DISCLAIMER: Esta historia está basada en el universo creado por J.K. Rowling y los personajes pertenecen a ella.


—Eso fue más fácil de lo que esperaba —dijo Harry.

Se encontraban en la mansión Potter los cuatro adultos, sentados tomando el té. Harry les estaba contando lo ocurrido durante su reunión con Dumbledore. El pequeño James se encontraba en su habitación jugando, o eso era lo que había dicho, a Harry le preocupaba los ocasionales sonidos de golpes y explosiones pero sus abuelos no parecían preocupados.

—¿Así que te pusiste de frente a Albus Dumbledore, el mago más grande del último siglo, y le dijiste que se fuera a comer perdices? —exclamó Charlus con diversión. Dorea le dio un codazo.

—No fue así… —respondió apenado Harry. Su abuelo lo hacía sentir como si hubiera hecho algo malo.

—En resumen sí —habló Ginny sin esconder el orgullo en su voz —, debieron haberlo visto, erguido, con la barbilla en alto, fuego en la mirada y voz potente. Estuvo maravilloso, no dudó —la mirada de Ginny se volvió soñadora y amorosa. Harry enrojeció.

—Tú fuiste la que me dijo que me comportara como en el futuro —dijo Harry.

—Y por eso, te daré un 'regalo' en la noche —le respondió seductoramente Ginny.

—Me alegro que estemos a varias habitaciones de distancia… —murmuró Charlus. El matrimonio joven enrojeció completamente y Dorea volvió a darle un codazo a su marido.

—No los avergüences —le dijo.

—Entonces —carraspeó Charlus y alejó el tema de la intimidad de su nieto —, esto significa que nos liderarás en la próxima guerra, ¿cierto?

Harry se quedó callado unos instantes, pensando cuidadosamente su respuesta. Tenía la opción de decir no, que simplemente apoyaría con información y que Albus sería el líder nuevamente pero Ginny tenía razón: fue el líder al final de la segunda guerra, fue el líder en la tercera y ahora sería líder en la primera.

Asintió levemente y encontró miradas con Charlus. Ambos hombres compartieron pensamientos sin necesidad de hablar y Harry supo que Charlus lo ayudaría en lo que le fuera posible. Podía confiar en el hombre con su vida y él confiaba en Harry.

Pasaron unas cuantas semanas hasta que volvieron a tener noticias de Dumbledore. Durante este tiempo, el matrimonio del futuro se encontró luchando contra el aburrimiento como nunca antes. No podía salir de la mansión así que su diversión se remontaba a jugar con James, ayudar a Dorea en la cocina o charlar con Charlus cuando volviera por la tarde del ministerio.

Por eso, cuando la carta de Albus llegó se sintieron extasiados. No gastaron tiempo y se transportaron vía chimenea al despacho del director. Cuando arribaron, Dumbledore los esperaba junto a Minerva McGonagall. Se intercambiaron los respectivos saludos y empezaron el tema que los concernía.

—He hablado con el ministro y, después de recordar favores del pasado, conseguí registrarlos oficialmente. Ahora son Harry y Ginevra Potter, sobrinos de la familia Potter. Charlus ayudó mencionando cierta rama de la familia que se mantuvo muggle durante dos generaciones viviendo en América —tomó una pausa para meterse un caramelo a la boca —, conozco a la directora del instituto de brujas de Salem. Me apoyará metiéndolos en su registro.

—Tenía entendido que ese instituto era solo de chicas —mencionó Ginny.

—Efectivamente lo era, hasta hace dos décadas. Durante la última guerra el instituto empezó a recibir hombres, aunque son pocos. No fue complicado colocarlos como graduados, la situación es que tendrán que tomar un examen en el ministerio para… medir sus capacidades —contestó Albus. Harry arqueó la ceja.

—O para medir el nivel de enseñanza del instituto de Salem —dijo el pelinegro entendiendo perfectamente las intenciones del ministerio. Buscaban jactarse de tener mejor sistema educativo. Bueno, se llevarían una sorpresa.

—Probablemente —le sonrió Albus —, en todo caso, supongo que ya son libre de moverse. Sin embargo les recomiendo precaución.

—No se preocupe profesor, ya encontraremos qué hacer —contestó Ginny. Dumbledore mantuvo su sonrisa y asintió.

—Debo preguntar, en temas menos alegres, ¿cuándo planeamos ponernos en movimiento? —preguntó Albus con cautela.

—No haremos nada por unos años. Nuestro conocimiento de la primera guerra es limitado y lo mejor es emplear bien ese conocimiento. Por el momento, lo dejaremos trabajar y llegada la hora, nos ponemos en acción —le respondió Harry.

—Esto supone entonces, el inicio del frente de resistencia… tendré que pensar el nombre —lo último lo susurró Albus más para sí mismo. Ginny compartió una sonrisa con su marido y habló.

—¿Qué le parece la Orden del Fénix?

Dumbledore la miró unos instantes, dejando que el nombre se plasmara en su mente y llegó a la conclusión que era un buen nombre, muy ingenioso. Encontró a Harry robándole una mirada a Fawkes, que se encontraba durmiendo en su perchero y comprendió todo.

—Inteligente… quien inventó el nombre debió haber sido muy listo —se permitió bromear Albus.

—Oh sí, muy listo, de hecho podría decir que el más sabio que he conocido. Aunque un poco loco, sin duda —contestó Ginny con una sonrisa. El director y la pelirroja compartieron una mirada y rieron. Harry y Minerva se encontraban viendo el intercambio, también divertidos.

A la semana siguiente, Charlus acompañó al matrimonio joven al ministerio para la prueba. Charlus los dejó a cargo de un hombre bajito rechoncho que los guió a una habitación amplia, con una pared metálica al otro extremo. Les indicó que se pusieran en la línea.

—Muy bien, ahora por favor enfréntense en un duelo —les dijo el hombre bajito. Harry arqueó una ceja.

—¿Un duelo? ¿No deberíamos transformar una mesa, levantar una barrera o algo así? —preguntó. El hombre bajito rió.

—Mi chico, para ser auror tendrás que pasar por esta prueba y poder ingresar a la academia.

Harry lo miró cómo si le hubiera crecido una segunda cabeza. ¿Auror? A pesar que le gustaba serlo en el futuro, no tenía pensado meterse a la academia. Volteó a mirar a Ginny para buscar algún indicio de que ella supiera lo que estaba pasando. El hombre bajito observó esto y volvió a reír.

—Joven, no me diga que Albus no le comentó de su petición al ministro —dijo.

Harry soltó un suspiro. Claro. Albus Dumbledore siempre tenía que tener un plan. A pesar de molestarse un poco por no haber sido consultado, Harry sonrió por la nostalgia que le trajo el estar dentro de otro de los planes del viejo director. Ginny a su lado, no muy contenta, gruñó.

—¿Y se puede saber cuál es dicha petición? —preguntó en tono bajo que generó un escalofrío en la espina de Harry.

—El señor Harry Potter ingresará a la academia de Aurores y la señora Ginevra Potter se unirá al personal del colegio. La posición no la conozco, eso es algo que tendrá que arreglar con Dumbledore pero necesitan ambos pasar una prueba de aptitudes en varios campos —respondió el hombre bajito.

Ginny no dijo nada pero Harry notó que la mirada de su flamante esposa estaba precisamente en llamas. Decidió usar la salía fácil y asintió al hombre bajito. Le susurró un "luego hablamos" a Ginny y se puso en guardia para comenzar el duelo.

—Creo que está demás decir que no se permite lesionar o matar al oponente, únicamente incapacitar —dijo el hombre con seguridad de que la joven pareja enamorada no se dañarían ni con el hechizo aturdidor ¡Pobre hombre inocente!

Ginny comenzó el duelo lanzando un fuerte hechizo de desarme, que Harry evitó dando un brinco a la izquierda. Cuando el azabache puso su atención en Ginny tragó saliva; parecía que la pelirroja deseaba sacar su enojo y Harry se había convertido en su costal de práctica. Fue sacado de sus pensamientos cuando un moco-murciélago pasó peligrosamente por su oreja derecha.

—Si no prestas atención, perderás… amor —le dijo dulcemente la pelirroja.

Continuó el duelo que consistió básicamente en Ginny atacando y Harry esquivando, levantando un escudo o lanzando algún que otro hechizo. El hombre estaba impresionado por los movimientos experimentados y feroces de la pelirroja pero levantó una ceja ante el rendimiento de Harry. Había algo extraño en el hecho de que no contraatacara.

—¿Por qué no dejas de correr? —preguntó molesta Ginny y tomó una boconada de aire buscando calmar las palpitaciones aceleradas de su corazón.

Harry vio esto como una oportunidad y la orilló a pasar a la defensiva. El hombre bajito notó que los movimientos de Harry eran incluso más experimentados que los de la pelirroja y, aunque la velocidad era parecida, los del azabache eran más poderosos.

Continuaron por cerca de dos minutos hasta que Harry logró asestar un hechizo de desarme y la varita de Ginny voló a su mano. El azabache sonrió y Ginny lanzó una maldición.

—Perdí de nuevo —murmuró recordando los duelos que solían hacer los del ejército de Dumbledore. Se acercó a su marido y extendió la mano. Harry rápidamente le devolvió la varita.

—Estuviste cerca Gin, un par de veces creí que me tenías acorralado —dijo Harry manteniendo la sonrisa.

—Mentiroso… —murmuró de nuevo Ginny que había comprendido la sencilla pero eficaz estrategia de su marido —, aunque buenos movimientos para esquivar —lo elogió. Harry ensanchó su sonrisa y le dio un rápido beso.

—Bueno mis muchachos, me acaban de dar uno de los duelos más interesantes de los últimos años, ¡una lástima que sólo yo pudiera verlo! Los de la oficina estarían maravillados —dijo el hombre. La pareja enrojeció un poco.

—No fue para tanto —le restó importancia Harry, incómodo con los elogios.

—No seas modesto muchacho —respondió el hombre bajito —¸ como sea, ahora vamos a la siguiente sala.

La siguiente prueba fue de transformaciones, en la cual Ginny superó a Harry cuando transformó la mesa en un bellísimo corcel. Harry en cambio consiguió un cerdo y decidió mentir al decir que eso era lo que buscaba hacer. Después vino la de encantamientos, donde Harry hizo una muy buena barrera anti muggle; Ginny también logró hacer la barrera pero con menos potencia. Siguió el examen de aparición sin incidentes.

Así pasó el resto del día, con el matrimonio pasando entre sala y sala tomando distintos exámenes. Los divertidos, que eran los prácticos, acabaron pronto y la mayor parte de las horas estuvieron con un papel frente a sus ojos, sentados en pupitres y recibiendo terribles recuerdos de sus épocas de estudiantes.

—Bueno, eso sería todo —les dijo el hombre bajito —, señor Potter por favor preséntese mañana a primera hora en la academia de aurores, aquí tiene la dirección y el uniforme se lo proporcionarán al llegar —le dijo a tiempo que le entregaba un papel —, usted señora Potter tendrá que reportarse con Albus Dumbledore también mañana. Fue un placer pasar el día con ustedes —finalizó el hombre mientras les daba un apretón de manos. Salió de la sala y el matrimonio Potter se quedó solo.

—Bueno… eso fue interesante —murmuró Harry.

—¿Qué piensas que tenga en mente Dumbledore? —preguntó Ginny con curiosidad.

—Ya nos dijo el examinador, quiere que des clases.

—Sí, pero me gustaría saber más detalles.

—Tendrás que esperar a mañana —respondió Harry y le dio un suave beso que Ginny devolvió de inmediato.

Se tomaron de las manos y salieron del ministerio para regresar a la mansión de los Potter. Esa noche, ya cuando se encontraban acostados, Ginny hizo notar su malestar respecto a que Dumbledore les tuviera trabajos arreglados. Harry le dijo que no se preocupara, que el plan era inteligente, manteniéndola a ella cerca y a él infiltrado en el ministerio. Aun así la pelirroja se durmió molesta con el viejo director.

Al día siguiente Harry partió con Charlus rumbo a la academia, mientras que Ginny esperó unas horas, que le permitieron desayunar en forma y charlar con Dorea, para ir a Hogwarts. Se apareció en Hogsmade y caminó a los terrenos del colegio. Estuvo tentada a usar alguno de los pasadizos pero se contuvo.

Fue recibida por un Hagrid bastante más joven aunque con la misma estatura y mismo largo de barba. La saludó con una gran sonrisa la cual Ginny devolvió gustosa. Fue conducida al despacho del director y al entrar lo encontró sentado frente a su escritorio y escribiendo en un pergamino.

—Buen día, profesor Dumbledore —inició la conversación con respeto.

—No hay necesidad de formalidades Ginny, después de todo seguramente ya estarás enterada que seremos compañeros de trabajo —le dijo con voz alegre pero sin despegar la vista del pergamino en el que estaba trabajando.

—Sobre eso…

—En unos instantes te daré los detalles, no te preocupes. Permíteme terminar este documento —dijo mientras ponía los último detalles en el pergamino. Se lo entregó a la pelirroja.

Al leerlo, Ginny abrió los ojos como platos y dirigió su mirada de estupefacción al director.

—¿Está hablando enserio? —preguntó. Dumbledore simplemente sonrió.

—Efectivamente, el profesor Giggs se acaba de retirar y, si mal no recuerdo, comentaste que tienes experiencia.

Ginny rememoró la primera conversación que tuvieron, donde probablemente sí mencionó que fue jugadora de quidditch profesional.

—¿Entonces quiere que sea profesora de vuelo? —preguntó buscando confirmación.

—Y árbitro de los partidos —le recordó el director quien, al ver la sonrisa que se formó en la cara de la pelirroja y cómo la sangre le llegó a las mejillas de felicidad, continuó —, deduzco que esto es un sí.

—¡Por supuesto! —respondió extasiada Ginny.

Ni en sus sueños más dementes había pensado en ser profesora de vuelo en Hogwarts y se sorprendió que no lo hiciera antes. Era un trabajo perfecto para ella, amaba volar y volvería al campo de quidditch, a pesar de no ser como jugadora, era una situación de gana-gana.

—Me alegra que te entusiasme la idea, Ginny. Te pediré que vengas dentro de unas semanas para iniciar el curso, Minerva te puede apoyar a buscar el plan de estudios del ex profesor para que tengas una base de diseñar el tuyo —le informó el director.

—¿También me haré cargo del calendario para la copa de quidditch? —preguntó la pelirroja. Dumbledore asintió y Ginny comenzó en su cabeza a poner probables fechas, recordando sus años escolares.

—Te recuerdo que tendrás que basar las fechas de los partidos con los planes de estudio de otros profesores y las actividades del colegio.

—Claro, así evitaremos hacer reprogramaciones de partidos —contestó Ginny quien a este punto ya se encontraba completamente inmiscuida en el tema.

Harry, por otro lado, no la estaba pasando tan bien. Se encontraba completamente aburrido en el curso de inducción de la academia. Les informaron lo que verían durante el transcurso de dos años, los horarios, entre otras cosas. El pelinegro se dio cuenta que el nivel para ser auror era incluso menor al del futuro por lo que pasaría, los que probablemente podrían ser, los dos años más aburridos de su vida.

Realmente tenía la esperanza de poder tener alguna otra actividad fuera de la academia. Tener vigilado a Voldemort quedaba fuera de discusión. No podía permitir que el mago sospechara que andaban tras de él, al menos no hasta que la guerra se desatara abiertamente y eso le sirviera de cobertura para hacer sus investigaciones. Estaba asustado que cualquier movimiento temprano cambiara por completo el curso del futuro y se quedara sin ventaja para derrotar a su viejo enemigo.

También estaba el tema de su segundo regreso. Aún no descubría cómo pudo hacerlo y tampoco tuvo mucho tiempo para investigar. Había sopesado la posibilidad de que tuviera un octavo horrocrux y, de ser así, lo habría hecho antes de la batalla de Hogwarts como un plan alterno en caso de perder. Pero el simple hecho de pensar que dividió su alma aún más hacía que pusiera en duda esa teoría. Realmente no creía que Tom hubiera sido capaz de sobrevivir a un nuevo horrocrux, habría sido demasiado para su alma a su parecer.

Por supuesto, esto lo dejaba completamente sin ideas. Esta discusión sabía que la tendría llegado el momento con Albus y esperaba que el viejo director, con su sabiduría, pudiera ayudarle a resolver el enigma del tercer regreso de Tom.

Fue sacado de sus cavilaciones cuando recibió un codazo de quien estaba sentado a su lado. El chico le dirigió una mirada significativa que Harry no comprendió de inmediato.

—Señor Potter, ¿podría repetirme por favor lo que acabo de decir? —dijo el instructor molesto. Fue claro para Harry que no era la primera vez que el instructor le hacía la misma pregunta y enrojeció.

—Lo lamento, no estaba prestando atención —respondió Harry de manera sincera. El instructor levantó una ceja pero pareció satisfecho con la disculpa y repitió lo último que había explicado.

Pasaron varias horas hasta que les dieron un pequeño descanso para conseguir algo de comer. Les indicaron dónde podían comprar almuerzo los que no hubieran traído nada. Harry caminó con tranquilidad para comprar la comida.

—¡Harry!

Se giró al escuchar su nombre y encontró a un Charlus bastante agitado, con la cara un poco enrojecida. El pelinegro le otorgó una sonrisa que su abuelo regresó. Cuando Charlus recobró el aliento volvió a hablar:

—Se me olvidó darte el almuerzo que Dorea te envió —le dijo a tiempo que le entregaba una bolsa de papel marrón.

Harry se sorprendió pero la aceptó. Le echó un rápido vistazo y pudo ver varios emparedados, algo que parecía una manzana y al fondo una caja transparente cerrada. Al interior vio un poco de la tarta de melaza que Ginny hizo el día anterior. Sonrió.

—Gracias Charlus, me salvaste —le dijo. El aludido soltó una carcajada y le dio unas palmadas en el hombro.

—Bueno, me retiro que yo no tengo descanso hasta dentro de una hora —le informó. Se despidieron y cada quien marchó por camino diferente.

Harry terminó volviendo al aula de la academia, dispuesto a comer su almuerzo y disfrutar la deliciosa tarta hecha por su esposa. Vio que en una de las mesas se encontraba el chico que le dio el codazo y se acercó.

—¿Se puede? —preguntó. El chico ni volteó a verlo pero aceptó con un asentimiento de cabeza.

Harry se sentó a su lado y empezó a comer, ofreciéndole un emparedado pero el chico lo rechazó. El ambiente se empezaba a poner incómodo por lo que el pelinegro decidió romper el silencio.

—Me llamo Harry, ¿cómo te llamas?

Por primera vez desde que llegó el chico volteó a mirarlo. En la mirada mostraba aburrimiento, el pelo castaño era largo y lo tenía amarrado en una pequeña cola. Harry no pudo evitar sentir que lo conocía de algún lado.

—Alastor Moody —respondió el chico dejando estupefacto a Potter.

Le costó trabajo digerir por qué no lo reconoció. Con ambas piernas, con ambos ojos y sin esa constante mueca de enojo hacían al que se convertiría en el mejor auror de la historia irreconocible. Harry le sonrió e intentó sacarle un poco de plática pero Moody contestaba de manera seca y cortante. Se estaba rindiendo cuando Alastor le hizo una pregunta.

—Escuché que vienes de Estados Unidos —le dijo.

—Sí, aunque nací en Inglaterra por diversas cuestiones terminé viviendo allá.

—¿Crees tener lo que se hace falta para ser auror?

Harry arqueó una ceja pero sonrió divertido. Después de todo, él ya era un auror experimentado de donde venía y si las cosas no se hubieran ido al infierno tan rápido, probablemente hubiera tomado el liderato del cuartel de aurores.

—Sí —respondió finalmente —, ¿y tú? —le devolvió la pregunta.

En lugar de sentirse ofendido o bufar exasperado como lo hubiera hecho su contraparte del futuro, Alastor simplemente rió.

—Me caes bien, se necesita gente con esa seguridad por acá. Desde que mi padre se retiró del cuartel no ha habido un auror medianamente decente —dijo Moody. Harry ansioso por saber un poco más ahondó en el tema.

—¿Entonces tu padre fue auror? —preguntó. Alastor volvió a reír.

—Mi padre, mi abuelo y toda mi familia desde que se inventó la palabra auror —dijo aun riendo pero dejando colarse un poco del orgullo que sentía.

Harry dedujo varias cosas. Primero, Alastor Moody era de una familia antigua de magos, al parecer bastante antigua, realmente nunca tuvo tiempo de estudiar los árboles familiares ni a todas las familias de sangre pura de Gran Bretaña pero probablemente les echaría un vistazo próximamente. Lo segundo es que Moody traía en la sangre el ser auror, no fue de sorprenderse que terminara siendo llamado el mejor.

—¿Y los tuyos? —pregunto Alastor sacando a Harry de sus pensamientos.

—Muertos —respondió con sinceridad, algo que Moody notó y apreció.

—Disculpa —dijo Alastor. Harry le dio una palmada en la espalda y sonrió restándole importancia al tema.

Continuaron por cerca de una hora charlando de diversos temas. Harry le contó que estaba casado y lo buena que era Ginny con la varita, también habló sobre el matrimonio de Charlus y Dorea Potter, o al menos lo que sabía de él. Era extraño para Harry el estar junto a un muy joven Moody pero por alguna razón, esa sensación de confianza que emanaba le recordó al mismo Alastor que dio su vida protegiéndolo.

Moody en cambio sintió que, si bien el chico claramente escondía algo, estaba feliz de poder charlar con alguien agradable, que sabía lo que quería en la vida y que al menos intentaba ser lo más sincero posible. Por su estatus de familia, Alastor llegó con cierta fama y expectativas a la academia de aurores. Los demás chicos se inventaban proezas o historias con tal de ganar su favor y ayuda. Moody los detestaba. No quería lame botas, buscaba alguien que pudiera cubrir su espalda cuando fuera necesario. Alguien que hiciera más de lo que habla y encontró a esa persona en Harry Potter.

Para cuando los demás regresaron de almorzar y el profesor continuó con el curso, Moody y Potter ya se habían convertido en amigos. Los demás chicos y chicas miraron con envidia que el 'extranjero' fuera el que se ganara el favor del hijo prodigio.

—No vas a creer a quién me encontré —dijo Harry a su esposa.

Se encontraban ya acostados descansando. Ginny relató su día y lo emocionada que estaba con dar clases mientras que el pelinegro esperó pacientemente para contar su día. Estaba esperando con emoción ver la reacción que tendría la pelirroja cuando le contara de su nuevo amigo. Naturalmente cuando le dijo, Ginny abrió los ojos como platos mientras Harry rió.

—¿Moody? ¿Ojo-loco Moody? —preguntó todavía estupefacta. Harry dio un asentimiento, le costaba responder entre risa y risa.

—No tan ojo-loco —contestó Harry calmándose un poco —, aunque su ojo era muy útil trataré de que no quede tuerto esta vez —añadió ya un poco más serio.

—O la pierna, no olvides que sólo tenía una pierna —dijo Ginny.

Harry sonrió, pasó un brazo por los hombros de su esposa y la atrajo hacia él. Ginny con una sonrisa se acomodó entre el brazo y pecho de su marido. Se quedaron en silencio unos cuantos minutos, cada quien sumido en sus pensamientos y, por primera vez, asimilando el hecho de que ya estaban haciendo cambios importantes.

—¿Crees que valga la pena el riesgo? —preguntó Harry.

—¿Salvar a nuestras familias y amigos arriesgando nuestra existencia? —preguntó Ginny pero no esperó respuesta —, sí, vale la pena —concluyó.


Buenas gente

Les paso a dejar el cuarto capítulo de esta historia que ya va tomando forma. Vemos un vistazo de cómo planeo narrar los duelos en el futuro y Harry se encuentra con que será compañero de un jóven Ojo-loco... ¿raro, no? De paso Ginny se convertirá en profesora. Veremos cómo les va a la pareja en próximos capítulos.

Sí, mis chistes e ironías son terribles (el título del capítulo) y lo peor es que ya son dos veces seguidas que lo hago pero bue... no me pueden culpar, la universidad está quitándome cualquier rastro de cordura xD

Espero les gustara y si desean pueden dejar sus comentarios en la cajita de reviews que está aquí abajíto. Me encanta leerlos a todos.
Agradecimientos eternos a mi beta kathitha y un abrazo para ella.

Un saludo
ReyAlex