La leyenda del anillo

Perdonen la demora, estuve muy ocupada y sin inspiración, pero estoy de regreso.

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Seducción

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Dúo estaba molesto, Heero había decidido ir hacia el norte a reunirse con el Barón de Kinglassie que le avisaba que los caballeros de más al norte habían llegado buscando ponerse a las órdenes suyas, pero él estaba convencido que eran excusas del tipo ese – "rubio desabrido", había gruñido en voz baja – para poder volver a ver a Heero.

Heero miró a su esposo en silencio, había estado bastante extraño desde que el halcón del Barón había llevado su mensaje. Traize le había dicho que él y el rubio llevaban mucho tiempo de ser amigos; el primero había estado casado hacía unos ocho años con una dama medio irenia, medio galesa, con quien había tenido una hija llamada Marimeia, quien se encontraba siendo educada en la corte hispana junto con su nodriza, una tal Lady Une, pero el segundo estaba a la espera de su pareja perfecta, pero sospechaba que el Barón gustaba más de los donceles que de las mujeres, porque Lady Lucrecia Noin estaba interesada en él y el hombre no le prestaba mayor atención.

- Su consorte no parece muy contento – le dijo Traize preocupado.

- Me temo que mi esposo ha estado escuchando demasiadas historias terribles sobre la primera vez – dijo enfadado – y piensa que a él le va a pasar lo mismo si yo se lo hago.

- Pues su excelencia debería mostrarle su experiencia en tales lides.

- No tengo experiencia en tales lides – le dijo intentando no ruborizarse.

- Bueno, quizás no con vírgenes o con donceles…

- Nunca he tenido sexo con nadie – le dijo en voz baja sin conseguir evitar ruborizarse de verdad – ni mujer ni doncel.

Traize lo miró asombrado, y recordó el voto que el rey le había obligado a hacer el día que esos muchachos zarparon para unirse a las cruzadas, siempre pensó que el rey exageraba, que el príncipe, estando lejos, no sería capaz de sostener la palabra empeñada, que sus propios impulsos gobernarían sobre la razón; pero él había cumplido con todo, no se iba a acostar con una persona que no fuera ante Dios y los hombres su pareja real.

- Perdone, alteza – le dijo pensativo – pero ¿conoce siquiera qué debe hacer al respecto? – es que no podía creer que hubiese sostenido su palabra pese a que sabía perfectamente que su padre jamás se enteraría si la rompía.

- Desgraciadamente, muchas veces fui testigo de ese tipo de cosas – le dijo tratando de no perder la calma – incluso vi otras que jamás debí de ver – movió la cabeza – un hombre jamás debiera imponerle sus favores a una mujer o un doncel, eso no es de caballeros.

- Lo que necesita es seducir a su consorte – le dijo pensativo – mostrarle que el sexo no es un simple ejercicio carnal, sino que una forma de afecto – sonrió.

- Te escucho – le dijo Heero instándolo a seguir.

:::::: H&D ::::::

Dúo estaba furioso, ahora sí que mataba a su esposo ¿Qué tanto hablaba con el trigueño desabrido ese? Y más con los colores que había adquirido el rostro moreno, este asentía con la cara ruborizada y hacía algunos gestos a los que el otro hombre asentía o negaba riendo ¿acaso el imbécil ese pretendía levantarle a su esposo? Ni que pensara dejarse.

- Parece furioso – le dijo Jonathan divertido – ¿Dónde está el dragón?

- Joven Jonathan – lo regañó Hilde – no debe burlarse de sus mayores, más cuando se trata de sus tutores.

- Pero es que parece que el príncipe Dúo quiere matar a alguien.

- Yo no creo que ese hombre intente levantarle a su esposo, príncipe Dúo – le dijo tratando de calmarlo – usted tiene muchas armas para luchar por él…

- Pero yo no sé cómo usarlas – dijo bajando la voz.

Hilde se ruborizó, ella era soltera, así que formas de conquistar o retener un esposo no conocía ninguna, pero de seguro alguna de las mujeres mayores podrían ayudarlos.

- Voy a sacarle los ojos a ese idiota – gruñó Dúo furioso al ver que el hombre abrazaba a su esposo quien parecía totalmente ruborizado – lo colgare de las tripas y dejaré que se lo coman los buitres – dijo decidido.

- ¡Su alteza! – trató de detenerlo Hilde – no se rebaje así, de seguro…

Pero una nube gris surgió de la nada y un rayo cayó a tierra a escasos pies de donde ambos hombres estaban, haciéndolos alejarse el uno del otro. Heero volvió la mirada hacia su consorte y notó como tenía empuñada la mano izquierda y el anillo en ella brillaba en tono rojo sangre.

- Dúo, mitescere spiritu tuo (calma tu espíritu) – le dijo Heero cogiendo su mano, atrayéndolo a su pecho y besando su puño.

- Heero – le respondió dándose cuenta que en realidad había sido su culpa lo del rayo – lo siento – agregó en voz baja, abrazándolo – no pretendía dañar a nadie, sólo conservar lo mío – terminó ruborizado.

Traize los miró asombrado ¿Qué había pasado allí? Porque obviamente había sido el príncipe Dúo el causante del rayo, porque no había señales de una nube de tormenta en el cielo, según pudo constatar, y eso también lo sabía el príncipe Heero, o si no ¿Por qué le había hablado en latín y la tormenta había desaparecido? ¿Quién era ese doncel que podía hacer algo así?

- Regresamos a casa – le dijo y se volvió a decirle a Traize – envía un mensaje al barón de Kinglassie y dile que mande a mi escolta a encontrarme en el río, tenemos muchas cosas que preparar – miró a su consorte que lo miraba con ojos fieros – no seas celoso, soy sólo tuyo – le dijo en voz baja.

- Claro, claro – le dijo sarcástico tratando de safarse de su abrazo – y yo soy la reina de Sabah – le gruñó al ver que no lo soltaba.

- Bueno, tenemos los anillos del rey Salomón ¿no? Así que algo parecido has de ser – le dijo burlón y recibió un golpe en las costillas.

- Idiota – le dijo Dúo molesto y se alejó de él.

:::::: H&D ::::::

Heero habría preferido viajar montado en su caballo, pero Traize le había recordado que llevaban a un niño – Heero le había dicho que el niño era hijo de un amigo recientemente muerto sin añadir nada más – y a su aya, por eso era mejor que viajaran en coche. Dúo y él viajaban en uno, mientras Hilde y Jonathan iban en otro, así podrían descansar tranquilos y con mayor intimidad, según le recordó Traize.

- Creo, Dúo, que tendrás que aprender a controlar tus emociones – le dijo Heero – no quisiera que te metieras en problemas por culpa del anillo, me di cuenta que Traize descubrió que el rayo lo lanzaste tú.

- No sabía que podía invocar algo así – le replicó molesto por el regaño.

- Sé que no – aceptó – pero no conocemos el poder ni el alcance de los anillos, por lo mismo debemos tener cuidado – le tomó la mano en que llevaba el anillo – ya hay alguien detrás de mí por el poder que tengo como rey de Eirina ¿te imaginas de lo que serían capaces de hacer si piensan que tú tienes poderes mágicos o místicos? No sabemos siquiera quiénes son o qué quieren, no quisiera que te hicieran daño por mi culpa – le besó la mano – ya de por si estás casado conmigo por ayudarme y no porque así lo desearas.

- No me arrepiento de haberme casado contigo – le replicó – he salido ganando.

Heero sonrió para sí, Dúo simplemente tenía que aclararse, pero si reaccionaba así era porque algo debía sentir por él, quizás debiera aprovechar el viaje para poner en práctica el plan que venía forjando en su mente desde que escuchó los consejos de Traize, aunque tendría que tener cuidado con sus celos.

- Heero, cuando estabas en Tierra Santa ¿Cómo eran las mujeres de allá?

- No tuve mucho contacto con ellas, en realidad, eran muy pocas las mujeres blancas en esos lados, generalmente eran las esposas de alguien, y las mujeres de los musulmanes era casi imposible verlas, las tenían en los harenes con guardias eunucos – se encogió de hombros – deberás preguntarle a Wufei, creo que conoció a algunas y por eso lo querían castrar.

- Pero tienes que haberte relacionado con alguna por allá ¿no?

- Insistes en preguntar por el pasado – le tomó el rostro – lo que es tuyo ahora, no ha sido nunca de nadie más – le aseguró.

Dúo lo miró divertido, como dudando de sus palabras, pero de todas maneras dejó que lo besara en los labios, Heero sí que sabía decir las palabras más bonitas que una doncella o doncel ansiaría escuchar.

- Sé que no me crees… - empezó pero fue interrumpido por el relincho de los caballos y la brusca detención del coche.

- Excelencia – le dijo un soldado golpeando la ventanilla – viene un grupo de soldados lanzando flechas de advertencia – le explicó al verlo asomándose a la ventanilla.

Heero se quedó pensativo y miró a Dúo, debía ser gente de Eirina, no creía que los bretinios se adentraran en sus tierras con tanto desparpajos, pero no sabían quién venía en el coche.

- Son arqueros de un clan desconocido – dijo otro de los soldados – no traen emblemas en sus escudos ni usan nuestras vestimentas.

- Heero ¿Por qué no le preguntamos a las sombras quiénes son? – le dijo Dúo en voz baja – así podremos planear una vía de escape ¿no crees?

Heero cerró la ventanilla al escucharlo y frotó el anillo en su mano:

- Hi quaerunt homines illos, Qui sunt isti, volentes habere? (Algo buscan esos hombres ¿Quiénes son y qué desean?)

- Has mittit mali vis in manus quaerentium mortis habes potestatem (Esos son enviados del mal, quieren el poder que tienes en tu mano y buscan tu muerte) – le dijo una sombra asustando a Dúo que se sentó de un salto al lado de Heero muy apegado a él – Donec sit heres, sequetur umbram (mientras no haya un heredero, perseguirán tu sombra)

- Quare heres? (¿Por qué un heredero?) – dijo Dúo.

- A filio reddam statera (Un nuevo niño reestablecerá el balance) – le dijo y desapareció.

- Su excelencia, vienen en son de guerra, han herido a uno de los nuestros – le dijo el soldado mientras trataban de controlar a los animales que se removían instintivamente para evitar las flechas que caían.

- Saquen a Hilde y a Jonathan del otro coche, tomen también al herido, y que dos de ustedes los lleven a Kinglassie por el camino de Glassgow, el resto se viene conmigo y con Dúo, es a mí a quien quieren, así que nos dirigiremos hacia el río – ordenó abriendo la puerta y miró hacia los cocheros – regresen con Traize y díganle que mande una avanzada, que nos persiguen – se terminó de bajar del coche y le tendió la mano a su esposo – tendremos que montar.

- Pero nuestras cosas… - miró sus arcones – nos las mandarán después ¿verdad? – suspiró bajando tomado de su mano.

- Vamos – tomó su alazán y al bayo a su lado, apretó un poco la cincha y ayudó a Dúo a montar para luego hacer lo propio – tres escoltas alrededor de Dúo, tres conmigo – ordenó y se echaron a galopar rumbo al río separándose del otro grupo mientras una lluvia de flechas caía detrás de ellos sin dañarlos, Dúo sospechaba que por efecto del anillo de Heero.

Pero frente a ellos, antes de poder llegar al bosque, surgió un nuevo grupo de jinetes. Eran de los mismos que los perseguían, así que Heero hizo una seña al líder de los guardianes de su esposo y se separaron torciendo unos a la derecha y los otros a la izquierda evitando a los enemigos. Pero al pasar frente a ellos Heero vio que bajo la visera del casco de metal no había un rostro sino una sombra negra de ojos llameantes. Así que a eso se refería la sombra con lo de los enviados del mal, esos no eran humanos.

Torció su propio camino alejándose lo más posible mientras sus acompañantes levantaban sus escudos para protegerse de la lluvia de flechas, pero eso les permitía poner distancia con los perseguidores, quienes debían frenar sus animales para poder dispararles. Miró hacia el frente y torció de nuevo entrando en el bosque de gruesos robles, pero vio una pequeña figura frente a él, la misma que asustó a su alazán y por poco lo derriba al pararse sobre sus cuartos traseros.

- Homoj ne povas eniri ĉi loko (Los humanos no pueden adentrarse en este lugar) – le dijo la criatura.

- Homoj ne devus kompreni la voĉojn de nevideblaj estaĵoj (Los humanos no deberían entender las voces de los seres invisibles) – le replicó consiguiendo controlar el animal.

- Havas la povon de kontroli la infaninoj de la ombroj, sed en danĝero (Tienes el poder de controlar a las criaturas de las sombras, pero corres peligro)

- Ĉu vi scias kiu estas viaj persekutantoj ni? (¿Sabes quiénes son aquellos que nos persiguen?)

- La FAE ĉiam havis negocojn kun la elektitoj, sed ne ĉiuj FAE fari helpi, estas ambicia. Tiuj ringoj povas alpreĝi Pentatron, la plej potenca FAE, sed kiu malamas homoj (Las fae siempre han tenido tratos con los elegidos, pero no todas las fae lo hacen por ayudar, las hay ambiciosas. Esos anillos pueden invocar a Pentatron, la fae más poderosa, pero la que más odia a los humanos)

- Mi ne volas pli da potenco ol mi jam (Yo no quiero más poder del que ya tengo)

- Elektita de la finfina potenco de bonaj, vera Kreanto, ili neniam volis (Los elegidos por el máximo poder del bien, del auténtico Creador, nunca lo han querido) – se quedó en silencio – Via Doncel estas speciala, ke en la regxa kastelo estas la libro kiu liberigos lia potenco (Tu doncel es especial, en el castillo del rey está el libro que liberará su poder) – terminó y desapareció.

Heero miró a su alrededor y notó algo extraño, es como si el tiempo que habló con aquella criatura se hubiese detenido, los soldados a su alrededor parecían no haber visto nada de lo que le pasó.

- Excelencia, han dejado de seguirnos, pero parece que se han concentrado en el príncipe Dúo – le dijo uno de los soldados.

- Vamos hacia el río, desde allí los atacaremos – dijo y retomaron su camino a toda velocidad.

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Dúo miró sobre su hombro, al parecer esos tipos tenían miedo de entrar en el bosque y por lo mismo trataban de evitar a toda costa que ellos lo consiguieran. Heero y los suyos debían de haberlo conseguido y por lo mismo ahora se concentraban en perseguirlos a ellos.

- Alteza – le dijo uno de los soldados señalando un grupo de matorrales y Dúo asintió, si lo saltaban podrían entrar por el bosque, aunque no sabían que había del otro lado. Decido, acortó las riendas y se dirigió hacia los matorrales y emprendió un salto, pero al momento de tocar tierra notó que algo extraño ocurría a su alrededor, era como si hubiese entrado en otro mundo, porque ese no era el bosque que había vislumbrado desde el otro lado de los gruesos troncos.

- Longa vivo kaj sano ami Reĝo posedanto (Larga vida y salud al dueño del amor del rey) – le dijo una pequeña criatura de aspecto etéreo – kaj akompani promesplenan estontecon (y le acompañe un futuro promisorio)

- Kia loko estas tio? (¿Qué tipo de lugar es este?) – le dijo asombrado.

- Ĝi estas sentempa loko de homa (Es un lugar fuera del tiempo de los humanos)

- Mi devas reveni kun Heero (Debo regresar con Heero)

- Trovu la libro de vivo, kaj liberigi vian potencon, Via Moŝto (Encuentre el libro de la vida y libere su poder, alteza) – le dijo desapareciendo, y junto con ello vino a estar de regreso al bosque junto a los soldados a su alrededor. Miró sobre su hombro y vio que sus perseguidores habían desaparecido. Escuchó un ruido de cascos de caballos y volvió a mirar hacia al frente viendo que Heero venía hacia ellos.

- Se han ido – dijo uno de los soldados a su lado asombrado – son rápidos.

- Estamos en un bosque sagrado – le dijo Heero y se detuvo junto a Dúo – no les hicieron daño ¿verdad? – miró a su esposo y este negó con la cabeza – bien, entonces retomemos el camino a Kinglassie, de seguro Trowa y mi escolta estarán en camino

Los soldados cambiaron de posición alrededor de ellos y comenzaron a avanzar hacia el río, estaban bastante lejos del camino principal, pero era la vía más segura a seguir si no querían volver a encontrarse con los extraños caballeros.

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Heero estaba sentado en una piedra junto a la fogata que los soldados habían encendido para cocinar unos peces que habían pescado en la ribera del río. Como eran soldados de Traize, se habían espantado cuando Heero se había subido las mangas y había limpiado el pescado como un experto.

- La cara que han puesto – se carcajeaba Dúo divertido apoyado en el tocón de un árbol – ¿acaso no saben que para sobrevivir en la guerra saber hacer cosas como esa es completamente necesario?

- Pero es que su excelencia…

- Hay cosas que se deben hacer para sobrevivir, especialmente cuando estas en territorio enemigo – dijo Heero dejando el afilado cuchillo a un lado – incluso ir contra todos tus principios y valores, o arriesgarte a que te maten los que están a tus espaldas por no hacer lo que ellos creen que es justo – se lavó las manos en el agua del río a su lado – esta cruzada va destinada al fracaso.

- Su Excelencia Traize dijo que le ofendía que el rey no lo hubiese mandado con usted, porque había mandado a los mejores soldados a las cruzadas.

- Traize estaba a punto de casarse – le dijo Heero encogiéndose de hombros – y el Papa había pedido hombres que estuviesen libres de todo lazo terreno y dispuestos a morir por la fe de los cristianos, y eso fue lo que Eirina envió.

- Debe haber sido horrible estar allá – dijo Dúo acercándose a Heero para abrazarlo – hueles a pescado – se alejó haciendo un gesto.

Heero lo miró divertido, pero no le dijo nada.

- Asaremos el pescado así – les dijo colocando la presa ensartada en un palo sobre la fogata sin tocar totalmente las llamas – a ver si encuentran algunas bayas silvestres para acompañarlo – ordenó y cuatro de los soldados se separaron para obedecerlo.

Los otros soldados mantenían su distancia de sus soberanos y Dúo decidió sentarse junto a Heero, tenía curiosidad acerca de lo que había visto en el bosque y el motivo por el cual Heero había dicho que era un lugar sagrado.

Heero levantó la mirada hacia su esposo y le señaló que se sentara a su lado sobre su capa que estaba sobre un tronco caído.

- Latine loquamur, non intelligunt militum (hablemos en latín, los soldados no lo entienden) – le dijo Heero mirando a los soldados que permanecían a cierta distancia de ellos – Mirum mihi visum equitando per siluas (tuve una visión extraña mientras cabalgábamos por el bosque)

- Vidi etiam extraneo intrare conatur saltus (yo también vi un ser extraño al tratar de entrar al bosque) – le dijo Dúo – peregrinus ego paulisper nauibus (me transportó a un lugar extraño por unos instantes).

- Arbitror mundum diximus incurrere benigna fae (Creo que hemos entrado en contacto con el mundo de las fae benignas) – se miró las manos – unus tamen ex illis mihi potestatem creatura umbris, etiam accitis rationarium imperii potentissimum, sed sum in periculo (una de ellas me dijo que puedo controlar a las criaturas de las sombras, incluso invocar a la más poderosa, pero corro peligro).

- Qui locutus est mihi de me ipso aliquid creaturae invenio libero vitae meae (La criatura que habló conmigo me dijo algo acerca que debo encontrar el libro de la vida para liberar mi poder).

Heero suspiró y miró a los soldados.

- Mihi quidem, sed etiam se in arcem (A mí me dijo lo mismo, pero también me dijo que estaba en el castillo) – se quedó en silencio – quid est quod me sollicitissimum vere haec mala non sint ibi casu (lo que en verdad me preocupa es que esos seres malignos no están aquí por casualidad)

- Excelencia, perdone la interrupción, pero vienen jinetes del norte – le dijo un soldado – visten de blanco y celeste – agregó.

- Debe ser Trowa y mi escolta – le dijo y vio que los otros soldados regresaban junto a la fogata – comamos, pero no levanten la vigilancia.

:::::: H&D ::::::

El viaje al castillo de Kinglassie no había tenido mayores dificultades, pero Dúo no estaba muy conforme con tener que vérselas con el rubio desabrido como le había dado por llamar al barón del castillo. Heero había optado por no discutir con él, pero había decidido mantenerse cerca de él, acariciando su pierna cada vez que alguno de los soldados lo mencionaba o hablaba de Traize.

- Wufei no vino con los soldados – señaló Dúo pensativo – ¿le pasó algo? – miró a Trowa que marchaba no muy lejos de ellos.

- Se quedó en Dublin con mi "futuro esposo" – dijo mirando no sin cierta molestia a Heero – dijo que quería aprender más de las costumbres de nuestro país porque venía desde muy lejos – miró a Heero – el matrimonio con Quatre será dentro de un mes, el obispo dice que deben publicarse las amonestaciones con la autorización del rey y que, por lo mismo, debe hacerse primero la coronación – miró a Dúo – va a ser una auténtica locura.

- ¿A qué te refieres con eso? – le dijo Heero extrañado.

- Usted nombró al príncipe Dúo como su consorte y no como su esposo, por lo mismo debe ser coronado también, pero al parecer no había habido un príncipe consorte desde hace más de trescientos años y fue porque había una princesa heredera y no un varón – miró a Dúo – jamás se le había dado poder ni a una mujer ni a un doncel, por lo mismo algunos nobles andan buscando la forma de evitar que su alteza sea coronado como consorte.

- No hay leyes que me impidan darle poder a Dúo – señaló Heero – tendrán que aceptarlo aunque no les guste.

- Eso han dicho los ancianos de muchos clanes – intervino otro soldado divertido – y las mujeres de todo el país se pelean por ser las acompañantes del príncipe, están buscando las mejores costureras del país y quieren hacerle un ajuar adecuado a su categoría – sonrió – esa es la locura que hay, porque están preparando otras cosas más "femeninas" para la fiesta de la coronación, aunque no han querido decir qué es eso, pero sí que será una sorpresa para el rey.

Heero trató de no demostrarlo, pero le habían picado la curiosidad. Resopló como si estuviera molesto por el hecho y se encogió de hombros como si no le importara.

- Esperaba noticias de algún enviado papal o algo así para la coronación.

- Este hombre – renegó Dúo y se detuvieron a la entrada del castillo de Kinglassie – no deberías ser tan serio, te van a dar agruras – le dijo cogiendo su brazo para acercarlo a él.

- Siempre hay cosas más importantes que las ropas que vistes – le dijo tratando de mantener la calma – además, creo que la ropa bonita a ti te sobra, eres guapo de la forma que te vistas, ya me imagino cómo serás sin ella.

- ¡Heero! – le replicó escandalizado y por poco y lo bota del caballo del golpe que le dio para alejarlo de sí y entrar raudamente en el patio del castillo.

Heero sonrió para sí, realmente eso de molestar a Dúo comenzaba a gustarle.

:::::: H&D ::::::

Tal como le habían dicho los guardias, el castillo de Dublin estaba revolucionado, por lo que le dijo uno de los viejos guardianes de su padre, no habían estado las damas y donceles tan alborotadas desde el día de su nacimiento, es decir hacía más de veinte años. Esa vez había sido una locura el nacimiento del heredero, cada una quería regarle el mejor ajuar a su futuro soberano, pero ahora la locura era superior, era como si una de ellas fuera a ser parte del co reinado del príncipe Dúo, porque si bien era doncel, era también como darle poder a las mujeres.

Y esto los había separado, cosa que lo molestaba bastante, porque mujeres y donceles estaban preparando a Dúo en "cosas femeninas" y por poco no lo habían sacado de su habitación matrimonial, pero todo ese ir y venir Dúo se veía agotado y no se atrevía a iniciar con otros avances.

Y es que tampoco era que él no estuviera agotado, había tenido montones de reuniones con los distintos líderes de clanes, tenía que reorganizar la guardia real y el ejército, pero ello requería grandes cantidades de dinero con el que no contaban, escaseaban los víveres y el forraje para los animales, dada una prolongada sequía y la extraña enfermedad que había llevado a la muerte al rey, lo que había obligado al consejo a entrar en gastos para mantener el reino en pie, en especial por los constantes ataques del príncipe Juan desde el sur.

- Las minas no han podido ser explotadas, se han repetido los accidentes cada vez que se abre un nuevo pique, hace unos días hubo uno en las minas de oro de Arbroath en que murieron ocho hombres – le dijo uno de los consejeros – dicen que sopló un viento caliente, entró por la mina y un violento terremoto la derrumbó.

"Los demonios están atacando los puntos débiles de mi reino, pero ¿qué es lo que quieren?" se dijo pensativo escuchando el resto de las noticias respecto a otras minas.

- Pero lo peor es que dicen que se han visto grupos de seres malignos en el castillo de Wick – dijo otro consejero – muchos de los vecinos del poblado cercano dicen que el caballero de ese castillo tiene un pacto con el innombrable – dijo estremeciéndose – y que hasta hace sacrificios humanos.

- ¿Saben algo de ese caballero?

- No creemos que se trate de un eirino – dijo el mismo consejero – estuvo aquí para hablar con su padre pocos días antes que este se enfermara, al parecer quería que el rey le entregara el reino porque el heredero estaba desaparecido y de seguro nunca iba a regresar. El rey lo rechazó y este se fue maldiciéndolo y desde entonces el reino ha pasado muchas penurias.

- Porque el reino no tenía un heredero – dijo Heero – de seguro él sabe que yo estoy a punto de tomar las riendas del reino y su maldición vendrá hacia mí…

- Excelencia, debe hablar con el príncipe Dúo, sin heredero Eirina desaparecerá, ya sea por acción de ese hombre, ya sea por acción del rey Juan.

- Eso tiene solución – dijo finalmente – y Juan no será rey eternamente porque no es más que un usurpador, pero si llegase tener en sus manos al verdadero heredero de Bretinia, ya no seríamos nosotros los únicos amenazados.

- Tiene que haber algo que podamos hacer…

- Sólo desear que el príncipe Dúo nos dé un heredero – le dijo.

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Dúo estaba agotado ¡esas mujeres estaban locas! Así que decididamente las evadió y se salió del salón en donde ellas estaban reunidas eligiéndole la ropa que iba a usar el día de la coronación y la posterior fiesta, cada cual hacía un comentario más atrevido e incluso habían señalado qué debía hacer para conseguir que Heero no mirara para "otros lados", porque siendo el hombre tan guapo de seguro iban a tratar de levantárselo mujeres sin escrúpulos.

Entró en la habitación y vio a Heero sentado en una se las sillas con la carta que lo había hecho regresar a su reino.

- ¿Pasa algo malo?

- Necesito un heredero.

- Eso ya lo sé – le dijo molesto sentándose en el suelo frente a él – pero no hay apuro, ni siquiera sabemos por qué te llegó esa carta.

- Dúo, esta carta es de mi padre – le aseguró – esos demonios no aparecieron solos, creo que el barón de Wick, quien debe de haberse apropiado a la fuerza del castillo y del título, los invocó para hacerse del trono de Eirina – dejó a un lado el escrito – los consejeros señalan que estuvo aquí exigiendo se le entregara el trono por no haber heredero y al ser la respuesta negativa, le lanzó una maldición a mi padre, quien falleció por una extraña enfermedad.

- Y crees que la maldición puede recaer sobre ti.

- No sería importante, pero te he nombrado mi consorte, lo que te autoriza a ser el rey aún si yo muero sin dejar un heredero – suspiró – no quisiera que te obligara a casarte con él o te diera muerte para adueñarse del trono, lo que provocaría que mis súbditos se levantaran en su contra y si, como temo, realmente tiene pacto con el señor de los abismos, será el fin de Eirina y luego de todos nuestros reinos vecinos, porque sacrificará a los inocentes por poder.

- Pero nosotros tenemos los anillos del rey Salomón…

- Lo que nos pone más en riesgo – se levantó y se sentó a su lado en el suelo – no sé si los demonios le hayan dicho que tenemos los anillos, posiblemente no, pero usarlos también es un riesgo, si llegase a saber de su existencia, obviamente va a querer usarlos y vaya a saber qué ambiciones tiene ese hombre, si fue capaz de vender su alma por un trono, ¿qué haría con el poder de Salomón? Fue capaz de matar a mi padre por tan poco ¿qué no hará por algo mejor?

Dúo se quedó mirándolo preocupado, había escuchado a las mujeres decir que el padre de Heero había empezado con una extraña enfermedad que lo hacía vomitar sangre negra, lo que le recordó que su esposo lo había hecho esa noche en que se casaron, y que luego había empezado como a secarse, había perdido mucho peso, había perdido el cabello, el color y finalmente había comenzado a hablar incoherencias en una lengua que nadie comprendía. No quería que eso le pasara a su esposo, Heero se merecía llegar a viejito y tener muchos hijos hermosos, los mismos que él podía darle.

Ruborizado, se decidió, iba a conseguir que Heero le hiciera un hijo esa misma noche y, para ello, iba a poner en práctica todos los recursos a su alcance, incluso aquellos consejos subidos de tono que le habían hecho las mujeres mayores…

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Continuará…

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Lo siento, me he demorado mucho en tener esto listo y lo he dejado en lo mejor, tengo que tomar fuerzas para escribir un lemon adecuado para ellos.

Por cierto, gracias por los comentarios, intentaré chicotear un poco los caracoles antes que llegue fin de año, pero no prometo nada.

Shio Chang

Por cierto, esta vez beteó Wing Zero, pero no le gustó que aún no pase nada entre los protagonistas XP