Siento mucho haber tardado. Tengo una excusa, más o menos. Tenía mucho que estudiar. Y muchos fics Bonkai que leer.
No voy a prometer una pronta actualización, porque teniendo en cuenta que estoy de luto por la muerte de Kai, no sé cuándo voy a sentirme con ganas de escribir y/o publicar. Lo siento.
Sé que por ahora no ha pasado gran cosa, pero tranquilos, que esto continua, y todo tiene un objetivo final.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la CW.
#palabras: 2669.
Palabras utilizadas: ninguna.
LA CAZA
CAPÍTULO III
GUARDIA BAJA
- Uno menos-Kai parecía exultante, mientras que se acomodaba en la mesa de Richard. El hombre lo miró alzando una ceja, pero no dijo nada-. Ha sido casi demasiado fácil. No ha habido emoción.
- Tranquilo, campeón-Bonnie se había colocado a su lado, de pie. No parecía tan contenta como su compañero-. Todavía quedan otros cuatro, y Finn era el tonto de la familia.
- Discúlpame, experta cazadora, pero yo no soy como tú, ¿sabes?-Kai le tocó el cuello con un dedo, señalándola-. No me amargo pensando en lo que queda. Deberías probar a disfrutar de la vida. Vas a envejecer muy rápido".
- Basta. Los dos. Si no vais a tomaros esto en serio, buscaré otras cazadoras. Sois raros, pero no únicos. Y, por lo tanto, tampoco sois indispensables.
Ambos se quedaron callados. Adoraban discutir, tanto o más que enfrentarse a híbridos. Pero no podían hacerlo delante de Richard, incluso a pesar de saber que aquellas peleas no significaban nada. En cuanto Richard sabía que había discusiones entre miembros de las Cazadoras, tomaba medidas. Y el líder era conocido por su mano dura.
- La caza de hoy ha ido bien, y os felicito por ello, a ambos. Hacía mucho tiempo que las Cazadoras no lograban terminar con uno de los Originales. Pero no dejéis que se os suba a la cabeza. Todavía queda mucho trabajo que hacer. Marchaos. Os quiero aquí mañana a las ocho en punto.
Bajó la mirada hacia su tablet, y tanto Bonnie como Kai supieron que debían marcharse. El chico se levantó y abrió la puerta para Bonnie, ofreciéndole el brazo a modo de burla. Bonnie lo fulminó con la mirada. Nunca dejarían de discutir. Ni siquiera frente a Richard.
Caminaron juntos, en silencio, hasta llegar a la habitación. Kai comenzó a desnudarse antes de llegar al baño, y Bonnie se giró; él podía sentirse tan cómodo como quisiera consigo mism, pero aquello no significaba que ella fuera a sentirse del mismo modo. Bonnie se tiró en la cama, desesperada pr tomarse una ducha. Lástima que sólo hubiera una ducha para todos.
Algo llamó su atención. En la cama de al lado, la que pertenecía a Elena, faltaba algo. Faltaba… Bonnie no sabía qué; sólo sabía que había algo diferente, algo pequeño.
Kai empezó a cantar a voz de grito, y la chica se sintió tentada a quitarle el agua caliente. S giró en la cama y siguió observando la cama de Elena.
Y entonces lo vio. Lo que faltaba era un bulto en su almohada. El bulto que siempre estaba ahí, desde que Elena había comenzado a sentirse cómoda con las Cazadoras. El bulto de su diario metido en la funda de la almohada. Elena nunca lo alejaba de allá, porque siempre temía quue alguien lo encontrara si lo sacaba del almacén.
Bonnie se levantó de la cama y se dirigió a la cómoda en la que Elena guardaba todas sus cosas. Yal y como se había temido, todas sus pertenencias habían desaparecido. Pero los cajones no estaban vacíos, sino llenos de comida. Comida de Kai.
Kai estuvo a punto de caer cuando Bonnie entró en el baño La chica le dio un puñetazo, y sin darle tiempo a reaccionar lo sujetó de un hombro y lo volvió a golpear.
- ¿Dónde está Elena?-el chico intentó apartarse de ella, pero Bonnie lo detuvo colocando ambas manos en su pecho. Kai, mucho más tranquilo que ella, levantó una ceja y sonrió. Intentaba incomodarla. Y siempre lo conseguía. Bonnie estuvo a punto de dejarlo ir, pero recordó a Elena y recobró fuerzas. Lo empujó y le dio una bofetada, bastante más suave que los golpes previos-. ¿Dónde está Elena?
- Ya me conoces. Alguien me pide ayuda y yo…
- Deja de decir tonterías, Kai. Cuéntame qué ha pasado, o te mataré. Lo prometo.
Kai le creía. Así que le contó todo lo que sabía. Le dijo que su mejor amiga se había metido en una historia de amor del estilo de Romeo y Julieta, y que como habían sido descubiertos, la chica le había pedido ayuda para huir, porque sabía que podía confiar en él. Bonnie dudaba que aquellas últimas palabras hubieran salido de los labios de su amiga, pero en aquellos momentos no le importaba. No le importaba porque se sentía furiosa; furiosa con Kai, con Richard, con Elena…
- ¿¡Cómo se te ocurre!? ¿No te das cuenta de que la has puesto en peligro? Sé que eres un monstruo sin sentimientos, pero esperaba que supieras que es tu deber proteger a las Cazadoras, a todas-Kai no le estaba haciendo mucho caso. La miraba fijamente, mientras que ella sufría su pequeño ataque de pánico-. Tenemos que ir a buscarla. Si no, puede morir. Y Richard… no podemos dejar que…
De repente, los labios de Kai estaban sobre los suyos. Bonnie se encontró contra la pared, y con los brazos de Kai rodeándola para acercarla a él. Bonnie no reaccionó, estaba demasiado sorprendida como para moverse siquiera. La había pillado con la guardia baja.
Kai la estaba besando. De entre todos los hombres que conocía, el Cazador siempre había parecido el menos interesado en nada que no fuera él mismo. Y ahora estaba besándola.
Su cuerpo desnudo estaba pegado al de ella, y sus manos la sujetaban firmemente de la cintura. Bonnie sabía que tenía que hacer algo. Alejarlo de un empujón, tal vez. O besarlo de vuelta. O matarlo. Pero no hizo nada. No hizo nada, porque Kai Parker la había dejado, una vez más, sin palabras. Literalmente.
Por suerte, antes de que Bonnie hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse más tarde, el propio chico se separó de ella. Sus brazos seguían en su cintura, y Bonnie agradeció su piel oscura; de no ser por ella, sus mejillas estarían rojas como tomates. La chica lanzó un hechizo que alejó a Kai hasta el otro lado del baño.
- ¿De qué vas?-preguntó después de varios segundos, cuando estuvo segura de que su voz no temblaría-. ¿A qué ha venido eso?
- De alguna manera tenía que callarte. Eres muy persistente cuando quieres, Bennett.
Kai seguía sonriendo, y eso sólo conseguía molestarla más. Absolutamente furiosa, Bonnie se marchó del baño. Cogió su chaqueta y se fue del almacén, casi corriendo. No iba a quedarse allí aquella noche. La perspectiva de dormir allí, a solas con Kai, tan cerca de él, la aterraba más de lo que podía siquiera imaginar.
Elena detuvo el coche a un lado de la carretera. Un coche de policía la había seguido durante un par de kilómetros, y luego le indicó que se detuviera. La chica hubiera preferido esperar un poco más antes de detenerse, pero no podía arriesgarse. Aun así, había esperado tanto como le fue posible. Necesitaba que sus cálculos fueran correctos. Si no lo eran…
- Buenas tardes, señorita-saludó el agente.
- ¿Todo bien, agente?-preguntó la chica con expresión inocente.
- Estaba usted sobrepasando el límite de velocidad. Y voy a tener que ver su documentación.
Elena intentó ocultar su nerviosismo mientras que rebuscaba por su bolso su cartera, donde guardaba toda su documentación. Debía tener cuidado. Llevaba cosas en aquel bolso que, con toda seguridad, la podían meter en problemas. Como las bolsas de sangre. O la pistolas y los numerosos cuchillos.
Le entregó su carnet al agente, que le estaba poniendo una multa. Aquel era un problema. Si fuera de noche…
Pero era casi de noche. Y aquello significaba que el sol ya no era una amenaza. Elena salió del coche y se dirigió al maletero, con la excusa de buscar un botellín de agua. Abrió la puerta, y sacó el botellín. Se aseguró de dejar el maletero mal cerrado, y caminó de vuelta a la parte delantera del coche.
El agente estaba a punto de entregarle la multa cuando una figura se colocó frente a él velozmente. Damon lo agarró del hombro y lo miró a los ojos. Le habló suavemente, y luego lo soltó. El agente volvió junto a Elena, le pidió disculpas y se marchó, asegurándose de que toda constancia de la multa desapareciera.
Los brazos de Damon rodearon la cintura de Elena desde atrás mientras que la chica saludaba a los policías, que se marchaban rápidamente. El híbrido besó la nuca de la chica, y ella suspiró.
- No estaba totalmente segura de que fueras a poder salir-confesó.
- ¿Significa eso que te has arriesgado a matarme para librarte de una multa?
- No, la multa es sólo una excusa. Esto deseando deshacerme de ti. Pensaba que ya lo sabías.
- Siempre he sabido que sólo me quieres por mi físico.
Elena se giró y lo besó. Estaban en peligro, huyendo de la criatura más peligrosa del mundo y con la sola ayuda de la persona menos empática y más egoísta que cualquiera de los dos hubiera conocido. Pero no importaba. Nada importaba mientras que estuvieran juntos.
- Yo conduzco-Damon besó una última vez a Elena antes de dirigirse a la puerta del piloto-. Tú túmbate y descansa.
La casa estaba vacía. Caroline hubiera esperado que, dado que Nik la necesitaba, le prestara atención. Pero por lo visto había preferido dejarla sola y encerrada en aquella mansión. Así que Caroline había decidido explorar.
Empezó por el piso superior, en el que sólo había habitaciones que parecían no haber sido usadas nunca y cuartos de baño dignos de un hotel de lujo. La chica estaba ya agotada cuando terminó de recorrer sólo la mitad de la primera planta. Estaba a punto de bajar las escaleras para buscar algo de comer cuando estuvo a punto de chocarse con una chica. Era una mujer guapa, de pelo oscuro y ojos claros. Y parecía amistosa.
- Hola-saludó Caroline con una de sus típicas sonrisas de Miss Mystic Falls-. Creo que no nos conocemos. Soy Caroline Forbes.
- Encantada, Caroline. Yo soy Jo. Jo Laughlin. Tú eres la chica de Niklaus, ¿verdad?
- Yo no soy la chica de nadie. Estoy secuestrada aquí, y ojalá pudiera marcharme y olvidar todo lo que tenga que ver con Nik y el insoportable de su hermano.
- Lo siento. Tal y como habla de ti, parece que sois grandes… amigos.
- Cambiemos de tema-Caroline parecía asqueada con la idea-. ¿Quieres acompañarme abajo? Me muero de hambre.
- Claro. Yo también estoy hambrienta.
- Se ha marchado.
Kol levantó la mirada hacia su hermano, que acababa de entrar al bar que los Mikaelson llevaban frecuentando siglos. Rebekah, al lado de su hermano, lo ignoró, y siguió leyendo la revista que tenía en las manos. Estaba enfadada con Klaus. Su hermano la había utilizado de cebo, obligándola a participar en el concurso de Miss Mystic Falls a pesar de saber que no iba a ganar y de saber que las Cazadoras estarían allí. Ahora Finn estaba muerto, y ella también lo estaría de no ser por ella. Su salvadora.
- ¿Tu mascota?-preguntó Kol, que sabía perfectamente lo que había sucedido-. Deberías sacarlos a la calle con correa. Menos mal que sólo les permites salir durante la noche. Yo, en cambio, soy todo un ejemplo.
- Sí, tu les das anillos de día a tus perras siempre que estén dispuestas a ser abandonadas y probablemente asesinadas en cuanto tú te aburras de ellas-Rebekah no aprobaba el modo de actuar de su hermano. Al fin y al cabo, ella era ya una feminista siglos atrás.
Ambos hermanos escucharon en silencio a su hermano. Aquello podía llegar a ser un gran problema, sobre todo si la Cazadora había hablado con Lockwood. No podían permitirse pérdidas de tiempo como aquella. Tenían mucho trabajo que hacer, y debían terminarlo todo antes de la próxima luna llena.
Así que tendrían que repartirse el trabajo. Rebekah se encargaría de encontrar a Salvatore y de hacerle pagar por su traición. Kol se encargaría de encontrar todo lo que ella había pedido a cambio de su ayuda. Y Klaus se haría cargo de Caroline.
- Obviamente-comentó Kol después de escuchar a Klaus-. El híbrido original se encarga de preparar a su enamorada para después sacrificarla en un ritual. Qué romántico.
Klaus ni siquiera se molestó en contestar. Se levantó y se marchó, dispuesto a poner en marcha el nuevo plan cuanto antes. Tenía que encontrar a Caroline. Y cuando lo hiciera, empezaría a explicarle todo lo que debía saber.
El híbrido sonrió. Con suerte, todo iría a la perfección. Con suerte, antes de que terminara el mes todo habría terminado. Y entonces, él sería indestructible.
Bonnie deseaba con todas sus fuerzas que Elena volviera. En aquellos momentos, la necesitaba más que a nadie. ¿Con quién más podía hablar sobre lo que había sucedido con Kai? No podía hablar con su vecina Meredith, una chica normal y corriente que no sabía nada sobre híbridos ni Cazadoras, y decirle que la había besado un psicópata. Y no podía decirle que había estado a punto de corresponder al beso. Ni que ahora temía volver a encontrarse con él, no porque él pudiera hacerle algo, sino por lo que pudiera hacerle ella a él.
No volvería a dormir en el almacén. Al día siguiente iría allá, pero sólo para la reunión con Richard. Luego se marcharía. Entrenaría sola. Lucharía sola, si era necesario. Pero no quería encontrarse con Kai. No quería volver a verlo en su vida. Nunca se había sentido más asustada y avergonzada en toda su culpa. No había reaccionado. Debería haberle hecho algo. Tal vez romperle un par de dedos. O el cuello, directamente. Lo odiaba. Lo odiaba como nunca había odiado a nadie, ni siquiera a los Mikaelson.
La chica se sentó en el porche de su casa. Su abuela estaba dentro, cocinando la cena para ella sola. Bonnie no tenía hambre. Sólo quería pelear. Quería olvidar todo. Quería distraerse matando. Ojalá tuviera algo que hacer. Pero no podía hacer nada. Y estaba aburrida. Bonnie odiaba estar aburrida. Cuando se aburría, pensaba demasiado. Y en aquellos momentos pensar era lo que menos le apetecía.
Escuchó el sonido de los tacones antes de ver a la persona que se acercaba a ella. Bonnie levantó la cabeza, y vio a April Young frente a ella, abrazándose el cuerpo para protegerse del frío de la noche. Bonnie sonrió. A diferencia de Elena, nunca había tenido una relación con April, pero siempre eran cordiales la una con la otra. Al fin y al cabo, April era una chica encantadora.
- Pareces preocupada-dijo la chica, sentándose junto a Bonnie-. ¿Dónde está Elena?
- No lo sé. No la he visto desde esta mañana. Pero no estoy preocupada por ella. Ella sabe cuidar de sí misma.
- ¿Entonces?
- Entonces… No sé qué me pasa.
- No quieres hablar del tema-April parecía más insistente que de normal, pero Bonnie estaba demasiado distraída para darse cuenta-. ¿Es un chico?
- No. Yo no… No-Bonnie suspiró. Sí era un chico. Un chico al que quería matar-. Sólo estoy un poco nerviosa por todo. Exámenes, trabajo… todo.
Y entonces empezó a hablar. Bonnie echaba de menos a Elena, y eso que sólo se había ido el día anterior. No sabía por qué, pero se sentía con ganas de confesar todo lo que le estaba pasando últimamente. Su abuela se comportaba de manera extraña, Elena se marchaba, los Mikaelson volvían a las andadas,… Por supuesto, Bonnie no le dijo la verdad a April. Si lo hiciera, estaría violando la primera de las reglas de las Cazadoras. Así que habló de todo de manera tan abstracta como le fue posible.
Al final, incluso habló de Kai. April parecía especialmente interesada en el tema. Lógico. ¿Qué podía resultarle más interesante a una adolescente que los problemas de las demás, sobre todo si tenían que ver con chicos?
Era ya muy tarde cuando Bonnie se despidió de April y entró de nuevo a su casa. Tal vez cualquier otro día habría sido más perceptiva. Tal vez, si hubiera estado más atenta, habría reparado en la figura que la observaba desde la distancia.
