CAPITULO 4: CHICO EXTRAÑO

En una habitación cerrada y casi sin luz, una joven castaña abría sus ojos, encontrándose a sí misma en una cama metálica, sobre un colchón simple con sábanas blancas. Miró a su alrededor. No había nadie, estaba completamente sola. Poniéndose alerta ante su desconocida situación, se puso de pie con rapidez. Volvió a mirar a su alrededor. ¿Dónde se encontraba? Recordó lo último que había en su memoria; Matt y los demás bravucones de STRIFE encerrándola en la celda de siempre después de someterla, cada vez que se revelaba. ¿Los habían trasladado a otro lugar?

-¿Dónde están los demás…?

Buscó a tientas por las paredes, buscando un interruptor. Lo halló cerca de la cama vacía que estaba a su lado. Al encenderse las luces, notó que, efectivamente, estaba sola, y además, había perdido el brazalete que los de STRIFE la habían colocado para darle choques eléctricos de castigo. Inclusive, en varias partes de su cuerpo habían sido colocadas vendas y bandas; y su cabello, normalmente sujeto con una cinta en una coleta, estaba suelto. No entendía que era lo que estaba pasando, así que, antes que cualquier otra cosa, debía averiguar si era o no una prisionera. A juzgar por las camas, parecía que no era así, pero la puerta de salida metálica que tenía frente a si le hacía desconfiar. Se acercó a ella y la empujó. No se movía, estaba cerrada. Entonces encontró un pequeño botón cerca del marco de ésta, y decidió pulsarlo por las dudas. La puerta se abrió de repente tras un sonido de traqueteo.

-No está cerrada… ¿Dónde estoy…?

La muchacha salió completamente al exterior tras abrir la puerta. Se encontró en un patio iluminado sólo por varios tubos fluorescentes encendidos. Era de noche y la luna no se podía ver bien debido a las nubes. Miró de vuelta hacia el lugar del que había salido. Justo sobre la puerta que había usado pudo ver la insignia de la policía pokemon.

-¡La policía…! Entonces… ¿fuimos rescatados?

Comenzó a mirar a su alrededor nuevamente. Sólo había unos cuantos agentes a la distancia, otros cerca de donde ella estaba, como vigilando las barracas. Entonces su vista se encontró con la estación, cuyas luces se encontraban encendidas. Todavía estaba decidiendo si acercarse o no, cuando de pronto uno de los policías se acercó a ella.

-Hola, jovencita. – no parecía tener una actitud hostil – parece que eres la última en despertar.

-¿Cómo llegue aquí? – la joven aun parecía desconfiada - ¿Qué fue lo que ocurrió?

-No tengo los detalles, pero, si vas allá a la estación, los encargados del rescate te lo explicarán todo.

-¿Rescate? ¿Nos rescataron? ¿Pero cómo supieron…?

De repente, un recuerdo llegó de improviso a su mente. Laila y Chiara. Los demás niños encerrados. Todo llegó a su mente al mismo tiempo. Y justo cuando el guardia ya se retiraba, le retuvo. Necesitaba saber.

-Por favor, quiero saber – sus ojos castaños y oscuros delataban su preocupación - había algunos niños en el lugar en que yo estaba. ¿Por casualidad ellos…?

-Ellos están en las demás barracas. Por eso ves a varios de nosotros por aquí…

La joven corrió hacia la siguiente barraca, encontrando la puerta abierta. Abriéndola, encontró a una niña durmiendo en una cama, junto a un Helioptile. Del otro lado, en la otra cama, un niño, durmiendo con la cabeza apoyada donde normalmente se apoyaría los pies. Sus brazos rodeaban a un nidoran macho y un nidoran hembra, uno en cada brazo. La joven sonrió aliviada. Sin que ninguno de los policías presentes se lo impidiera, revisó cada una de las barracas. Todos los chicos estaban ahí, la mayoría de ellos junto a sus compañeros pokemon.

-Menos mal… - de pronto bajó la mirada, con una sonrisa triste – ojalá mis amigos hubiesen podido salvarse también…

Un par de lágrimas cayeron de sus ojos. Uno de los guardias lo notó, y se acercó a ella.

-Jovencita, ¿te encuentras bien?

-Sí – la castaña secó sus lágrimas rápidamente – les agradezco. Iré a la estación, no molestaré a los niños.

De pronto, la chica recordó, ¿y dónde estaban Laila y su vulpix? No estaba con los demás niños. Comenzó a temerse algo malo, esto la decidió a buscar respuestas. Esta vez con paso calmado, y ante la mirada algo confundida del guardia que la abordó, la chica caminó hacia el pequeño edificio. A través de las luces encendidas de este ya podía ver a unos pocos policías, y unos cuantos pokemon. Llegó hasta la puerta. Al asomarse, encontró el lugar algo más activo de lo que esperaba. Probablemente ellos habían sido rescatados hace poco. Entró y caminó lentamente por el corredor. Todos parecían ocupados, ya que nadie se le acercó. Cuando pensaba en acercarse a otro agente cercano para que le explicara la situación, escuchó un alboroto en una de las salas. Encontró la puerta sin cerrarse por completo, obviamente por error. Pero aprovechó la ocasión para escuchar. Quizá esto le esclareciera las cosas.

-¡FUISTE MUY IMPRUDENTE! ¡PUDISTE HABERLOS MATADO A TODOS, CHICO ESTÚPIDO!

Muy enojado, Hitvick se dirigía a Lohne, que solo escuchaba con expresión tediosa.

-Vamos, cálmate, Hitvick – Hannes intentaba calmar a su superior – Estoy de acuerdo contigo en que fue peligroso, pero todo salió bien. Lohne parecía haberlo planeado, ¿cierto Lohne?

El pelinegro no respondió. Sólo apartó la vista, mientras Kyra suspiraba. Laila miraba a todos un poco incómoda mientras cargaba a Chiara.

-No me estás ayudando, tú; - Hannes puso su sonrisa boba de nuevo – trato de que no te maten.

-¡Claro que no voy a matarlo! – el policía rubio continuaba chillando - ¡DEBERÍA ENCERRARLO!

-¿Encerrarme? – Lohne subió la mirada hacia el policía con una mirada burlona - ¿quiere encerrarme el "policía" que no puede siquiera controlar un auto cuyo piloto escapa de improviso?

-¡¿Qué has dicho…?!

-Digo, hasta este tipo Hannes logró controlar el vehículo luego de que el conductor saltó. Para ser su superior no tienes habilidades parecidas, ¿uhm? Me sorprende que ustedes dos sobrevivieran al choque.

Ya harto, Hitvick se acercó a Lohne tomándolo del cuello de su camiseta con un puño formado en la otra mano. Éste no se amilanó.

-¡Alto! – Laila gritó - ¡No lo lastimes!

-¡Su maniobra pudo haberte matado, niña – Hitvick no lo soltaba – a ti, a tu amiga y a los demás chicos que rescatamos! ¡Podrías no haber visto a tu familia nunca más!

-¿Que rescataron, dices? – Lohne parecía casi reír - ¿Qué no fueron ustedes también rescatados?

-¡BASTA, ME HARTE DE TI! – El policía subió su puño apretándolo con fuerza - ¡Te voy a enseñar respeto!

Kyra entonces encendió sus ojos con poder psíquico lista para defender a su entrenador, lo cual todos notaron, Hitvick incluido, lo que detuvo su accionar. Pero Lohne no era ese tipo de persona. Así que el Gardevoir no se sorprendió por lo que dijo después.

-Retrocede, Kyra. – Lohne la miró calmadamente – no te metas en esto, no vale la pena.

La situación se calmó un poco cuando Kyra retrocedió, pero sin perder de vista ni a Lohne ni al policía.

-¿Por qué… - Hitvick no se esperaba lo que ocurrió, así que dudaba – la has detenido?

-Solo dejaré que Kyra les de su merecido a la gente como esos tipos de… - dio una pequeña tos antes de seguir – hm… STRIFE. Con los demás, si tengo problemas con ellos, yo los resolveré.

-Hitvick, es suficiente – Tech, que no había perdido para nada la calma, le ordenó – ya déjalo.

Obedeciendo, el rubio soltó a Lohne, quien se acomodó un poco el cuello de su camiseta tras el agarre.

-A pesar de su imprudencia e impertinencia – El jefe miró a Lohne con severidad – sus acciones lograron no sólo el rescate de muchos niños y pokemon secuestrados por esta recién descubierta organización. También nos mostró que estábamos bajo su vigilancia. Aquí, en la policía.

-Se han infiltrado – Hitvick continuó – los pilotos debían ser miembros. ¿Pero cómo lo han logrado?

-Puede que – Tech adoptó una postura pensativa – no estamos lidiando con criminales comunes y corrientes. Puedes darte cuenta al ver el tamaño de ese enorme vehículo que cayó al lago.

-Se parece… - el rubio puso una expresión que delataba que había recordado algo – al Team Flare.

Todos guardaron silencio. El Team Flare. El alboroto que crearon en la región Kalos durante la última Liga pokemon. Su líder, Lysson, había desaparecido en medio de todo el caos, y no se había vuelto a saber nada más de él; lo cual desmanteló al grupo, esfumándose varios, y muchos otros más siendo capturados por la policía pokemon y la policía internacional.

-Así es – repuso Tech – puede ser que estemos tratando con el mismo tipo de organización.

-No puede ser… - Hannes parecía inquieto – y no ha sido hace mucho. ¿Tenemos que pasar por eso de nuevo?

-Lo más importante ahora – Tech se puso de pie – es ver la manera de regresar a todos los chicos que liberaron, a casa.

-No creo que podamos usar una agencia de viajes – dijo Hannes – si se han logrado infiltrar en la policía pokemon, debe ser mucho más fácil el que se hayan colado en organizaciones de servicio.

-Estoy de acuerdo – afirmó el policía moreno – pero estoy seguro de que estos niños quieren ir a casa, así que debemos buscar el modo…

-¿Es que no lo entienden? – Lohne intervino de pronto – la única manera de estar seguros es que eliminen a esos tipos de raíz.

-Heh, ¿y tú qué sabes? – dijo Hitvick con sorna - ¿tienes idea de cuánto tiempo tomaría desmantelar una organización criminal de ese tamaño?

-Obviamente, mucho tiempo. – el pelinegro resopló con resignación – demasiado como para que todos esos niños resistan sin volver a casa, creo.

-Exactamente – El rubio se calmó un poco – tenemos que buscar el modo de llevarlos…

-Y lo peor – Hannes agregó – es que, cuando les preguntamos, ninguno mencionó algún pueblo o ciudad de Kalos como su hogar. Ninguno de esos chicos es de aquí.

-Probablemente – Hitvick repuso con seguridad – lo hicieron para evitar que escapen fácilmente. Es muy seguro que estos criminales sean de nuestra región, Kalos.

-Ciertamente, es muy arriesgado – Tech miraba a todos como buscando alguna respuesta en cualquiera de ellos – no podemos permitir que alguno de esos chicos vuelva a ser capturado por esa gente.

-Yo puedo… tratar de convencerlos de esperar un poco.

En ese momento, todos se volvieron hacia la puerta, por la que Maryah acababa de entrar.

-Tu… - Hannes fue el primero en lograr hablar – eres una de las personas que sacamos de ahí, ¿cierto?

-¡Hermana, despertaste!

Laila corrió a abrazar a la castaña, que la recibió con unas palmaditas en la cabeza.

-¿Te encuentras bien? – Hannes avanzó unos pasos hacia la recién llegada – Cuando te rescatamos estabas inconsciente.

-Esos hombres malos siempre le hacían eso – Laila, sin soltarse de Maryah, se volvió a hablarles – era a la que más maltrataban…

-Eso no importa, Laila – la chica reflejaba dudas en su expresión – quiero agradecerles por lo que han hecho. Déjenme ayudar. Yo soy la única de aquí, de Kalos, así que no tendrán problemas para llevarme a casa. Puedo esperar un poco más.

-Hm... – Tech se frotó la barbilla, pensando – sería útil que esos chicos aguardaran el tiempo necesario para cerciorarnos de que esos criminales no están infiltrados en las agencias de viaje. Además debemos descubrir si hay más de ellos en la policía de Kalos.

-Creo que puedo lograr que me escuchen – dijo la joven – pero sería mucho tiempo, ¿verdad?

-No estamos seguros – respondió Hitvick – podrían ser días. Quizá semanas.

-Ni siquiera estoy seguro de que podamos comunicar a sus familias que se encuentran bien – Tech se sentó de nuevo en una de las sillas, reflexivo – podrían tener las comunicaciones intervenidas.

-Eso no es problema – dijo Hannes – yo puedo modificar los comunicadores de aquí, para hacerlos a prueba de filtros.

-¿Puedes hacer eso? – pregunto Lohne, sorprendido.

-Hannes no solo es un hábil entrenador – dijo Hitvick, sonriente – también es muy bueno con las computadoras y cosas electrónicas.

-Eso es una sorpresa.

-No me gusta mucho presumir sobre eso – Hannes se rascaba la cabeza algo apenado - hehe…

-Entonces – Maryah intervino de repente - ¿Fuiste tú quien me quito ese aparato del cuerpo?

-Ah, sí – Hannes se volvió a ella con amabilidad, sacando de su bolsillo el trozo metálico abierto y con los cables sueltos, – no fue nada. Muy sencillo.

-Bien, entonces es eso lo que haremos. – Tech se volvió a poner de pie, mirando de pronto a Maryah – jovencita, agradeceremos tu ayuda con los demás chicos.

-De… de acuerdo. – respondió ella – Haré lo que pueda.

Todos salieron de la sala en que se encontraban.

-Hannes – Tech se volvió antes de retirarse – me encargaré de que el personal cercano a los comunicadores y las habitaciones aledañas despejen el área, como prevención. Te avisare para que trabajes en la protección de estos de inmediato.

-Entendido, señor.

-Supongo – ya más calmado, Hitvick se dirigió a Lohne – que tú aun te quedarás.

-Creo que lo había dejado muy claro – respondió Lohne con brusquedad - ¿cierto?

-Hmpf. Como quieras.

Los dos policías superiores se retiraron hacia el interior de la estación. Los demás se encaminaron nuevamente a las barracas. Lohne y Kyra aceleraron un poco el paso, dejando atrás al resto. Eso incomodó un poco a Maryah, que apenas se había percatado de su presencia en la sala en que estuvieron. Pero al que si había notado era al Gardevoir.

-¿Ese Gardevoir es…?

-Sí – le dijo Laila sonriente – es la misma que estuvo con nosotras en ese lugar. Kyra.

-¿Entonces ese chico tan tosco es su entrenador?

-Se llama Lohne.

-¿Uh? ¿Lohne, dices…? – la chica parecía sorprendida.

-¿Te suena a alguien? – preguntó Hannes, con curiosidad.

-No, no… - Maryah se desentendió totalmente de la pregunta, como si volviera en si – claro que no. Sólo me pareció haberlo oído antes.

-Quizá de cuando estabas inconsciente, hermana – dijo Laila, con seguridad – He oído que dicen que las personas a veces pueden oír cosas mientras están inconscientes.

-Es verdad – replicó la joven castaña, sonriente – también lo he oído. Estoy segura de que eso pasó.

-Es un desconocido total para nosotros – Hannes hablaba relajado – ayudó a Laila cuando ella había escapado de los que los tenían cautivos a todos ustedes. Luego la trajo aquí.

-Entiendo… - Maryah aun dudaba – ¿pero por qué sigue aquí?

-Por alguna razón, dijo que se quedaría hasta que Laila volviera sana y salva a casa – respondió Hannes – solo lo permitimos porque ella solamente se sentía segura con él.

-Es el entrenador más fuerte que he visto – agregó Laila – derrotó el solo a los que me perseguían.

-¿En serio? – Maryah estaba sorprendida – recuerdo que fueron muchos a buscarte. Primero 4, luego salieron más. Fue lo que vi.

-Te lo digo de esta forma – Hannes no perdió su sonrisa – yo soy el más fuerte de esta estación, y me derrotó en una batalla.

-Vaya… - la castaña miró al pelinegro que caminaba frente a ellos, mientras ya llegaban a la salida de la estación.

-Y además – Laila de pronto habló – fue él quien te rescató de tu celda cuando escapábamos de esa cosa gigante.

-¿Fue él? – de nuevo, Maryah se sorprendió - ¿participo en el rescate?

-Fue porque se habían llevado a su Gardevoir, creo. – Hannes no lucia convencido – aunque creo que también lo hizo por Laila.

La pelirroja sonrió, mientras Chiara dio un gruñido alegre. Maryah veía como la pequeña hablaba con emoción de ese chico, realmente se veía que le admiraba. Aunque todo lo que había podido percibir de él era una actitud muy hosca. Realmente no lo entendía bien. Pero pronto todos se distrajeron debido a un ruido muy fuerte, seguido de una explosión y un temblor que remeció el lugar.

-¡¿Qué ha sido eso?! – preguntó Maryah.

-¡Es en la sala posterior! – Hannes de pronto recordó - ¡LOS POKEMON RECUPERADOS!

El joven policía corrió hacia donde sus superiores se habían dirigido, pero dobló en el corredor opuesto. Laila le siguió, y por eso mismo, Maryah fue tras ella buscando retenerla. No pudo hacerlo antes de que todos llegaran al área en que los vehículos de la policía se encontraban. Los agentes, acompañados de Herdier y Linoone y Watchog, trataban de retener sin resultados a un enorme Tyranitar que, fuera de control, rugía y lanzaba golpes, pisotones y mordiscos por todos lados. Algunos de los pokemon ya estaban fuera de combate.

-¡¿Qué está pasando?! – Exclamó Hannes.

-¡Salió de una de las pokeball cuando la analizábamos! – respondió un agente, nervioso - ¡No podemos regresarlo, y nos está acabando!

En ese momento, llegaron Tech y Hitvick a la carrera. Se sorprendieron mucho por la situación.

-¿Es uno de los pokemon recuperados? – pregunto Tech.

-Sí, señor – respondió Hannes – está fuera de control…

En eso, Maryah vio algo. En uno de sus cuernos de la cabeza, se podía apreciar un pequeño adorno, una cinta color azul celeste a modo de pompón que se balanceaba en el frenesí del pokemon.

-¡Gaia! – gritó la chica - ¡Es Gaia!

-¿Es tuyo? – preguntó Hannes - ¿Ese pokemon…?

-Creí que ya se habían apropiado de mis pokemon… - la joven hablaba con una mezcla de alivio y nervios - ¡Pero era un Pupitar cuando me la quitaron!

-Debe haber evolucionado sorpresivamente – repuso Tech – no me sorprende su actuación en una situación como esa.

-Hacían que los pokemon que atrapaban pelearan a la fuerza – dijo Laila, triste – debe haber evolucionado entonces.

-¡GAIAAA! – La castaña comenzó a llamar a su pokemon - ¡GAIAAA, SOY YO, MÍRAME!

No había caso. El pokemon estaba ciego de rabia y confundido.

-Gaia…

-Lo siento, jovencita – Hitcvick sacó una pokeball, junto a Tech – lo tenemos que poner bajo control

-¡Debilítalo, Golduck! – Tech arrojó su pokeball, tras lo cual se abrió.

-¡Ayúdanos, Dodrio! – Hitvick hizo lo mismo, liberando a su compañero.

Ambos pokemon aparecieron frente al descontrolado Tyranitar. Este solo vio a otras dos amenazas y rugió con furia.

-¡Golduck – Tech apunto a Gaia, decidido – usa chorro de agua!

-¡Dodrio – Hitvick no espero para unirse al ataque – usa triataque!

Ambos pokemon lanzaron sus ataques contra el descontrolado pokemon, impactándole ambos. Pero no lo vencieron, sólo le hicieron retroceder un par de pasos.

-Todavía sigue… - Hitvick apretó los dientes.

De repente, el tyranitar corrió y arrojó una gran cantidad de rocas contra ambos enemigos, derribándolos a ambos. Dodrio fue debilitado de inmediato, pero Golduck, aun consciente, trataba de ponerse de pie.

-Esa avalancha fue muy fuerte – dijo Hannes – sin mencionar que está muy molesto…

-¡Brillo mágico!

Desde atrás de los presentes, una esfera de luz resplandeciente fue arrojada hacia Gaia, impactándole de lleno. Esta vez, el pokemon cayó agotado al suelo, boca abajo. No estaba fuera de combate, pero estaba lo suficientemente debilitado para que dejara de destrozar el lugar. Caminando entre los policías, aparecieron Lohne y Kyra, adelantándose.

-No se preocupen – el joven se volvió hacia las chicas y los policías – le indique a Kyra que se contuviera para no lastimarlo mucho.

-Bien, chico – Tech regreso a su pokemon a su pokeball, al igual que Hitvick – gracias por la ayuda.

Lohne no respondió. Se había quedado mirando al Tyranitar que acababa de debilitar.

-¡Gaia!

Maryah corrió hacia su pokemon, acariciándole. El tyranitar la miró y pareció reconocerla, tratando de lamerla. La chica se agachó y dejó su mano posada sobre su hocico, dejando que la lengua rosara un poco la palma de esta.

-Ya terminó todo, Gaia… - abrazó afectuosamente su cabeza – ya está bien…

Lohne, entonces, les dio la espalda y se retiraba junto a Kyra.

-Gracias por ser suave con ella… - la chica se volvió hacia él – no parece adolorida.

-Créeme, lo está – respondió con sequedad Lohne – pero no por el ataque reciente. Está muy maltratada.

En ese momento, tanto Laila como Maryah y Hannes notaron que Lohne apretaba los puños.

-Hay que llevarla al centro pokemon – dijo Hannes – creo que hay muchos pokemon aquí que lo necesitan.

-¡Esperen! – la castaña exclamó logrando que todos se volvieran - ¿Qué hay de Kiss? ¿Saben si ella está…?

-¿Kiss? – Tech parecía sorprendido - ¿Quién es? ¿Es otro de tus pokemon? Quizá este entre las pokeball que…

Entonces, todos notaron algo curioso cerca de la plataforma metálica en que las pokeball rescatadas estaban almacenadas. Dos de ellas estaban caídas en el suelo y, cerca de ellas, escondiéndose detrás de la plataforma, se veían un par de orejas alargadas y amarillas, con un color oscuro en sus puntas.

-¿Eso es… - Hannes señaló a ese mismo lugar – un pokemon?

-¿Kiss? - Maryah de pronto reaccionó esperanzada - ¿Kiss, eres tú, amiguito?

Las dos puntas se tensaron de repente. Y entonces, como si huyera de algo, apareció corriendo un pequeño Pikachu, que se arrojó a los brazos de Maryah chillando de contento.

-¡Kiss! – la chica lo abrazó con cariño - ¡Que alegría, ambos están libres!

-Parece que los dos escaparon de sus pokeball – dijo Hannes, satisfecho – bueno, supongo que eso resuelve el misterio.

-Gracias por haberles rescatado – Maryah parecía de mucho mejor ánimo – creí que no les vería otra vez.

-Hannes y este cretino los rescataron – señaló Hitvick, mirando a Lohne – agradéceles a ellos 2. Fueron los que rescataron a todos.

Maryah miró a Hannes, que le sonrió levantándole un pulgar hacia arriba. Luego miró hacia Lohne, quien había adoptado una expresión triste muy extraña, y ya se retiraba junto con Kyra. Mientras regresaba a Gaia y a Kiss a sus pokeball, no podía dejar de pensar en lo extraño que era el joven pelinegro. Y lo que es más, no podía evitar pensar en la extraña sensación que le embargaba cuando él estaba cerca.

-En fin – de pronto, Tech ordenó – lleven todos a sus pokemon al centro pokemon de la estación. Allí serán debidamente atendidos.

-Si no les molesta – Hitvick paló el hombro de Maryah con suavidad – nos gustaría hacerles a todos unas preguntas mañana en la mañana. Usen esta noche para que ustedes y sus pokemon descansen.

-Si – Maryah asintió con la cabeza – está bien.

-Y no olvides hablar con los niños – agregó Tech calmado – nosotros estaremos ahí.

-Sí.

Todos se dispersaron, mientras Maryah guardaba sus pokeball en un estuche cilíndrico en la cinta que rodeaba su cintura. Luego, junto a Laila, siguieron a Hannes hasta las barracas.

-Haha, que bueno que el alboroto no despertó a los demás chicos – rió Hannes.

-Es cierto – Maryah asintió excusándose – lo siento mucho. Trabajaré en ello.

-Hermana, ¿Puedo quedarme en la barraca en que tú estés? – preguntó Laila.

-Seguro – la castaña sonrió – podremos conversar un poco antes de dormir. Pero no demasiado, ¿eh?

-Hahaha – el joven policía reía – realmente pareces su hermana mayor.

-No tenía otra opción – Maryah volvió una mirada seria hacia Hannes – esos niños… atormentados de esa manera. No era justo.

-Sin embargo, a ti pudieron haberte matado – el chico también se tornó serio – corriste un enorme riesgo. Si te hicieron tanto daño como esos niños afirman, debes ser de acero o algo así.

-Por favor, no bromees – Maryah trataba de no reírse – como la mayor del grupo, tenía que cuidarles, es todo.

-Ya veo. En fin… - llegaron a una barraca con la puerta semi-abierta – Ustedes quédense aquí. Mañana en la mañana se les interrogará sobre lo ocurrido y podrán hablar con sus familias.

-¿De verdad… - Laila hablo con voz triste de pronto – podemos tardar mucho en volver a casa?

Hannes, compasivo, se agacho a acariciar la cabeza de la pelirroja.

-Puede ser, lo siento – sonrió animadamente buscando contagiar su optimismo – pero haremos todo lo posible por que no sea demasiado. Además, mañana podrás hablar con ellos. Sabrán que estás bien.

-Gracias – la niña abrazó a su vulpix – los extraño mucho…

Un momento de silencio aconteció después de eso. Momento que se interrumpió cuando vieron que Lohne salía de su barraca, cerrando la puerta tras de sí. Nadie le tomo mayor importancia, hasta que vieron que se dirigía a la salida de la estación.

-¡Oye, Lohne! – Hannes le llamó sin cortarse - ¿A dónde vas a esta hora?

-¿No soy un prisionero aquí, o si?

-Bueno, no, pero…

-Por tanto, soy libre de ir a donde me apetezca – se encogió en hombros como restándole importancia al asunto – tengo un acuerdo con ustedes, así que volveré al rato.

Ante la cortante respuesta, Hannes hizo una mueca de curiosidad, Maryah frunció bastante el entrecejo y Laila corrió unos pasos hacia Lohne para hablarle.

-Oye, Lohne, quiero estar con ella – señaló a la castaña con su dedo – mientras estemos aquí. ¿Te molesta si me paso a su sitio?

-¿Debería molestarme? – Lohne miró a la ya enojada Maryah y luego a Laila – Haz lo que quieras.

Dicho esto, el pelinegro prosiguió su marcha hasta la salida de la sede, mostrándole al guardia la pequeña placa que los policías le habían dado y perdiéndose en la oscuridad del exterior.

-Es un idiota – dijo Maryah de pronto - ¿Quién se cree?

-Heh, él es así – Hannes sonrió para calmarla – desde que lo conocemos se comporta de ese modo. Excepto con sus pokemon, por lo que he visto.

-Pues debería quedarse en los bosques entonces – la castaña cruzó los brazos, incómoda - ¿Cómo puede hablarle así a una niña? Más aun a una en la situación de Laila.

-A mí me da la impresión de que él entiende perfectamente su situación.

-¿Qué?

-Bueno, él ya había hecho bastante salvándola de esos maleantes y trayéndola aquí. Pero decidió quedarse, asegurarse de que ella volviera a casa a salvo. Por su propia voluntad.

-Aun así, su actitud me molesta demasiado. La próxima vez que le habla a Laila así…

-Por favor, hermana, no te enojes – Laila de pronto llegó con ellos – Lohne no es alguien malo. Solo parece molesto.

-Nadie tiene la culpa de eso. Alguien debe enseñarle a comportarse.

Hanne se rió a carcajadas esta vez. Laila solo soltó una risita.

-¿Dije algo divertido?

-Lo siento – Hannes respiró hondo para suprimir su risa – es que Hitvick dijo algo muy parecido. Antes de casi molerlo a golpes.

-¿En serio? – Maryah sonrió ante la perspectiva - ¿Y que lo detuvo?

-Kyra, su gardevoir. Parecía que en cualquier momento iba a atacarlo.

-Heh, no solo es un maleducado, también es un cobarde…

-¡ESO NO ES VERDAD!

Maryah retrocedió un poco ante el inesperado grito de Laila. Sus ojos infantiles denotaban mucha seguridad.

-¡Lohne no es ningún cobarde, hermana! ¡Kyra jamás llegó a tocar al señor policía!

-¿Ah, no…? – Esta vez la joven parecía confundida por el tema, pero era cierto. Mientras espiaba, no había visto que el Gardevoir le hiciera nada – claro, es… cierto…

-Viste como Lohne la detuvo – Hannes la miró con una sonrisa seria – le dijo que el mismo resolvería ese problema. Heh, y no creo que haya sido difícil para él. Vi con mis propios ojos como sometía con sus propias manos a un tipo que nos doblaba la edad al menos.

-Ya veo… claro, escuché cuando le dijo eso. Lo había olvidado - se dirigió hacia Laila, con una mueca de leve arrepentimiento – lo siento, Laila. Me retracto de eso.

-Está bien – la pequeña le sonrió feliz – no te preocupes, hermana.

-¡Pero solo de que es cobarde! – volvió a cruzarse de brazos, molesta - ¡Sigue pareciéndome un total…!

-¿Cretino? – dijo Hannes, burlón.

-Pues… s-¡sí!

-Hehe… puede ser – Hannes de pronto se volvió – no nos agotemos hablando de cosas sin importancia. ¡Que descansen, chicas!

El policía se retiró hacia la estación, dejando solas a la joven y a la niña frente a la puerta de la barraca.

-Por favor, hermana… – Laila le tomó la mano a Maryah para captar su atención – traten de llevarse bien. Lohne sólo está…

-Sí, sí, molesto, ya lo sé.

-Sí… pero – La niña bajo un poco la mirada – me refería a que… se le ve muy triste.

La joven no esperaba escuchar eso. Ese tipo tan malcriado parecía todo menos triste, al menos desde su punto de vista. Laila, que era una niña, probablemente solo estaba siendo sensible y condescendiente. Así que lo dejaría pasar para no discutir con ella.

-Bueno, debemos entrar – Maryah palpó la cabeza de Laila amistosamente – mañana va a ser un día agitado.

-Está bien.

Ambas ingresaron a la habitación, cerrando la puerta. Por un par de horas más, ambas conversaron sobre lo que había ocurrido en el tiempo que Laila había permanecido huyendo de STRIFE, lo que paso cuando Lohne y Hannes fueron a rescatarlas, y otras cosas. Maryah casi no hablaba, solo escuchaba, notando como la pelirroja hablaba con especial emoción sobre dos cosas: Lo impaciente que estaba por volver a casa; y sobre este desconocido salido de la nada, lo fuerte que era y como había llegado con el hasta ese punto. Y cuando se fueron a dormir, la joven castaña aún seguía pensando, debatiéndose entre el fastidio que le había provocado la actitud de Lohne, y el extraño sentimiento que le oprimía cuando pensaba en ello, como si algo escondido quisiera hablarle, o como si hubiera olvidado algo. Estaba molesto… no, triste, decía Laila. Tal vez. O quizá solo una pequeña ingenua estaba defendiendo al que le había salvado. Sin querer darle más vueltas, cerró los ojos y trató de dormir. A pesar de la inconsciencia de la que se acababa de recuperar, también estaba cansada.

A la mañana siguiente, cuando Laila se despertó, encontró a Maryah aseando a su pikachu, Kiss, con un pequeño cepillo. Los chillidos de placer del pokemon eléctrico fueron lo que había actuado como una suerte de despertador para la pelirroja.

-Buenos días, hermana…

-Oh, lo lamento. Kiss tal vez hizo algo de ruido, ¿verdad?

-Por favor, no te preocupes, hermana – Laila negó fuertemente con la cabeza – por cierto, ¿Qué hora es?

-Es muy temprano. Creo que vamos por las 7 de la mañana.

-Hm…

-¿Ocurre algo?

-No… nada. Sólo estoy ansiosa por lo de hoy.

-Claro, hablaras con tu familia, ¿no es así? Seguro se alegrarán muchísimo de ver que estas bien.

Mientras las chicas hablaban, Kiss se sacudió un poco y bajó al suelo de un salto. Chiara hizo lo propio, bajando de la cama de Laila y acercándose al pikachu, comenzando ambos pokemon un adorable juego de atrapadas, que sus entrenadoras veían sonrientes.

-A todo esto, tengo que hablar con todos ustedes, Laila.

-¿Con nosotros?

-Bueno, tú has estado con nosotros, así que ya lo sabes.

-Claro… sobre eso.

-Vamos. Tal vez haya que despertar a los demás.

No podía estar más equivocada. Cuando las dos salieron de la barraca, seguidas de sus pokemon, encontraron una escena muy ruidosa en el patio exterior, con Hannes y Hitvick tratando de controlar a todos los chicos y sus pokemon, que se escandalizaban alrededor de ellos, y gritaban todos a la vez, de modo que a nadie se le entendía. Entonces, Hannes encontró su salvación al ver a Maryah llegar al lugar,

-¡Hey, Maryah! – el policía agito su brazo a modo de saludo – Buenos días. ¿Nos ayudas?

Entonces, como si se tratara de algo natural, la joven dio dos fuertes aplausos al aire, que resonaron en el área abierta. Los niños, antes inquietos y ruidosos, se callaron de repente, mirando hacia su "hermana mayor". Esta no iba a esperar a que volvieran a iniciar el barullo.

-¡Escuchen, chicos! – Exclamó Maryah, en un tono de autoridad casi maternal - ¡Acérquense aquí, todos!

Sin rechistar, todos los niños le hicieron caso, apiñándose alrededor de ella.

-Seguramente ya saben – prosiguió la joven - que, dentro de poco nos llamarán para comunicar a nuestras familias que estamos sanos y salvos.

Casi al momento en que terminó esta frase, los niños comenzaron a inquietarse y hacer ruido de nuevo, cosa que la chica resolvió dando otras dos fuertes palmadas. El silencio regresó, mientras que Hitvich y Hannes veían esto incrédulos.

-Como algunos ya habrán imaginado – Maryah comenzó a mirar a los chicos como si vigilara que no volvieran a hacer lo mismo de nuevo – eso lo hacen para que podamos hablar con ellos, para que vean que estamos bien después de lo que hemos pasado. Y porque es probable que tarden un poco en enviarnos a casa.

Entonces los rostros de los oyentes se tornaron en preocupación, otros parecían incluso deprimidos. Ya comenzaban los murmullos, hasta que Maryah los detuvo, para explicar, de la forma más calma y fácil que pudo, sobre su actual situación. Y mientras ella continuaba hablándoles, Tech llegó con los policías que estaban ahí mirando, dirigiéndose lentamente a estos últimos.

-¿Ella se los está explicando? – pregunto el moreno.

-No lo puedo creer, en serio- Hannes no podía dejar su expresión boquiabierta – Hitvick y yo apenas sí logramos que no se nos vinieran encima.

-Ejem… - Hitvick dio una pequeña tos, como si se excusara – bueno, parece que lo están entendiendo. Deben tenerla en alta estima.

-Bueno, por algo la llaman "hermana mayor", ¿cierto?

-En efecto… - de repente, el rubio se volvió hacia la puerta de salida de la sede – hm, ¿Qué hace ese mocoso ahí? ¿Estuvo afuera?

El jefe y Hannes se volvieron a mirar al mismo lugar, viendo que Lohne llegaba a paso tranquilo, acompañado de Kyra. Sus ropas estaban algo sucias, y parecía haberse ensuciado recientemente.

-Hola – Hannes saludó con afabilidad - ¿Acabas de llegar a la estación? ¿Estuviste afuera toda la noche?

-Sí – dijo Lohne sin mediar en más detalles - ¿Qué está pasando?

Mientras tanto, Maryah ya había logrado que todos los chicos le presten atención sin decir una sola palabra a menos que tuvieron alguna pregunta.

-¿Bueno, esta todo claro, amigos? – pregunto Maryah al grupo que le escuchaba – así que, por favor, a menos que haya algún cambio, por favor sean pacientes. Si dejamos que la policía pokemon trabaje sin molestarles, más antes nos llevarán a casa.

-¿Entonces… todavía no vamos a volver?

Esta pregunta caló profundo en Maryah. Aun con lo que la chica les había dicho, los niños parecían tristes, muy tristes.

-Lo siento, chicos… - Maryah no sabía cómo consolarles – pero al menos, ahora podrán verles y hablar con sus familias. La policía pokemon necesita estar segura de que esas personas malas ya no vendrán por nosotros.

-¡Hey, tengo una idea! – Hanne se acercó junto a Lohne y a los otros policías al lugar - ¡Que se queden en Rancho Skiddo!

Todos se volvieron hacia el chico de repente.

-¿El rancho Skiddo? – preguntó Maryah – Si es un sitio grande pero, ¿crees que estarán de acuerdo…?

-¡Hey, que yo paso allí los fines de semana!

Todos, excepto los otros dos policías, estaban muy sorprendidos.

-¿No dijiste que tenías un rancho allá en Unova? – preguntó Lohne.

-En realidad, el rancho Skiddo pertenece a unos parientes míos. Así que, como trabajo en Kalos, me hospedan allí.

-Eso es extremadamente conveniente – dijo de pronto, Lohne – demasiado, diría yo.

-¿Estas sospechando de mí, Lohne? – repuso Hannes mirándolo con su sonrisa boba – ¿entonces parezco tramar algo?

-Lohne, por favor – Kyra posó una de sus manos verdosas en el hombro de Lohne – sabes que este chico no es de esos. No vayas más allá.

-Si tú lo dices – respondió Lohne – creo que está bien.

-¿Estás hablando con tu Gardevoir de nuevo? – Hannes se acercó curioso.

-Sí – Lohne se cruzó de brazos – francamente ella confía más en ustedes que yo. Y yo confío en ella. Es todo.

-Eh… claro. Entonces, ¿soy inocente?

Lohne no respondió. Simplemente se encaminó hacia la barraca en que había estado.

-¿Habla con su pokemon por telepatía? – preguntó Maryah.

-Sep – Hannes puso una mano en su hombro – no le des muchas vueltas, no son muy comunicativos. Aunque Laila dice que si ha hablado con ella.

-Ya veo… - Maryah decía esto mientras veía a ambos alejarse – que… raros…

En eso, todos se volvieron hacia los niños, que miraban curiosos sin entender lo que acababa de ocurrir.

-Vamos, vamos, ignoren todo eso – dijo Hannes con una gran sonrisa - ¿entonces que dicen, niños? ¿Les gustaría pasar algún tiempo en una granja llena de pokemon?

Esta vez, los niños hicieron mucho ruido, pero por emoción. Parecían animados, y algunos incluso hablaban sobre jugar con sus pokemon. La situación había mejorado.

-Pero… ehm… - Maryah pensaba, mirando a Hannes dubitativa.

-Soy Hannes, HANNES – repuso el policía sin perder el buen humor.

-Claro, Hannes. Puede que los chicos se entretengan en ese lugar, pero… ¿y si extraña a sus familias…?

-No te preocupes, tengo montones de comunicadores allá. Simplemente los modificaré también. Seguro que a mis parientes no les molestará. Incluso estarán felices de recibirles.

-Ya veo – la chica vio a los niños que mejoraron sus ánimos de pronto – gracias por hacer esto.

-Ni lo menciones – Hannes puso su puño en el pecho con firmeza – soy policía pokemon porque me gusta ayudar.

Maryah sonrió. Este joven policía parecía alguien amistoso, alegre y confiable. Le recordaba a alguien… de su pasado. Pero ese pensamiento se disipó cuando una idea muy particular salió a la luz.

-¿Y entonces…? - un niño que cargaba un poochyena alzó su mano derecha - ¿Quién hablará primero con nuestros padres?

-¿Eh? – Hannes fue tomado por sorpresa – bueno…

-¡Decidámoslo con una batalla! – dijo entonces otro niño, cuyo Starly revoloteaba posándose en uno y otro de sus hombros.

Todos los chicos comenzaron a emocionarse, para asombro (y algo de espanto) de los policías y Maryah.

-Niños tenían que ser… - dijo Hitvick, con molestia - ¿Qué no conocen su situación…?

-Déjalos – Tech se acercó, interrumpiéndole – conocen muy bien su situación. Pero no dejan de ser niños. Es mejor que estén distraídos.

-Entonces – Hannes se alejó un poco, en dirección a la estación – aprovecharé el tiempo para dar una última revisión al programa de protección que instalé.

-Bien pensado – dijo Tech - ve, ahora.

Mientras esto ocurría, los niños ya habían creado todo un caos agrupándose por allá y por acá, mientras Maryah trataba en lo posible de que la situación no se le saliera de las manos. Unos pocos niños, que no tenían un compañero pokemon con ellos, se quedaron a un lado dispuestos a, ganara quien ganara, esperar por su lugar. La situación no era del todo justa, pero se trataba de niños, y al final, iban a hacer que todos sin excepción hablaran con sus familias. Pero, aunque todo eso era innecesario, estaba ocupando sus mentes, así que estaba bien.

-Oye… - uno de los niños sin compañero se volvió a hablarle a Laila - ¿tú no vas a participar?

-Bueno… yo… - Laila bajo un poco la mirada – no quiero que Chiara se haga daño…

-Pero - otro de los niños sin pokemon también se le acerco – si no participas no hablaras con tus padres…

-¡Todos van a hablar con sus padres! – Maryah exclamaba mientras buscaba mantener a todos los chicos dentro de su vista – ¡Nadie está obligado a participar!

-¡Hermana! – un niño acompañado de un Chingling se acercó a Maryah con prisa - ¡Sé el árbitro, por favor!

-¡¿Eeeh?! – Maryah ya no podía con lo que estaba ocurriendo - ¡Pero yo…!

-Bueno, jovencita, te lo encargamos – Tech se retiraba, dejando a Hitvick – Hitvick se quedará aquí a vigilar junto a algunos guardias. Por favor que los niños no se lastimen.

-Pero… yo…. – la chica no logró articular nada que evitara que se quedara a cargo de sus compañeros rescatados – oh, cielos…

Las batallas comenzaron, con Maryah tratando de evitar que los pokemon de los niños se hicieran daño o a los mismos chicos. Casi todos participaron, y por supuesto, los mayores eran los que lograban imponerse, dejando a los demás chicos observando como espectadores. No había ninguna organización en esa suerte de torneo que los pequeños habían improvisado, pero ellos parecían entenderla. Llegados a un momento, sólo quedaron un niño robusto, acompañado de un Shinx, enfrentándose a un pequeño atlético, de camiseta roja y ojos castaños duros, dirigiendo a un chimchar. Sin perder ni un poco de su recelo, Maryah dio la señal para que la batalla iniciara, aunque ésta no duró ni siquiera 3 minutos. Muy pronto, con unos buenos arañazos y ataques de brasas, el pequeño shinx cayó debilitado.

-¡Shinx ya no puede pelear! – Maryah se apresuró a terminar con la pelea - ¡Gana chimchar!

El perdedor estaba un poco molesto, pero se calmó en cuanto su shinx se acercó con expresión lastimera. El chico lo comenzó a acariciar afablemente para animarlo, cosa que funcionó. Sin embargo, el ganador, no parecía satisfecho. Tampoco su pokemon.

-¿Entonces ya termino? – dijo el niño - ¡Pero fue muy corto!

-Hey, ya ganaste, ¿no? – Dijo Maryah amistosamente – significa que te corresponde el primer turno.

-Bueno sí… - el niño aun parecía inquieto – pero chimchar aun quiere pelear.

El pokemon de fuego saltaba y saltaba sin parar, mientras hacía una especie de juego de pies, como si esperase al siguiente contrincante.

-Bueno, juega con él o algo – dijo Maryah viendo esto mismo – no necesitan combatir hasta caer.

-¡Un minuto! – el niño no parecía haberla oído - ¡Falta ella!

El impaciente muchachito señaló a Laila, que había estado mirando todas las batallas desde cierta distancia, junto a los chicos que no contaban con un pokemon.

-Ella no quiere pelear…

-¡Oye, tú! – el niño fue corriendo con su chimchar hacia Laila - ¡Lucha contra mí!

-¡Basta ya, espera…!

Nada pudo hacer la joven para detener a todo el grupo de niños, que ya olía otra entretenida batalla, corriendo tras el chimchar hacia donde estaba Laila. Esta, presintiendo lo que se venía, se puso de pie para huir, pero pronto se encontraba siendo vista con atención por todos esos chiquillos.

-¡Vamos! – el pequeño dirigió al chimchar frente a sí, preparándose - ¡Tú eres la última!

-No… está bien – Laila abrazaba a Chiara con suavidad – no quiero que Chiara pelee…

-Pero el turno…

-No me importa si soy la última – dijo Laila – así que está bien.

Maryah suspiró. De entre todos esos niños, Laila parecía ser la más sensata. Y esperaba que así se mantuvieran las cosas y ese desorden terminara por fin, pero solo con una palabra clave, el combativo pequeño iba a hacer a Laila reaccionar.

-Tu vulpix jamás se hará fuerte si no peleas – dijo el niño – yo quiero ser más fuerte que esos hombres que nos llevaron. ¡Para darles una lección si los veo!

Laila abrió tamaños ojos. Era verdad. Su vulpix, cuando esos hombres las atacaron, intento con valor defenderla como pudo, pero no estaba bien entrenada aun, ni había desarrollado suficiente habilidad. Entonces recordó las palabras que Lohne le había dicho hacía tan solo un par de días; "¡Tú debes ser más fuerte! ¡Ser más fuerte para protegerte y a aquellos que te importan!". Sus ojos azules adquirieron un tono de seriedad que nunca había tenido. Miró a Chiara. Parecía que esta leía su mente, no podía evitar pensar que era así. Ese chimchar les estaba provocando como podía, y aunque esta batalla no era tan en serio como las que había visto librarse, no quería ser la que retrocediera otra vez.

-Está… ¡Está bien!

-¡Laila! – exclamó Maryah con algo de disgusto – no pueden obligarte a pelear…

-No… - la niña soltó a Chiara, que aterrizó de pie y encaró al ahora emocionado chimchar – pero tengo que ser más fuerte para protegerme a mí misma y a la gente que quiero.

-¿Proteger…?

La joven vio de pronto que la niña, mientras le decía esto último, miraba a un lado del campo en que estaban. Allí, de pie y observando, estaban Lohne y Kyrah.

-¿Acaso…?

-¡Hermana! – el chico que acompañaba al chimchar le llamo de pronto - ¡por favor danos la señal!

-¡Pero…!

-Quiero… quiero hacer esto, hermana – Laila le miró suplicante – por favor.

-Bien… - la joven castaña suspiró resignada - ¡pero no se excedan!

Los dos pokemon se pusieron en posición, listos para la señal de su improvisado árbitro.

-¡Co… comiencen!

-¡Chimchar, - el retador ya no podía esperar – usa arañazo!

El pokemon de fuego dio un salto y se lanzó contra Chiara para atacar.

-¡Cu…cuidado, Chiara!

Eso no era una orden. Ni siquiera una petición, solo una voz de alarma. Chiara no supo cómo reaccionar, y ya sin tiempo, recibió el ataque de lleno, cayendo hacia atrás.

-No… - la pelirroja comenzaba a confundirse.

-Ya, es todo – Maryah comenzó a avanzar al medio del campo – es sufí…

-Quédate donde estás.

-¿Qué?

La joven vio entonces a Lohne y a Kyra acercarse a donde ella estaba, deteniéndose ambos a su lado.

-¿De que estas hablando?

-Espera – Lohne insistió – no intervengas.

Maryah no entendía por qué estaba haciéndole caso a ese tipo, pero, por alguna razón desconocida para ella, lo hizo. La batalla continuó, siempre a favor de chimchar, y dado que Laila no podía dar sus órdenes claramente, vulpix recibía sin remedio algunos ataques, y escapaba como podía de otros. Entonces, Lohne dio un suspiro que Maryah notó. Un nuevo arañazo logró acertar al vulpix, derribándolo.

-¡No, Chiara!

-¡Ahora Chimchar – el chico de camiseta roja ya veía la victoria – usa brasas…!

-¡ALTO!

Todos se quedaron en silencio, y chimchar no llegó a atacar, dándole a Chiara tiempo de reincorporarse. Todos se habían vuelto hacia Lohne, que ya caminaba hacia Laila.

-¿Qué estás haciendo, niña? – pregunto el pelinegro.

-Yo…

-¿Acaso crees que las batallas se ganan por arte de magia? ¿Cómo quieres ganar si ni siquiera sabes qué hacer? Solo logras que tu compañera se lastime sin razón. Sólo la estas lastimando.

-Yo… solo quería… - la pequeña comenzó a lagrimear – ser más fuerte…

-No sé muy bien por que están teniendo una batalla entre ustedes – Lohne se agachó para quedar a la altura de Laila – pero no debes hacerlo si no estás preparada.

-Sí… - Laila bajo la mirada, llena de decepción – tienes razón, soy una tonta…

Chiara se acercó a los dos, pegándose a Laila para consolarla.

-Lo siento Chiara. – Laila se agacho a acariciarle – perdón por lastimarte… no debí ponerte a pelear con alguien más fuerte que tu…

El vulpix no estaba molesto. Pero tampoco parecía feliz por lo que pasaba. Solo miraba a Laila, esperando algo, algo que Laila no entendía. Pero Lohne sí.

-Muy bien – dijo el joven de pronto – detesto repetir las cosas, así que voy a hacer esto solo una vez.

-¿Qué? – Laila reacciono de pronto - ¿De qué hablas?

-Niña, préstame un rato a tu vulpix.

-¿Eh?

-Yo voy a guiarlo en esta batalla. – Dijo Lohne, determinado – Tu vulpix, quiero decir, Chiara quiere luchar, quiere ser fuerte como tú dices querer ser. Quiere ganar.

El chico comenzó a acariciar al pokemon de hielo. Este no se lo impidió.

-Y quiero – continuó el joven – que prestes atención. Es cierto, ese chimchar es más fuerte que Chiara. Pero esos es solo una pequeña parte de lo que consisten las batallas.

-Lohne…

-Entonces, ¿me lo permitirán?

Laila miró a Lohne con atención. Su mirada fría de siempre parecía haber dado paso a una casi comprensiva. Y esta se volvía hasta afable cuando acariciaba a Chiara.

-Está bien… - se volvió hacia el vulpix – Chiara, por favor haz caso a Lohne. ¿Confiarás en él?

Chiara dio un trino afirmativo, moviendo sus colas en abanico. Lohne dio una pequeña sonrisa.

-¡Oigan! – el entrenador de chimchar estaba impaciente y aburrido - ¡vamos, ¿qué están haciendo?! ¡Cambiar de lugar con otro es trampa!

-No es trampa – Lohne se reincorporó – pelearás con el mismo pokemon. Pero yo guiaré. ¿No te molesta, cierto?

-Bueno…

-¿Qué tal esto? – el pelinegro puso ambas manos en sus bolsillos, relajado – si ganas, entonces serás nombrado el entrenador más fuerte de esta estación. Mira, hay un policía allí como testigo.

Todos miraron hacia Hitvick, quien retrocedió un poco con confusión, sin saber cómo responder.

-¡Muy bien! – dijo de pronto el niño - ¡entonces seré el más fuerte entrenador de la policía pokemon!

-Todo arreglado entonces. – Lohne se volvió hacia Maryah – ya escuchaste. Da la señal.

Maryah se quedó pensando un momento. ¿Qué planeaba este sujeto? ¿Qué pasaba por su cabeza? Primero le dijo que no interfiriera, solo para inmiscuirse el mismo después. ¿Cuál era su problema? Comenzaba a enfadarse de nuevo, hasta que pronto, oyó los reclamos de los niños para que comenzara de una vez. Suspiró nuevamente con fastidio, y marcó el inicio.

-¡Chimchar, usa brasas! – nuevamente emocionado, el pequeño entrenador ordeno - ¡ahora!

-Chiara, salta hacia la izquierda y golpea con azote.

El pokemon níveo esquivo el ataque de fuego maravillosamente, dando un salto que la posiciono perfectamente para lanzar un fuerte cabezazo contra el chimchar, que cayó hacia atrás, sorprendiendo a todos, sobre todo a Laila.

-Escucha, Laila.

La pelirroja se sorprendió mucho. Era la primera vez, desde que Lohne supo su nombre, que lo usaba para referirse a ella en lugar de "niña".

-Lo más importante cuando luchas junto a tu pokemon, - Lohne no la miraba, pero le hablaba, casi, directamente – no es el nivel que este tenga, o los ataques que conozca, o el tipo que sea. Lo que importa es la confianza que hay entre él y tú; y la confianza que tengas en ti misma. Si no confías en lo que estás haciendo, tu pokemon también perderá confianza y se desorientará.

Laila escuchaba en silencio. Igual que todos los demás. Por su parte, Maryah y Hitvick, que no tenían un muy buen concepto de él, no creían lo que pasaba, ni lo que oían.

-¡Continúa, chimchar – el niño no quería rendirse – usa arañazo y no te detengas!

Obedeciendo, el pokemon de fuego se lanzó a por Chiara, lanzando brazadas.

-Salta sobre él y usa polvo de nieve, Chiara – indicó Lohne.

Esquivando sus ataques, Chiara dio un buen salto, y cuando logró quedar encima de su oponente, soltó su aliento gélido, que convirtió la cabeza de chimchar en una bola de hielo.

-¡No, chimchar!

-Chiara, usa azote.

El pokemon de hielo aterrizó de su salto y de inmediato dio un buen golpe con su cuerpo contra chimchar, que cayó de cara al suelo. El golpe, al menos, le liberó de su prisión de hielo. Pero ya se sentía el daño, ya que se puso de pie con dificultad.

-No puede ser… - el niño entrenador miraba todo impactado – chimchar está perdiendo…

-Chiara, vamos a terminar con esto.

El vulpix se puso en posición combativa. Laila vio, como nunca, a su amiga llena de seguridad, la veía fuerte, invencible. Y era por Lohne.

-¡Chimchar! – Ordeno el niño, ya exaltado - ¡usa brasas sin parar, rápido!

El chimchar parecía haber enloquecido, disparando por doquier. Pero Lohne había visto esto venir.

-Chiara, sigue mi voz, y no dejes de correr hacia él.

El vulpix obedeció y corrió hacia el oponente, mientras Lohne indicaba; ¡Abajo! ¡Salta! ¡Izquierda! ¡Derecha! Esquivando todos y cada uno de los ataques repetidos de fuego. Pronto, chimchar dejo de disparar, extenuado.

-¡Chimchar!

-¡Ahora,- Lohne señaló al chimchar - polvo de nieve!

Chiara arrojó de nuevo su aliento de hielo, esta vez congelando por completo a su rival.

-¡Oh no! – el entrenador de chimchar ya no sabía que más hacer - ¡libérate, chimchar!

-Muy tarde – Lohne volvió a apuntar – Chiara, acaba con azote, con toda tu fuerza.

Chiara se arrojó contra chimchar y lo aventó hacia atrás, nuevamente, rompiendo el hielo con el impacto contra el suelo. Los ojos desorientados y semiconscientes de chimchar indicaban que estaba fuera de la pelea.

-¡Suficiente – indico Maryah – Chimchar no puede continuar! ¡Gana Chiara!

Los ojitos azules de Chiara brillaban de excitación, tanto que parecían estrellas. De la emoción, se arrojó hacia los brazos de Lohne, que la recibió pacientemente, acariciándola.

-Eres ruda, pequeña – dijo el pelinegro – bien hecho.

Dicho esto, sacó un spray de su mochila y se la extendió al perdedor de la pelea.

-Usa esto, niño – espero hasta que el chico tomo el frasco – le ayudará.

-Gracias – el niño estaba algo triste – ese vulpix es increíble.

-Tu chimchar también – ante la sorpresa del niño y de la recién llegada al grupo, Laila, Lohne continuo – Azote es un ataque que hace más daño mientras más débil está el usuario. Con todos los golpes que le diste, imagine que con uno solo iba a bastar para vencerte.

Chiara, entonces, saltó de los brazos de Lohne hacia los de su compañera, que la recibió feliz.

-Buen trabajo, Chiara. – la abrazó con cariño, siendo correspondida – te prometo que la próxima vez, seré una mejor compañera para ti. Te prometo que confiaré en mi misma.

-Muy bien. – Lohne hablo de repente – niño, no puedes ser el más fuerte de esta estación después de haber perdido, pero no podemos decir que Laila te venció, precisamente. Así que, solo déjenlo en empate.

-¿Eeeeh?

El pelinegro sonrió con ironía y se alejó de los niños, dirigiéndose hacia Kyra. Pero antes, pasó del lado de Maryah, que no pudo evitar hablarle.

-¿Qué fue… todo eso? – pregunto la chica.

-¿Sobre qué?

-Todo… ir y hablar de esa manera a Laila… la vi. Ayudarla en su batalla. Ella realmente te admira mucho, a pesar de tu forma de ser. Y ya entiendo por qué.

-No sé de qué hablas – Lohne se rasco la sien un poco – solo quería enseñarle como pelear. La forma en que dejaba que atacaran a su pokemon me hacía perder la paciencia.

-Si… - la chica le miró con una sonrisa – tal vez…

El joven se volvió y salió de allí, llegando con Kyra y volviendo a su barraca. Entró y dejo la puerta abierta. Maryah se volvió hacia los niños, que hablaban animados entre sí, mientras sus pokemon jugaban, con Kiss uniéndose a ellos en sus correteos. Hannes llegó de pronto e indico a los pequeños que lo siguieran., cosa que obedecieron inmediatamente, con Laila y el pequeño de la camiseta roja encabezando el grupo.

-Tal vez… Laila tiene razón – pensaba la joven castaña – quizá… simplemente tenga que conocerle mejor.

Kiss se acercó corriendo hacia ella, que se agachó para cargarla y ponerla en su hombro. Miró hacia la barraca a la que Lohne había entrado y sonrió de nuevo.

-Supongo… que le daré una oportunidad.

Mientras eso pensaba, se encaminó también hacia la estación, en la que el bullicioso grupo que acababa de entrar.

Continuará…