Cuarta Parte:

La cafeína no es dañina.


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Muchas veces la habían herido en el campo de batalla, había soportado golpes, torceduras, quemaduras y puñaladas; pero el dolor que sentía en ese momento era distinto. Era más molesto y persistente, no se aliviaba con nada. Le dolía tanto que no podía soportarlo. Aunque tratara de reprimir sus lágrimas, algunas rodaban por su mejilla.

Ardían.

Hinata tenía tanto frío que todo su cuerpo temblaba, pero no quería moverse de aquel lugar. Ese lugar era perfecto para ella, solitario, frío y triste, tal y como su alma. Sabía que si se quedaba un momento más, terminaría cogiendo un resfriado. Pero no le importó. No quería regresar a casa todavía.

Su hermoso kimono ahora estaba completamente empapado y repleto de lodo. No quería que nadie en su casa la viera en ese estado tan deplorable, ella definitivamente no estaba de ánimo para responder las preguntas de nadie. Decidió permanecer allí sentada en el lodo hasta que se oscureciera el cielo, incluso si el viento empeoraba y la lluvia la empapara por más tiempo.

La imagen de Sakura y Menma besándose en frente de ella se repetía una y otra vez en su mente. Se sentía estúpida por recordarlo. Se sentía estúpida porque en lo más profundo de su corazón aun amaba a Menma, incluso sabiendo que éste sólo tenía ojos para Sakura. Quería sacárselo de la cabeza, pero esa tarea era más difícil de lo que esperaba. Hinata sabía que si Menma se disculpaba, posiblemente ella lo perdonaría.

¿Cómo podía dejar de sentir amor por la persona que siempre ha amado?

Mientras Hinata se hacía aquella pregunta, sintió que repentinamente las gotas de lluvia dejaban de caer en su cabeza, como si hubiese parado de llover.

Dibujó una leve sonrisa al ver unas sandalias al frente de ella.

—¿Qué se supone que está haciendo usted sola en este lugar? —Preguntó la voz irónica de una persona que Hinata conocía muy bien.

Ella ni siquiera tuvo que alzar la mirada para saber quién era la persona que le estaba hablando. Ella no dijo nada, sólo guardó silencio mientras abrazaba sus propias piernas. El chico, quien sostenía un paraguas, soltó un suspiro bastante audible al no obtener respuesta.

—Sabe, Hinata-sama… siempre digo que el único beneficio de permanecer bajo la lluvia es que nadie se da cuenta de que estás llorando —Comentó Neji tranquilamente, agachándose a nivel del rostro de Hinata, mirándola fijamente—. Desafortunadamente usted no puede ocultarme estas cosas, yo sé que está llorando.

—Si vas a burlarte de mí, mejor lárgate. Quiero estar sola. —A pesar de su penosa situación, aun Hinata tenía el descaro de ser mal educada.

Neji lanzó un nuevo suspiró. Le tendió el paragua a su prima y se levantó para quitarse la camisa.

Hinata observó con desconcierto el repentino acto de su primo, quien luego de quitarse la camisa, se la puso a ella alrededor de los hombros. Eso le devolvió algo de calor a la heredera.

—¿Qué pasó? ¿No se supone que debería estar con Menma? —Neji lanza la pregunta con cierto tono cortante—. ¿Desea que lo asesine por usted?

—No seas idiota.

—Lo siento, pero no soy yo a quien dejaron plantado bajo la lluvia, así que no creo que esté en la posición de llamarme 'idiota' —Había sonado un poco cruel, pero Hinata no se preocupó en contestar ya que sabía que era la verdad. Entonces Neji le tendió una mano—. Vamos, la llevaré a casa.

Al principio Hinata dudó en aceptar la ayuda. No era hora de hacerse la fuerte, pero por más penosa que fuese la situación, su jodido orgullo no la dejaba tomar aquella mano. Sin embargo, Neji la tomó a la fuerza y la colocó en sus brazos.

De esa forma regresaron a casa. Neji era muy ágil para ocultar su presencia, por lo que nadie se dio cuenta que habían vuelto.


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Hinata se dio un delicioso baño con agua caliente y regresó a su habitación. Allí la estaba esperando Neji, quien tenía en sus manos una taza con un líquido oscuro y humeante.

La pena en su corazón se apaciguó al sentir el agradable aroma del café en el ambiente. El delicioso café que Neji había preparado para ella.

—Está deliciosa. Gracias, Neji. —Indicó la heredera luego de degustar su delicioso café.

—No me dé las gracias —Respondió inexpresivamente, acercándose a su prima, la cual permanecía en su cama—. Págueme con un beso.

—Te jodes, maldito pervertido.

Hinata se terminó de beber el contenido de la taza, y luego la lanzó en el suelo, enojada. El sonido de la porcelana rompiéndose resonó por todo el lugar.

—Vaya, sí que le gusta el café… —Neji lanzó un suspiro mirando hacia Hinata. Era probable que ella quisiese estar sola, así que él se dirigió hacia la puerta para salir, pero la mano de Hinata lo detuvo.

—Es que me gusta el café que tú preparas —Susurró, con la cabeza gacha—. Es agridulce y delicioso como ningún otro café que haya probado. Es el mejor.

Neji alzó una ceja con sorpresa. Escuchar a Hinata con un tono de voz tan calmado y educado era algo que no sucedía todos los días.

—Neji, lamento lo que dije esta mañana. Fui grosera y egoísta y… ¡Achis! —Un estornudo la interrumpió.

No es de extrañarse que tuviese un resfriado. Después de todas las horas que pasó bajo la lluvia, más bien sería extraño que no se resfriara.

—No diga más nada —Neji la rodeó con sus brazos. Su cuerpo sólo estaba cubierto por una toalla de baño, por lo que pudo sentir la piel fría y erizada de su prima—. Pero prométame algo.

—¿Qué cosa? —preguntó en un susurro, dejándose abrazar por su primo.

—Que no volverá tras Menma. Vamos, dígalo.

—No volveré tras Menma… —Balbuceó cabizbaja. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas, casi que quemándole la piel. No estaba muy segura de porque lloraba, si era por el idiota de Menma, o por su propia idiotez.

Entonces Hinata sintió las tibias manos de su primo. Son tan grandes y cálidas que la hace sentir protegida. Ella puede tener la certeza de que aquellas manos siempre van a velar por ella, así ella misma se comporte como una malcriada orgullosa y deniegue de cualquier ayuda. Él siempre estará allí para ella. Esas mismas manos levantaron su rostro con delicadeza, obligándola a encontrarse con el rostro de Neji.

Estaba cerca. Muy cerca. Luego de un intercambio efímero de miradas, Neji lamió las lágrimas de su prima. Tenían un sabor amargo, igual que el sentimiento que las incentivaba a salir.

—Hinata-sama, se ve hermosa incluso cuando llora —Comentó, colocando los mechones detrás de sus orejas para ver el rostro con más minuciosidad. Él jamás iba a cansarse de mirar esos ojos perlas iguales a los suyos—. Pero no quiero que llore debido al imbécil Uzumaki.

Un ligero "si" emergió desde lo más profundo de la garganta de la heredera. Y en un parpadear Neji unió sus labios con los de ella. Ambos saben lo que deben hacer, porque un simple contacto de labios no bastaba. Neji abre su boca y permite la entada de la lengua de su prima, quien parece estar hambrienta de amor. Con eso él entendió que después de la desilusión que se llevó con Menma, Hinata necesitaba con urgencia sentir el calor de alguien más, necesitaba sentirse amada; y por supuesto, no existía nadie que pudiese demostrar ese amor mejor que su primo.

Hinata tomó con ambas manos el rostro de Neji, profundizando el beso, palpando con su lengua cada rincón de él hasta grabarse esa sensación placentera. Su primo es bastante bueno causando placer sólo con un beso, él permitió que su prima se desahogara, pero sin dejar de hacer esos movimientos expertos con su lengua, que le sacaban varios gemidos a ella.

Neji también comenzó a pasear sus manos por los pechos de Hinata. Era divertido y excitante el hecho de que sólo estuviesen tapados por una toalla de baño. Era cuestión de deshacer el nudo y tenerlos desnudos ante él.

Por supuesto Hinata reaccionó al repentino acto de su primo. Se despegó levemente de los labios contrarios mientras un sonrojo adornaba sus mejillas.

—No te aproveches del momento. —Dijo, frunciendo el ceño.

Aun en esas situaciones ella es la mujer más orgullosa del mundo. Afortunadamente Neji es el hombre más condescendiente del mundo; él la entiende mejor que nadie y esperaría el tiempo que fuese para estar con ella.

—Es que es tan hermosa… —susurró, remarcando una ligera sonrisa mientras le acariciaba el rostro.

Inevitablemente Hinata también sonrió.

—Gracias por cuidarme, siempre. También quiero que me prometas algo.

—¿Qué cosa? —Preguntó Neji con cierta curiosidad. No era normal que Hinata le pidiera ese tipo de cosas.

—Prométeme que nunca me dejarás sola.

Hinata es conocida en Konoha por ser una despiadada y fuerte kunoichi. Ella no tenía miedos aparentes y no dudaba en acabar con una vida. Pero lo que nadie sabía era que en el fondo, muy en el fondo, Hinata era tan frágil como el cristal.

Neji lo sabía. Por eso él está dispuesto a dar su vida por el bienestar de su prima. Porque él la ama más que nadie, la valora más que nadie y la comprende más que ninguna otra persona. Porque el amor que Neji siente hacia Hinata es como la cafeína.


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