Tezuka froto sus pies, después de un rato habían comenzado a enfriarse. A pesar de eso aun no deseaba ir a dormir. Sentado en el piso y recargado sobre la puerta cerrada, sus ojos permanecían fijos sobre la delgada figura que yacía en la cama.
La reunión de fin de año había sido un éxito. Eso si, mucho mas tranquila que el año pasado porque Fuji seguía recuperándose y Kikumaru no tenia disponible a su "socio en el crimen", por así decirlo. Esta vez hubo dos nuevos invitados: Ryusaki Sakuno, la nieta de la entrenadora y Yuta, el hermano menor de Fuji. Había venido desde el otro lado de la ciudad para ver como se encontraba su hermano tras el accidente.
Mientras que Fuji era sociable y alegre, Yuta era bastante reservado y algo caprichoso. Yuta gustaba de estar al tanto de las últimas tendencias de la moda, en cambio el aspecto de Fuji era más bien clásico y formal, aunque sin dejar de ser juvenil. A Tezuka le sorprendió que dos personas de la misma sangre fueran tan diferentes. Durante la conversación que tuvieron se dio cuenta que Yuta tenia algo que parecía decir con claridad que era el menor, aunque la diferencia fuera solo de un año y su aspecto físico quisiera decir lo contrario. Además, Yuta no poseía la singular dulzura que brotaba de manera tan natural en el genio.
Entre uno y otro bocado, hablaron de diversos temas. Para el capitán lo mas interesante había sido la parte en que Yuta le contó sobre su infancia al lado de sus padres y hermanos. Ellos eran originarios de Chiba y habían crecido al lado de sus primos y un montón de amigos. Muy lejos de lo que la gente podría pensar, Yuta había sido el hijo mas deseado por el matrimonio Fuji. Yumiko había sido concebida un par de meses después de su matrimonio. Fue una verdadera sorpresa pues aun no planeaban tener hijos. Por su parte Syuusuke había venido al mundo en gran medida por la presión de sus abuelos, que no veían bien que Yumiko se estuviese criando sola. Finalmente Yuta había nacido del deseo mutuo de sus padres por tener un tercer hijo.
Tezuka sabia bien que la belleza de Yumiko hacia que los chicos se sonrojaran y que Yuta detestaba que lo compararan con su hermano mayor. Lo que no sabía era que Fuji guardaba un enorme parecido con su abuela paterna. De ella había heredado su carácter y esos hermosos ojos azules. Tezuka siempre considero extraordinario que un japonés tuviera ojos de color pero cuando Yuta menciono que la abuela Fuji era inglesa, todo cobro sentido.
La llegada a Tokio no había sido fácil. No conocían a nadie y pronto su padre fue enviado al extranjero. A casi tres años, cada uno había encontrado su camino. Yumiko en su nueva compañía, Yuta en Saint Rudolph y Fuji en Seigaku.
Yuta le pregunto si le hubiera gustado tener hermanos, a lo que el capitán no contesto enseguida. En realidad nunca se había puesto a pensar en ello. Así que simplemente le expuso su situación. No se sentía solo por no tener hermanos y además para sus padres era una ventaja concentrarse en los gastos y educación de un solo hijo. Yuta asintió. Le confeso que estaba muy contento porque al final la naturaleza había actuado a su favor y le había dado un hermano.
Cuando su madre estaba embarazada, los pronósticos médicos apuntaban a que daría a luz a una niña. Sus padres incluso ya habían pensando en el nombre que le darían a su hija. Definitivamente tener a tres mujeres cuidándole las espaldas habría sido caótico. De todos modos el nombre que habían elegido era muy bonito y si alguna vez tenia una hija la llamaría así, Sachiko. Tezuka sintió un tremendo ardor en la garganta. Involuntariamente había tragado todo el te caliente.
El frió se había extendido a sus brazos. Faltaba muy poco para que amaneciera. Tezuka se puso de pie y camino hacia donde Fuji dormía profundamente. Todos se habían ido desde hace horas, solo quedaba el porque se había negado a regresar antes de dejar todo en perfecto orden. Para que Fuji no se perdiera la reunión, habían acordado hacerla en su casa. Después de ver lo tarde que era para cuando había terminado de recoger, Fuji lo invito a pasar la noche.
Ahora sabia que no estaba equivocado, había encontrado la respuesta que buscaba. Llego a través de la persona más inesperada: Fuji Yuta. El capitán se inclino y coloco un suave beso en la comisura de los labios del genio.
-Siempre has sido tú.
Tras una ultima mirada, se metió en el futon.
En la opinión de Tezuka, pocas personas tenían un apetito como el de Kikumaru. La gente que lo viera podría pensar que estaba disfrutando del manjar más exquisito del mundo. Y es que a diferencia de Momoshiro y Echizen, Kikumaru no devoraba sin sentido, se deleitaba saboreando cada bocado hasta del alimento más sencillo.
-Tezuka, esta delicioso.
-Solo es pollo frito.
-Si, pero es el mejor pollo que he comido. ¡Que lastima que no puedas probarlo!
A lado de Kikumaru, Fuji comía una sopa de verduras. Con el fin de no tener problemas con la sanción de sus heridas, debía evitar el consumo de carne durante algunos días.
-Esta bien, la sopa esta muy buena. ¿Tezuka, podrías servirme un poco más?
-Por supuesto.
-¡Vaya, por fin comerás decentemente!
-¿Que quieres decir?
-Lo sabes bien.
-No, no lo se.
-A mi también sírveme de esa sopa. Si Fujiko ha pedido mas, es porque realmente debe estar buena.
-¿No crees que ya es suficiente con el pollo?
-¿Que quieres decir?
-Lo sabes bien.
-No, no lo se.
Tezuka permanecía de pie, mirando desconcertado como sus compañeros hablaban.
-Si sigues así, engordaras. ¿Piensas que a la profesora Ryusaki le hará alguna gracia?
-Solo lo dices porque estas tan flaco.
-¡Eiji!
-¡Vamos, no te enojes!
Kikumaru metió un pedazo de pollo en la boca de Fuji. El genio lo miraba furibundo, pero comenzó a masticar sin decir nada. Kikumaru sonreía con cariño, mientras revolvía el pelo de su amigo. Tezuka opto por salir al jardín.
Estando en el lugar que se había convertido en su refugio, decidió que ya estaba harto. Perecía un idiota buscando pretextos para seguir cuidando de Fuji y aunque cada vez le molestaba más ver escenas como la anterior, no hacia nada para evitarlo. Pondría las cosas en claro de una vez por todas. Se giro y al abrir la puerta de vidrio, encontró a Kikumaru llevando a Fuji a la sala.
-Tezuka, vamos a ver una película. ¿Nos acompañas?
-No, lo siento. Asegúrate de que Fuji estará seguro y ven al estudio.
-Entiendo.
Cuando Kikumaru entro en el estudio, Tezuka lo esperaba apoyado en el escritorio.
-¿Que sucede?
Como respuesta, Tezuka extendió el brazo. En la mano tenia una hoja que el pelirrojo reconoció de inmediato.
-¿Como la obtuviste?
-¿Porque nunca me lo dijiste?
-No podía, le prometí que guardaría el secreto.
-No tiene fecha. ¿Cuando la escribió?
Kikumaru se quedo mirándolo. Los ojos de Tezuka reflejaban desesperación pura.
-¡Contéstame! ¿Cuando la escribió?
-En el verano, a nuestro regreso de Chiba.
-¿Porque no me la entrego?
-Tezuka, espera. Ya se que esto debe ser...
-¡Kikumaru!
Kikumaru se estremeció ante la autoritaria voz de su capitán.
-Por favor no grites, te escuchara.
-Entonces responde.
Kikumaru tomo aire.
-Bien, te explicare. Fuji pensaba obsequiarte la raqueta como regalo de cumpleaños. No lo hizo por que ese día, Inui nos revelo que llevabas tres semanas saliendo con una chica. ¿Recuerdas?
Tezuka asintió, Kikumaru decía la verdad.
Ambos se habían conducido con cautela, pues deseaban evitar el alboroto que se armaría en la escuela si se hacia publico su noviazgo. Y por eso para Inui resulto extremadamente satisfactorio soltar la noticia en los vestidores, justo cuando los regulares se preparaban para ir a comer ramen y festejar el cumpleaños del capitán. Tezuka no se arrepentía de haber iniciado esa relación, pero su decepción al descubrir la apatía que la niña tenia hacia el tenis, era innegable. Solo un mes después, Tezuka dio por terminado su noviazgo. Recordaba bien la tristeza de la chica que trato de detenerlo, pero simplemente no estaba dispuesto a estar con alguien por obligación.
-Si Inui no hubiera hablado...
Esta vez fue Kikumaru el que asintió.
-¿Como puede actuar así? Me refiero a su indiferencia...
-Cuando esta contigo se pone muy nervioso, luego sus nervios se convierten en tensión. La mejor manera que ha encontrado para sobrellevarlo, es hacer a un lado lo que le atormenta. Fingir que tú no eres tan importante. Creo que su mayor confusión viene de haberse enamorado de la última persona que hubiera imaginado. Son tan diferentes que no tiene idea de como comportarse frente a ti.
-No comprendo, es tan extraño.
-Bueno, para Fuji nunca ha sido fácil expresar sus sentimientos.
-¿Y tu? Es decir, eres su mejor amigo ¿No has tratado de guiarlo?
-Por supuesto que si. Siempre estuve a favor de que te dijera la verdad. Pero la forma en que lo haría, o si lo haría o no, era solo su decisión.
Tezuka dejo escapar un suspiro de alivio.
-No puedo creerlo, todo este tiempo... ¿Porque no me di cuenta?
-Acaso tu...
-Si.
Tezuka observo como la tristeza invadió el rostro de Kikumaru.
-¿Que pasa? ¿Piensas que esta mal?
-Escúchame con atención, hay algo que debes saber. Ese mismo fin de semana, le pedí ayuda porque tenía algunos problemas con la configuración de la computadora. Fuji fue a mi casa y salió el tema de lo que había sucedido el día de tu cumpleaños. Me dijo que había pensado mucho sobre el asunto. Normalmente cuando hablaba de ti, se inquietaba, pero esa vez estaba inusualmente sereno. Tezuka, el dijo que lo mejor seria olvidarte... Y no te ha vuelto a mencionar desde entonces.
Por varios minutos los dos permanecieron en silencio. Kikumaru se sentía muy mal por haber acabado con la ilusión de Tezuka. Pero el capitán no debía ser engañado.
-Mira, no puedo asegurarte nada. Tal vez solo ha estado guardándoselo todo, tal vez lo que sentía por ti aun esta ahí...
-Tiene a alguien más. Eso aclara cualquier duda.
La voz de Tezuka reflejaba toda la amargura que le había causado la revelación del jugador acrobático. Al escucharlo, Kikumaru se cubrió la cara con ambas manos.
-¡Es mi culpa! ¡Fuji casi se mata por mi culpa!
Tezuka se acerco despacio y con cuidado le descubrió la cara.
-¿Que estas diciendo? Tú no manejabas cuando ocurrió.
Limpiándose las lagrimas que no había logrado detener, Kikumaru continuo.
-Yo fui quien los presento. Sanae... fue ella... la nieve hizo que perdiera el control del auto. Lo peor es que cuando vio lo mal herido que estaba Fujiko, huyo. Lo abandono a su suerte.
-¿Como podría alguien hacer algo tan bajo?
-Si no hubiera sido por un muchacho que pasaba por ahí y llamo a una ambulancia...
Kikumaru abrazo a Tezuka.
-No fue tu culpa, tranquilízate.
Mientras el pelirrojo lloraba en su hombro, Tezuka libraba una lucha interna para no derrumbarse. Ahora mas que nunca estaba agradecido porque pese al acto inhumano de esa chica, Fuji había sobrevivido. Pero al mismo tiempo, no soportaba el dolor de haber llegado demasiado tarde a el. Cuando Kikumaru estuvo más calmado, el capitán lo aparto y le entrego la nota.
-Gracias por hablarme con la verdad.
-Aun no me has dicho como te enteraste de todo esto.
-Fue solo una coincidencia.
Sin esperar la reacción de su compañero, Tezuka se encamino hacia la salida.
-¿A donde vas?
Sin mirar atrás y sin detenerse, Tezuka respondió.
-A ninguna parte, no te preocupes. Simplemente quiero estar solo.
Después de que la figura de Tezuka desapareciera, Kikumaru se quedo absorto, mirando la nota.
-Ustedes no merecen esto.
