—¡Oh! ¿Goku, eres tú? Estás raro, ¿eh? —El todopoderoso infante reconoció sin ninguna duda a su invitado más distinguido. Se fijó en la criatura que le acompañaba—. Y, ¿quién es ese, eh? ¿Por qué se parece a mi, eh?

—¡Hola, Zen-chan! Te presento a Zen-chan, él es el nuevo compañero de juegos que encontré pata ti, ¿recuerdas que te lo prometí?

—Hola —saludó el Zeno-sama original a su contraparte.

—Hola —correspondió su semiperfecta copia.

—¿A qué quieres jugar?

—Mmm… en la Tierra aprendí a jugar al pilla-pilla.

—¡Oh! Suena divertido, ¿cómo se juega?

—Así —Puso una mano en el regio hombro de su nuevo compañero—: ¡la llevas! ¡Ahora tienes que pillarme para que la lleve yo! —Los pequeños y omnipotentes reyes salieron corriendo uno tras otro a lo largo y ancho del gran salón del trono.

Los dioses creador y destructor del Séptimo Universo permanecían en la misma postura postrada en señal de reverencia y sumisión que adoptaron en cuanto llegaron, y junto a ellos Daishinkan y su esbelto descendiente observaban divertidos a la par de sorprendidos al nuevo miembro de palacio.

Fueron recibidos por el Gran Sacerdote a las afueras de Palacio con gran regocijo, aunque había reaccionado de manera singular ante la insólita presencia de aquel shiniano con un atuendo particularmente familiar, se mostró interesado en conocer la historia que se escondía detrás de él, preguntándole más tarde los motivos al ángel del Séptimo Universo.

—Es un tipo extraordinario este Son Goku —apuntó Daishinkan dirigiéndose a Whis.

—Estoy totalmente de acuerdo con usted, Padre —conmino el ángel.

—¿Podría saberse cómo lo ha conseguido?

—Fue un deseo que pidió especialmente para Su Majestad a un Dragón Sagrado. Al parecer no posee las divinas cualidades de su homólogo…

—Pero es un compañero de juegos ideal para Él —comprendió el sumo sacerdote—. Por cierto, ¿a qué se debe el cambio de apariencia de Son Goku?

—Pensábamos que su llamamiento estaba relacionado con ese asunto. Es una historia un poco extraña, al parecer un aprendiz de kaio-shin, del Universo Diez por cierto, intercambió su cuerpo con él.

—¿Cuál sería el motivo? —se interesó el poderoso ángel patriarcal.

—Pues creemos que estaría relacionado con una particular forma de impartir justicia entre los mortales, pero sólo son conjeturas —Se mesó la barbilla, pensativo, observando los cuerpos encogidos y estremecidos de los dioses del universo que custodiaba por mandato real—. Como fuere, el caso es que tenemos serias sospechas de que asesinó a los dioses de su universo además de atentar contra las leyes de los viajes en el tiempo.

—Comprendo. Lamento no haber sabido antes de este contratiempo, Cus ha debido pasar a la inactividad de forma abrupta para no haberme informado debidamente de la situación del Décimo Universo.

—Se confirman entonces, de forma más evidente aún, las sospechas que teníamos. Si el deceso o la jubilación de Lord Rumoosh se hubieran previsto con cierto tiempo de antelación, mi querida hermana Cus le habría alertado de cualquier imprevisto, y habrían buscado un candidato como estipula el protocolo.

—Efectivamente.

—Sumo Sacerdote, perdone mi atrevimiento. Si éste no era el asunto por el que nos había convocado, ¿cuál es el punto a tratar entonces?

—Por supuesto… Zeno-sama los había llamado, con especial interés de que asistiera Son Goku, para informarles de primera mano de su interés en organizar un torneo de artes marciales entre universos.

—¡¿En serio, Zen-chan?! —Goku no cabía en sí de la alegría.

En cambio a Kaio Shin y a Lord Beerus no les hizo mucha gracia ni la actitud relajada de Goku ni la noticia del torneo. Habían tenido mucha suerte por ahora de seguir de una pieza tanto por la osadía de clonar el Sagrado y Real Cuerpo del Rey, como por haber participado, aunque de forma involuntaria, en el jaleo orquestado por Zamas entre universos.

El Hakaishin envió una mirada llena de odio a su colega creador y, sabedor de su don telepático, le dijo "¡Subnormal! ¡¿Cómo se te ocurre mostrarle la tele transportación de tu raza a este idiota?! ¡Mira en qué lío nos ha metido por hacerse tan amiguito del Rey del Todo!". A lo que Shin le respondió irritado, aunque también apesadumbrado, que no era su responsabilidad, pues tarde o temprano habría aprendido esa técnica y, además, debían agradecer a la idea de Goku el que Zeno-sama hubiera sido tan misericordioso.

—¡Sí, Goku! Me aburría mucho y recordé la promesa que te hice, ¿eh?

—Permítanme, entonces, convocar a los ángeles guardianes de todos los universos —pronunció el Daishinkan, formulando con un simple gesto la aparición de un báculo con el que se comunicó con todos sus celestiales hijos para invitarlos de inmediato a asistir, junto con los Kaio-shin y los Hakaishin de sus respectivas jurisdicciones.

En pocos segundos, y con gran asombro por parte de Goku, aparecieron todas las deidades del Multiverso con un gesto de ambas manos del Sumo Sacerdote. Todos a excepción del Universo Diez, por razones obvias, y salvo el equipo del Octavo Universo que se demoró por cuestiones imprevistas.

Ambos Zeno-sama saludaron jovialmente a la divina audiencia. Por su parte todas y cada una de las deidades que allí se congregaban miraban recelosos al misterioso shiniano que vestía gi naranja que acompañaba a Lord Beerus, preguntándose a la vez si se habría metido en un lío como la última vez y tuvieron que pagar todos los platos rotos por culpa de haberse quedado dormido en su escondite mientras jugaban todos los hakaishin por orden de Su Grandiosidad.

Por otro lado, el Sumo Sacerdote se interesó por una presencia inusual en el elenco de dioses del Undécimo Universo, un ser corpulento que atesoraba un inconmensurable poder. Lord Vermoud, hakaishin de dicho sistema, le explicó tras saber la curiosidad del ser superior, que se trataba del digno sucesor que encontró para su puesto y que asistía a aquella reunión en calidad de oyente y aprendiz. Daishinkan dio su beneplácito a Toppo, el aprendiz en cuestión.

Poco después recibió el aviso de disponibilidad de los dioses del Universo Ocho y los hizo aparecer en su sitio correspondiente en la sala, estando el set multiversal de dioses al completo a excepción de las ausencias de Lord Rumoosh, Cus y Gowas en las que nadie reparó, absolutamente nadie. Hasta que Zeno-sama habló:

—¡Oye! ¿Qué ha pasado con los dioses del Universo Diez, eh?

En aquel instante no sólo fueron conscientes de ese hecho, sino que para rizar más el rizo, ¡había dos Reyes del Todo! La tensión era palpable en la sala y todas las miradas se dirigían, furibundas, al flaco y gatuno dios de la destrucción Beerus. Debía de estar implicado con total seguridad en todas las rarezas que impresionaban a sus señorías: en el extraño shiniano, en la no concurrencia de sus homólogos del Universo Diez y en la supuesta clonación de Zeno-sama. Y a causa de su necedad habrían de pagar el resto de dioses las consecuencias.

Absolutamente todos y cada uno de los Supremos Kaio-sama y Hakaishin-sama temblaban de pánico en sus posiciones inclinadas en señal de respeto por el Rey de Todo. No, por los dos Reyes de Todo.

—Majestad, los dioses del Décimo Universo han fallecido, lamentablemente —una sorda exclamación de la audiencia inundó la regia estancia. ¿Cómo pudo ocurrir semejante suceso? ¿Ambos dioses? ¿De forma fortuita? Gowas era bastante mayor, tal vez hubiera fallecido antes de encontrar un sucesor y se habría llevado por delante a su alma gemela. Todos concordaban en sus fueros internos que era una desgracia y una terrible irresponsabilidad.

—¡Oh! Entonces, sin dioses que equilibren la vida allí, ésta no se desarrollará bien, ¿eh?

—Me temo que así será, Excelencia —enunció Daishinkan en una respetuosa reverencia a su superior.

—Entonces, ya no tiene sentido que exista ese universo, ¿eh? —alzó su minúscula manita y la cerró en un puño rápidamente, borrando de la existencia un universo entero con ese sencillo gesto—. ¡Pum!

—¿Cómo has hecho eso, eh? —le preguntó su clon.

—Es muy fácil —chasqueó los dedos y un misterioso resplandor envolvió al nuevo Zen-chan—. La próxima vez también puedes hacerlo tú, ¿eh?

—¡Súper! —exclamó lleno de júbilo.
El resto de representantes del Multiverso se estremeció ante la imparcialidad de los Supremos Reyes, en especial Lord Beerus y Shin, pues entendieron que el nuevo Zeno-sama ya era igual de temible que el de siempre.

Lord Champa tuvo un intenso debate telepático con su hermano gemelo, tenía la segura certeza de la implicación de éste en todo ese jaleo, y el resto de dioses reafirmaron sus creencias al sentir la acalorada discusión.

Fuera cual fuera el asunto a tratar en esa Magna Reunión, podrían jurar que era de extrema gravedad y comprendieron que el destino de todos y cada uno estaba ya terriblemente sentenciado.

Al fin, el Sumo Sacerdote pasó a explicar el motivo de su llamada:

—Presten atención, por favor —anunció al fin el Sumo Sacerdote—. Me complace teneros aquí reunidos para invitaros en breve a participar en un Torneo de Artes Marciales entre los mejores guerreros escogidos por cada universo. El Torneo de la Fuerza tendrá lugar exactamente en 5 tiks, concretamente a las 157 en punto del día del calendario del Rey —Un pequeño murmullo se apreciaba entre los asistentes.

Uno de ellos en particular, Lord Mosco del Universo Tres emitió una sonora protesta por la premura de la orden, que fue inteligible para todos excepto para su Kaioshin Ea y su ángel Campahri, que lo disculparon ante Sus Majestades cuando mostraron su temible atención con ellos.

—¿Qué es un torneo de artes marciales, eh? —indagó curioso el nuevo Zeno-sama.

—Es algo súper, súper divertido, ¿quieres verlo, eh? —dijo y su nuevo hermanito asintió.

Daishinkan, al ver la curiosidad que sentía el gemelo de Su Señor, pues él no había sido espectador del Torneo que disputaron los universos Seis y Siete hacía un año, propuso hacerle una demostración con la colaboración de los propios Hakaishin. Goku no cabía en sí de pura emoción.

Generó una plataforma de combate y sendos graderíos por cada universo, invito a los dioses a descender a ellas y procedió a explicar a las deidades las reglas tras la demanda del dios Lord Quitela:

—Las normas las anunciaremos más adelante si Sus Grandiosidades estiman conveniente realizar finalmente el Torneo. Antes que eso, pues, ruego a los Dioses de la Destrucción desciendan hasta la plataforma para proceder a un combate de exhibición para los Reyes del Todo. Deben ir con todo, pues es la voluntad de Zeno-sama. De lo contrario, serán borrados.

Bajaron los once obedientemente, Lord Champa lamentándose de su baja forma y Lord Quitela acusando a Lord Beerus de ser el culpable de todo aquello, quien se excusó inculpando a Goku y a su maldita negligencia. El resto de hakaishin confirmaron sus conjeturas y se volvieron directamente contra el famélico gato esfinge para expulsarlo el primero de la plataforma.

Lord Beerus, se fijó Goku, inexplicablemente esquivaba todos los ataques y parecía que le salía sin querer. Whis le comentó que su cuerpo se movía sin pensarlo, por puros impulsos, sólo por instinto… Goku recapacitó y recordó las lecciones que había recibido del ángel, cuando le comentó que debía alcanzar ese estado mental en el que su cuerpo actuaba sin pensar y que su propio Dios Destructor aún no lo dominaba por completo. "Así que se refería a eso…".

Después de intentar derrotar a Lord Beerus y de que éste se zafara de los ataques, el resto de dioses entró en un estado en el que la batalla fue trepidante, haciendo uso de técnicas energéticas asombrosas y estrategias sorprendentes, causando admiración en la regia audiencia. Sin embargo, la batalla entró rápidamente en una dinámica imposible de seguir por el ojo experto del saiyan e incluso de los todopoderosos Zeno-sama.

—Esto está resultando muy escandaloso —apuntó uno de los Reyes.

—Sí, y muy aburrido —concordó el otro.

Justo en el momento en que Lord Beerus y Lord Quitela se iban a enfrascar en un intenso combate cuerpo a cuerpo, pues ambos dioses se detestaban y ansiaban poder dar rienda suelta a sus más oscuros deseos, Daishinkan intervino entre ellos para detenerlos con una facilidad pasmosa.

—El combate de exhibición queda cancelado —anunció el Sumo Sacerdote.

—Yo no lo veo tan interesante —dijo el nuevo Zen-chan.

—No —comentó el original, decepcionado—. Tal vez deberíamos destruir a los universos menos desarrollados y ya está.

—¿Cancelamos entonces la convocatoria, Señorías? —preguntó Daishinkan.

—¡Un momento, Zen-chan!

Todos los presentes se volvieron hacia el insensato que osaba dirigirse así a Su Grandiosidad mientras volaba hacia el trono real. El shiniano vestido de naranja se aproximó a los Zenos volando, pidiéndoles por favor que no cancelaran el Torneo, pues un combate entre mortales no sería nunca tan intenso como el que acababan de presenciar.

—¿De verdad, Goku? —le preguntó una de Sus Majestades—. Podrías mostrarnos cómo peleas tú, ¿eh?

—¡Es una excelente idea!

—¿Cómo? Pero yo no tengo el suficiente poder para luchar contra un dios destructor, y menos ahora con mi nuevo cuerpo.

—No te preocupes, lucharás contra otro mortal. ¡Aspirante a Hakaishin del Undécimo Universo! —lo llamó dirigiéndose a la grada—. Señor Toppo, acceda a la plataforma, por favor.