Era muy temprano en la mañana, apenas había amanecido, antes de que llegara su ayuda de cámara tenía su propio ritual en soledad, escribía en un diario todas sus tensiones a veces sueños que eran recuerdos que había olvidado, era como si alguna parte de su alma se hablara a sí mismo, lo comenzó desde que aparecieron las alucinaciones como una especie de terapia, no había dormido casi nada durante la noche así que se sentó en su pequeño escritorio de madera en su habitación, con los ojos cerrados respiro profundamente luego miro por la ventana y fue entonces cuando la vió, de gris caminando muy rápido por los jardines, frunció el ceño, su corazón se agitó, sintió miedo, no llevaba esa pequeña maleta consigo pero eso no le reducía el temor de que se marchara, se acercó a la ventana observándola detenerse en un punto y girar hacia el edificio, instintivamente se oculto en el marco pero no la perdió de vista, lo miro todo a su alrededor de punta a punta, después solo siguió el rumbo podía intuir a donde iría. Cuando su comitiva llegó él ya estaba vestido, con un ademan le restó importancia al hecho de las disculpas de su ayuda de cámara por pensar que llego tarde, en los años que pasó en el ejército nadie lo ayudaba a vestirse pero estando allí y siendo un Lord era parte de su vida. Esa mañana más temprano de lo habitual salió con su caballo a galope, no tenia otro pensamiento que asegurarse de que estaba bien, no se acerco lo suficiente para que lo viera pero estaba en el muelle hablaba con unas personas, eran pescadores con sus esposas los conocía a todos, seguramente se enteraron de quien era ya todos debían saberlo, estaría bien le encantaba hablar con la gente y aprender, le gustaba el mar, pensó que tal vez ese tiempo haría que volviera su sonrisa, volvió por donde había llegado y se desvió a su habitual forma de drenar los pensamientos, en cuanto estuviera en casa enviaría a un cochero a buscarla, debía ir a ver a Daisy.
Paso un par de horas conociendo a un grupo de pescadores y sus familias, por ese tiempo se olvido de su corazón roto ellos eran buena gente colaboradora y gentíl, comenzaron a referirse a ella como Lady pero pronto a punta de insistencia la llamaron por su nombre sin dejar de lado el respeto, para ellos era Lady Candy, ninguno menciono el episodio escandaloso que había ocurrido en la abadía y se sintió mejor entre ellos que en aquella enorme edificación de ladrillos grises, él no la quería allí y mucho menos su familia eso lo tuvo claro, madame Elroy se lo había dicho ya hacia mucho cuando la encaró, "eres una chiquilla insolente e igualada, jamás podrás envolver a William y te prohíbo que vuelvas o realmente conocerás el poder de los Andrew". Sintió escalofríos al recordar esas palabras, jamás volvió al castillo de verano aunque no dejó de verlo tenían su lugar secreto, ella y el príncipe… hace mucho tiempo, miro hacia el infinito mar y se dijo en voz alta "pero él no existe más".
Entro a la mansión por la cocina el cochero que fue por ella le indicó que eran órdenes de Lord Andrew llevarla de vuelta y Dorothy la acompaño hasta su habitación, había comido con los pescadores entre anécdotas del mar y no quería encontrarse con nadie de esa casa, debía pensar que hacer. Mas tarde entro una mujer vestida de satén muy envuelta en prendas y la miro por todos lados, se presento a ella como Jacky Parkins Modista y Estilista
- Mi Lady tengo perfectamente claro los colores que la favorecen pero si tiene alguna sugerencia podría agregarlas
- Yo no se nada de esto discúlpeme, solo no quiero tantas prendas ni volantes algo sencillo si es posible, con lo que pueda caminar y… Respirar
- ¡Sencillo! – exclamo con horror – pero Mi Lady es usted importante no puede ir con algo…. sencillo ante otras damas, debe resaltar, deje esto en mis manos, en cuanto su cabello… - alzo una perfecta ceja
- Nunca lo he cortado así que… - cerró los ojos en un suspiro – puede hacer lo que desee para que me vea como una dama
La modista extravagante estaba tan emocionada que hablaba sin parar de lo que haría con un lienzo en blanco mientras le colocaba encima una tela tras otra, lo había pensado mucho y él tenia razón, se había casado con todo lo que representaba aunque fuera tan distinto a lo que ella idealizó por años.
Estaba sentada en el salón perfecta como siempre con las manos entrelazadas en su regazo, parecía que nada la perturbaba incluso como si nada hubiese pasado el día anterior cuando se suponía que debía casarse pero ni siquiera llego al altar porque su futuro esposo ya estaba casado, le debía una disculpa y hasta mas que eso, se sentó frente a ella buscando las palabras aunque no encontraba ninguna que explicara lo que había sucedido, sin embargo para su sorpresa ella le sonrió ofreciéndole té
- Me supongo que tienes algún plan para resarcir esta situación cariño
- ¿Un plan?... lo siento de verdad creí que ella había muerto y nunca le dije nada a nadie…. Asumo toda la culpa de lo que sucedió ayer, no sabes como lamento que pasaras por algo así
- Bueno, ya todos confirmamos que no murió, eso habrá sido una tontería que comenten los soldados cuando piensan que no podrán volver a casa, sabes que puedes anularlo, no veo ningún problema – acarició su mejilla – no tengo nada que disculparte
- No… Daisy – se levanto de su lado y con preocupación trato de la mejor manera explicarle – no es así, yo la hice mi esposa por que así lo quise, no fue una locura y no anularé mi matrimonio
- ¡Que estas diciendo! – exclamó confundida – entiendo que tengas honor de caballero pero quizá solo con dinero ella pueda volver de donde salió, establecer una cuota mensual para su subsistencia y manutención con tal de que permanezca lejos y aislada
- Daisy es mi esposa y lo será hasta la muerte – declaró con el ceño fruncido
- Con esa afirmación sintió como la sangre empezaba a hervirle pero debía mantener como siempre las apariencias – Creo que necesitas tiempo para todo esto, fue muy impactante para todos
- Todos necesitamos tiempo para asimilarlo – suspiró – siempre serás bienvenida en casa, te queremos mucho y aunque no llegaras a ser mi esposa siempre fuiste parte de la familia
Observo como ella se levanto de su asiento y caminó pasando por su lado sin mirarlo, sin girarse a verlo mencionó
- Si tu padre viviera lo hubieses matado de un disgusto, le diste demasiados antes y ahora siguen apareciendo las consecuencias de la rebeldía insana de la que él hablaba, siquiera hubieses cumplido con su último deseo
Se sintió tan culpable que no pudo moverse del sitio, su padre había muerto y ni siquiera pudo verlo una última vez, se fue pensando que él nunca llegaría a ser un buen ocupante del lugar que dejaba, partió decepcionado de su único hijo. El Barón Mayer se tomo un buen tiempo para recibirlo, cabia la posibilidad de que no lo hicieta y cuando al fin decidió irse lo enfrentó, era un caballero respetable, con su bastón en mano se sentó en el elegante sofá y lo miro cual acusado, sin ninguna palabra esperó a que el hablara y sabia muy bien lo que quería escuchar pero no podía darle gusto, así que le relato lo mismo que había dicho a su familia y al final solo movió la cabeza en un gesto negativo.
- Mi nieta es la mas perjudicada en todo este asunto, quedó en ridículo, es un hecho desafortunado del cual William tienes que hacerte cargo, si no piensas anular tu matrimonio entonces no hay nada que hacer con relación a Daisy, es ella la que decidirá como proceder las relaciones con los Andrew, por mi parte no quiero volver a saber siquiera que existen, ni quiero que vuelvas a esta la casa de mi nieta
Entendió perfectamente su molestia y exigencia, acataría por supuesto las normas y se concentraría en resolver su matrimonio. Necesitaba recuperar a su esposa
La puerta de la habitación sonó pero ella estaba sentada en el diván absorta en la hermosa vista que ofrecía el ventanal, aún así escucho y sin voltear le dio paso a la que debería ser Dorothy
- No tengo hambre Dorothy gracias
- Deberías comer algo
- Su voz hizo que cerrara los ojos por un momento, cuánto había soñado con esa voz – disculpe Lord Andrew pero no tengo apetito – lo sintió cerca pero no quería mirarlo, trataba de aceptar quién era ahora sin sentir nostalgia
- Candy yo… no quiero que pienses que eres una prisionera, aún no sé qué habrás pasado todo este tiempo pero esta es tu casa también – se aclaró la garganta – vamos a tomar el té quiero que conozcas a la familia
- Se puso de pie y giro para mirarlo estirándose la larga falda gris de lana – como guste
- Le dolía su trato, sus ojos no lo miraban igual y había sido culpa suya, tenía ganas de abrazarla, quería hacerlo, decirle que lo sentía tanto, que había fallado en protegerla pero su intención murió cuando ella le pasó por un lado hasta la puerta y espero a que la acompañara – No quiero forzarte a nada
- Usted ha sido el único que nunca me ha forzado a nada, todo lo que he hecho ha sido mi voluntad y no me siento prisionera
En el pasillo tomó su mano y la entrelazo en su brazo, la sostuvo por un momento mientras caminaban y pensaba sobre por que era tan difícil la comunicación normal entre ellos si siempre fueron tan unidos, siempre fue sencillo hablar y reír, porque nunca se ocultaron nada y en ese momento tantas palabras no dichas los separaban. Llegaron a el salón que hizo silencio en cuanto ellos cruzaron las hermosas puertas dobles, era un sitio de lo más elegante con candelabros dorados y flores por todos los rincones, una enorme chimenea de mármol adornaba un rincón, estaba apagada por la temperatura de aquella época del año pero encendida debía ser preciosa, había muebles floreados dignos de la nobleza con bordes dorados y molduras combinadas, las personas frente a ella la miraban estupefactos pues era la única fuera de contexto, respiro lenta y profundamente caminando a su lado hacia la única persona que conocía.
- Tía ella es Candice, mi esposa – el rostro de su tía se contorsiono en disgusto pero la miro apenas, solo inclinó levemente la cabeza hacia ella sin palabra alguna, continuó con la presentación sin detenerse pero esta vez era a su esposa a quien se dirigía – te presento a Sara viuda de Legan, es la hijastra de mi tía Elroy y a sus hijos Elisa y Neil
- Había aprendido con los Dustin a saludar a las personas de la nobleza como iguales, aunque estuviese temblando por dentro hizo una pequeña reverencia ante ellos – es un gusto conocerlos
Observó como la mujer de mediana edad componía una mueca devolviéndole forzosamente el saludo, su hija una muchacha bonita y pelirroja se abanica insistentemente mientras la miraba de arriba abajo con desprecio simulado entre elegancia, el mismo que sintió de su madre y de la tía Elroy, en cambio el joven de ojos y cabello castaño la miro con una sonrisa, pero no era una sonrisa cordial, conocía muy bien ese tipo de gestos, era lascivia retorcida.
- ¡Vaya! Es por fin un honor conocerla – el caballero con una gran sonrisa se acercó a ella y la abrazo, luego le tomó la mano y dio un beso como si la conociera desde hacía mucho tiempo, era guapo, moreno y de ojos alegres – bienvenida a casa mi Lady, Soy Allistear pero puede llamarme Stear, está más acorde a mi espíritu
- Le devolvió una sincera y enorme sonrisa – gracias Stear, yo soy Candy y puedes llamarme así me siento más cómoda – a su lado otro caballero elegante, rubio y apuesto lo apartó con cuidado y se colocó frente a ella
- Mi Lady – hizo una inclinación bastante graciosa y a la vez varonil – perdone a mi hermano, yo soy Archivald Cornwell, a sus pies
- Le agradezco mucho Archivald - le sonrió
- Tía por qué no se sientan con nosotros estaba comentando a todos mi próximo proyecto – mencionó Stear
- ¿Tía? – preguntó con extrañeza
- Los hermanos Cornwell son hijos de una sobrina de mi padre y de mi tía Elroy – explicó Lord Andrew mientras se sentaban alrededor de una mesita en donde la servidumbre inmediatamente sirvió el té
El caballero alegre hablo por un buen rato y ella se concentró en cada una de sus palabras, lo prefería, sabía que lo hacia para aligerar el ambiente y hacerle tanto a ella como a su tío la estancia más llevadera, si giraba hacia los demás solo recibiría desagrado aunque no aparentaban hacerlo lo sentía. La hora del té no le pasó tan lenta con los hermanos Cornwell a su lado, se despidió de ellos con una sonrisa de agradecimiento y él la acompaño de vuelta a su habitación, entraron juntos.
- Lamento mucho si te hicieron sentir mal de algún modo, no estás acostumbrada a …
- Lord Andrew – lo interrumpió – de algún modo todos alguna vez aprendemos y no dejamos de hacerlo hasta el último respiro, sé que no pertenezco a todo esto pero aprenderé
- No lo dudo pero…. – se acercó a ella y tomó su mano, la acaricio suavemente – si pasa algo, si alguien te hace o dice algo que te incomode o te ofenda prométeme que me lo dirás - miro sus ojos preciosos brillar por un instante
- Yo no dudo que conoceré el poder de los Andrew y sabré defenderme - se apartó y suspiró audiblemente – que tenga buena noche Lord Andrew y discúlpeme con su familia el que no cene con ustedes, aún no recupero mi apetito – hizo la reverencia aprendida con los Dustin y lo observó fruncir el ceño
- Ordenaré que te traigan algo de cenar no me gusta nada que dejes de comer, siempre andabas comiéndote alguna fruta - apartó la mirada - Qué tengas buena noche Candice
Sin más cruzó el vestidor y pensó por un momento en los últimos dos días de su vida, se sentía abrumado, cansado y quizá asustado, había recuperado a su esposa y la perdia con cada hora que pasaba, era distinta, algo tenía que cambiar, ella estaba haciendo el esfuerzo así que solo le quedaba hacerlo él, conocerla, conquistarla, averiguar qué había sucedido, necesitaba su perdón, necesitaba de vuelta su confianza y su amor.
Al día siguiente la observó nuevamente muy temprano dirigirse a pie por el sendero que daba al muelle, Dorothy le informó que desayunó temprano y salió a caminar, por más que le insistía acompañarla ella agregaba que no era necesario, repitió lo de el día anterior y la observó de lejos cargar alguna cesta con las esposas de los pescadores, en la mansión se comportaba de una forma y con aquella gente era la misma que conoció y a la que extrañaba, regreso a casa a sus labores y la disculpo en el desayuno con la familia.
Esa tarde en su habitación la esperaba Dorothy con la modista, le explicó que debido a la emergencia confeccionó para ella algunos vestidos, a su alrededor solo había cantidades de tela preciosa, camisones, enaguas, cofias y sombreros que jamás imaginó tener, Dorothy estaba mas emocionada que ella misma mientras se probaba uno tras otro. Parecía que había transcurrido una eternidad hasta que por fin Jacky salió de su habitación, se miraba en el espejo y veía a alguien muy diferente, su cabello en un moño elaborado con rizos cayéndole en sus mejillas, lo había cortado bastante y le colocó un maquillaje sencillo, tenía zarcillos y prendas colgando del cuello, también zapatos de seda con tacón alto, su vestido era para cenar con los Andrew, seda de dolor lila, a ella le parecía de princesa pero Dorothy dijo que era el indicado para cenar, le confió que habría un invitado importante esa noche.
Como un caballero en lugar de cruzar el vestidor tocó la puerta de su habitación a la hora de la cena, se había perdido el té por la visita de la modista, se sentía como un pretendiente nervioso, ella al fin abrió la puerta y sus ojos la recorrieron lentamente, se le hizo un nudo en la garganta estaba hermosa, parecía como si fuese la primera vez que la viera, su cabello, los guantes de seda, lo ajustado de su vestido la hacia lucir tan femenina y sensual que su boca terminó por secarse
- ¿No cree que es demasiado? – preguntó con inocencia
- Eres perfecta – su boca estaba pintada de rosa y sus ojos resaltaban a un más, no podía dejar de mirarla
- ¿Entonces… Nos vamos? Dorothy me dijo que habría alguien importante, espero no avergonzarle
- Reaccionó ante esas palabras – el Conde de Dartmouth, Harrington es amigo de la familia tememos negocios en común, en realidad era con mi padre con quien los comenzó y de ninguna manera me avergüenzas Candy, nunca lo harías
- Lo tomo del brazo y lo miro en medio de un suspiro de alivio - Pues vamos entonces
Cuando entraron en el comedor se dio cuenta lo arreglados que iban todos para una simple cena, los caballeros se levantaron de sus asientos y en general la miraban sonrientes a excepción de las damas que a pesar de que vestía con elegancia seguían mirándola como si llevara harapos, la llevó hasta el extremo de la enorme mesa cuadrada y le presento a el caballero, su cabello tenía algunas canas era de un color castaño claro, a pesar de ser mayor era bastante apuesto, sus ojos eran verdes aceitunados y la miraban insistentes, la tomo de la mano y la beso con una inclinación
- Mi Lady… - miro su rostro entero y sonrío – soy Harrington para los Andrew y por consiguiente para usted si no le molesta
- No me molesta en absoluto mi nombre es Candice – hizo una reverencia y todos procedieron a tomar asiento el hombre no se refirió a él mismo como un Conde, cosa que le pareció extraña, por lo general a todos ellos les gustaba mencionar su rango noble
La cena transcurrió con total normalidad entre conversaciones banales, ella guardo silencio y nadie se dirigió a su persona, hablaban de fiestas y gente que no conocía seguramente gran parte para evitar la incomodidad de que hablara y cometiera algún error de etiqueta, el Conde a pesar de ser el invitado especial era bastante sencillo, hablaba con madame Elroy pero no dejaba de mirarla de vez en cuando, la hacia sentirse incomoda y más porque Eliza se daba cuenta, fruncía el ceño y la miraba con reprobación, al fin cuando terminó la cena decidieron pasar a el salón y allí pudo moverse hasta los hermanos Cornwell quería saludarlos además se sentía más cómoda entre ellos
- ¡Mi Lady! – exclamó Stear con asombro - está usted simplemente hermosa esta noche
- Eso es innegable, alegra la vista con colores, con su vestido gris me recordaba a un gatito persa que tenía de niño, sus ojos eran igual a los suyos
- Sonrió a ambos – gracias nunca me había vestido de princesa, me siento algo extraña pero me acostumbrare, me gustaría mucho que me recuerde como a su gatito Archie, y no como la usurpadora que de pronto me siento
- No estás usurpando a nadie, eres la esposa de mi tío desde hace mucho fue solo un episodio desafortunado pero evidentemente ya todo está en su lugar – acotó Stear con familiaridad
- El Conde no deja de admirarla gatita – susurro Archie con la mirada hacia él
- Giro y se encontró con sus ojos clavados en ella, pero varios ojos estaban observándola – creo que no es admiración Archie
La velada transcurrió tranquila con los simpáticos hermanos, le contaron de sus proyectos recientes y los planes para algunos futuros, eran ingeniosos, inteligentes y sobre todo claramente extrovertidos, conoció a muchos soldados como ellos en Francia.
- Llegó a su lado y le sonrió por primera vez desde que estuviera allí – Candy vamos a dar un paseo por el jardín, ¿me acompañas?
- Si, con mucho gusto Lord Andrew – a su alrededor varios alzaron las cejas por cómo se dirigió ella al que era su esposo
En el silencioso paseo por el enorme jardín iluminado ellos abrían la marcha, detrás iban los demás, giro para verlos por el rabillo del ojo y no muy lejos la Tía Elroy caminaba junto al Conde y por último los 4 jóvenes conversaban, Eliza estaba sujeta Archie, ya podría imaginarse cuál era el tema de conversación cuando todos la miraban fijamente y esa chica era la única que no le sonreía
- No me gusta que me llames Lord Andrew – miraba al frente bastante serio – sé que dije cosas…. Quiero que volvamos a ser amigos Candy
- ¿Como quiere que le llame entonces? ¿William? Me dijo alguna vez que ese nombre le quedaba mejor a su padre
- Albert, como siempre
- Está bien Albert
- Acaricio su mano sobre su brazo – ¿te he dicho que estás preciosa?
- No, muchas gracias…supongo que ahora tendré que vestirme así, no se preocupe voy a acostumbrarme – entonces hizo algo que no se esperaba, llevo su mano hasta sus labios y la besó para después entrelazarla con la suya
- Voy a ganarme de nuevo tu confianza, quisiera que dejaras de una vez de tratarme así, ¿que debo hacer para que sea como antes? – se detuvo y la miro a los ojos
- ¿Y yo tengo tu confianza? ¿Confías en mí Albert? – tardo lo suficiente en responder tanto que su tía y el conde llegaron a ellos
- Lord Andrew, si me permite el atrevimiento de caminar junto a su esposa estaría gratamente honrado
- Parpadeo un par de veces mirándola – si Harry, si a ella no le molesta
El intercambio se dio sin respuestas, Candy cedió y se colocó junto al Conde y a él no le quedo más remedio que avanzar con su tía enganchada del brazo, él tomo su mano y la miro con aquella intensidad incomoda
- Espero que no le incomode Candice, disculpe mi atrevimiento sus padres…
- Murieron – contestó inmediatamente – mi hermano y mi padre en la guerra y mi Madre años antes de una enfermedad
- Lo lamento mucho, ¿es decir que vivió con algún pariente? Tíos, abuelos, primos
- No, en la India está una tía pero no podía trasladarme hasta allá, preferí quedarme en el frente con la familia que me quedaba hasta que…
- Entiendo… ¿Estuvo sola luego de eso? William me contó que se casaron durante la guerra pero después la creyó muerta en combate con los franceses
- Pasaron muchas cosas en mi vida Conde, pero no he considerado nunca que estuve sola, siempre hubo alguien, Ángeles a mi lado
- No debe ser fácil para una mujer vivir entre soldados y la muerte, yo estuve hace más de veinte años en un batallón de infantería, y para entonces no se permitía que una dama estuviese allí y menos una tan hermosa como usted mi Lady – la miro con una sonrisa ladina
Había algo extraño en ese hombre, la noche se hacía larga mientras pensaba en la extraña forma de desperdiciar el tiempo que tenía la gente de dinero, podían hacer tantas cosas divertidas o de provecho más sin embargo se dedicaban a mirarse las caras mientras hablaban de otras personas, a pesar de ser una mansión enorme había demasiada gente en aquella casa, no parecía una familia si no más bien un hotel, ella sí que tuvo una familia, pobre en una casita más pequeña que su habitación en aquel lugar pero con cariño, hasta los Dustin eran más parecidos a una familia que ellos. Al terminar la velada la acompañó como la noche anterior hasta su habitación, en la puerta lo observó mirar hacia la esquina del pasillo en donde aguardaban su ayuda de cámara y Dorothy, parecía incomodo, la miro a los ojos y abrió la puerta, entraron juntos, el par de empleados sonrieron complacidos y se retiraron a otras labores.
- ¿Sucedió algo malo? – preguntó al verlo dudar de lo que sea que quería decirle
- No confías en mí o me contarías que sucedió contigo, ¿que pasó Candy..? ¿Por que no me buscaste?
- Desvío la mirada – me ha costado mucho superarlo, solo tenme paciencia yo sé que debo… son tantas cosas que… – camino hacia el tocador personal y prácticamente se dejó caer un poco abatida – no quiero pensar en eso ahora, trato de…ser… - se miro al espejo y no se reconoció – …ser una dama – comenzó a quitarse los ganchillos de su rebelde cabello incrustados para sostener el moño
- Se acercó a su espalda deteniendo el movimiento de sus manos, lo miro a travez del espejo y comenzó a quitárselos uno a uno – yo no te pedí que fueras una dama, pequeña lo único que quiero es que me permitas volver a ti, un poco a lo que éramos
- Cerró los ojos, su voz dulce y sus manos en su cabello la hacían sentir tanta paz que le recordaba a él príncipe, acariciaba su cabello mientras se le escapaba un suspiro, sintió su mano tibia en su hombro y la tomo volviendo a mirarlo – solo Dios sabe lo que siempre te he extrañado príncipe – puso los ojos en blanco – lo siento, Albert tratare de…
- Fue una tontería lo que te dije, es que.. cuando creí que habías muerto…mis planes eran enviarte a casa en cuanto llegaran los aliados… - se separó de ella caminando hacia otro punto sin mirarla, su mente se lleno de recuerdos amargos y culpas
- Dudó mucho pero lo siguió y lo abrazo por la cintura pegando su mejilla a su espalda – Dios nos ha dado una oportunidad que no tuvieron muchos Albert, no podemos olvidarlo pero si crear nuevos recuerdos, tratar de superarlo
- Se giró y al fin la abrazo como habría querido desde que la volvió a ver, refugiándola en sus brazos, protegiéndola, sintiéndola cerca – ¿te gustaría ir conmigo mañana a caballo? Sé que sales muy temprano sola hasta el muelle, es bastante lejos…
- No quería soltarlo ni que la soltara siquiera - ¿como sabes eso?
- Te miro caminar hasta perderte y paso por el muelle para asegurarme que estás bien – besó su cabeza – no me gusta que estés sola por eso envió a alguien, ¿iras?
- Lo miro a los ojos y al fin sonrió sonrió – si iré – le apartó unos mechones de cabello del rostro y le regalo una de esas bonitas sonrisas que solo podía darle el príncipe
- Tú cabello está más corto
- Lo sé – sonrió y toco el suyo recordándolo de la que parecía otra vida – el tuyo también - el silencio se hizo entre ambos sin separarse ni un centímetro
- Tu doncella no vendrá.. Quieres que yo te ayude con.. El vestido – dijo evidentemente incomodo
- Con una risita nerviosa asintió y se giró apartándose el cabello – si no te importa los lazos son espantosos
Con delicadeza soltó cada broche, cada lazo que dejó a descubierto su espalda blanca, sin pensar la acaricio despacio y ella se sobresaltó, giro sosteniendo el vestido mirándolo con horror, era una mirada que jamás le había visto como si él fuese a hacerle daño, frunció el ceño
- ¿por que…?
- Lo siento mucho no puedo – sin querer sus ojos se empañaron mientras se trataba de cubrir con desesperación algo que ya estaba cubierto
Su rostro reflejaba pánico, uno que lo asustaba, tenía miedo de él, otra vez aquella extraña sensación de que su Candy no era aquella muchacha asustada y llorosa, por su mente le pasaban posibilidades que no quería ni imaginar
- Candy… - se acercó despacio pero ella se alteraba más, no soportaba verla así - será mejor que me vaya… ¿Mañana te veré temprano en el establo? - Ella no lo miró ni respondió siquiera y no sabia como reaccionar - … Buenas noches
- Pasó por su lado cruzando el vestidor y el momento se derrumbo, era su culpa - déjame en paz – susurro a un fantasma – Cristina está muerta – se repitió en pensamientos
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Saludos a todas ya.. ya se que pasa por su mente jajajaja Glenda no sabes como me hacen reir tus mensajes, seguiremos aquí haciendo congeturas, me preguntaron en un mensaje por sus edades, en la epoca actual el tiene 29 y ella 22, Tranquilas la Guerra esta en su pasado enfrentaran otra clase de batallas pero personales mas adelante, Abrazos para todas nos estamos leyendo esta misma semana.
