de alcohol.

A las tres de la madrugada el aroma era insoportable, y el grupo conformado por poco más de veinte personas se encontraba en un dudoso estado de sobriedad. Kyle tampoco podía excluirse de ellos. Sus ojos, ya vidriosos, se encontraron de pronto con la escena amorosa y subida de tono entre su mejor amigo y la chica que le robaba sus esperanzas de permanecer con Stan. Los odiaba. A ella por quitarle a su súper mejor amigo y a Stan por amarla. Se alejó a trompicones hacia la habitación compartida, llevándose una botella de vidrio llena hasta la mitad en el acto.

Tirado en su cama las cosas dolían un poco menos. Las lágrimas se asomaban calientes en sus ojos, pero no las pensaba derramar esta vez. El llanto no lo llevaría a nada.

No supo cuánto tiempo pasó antes de que la luz embriagara sus ojos cuando la puerta se abrió ante él. Se incorporó al reconocer la silueta del recién llegado.

—¿Qué haces aquí? —preguntó a la figura que exhalaba humo de un cigarrillo común y corriente, de marca barata, muy diferente a los habanos de obsequio.

Podía reconocer el sabor de aquellos cigarrillos incluso en el aire.

—Escapo, como tú, supongo.

—Supones bien.

—¿Puedo? —preguntó Craig apuntando con su cigarrillo la cama contraria.

—No deberías fumar aquí —señaló el pelirrojo mientras asentía despacio, cauteloso pero cortés, como correspondía a su relación profesional.

—Tonterías. Me conoces, ¿no?

Se sentó en la orilla de la cama correspondiente a Stan, quedando a poco más de un metro de Kyle.

—Bajo todos esos modales y ropajes es casi imposible, Tucker —se permitió añadir con un rastro de burla; después de todo, Stan estaba demasiado ocupado en los labios de la pelirroja como para ir hacia él y regañarlo por el trato a su futuro cuñado.

—Sí... En eso tienes razón. No me había dado cuenta hasta que te volví a ver.

—Se nota que la vida te ha tratado bien.

—Me gustaría creerlo..., pero no es así, no desde que te fuiste.

Incrédulo, al escuchar al azabache pronunciar esas palabras, volvió por fin su mirada a sus ojos oscuros, hallando en ellos sinceridad, dolor y algo que no podía confirmar solo con una mirada. Apartó la vista, incómodo. Era notorio que también el alcohol ardía en sus venas, de otra forma jamás el nuevo Craig Tucker diría algo semejante.

—Han pasado años. Eras solo un niño. Ahora eres un hombre, alguien nuevo, no me vengas con eso. Ya tengo suficiente con lo mío para que aparezcas bebido declarando tu amor por mí como en las películas.

—Esos años no fueron suficientes para olvidarme de todo, así como tampoco tú has podido hacerlo. En verdad lo siento, Kyle. Ebrio o no, lo siento.

—Déjame en paz, Tucker. Vete. Pronto tendremos trabajo de qué hablar.

—El trabajo puede esperar. —murmuró acercándose —. Estabas llorando..., ¿qué pasó?

—No es algo que te incumba.

—Déjame adivinar, ¿fue Marsh? —Preguntó buscando en los ojos de Kyle una respuesta—. Fue él, ¿no es así?

No dijo nada. Craig lo acorraló contra el borde de su cama para susurrarle con una ternura lejana a su brusca acción un "No quiero verte llorar más por él, Kyle... No te merece... Y antes de que digas algo, sé que tampoco te merezco, pero tú mismo lo has dicho, he cambiado"

—Craig... En verdad, no puedo. No te amo, ya no es como antes. Por favor, vete. Estás confundido.

Logró escaparse de su prisión para levantarse, pero la reacción de Craig ante sus palabras le impidió llegar muy lejos. Fue empujado con brusquedad hacia la cama de Stan, en una posición que le limitaba la mayoría de sus movimientos.

—No me digas eso. Jamás me amaste como yo hubiese querido. ¿O es que has olvidado que fui yo el reemplazo de tu queridísimo Stan? ¿Acaso te dejaste como la única víctima luego de todo lo que pasó? Yo te amaba, y sabía que yo no era nada más que la falsa ilusión de tenerlo a él. ¿Recuerdas el parecido? Cada noche al llegar a mi casa cansado, harto de todo el mundo, de la universidad, del trabajo, pero con la única felicidad de tenerte, encontraba en el espejo la réplica de Marsh. ¿Tienes idea de las veces que quise cambiarme el peinado que tanto odiaba? Pero no lo hice. Por ti. Para que siguieras a mi lado. Porque si dejaba de parecerme, tú te irías. Fingías un amor que yo anhelaba. Debo reconocer que me sacaste adelante, que sin ti no sería lo que soy ahora, que hubiese abandonado todo y ahora estaría de vagabundo si es que no muerto.

—Yo no sa...

—Espera. Aún no termino. Ese día... Yo me encontré con uno de mis compañeros. A penas recuerdo su nombre ya, pero era un amigo cercano que vivía pegado a mí temeroso de la vida. Me hartaba. Jamás se callaba, ¿sabes? Pero ese día, casi al borde de un paro cardíaco, me confesó que él odiaba la medicina y que tenía un miedo profundo a todo lo relacionado con ella. Entonces le pregunté por qué había elegido esa carrera y respondió que había sido por mí, que antes de que nos cruzáramos en un café no había podido nunca sentirse seguro. Y que esa seguridad había pasado a algo que no comprendía... Y ¡demonios! Sí que estaba desesperado. Echó a correr antes de que pudiese procesar lo que me dijo, pero lo alcancé y las cosas se volvieron algo serio. Mis sentidos estaban cegados por esa sensación de sentirse amado de verdad, tanto así que no noté lo que ocurría hasta que te vi aparecer en la puerta. Desde entonces no lo volví a ver, ni a ti... hasta hace poco. Lo que ocurrió después fue mi miedo a perderte... En serio, si hubiese estado más calmado, yo jamás...

—Craig...

—Dame otra oportunidad. Si no me amas, úsame de nuevo. Aunque sea una vez más... Con eso me conformo por ahora. Sabes que me necesitas otra vez.

El silencio invadió la habitación, contrastando con el ruido ambiente de la fiesta que se desarrollaba al otro lado de la puerta. Era como si estuviesen en un mundo aparte, uno donde Stan era un sueño lejano que dolía y el alcohol amenazaba con encender una chispa que se había apagado tiempo atrás. El cuerpo de Kyle aún reaccionaba ante el leve roce de la piel de Craig. Quizás sí lo había llegado a amar en el camino, quizás lo que pareció ser solo sexo fue alguna vez dos cuerpos haciendo lo que denominan "hacer el amor", pero ninguno lo supo. Uno era infeliz por no poder tener a quien amaba y otro por saber que era el reemplazo.

—¿Acaso no te importa que te vuelva a hacer daño? —preguntó Kyle, por fin.

—No te comportes como un niño ahora... Ya me dañaste sin que te importara una mierda, si yo no me preocupo, ¿por qué lo haces tú?

La cercanía del azabache hacía que ardiera. No era nada parecido a lo que pasaba cuando se acercaba Stan, pero era una sensación de la que no podía alejarse por más que lo deseara. Bebió lo que quedaba de su botella de un sorbo, a lo que Craig aplastó su colilla contra la superficie de vidrio de la mesilla de noche más cercana y deslizó su mano bajo la polera del pelirrojo. Se estremecía con el tacto recordado de las manos de Craig recorriendo su cuerpo con deseo y una dulzura casi palpable en cada caricia. La suavidad del azabache en su trabajo por obtener el placer de Kyle hacía que se avergonzara de sí mismo por usarlo de esa forma, por volver a su inmadurez. Se sentía culpable. Sabía que debía hacer que se detuviera, pero era muy tarde. Él no era Stan y aun así gemía como si lo fuese.

Craig lo besó con cautela, pero recibió la respuesta de Kyle con sus labios que sabían adaptarse a los suyos. No había parte que desconociera de Kyle. Cada trazo y área lo habían ya recorrido los labios, la lengua o las manos de él en una época ya perdida.

Kyle comprendió. En el fondo, Craig era la misma persona tan parecida y distinta a Stan.

—Ah... S-St... —comenzó y los labios del azabache lo hicieron callar.

Craig tenía razón. Era un maldito que las hacía de mártir, pero de la misma forma, había sufrido ya bastante.

...

Bien, bien. Si esta vez el formato no sale como debería, romperé el computador a hachazos.

¿Algo más que decir? Nada más que decir. Ten una buena semana y... ¿es que ahora nadie deja reviews?, bueno, da igual, supongo. De todas formas no me enojaría si dejaras uno.